PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA
SANTA MARÍA DE LOS BUENOS AIRES
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VOLUMEN VIII
2001

Editado por la Facultad de Derecho Canónico
SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO
de la Pontificia Universidad Católica Argentina
Santa María de los Buenos Aires
Consejo de Redacción
Carlos Ignacio Heredia
Director
Alejandro Wilfredo Bunge
Nelson Carlos Dellaferrera
Con las debidas licencias
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
ISSN: 0328-5049
Editor responsable
FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO
Dirección y administración
ANUARIO ARGENTINO DE DERECHO CANÓNICO
Av. Alicia Moreau de Justo 1300
C1107AFD Buenos Aires, Argentina
Teléfono (54 11) 4349-0730 - Fax (54 11) 4349-0433
Correo electrónico: canonico@uca.edu.ar
Suscripción ordinaria en el país:
$
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Suscripción ordinaria en el exterior
U$S
40, -

ÍNDICE GENERAL
Presentación
7
Aspectos canónicos de la sexualidad humana
25-27 octubre 1999
Alessio L. A. La sexualidad humana en el plan de Dios
11
Bunge A. W. Varón y mujer: ¿ igualdad de derechos?
27
Heredia C. I. Importancia canónica de la primera cópula conyugal
57
La escuela católica. Aspectos jurídicos-canónicos
2-3 octubre 2000
Bunge A. W. ¿Qué es la escuela católica?
77
,-
Fueyo M. A. La relación de la escuela católica con los alumnos y sus padres93
Montini S. El representante legal de la escuela católica
105
ARTÍCULOS
Baccioli C. Propuestas desde la psicología para unificar criterios en
la aplicación del can. 1095
111 12
Bonet Alcón J. El revés de la trama de los matrimonios nulos
129
Busso A. D. El cuidado pastoral de una parroquia sin sacerdote. Algunas
cuestiones canónicas del can. 517 § 2
165
Dellaferrera N. C. Las Conferencias Trienales y el Concilio Plenario de
los Obispos de la República Argentina de 1953
179
Martínez P. D. El «obsequium religiosum, intellectus et voluntatis» del
can. 752 (II. Parte doctrinal)
215

NOTAS
Alessio L. A. El nombre de los cristianos
249
Heredia C. 1. Los nuevos Estatutos de "CONFAR"
259
La dispensa de las obligaciones sacerdotales. Algunas modificaciones
en las condiciones
263
Kaufmann J. L. Los Archivos eclesiásticos
275
Pinto V. E. La obligatoriedad de la Liturgia de las Horas. Comentario a
las -Respuestas" del 15.11.2000
285
RESEÑA DE DOCUMENTOS PONTIFICIOS
295
LEGISLACIÓN PARTICULAR
Conferencia Episcopal Argentina Directorio para el Orden de las vírgenes
Oficina del Libro (Buenos Aires 2001) 47 págs.
301
Conferencia Episcopal Argentina Universidades e Institutos católicos
de estudios superiores. Decreto general para la aplicación de la
Constitución Apostólica «Ex conde Ecclesiae»
Oficina del Libro
(Buenos Aires 2001) 64 págs.
307
CRÓNICA DE LA FACULTAD
321
RECENSIONES
De Paolis V., Mistó L., Mogavero D. Non per denaro. 11 sostegno
economico della Chiesa (Saronno 2000) 292 págs. fL. A. Alessio] . . . .325
Ramos F. J. 1 tribunali ecclesiastici. Costituzione, organizzazione, norme pro-
cessuali, cause matrimoniali (Roma 2000') 650 págs. [A. W. Bunge] . .329
Salinas Araneda C. Sectas y derecho. La respuesta jurídica al problema de los
nuevos movimientos religiosos Ed. Universitarias (Valparaíso 2001) 417
págs. [J. Navarro Floria]
331
Secretaría de Culto Digesto de derecho eclesiástico argentino (dir. J. G.
Navarro Floria) Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio
Internacional y Culto (Buenos Aires 2001) 493 págs. [A. D. Busso] . . .333

ASPECTOS CANÓNICOS DE LA SEXUALIDAD HUMANA
25-27 OCTUBRE 1999
Mons. Dr. Luis Antonio ALESSIO La sexualidad humana en el plan de Dios
Pbro. Dr. Alejandro Wilfredo BUNGE Varón y mujer: ¿igualdad de derechos?
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA Importancia de la primera cópula conyugal
Mons. Dr. José BONET ALcÓN La sexualidad y la validez del matrimonio
Pbro. Dr. Nelson Carlos DELLAFERRERA Trastornos sexuales y nulidad del matri-
monio en la jurisprudencia canónica
Mons. Dr. Rodolfo Luis NOLASCO La manipulación de la identidad
Mons. Lic. Víctor Enrique PINTO Misericordia de Dios y sexualidad humana
Pbro. Dr. Ariel David Busso La educción sexual en una cultura secularizada

iit

PRESENTACIÓN
Habiendo sido designado Decano de la Facultad de Derecho Canónico
«Santo Toribio de Mogrevejo» de la Pontificia Universidad Católica Argentina
«Santa María de los Buenos Aires» por el trienio 2001-2004, tengo el honor de
presentar este volumen de nuestro Anuario Argentino de Derecho Canónico.
En el mismo, publicamos algunas de las ponencias en dos cursos especiales
organizados por esta Facultad: «Aspectos canónicos de la sexualidad humana»
(25-27 octubre 1999) y «La escuela católica. Aspectos jurídicos-canónicos» (2-3
octubre 2000). A los artículos y notas de algunos de nuestros profesores y gra-
duados en derecho canónico de la Argentina que afrontan cuestiones de actuali-
dad, se añade la nueva sección de «Reseña de documentos pontificios», en la
cual, se señalan los textos magisteriales y disciplinares de utilidad para los ope-
radores del derecho eclesial.
Junto a las demás secciones ya conocidas de nuestra publicación anual, cons-
tituyen el aporte más austral a la ciencia canónica en la lengua más hablada de la
Iglesia, desde esta Facultad pronta a celebrar sus diez años de existencia.
Pbro. Dr. Carlos I. Heredia
Decano


AADC VIII (2001) 11-26
LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
Mons. Dr. Luis Antonio ÁLESSIO
SUMARIO: I. La sexualidad humana en la historia de la salvación: una sexualidad
creada, herida, redimida y santificada; 2. La visión personalista de la sexuali-
dad; 3. El concepto canónico de la sexualidad: del
remedium concupiscentiae
al consortium totius vitae.
1. La sexualidad humana en la historia de la salvación
1.1. Una sexualidad creada
Desde sus primeras páginas, la Sagrada Biblia expone, con un lenguaje popu-
lar y lleno de imágenes, pero denso y profundo en su contenido, la creación de la
pareja humana, del varón y de la mujer, como destinados a complementarse hasta
la unión carnal: "Después dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté
solo. Voy hacerle una ayuda adecuada». Entonces el Señor Dios modeló con arci-
lla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y, los
presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía
tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a todos los
animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo.
Pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. Entonces el Señor Dios hizo caer
sobre el hombre un profundo sueño, y cuando éste se durmió, tomó una de sus cos-
tillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del
hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre
exclamó: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará
varona porque ha sido sacada del varón!» Por eso el hombre deja a su padre y a su
madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne. Los dos, el hom-
bre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza" (Gen 2, 18-25).
1.1.1. Varón y varona
"¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará varona
porque ha sido sacada del varón" (Gen 2, 23).

12
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
En el capítulo inicial, la Biblia ha ido perfilando la definición del ser huma-
no describiendo dos de sus tres relaciones constitutivas: el encuentro con Dios y
el encuentro con el cosmos. Ahora, en el capítulo segundo, la creación de la
mujer abre una nueva etapa en el "ser-hombre" ya que sólo en este tercer encuen-
tro —el del varón con la mujer— se alcanza la hominización plena.
La mujer es presentada como un don divino, más aún, como un signo de per-
fección para la criatura humana. Sólo ahora tiene el ser humano la certeza de
haber alcanzado su identidad. "Ahora sí, ésta es la solución" exclama literal-
mente el varón.
Dios aparece como un constructor que crea la mujer con la misma materia de
que está construido el varón, simbólicamente representada por la costilla. El
nuevo ser humano tendrá, por tanto, la misma realidad, la misma configuración
física y cualitativa.
El hombre asexuado de ciertas definiciones griegas que acentuaban unilate-
ralmente la espiritualidad o la racionalidad, no tiene nada que ver con el hombre
bíblico: el ser humano existe, por la palabra de Dios, como varón y mujer, en diá-
logo mutuo. "¡Esta sí... !" Es el descubrimiento de la identidad profunda que crea
el amor entre dos personas, en virtud de la cual la una está enteramente en la otra
y viceversa.
Varón y varona son una misma realidad, en masculino y femenino, con la
misma naturaleza y dignidad, que se convertirán en una sola carne en el acto físi-
co y espiritual del amor y en el hijo que nacerá. "La diversidad correlativa y com-
plementaria del hombre y de al mujer hace que cada uno de ellos tenga necesidad
del otro para ser él mismo, aún permaneciendo siempre cada uno distinto del otro,
en su misterio infranqueable, que sólo se abre por la donación" (Card. Martini).
La concepción bíblica del matrimonio comprende ciertamente la corporei-
dad, es decir la sexualidad. Su más puro y vivo testimonio —sin guiños malicio-
sos— son los 117 versículos del Cantar de los cantares. La sexualidad es "muy
buena" (cf. Gen 1, 31) en cuanto ha sido querida y creada por Dios. El Talmud,
el gran monumento de las tradiciones judías, declara que cuando el hombre se
presente ante Dios tendrá que justificarse incluso de los placeres lícitos de los que
se abstuvo.
Pero la sexualidad del ser humano no puede ser fin en sí misma, no puede ser
ciega y cerrada en sí, no puede reducirse sólo a los aspectos físicos, animales. El
hombre, debe, en efecto, incluir en el sexo al eros, es decir, la fascinación de la
belleza, la estética del cuerpo, la armonía de las criaturas, el esplendor de los sen-
timientos. Pero incluso el eros es insuficiente, porque en este nivel los dos siguen
siendo todavía un poco "objeto", exteriores el uno al otro. Sólo en la tercera
etapa, la del amor, irrumpe la comunidad plena: sólo ésta ilumina y transfigura la
sexualidad y el eros. En este amor se aposenta Dios y, con el sacramento, lo con-

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
13
sagra de tal modo que pueda alcanzar una última cumbre, la de la agape, la del
amor total que se irradia en. Dios y en el prójimo.
1.1.2. Padres y madres
"Y Dios creó al hombre a su imagen, lo creó a imagen de Dios, los creó varón
y mujer, Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense...»" (Gen 1,
27-28).

El sorprendente v. 27 ¿significa acaso que Dios es un ser sexuado al que es
preciso añadirle una divinidad femenina, como creían los pueblos del Antiguo
Oriente? La respuesta es obviamente negativa, sobre todo si se recuerdan las
grandes polémicas libradas en la Biblia contra los cultos de la fertilidad practi-
cados por los pueblos indígenas cananeos. Debe buscarse en otra parte el verda-
dero significado. Hay que tener en cuenta el contexto y la modalidad de las
expresiones de la tradición sacerdotal de la que ha surgido esta página de la
Biblia. Esta tradición concebía toda la historia de la salvación sobre la base de
una trama formada de genealogías (Gen 1, 28; 2, 4; 9, 1. 7; 17, 2. 6. 16; 25, 11;
28, 3; 35, 8. 11; 47, 27; 48, 3-4).

La capacidad de generar se convierte, pues, en la vía a través de la cual se
desarrolla la historia de la salvación. Dios sigue siendo trascendente, pero lleva
a cabo su salvación entrando en la descendencia humana, en el tiempo del hom-
bre, que discurre de eslabón en eslabón a lo largo de las generaciones, de padres
a hijos, de una a otra época.

La fecundidad de la pareja humana es, pues, un signo del Dios creador y sal-
vador. La humanidad es imagen de Dios en cuanto que es "varón y mujer"; la ver-
dadera efigie divina, la estatua viviente de Dios sobre la tierra es la persona huma-

na en la plenitud masculina y femenina, en su fecundidad, en su poseer y dar la
vida. "Descubrimos, pues, en esta antiquísima página una sensibilidad moderna,

desgraciadamente perdida en los siglos pasados. Para hablar de Dios, para repre-
sentarlo, no basta el ser humano masculino, es necesaria también la mujer. Y el
matrimonio, con su capacidad de generar, se convierte en símbolo de la obra crea-

dora de Dios y en el instrumento para el desarrollo de la historia de la salvación"'.
La alianza matrimonial, por la cual varón y mujer se unen para compartir toda
la vida toma su fuerza de la creación; ha sido fundada por Dios Creador y dota-
da con aquella bendición, la única que no ha sido abolida por la pena del pecado
original. Por esta bendición ("sean fecundos, multiplíquense"), el amor conyugal
se ordena a la procreación y educación de los hijos, quienes constituyen su coro-
na y plenitud, ya que los hijos son en efecto el más excelente don del matrimo-
nio y contribuyen en gran medida al bien de los mismos padres.

1 G. RAVASI, Guía espiritual del Antiguo Testamento. El libro del Génesis (1-11) (Barcelona-Madrid 1992)
pág. 53.

14
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
Esta bendición de los orígenes, siempre vigente, ha sido confirmada por
Cristo quien con su presencia llevó la bendición y la alegría a las bodas de Caná,
convirtiendo el agua en vino, y anunciando la hora de la Nueva y eterna Alianza.
Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado también al amor, voca-
ción fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a
imagen y semejanza de Dios, que es Amor. Habiéndolos creado Dios varón y
mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e
indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los
ojos del Creador. Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a
realizarse en la obra común del cuidado de la creación.
1.2. Una sexualidad herida
"Estaban desnudos pero no sentían vergüenza": con estas palabras describe
el Génesis la armonía sexual en la inocencia del paraíso. Poco tiempo duró dicha
armonía. Desde la desobediencia de los orígenes, también la relación de la pare-
ja quedó negativamente afectada. Las pasiones desordenadas lucharán contra la
voluntad, ésta no escuchará a una inteligencia por demás oscurecida en su ruptu-
ra con la voluntad de Dios: el sexo querrá convertirse en instrumento de dominio
y no de donación amorosa, la mujer se convertirá en objeto sexual, el parto será
áspero y dificil.
El cuadro poco menos que idílico del capítulo segundo, en el que aparecía el
esplendor de la pareja humana en la intacta belleza de su amor, aparece ahora
brutalmente afeado y borroneado. La sentencia de Dios contra la mujer quiere
mostrar, más que imponer, lo que ahora queda del amor entre hombre y mujer.
Para indicar que ha quedado rota la armonía de la pareja se recurre a dos
grandes elementos simbólicos: el parto y el dominio despótico.
1.2.1. "el Señor dijo a la mujer: "multiplicaré los sufrimientos de tus
embarazos. Darás a luz a tus hijos con dolor" (Gen 3, 16)
El primero es del parto, la más alta realidad del amor humano celebrada sobre
todo en el Antiguo Oriente, donde se la contemplaba como la bendición divina
por excelencia.
Pues bien, también el parto, que es fuente de alegría, está acompañado de dolo-
res atroces que se han convertido en la Biblia en el símbolo de los sufrimientos más
lacerantes (cf. Is 26, 17). El autor bíblico ve incluso en estos dolores un signo de la
desarmonía que existe en la relación de pareja, en la sexualidad y en el amor. En la
óptica semita la joven alcanza el rango de auténtica mujer cuando da a luz. Y es pre-
cisamente aquí donde se revela el mal, el desequilibrio, el desgarramiento introdu-
cido por el pecado. Es una imagen para representar de modo realista y plástico este
insinuarse el mal incluso en las más gozosas realidades de la vida (cf. Jn 16, 21).

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
15
1.2.2. "el Señor dijo a la mujer: ...Sentirás atracción por tu marido, y
él te dominara" (Gen 3,16)

El otro signo que muestra el desgarramiento de la armonía entre hombre y
mujer se refiere de modo explícito a la relación de la pareja. Antes del pecado
esta relación se contemplaba como diálogo y unión; era el continuo y mágico
descubrimiento de ser "una sola carne", de ser y estar el uno en el otro, de hallar-
se en profunda comunión de vida. Ahora, en cambio, el impulso que preside la
atracción sexual está acompañado de la posesión brutal.
El verbo empleado para indicar la dominación del varón sobre la mujer se
refiere al "dominio" ejercido por el rey, por el poderoso, por el tirano. Se perfila
así, aquella larga secuencia de violencias sexuales, en formas fraudulentas o vul-
gares, refinadas o macabras, que recorre toda la historia de la pareja. No es sólo
el general resquebrajamiento de la comunión de amor, triste realidad que vemos
consumarse a menudo en tantas familias con la separación, el divorcio o la resig-
nada cohabitación. "Esta miseria de la pareja o de las relaciones interpersonales
puede descender hasta abismos insondables de perversión, violencia y humilla-
ción. Puede llegar a afectar hasta a las parejas más serenas, puede convulsionar
la existencia, la moral, la fe y al amor, manchándolos de forma irremediable. Este
lapidario versículo del Génesis oculta en su interior, un infinito y tétrico rosario
de ignominias y sufrimientos'".
El matrimonio ha sucumbido bajo la esclavitud del pecado. Lo que vino des-
pués, frustración de la fecundidad, adulterios y fornicaciones, abortos y divor-
cios, pondrá claramente de manifiesto esta servidumbre de la sexualidad. La des-
nudez inocente y transparente ya no era posible "El Señor Dios hizo al hombre y
a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió" (Gen 3, 21).
"Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio corazón, vive la expe-
riencia del mal. Esta experiencia se hace sentir también en las relaciones entre el
hombre y la mujer. En todo tiempo, la unión del hombre y la mujer vive amenaza-
da por la discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que
pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de
manera más o menos aguda, y puede ser más o menos superado, según las culturas,
las épocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de carácter universal'".
1.3. Una sexualidad redimida
La enseñanza de Jesús sobre el matrimonio y la sexualidad fue provocada por
una pregunta capciosa de sus adversarios. Se acercaron a él algunos fariseos y, para
ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cual-
2 G. RAVASI, Guía espiritual..., pág. 104.
3 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1606.

16
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
quier motivo?". En realidad, querían obligarlo a tomar partido. Pero Jesús no se
amilana sino que eleva la apuesta: "¿No han leído ustedes que el creador, desde el
principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre
y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De
manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que
Dios ha unido". Que era como decirles: ¿qué clase de Escrituras leen y enseñan
ustedes? Los fariseos insisten y quieren obligarle a contradecir a Moisés: "Enton-
ces, ¿Por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno
se separa?" Jesús, explicando la tolerancia de Moisés en razón de la decadencia
moral del pueblo, confirma el plan original del Creador: "Moisés les permitió
divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al princi-
pio no era así". Y desde su conciencia de nuevo Moisés, ratifica el precepto del ori-
gen: "Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de
unión ilegal y se casa con otra, comete adulterio". De manera que Jesús ratifica el
proyecto original: la complementariedad de los sexos, la formación de nuevas fami-
lias, la unión física de los esposos, la indisolubilidad humana del vínculo conyugal.
Los discípulos, que habían seguido con espíritu de cuerpo el debate con su
Maestro y que habían disfrutado por la manera con que fueron desbaratadas las
trampitas de los fariseos, quedaron sin embargo bastante desilusionados por la
última enseñanza del Señor. Y protestaron: "Si esta es la situación del hombre
con respecto a su mujer, no conviene casarse". Tampoco ante ellos se acobarda
el Señor. Aprovecha la dificultad para completar su doctrina sobre el matrimonio
y la sexualidad. Con plena conciencia de que no iba a ser universalmente com-
prendida ni aplaudida: "no todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes
se les ha concedido". ¡Quedarse soltero para no afrontar las dificultades de la
vida conyugal, que ni se mencione! ¡Quedarse soltero "a la fuerza" por impoten-
cia natural o provocada, no hace falta discutirlo!: "algunos no se casan porque
nacieron impotentes del seno de su madre, otros, porque fueron castrados por los
hombres". Pero existe otra posibilidad: "y hay otros que decidieron no casarse a
causa del Reino de los cielos". Jesús sabía que esta enseñanza era aún más dura
para los oídos de su pueblo: una teocracia maldice la esterilidad... Jesús, en cam-
bio, abre un camino nuevo, libre sí, pero positivo. Y vuelve a ratificar: "¡El que
pueda entender, que entienda!" (Mt 19, 1-12).
San Pablo se hará eco de esta doble enseñanza: el matrimonio es santo y
bueno; la virginidad consagrada, también: "Si un hombre, encontrándose en
plena vitalidad, cree que no podrá comportarse correctamente con la mujer que
ama, y que debe casarse, que haga lo que le parezca: si se casan, no comete nin-
gún pecado. En cambio, el que decide no casarse con ella, porque se siente inte-
riormente seguro y puede contenerse con pleno dominio de su voluntad, también
obra correctamente" (1 Cor 7, 36-37).

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
17
La alianza conyugal como expresión de las nupcias entre Cristo y la Iglesia es
otra de las enseñanzas de san Pablo: "Maridos: amen a su esposa como Cristo amó
a la Iglesia y se entregó por ella para santificarla. Él la purificó con el bautismo
del agua y la palabra, porque quiso para sí una Iglesia resplandeciente, sin man-
cha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada. Del mismo modo los
maridos deben amar a su mujer como su propio cuerpo. El que ama a su esposa se
ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo
cuida. Así hace Cristo por la Iglesia, por nosotros, que somos los miembros de su

Cuerpo. Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer,
y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere
a Cristo y a la Iglesia. En cuanto a ustedes, cada uno debe amar a su mujer como
a sí mismo, y la esposa debe respetar a su marido" (Ef 5, 21-33).

Cristo el Señor, al hacer una nueva creación y renovar todas las cosas, resti-
tuyó el Matrimonio a la forma y santidad originarias y además, insertó este indi-
soluble pacto conyugal en la economía sacramental, de modo que significara más
claramente y remitiera con más facilidad al modelo de su alianza nupcial con la

Iglesia.
Con su presencia llevó Cristo la bendición y la alegría a las bodas de Caná,
convirtiendo el agua en vino, y anunciando la hora de la Nueva y eterna Alianza.
Como en tiempos antiguos Dios se encontró con su pueblo en una Alianza de
amor y fidelidad, así ahora Cristo, Salvador de los hombres, se manifiesta y se
entrega a la Iglesia como Esposo, llevando a pleno cumplimiento la Alianza con

ella en su Misterio pascual.
Los esposos cristianos, por el sacramento del Matrimonio, significan y parti-
cipan del misterio de la unidad y del amor fecundo entre Cristo y la Iglesia;
mutuamente se ayudan a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y
educación de los hijos y, por tanto, tienen en el pueblo de Dios su misión y su
gracia propia.

Cristo es la fuente de esta gracia propia: "Pues de la misma manera que Dios
en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fideli-
dad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacra-

mento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos. Permanece con
ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus
caídas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros, de estar
«sometidos unos a otros en el temor de Cristo» (Ef 5, 21) y de amarse con un amor
sobrenatural, delicado y fecundo. En las alegrías de su amor y de su vida familiar
les da, ya aquí, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero'".

4 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1642.

18
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
1.4. Una sexualidad santificada
1.4.1. La santidad conyugal: don y tarea
En este sacramento los esposos reciben el Espíritu Santo como Comunión de
amor de Cristo y de la Iglesia. El Espíritu Santo es el sello de la alianza de los
esposos, la fuente siempre generosa de su amor, la fuerza con que renovará su
fidelidad.
El don del Espíritu Santo corno fruto inmediato de la celebración sacramen-
tal del Matrimonio y, por lo tanto, raíz y fuente del camino de santificación con-
yugal y familiar es el que posibilita la vivencia del sacramento como vocación a
la santidad. Esta vocación es claramente enseñada por san Pablo: "la voluntad de
Dios —le escribe a los cristianos de Tesalónica— es que ustedes sean santos, que
se abstengan del pecado carnal, que cada uno sepa usar de su cuerpo (¿del de la
esposa?) con santidad y respeto, sin dejarse llevar de la pasión desenfrenada,
como hacen los paganos que no conocen a Dios" (1 Te 4, 3-5). A los colosenses
les advierte que "hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria,
la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos..." (Col 3, 5) ya que "se
sabe muy bien cuales son las obras de la carne: fornicación, impureza y liberti-
naje..." (Gal 5, 19).
El don del Espíritu produce una verdadera transformación de los contrayen-
tes: su comunidad conyugal queda asumida en el amor de Cristo y enriquecida
por su sacrificio. El Espíritu Santo hace que la mutua donación de los cónyuges
cristianos sea asumida en la esfera divina de la caridad sobrenatural y los forta-
lece para fomentar un amor conyugal que, uniendo a la vez lo divino y lo huma-
no, permaneciendo fieles de cuerpo y espíritu, excluya de sus vidas todo adulte-
rio y divorcio.
El matrimonio es una vocación permanente: Dios, que ha llamado a los espo-
sos cristianos al Matrimonio, los sigue llamando también en el Matrimonio. Pues
bien, es la gracia sacramental, es la fuerza del Espíritu Santo la que ayudará a
vivir cada momento, luminoso u oscuro, como fidelidad a la vocación divina. Es
el Espíritu quien ya desde los primeros encuentros hace que el matrimonio pueda
ser deseado, preparado, celebrado y vivido cotidianamente a la luz de la fe.
En la búsqueda de esta santidad conyugal ocupa un lugar especial la tarea de
procrear, de cooperar valerosamente con el amor del Creador y Salvador, quien
por medio de ellos, día tras día, aumenta y enriquece su propia familia. Esto
supone una generosa responsabilidad, una gran confianza en Dios y espíritu de
sacrificio. Sin descuidar los otros fines del matrimonio, el amor conyugal y todo
el conjunto de la vida familiar tienden a que marido y mujer glorifiquen al
Creador aceptando el altísimo rol de pro-creadores.

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
19
1.4.2. Celibato y virginidad
La actividad sexual es buena y santa y se la santifica mediante el honesto ejer-
cicio conyugal. Pero es también ambigua, como la riqueza y el poder, porque puede
absolutizarse y perder su vocación diaconal, su estar al servicio del crecimiento de
la persona. Por eso, algunos creyentes son llamados a santificarla mediante la
renuncia, viviendo el consejo evangélico de continencia perfecta. Estos son los
"castrados" por el Reino, los que renuncian voluntariamente al matrimonio. "El
consejo evangélico —cito la definición que ofrece el Código de Derecho Canónico—
de castidad asumido por el Reino de los cielos, que es signo del mundo futuro y
fuente de una fecundidad más abundante en un corazón no dividido, lleva consigo
la obligación de la continencia perfecta en el celibato" (can. 599).
Este consejo evangélico no solamente es un elemento esencial de los multifor-
mes institutos de vida consagrada en la Iglesia sino que ha dado lugar también a dos
singulares formas institucionales: la virginidad consagrada y el celibato clerical.
A las formas de vida consagrada, "se asemeja el orden de las vírgenes, las
cuales, formulando el propósito santo de seguir más de cerca a Cristo, son con-
sagradas a Dios por el Obispo diocesano según el rito litúrgico aprobado, despo-
sadas místicamente con Cristo, Hijo de Dios, y dedicadas al servicio de fa
Iglesia" (can. 604 § 1). Los clérigos, por su parte, "están obligados a observar
continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos, y por lo tanto quedan
sujetos al celibato, que es un don peculiar de Dios, mediante el cual los ministros
sagrados pueden adherir más fácilmente a Cristo con corazón indiviso y dedicar-
se con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres" (can. 277 § 1).
No es éste el momento para abundar en esta cuestión. Quisiera solamente
indicar que estas vocaciones singulares, que se apartan del amor conyugal, impli-
can una cierta fractura personal. Toda renuncia implica un nivel de pérdida, aun-
que sea compensado —y con creces— en un nivel superior. Si "la sexualidad carac-
teriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psi-
cológico y espiritual, con su consiguiente impronta en todas sus manifestacio-
nes'" , es claro que esas características psicológicas y espirituales ni deben ni
pueden ser anuladas. La vocación esponsal y parental está tan profundamente
radicada en la persona humana que a su realización en la vida matrimonial sola-
mente se puede renunciar si se tiene la capacidad y la lucidez de realizarla en otro
nivel; en otras palabras, una virginidad y un celibato sin amor es una caricatura
del consejo evangélico y una frustración insalvable de la propia personalidad.
Porque "la virginidad implica, ciertamente, renuncia a la forma de amor típica del
matrimonio, pero asume a nivel más profundo el dinamismo, inherente a la
5 SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Orientaciones educativas sobre el amor huma-
no. Pautas de educación sexual, 1 de noviembre de 1983, n. 5.

20
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
sexualidad, de apertura oblativa a los otros...'. Esta necesaria transfiguración de
la esponsalidad masculina y femenina y de la paternidad/maternidad puede lla-

marse, si se quiere, sublimación. Lo que importa destacar es que esta sublima-
ción no implica el desconocimiento de las realidades pulsionales y de las energí-
as sedimentadas en el subconsciente sino que es el descubrimiento de valores
capaces de realizar las exigencias humanas y de proporcionar la fuerza necesaria
para asumirlas positivamente y limitar los impulsos del instinto. Esta sublima-
ción es la que permite que la mujer consagrada pueda amar como esposa al Señor
y como madre a todos sus hijos. Esta sublimación es la que permite que el sacer-

dote célibe asuma, también en su existencia cotidiana, su vocación de signo de
Jesús Esposo de la Iglesia y de padre de los fieles entregados a su cuidado. "Aún
habiendo renunciado a la fecundidad física, la persona virgen se hace espiritual-
mente fecunda, padre y madre de muchos, cooperando a la realización de la fami-

lia según el designio de Dios'". ¿Quién osaría negar el diáfano testimonio de
paternidad espiritual de un san Juan Bosco o de maternidad espiritual de una
Teresa de Calcuta?
2. La visión 2ersonalista de la sexualidad
2.1. Sexo y persona
La reflexión contemporánea, presente también en las orientaciones del
Magisterio de la Iglesia, ha ampliado la visión de la sexualidad superando todo
reduccionismo a los aspectos genitales. La sexualidad es una conformación
estructural del ser humano, una forma y un estilo de existencia, una modalidad
del ser-en-el-mundo. Ella está no solamente en el origen de la vida sino que atra-
viesa toda vida y toda la vida y repercute en todas las manifestaciones de la exis-
tencia personal.

"La sexualidad es una riqueza de toda la persona —cuerpo, sentimiento y espí-
ritu— y manifiesta su significado íntimo al llevar la persona hacia el don de sí
mismo en el amor'". "La sexualidad es un elemento básico de la personalidad; un
modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir,
expresar y vivir el amor humano'". "La sexualidad no es algo puramente bioló-
gico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexuali-
dad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado cuando
es expresión del amor personal del hombre y de la mujer hasta la muerte"'".

6 Orientaciones educativas. . ., n. 32.
7 JUAN PABLO II, Exhortación apostólica «Familiaris consortio» del 22 de noviembre de 1981, n. 16.
8
JUAN PABLO 11, Exhortación apostólica «Familiaris consortio» del 22 de noviembre de 1981, n. 37.
9 Orientaciones educativas. . ., n. 4.
10 PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, Sexualidad humana: verdad y significado del 8 de diciembre de
1995, n. 3.

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE Dios
21
No se trata de caer en un pansexualismo que considerara cualquier manifes-
tación de la persona como un disfraz de la libido. La sexualidad no es todo. La
persona trasciende en su ser y en su existir la sexualidad. Pero, por otra parte, el
ser y el devenir de la persona es totalmente sexuado, de modo que puede afir-
marse que el crecimiento personal está profundamente marcado y condicionado
por el desarrollo de la vida sexual.

Esto conduce a considerar el ser-varón y el ser-mujer como dos formas de
existencia y de actividad humanas, es decir, como dos modos de proyectar la
vida. Dado que la sexualidad es un principio de configuración total de la perso-
na, entonces el hombre percibe, siente, piensa y quiera como varón y como
mujer, respectivamente.

Por otra parte la diferenciación varón/mujer es vivida, en el ámbito de lo
humano como forma de encuentro. Es una diferenciación relacional. En este sen-
tido la dualidad sexual es el estatuto fundamental de lo humano. El destino al cual
tiende la sexualidad es la capacidad de una relación oblativa que constituye el
vértice de la madurez de la personalidad. "Los sexos son complementarios, igua-

les y distintos al mismo tiempo; no idénticos, pero sí iguales en dignidad perso-
nal; son semejantes para entenderse, diferentes para complementarse recíproca-
mente"". "Feminidad y masculinidad son entre sí complementarias no sólo desde
el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Sólo gracias a la dualidad de
lo «masculino» y de lo «femenino» lo «humano» se realiza plenamente'.
Esto implica descubrir la corporeidad sexuada como lenguaje del amor
humano. En otras palabras, descubrir el carácter esponsal del cuerpo. "El cuerpo
humano, con su sexo, y con su masculinidad y feminidad visto en el misterio
mismo de la creación, es no sólo fuente de fecundidad y de procreación, como en

todo el orden natural, sino que incluye desde el «principio» el atributo «esponsa-
licio», es decir, la capacidad de expresar el amor: ese amor precisamente es en
que el hombre-persona se convierte en don y —mediante este don— realizar el sen-
tido mismo de su ser y existir'. "El cuerpo que expresa la feminidad «para» la
masculinidad y viceversa la masculinidad «para» la feminidad, manifiesta la
reciprocidad y la comunión de las personas. La expresa a través del don como

característica fundamental de la existencia personar'. "El cuerpo, en cuanto
sexuado, manifiesta la vocación del hombre a la reciprocidad, esto es, al amor y
al mutuo don de sí" `5.

11 Orientaciones educativas. . ., n. 25.
12 JUAN PABLO II,
Carta a las mujeres del 19 de junio de 1995, n. 7.
13 JUAN PABLO 11, Audiencia general del 16 de enero de 1980.
14 JUAN PABLO II,
Audiencia general del 9 de enero de 1980.
15
Orientaciones educativas. . ., n. 24.

22
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
2.2. La hipergenitalización
Una cultura que tienda a separar el ejercicio de la genitalidad del encuentro
humano global termina por determinar la aridez del encuentro, es decir, por aumen-
tar la incomunicabilidad, mortificando las exigencias más auténticas de la persona.
La reducción del sexo a genitalidad se manifestaba antaño en un rechazo tabú
de la anatomía y fisiología sexuales y hoy en día en una genitalidad promiscua
que rechaza todo modelo normativo. Tanto la actitud negativa del pasado como
la actitud permisiva de la sociedad hodierna coinciden en negar la dimensión más
profunda de la sexualidad. Siguen la misma lógica de cosificación y objetivación.
La sexualidad, disociada de la persona, es reducida de hecho a un dato anatómi-
co y a un proceso fisiológico, que son alternativamente o irracionalmente recha-
zados o indebidamente exaltados.
Esta disociación entre los valores de la sexualidad ha producido el fenómeno
de la hipergenitalización, fenómeno que fatalmente conduce a regresiones masivas
de tipo infantil o adolescencial y a formas de neurosis colectiva. Separada del con-
texto de la persona, la sexualidad se convierte en mercadería de consumo. Esta es
la razón profunda de la hipergenitalización actual de la sexualidad, en virtud de la
cual la actividad sexual se orienta prevalentemente a la realización de la relación
genital, concebida como ejercicio puramente cuantitativo de simples prestaciones.
La violencia sexual y la comercialización del eros están vinculadas al mode-
lo dominante de sociedad y de cultura. La revolución sexual ha conducido a una
degradación de la sexualidad reducida a mercadería de consumo o a forma de
represión social. En ella domina el principio de la prestación productivo-consu-
mística, cuyo resultado es la reducción del cuerpo a mercadería, análogamente al
principio que regula el mercado del trabajo dentro del frenético ciclo producción-
consumo'''.
2.3. Sexo y sociedad
La etnología y la antropología cultural han demostrado que en todas las cul-
turas y en todas las épocas ha existido una regulación social de la sexualidad.
Esto demuestra que la sexualidad ha sido siempre considerada como un dato del
desarrollo social. El sexo es un factor fundamental de socialización humana.
Construye relaciones interpersonales privilegiadas en la pareja (matrimonio)
pero el círculo tiende progresivamente a alargarse (familia).
La perspectiva personalista no excluye el significado procreativo de la sexua-
lidad humana sino que lo ubica en una perspectiva más correcta y mejor funda-
da. Un encuentro interpersonal cerrado terminaría por ser un egoísmo de dos.
16 G. PEANA, Orientainenti di etica sessuale en Diakonia (etica della persona). Corso di morale editado por
T. Goffi e G. Piana, 2 (Brescia 1983) págs. 269-366.

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
23
Poner un hijo en el mundo significa extender el amor, llamando a otra persona a
participar en él.
Procrear es también un acto político. Lo demuestra claramente el interés del
mundo desarrollado por limitar la natalidad. La cultura consumística no sola-
mente ha mercantilizado la relación sexual sino que la ha privatizado, empujan-
do siempre más hacia una concepción individualista y nuclearizada que termina
por traicionar el sentido verdadero de la sexualidad.
El redescubrimiento del amor romántico ("si se quieren, está bien"... "lo hice
por amor"), la pérdida del significado social y público del matrimonio (disminu-
ción de la nupcialidad, convivencia "para probar", "volver a casa de mamá"), la
acentuación de la importancia del sexo como instrumento de gratificación perso-
nal ("mi cuerpo es mío y con él hago lo que quiero...") y de eficiencia en la con-
ducción de la relación, han terminado por producir la fractura del vínculo tradi-
cional entre sexualidad e institución.
La disociación entre sexualidad y procreación es, ciertamente, el aspecto más
evidente. Lo que está en juego no es solamente la orientación del matrimonio a
la procreación sino la capacidad misma del matrimonio de realizar plenamente el
valor de la sexualidad.
2.4. La apertura a la trascendencia
La reflexión fenomenológica y psicológica han puesto en evidencia la exis-
tencia en el deseo sexual de una insanable contradicción entre la totalidad de una
aspiración tan intensa que absorbe totalmente a la persona sin dejarle respiro, y
la finitud de un placer en el que aquella quisiera saciarse, demasiado inmediato
y concreto para no desilusionarla. La sexualidad aparece como el lugar de la
experiencia de posibilidades infinitas y simultáneamente limitadas. En su ejerci-
cio se percibe la plenitud de su realización, interpersonal y fecunda, y también la
precariedad de esa plenitud (recordar la obsesión de Fausto por aferrar y detener
el instante feliz). De allí la nostalgia por trascenderla en un encuentro totalmen-
te saciativo y sin límites. No es más que una puerta abierta, por un instante, sobre
el infinito y la plenitud. El éxtasis sexual, en su fugacidad, abre al hombre a la
esperanza de un futuro absoluto.
3. El concepto canónico de la sexualidad
El concepto bíblico y personalista que hemos sintetizado ha encontrado su
lugar también en el lenguaje jurídico de la Iglesia. No es de extrañar pues el
Magisterio ha acompañado la profundización contemporánea sobre la significa-
ción humana y religiosa de la sexualidad a través de sucesivas y tempestivas inter-
venciones. Baste recordar las dos grandes encíclicas Casti connubii de Pío XI (31
de diciembre de 1930) y Humanae vitae de Pablo VI (25 de julio de 1968) y muy

24
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
particularmente la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II.
Son mojones esenciales en el camino que se ha hecho desde 1917 a 1983.
3.1. Del remedium concupiscentiae...
Recordemos el lenguaje del Código de 1917, 1: "El fin primario del matri-
monio es la procreación y la educación de la prole, el secundario es la ayuda
mutua y el remedio de la concupiscencia" (can. 1013 § 1). Así se describía el fin

objetivo del matrimonio (el finis operis) tal como nace de la misma naturaleza.
En ese contexto objetivista se consideraba que la ayuda mutua y el remedio de la
concupiscencia, aunque secundarios, eran también fines de la obra y "Ambos,

por lo mismo, son honestos". Pero la expresión "remedio de la concupiscencia"
manifestaba una concepción bastante peyorativa del acto conyugal (también lla-
mado sedatio, un sedante, ¡un calmante!): era un remedio porque evitaba males
mayores (los pecados carnales) mediante la satisfacción de una concupiscencia
que era consecuencia del pecado original".

Este lenguaje peyorativo también se percibe cuando el Código definía el
objeto del consentimiento matrimonial como "el acto de la voluntad por el cual
ambas partes dan y aceptan el derecho perpetuo y exclusivo sobre el cuerpo
(ius
in corpus)
en orden a los actos que de suyo son aptos para engendrar prole" (CIC
17 can. 1081 § 2). Y decían los comentaristas: "el consentimiento matrimonial,
en su realidad objetiva, implica la entrega y la aceptación mutuas de un derecho
y nada más que eso; el objeto sobre el que versa ese derecho es la cópula car-
nal...". "El objeto material y remoto del contrato matrimonial son los cuerpos
de los contrayentes sólo en cuanto un cónyuge... adquiere derecho a una deter-
minada prestación corporal... El derecho a esa prestación corporal mutua... es lo
que constituye el objeto formal próximo del contrato... Es ciertamente un dere-
cho sobre el cuerpo... pero restringido a una prestación, o sea a los actos que de
suyo son aptos para engendrar prole"".

3.2. ...al consortium totius vitae
El Código de 1983 no proporciona una definición real y esencial, directa y
expresa del matrimonio pero una definición indirecta la da el can. 1055 § 1 cuan-
17 L. MIGUÉLEZ DOMÍNGUEZ, en AAVv, Comentarios al Código de Derecho canónico, II, (Madrid 1963) págs.
439.
18 Cf. "como remedio de la concupiscencia, es decir, para evitar los pecados carnales por el uso lícito del
matrimonio. En consecuencia, el fin primario existía también en el estado de inocencia, el primer fin
secundario o sea la ayuda mutua, al menos en parte; pero no el segundo fin secundario ya que es una con-
secuencia del pecado original": F. M.
CAPPELLO, Tractatus Canonico-Moralis de Sacramentis, Vol. V - De
Matrimonio, (Roma-Turín 1950 6") 9.
19 L. MIGUÉLEZ DOMÍNGUEZ, en AAVv, Comentarios al Código... , pág. 602.
20 L. MIGUÉLEZ DOMÍNGUEZ, en AAVv, Comentarios al Código... , pág. 432.

LA SEXUALIDAD HUMANA EN EL PLAN DE DIOS
25
do dice: "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre
sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su índole natural al bien de los cón-
yuges y a la generación y educación de la prole, ha sido elevada por Cristo el
Señor a la dignidad de sacramento entre los bautizados".
Consortium en el latín clásico sugiere el correr la misma suerte a través de
una relación vital como comunicación mutua y plena coparticipación.
Consortium proviene de cum-sors y subraya la participación del marido y de la
mujer en el destino común, en una misma suerte, es decir, unidos en las buenas
y en las malas.

Justamente comenta Federico Aznar Gil: "se ha producido un cambio impor-
tante y trascendental en la doctrina y legislación canónica acerca de la definición
y esencia del matrimonio... Desde el primer momento de la revisión del Código

de Derecho Canónico se quiso resaltar el aspecto personal del matrimonio, equi-
parándolo a su aspecto o dimensión objetiva'.

El consortium totius vitae hay que interpretarlo en clave conciliar: es decir,
una integración en la esencia del matrimonio de los aspectos objetivos y subjeti-
vos o personalísticos. "Teológica, filosófica, antropológica y experimentalmente
considerado, el amor conyugal, rectamente entendido, es esencial en el
Matrimonio y la aportación de la Gaudium et Spes es fundamental y decisiva"".

El Código actual asume plenamente toda la filosofía y teología del Vaticano
II, de cuño personalista. Esta es la razón profunda de la supresión de la jerarquía
de los fines y la excesiva precedencia que se daba al fin constitucional de la pro-
creación. "Hoy se destaca el bien (fin) inmanente y esencial de la perfección de

los propios cónyuges en cuanto tales y, por tanto, el bien integral de la unión en
la que formalmente consiste el Matrimonio, bien que en su dinamismo incluye
por su misma índole natural (heterosexualidad) la orientación a la generación y
educación de los hijos' 23.

"El consortium totius vitae supera ciertamente la línea de una integración
meramente corporal de los esposos, y por tanto supera netamente los alcances de
la antigua fórmula de expresión del objeto del consentimiento... apunta hacia una
integración permanente e interpersonal de las vidas de un hombre y una mujer...

Viene a ser lo que en términos doctrinales y pastorales enseña el Concilio al llamar
al matrimonio «íntima comunidad de vida y de amor conyugal»" (S. Panizo)".

21 F. R. AZNAR GIL, El nuevo derecho matrimonial canónico (Salamanca 1985 2a) págs. 65-66.
22 L. VELA SÁNCHEZ, Matrimonio (niatrimonium), en Diccionario de Derecho Canónico (Madrid 1989) pág.

387.
23 Ibidem.
24 Muy cercano al concepto de consorcio es el de convivencia: "ambos cónyuges tienen igual obligación y

derecho respeto de lo que corresponde al consorcio (consortium) de la vida conyugal" (can. 1135); "los
cónyuges tienen el deber y el derecho de mantener la convivencia conyugal" (can. 1151). Se exhorta al
cónyuge inocente a que "no niegue el perdón a la comparte adúltera ni interrumpa la vida conyugal", aun-
que se afirme su derecho de tener el deber y el derecho de conservar la convivencia (convictum) "disol-


26
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
3.3.
En muchos otros cánones se refleja la concepción católica de la sexualidad
conyugal que no podernos analizar ahora. Sea aquí suficiente evocar: que el con-
sentimiento matrimonial es "el acto de la voluntad mediante el cual el varón y la
mujer se entregan y aceptan mutuamente" (can. 1057); que solamente se consi-
dera definitivamente consumado el matrimonio cuando "los cónyuges han reali-
zado entre sí de modo humano el acto conyugal apto de por sí para engendrar la
prole, al que el matrimonio se ordena por su misma naturaleza, y mediante el cual
los cónyuges se hacen una sola carne", que "si los cónyuges han cohabitado, se
presume la consumación" (can. 1061); que no puede haber consentimiento matri-
monial, si los contrayentes ignoran que "el matrimonio es un consorcio perma-
nente entre el varón y la mujer ordenado a la procreación de la prole, mediante
una cierta cooperación sexual" (can. 1096).
ver la convivencia (convictum) conyugal". Tan importante es esta convivencia que "si el cónyuge ino-
cente, después de haberse cerciorado del adulterio, ha convivido espontáneamente con el otro cónyuge con
afecto marital" se considera que lo ha perdonado tácitamente y la observancia de "la convivencia conyu-
gal" hace presumir dicho perdón (can. 1152).

AADC VIII (2001) 27-56
VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
Pbro. Dr. Alejandro Wilfredo BUNGE
SUMARIO: Introducción. 1. - Derechos fundamentales de los fieles. 1. Una rápida
mirada hacia el pasado. a) El Código de 1917. b) A partir del Concilio
Vaticano II. 2. La condición del bautizado en el ordenamiento canónico. 3. Los
deberes y derechos de los fieles: a) Deberes y derechos de todos los fieles; b)
Deberes y derechos de los fieles laicos. 4. Funciones, oficios y ministerios de

los laicos: a) Funciones y oficios propios: 1) En la Iglesia universal; 2) En la
Iglesia particular; b) Funciones de suplencia a los clérigos; c) Ministerios y
funciones litúrgicas: 1) Ministerios litúrgicos instituidos; 2) Otros ministerios
y funciones litúrgicas. II.- El sacramento del Orden. 1. Sólo varones: ¿por
qué?: a) Carta de Pablo VI al Arzobispo anglicano de Cantórbery; b)
Declaración
Inter insigniores; c) Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis. 2.
No es un derecho sino una capacidad para un servicio. Conclusiones.
Introducción
El título de la intervención que se me ha asignado puede ser tan amplio como
inabarcable, si no se marcan desde el comienzo los límites dentro de los cuales
será abordado.
Nuestra perspectiva es la del derecho canónico. Nos interesa analizar si, den-
tro del ordenamiento canónico actualmente vigente, se reconocen o se atribuyen
los mismos derechos al varón y a la mujer, o, en el caso contrario, cuáles son las
diferencias.
No nos detendremos en el análisis del derecho natural y de su progresiva
comprensión a lo largo de la historia, así como su influencia en la normativa
canónica. Tampoco entraremos en el análisis de la evolución cultural de lugar de
la mujer en el concierto social, y específicamente dentro de la Iglesia. Todos
éstos serían campos muy amplios y ricos de la investigación, pero prescindire-
mos de ellos, para una mayor claridad y brevedad. De la misma manera, también
quedarán al margen de nuestro estudio los fundamentos bíblicos que pueden
encontrarse a la normativa canónica. Los damos por supuestos y dejamos su aná-
lisis en manos de los especialistas.

28
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Una de las razones de la actualidad del tema la encontramos en los cuestio-
namientos que recibe la Iglesia, por la supuesta postergación en la que se tiene a
la mujer dentro de su ordenamiento jurídico. Muchas veces estas críticas encuen-
tran su mayor motivación en la imposibilidad para la mujer de acceder al sacra-
mento del Orden.
Nuestro camino se iniciará con el análisis de los derechos fundamentales de
los fieles (I). Después de una rápida mirada hacia el pasado, en la que constata-
remos algunas curiosidades en el Código de 1917 (que, de no haber sido modifi-
cadas en la nueva codificación, desmentirían el resultado de toda la investiga-
ción), y a partir de la doctrina del Concilio Vaticano II, abordaremos la condición
del bautizado en el ordenamiento canónico. Analizaremos primero los deberes y
derechos de todos los fieles y de los fieles laicos, y después las funciones, oficios
y ministerios de los laicos: sus funciones y oficios propios, sus funciones de
suplencia a los clérigos, sus ministerios y funciones litúrgicas. Lo haremos tra-
tando de comprobar las posibles diferencias que puedan verificarse entre los
derechos de los varones y de las mujeres en todos estos ámbitos.
En el segundo paso analizaremos en particular lo que se refiere al sujeto
capaz para el sacramento del Orden (II). Veremos que no se trata de un derecho
sino de un servicio, y pondremos en evidencia las razones teológicas que abonan
la doctrina que reserva esta capacidad a los varones. Lo haremos siguiendo los
argumentos de una Carta de Pablo VI, una Declaración de la Congregación para
la Doctrina de la Fe y la Carta Apostólica de Juan Pablo II en la que esta doctri-
na es definida en forma definitiva.
Finalmente, recogeremos en algunas conclusiones los resultados del camino
recorrido.
I.- Derechos fundamentales de los fieles
Comenzaremos nuestro estudio con el análisis de los derechos fundamenta-
les de los fieles. Después de una rápida mirada hacia el pasado, describiremos la
condición del bautizado en el ordenamiento canónico. A continuación revisare-
mos los deberes y derechos de los fieles en este ordenamiento. Por último nos
detendremos en las funciones, oficios y ministerios de los laicos.
1. Una rápida mirada hacia el pasado
Decimos que será una mirada rápida, ya que, prescindiendo, como hemos
dicho en la introducción, del análisis histórico y cultural, así como de los funda-
mentos bíblicos del tema, sólo nos interesa señalar el paso del anterior Código de
Derecho Canónico al actual, a través de la doctrina del Concilio Vaticano II.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
29
a) El Código de 1917
El movimiento comúnmente llamado feminista encuentra una huella clara de
sus orígenes en Londres, en el año 1792, poco después de la revolución francesa
de 1789'. Este movimiento puso en marcha la intención de reivindicar la situa-
ción de la mujer, relegada a un segundo lugar, según su punto de vista, tanto en
el campo social como jurídico, e incluso religioso.

Dejando de lado, como ya hemos dicho, la historia de la discriminación de la
mujer a lo largo de los siglos, las culturas y las religiones, vamos a verificar algu-
nas diferencias en el tratamiento de la mujer respecto del varón en el Código de

1917. Unas resultan más anecdóticas y otras de mayor importancia, pero todas
ponen en evidencia una condición distinta de la mujer y del varón en el ordena-
miento canónico vigente hasta hace relativamente poco tiempo.
1. La fijación del domicilio: La esposa que no se separaba de su marido legí-
timamente a través del procedimiento canónico, o era abandonada incluso mali-
ciosamente por éste, conservaba necesariamente el domicilio de su esposo, de la
misma manera que el loco el de su curador, o el menor el de la persona a cuya
potestad estaba sujeto'. Esto constituía una limitación al derecho de la mujer

casada a fijar un domicilio, igual a la limitación que se imponía en esta materia
al loco o al menor.

2. La sede para el sacramento de la confesión: El confesionario para oír con-
fesiones de mujeres debía estar siempre colocado en un lugar patente y bien visi-
ble, y ordinariamente en una Iglesia, en un oratorio público, o en un oratorio
semipúblico destinado a mujeres. Esta exigencia no se presentaba para el confe-
sionario en el que se oían las confesiones de varones'. En este caso, más que una

limitación de los derechos, nos encontramos ante la intención de proteger a la
mujer de posibles abusos del confesor.
3. El lugar a ocupar y el modo de estar en la Iglesia: Se expresaba el deseo
de que, conforme a la antigua disciplina, las mujeres estuvieran en la iglesia sepa-
radas de los hombres. Y mientras los hombres debían estar en la iglesia a cabeza
descubierta, las mujeres, en cambio, debían tener la cabeza cubierta y vestir con
modestia, sobre todo al momento de acercarse a comulgar'. Aquí se ponía de
manifiesto el deseo de mantener, si no de un modo preceptivo, al menos con una
viva exhortación, disciplinas antiguas, que suponían una condición distinta de la
mujer en el culto.

4. La participación en Cofradías: Se llamaba cofradías a las pías uniones
1 Cf. M. WOLLSTONECRAFT, A Vindication of the Rights of Woman, Printed at Boston, by Peter Edes for
Thomas and Andrews, Faust's statue, n. 45, Newbury-street, 1792.
2 Cf. can. 93 § 1 del Código de 1917.
3 Cf. can. 909 § 1 del Código de 1917.
4 Cf. can. 1262 del Código de 1917.

30
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
(asociaciones de fieles) constituidas de modo orgánico, con la finalidad de incre-
mentar el culto público. Las mujeres podían ser inscriptas en las cofradías "úni-
camente" para alcanzar las indulgencias y las gracias espirituales concedidas a la
cofradía, pero no podían pertenecer a ellas a pleno derecho'. En este caso es posi-
ble afirmar con claridad que se trataba de una limitación del derecho de asocia-
ción, que se hacía a las mujeres y no a los varones.
5. La celebración del Bautismo no solemne: El Bautismo en peligro de muer-
te podía ser administrado privadamente por cualquiera. Sin embargo, debía pre-
ferirse un sacerdote, si estaba presente, o un diácono si no había sacerdote, o un
subdiácono si no había diácono, o un clérigo antes que un laico, y un hombre
antes que una mujer, salvo que por razones de pudor, o porque la mujer supiera
más que el varón como hacer el Bautismo, conviniera que lo hiciera la mujer'. Se
trataba de una limitación de los derechos de la mujer en comparación con los del
varón. Que el ministro ordinario del Bautismo fuera el sacerdote, por lo tanto un
varón, motivaba seguramente esta prescripción.
6. Ministro en la Misa: El sacerdote no podía celebrar la Misa sin al menos
un ministro que lo asistiera y le contestara. Las mujeres no podían ejercer esta
función, a no ser que no hubiera varones y se diera una causa justa. En ese caso,
la mujer debía contestar desde lejos y no podía de ningún modo acercarse al
altar'. Nuevamente había aquí una limitación de los derechos de la mujer frente
a los del varón. La proximidad de esta función, de carácter laical, con el minis-
terio ordenado de los sacerdotes, y el intento de evitar cualquier confusión al res-
pecto, podría ser la causa. Veremos que aún hoy nos encontramos con esta limi-
tación, aunque en términos un poco diversos, en los ministerios instituidos del
lector y del acólito.
7. La participación en el Concilio provincial: Se preveía la participación en
el Concilio provincial de superiores mayores de Congregaciones monásticas de
varones que residieran en la provincia, pero no de superiores mayores de
Congregaciones monásticas de mujeres'. Esto también era una limitación en los
derechos de la mujer frente a los del varón que no encuentra una justificación teo-
lógica, sino que debe atribuirse a la condición de la mujer propia de la situación
histórica y cultural.
8. La preparación del Sínodo diocesano: Los varones, pero no las mujeres,
podían ser llamados a participar de las reuniones de preparación del Sínodo dio-
cesano'. Aquí debe decirse lo mismo que en el número anterior.
5 Cf. cáns. 707 y 709 del Código de 1917.
6 Cf. cáns. 742 § 2 y 759 § 1 del Código de 1917.
7 Cf can. 813 del Código de 1917.
8 Cf can. 286 § 4 del Código de 1917.
9 Cf. can. 360 § 1 del Código de 1917.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
31
9. La participación en el Consejo de administración: El Obispo debía contar
con un consejo de administración, que él mismo presidía, para que lo ayudase en
la administración de los bienes eclesiásticos sujetos a su jurisdicción. Debía llamar
a formar parte de este consejo a dos o más varones idóneos, pero no podía integrar
en él a mujeres'. Debe decirse lo mismo que en los números anteriores, ya que los
motivos de idoneidad que justificarían la participación en dicho consejo deberían
encontrarse en la mayor ciencia y prudencia, y no en el sexo de los miembros.
10. La remoción de párrocos inamovibles: Entre las causas previstas para la
remoción de un párroco inamovible se encontraba la de haber perdido la buena
fama "ante varones probos y graves"". Resulta por lo menos curioso que se con-
sidere el juicio que tienen los "varones" probos y graves (probos et graves vinos)
sobre la fama del párroco, y no las mujeres, aún en el caso en que reúnan estas
dos importantes cualidades.
Resumiendo, en el Código de 1917 la condición de la mujer no era la misma
que la del varón, no solamente en lo que se refiere al acceso al sacramento del
Orden (que, como veremos más adelante, no- es una cuestión de derecho sino de
capacidad, de origen divino), sino también por algunas limitaciones que no
encuentran suficiente justificación teológica, y que veremos superadas casi en su
totalidad en el Código de 1983:
b) A partir del Concilio Vaticano II
En el Concilio se tomó conciencia del cambio cultural que se venía dando en
la sociedad, y de la necesidad de adaptación de las estructuras de la Iglesia a la
nueva situación. Se refleja en los documentos conciliares la aspiración legítima
de la mujer a que los ordenamientos civiles reconozcan su igualdad de derecho y
de hecho con el varón, y se condena todo tipo de discriminación, también por
razón del sexo'.
Partiendo de conceptos bíblicos, el Concilio pone de manifiesto que "ante
Cristo y ante la Iglesia no existe desigualdad alguna en razón de estirpe o naci-
miento, condición social o sexo''. Por esto mismo, y teniendo en cuenta la
mayor participación activa de las mujeres en toda la vida social, se espera que
también en los campos del apostolado de la Iglesia se dé esta mayor participa-
ción, por la que se manifiesta sumo interés".
En concreto, se pone en un plano de igualdad la obra, digna de alabanza, de
10 Cf. can. 1520 § 1 del Código de 1917.
11 Cf. can. 2147 § 2, 3° del Código de 1917.
12 Cf. Gaudium et Spes, nn. 9 y 29.
13 Lumen gentium, n. 32. "No hay judío ni griego, no hay siervo ni libre, no hay varón ni mujer. Pues todos
vosotros sois 'uno' en Cristo Jesús" (Gal 3, 28; cf. Col 3, 11).
14 Cf Apostolicam actuositatem, n. 9.

32
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
"los catequistas, así hombres como mujeres, que, llenos de espíritu apostólico,
prestan con grandes sacrificios una ayuda singular y enteramente necesaria para
la expansión de la fe y de la Iglesia", y se recuerda, también en un plano de igual-
dad, la obligación principal de los seglares, hombres y mujeres, que es el testi-
monio de Cristo, que deben dar con la vida y con la palabra en la familia, en su
grupo social y en el ámbito de su profesión''.
Este progreso en la comprensión de la igualdad fundamental entre el hombre
y la mujer, y sus consecuencias en el orden jurídico, tanto de la sociedad civil
como de la Iglesia, estaba contemplado en el sexto principio rector de la renova-
ción del Código, sancionado por el Sínodo de los Obispos en su primera
Asamblea General, en septiembre y octubre de 1967'6. Veremos ahora cómo se
ha reflejado en el Código vigente.
2. La condición del bautizado en el ordenamiento canónico
Ya el Código de 1917 identificaba el Bautismo como el hecho sacramental
por el que el bautizado se constituye en un sujeto con todos los derechos y debe-
res que le corresponden en el ordenamiento canónico'''. Haciendo pie en esa
norma, el actual Código afirma que "por el Bautismo el hombre es incorporado
a la Iglesia de Cristo y en ella se lo constituye persona con los deberes y dere-
chos que, teniendo en cuenta la condición de cada uno, son propios de los cris-
tianos, en cuanto están en la comunión eclesiástica y si no lo impide una sanción
impuesta legítimamente"'".
Este canon expresa una realidad de carácter ontológico y sacramental, que
encuentra su reconocimiento en el ordenamiento canónico, pero que tiene su ori-
gen en la voluntad misma de Dios. Quiere decir que, aunque no existiera como
norma canónica, igualmente tendría valor en su tenor esencial. Su utilidad está en
poner en evidencia los factores que pueden incidir en el reconocimiento tanto de
estos deberes y derechos de los bautizados, según sus diversas condiciones y
situaciones, como en la capacidad de ejercerlos efectivamente dentro del ordena-
miento canónico.
El Bautismo, sacramento que produce la incorporación a la Iglesia, aparece a
la base de los derechos y deberes propios del cristiano, como su fuente. Esto per-
mite vislumbrar, desde el inicio, que no deberían encontrarse diferencias en la
atribución o reconocimiento de deberes y derechos a los varones y a las mujeres
dentro del ordenamiento canónico, ya que en ambos los efectos del Bautismo son
15 Ad gentes, n. 17. Cf. también n. 21.
16 Cf. SÍNODO DE LOS OBISPOS, 1" Asamblea General, 30 de septiembre a 4 de octubre de 1967, Principia
quise codicis iuris canonici recognitionem dirigant, n. 6, en Communicationes 1 (1969) 82-83.
17 Cf. can. 87 del Código de 1917.
18 Can. 96.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
33
los mismos. De todos modos, estos deberes y derechos se ponen en relación, en
el texto del canon, con la comunión eclesiástica, la ausencia de sanciones y "la
condición de cada uno".
La comunión eclesiástica se expresa y se hace visible a través de los víncu-
los de la profesión de fe, los sacramentos y el régimen eclesiástico (la obedien-
cia de los pastores)'9. Cualquier ruptura o quebranto de la comunión eclesiástica
del bautizado, afecta la capacidad de ejercer sus derechos y puede agregar debe-
res al fiel, ya sea varón o mujer.
Las sanciones canónicas legítimamente impuestas, aunque no supongan ni
signifiquen necesariamente una efectiva ruptura de la comunión, también afectan
la capacidad de ejercicio de los propios deberes y derechos del fiel, ya sean las
de aplicación automática o las que son impuestas por la autoridad competente,
por vía administrativa o judicial". Esto vale tanto para las penas medicinales o
censuras, dirigidas directa y principalmente a la conversión y corrección del reo
(y, por otra parte, las únicas que pueden ser de aplicación automática), como para
las demás penas canónicas, remedios penales y penitencias, ya sea el fiel afecta-
do varón o mujer21.
En lo que hace, en cambio, a la "condición de cada uno", verificamos algunas
diferencias en el trato del varón y de la mujer. Hay diversas situaciones, como la
edad, el uso de razón, el domicilio, la consanguinidad, la afinidad, la adopción y el
rito, que afectan la condición de los bautizados'. En dos casos, las normas que regu-
lan estas situaciones tratan de modo diverso la condición del varón y de la mujer:
a) El lugar de origen de un hijo es el del domicilio de los padres al momento
del nacimiento. Pero si en ese momento no tienen el mismo domicilio, el lugar
de origen del hijo es el que corresponde al domicilio de la madre". Esta norma
encuentra su razón en que la madre es unívocamente identificable, a causa del
embarazo y el parto, que la involucran directamente.
b) El hijo que es bautizado, cuando un padre es de rito latino y el otro de algu-
no de los ritos orientales, quedará incorporado a la Iglesia ritual que ambos
padres determinen de común acuerdo. Pero si no hay acuerdo entre ellos, el hijo
se incorporará a la Iglesia del rito al que pertenece el padre". Puede atribuirse
esta norma a la necesidad de evitar el conflicto, cuando los padres no se ponen
de acuerdo sobre la Iglesia ritual a la que pretenden incorporar a su hijo a través
del Bautismo. Aunque no es fácil explicarse, si no es por razones históricas y cul-
turales, por qué se opta en estos casos por el rito del padre, y no por el de la
19 Cf can. 205.
20 Cf. cáns. 1314 y 1341-1342.
21 Cf cáns. 1331-1340 y A. CALABRESE, Diritto penale canonico, Ciudad del Vaticano 1996, pág. 130.
22 Cf. cáns. 97-112.
23 Cf. can. 101.
24 Cf. can. 111 § 1.

34
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
madre, es claro que la finalidad de la norma es garantizar la seguridad jurídica en
un tema de importancia, y no la de hacer una discriminación.
3. Los deberes y derechos de los fieles
El Código describe a los fieles cristianos como aquellos que "incorporados a
Cristo por el Bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su
modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno
según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios con-
fió a la Iglesia cumplir en el mundo".
En esta definición, lo mismo que en el canon 96 ya visto, aparecen expresio-
nes tales como "a su modo" y "cada uno según su propia condición", que nos lle-
van a preguntarnos si la condición .sexual, modifica los deberes y derechos del
fiel que participa en la misión de Cristo.
No nos ocuparemos aquí de la tarea doctrinal de tratar de integrar el concep-
to de persona en el canon 96 y de fiel cristiano en el canon 204. Esto nos lleva-
ría demasiado lejos26. Solamente haremos una recorrida veloz sobre el reconoci-
miento que hace el Código de los deberes y derechos fundamentales de los fie-
les, para verificar si en ellos se hace alguna diferencia entre el varón y la mujer.
Se da una distinción de origen divino entre los fieles clérigos y los laicos, que
tiene su fundamento en el sacramento del Orden, a través del cual algunos fieles
son destinados sacramentalmente para servir al Pueblo de Dios, apacentándolo a
través de la triple función de Cristo y de la Iglesia de enseñar, santificar y regir,
en nombre del mismo Cristo, Cabeza de su Pueblo27. Los clérigos tendrán, ade-
más de los deberes y derechos de todos los fieles, varios deberes suplementarios
y algunos derechos', que encuentran su fundamento en el servicio que están lla-
mados a prestar.
Nosotros nos ocuparemos aquí de los deberes y derechos de todos los fieles
y de los fieles laicos, dejando para el lugar en el que nos ocuparemos del sacra-
mento del Orden los deberes y derechos de los clérigos.
Se da una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y la acción, entre todos
los fieles, según su propia condición y función'. Ahora presentaremos los debe-
25 Can. 204 § 1.
26 El canon 96 pone su acento en las consecuencias jurídicas del Bautismo, y el canon 204 en sus conse-
cuencias teológicas. Se puede leer sobre este tema a G. FELICIANI, Le basi del diritto canonico. Dopo il
Codice del 1983,
Bologna 1984, págs. 111-114; A. BERNÁRDEZ CANTÓN, Parte general de derecho canó-
nico, Madrid 1990, págs. 150-151; F. J. URRUTIA, Les normes générales, París 1994, págs. 173-175; J.
GARCÍA MARTÍN, Le norme generali del Codex luris Canonici, Roma 1995, págs. 299-302; L. NAVARRO,
Persone e soggetti nel diritto della Chiesa, Roma 2000, págs. 24-26.
27 Cf. cáns. 207 § 1, 266 § 1 y 1008.
28 Para los deberes cf. cáns. 273, 274 § 2, 275 §§ 1 y 2, 276, 277 §§ 1 y 2, 278 §§ 2 y 3, 279, 280, 283 § 1,
284, 285, 286, 287 y 289. Para los derechos cf. cáns. 274 § 1, 278 § 1, 281 y 283 § 2.
29 Cf can. 208.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
35
res y derechos fundamentales de todos los, fieles, y de los fieles laicos, según su
propia condición". De las funciones nos ocuparemos más adelante, cuando anali-
cemos los diversos "funciones, oficios y ministerios de los laicos", donde encon-
traremos algunas diferencias en la capacidad jurídica del varón y de la mujer'.
a) Deberes y derechos de todos los fieles
Presentamos primeros los deberes. Todos los fieles tienen la obligación de con-
servar siempre, incluso en su modo de obrar, la comunión con la Iglesia. Para esto
es necesario que cumplan con cuidado los deberes que tienen tanto con la Iglesia
universal como con la Iglesia particular. Deben esforzarse también para llevar una
vida santa, promover el continuo crecimiento y santificación de la Iglesia".
En especial, deben trabajar en la evangelización, para que el mensaje divino
llegue a todos los hombres de todos los tiempos, y seguir con obediencia cristia-
na lo que los pastores declaran como maestros de doctrina o establecen como rec-
tores de la Iglesia. En algún caso se ven también obligados, en razón de sus cono-
cimientos, competencia y prestigio, a manifestar a los pastores y a los demás fie-
les su opinión sobre todo lo que hace al bien de la Iglesia, guardando siempre la
integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia a los pastores, teniendo en
cuenta la utilidad común y la dignidad de las personas".
Tienen también la obligación de respetar la buena fama y el derecho a la inti-
midad de todos los demás fieles, de socorrer las necesidades de la Iglesia para el
desarrollo del culto divino, las obras de apostolado y de caridad y el honesto sus-
tento de los ministros, de promover la justicia social y de ayudar a los pobres con
sus propios bienes".
Por último, todos los fieles, cuando ejercen sus derechos, ya sea en forma
individual o asociados a otros, han de contemplar y conservar el bien común de
la Iglesia, los derechos ajenos y sus propios deberes respecto a otros".
En cuanto a los derechos, mencionaremos en primer lugar lo que ya señala-
mos como un deber, pero que constituye también un derecho: trabajar en la evan-
gelización, para que el mensaje divino de salvación llegue a todos los hombres
de todos los tiempos".
Tienen también derecho a manifestarles sus necesidades y deseos, sobre todo
30 Cf. L. OKULIK, La condición jurídica del fiel cristiano, Buenos Aires 1995, pág. 119 y ss, y D. CENALMOR
PALANCA, La ley fundamental de la Iglesia. Historia y análisis de un proyecto legislativo, Pamplona 1991.
31 Cf. 4. Funciones, oficios y ministerios de los laicos.
32 Cf. cáns. 209 y 210.
33 Cf. cáns. 211 y 212 §§ 1 y 3.
34 Cf. cáns. 220 y 222.
35 Cf. can. 223 § 1.
36 Cf. can. 211. Será necesario reivindicarlo como derecho, cuando se le niegue a algún fiel la posibilidad de
evangelizar, y exigirlo como deber a todos lo que no realicen esta tarea.

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PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
espirituales, y de manifestar, tanto a los pastores corno a los demás fieles, su opi-
nión sobre lo que afecta al bien de la Iglesia".
Tienen derecho a recibir de los pastores los bienes espirituales necesarios
para vivir su fe, entre los que se encuentran en primer lugar la Palabra de Dios y
los sacramentos, y de tributar culto a Dios según su propio rito, siguiendo su pro-
pia forma de vida espiritual, respetando siempre la doctrina de la Iglesia, mien-
tras gozan de plena libertad para elegir su estado de vida".
Pertenece a todos los fieles el derecho a fundar y dirigir libremente asocia-
ciones con fines de piedad y caridad, así como a reunirse con estos fines, y de
promover y sostener actividades apostólicas según sus propias iniciativas, ya sea
en forma personal o asociada".
Ya que resulta necesario para vivir una vida congruente con la doctrina evan-
gélica, los fieles tienen derecho a una educación cristiana, por la que se los ins-
truya convenientemente, a fin de alcanzar la madurez de la persona humana y el
suficiente conocimiento del misterio de la salvación, que están llamados a vivir.
En especial, los que deciden dedicarse a las ciencias sagradas, tienen el derecho
de gozar de una justa libertad para investigar, así como para manifestar pruden-
temente su pensamiento sobre aquello en lo que son peritos, guardando siempre
la debida sumisión al Magisterio de la Iglesia".
Finalmente, todos los fieles tienen los derechos que podemos llamar "proce-
sales", de reclamar y defender en el fuero eclesiástico sus legítimos derechos, de
ser juzgados conforme a las normas procesales si son llamados a juicio, y en
especial de no ser sancionados con penas canónicas si no es conforme a la ley'.
Es necesario afirmar que, ya sea en lo que hace a todos estos deberes funda-
mentales de los fieles, como en lo que respecta a sus derechos, no se señala dife-
rencia alguna entre el varón y la mujer.
b) Deberes y derechos de los fieles laicos
Además de los que se han señalado para todos los fieles, los laicos tienen
algunos deberes y derechos que son propios de su condición laical.
En primer lugar, y tomando como base los sacramentos del Bautismo y la
Confirmación, que los destinan al apostolado, los laicos tienen la obligación de
trabajar en la evangelización ya sea en forma individual o asociada, para que el
mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos en todo el mundo,
especialmente en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden
37 Cf. can. 212 §§ 2 y 3.
38 Cf. cáns. 213, 214 y 219.
39 Cf cáns. 215 y 216.
40 Cf. cáns. 217 y 218.
41 Cf. can. 221.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
37
los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo. Esta obligación no se agota
en el anuncio de la Palabra divina. También deben impregnar y perfeccionar el
orden temporal con el espíritu evangélico, dando testimonio de Cristo en la rea-
lización misma del orden temporal'.
Aquellos laicos que asumen la vocación y el estado de vida conyugal, tienen
que trabajar para la edificación de la Iglesia a través del matrimonio y la familia,
y como padres tienen el gravísimo deber de educar cristianamente a sus hijos,
según la doctrina enseñada por la Iglesia".
Todos los laicos, cualquiera sea la propia vocación y condición, deben for-
marse en la doctrina cristiana, para que puedan vivirla, proclamarla y defender-
la, ejerciendo lo que les toca en el apostolado. Cuando asumen un servicio espe-
cial en la Iglesia, tienen el deber de formarse para poder desempeñarlo debida-
mente, con conciencia, generosidad y cuidado'.
En cuanto a los derechos, mencionamos en primer lugar los que ya señala-
mos como deberes, pero que son también derechos: trabajar en la evangelización
ya sea en forma individual o asociada, y formarse en la doctrina cristiana".
Tienen derecho a que los pastores les reconozcan la libertad propia de todos
los ciudadanos en los asuntos terrenos. Al hacer uso de esta libertad, los laicos
deben cuidar de actuar siempre con espíritu evangélico y conforme a la doctrina
de la Iglesia, pero sin presentar su propia opinión en materias opinables como
doctrina que ésta proclama".
También tienen derecho a asistir a clases y obtener grados académicos en las
universidades o facultades eclesiásticas o bien en los institutos de ciencias reli-
giosas, adquiriendo así un conocimiento más profundo de las ciencias sagradas
que allí se enseñan".
Y aquellos fieles laicos que de un modo permanente o temporal se dedican a
un servicio especial de la Iglesia, tienen derecho a una conveniente remuneración
que responda a su condición, con la cual puedan proveer decentemente a sus pro-
pias necesidades y a las de sus familias, de acuerdo también con las prescripcio-
nes del derecho civil (quedando siempre a salvo que la sola recepción de los
ministerios del lectorado o acolitado no confiere derecho a recibir de la Iglesia
sustentación o remuneración)".
Tampoco en estos deberes y derechos de los fieles laicos es posible encontrar
42 Cf. can. 225.
43 Cf can. 226.
44 Cf. cáns. 229 § 1 y 231 § 1.
45 Cf cáns. 225 § 1 y 229 § 1.
46 Cf. can. 227.
47 Cf. can. 229 1 2.
48 Cf. cáns. 231 § 2 y 230 § 1.

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PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
diferencias entre el varón y la mujer, que se hallan, por el contrario, en igualdad
de condiciones. Siguiendo en esto a otro autor, podemos decir que el gran logro
del Código actual, en consonancia con el principio de igualdad consagrado por el
Concilio Vaticano II, ha sido no tanto lo que dice sobre la mujer, sino lo que no
dice. Porque, al tratar de los fieles en general, y de los laicos en especial, sin dis-
tinguir entre el varón y la mujer, se muestra que se ha asumido coherentemente
el principio conciliar".
4. Funciones, oficios y ministerios de los laicos
Aunque el uso de los términos función (munus), oficio (officium) y ministe-
rio (ministerium) no es unívoco en el Concilio Vaticano II y en el Código, es posi-
ble identificar su significado en los cánones que ahora estudiaremos. Para ello
nos valdremos del estudio hecho por P. .Erció5". Según este autor, "función" desig-
na en este lugar un encargo o misión de carácter general, que implica una obli-
gación objetiva de carácter teológico51 . "Oficio", en cambio, es, según la defini-
ción canónica, "cualquier cargo, constituido de manera estable por disposición,
divina o eclesiástica, que haya de ejercerse para un fin espirituar2. Y "ministe-
rio", en el contexto en el que ahora nos moveremos, se dice de los servicios litúr-
gicos establemente constituidos del lector y del acólito".
a) Funciones y oficios propios
Los laicos tienen capacidad, en virtud del Bautismo y la Confirmación, con
tal que tengan la idoneidad necesaria, de ser llamados por los pastores para cum-
plir funciones, e inclusive recibir determinados oficios eclesiásticos, conforme a
las normas del derecho".
Esta capacidad que tienen los laicos, supuesta la idoneidad, es una habilita-
ción radical, de raíz sacramental y con reconocimiento jurídico, para desarrollar
funciones específicas y oficios propios, tanto en la misión evangelizadora de la
Iglesia como en la cooperación en el ejercicio de su potestad de régimen, para los
que pueden ser llamados por los pastores".
Pero no significa que los laicos, aún en el caso de reunir las condiciones de
49 Cf. J. I. BAÑARES, La consideración de la mujer en el ordenamiento canónico, en IC 26 (1986) 254.
50 Cf. P. ERDO, Uffici e funzioni pubbliche nella Chiesa, en AADC 3 (1996) 47-65.
51 Cf. P. ERDO, Uffici e funzioni..., 54 y 60.
52 Cf can. 145.
53 Cf. P. ERDO, Uffici e fimzioni..., 59. Cf. también can. 230 § 1.
54 Cf can. 228 § 1.
55 Cf. cáns. 129 § 2 y 225. Sobre este tema, se puede ver con más detalle a P. ERDO, Uffici e funzioni... , 65-
79, A. MARTÍNEZ BLANCO, El bautismo como origen de obligaciones y derechos del fiel en la Iglesia, en
AA. VV., Derecho canónico a los diez años de la promulgación del Código, Salamanca 1994, págs. 33-84,
F. J. URRUTIA, Les normes générales, París 1994, pág. 215.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
39
idoneidad necesarias, tengan derecho a estas funciones y oficios". Siendo fun-
ciones y oficios sobre cuya provisión decide la autoridad eclesiástica, no consti-
tuyen estrictamente un derecho de losfieles laicos, sino sólo de una capacidad.
Cuando el laico responde al llamado de la Iglesia para poner en ejercicio esta
capacidad se encuentra, incluso, más allá de las exigencias habituales de la vida".
Los deberes y derechos de los fieles radican en la propia condición del fiel,
conforme a los sacramentos que ha recibido que imprimen carácter y ordenan
jerárquicamente a la Iglesia (Bautismo, Confirmación y Orden sagrado). Esta
capacidad, en cambio, es una disposición subjetiva que habilita para ser llamado
por la autoridad pública de la Iglesia para cumplir determinadas funciones al ser-
vicio del Pueblo de Dios.
En este caso nos estamos refiriendo a una capacidad que encuentra su raíz
sacramental en el Bautismo y la Confirmación, que exige además el requisito de la
necesaria idoneidad. Estas funciones y oficios abarcan los tría munera de la misión
de Cristo y de la Iglesia", y los tres ámbitos de ejercicio de la potestad de régimen".
Además de los oficios eclesiásticos propiamente dichos, de los que pueden
ser titulares también los laicos cuando no están necesariamente unidos al sacra-
mento del Orden', consideraremos aquí diversas funciones consultivas, algunas
de carácter técnico específico, y otras que están más directamente conectadas con
el ejercicio de la potestad de jurisdicción, ya sea en forma estable u ocasional,
estén o no institucionalizadas'. Nos detendremos primero en la Iglesia universal
y luego en la Iglesia particular.
56 Cf P. ERDO, Uffici e funzioni... , 69-70. Una posición distinta, citada por este autor, la encontramos en
Ghirlanda, quien afirma que, dadas las condiciones de idoneidad, los laicos tienen derecho a estas funciones
y oficios, con fundamento en su capacidad. Cf. G. GRIRLANDA, en P. A. BONNET - G. GHÍRLANDA, De chris-
tifidelibus. De eorum iuribus, de laicis, de consociationibus. Adnatationes in Codicem,
Roma 1983, pág. 65.
57 "Desempeñar como laicos un ministerio eclesial significa a menudo una confesión clara de fe en la Iglesia
frente a las costumbres normales de vida y poner en común las exigencias de la vocación eclesial, exi-
gencias familiares y exigencias personales de la vida de cada uno" (JUAN PABLO 11, en Fulda, el
18/11/1980, Discurso a los laicos colaboradores en el ministerio eclesial, en L'Osservatore Romano ed.
semanal en lengua española
(1980) 829. Cf. E. CAPARROS, Comentario al canon 228, en AA. VA.,
Comentario exegético al Código de Derecho Canónico, Volumen II, Pamplona 1993, págs. 188-189.
58 Cf. E. CAPARROS, Comentario al canon 228... , pág. 189.
59 El legislativo, el ejecutivo y el judicial. Cf. M. E. OLMOS ORTEGA, La participación de los laicos en los
órganos de gobierno de la Iglesia (con especial referencia a la mujer), en REDC 46 (1989) 101-107.
60 Se puede ver la definición de oficio eclesiástico en can. 145; se puede ver también, sobre los oficios que
se reservan a los clérigos, el can. 274 § 1, aunque es necesario decir que esta norma no es absolutamente
coherente con el can. 129 § 2, de carácter más general, que prevé la posibilidad de la cooperación de los
laicos en el ejercicio de la potestad de régimen o jurisdicción. La diferencia de matices entre estos dos
cánones nos pone en evidencia la discusión presentada durante la redacción del can. 129, resuelta final-
mente con una solución de compromiso, con la que no se quiso desautorizar ninguna de las dos posicio-
nes que se presentaban sobre la participación de los laicos en el ejercicio de la potestad de régimen. Cf.
M. E. OLMOS ORTEGA, La participación... , 95-101, y E. MALUMBRES, Los laicos y la potestad de régimen
en los trabajos de reforma codicial: una cuestión controvertida, en IC 29 (1989) 563-625.
61 Cf L. NAVARRO, I laici, en AA. VV., II diritto nel misterio della Chiesa. Vol II: Il popolo di Dio, stati e
funzioni nel popolo di Dio, chiesa particolare e universale, la funzione di insegnare, Roma 1990, pág. 165.

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PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
1) En la Iglesia universal
Los laicos pueden ser llamados por la autoridad suprema de la Iglesia a par-
ticipar en el Concilio Ecuménico, determinando la función o la forma que toma-
rá dicha participación (generalmente será una participación consultiva, ya que
corresponde al Papa y a los demás miembros del Colegio episcopal presentes la
aprobación de los decretos conciliares)".
Los laicos que reúnen las condiciones de idoneidad necesarias pueden ser lla-
mados, y de hecho lo son, a desempeñar funciones como oficiales en los diver-
sos dicasterios de la Curia Romana, que es el instrumento del Santo Padre para
ejercer su potestad de gobierno sobre la Iglesia universal. Para algunos dicaste-
rios, incluso, como el Pontificio Consejo para los Laicos o el Pontificio Consejo
para la Familia, se indica que se designarán como miembros principalmente a fie-
les de los diversos campos de la actividad laical, o expresamente laicos".
Algunos autores afirman, al menos como posibilidad teórica, que los laicos
también podrían desempeñarse como legados pontificios, ya que las funciones
que les atribuye la norma canónica no requieren estrictamente el sacramento del
Orden. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la práctica se nombran clé-
rigos para estas funciones, y Obispos cuando se trata de jefes de misiones, salvo
escasas excepciones, como algunos Delegados u Observadores en organismos
internacionales".
2) En la Iglesia particular
Deben ser llamados a tomar parte de los Concilios particulares con voto con-
sultivo los rectores de las universidades eclesiásticas y católicas y los decanos
(que pueden ser laicos) de las facultades de teología y de derecho canónico con
sede en el territorio. También pueden ser llamados otros laicos a participar como
miembros con voto consultivo en los Concilios particulares, aunque en número
limitado. Cuando se trata de un Concilio provincial, deberá invitarse a los
Consejos Pastorales de cada una de las Iglesias particulares correspondientes,
para que envíen dos representantes, que participan con voto consultivo, que pue-
den ser laicos".
62 Cf. cáns. 339 § 2 y 341.
63 Cf. JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, arts. 9, 132 y 140. Las condiciones de idonei-
dad que señala el artículo 9 son: "virtud, prudencia, experiencia, y necesaria ciencia comprobada por ade-
cuados títulos de estudio".
64 Cf. cáns. 363 y 364. En cambio, la facultad señalada en el can. 366, 2° no podría ser ejercida sin el sacra-
mento del Orden. Cf. M. E. OLMOS ORTEGA, La participación..., 103, y F. PETRONCELLI 1-1ÜBLER,
Comentario al canon 363, en AA. VV., Comentario exegético al Código de Derecho Canónico, Volumen
II, Pamplona 1993, págs. 661-664.
65 Cf. can. 443 §§ 3, 4 y 5. El número de los laicos no puede ser mayor a la mitad de los miembros mencio-
nados en el can. 443 §§ 1-3.

VARON Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
41
En el Sínodo diocesano deben participar fieles laicos, elegidos por el Consejo
Pastoral, según el modo y el número determinado por el Obispo diocesano, o, si
este Consejo no existe, según otro modo, que también determina el Obispo dio-
cesano, sin perjuicio de otros laicos a quienes el mismo Obispo pueda convocar.
Como es sabido, el Obispo diocesano es el único legislador en el Sínodo y el
único que suscribe sus decretos y declaraciones, por lo que todos sus miembros,
y el mismo Sínodo, tienen sólo voz consultiva".
En todas las diócesis debe existir el Consejo de Asuntos Económicos, que
consta de al menos tres miembros, y cuya función es ayudar al Obispo en la
administración de los bienes temporales. El criterio de idoneidad que deben cum-
plir sus miembros es la experiencia en materia económica y en derecho civil, y
la probada integridad. Pueden, por lo tanto, ser también laicos, y, al menos en
Argentina, lo serán en su mayoría".
También existirá, en la medida en que lo aconsejen las circunstancias, el
Consejo Pastoral, cuya función es "investigar y evaluar lo que se refiere a las
actividades pastorales en la diócesis, y proponer conclusiones prácticas sobre
ellas". Los miembros del Consejo Pastoral representarán todas las categorías de
fieles de la diócesis. Por esta razón, se prescribe que sean en su mayoría laicos,
ya que con esta proporción se configura habitualmente el Pueblo de Dios de una
Iglesia particular".
El Obispo diocesano debe contar con un Ecónomo diocesano, a quien "corres-
ponde, de acuerdo con el plan determinado por el Consejo de Asuntos
Económicos, administrar los bienes de la diócesis bajo la autoridad del Obispo",
quien puede también confiarle funciones en la vigilancia de los bienes pertene-
cientes a las personas jurídicas públicas a él sujetas. La condición de idoneidad del
Ecónomo diocesano es la verdadera experiencia en materia económica y la total
honradez". Por esta razón, puede ser también un laico, que tenga esta aptitud.
El Canciller de la curia diocesana, que tiene a su cargo la redacción de las
actas de la curia y la custodia del archivo, así como el Vicecanciller, si lo hay, y
los demás notarios, que colaboran con él en esta tarea, pueden ser laicos, ya que
la condición de idoneidad es simplemente la buena fama y estar por encima de
toda sospecha, salvo en las causas en las que puede ponerse en juicio la buena
fama de un sacerdote, en las que el notario debe ser siempre un sacerdote".
Los Consejos de Asuntos Económicos y los Consejos Pastorales de las
66 Cf. cáns. 463 § 1, 5° y § 2, y 466.
67 Cf. can. 492. Para el caso de las diócesis de Argentina, se puede ver A. BUNGE, Los consejos de asuntos
económicos, en AADC 5 (1998) 55, y A. BUNGE, Órganos y oficios de ayuda al Obispo diocesano en la
administración de los bienes temporales,
en AADC 7 (2000) 35.
68 Cf. cáns. 511-512.
69 Cf. cáns. 494 §§ 1 y 3, y 1278.
70 Cf. can. 483 § 2.

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PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Parroquias, por otra parte, aunque sobre ellos no abunda la legislación universal,
que remite a las normas particulares, es evidente que también contarán con laicos".
Dentro del munus docendi, los laicos pueden ser llamados a cooperar con el
Obispo y con los presbíteros en el ministerio de la palabra. Especialmente, el
párroco debe contar con catequistas laicos para cuidar la formación catequética
de los adultos, jóvenes y niños. Para las misiones debe contarse con misioneros
y catequistas laicos. Y el Obispo diocesano puede confiar la tarea del censor a
laicos que se destaquen por su ciencia, recta doctrina y prudencia".
En el terreno del ejercicio de la potestad judicial en la Iglesia particular, prác-
ticamente todos los oficios pueden ser desempeñados por laicos, salvo el de juez
único de una causa.
Los laicos podrán ser jueces en el tribunal diocesano o interdiocesano de pri-
mera instancia, en las causas que tengan que resolverse por un colegio de jueces,
si esto ha sido autorizado por la Conferencia episcopal. Podrían incluso ser
ponentes en una causa donde intervienen tres o cinco jueces. Aquellos laicos que
muestren una vida íntegra pueden intervenir como asesores de un juez único.
Pueden también ser auditores, para realizar la instrucción de las causas, si se des-
tacan por sus buenas costumbres, prudencia y doctrina. La investigación previa a
la iniciación de un proceso penal también la puede realizar un laico idóneo, con
la debida delegación del Ordinario".
Las condiciones necesarias para los Promotores de Justicia o Defensores del
Vínculo, buena fama, doctores o licenciados en derecho canónico, y de probada
prudencia y celo por la justicia, hacen que también los laicos puedan desempe-
ñar estos oficios".
Los laicos también pueden ser abogados o procuradores, ya que para los pri-
meros sólo se exige que sean mayores de edad y de buena fama, mientras que
para los segundos se agrega que sean católicos, salvo excepción permitida por el
Obispo diocesano, y doctores en derecho canónico, o al menos verdaderamente
expertos en él, y la aprobación del mismo Obispo. Y si reúnen las condiciones
técnicas requeridas en cada caso, pueden ser llamados como peritos".
Resumiendo, constatamos que no se realiza ninguna distinción entre la capa-
cidad del varón y mujer para desempeñar los oficios y las funciones propias de
los fieles laicos en la Iglesia. El único requisito, además de la habilitación sacra-
mental que se recibe para ellas en el Bautismo, es la idoneidad necesaria para
cada una de estas funciones u oficios.
71 Cf cáns. 536 y 537.
72 Cf cáns. 759 (para el ministerio de la palabra en general), 776 y 785 (para los catequistas), 784 (para los
misioneros) y 830 (para los censores).
73 Cf. cáns. 1421 § 2, 1423 § 1, 1424, 1425 §§ 1, 2 y 4, 1428, 1429 y 1717.
74 Cf. cáns. 1435 y 1436.
75 Cf cáns. 1483 y 1574.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
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b) Funciones de suplencia a los clérigos
En los casos en los que, por escasez de clero, no es posible nombrar párroco
en una Parroquia, el Obispo diocesano puede confiar una participación en la cura
pastoral de la misma a fieles que no han recibido el presbiterado, incluso a lai-
cos, aunque bajo la dirección y la atención pastoral de un sacerdote, que tendrá
las facultades del párroco".
Hay otras funciones que se asignan como propias a los clérigos, aunque no
requieren estrictamente el Orden sagrado. En determinadas condiciones, entre las
que siempre se debe constatar la imposibilidad o la dificultad de contar con clé-
rigos que las realicen, estas funciones pueden confiarse en forma supletoria a los
laicos, en virtud de un encargo hecho por la autoridad eclesiástica competente.
Encontrarnos algunas funciones presentadas en forma general, dentro de los
deberes y derechos de los fieles laicos: aunque no sean lectores o acólitos", pue-
den suplir a los clérigos en el ministerio de la palabra, la presidencia de las ora-
ciones litúrgicas, la administración del Bautismo y la distribución de la
Comunión, según las prescripciones del derecho".
En cuanto al ministerio de la palabra, los laicos pueden ser admitidos a predi-
car en una iglesia u oratorio, cuando lo pide una necesidad, o si, en casos particu-
lares, lo aconseja la utilidad de los fieles, teniendo en cuenta las prescripciones de
la Conferencia episcopal y quedando a siempre a salvo que la homilía, como parte
integrante de la liturgia, está siempre reservada al sacerdote o al diácono".
El Bautismo solemne, cuando está ausente o se encuentra impedido el minis-
tro ordinario (diácono, presbítero, Obispo), puede celebrarlo un catequista u otra
persona destinada a esta función por el Ordinario del lugar, y, en caso de necesi-
dad, puede hacerlo, aunque no en forma solemne, cualquier persona movida de
la debida intención".
La distribución de la Eucaristía, ante la ausencia o la insuficiencia de los minis-
tros ordinarios (Obispos, presbíteros y diáconos), puede ser realizada por el acóli-
to, u otro laico designado para este ministerio, ya sea en forma estable o ad actumm .
También la asistencia de los matrimonios, pidiendo y recibiendo el consenti-
miento de los contrayentes en nombre de la Iglesia, puede realizarla un laico en
aquellos lugares en los que no haya sacerdotes ni diáconos, con la debida dele-
gación del Obispo diocesano, que, para darla, debe contar previamente con el
voto favorable de la Conferencia episcopal, y obtener la licencia de la Santa
76 Cf can. 517 § 2.
77 Para los ministerios del lector y del acólito, cf. más abajo: c) Ministerios y funciones litúrgicas.
78 Cf. can. 230 § 3.
79 Cf cáns. 766 y 767 § 1.
80 Cf. can. 861.
81 Cf. can. 910 § 2, y más abajo: c) Ministerios y funciones litúrgicas.

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PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Sede. El laico debe ser idóneo, es decir, "capaz de dar la instrucción a los novios
y apto para realizar debidamente la liturgia matrimoniar'.
Por último, aunque el ministro de los sacramentales es el clérigo dotado de la,
debida potestad, algunos de ellos pueden ser también administrados por los lai-
cos que reúnen las condiciones convenientes, según lo determinan los libros litúr-
gicos y a juicio del Ordinario del lugar".
Al considerar todas estas funciones en las que los laicos suplen a los clérigos
en casos de necesidad, es necesario tener en cuenta la Instrucción de la Santa Sede
emanada con la poco frecuente firma de ocho dicasterios, sobre algunas cuestio-
nes acerca de la colaboración de los laicos en el ministerio de los sacerdotes".
Primero se plantea una cuestión terminológica. La Instrucción, recogiendo un
discurso de Juan Pablo II, califica de "incierto y confuso, y por lo tanto no útil
para expresar la doctrina de la fe", el lenguaje con el que se llama ministerio a
los que son ejercidos por los fieles no ordenados, en virtud del sacerdocio bau-
tismal, todas las veces en las que "se ofusca la diferencia 'de esencia y no sólo
de grado' que media entre el sacerdocio bautismal y el sacerdocio ordenado'.
A continuación se señala el carácter supletorio de estas funciones en las que
los laicos pueden reemplazar a los clérigos por cuestiones de necesidad, con
especial referencia, dentro de lo que nos interesa aquí, al ministerio de la palabra,
la homilía, la participación en la cura pastoral de una Parroquia, el ministro
extraordinario de la Comunión, la asistencia a los matrimonios y la celebración
del Bautismo solemne".
Citando el mismo discurso del Papa ya mencionado, la Instrucción recuerda
que hay que tener en cuenta que los officia confiados temporalmente a los laicos
"son, más bien, exclusivamente fruto de una delegación de la Iglesia". Y "el tér-
mino ministerio (servitium) manifiesta sólo la obra con la cual los miembros de
la Iglesia prolongan, a su interno y para el mundo, la misión y el ministerio de
Cristo". Por esta razón, el fiel no ordenado puede ser denominado ministro
extraordinario sólo en los casos en los que la autoridad lo llama a cumplir, a
82 Cf. can. 1112.
83 Cf. can. 1168.
84 CONGREGATIO PRO CLERICIS ET ALIAE, Instructio de quibusdam quaestionibus circa fidelium laicorum coo-
perationem sacerdotum ministerium spectantem, 15 de agosto de 1997, AAS 89 (1997) 852-877. Esta
Instrucción, aprobada de forma específica por JUAN PABLO II el 13 de agosto de 1997, ordenando su pro-
mulgación, lleva la firma de los Prefectos de las Congregaciones para el Clero, para la Doctrina de la Fe,
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los
Pueblos, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica,
los Presidentes de
los Pontificios Consejos para los Laicos y para la Interpretación de los Textos Legislativos, y los
Secretarios de todos estos Dicasterios. Cf. AAS 89 (1997) 877.
85 CONGREGATIO PRO CLERICIS ET ALIAE, Instructio... , art. 1 § 1. Cf. JUAN PABLO II, Discurso al Simposio
sobre la participación de los fieles laicos al ministerio presbiteral, 22 de abril de 1994, en L'Osservatore
Romano ed. semanal en lengua española (1994) 246-247.
86 Cf. CONGREGATIO PRO CLERICIS ET ALIAE, Instructio... , arts. 2, 3, 4, 8, 10 y 11.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
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modo de suplencia, los ministerios extraordinarios señalados en el derecho,
mientras que las delegaciones temporales a las que se refiere el canon 230 § 2 no
confieren ninguna denominación especial al fiel no ordenado".
En todas estas funciones que los laicos pueden desempeñar, cuando son lla-
mados a ellas ante la escasez de ministros ordenados, tampoco encontrarnos dife-
rencias entre el varón y la mujer, salvo en lo que a continuación decimos sobre
los ministerios del lectorado y acolitado.
c) Ministerios y funciones litúrgicas
Los laicos pueden desempeñar diversos ministerios y funciones propiamente
litúrgicas, que les corresponden en virtud de la habilitación que para ello reciben
de los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación. Sin embargo, deben cum-
plirse algunas condiciones, y se presentan algunas limitaciones.
1) Ministerios litúrgicos instituidos
La práctica actual sobre los ministerios litúrgicos de los laicos fue promulgada
por el Papa Pablo VI con el Motu proprio Ministeria quaedam, que pretendía apli-
car en este campo la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II".
Desde los primeros tiempos fueron establecidos en la Iglesia algunos minis-
terios con los que se confiaba a los fieles el ejercicio de la liturgia, que poco a
poco fueron convirtiéndose en instituciones previas a la recepción del Orden
sagrado, a cuyos candidatos se reservaban casi con exclusividad, hasta el grado
de considerarlas en la Iglesias latina como "órdenes menores". Entre otros, se
encontraban el del lector y el del acólito".
Llevando a la práctica la renovación de la liturgia promovida por el Concilio
Vaticano II, en el año 1972 Pablo VI modificó estos ministerios, que en adelante
ya no se llamarían órdenes menores, y que serían para la Iglesia universal sólo
los del lector y el acólito, sin perjuicio de que las Conferencias episcopales pudie-
ran pedir a la Santa Sede otros que fueran útiles para su región, como, por ejem-
plo los del ostiario, el exorcista o el catequistas`'.
A partir de ese momento estos ministerios tienen carácter laical, y pueden
confiarse a fieles laicos, sin que queden reservados a los aspirantes al sacramen-
to del Orden9'. Sin embargo, a pesar de la amplitud de esta afirmación, conser-
vando una venerable tradición de la Iglesia, siguió reservándose a los varones la
87 Cf. ibid., art. 1 §§ 2 y 3.
88 Cf. PABLO VI, Motu proprio Ministerio quaedam, 15 de agosto de 1972, AAS 64 (1972) 529-534.
89 Cf. ibid., Introducción, pág. 529.
90 Cf ibid., Introducción, pág. 531.
91 Cf. ibid,I11, pág. 531.

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institución de lectores y acólitos. Se señala como fundamento histórico de esta
limitación "la práctica que se sostuvo siempre"".
Todo el tema de los ministerios laicales se encuentra actualmente en revisión.
Después de la VIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, una
de cuyas proposiciones al Papa se refería al deseo de que se revisara el Motu pro-
prio Ministeria quaedam, "teniendo en cuenta el uso de las Iglesias locales e indi-
cando, sobre todo, los criterios según los cuales han de ser elegidos los destina-
tarios de cada ministerio", Juan Pablo II constituyó expresamente una Comisión,
no sólo para responder al deseo expresado por el Sínodo, "sino también, y sobre
todo, para estudiar en profundidad los diversos problemas teológicos, litúrgicos,
jurídicos y pastorales surgidos a partir del gran florecimiento actual de los minis-
terios confiados a los fieles laicos'''. El tiempo transcurrido sin que esta
Comisión haya permitido arribar a resultados concretos, pone en evidencia la
dificultad de la tarea que se le ha encargado.
Algunos autores creen necesario distinguir entre ministerios litúrgicos y minis-
terios propiamente laicales. Los primeros serían una participación del único minis-
terio ordenado, cuya plenitud tiene el Obispo. Entre ellos estarían los ministerios
del lector y del acólito. Los ministerios laicales, en cambio, encontrarían "su ori-
gen en la solidaridad entre los cristianos que han sido revestidos de diferentes caris-
mas ministeriales"". Pero esto no puede aceptarse. El Motu proprio Ministeria
quaedam llama propiamente laicales a los ministerios del lector y el acólito.
Es posible afirmar que la limitación a los varones de los ministerios estables
del lector y acólito, promulgada en el año 1972 con el Motu proprio Ministeria
quaedam
del Papa Pablo VI, y confirmada por el canon 230 § 1, no es coheren-
te con el carácter laical que se atribuye a estos ministerios.
El canon 228 § 1 señala la idoneidad como la condición necesaria para que
los laicos puedan recibir de los Pastores funciones y oficios. El carácter laical de
estos ministerios tal como han sido definidos por Ministeria quaedam, indepen-
dizados por este Motu proprio del camino al sacerdocio, no hace razonable que
se distinga entre el varón y la mujer como sujetos capaces, supuestas las condi-
ciones de idoneidad, que pueden darse en uno y en otro.
2) Otros ministerios y funciones litúrgicas
Todos los laicos, varones y mujeres, supuesta la idoneidad, tienen capacidad
para algunas funciones litúrgicas que les son propias, que encuentran suficiente
fundamento sacramental en el Bautismo y la Confirmación: comentador, cantor
y "otras"; y, por encargo temporal, lector".
92 Cf. ibid., VII, pág. 533, y can. 230 § 1.
93 JUAN PABLO II, Christifideles laici, n. 23. La proposición del Sínodo aquí mencionada es la n. 18.
94 L. GUTIÉRREZ MARTÍN, Los ministerios laicales, en 1C 26 (1986) 207.
95 Cf. can. 230 § 2.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
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Es posible preguntarse si la expresión "aliis" (otras) del canon recién citado,
incluye la función del servicio del altar, que, hasta hace pocos años, era negada a
las mujeres". La pregunta fue hecha al Pontificio Consejo para la Interpretación de
los Textos Legislativos, que respondió el 11 de julio de 1992 en forma afirmativa,
pero supeditando esa respuesta a las instrucciones que daría la Santa Sede al res-
pecto. Esta respuesta fue dada a conocer recién cuando la Congregación para el
Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos envió a los Presidentes de las
Conferencias episcopales las instrucciones mencionadas, el 15 de marzo de 199497.
Estas instrucciones recuerdan que el canon 230 § 2 menciona una "posibili-
dad" de que los laicos desempeñen determinadas funciones (entre las que se
encuentra el servicio de altar). Que la licencia que en este sentido dé algún Obispo
en su diócesis no obliga a otros Obispos a hacer lo mismo, y cada uno, teniendo
en cuenta lo que dice la propia Conferencia episcopal, tiene la facultad de decidir
y juzgar lo que estima conveniente hacer en su diócesis. Que, sin embargo, la
noble tradición ha reservado el servicio del altar a los niños varones, y que de allí
se encontró siempre una fuente de futuras vocaciones, por lo que alienta que se
siga esta costumbre. Que si algún Obispo juzga conveniente, por razones peculia-
res, que en su diócesis este servicio del altar lo puedan desempeñar también muje-
res, esto debe explicarse claramente a los fieles. Y, finalmente que, tratándose de
-funciones para las que los laicos pueden ser designados por "encargo temporal",
no se trata de un derecho, ni para los varones ni para las mujeres.
La repuesta del. Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos
Legislativos, junto con las instrucciones que la acompañan, constituye una inter-
pretación extensiva de la ley, que lleva la confirmación y el mandato de promul-
gación del Romano Pontífice". Por esta razón, podemos afirmar con toda seguri-
dad que han sido derogadas las limitaciones que presentaba la legislación ante-
rior para el servicio del altar realizado por las mujeres". Por otra parte, en la
nueva edición de la Instrucción General del Misal Romano también ha sido qui-
tada la limitación del servicio del altar por parte de las mujeres'.
96 Cf. SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LOS SACRAMENTOS Y EL CULTO DIVINO, Instrucción Inaestimabile
donum, 3 de abril de 1980, AAS 72 (1980) 331-343, n. 18: "No están permitidas a las mujeres las fun-
ciones de acólito de servicio al altar" (la traducción está tomada de A. PARDO, Documentación litúrgica
posconciliar, Barcelona 1992, pág. 328.
97 Cf. PONTIFICIUM CONCILIUM DE LEGUM TEXTIBUS INTERPRETANDIS, Responsio ad propositum dubium, 11 de
julio de 1992, AAS 86 (1994) 541, y CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM,
Conferentiarum Episcoporum Praesidibus Litteras circulares, 15 de marzo de 1994, AAS 86 (1994) 541-
542.
98 "Summus Pontifex loannes II i Audientia die 11 lulii 1992 infrascripto impertita, de suopradicta decisio-
ne certior factus, eam confirmavit et promulgari iussit" AAS 86 (1994) 541.
99 Cf. nota 96.
100 Cf. "Deficiente acolytho instituto, ad servitium altaris et in adiutorium sacerdotis et diaconi possunt
ministri laici qui crucem, cereos, thuribulum, panem, vinum, aquam, deferunt, vel etiam ad sacram
Comunionem distribuendam deputantur ut ministri extraordinarii" (Institutio Generalis. Ex editione typi-


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No hay diferencias, entonces, entre el varón y la mujer, para las funciones y
ministerios litúrgicos no instituidos en forma estable.
II.- El sacramento del Orden
Entramos ahora en el tema culminante de nuestra exposición, en el que ana-
lizaremos el sujeto hábil para recibir el sacramento del Orden. Lo haremos prin-
cipalmente desde el punto de vista canónico, aunque será inevitable recurrir tam-
bién a argumentos de carácter teológico para clarificar debidamente el tema.

1. Sólo varones: ¿por qué?
El primer canon que trata sobre los candidatos a recibir el sacramento del
Orden afirma con toda claridad: "Sólo el varón bautizado recibe válidamente la
sagrada ordenación"'"'. La norma es clara, breve, y precisa. Sin embargo, si no
encontráramos los fundamentos teológicos de la misma, podríamos considerarla
una determinación canónica de derecho positivo, susceptible de ser modificada
en el futuro.

Es imprescindible, entonces, recorrer aunque sólo sea en forma sucinta las
más importantes definiciones del Magisterio, porque ponen en evidencia que esta
determinación canónica pertenece además al depósito de la fe.

a) Carta de Pablo VI al Arzobispo anglicano de Cantórbery
Ya Pablo VI había advertido al Arzobispo anglicano de Cantórbery el grave
escollo que se pondría en el camino ecuménico si en la Iglesia anglicana se orde-
naban mujeres. Lo hizo respondiendo una carta en la que este prelado le comu-
nicaba que la Iglesia anglicana no veía objeciones fundamentales que obstaran a

la ordenación sacerdotal de mujeres.
En su respuesta el Papa sostiene que "no es admisible ordenar mujeres para
el sacerdocio por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones com-
prenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que esco-
gió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha
imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que cohe-

rentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en
armonía con el plan de Dios para su Iglesia'''. En esta ocasión Pablo VI se refie-
re sólo a la ordenación para el sacerdocio, sin referirse a la ordenación diaconal.
Y acude a argumentos de Escritura, Tradición, y Magisterio.

ca tertia cura et estudio Congregationis de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum excerpta, n. 100,
pág. 39). Sobre esta Institutio Generalis puede consultarse L. ALESSIO, La nueva edición típica del Misal
Romano,
en AADC 7 (2000) 145-155.
101 Can. 1024.
102 PABLO VI, Carta al Arzobispo de Cantórbery, 30 de noviembre de 1975, AAS 68 (1976) 599-601. Aquí
citamos la traducción española de L'Osservatore Romano ed semanal en lengua española (1976) 409.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
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b) Declaración Inter insigniores
La declaración Inter insigniores de la Congregación para la Doctrina de la Fe"
explicó más detalladamente los fundamentos de esta doctrina, después de recordar
que "la Iglesia, por fidelidad al ejemplo de su Señor, no se considera autorizada a
admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal, y cree oportuno, en el momento
presente, explicar esta postura de la Iglesia, que posiblemente sea dolorosa, pero
cuyo valor positivo aparecerá a la larga"'". Podem6s resumir así sus argumentos:
a) La Tradición. La Iglesia no admitió nunca que las mujeres pudiesen reci-
bir válidamente la ordenación sacerdotal o episcopal, porque ha querido perma-
necer fiel al tipo de ministerio sacerdotal deseado por Jesucristo y mantenido por
los Apóstoles. La Tradición ha sido constante en esta materia, y si el Magisterio
no ha tenido que intervenir con más frecuencia, es porque esta verdad no fue
cuestionada'.
b) La actitud de Cristo. Jesús no llamó a ninguna mujer al grupo de los Doce.
Y esto no fue por acomodarse a las costumbres de su tiempo, ya que su actitud
hacia las mujeres contrasta y marca claramente una ruptura con las costumbres
de su tiempo respecto a la mujer".
c) La práctica de los Apóstoles. María estaba en el Cenáculo en las reunio-
nes que se hacían después de la Ascensión, y ocupaba sin duda un lugar privile-
giado. Sin embargo, los Apóstoles no la llamaron a ocupar el lugar vacío dejado
por Judas en el Colegio de los Doce, sino que eligieron a Matías. Y aunque el día
de Pentecostés el Espíritu Santo había descendido sobre todos los presentes,
hombres y mujeres, el anuncio del cumplimiento de las profecías se hace a
"Pedro con los Once'''. Tampoco San Pablo, que predica en Grecia, donde era
común que existieran sacerdotisas, elige mujeres para este ministerio. Cuando
habla de "colaboradores suyos"'", se refiere tanto a hombres como a mujeres.
Pero cuando habla de "colaboradores de Dios"'", se refiere sólo a hombres'''.
d) Valor permanente de la actitud de Jesús y de los Apóstoles. La Iglesia tiene
y ha ejercido cierto poder de intervención sobre los sacramentos fundados por
Cristo. Ha fijado el signo de los mismos, y las condiciones necesarias para su
recepción. Sin embargo, este poder, que es real, tiene sus límites, dados por la sus-
103 SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaración Inter insignores, 15 de octubre de
1976, AAS 69 (1977) 98-116. Nosotros citaremos la traducción de A. PARDO, Documentación litúrgica
posconciliar,
Barcelona 1992, págs. 851-861.
104 Ibid., Introducción, pág. 852.
105 Cf. ibid., n. 1, págs. 852-853.
106 Cf. ibid., n. II, pág. 853. Cf. Jn 4, 27; Mt 9, 20-22; Lc 7, 37-50; Jn 8, 11; Mc 10, 2-11; Mt 19, 3-9, etc.
107 Cf. Cf. Hch 2, 14.
108 Cf. Rm 16, 3; Flp 4, 2-3.
109 Cf 1 Cor 3, 9; 1 Tes 3, 2.
110 Cf. Declaración Inter insignores..., n. 111, págs. 854-855.

50
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
tancia de los mismos, que la Iglesia no puede modificar. Los signos sacramentales
no son convencionales, sino que responden al simbolismo profundo de los gestos
y de las cosas, y llevan a hacer comprender, con la riqueza de la pedagogía y el sim-
bolismo de la Biblia, la gracia que significan y producen. La adaptación a las civi-
lizaciones no puede abolir, en los puntos esenciales, la referencia de los sacramen-
tos a Cristo. Y cuando la Iglesia cree que no puede aceptar ciertos cambios, es por-
que se siente vinculada, con el deber de la fidelidad, a la conducta de Cristo"'.
Terminada esta argumentación, la Declaración Inter insignores intenta toda-
vía brindar algunas aclaraciones, que muestran la conveniencia de esta norma
que restringe la ordenación sacerdotal a los varones.
El sacerdote no actúa en nombre propio, sino in persona Christi, varón. Este
valor de representación de Cristo es considerado por San Pablo como caracterís-
tico de la función apostólica'''. Por esta razón, el sacerdote, para ser un signo que
resulte perceptible y que los cristianos puedan captar fácilmente, sobre todo en el
sacramento culminante, que es la Eucaristía, tiene que ser también varón.
Aunque Cristo es el primogénito de toda la humanidad, mujeres y varones, la
encarnación del. Verbo se hizo según el sexo masculino, y este hecho, insepara-
ble de la economía de la salvación no implica ninguna superioridad natural del
hombre sobre la mujer'''.
Por otra parte, la salvación ofrecida por Dios a los hombres reviste la forma
privilegiada de una alianza nupcial, en la que Cristo es el Esposo y la Iglesia la
Esposa. Cristo es hombre, y en las acciones que exigen el carácter de la ordena-
ción y donde se representa a Cristo mismo ejerciendo su ministerio de salvación,
si no se quiere desconocer la importancia de este simbolismo para la Economía
de la Revelación, su papel lo debe realizar un hombre, sin que esto signifique
para él ninguna superioridad personal en el orden de los valores, sino solamente
una diversidad de hecho en el plano de las funciones y del servicio"4.
Conviene recordar, afirma todavía la Declaración, que la Iglesia es una socie-
dad diferente a las otras, y su forma de gobierno debe comprenderse a la luz de la
Revelación, que nos muestra que su función pastoral está normalmente vinculada
al sacramento del Orden, y no puede invocarse la igualdad entre los sexos para
justificar el acceso de la mujer al Orden sagrado. La igualdad fundamental del
varón y la mujer, que tiene sus raíces en el Bautismo, no se refiere a la capacidad
para los ministerios ordenados, sino a la filiación divina. El Bautismo no confiere
ningún título personal al ministerio público ni a la ordenación sacerdotal. El sacer-
docio no es conferido como un honor o una ventaja, sino como un servicio a Dios
111 Cf ibid., n. IV, págs. 855-857.
112 Cf 2 Cor 5, 20; Gal 4, 14.
113 Cf. Declaración Inter insignores..., n. V, págs. 857-858.
114 Cf. ibid.,n. V, pág. 859.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
51
y a la Iglesia, y es objeto de una vocación específica, totalmente gratuita'''. Y dice
textualmente: "No hay que olvidar que el sacerdocio no forma parte de los dere-
chos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de la Iglesia'''.
Finalmente, concluye esta argumentación recordando que "igualdad no sig-
nifica identidad dentro de la Iglesia, que es un cuerpo diferenciado en el que cada
uno tiene su función; los papeles son diversos y no deben ser confundidos, no dan
pie a superioridad de unos sobre otros ni ofrecen pretexto para la envidia: el
único carisma superior que debe ser apetecido es la caridad. Los más grandes en
el Reino de los Cielos no son los ministros, sino los santos""'.
Esta afirmación no puede ser tomada sólo como un consuelo, mientras se
espera una reivindicación que cambie esta disposición en el futuro. Todo aquello
en las personas o en las estructuras de la Iglesia que no fuera conforme a esta ver-
dad fundamental, estaría urgido de una inmediata transformación o conversión.
e) Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis
Juan Pablo II envió al episcopado de todo el mundo una Carta apostólica,
fechada el 22 de mayo de 1994, sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a
los varones'.
El Papa comienza recordando que la cuestión de la ordenación sacerdotal de
la mujer surgió en la Iglesia anglicana, llevando a Pablo VI a emitir la carta de
respuesta que exponía la doctrina y la posición de la Iglesia católica sobre la
materia, y posteriormente a la Congregación para la Doctrina de la Fe, que res-
ponde también a los argumentos de algunos teólogos que pusieron en discusión
esta doctrina"9. Después de recoger toda la argumentación de la Declaración Inter
insignores,
Juan Pablo II, con la intención de despejar toda duda sobre esta
importante materia, que afecta a la constitución divina de la Iglesia, en uso de su
ministerio de confirmar a sus hermanos en la fe, declara que la Iglesia no tiene
en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres,
y que esta sentencia debe ser considerada por todos los fieles de la Iglesia como
un dictamen definitiyo' 2".
Corno se presentaron dudas sobre el alcance de este Magisterio de Juan Pablo
II, se preguntó a la Congregación para la Doctrina de la Fe si la doctrina tenida
115 Cf. ibid., n. VI, pág. 860. Cf. también Gal 3, 28, allí citado.
116 Declaración Inter insignores... , n. VI, pág. 861.
117 Declaración Inter insignores... , n. VI, pág. 861. Cf. 1 Cor 12-13, según cita la Declaración.
118 JUAN PABLO II, Epistula Apostolica de Sacerdotali Ordinatione viris tantum reservando, en
Communicationes 26 (1994) 9-12. El texto de esta Carta Apostólica no fue publicado en AAS.
119 Ambos documentos los hemos analizado en las páginas anteriores.
120 "Ut igitur omne dubiurn auferatur circa rem magni momenti, quae ad ipsam Ecclesia divinam constitu-
tionem pertinent, virtuti ministerii Nostri confirmandi fratres (cfr. Lc 22, 32), declaramus Ecclesiam facul-
tatem nullatenus habere ordinationem sacerdotalem mulieribus conferendi, hancque sententiam ab omni-
bus Ecclesiae fidelibus esse definitive tenendam"
(JUAN PABLO II, Epistula Apostolica... , págs. 11-12).

52
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
corno definitiva en la Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis debe ser entendi-
da corno perteneciente al depósito de la fe. La respuesta, dada el 28 de octubre
de 1995, es afirmativa'2'.
Más precisamente, podemos afirmar que se trata de un Magisterio infalible
proclamado por el Papa Juan Pablo 11, con un acto del Magisterio auténtico ordi-
nario'', sobre una materia que, sin ser doctrina divinamente revelada que deba ser
creída con fe divina y católica, pertenece a la constitución divina de la Iglesia'', y
se encuentra de tal modo conexa con la doctrina divinamente revelada, que debe
ser sostenida, para poder sostener la doctrina divinamente revelada'''.
A la luz, entonces, de toda la argumentación presentada, debe afirmarse que
esta doctrina sobre la imposibilidad de la ordenación sacerdotal de las mujeres
tiene sus fundamentos en la Palabra escrita de Dios y en la Tradición y se conec-
ta con la Revelación por una necesidad lógica aunque no se encuentre formal-
mente revelada''. Pertenece de esta manera al depósito de la fe, y exige un asen-
timiento definitivo por parte de los fieles, ya que el Magisterio se ha pronuncia-
do con autoridad y en forma definitiva sobre ella.
Por esta razón, debe ser castigado con una justa pena canónica (que no está
determinada por la norma universal) el que rechace pertinazmente esta doctrina,
y no se retracte después de ser debidamente amonestado por la Santa Sede o por
su propio Ordinario''.
Digamos finalmente que tanto esta doctrina como las argumentaciones que la
fundamentan se refieren a la ordenación sacerdotal. Sin embargo, aún teniendo
en cuenta las razones históricas que permiten a algunos autores hablar de una
posibilidad, más o menos futura, de la ordenación diaconal de mujeres127, nada
permite vislumbrar que esté en la intención de la Iglesia modificar la práctica
actual, que reserva el sacramento del Orden a los varones bautizados, con una
condición que afecta a la validez'.
121 Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Responsum ad dubium circa doctrinara in Epistula
Apostolica Ordinatio sacerdotalis traditam, en Communicationes 27 (1995) 212.
122 Cf. can. 749 § 1. Cf. también D. Cirro, Nota alía Lettera apostolica "Ordinatio sacerdotalis", en 1E 7
(1995) 350-353.
123 Cf. JUAN PABLO II, Epistula Apostolica... , pág. 11.
124 Cf. can. 750 § 2. Hay que recordar que este párrafo del canon fue agregado por el Motu proprio Ad tuen-
dam fidem: JUAN PABLO II, Litterae Apostolicae Motu proprio datae "Ad tuendam fidem", quibus normae
quaedam inseruntur in Codice Iuris Canonici et in Codice Canonum Ecclesiarum Orientalium, 18 de
mayo de 1998, AAS 90 (1998) 457-461.
125 Cf. J. M. FERNÁNDEZ, Magisterio y defensa de la fe. Comentario con ocasión del Motu proprio Ad tuen-
dam fidem, en AADC 5 (1998) 191-193.
126 Cf can. 1371, 1°. Hay que tener en cuenta que el texto de este canon también fue modificado por el Motu
proprio Ad tuendam fidem, incorporando la referencia al nuevo párrafo del can. 750 § 2.
127 Cf. L. BLYSKAL CSJ, The rekvance of deaconesses to the values of communion and mission in the Church,
en The Jurist 56 (1996) 241-266.
128 Cf can. 1024.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
53
2. No es un derecho sino una capacidad para un servicio
El sacramento del Orden, que provoca una configuración ontológica con
Cristo Cabeza y marca con un carácter indeleble, que destina a quien lo recibe
para apacentar a su Pueblo y lo habilita para las funciones propias del Orden
sagrado, está reservado, como hemos visto, a los varones'''.
La argumentación del Magisterio que hemos expuesto más arriba pone sufi-
cientemente en evidencia que el varón no tiene estrictamente un derecho al sacra-
mento del Orden, sino una capacidad, que proviene de una determinación divina.
No es el sacramento del Bautismo, que constituye al varón y a la mujer sujetos
de deberes y derechos en el ordenamiento canónico, el que da una capacidad para
el sacramento del Orden. Esta capacidad es un don totalmente gratuito, que tiene
su origen en Dios, y su finalidad en el servicio al Pueblo de Dios. Esta capacidad
no permite suponer ni pretender la superioridad de unos sobre otros, sino que
tiene un carácter funcional.
La identificación con Cristo Cabeza que produce el sacramento del Orden no
pone a quien lo recibe, sea diácono, presbítero u Obispo'", por encima de los
demás fieles, en cuanto a la dignidad y la acción para la edificación del Cuerpo
de Cristo. El criterio de diversificación de funciones, conforme al orden jerár-
quico de la comunión eclesiástica, no empaña la verdadera igualdad que se da
entre ellos en cuanto a la dignidad y la acción'''. Sólo Cristo está por encima, y
es fuente de salvación para todos.
El ministro sagrado es también un fiel, comparte con todos ellos los deberes y
derechos comunes a todosm. Lo que tiene de más, por la recepción del sacramen-
to del Orden, no proviene de él ni es para él. Proviene de su identificación con
Cristo, a través de un sacramento que lo dispone para realizar "en su nombre", in
persona Christi, una función que es precisamente el servicio al Pueblo de Dios.
Por esta razón, la recepción del sacramento del Orden trae aparejada una gran
cantidad de obligaciones, originada en la destinación plena al servicio de los fie-
les. Si se agregan también algunos derechos, es solamente para facilitar el des-
empeño del ministerio en favor de los fieles, sin que puedan entenderse como una
prerrogativa personalm.
En primer lugar, los clérigos tienen la facultad exclusiva de obtener oficios
para cuyo ejercicio se requiere la potestad de Orden o la potestad de régimen
eclesiástico; pero eso conlleva la obligación de aceptar y desempeñar fielmente
las tareas que se les encomienden. Se reconoce a los clérigos el derecho de aso-
129 Cf. cáns. 274 § 1, 1008 y 1024.
130 Cf. can. 1009 § 1.
131 Cf. can. 208.
132 Cf. cáns. 208-223.
133 Cf. cáns. 273-289.

54
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
ciación, pero ligándolo, para el caso de los clérigos seculares, a la estima que
deben tener por las asociaciones que fomentan la santidad en el ejercicio del
ministerio y contribuyen a la unión de los clérigos entre sí y con el Obispo pro-
pio. Y el derecho a la remuneración adecuada a su propia condición también se
pone en relación con la dedicación al ministerio eclesiástico'".
El sacramento del Orden, entonces, no es un derecho, ni una fuente de mayo-
res derechos que quiebre la igualdad fundamental proclamada para todos los fie-
les en cuanto a la dignidad y acción, sino una disposición sacramental para el ser-
vicio del Pueblo de Dios. Esto supone una vocación que tiene su origen en Dios
mismo, una propuesta y una respuesta libre, con la que se acepta este camino de
servicio y entrega. El llamado se concreta y se sella con la recepción del sacra-
mento, que confirma todos los pasos previos de la vocación'.
El Orden sagrado no es un derecho del que alguien se pueda servir legítima-
mente para alcanzar un lugar de mayor relevancia o de poder dentro de la Iglesia.
Si así alguien lo hizo, o lo hace, o lo hiciera en el futuro, tendrá que dar cuenta a
Dios, porque estaría cometiendo una grave injusticia, ya que estaría tomando
para provecho propio lo que se le ha dado para el servicio del Pueblo de Dios.
Conclusiones
Repasemos los resultados del camino recorrido. En primer lugar, tanto en lo
que hace a los deberes y derechos de todos los fieles, como en lo que respecta a
los deberes y derechos de los fieles laicos, no hemos encontrado diferencia algu-
na entre el varón y la mujer.
Tampoco encontramos distinción en la capacidad del varón y de la mujer para
desempeñar los oficios y las funciones propias de los fieles laicos en la Iglesia, o
para las funciones y ministerios litúrgicos no instituidos en forma estable.
En dos casos, las normas que regulan la condición del bautizado en el orde-
namiento canónico tratan de modo diverso la condición del varón y de la mujer:
en la determinación del lugar de origen de un hijo, si ambos padres no tienen el
mismo, y el rito del hijo que se bautiza, cuando uno solo de los padres pertenece
al rito latino, y éstos no se ponen de acuerdo sobre la Iglesia ritual a la que quie-
ren que el hijo se incorpore. Sin embargo, como hemos explicado, en ninguno de
los dos casos podernos pensar que se trata de una discriminación.
Aunque la idoneidad, que es posible suponer tanto en el varón corno en la
mujer, es la condición necesaria para que los laicos puedan recibir de los Pastores
funciones y oficios, sólo los varones son hoy legítimamente capaces para recibir
los ministerios instituidos del lector y del acólito. Ya hemos dicho que no nos
134 Cf. cáns. 274, 278 y 281.
135 Cf. cáns. 1025, 1026, 1029, y JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores daba vobis,
nn. 5-10 y 35-40.

VARÓN Y MUJER: ¿IGUALDAD DE DERECHOS?
55
parece razonable esta distinción, ni coherente con el carácter laical reconocido a
estos ministerios. La relación que los mismos han tenido con el camino hacia el
sacramento del Orden hasta hace apenas treinta años, explica por qué no se ha
alcanzado todavía la coherencia con el carácter laical que les atribuye la norma
actual, que los podría abrir también a las mujeres.
En el caso del sacramento del Orden, hemos puesto suficientemente en evi-
dencia que no se trata de un derecho del varón, sino de una capacidad, que pro-
viene de una determinación divina, que es un don totalmente gratuito de Dios, y
que no permite suponer ni pretender la superioridad de unos sobre otros, sino que
tiene un carácter funcional.
Por lo tanto, podemos contestar afirmativamente a la pregunta del título. Se
da una igualdad en los derechos subjetivos del varón y la mujer dentro del orde-
namiento canónico, habiéndose logrado en este campo un significativo avance
respecto del Código anterior.
De todos modos, conviene tener presente que la igualdad fundamental en
cuanto a los derechos y deberes de todos los fieles no permite afirmar la igualdad
en cuanto a la capacidad de obrar. Lo "justo" que trata de expresar el ordena-
miento canónico no se resuelve sólo por el criterio de la igualdad. "La diferen-
cia, en la justicia, protege la justicia de la diversidad'.
Lo que en realidad interesa reclamar al ordenamiento canónico es la protec-
ción jurídica de lo específico del varón y de la mujer, que es necesario para el bien
de la comunión eclesial. "El criterio de igualdad real del tratamiento del hombre
y la mujer no consiste en dar a cada uno lo mismo, sino a cada uno lo suyo"'".
Hay funciones jerárquicas, relacionadas con el sacramento del Orden, que
establecen ciertamente una desigualdad funcional, cuyo origen se encuentra en la
voluntad misma de Cristo. Pero hay que tener en cuenta que el prototipo del fiel
no es el sacerdote, ni el Obispo, sino una mujer, María, la Madre del Señor, en
quien la redención ha alcanzado toda su potencialidad. Ella es la plenitud del ser
cristiano, es la recepción plena del don de la gracia, y la respuesta plena a ese don.
Es necesario aspirar a los dones más perfectos, y el carisma superior, que
debe ser apetecido por todos, es la caridad'. Los más grandes en el Reino de los
Cielos no son los ministros, sino los santos. Y Dios nos ha hecho para el Cielo.
136 J. 1. BAÑARES, La consideración..., 244.
137 0. FUMAGALLI, La identidad de la mujer, en AA. VV., La familia y la condición de la mujer, Barcelona
1981, pág. 20.
138 Cf. 1 Cor 12, 31 - 13, 3.


AADC VIII (2001) 57-74
IMPORTANCIA CANÓNICA
DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA
SUMARIO.' I. El matrimonio «in fieri»; II. El matrimonio «rato»; III. La primera
cópula conyugal; I. Un «acto conyugal»; 2. Apto para engendrar la prole; 3.
Realizado entre sí de modo humano; IV. Los procesos por inconsumación; 1.
Dicasterio competente; 2. Naturaleza del proceso; 3. Algunas particularidades
del proceso; Apéndices.

El CIC afirma: "El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes
manifestado legítimamente entre personas jurídicamente hábiles, el cual ningún
poder humano puede suplir" (can. 1057 § 1; cf. CEC nn. 1626 y 1662). Ahora
bien, para que dicho consentimiento válido genere un vínculo conyugal absolu-
tamente indisoluble se requiere la «consumación» del matrimonio, cuyo concep-
to deseamos exponer'. Para ello necesitamos previamente recordar las nociones
de matrimonio «infieri» y de matrimonio «ratum tantum».
I. El matrimonio «in fieri»
La teología del matrimonio distingue entre el matrimonio in fieri (= en cuan-
to se hace; sentido activo) que es el acto por el que se constituye el estado matri-
monial y el matrimonio in facto esse (= en cuanto está hecho; sentido pasivo) que
es el estado mismo de las personas casadas.
Si el matrimonio in fieri es un acto transitorio por el cual un varón y una
mujer se constituyen como esposos, podría decirse que si bien los esposos son
realmente cónyuges desde el momento que emiten su consentimiento matrimo-
nial válido según las formalidades requeridas por la Iglesia2, de algún modo la
consumación forma parte de dicho proceso, es decir, el matrimonio in fieri.
II. El matrimonio «rato»
El término «rato» aplicado al matrimonio ha sido interpretado de diverso modo
1 Seguimos particularmente: NAVARRETE U. De notione et effectibus consummationis matrimonii: Periodica
59 (1970) 619-660; 1. GORDON, De processu super rato (Ad usum privatum) Pontificia Universitas
Gregoriana (Romae 1974) 178 + 122
2 «Casarse por la Iglesia» en Curso sobre la preparación al matrimonio. Realizado del 29 de mayo al 2 de
junio de 1995 Educa (Buenos Aires 1995) 163-181

58
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
en el decurso del tiempo'. En el Decreto de Graciano tiene un doble significado. Por
una parte, es la ratificación del matrimonio en razón de la cópula conyugal'. Sin
embargo, se trata también del matrimonio indisoluble entre cristianos por oposición
al matrimonio legítimo y no «rato» de los no bautizados'. De allí que, para Inocencio
III, el término «rato» se refiere a la ratificación del matrimonio de los fieles en razón
del sacramento del bautismo, sentido en el que había sido utilizado ya por
Tertuliano: "¿Qué más para narrar la felicidad de su matrimonio que la Iglesia acon-
seja, la ofrenda confirma, la bendición sella y el Padre lo tiene por ratificado?'".
Por tal razón, matrimonio «ratum tantum» significa: 1°, positivamente, el
matrimonio que tiene una peculiar firmeza por ser sacramento en razón del bau-
tismo de los esposos; 2°, negativamente, que no ha sido consumado.
III. La primera cópula conyugal
El derecho eclesial asigna a la primera cópula conyugal una importancia fun-
damental: "El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por potestad
humana alguna, ni por ninguna causa fuera de la muerte" (can. 1141). Por el con-
trario, el matrimonio no consumado entre bautizados, o entre parte bautizada y
parte no bautizada, o entre no bautizados puede ser disuelto con causa justa por
el Romano Pontífice, a petición de ambas partes o de una de ellas (cf. CIC can.
1142; CCEO can. 862).
Existen, pues, tres grados de indisolubilidad del matrimonio según el víncu-
lo matrimonial surgido entre los cónyuges'. Todo matrimonio de algún modo
goza de indisolubilidad, por eso entre cónyuges no bautizados surge un vínculo
natural. Sin embargo, dicho vínculo matrimonial es disuelto en virtud del privi-
legio paulino y por la dispensa del matrimonio en favor de la fe. Por otra parte,
3 Cf. DACANAY A. N. Matrimonium ratum: significatio termini: Periodica 79 (1990) 69-89
4 "Sed sciendum est quod coniugium desponsatione initiatur, commixtione perficitur. Unde inter sponsum
et sponsum coniugium est sed initiatum; sed coniugium inter copulatos est ratum" (C. 27, q. 2, dpC. 34).
5 "Item illud Augustini non est ratum coniugium quod sine Deo est non negat coniugium esse inter infide-
les. Coniugium enim aliud est legitimum et non ratum, aliud ratum et non legitimum, aliud legitimum et
ratum. Legitimum coniugium est quod legali institutione vel provinciae móribus contrahitur. Hoc inter
infideles ratum non est quia non est firmum et inviolabile coniugium eorum... Inter fideles yero ratum
coniugium est quia coniugia semel Mita inter eos ulterius solvi non possunt" (C. 28, q.1, dpC. 17).
6 "Nam etsi matrimonium verum quidem inter infideles exsistat, non tamen est ratum. Inter fideles autem
verum quidem et ratum exsistit, quia sacramentum fidei, quod semel est admissum, nunquam amittitur;
sed ratum eflicit coniugii sacramentum, ut ipsum in coniungibus illo durante perduret" (Decretales
Gregorio IX, L. 4, Tit. 19 De divortiis c. 7).
7 "Unde sufficiamus ad enarrandam felicitatem eius matrimonii, quod Ecclesia conciliat, confirmat oblatio,
obsignat benedictio, Pater rato habet?" (Ad uxorem 1.2, c. 9: PL 1, 1302). Mientras en la traducción del
CIC en italiano y castellano se mantiene la expresión «rato», en la versión inglesa ha sido traducido por
«ratified» (ratificado), en francés por «conclu» (concluido) y en polaco por «zawarte» (contraído). En cas-
tellano, convendría traducir el término «rato» por ratificado o, mejor aún, por celebrado.
8 Cf. ROLANDO, Summa Decretorum ed. Thaner 141-142; 5. BUENAVENTURA, In IV Sententiarunz L. 4, D. 27
a. 3 q. 1-2

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
59
el consentimiento matrimonial válido entre bautizados crea un vínculo sacra-
mental, cuyo matrimonio se denomina «rato» (= ratificado) en razón de la firme-
za que le concede el bautismo recibido por ambos cónyuges. Dicho vínculo
matrimonial, también puedé ser disuelto, en razón de que no tiene la firmeza que
le concede la consumación del matrimonio. Por último, el matrimonio celebrado
y consumado de dos bautizados, al adquirir la plena indisolubilidad, sólo puede
ser disuelto por la muertes.
Una de las pocas veces que la codificación vigente entra en cuestiones ter-
minológicas es en el tema que nos ocupa. En efecto, en el CIC se lee: "El matri-
monio válido entre bautizados se llama rato solamente, si no ha sido consumado;
rato y consumado, si los cónyuges han realizado entre sí de modo humano el acto
conyugal apto de por sí para engendrar la prole, al que el matrimonio se ordena
por su misma naturaleza, y mediante el cual los cónyuges se hacen una sola
carne" (can. 1061 § 1; la cita es de Gn 2,24)10. "Una vez celebrado el matrimo-
nio, si los cónyuges han cohabitado, se presume la consumación, hasta tanto se
pruebe lo contrario" (can. 1061 § 2).
Estas disposiciones permiten afirmar que la consumación matrimonial com-
prende los siguientes elementos:
1) se trata de un acto conyugal
2) apto de por sí para engendrar la prole
3) realizado entre sí de modo humano.
I. Un «acto» conyugal
Decir que el matrimonio se consuma por un acto de los cónyuges no es secun-
dario. Tanto a nivel teológico como canónico, el matrimonio tiene cierto dinamis-
mo desde el consentimiento hasta la unión sexual de los esposos que, al conceder
firmeza absoluta al vínculo conyugal (consumación canónica), expresa sacramen-
talmente la unión entre Cristo y la Iglesia (consumación teológicasacramental):
"Huius autem divinae voluntatis intimam rationem si reverentes investigare veli-
mus... facile eam inveniemus in mystica christiani connubii significatione, quae
in consummato inter fideles matrimonio plene perfecteque habetur"".
9 La diversa situación es lo que fundamenta la diversidad terminológica: el vínculo del matrimonio natural
se disuelve por el privilegio paulino o por el proceso en favor de la fe, el matrimonio «ratum tantum» se
disuelve por el proceso del matrimonio rato y no consumado, mientras el matrimonio rato y consumado,
solamente puede revisarse mediante el proceso de nulidad del matrimonio. Al respecto, contra cierto uso,
debe aclararse que la Iglesia no puede «anular» los matrimonios ratos y consumados, sino que solamente
puede «declarar nulos» aquellos afectados por un defecto de forma, un vicio de consentimiento o un impe-
dimento no dispensado.
10 Al tema se refiere en cierto modo también el c. 1096, cuando afirma que para el consentimiento matri-
monial se requiere conocer que "el matrimonio es un consorcio permanente entre un varón y una mujer,
ordenado a la procreación de la prole mediante una cierta cooperación sexual".
11 Pío XI Encíclica Casti connubii 31.12.1930: AAS 22 (1930) 552

60
PBRO. DR. CARLOS 1. HEREDIA
En efecto, al decir que la consumación matrimonial consiste en un acto se
excluye la teoría existencialista o consumación psicológica según la cual, el amor
conyugal —por su propio dinamismo— siempre tiende a consolidarse y perfeccio-
narse por una serie de actos, por lo cual todo matrimonio permanece inconsuma-
do a lo largo de la vida de los esposos'. Al mismo tiempo, como veremos más
adelante, no basta un mero acto del hombre, desprovisto de las características de
racionalidad, voluntariedad y libertad propios del acto humano.
2. Apto para engendrar la prole
El matrimonio está "ordenado por su misma índole natural al bien de los cón-
yuges y a la generación y educación de la prole" (can. 1055 § 1), que son los dos
aspectos —según enseña Pablo VI— indisolublemente unidos por Dios en la rela-
ción sexual''. Por tal razón, es necesario considerar los elementos físicos que coo-
peran a la cópula conyugal por la cual se consuma el matrimonio.
Al respecto, son de vital importancia dos documentos que publicamos en
apéndice, los cuales han precisado los elementos físicos que se requieren canó-
nicamente para la consumación del matrimonio, a saber:
1) cierta erección del miembro viril;
2) su penetración, al menos parcial, en la vagina de la esposa";
3) con cierta eyaculación intravaginal de algún líquido seminal aunque
no sea estrictamente testicular''.
A los dos primeros elementos se refiere el impedimento de impotencia. Si bien
a nivel médico se lo vincula con la capacidad generativa y por lo tanto con la este-
rilidad, en el ámbito canónico se identifica con la denominada «potentiae coeundi».
Al respecto ya es clásica la distinción entre impotencia orgánica o instru-
mental y funcional o neuropsíquica. Mientras la primera engloba todas las cau-
sas físicas que impiden la cópula, la segunda agrupa todas las causas que, no obs-
tante la perfección de los órganos reproductores, imposibilitan la cópula.
En el derecho matrimonial, sólo es dirimente la impotencia «coeundi» ante-
cedente al matrimonio (no consecuente al mismo) y perpetua, tanto por parte del
varón como de la mujer, sea absoluta o también relativa (cf. can. 1084 § 1). Se
considera que la impotencia es perpetua aún cuando podría quitarse por medios
que pongan en peligro la vida. En el caso del varón, son relevantes no sólo las
anomalías de los órganos sino también los defectos de la funciones eréctiles y
12 Cf. BERNHARD J. Réinterprétation (existentielle et dans la foi) de la législation canonique concernant l'in-
dissolubilité du mariage chrétien: Revue de Droit Canonique 21 (1971) 243-277
13 Encíclica Humanae vitae 25.7.1968, n. 12: AAS 60 (1968) 488
14 Cf. S. CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO Respuesta 12.2.1941 (Prot. N. 557m/39): LE 1, 2050 (n. 1599).
ver Apéndice 1.
15 Cf. S. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Decreto «Sacra Congregatio» sobre la impotencia que
dirime el matrimonio 13.5.1977: AAS 69 (1977) 426. Ver Apéndice II.

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
61
eyaculatorias, sea por causas físicas o por causas psíquicas (la «anerectione» o la
«aneiaculationem» y la eyaculación precoz respectivamente). En la mujer, la

impotencia «coeundi» se verifica sea por carencia de la vagina o por defectos
físicos de la misma y por el denominado vaginismo en todas sus especies.

Sobre el tercer elemento (la eyaculación), debemos tener en cuenta la pre-
sunción de derecho positivo según la cual, verificada la convivencia de los cón-
yuges se presume la consumación (cf. can. 1061 § 2), y dada la penetración, la
praxis del Dicasterio competente, presume la eyaculación. Por esta razón, se con-
sideran «casos difíciles» el matrimonio inconsumado por sistemática eyaculación
extravaginal, cuando en estos casos se ha engendrado prole por absorción del

semen eyaculado extravaginalmente, y también el matrimonio inconsumado por
cuanto la eyaculación intravaginal fue impedida por uso de preservativos.

3. Realizado entre sí de modo humano
Tanto la praxis de los Dicasterios pontificios y la jurisprudencia de los
Tribunales apostólicos, como la doctrina canonística, había dado poca o nada
importancia a los elementos psicológicos que se requieren para la consumación
del matrimonio.
La Congregación Plenaria de la S. Congregación para los Sacramentos reali-
zada en abril de 1985 interpretó dicha fórmula del can. 1061 § 1 —con la aproba-
ción de Juan. Pablo II— del siguiente modo:

"Tengan a bien los Obispos sopesar con cuidado el nuevo ele-
mento requerido para la consumación del matrimonio, a saber:
"que los cónyuges realicen el acto conyugal de manera humana"
(can. 1061 § 1). De acuerdo con las conclusiones de la antedicha

reunión general y aprobadas por el Sumo Pontífice, para resolver
los casos sometidos a esta Congregación, la misma las interpreta
en el sentido de que para que haya consumación del matrimonio
es necesario que el acto sea humano por ambas partes, aunque
basta que sea virtualmente voluntario, mientras no se exija con
violencia.
No se tienen en cuenta los demás elementos psicológi-
cos que hacen más fácil y agradable el acto humano"'6.

Dicha interpretación sigue la magistral doctrina expresada por U. Navarrete
años antes, quien escribía:
"Según nuestro juicio, para que la cópula sea consumativa del
matrimonio, supuestos los elementos anatómicos y fisiológicos
antes indicados, se requiere y son suficientes estos elementos: a)
16 S. CONGREGACIÓN PARA LOS SACRAMENTOS Carta circular Congregatio pro Sacramentis 20.12.1986:
Communicationes 20 (1988) 79. Ver Apéndice 111. La explicación de los redactores del can. 1061 en
Communicationes 9 (1977) 129.

62
PBRO. DR. CARLOS 1. HEREDIA
que la cópula sea acto humano en sí; b) que sea puesto sin vio-
lencia física y sin coacción moral ni miedo; c) que sea puesto con
ánimo marital'''.
Acto humano es aquel puesto con advertencia de la razón y libertad de la volun-
tad. Por lo tanto, la consumación del matrimonio requiere que la cópula conyugal sea
libremente puesta con conocimiento y voluntad, de tal modo que todo lo que afecte
la inteligencia (v.g. alcohol o drogas, ignorancia, error o dolo) y la libertad (v.g. vio-
lencia física o miedo grave) invalidan el efecto consumativo de dicha cópula".
A tenor de la Circular antes citada, no es suficiente la intención habitual sino
que se requiere intención actual o al menos virtual.
Por último, el can. 1061 § 1 requiere un acto verdaderamente conyugal, por lo
cual se requiere «ánimo marital» y no meramente fornicario, y en este sentido un ver-
dadero amor esponsal. De este modo, la cópula conyugal es expresión del «bonum
coniugum» que es también una de las finalidades del matrimonio (cf. can. 1055 § 1 )''.
IV. Los procesos por inconsumación
1. Dicasterio competente

Al respecto, conviene hacer una precisión comparando el can. 1142 del CIC
con el can. 862 del CCEO:
CIC can. 1142
CCEO can. 862
El matrimonio no consumado entre
El matrimonio no consumado
bautizados,
o entre parte bautizada y parte
no bautizada,
puede ser disuelto con causa justa por el
puede ser disuelto con causa justa por el
Romano Pontífice, a petición de ambas
Romano Pontífice, a petición de ambas
partes o de una de ellas, aunque la otra
partes o de una de ellas, aunque la otra se
parte se oponga.
oponga.
Luego de reformar la Curia Romana, el 14.7.1973 Pablo VI unificó en la enton-
ces Congregación para la disciplina de los sacramentos (competente sobre el matri-
17 De notione 636-637; cf. JUGIS P. J. A canonical analysis of the meaning of humano modo in canon 1061. 1
A dissertation Submitted te, the Faculty of the School of Religious Studies of the Catholic University of
America in Partial Fulfillment of the Requirements for the Degree Doctor of Canon Lay (Washington 1992)
393 págs.
18 La Respuesta del Santo Oficio del 2.2.1949, que aceptaba la consumación del matrimonio aún cuando se
utilicen medios afrodisiacos, actualmente carece de valor. Este documento no fue publicado en AAS pero
puede consultarse en Periodica 38 (1949) 220.
19 Tanto la Plenaria de 1977 como la «Relatio» vinculan el «bonum coniugum» con los aspectos personales
del matrimonio «in fieri» (cf. Communicationes 9 [1977] 79-80; 15 [1983] 221).

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
63
nonio inconsumado entre dos bautizados) también la competencia sobre las causas
de inconsumación en los casos en que una parte no es bautizada (hasta entonces
competencia de la Congregación para la doctrina de la fe), sin mencionar la compe-
tencia sobre el matrimonio inconsumado de dos no bautizados". Por otra parte, la
Congregación para la doctrina de la fe tiene competencia sobre la disolución del
matrimonio en favor de la fe incluso de dos no bautizados si, además de la carencia
del bautismo en uno de los cónyuges, dicho matrimonio no ha sido consumado des-
pués de la eventual recepción del bautismo por la parte que no estaba bautizada'.
Mientras el CIC limita la competencia del Romano Pontífice al ámbito de los
bautizados, en el CCEO la competencia se extiende a todos los matrimonios no
consumados sin excepción, incluyendo también a los matrimonios inconsumados
de dos no bautizados. Ahora bien, si uno de los cónyuges se bautiza, el anterior
matrimonio se disuelve por el privilegio paulino (cf. cáns. 1143-1149), pero si no
se bautiza y desea contraer matrimonio con un bautizado con dispensa de dispari-
dad de culto, o se bautiza pero no puede solicitar la disolución en favor de la fe pues
no desea contraer un nuevo matrimonio ¿cuál es el proceso que debe seguirse?
Recientemente, la Congregación para el culto divino y la disciplina de los
sacramentos ha respondido al respecto cuanto sigue:
"De acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe,
se ha establecido el siguiente procedimiento: si el matrimonio no
ha sido consumado ni durante el estado de paganismo de una o
ambas partes ni después del bautismo recibido, es necesario ins-
truir un proceso para la dispensa «super rato»' 22.
Con esta respuesta, si bien particular, se ha concluido por unificar toda la
competencia sobre los matrimonios inconsumados en dicho Dicasterio, es decir,
la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.
2. Naturaleza del proceso
Los procesos eclesiásticos son la serie de actos, realizados por la autoridad
eclesiástica competente, según las normas de la Iglesia, para llegar a una deci-
sión. En tiempos en que no siempre las «formalidades» son respetadas, es bueno
recordar que las normas procesales o formales tutelan el derecho (= normas sus-
tantivas) que tienen los fieles de "reclamar legítimamente los derechos que tie-
nen en la Iglesia, y defenderlos en el fuero eclesiástico competente conforme a la
20 Cf. «Rescripto ex Audientia»: AAS 65 (1973) 602; GORDON 1. De procesu ab obtinendam dissolutionem
matrimonii non sacramentalis in favorem fidei: Periodica 79 (1990) 542-549
21 Cf. S. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Instrucción «Ut notum est» para la disolución del
matrimonio en favor de la fe art. 1, b, 6.12.1973 (Prot. N. 2717/68). No ha sido publicado en AAS. Texto
latino: Archiv für katholisches Kirchenrecht (Innsbruck-Mainz) 142 (1973) 474-479; LE V, 6702-6705
(n. 4244).
22 Carta del 22.4.1997 (Prot. N. 796/97). La cursiva es nuestra.

64
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
norma del derecho", y "si son llamados a juicio por la autoridad competente, los
fieles tienen también derecho a ser juzgados según las normas jurídicas, que
deben ser aplicadas con equidad" (can. 221 §§ 1-2).
En todos los procesos deben distinguirse los elementos subjetivos del mismo
(quién pide y contra quién se pide) y sus elementos objetivos (qué se pide y por-
qué se pide). Estos últimos son los que determinan el tipo de proceso que ha de
realizarse.
Dichos procesos son «administrativos» si se realizan ante la autoridad ejecu-
tiva, pidiendo una gracia, y son «judiciales» si se realizan ante un juez (cf. can.
1400)'. Los primeros concluyen en un acto administrativo singular (decreto o
rescripto), el cual puede ser «recurrido», mientras los segundos terminan en una
sentencia, la cual puede ser «apelada».
Los procesos administrativos, generalmente, tienen una fase diocesana y una
fase apostólica que termina con la decisión del Sumo Pontífice. La fase diocesa-
na comprende tres períodos: la introducción de la causa, su instrucción y la con-
clusión de la misma.
El proceso por inconsumación eventualmente puede originarse en un proce-
so judicial de nulidad del matrimonio (cf. can. 1681), que deviene en proceso
administrativo. Sin embargo, de ordinario se inicia como proceso administrati-
vo. En ambos casos, el proceso ha de instruirse a tenor de los cáns. 1697-1706 y
la Circular «Congregatio pro Sacramentis» acerca del proceso sobre el matrimo-
nio rato y no consumado, publicada por la Congregación para los sacramentos el
20.12.198625.
3. Algunas particularidades del proceso
En este proceso se ha de determinar: 1) el hecho de la no consumación, 2) la
existencia de una causa justa para la concesión de la dispensa, y 3) la oportuni-
dad de conceder la dispensa, lo cual implica la ausencia de escándalo (cf. can.
1704 § 1). Aún verificándose la inconsumación, esto no genera un derecho a la
dispensa que los esposos pueden exigir, sino que continúa siendo una gracia que
exige una causa justa para su concesión.
23 En dicho canon, el primer parágrafo se refiere al objeto de los procesos judiciales, mientras el segundo se
refiere a los procesos administrativos. Los procesos judiciales pueden ser «contenciosos» ("1° la reclama-
ción o reivindicación de derechos de personas físicas o jurídicas, o la declaración de hechos jurídicos") o
«penales» ("2° los delitos, por lo que se refiere a infligir o declarar una pena").
24 En estos casos, como el proceso solamente se suspende, el Santo Padre dispuso que "las partes pueden
considerarse libres de iniciar o proseguir una causa de nulidad ante el Tribunal competente sin autoriza-
ción pontificia aún después de haber obtenido la dispensa del matrimonio rato y no consumado"
(SECRETARIA DE ESTADO Carta del Card. Agostino Casaroli al Card. Aurelio Sabattani, Prefecto del
Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, 1.6.1983 (Prot. N. 99.510).
25 No ha sido publicada en AAS. Texto latino: Communicationes 20 (1988) 78-84; Monitor Ecclesiasticus
112 (1987) 423-429.

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
65
Si el proceso si inicia por la via judicial, a tenor del can. 1673, es competen-
te para recibir el escrito de demanda: 1) el tribunal del lugar en que se celebró el
matrimonio; 2) el tribunal del lugar en el que el demandado tiene el domicilio o
cuasidomicilio 3) el tribunal del lugar en que tiene su domicilio el actor, con tal
de que ambas partes residan en el territorio de una misma Conferencia Episcopal
y dé su consentimiento el Vicario judicial del domicilio del demandado habien-
do oído a éste; y 4) el tribunal del lugar en que, de hecho, se han de recoger la

mayor parte de las pruebas, con tal de que exista el consentimiento del Vicario
judicial del domicilio del demandado, el cual primeramente interrogará al mismo,
por si tiene alguna objeción.
El can. 1681 dispone que "siempre que en la instrucción de la causa surja una
duda muy probable de que no se ha seguido la consumación del matrimonio, el
tribunal puede, suspendiendo la causa de nulidad con el consentimiento de las

partes, realizar la instrucción para la dispensa del matrimonio rato, y luego trans-
mitir las actas a la Sede Apostólica juntó con la petición de dispensa hecha por
ambos cónyuges o por uno de ellos y el voto del tribunal y del Obispo".

En la vía administrativa, la petición dirigida al Sumo Pontífice debe presen-
tarse al Obispo diocesano del domicilio o cuasidomicilio del peticionante (cf.
can. 1699 § 1)26. No obstante, la Circular establece que, "en casos particulares,
puede pedirse a la Congregación para los Sacramentos una ampliación de com-
petencia, de modo que el proceso pueda tramitarse en el lugar donde de hecho
deben recogerse la mayor parte de las pruebas, con tal que dé su consentimiento
el Obispo del domicilio o cuasi domicilio del peticionante" (n. 1).

Mientras el proceso judicial (que eventualmente deviene en proceso por incon-
sumación) puede iniciarlo también el promotor de justicia (cf. can. 1674), el pro-
ceso de inconsumación sólo pueden pedirlo uno o ambos cónyuges (cf. can. 1697).

De la instrucción se construyen los «argumentos» que demuestran la incon-
sumación del matrimonio. El argumento moral, basado en las declaraciones de
los esposos y testigos, confirmados por testimonios de credibilidad, puede adqui-
rir el grado de prueba plena. Al mismo se añade el argumento físico, basado en
el examen pericial de uno o ambos esposos".

En los denominados «casos difíciles», antes de admitir la petición, el Obispo
diocesano competente debe consultar a la Congregación para el culto divino y la
disciplina de los sacramentos. Se trata de las situaciones descritas en la antes cita-

26 Al respecto, pueden consultarse los formularios publicados en: HEREDIA C. 1. Los procesos eclesiásticos
diocesanos. Documentos y modelos de formularios Educa (Buenos Aires 2000) 73-115.
27 La Circular antes mencionada afirma al respecto: "Se debe hacer la inspección corporal de los cónyuges, si
ello es necesario para obtener la prueba del hecho jurídico de la inconsumación. La misma puede omitirse
si, a juicio del Instructor, se tiene prueba plena de la inconsumación por el argumento moral. No ha de urgir-
se si consta por la inspección del varón que éste es incapaz de consumar el matrimonio o si la mujer la
rechaza, en cuyo caso se le debe advertir sobre las consecuencias jurídicas de su recusación" (n. 18).


66
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
da Circular, se trata de "el uso onanístico del matrimonio, penetración sin eyacu-
lación, concepción por absorción del semen, fecundación artificial y otros méto-
dos que proporciona la ciencia moderna, existencia de prole, deficiencia del modo
humano al consumar el matrimonio, peligro de escándalo o de deterioro econó-
mico que puedan surgir de la concesión de la gracia y casos parecidos" (n. 2)28.
El caso de eyaculación intravaginal impedida por uso de preservativos engloba
alguno de los problemas que se suscita cuando los enfermos de SIDA (= HIV)
desean contraer matrimonio. Como afirmamos antes, el matrimonio adquiere plena
indisolubilidad si se consuma, la consumación requiere eyaculación intravaginal,
pero si ésta se da, es altamente probable que el cónyuge sea infectado de una enfer-
medad con un alto porcentaje de mortalidad. Por el contrario, si para no atentar
contra la vida del cónyuge se utiliza preservativo, el matrimonio permanecerá
inconsumado. Tanto en la inconsumación por uso sistemático de preservativos y en
la sistemática eyaculación extravaginal, el Dicasterio competente si bien reconoce
la inconsumación considera que no existe causa justa para conceder la dispensa.
La situación de quienes tienen hijos por fecundación asistida extracorpórea
por tener impotencia «coeundi» o impotencia «eiaculandi» tiene características
similares a los casos de inconsumación con prole engendrada por absorción semi-
nal". En estos casos existe inconsumación, pero habrá que atenerse a las indica-
ciones del Dicasterio competente para obtener la dispensa.
28 Cf. ORLANDI G. I «casi difficili» nel processo super rato A. Milani (Padova 1984) 252 págs.; De casibus
«difficilioribus» in processibus super matrimonio rato et non consummato: Monitor Ecclesiasticus 110
(1985) 246-252
29 Cf. MALCANGI P. Tecniche di fecondazione artificale e diritto matrimoniale canonico: Quaderni di Diritto
Ecclesiale 11 (1996) 406-432

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
67
APÉNDICES
I.
S. CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO Respuesta 12.2.1941
(Prot. N. 557m/39)"
Roma, 1 Marzo 1941
Emmo. y Rvdmo. [Prefecto S. Congregación para los Sacramentos]:
Tratando un caso matrimonial, esta Suprema Sacra Congregación, en la reu-
nión plenaria del miércoles 12 de febrero de 1941, se ha puesto una duda que aquí
se reproduce con su solución:
«Si para la cópula perfecta y para la consumación del matri-
monio se requiere y es suficiente que el varón, al menos de algún
modo, aunque sea imperfectamente, penetre la vagina e inmedia-
tamente en ella semine al menos parcialmente de modo natural; o
bien se requiere tanta penetración de la vagina que toda la glande
entre en la vagina.

R. Afirmativamente a la primera parte; Negativamente a la
segunda parte».
El Santo Padre, en la Audiencia del viernes 27 de febrero de 1941, concedi-
da a S. E. Mons. Asesor del S. Oficio, ha dispuesto que la predicha decisión fuese
comunicada a Su Eminencia por norma de este Sacro Dicasterio.

Beso humildemente las manos y me profeso con sentimientos de profunda
veneración, de Su Eminencia Reverendísima
ummo. obblmo. devmo. servitor yero.
F. Card. MARCHETTI-SELVAGGIANI, Secretario
30 Texto original en LE 1, 2050 (n. 1599).

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PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
II. S. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Decreto «Sacra
Congregatio» sobre la impotencia que dirime el matrimonio 13.5.197T'
La S. Congregación para la Doctrina de la Fe ha siempre retenido que no se debe
impedir el matrimonio a quienes han padecido la vasectomía y a quienes se encuen-
tran en condiciones similares en cuanto su impotencia no consta con certeza.
Después de haber examinado tal praxis y después de estudios más profundos
de parte de esta S. Congregación y de la Comisión para la Revisión del Código
de Derecho Canónico, los Emmos. y Excmos. Padres de esta S. Congregación,
en la asamblea plenaria del miércoles 11 de mayo de 1977 decretaron responder
a la duda que se les propuso como sigue:
«1. Si la impotencia que dirime el matrimonio consiste en la
incapacidad, ciertamente antecedente y perpetua, tanto absoluta
como relativa, para perfeccionar el acto conyugal.
2. En caso afirmativo, si para la cópula conyugal se requiere
necesariamente la eyaculación de semen elaborado en los testículos.
A lo primero: Afirmativamente; a lo segundo: Negativa-
mente».
En la Audiencia concedida al infrascripto Prefecto de esta S. Congregación
el viernes 13 del mismo mes y año, el Sumo Pontífice Pablo VI aprobó el predi-
cho decretó y ordenó su publicación.
Dado en Roma, en la Sede de la S, Congregación para la Doctrina de la Fe,
el 13 de mayo de 1977.
Franjo Card. SEPER, Prefecto
+ Fr. Jéróme HAMER op, Secretario
31 AAS 69 (1977) 426

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
69
III. CONGREGACIÓN PARA LOS SACRAMENTOS Circular «Congregatio pro
Sacramentis» acerca del proceso sobre el matrimonio rato y no consuma-
do
20.12.1986 (Prot. N. 1400/86)32
La Congregación para los Sacramentos, consciente de la seriedad de su
cometido de asesorar al Sumo Pontífice acerca de la concesión de la dispensa del
matrimonio rato y no consumado, ha puesto siempre pastoral empeño en estar a
disposición de los Obispos respecto de la tramitación de los procesos pertinentes,
tanto dictando las reglas a seguir", como redactando nuevas instrucciones'.
En estos tiempos, urge una mayor necesidad de presentar a los Obispos nor-
mas concretas de cómo hacer la instrucción «quoad rem», puesto que, después de
la promulgación de la nueva disciplina de los procesos, se ha modificado ínte-
gramente el proceso para la dispensa del matrimonio rato y no consumado".
Por esta razón, contando con los votos de los Emmos. y Excmos. Padres en
la Congregación Plenaria de este Dicasterio realizada en el mes de abril del año
pasado, esta Congregación ha creído conveniente hacer un compendio de las
principales normas para que resulte más viable su comprensión y práctica.
Las normas que expresamente se refieren al matrimonio rato y no consuma-
do36 presuponen aquellas generales referentes al juicio contencioso ordinario y las
especiales acerca de la nulidad del matrimonio".
Por consiguiente, hay que completar las normas propias de la instrucción del
proceso con las que las refieren al contencioso ordinario o a las causas matrimo-
niales, en la medida en que sean compatibles con estos procesos".
Tengan a bien los Obispos sopesar con cuidado el nuevo elemento requerido
para la consumación del matrimonio, a saber: "que los cónyuges realicen el acto
conyugal de manera humana".". De acuerdo con las conclusiones de la antedicha
reunión general y aprobadas por el Sumo Pontífice, para resolver los casos some-
32 No ha sido publicada en AAS. Texto latino: Communicationes 20 (1988) 78-84; Monitor Ecclesiasticus
112 (1987) 423-429. Traducción del Pbro. Vicente Nughedu, Defensor del Vínculo del Tribunal
Interdiocesano de Córdoba.
33 Cf. Decreto Catholica Doctrina y Regulae Servandae in processibus super matrimonio rato et non con-
summato 7.5.1923: AAS 15 (1923) 389-413 [NB. También: Normae observandae in processibus super
matrimonio rato et non consummato ad praecavendam dolosam personarum substitutionem: AAS 21
(1929) 490-493]
34 Cf. Circular 15.6.1952 (Prot. N. 4380/52, no publicada); Instrucción Dispensationis Matrimonii 7.3.1972:
AAS 64 (1972) 244-252
35 Lib. VII, Pars II, Pars III, Cap. I, III.
36 Cf cáns. 1697-1706
37 Cf cáns. 1501ss; 1671ss.
38 Cf. can. 1702
39 Can. 1061 § 1 [Nota del traductor: El Dicasterio había consultado al respecto a la Pontificia Comisión para
la interpretación auténtica del CIC el 13.4.85, la cual —el 15.7.85— respondió que no consideraba «oportuno»
por el momento dar una interpretación auténtica por considerarla "prematura e inoportuna, en cuanto no pre-
cedida de la necesaria previa profundización doctrinal teológica y jurídica, y además porque podría demos-
trarse en el futuro no suficientemente fundada y necesitada, por lo tanto, de revisión o de corrección" (cita-

70
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
tidos a esta Congregación, la misma las interpreta en el sentido de que para que
haya consumación del matrimonio es necesario que el acto sea humano por
ambas partes, aunque basta que sea virtualmente voluntario, mientras no se exija
con violencia. No se tienen en cuenta los demás elementos psicológicos que
hacen más fácil y agradable el acto humano.
Introducción del proceso
1. Además de la competencia ordinaria establecida en el derecho", en casos
particulares puede pedirse a la Congregación para los Sacramentos una amplia-
ción de competencia, de modo que el proceso pueda tramitarse en el lugar donde
de hecho deben recogerse la mayor parte de las pruebas, con tal que dé su con-
sentimiento el Obispo del domicilio o cuasi domicilio del peticionante.
2. En los casos que presenten especiales dificultades'', por ejemplo, el uso
onanístico del matrimonio, penetración sin eyaculación, concepción por absor--
ción del semen, fecundación artificial y otros métodos que proporciona la cien-
cia moderna, existencia de prole, deficiencia del modo humano al consumar el
matrimonio, peligró de escándalo o de deterioro económico que puedan surgir de
la concesión de la gracia y casos parecidos, se ha de recurrir a la Congregación
para los Sacramentos y atenerse a sus instrucciones.
3. Si de la petición de dispensa del matrimonio rato y no consumado surgen
prudentes dudas sobre si el matrimonio es válido o no, el Obispo aconsejará a los
cónyuges que, o bien actúen judicialmente en caso de que la otra parte quiere pro-
mover una acción por la nulidad del matrimonio, o bien —si hay fundamento sufi-
ciente— ordenar que se introduzca el proceso por inconsumación".
4. Al momento de recibir la petición de dispensa, cuide el Obispo notificar a
la otra parte, y si hay alguna esperanza de obtener un buen resultado, exhorte a
los cónyuges a resolver sus dificultades y a restaurar la convivencia'.
5. La instrucción del proceso de inconsumación, sea que haya sido formula-
da antes o después de promover una acción sobre la nulidad del matrimonio, ha
de ser remitida siempre al Tribunal que entiende sobre la nulidad". Para la ins-
trucción de esta clase de procesos, el Obispo puede, sea como regla general o
para cada caso en particular, encomendarla al Tribunal de la propia diócesis o al
de otra, o a un sacerdote idóneo', observando las normas de derecho.
do en JUGIS P. J. A canonical analysis of the meaning of humano modo in canon 1061. 1 A dissetation
Submitted to the Faculty of the School of Religious Studies of the Catholic University of America in Partial
Fulfillment of the Requirements for the Degree Doctor of Canon Lay [Washington 1992] 313-314, nota 34)].
40 Cf. can. 1699 § 1
41 Cf. can. 1699 § 2
42 Cf. Instrucción Dispensationis Matrimonii 1, e
43 Cf. cáns. 1676 [NB. Dice «1678»]; 1695
44 Cf. can. 1700 § 2
45 Cf can. 1700 § 1

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
71
6. El Jurisperito aprobado por el Obispo a norma de derecho", no puede ejer-
cer el oficio de abogado al modo como lo hace en las causas de nulidad del matri-
monio'''. Solamente puede asesorar a las partes en la introducción de la causa, en
buscar las pruebas, y, en caso de resultado negativo de la causa, para proponerla
de nuevo a tenor de derecho".

7. Cuando de la instrucción de una causa de nulidad del matrimonio surge
una duda muy probable de que el matrimonio no ha sido consumado, el Tribunal
—dejando de lado la cuestión de la invalidez o no del matrimonio— consulte el
terna con las partes y, con el consentimiento de ambas y obtenida la petición de
la dispensa del matrimonio rato y no consumado de uno o ambos cónyuges, sus-
penda mediante decreto la causa de nulidad, complete la instrucción para obtener
la dispensa y después envíe las actas a la Congregación para los Sacramentos con
la petición de la dispensa, las observaciones del Defensor del Vínculo y el Voto
del Tribunal y del Obispo".
En lo que respecta al voto del Obispo, nada obsta para que siga el voto del
mismo Tribunal, suscribiendo el mismo, supuesta la existencia de una causa justa
y proporcionada para la concesión de la gracia y ausencia de escándalo de parte
de los fieles".

Desarrollo del proceso
El argumento moral
8. En lo posible solicítensele a los párrocos, testimonios sobre la credibilidad
y honestidad de las partes y de los testigos. En caso de no poder obtenerlos,
investigue la Curia otros elementos que sirvan para valorar las declaraciones.
Todo esto debe consignarse cuidadosamente en las actas'.

9. Cuando una parte o los testigos se nieguen a presentarse a declarar, se los
puede oír aún por otro eclesiástico o laico delegado por el Obispo, o requerir su
declaración ante notario público o por cualquier otro modo legítimo, por ejem-
plo, por carta, con tal de que conste la genuinidad y autenticidad de lo actuado de
este modo".

10. La declaración de ausencia de las partes en el juicio" debe constar en actas'''.
46 Cf. can. 1701 § 2
47 Cf. cáns. 1481-1490; 1678
48 Cf. can. 1705 § 3
49 Cf. can. 1681; infra num. 23b
50 Cf. can. 1704 § 1
51 Cf. cáns. 1572; 1679
52 Cf. can. 1528
53 Cf. can. 1592 § 1 y 2
54 Cf can. 1509

72
PBRO. DR. CARLOS 1. HEREDIA
11. Formulado el juramento de decir la verdad por las partes y los testigos",
el Instructor los interrogará con las preguntas preparadas por él mismo o por el
Defensor del Vínculo", según el modo prescripto57. Las preguntas deben hacerse
según los requisitos exigidos por el derecho".
12. Cuide el Instructor que en el interrogatorio de la mujer que es parte en la
causa, intervenga un médico designado de oficio que sea respetable por su reli-
gión, moral y edad".
13. Como al valorar los testigos ya no se computa el número, por ejemplo, de
«séptima mano», el Instructor tenga en cuenta los criterios establecidos en el dere-
cho" y, si es preciso, requiera testigos que acrediten la credibilidad de las partes'.
14. Pueden aportarse todos aquellos elementos lícitos que sean útiles para el
esclarecimiento de la causa".
El argumento físico
15. Acuda el. Instructor a la colaboración de uno o varios Peritos".
16. El Perito preste juramento" y aténgase en su cometido a lo prescripto en
los cánones'. Remítansele las actas de la causa y otros documentos y elementos
que puedan serle útiles para cumplir fielmente su tarea".
17. El [Instructor] puede presentar al Perito un interrogatorio para que brin-
de las explicaciones que sean necesarias'.
18. Se debe hacer la inspección corporal de los cónyuges, si ello es necesario
para obtener la prueba del hecho jurídico de la inconsumación. La misma puede
omitirse si, a juicio del Instructor, se tiene prueba plena de la inconsumación por
el argumento moral. No ha de urgirse si consta por la inspección del varón que
éste es incapaz de consumar el matrimonio o si la mujer la rechaza, en cuyo caso
se le debe advertir sobre las consecuencias jurídicas de su recusación".
19. Las revisaciones médicas hechas en privado, si así lo juzga el Instructor,
pueden ser incluidas en actas y —si fuera necesario— [pida] explicaciones".
55 Cf. can. 1532
56 Cf. cáns. 1530; 1533
57 Cf. can. 1561
58 Cf. can. 1564
59 Cf. CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO Decreto Oua singulari 12.6.1942: AAS 34 (1942) 201 n. 6
60 Cf. can. 1572
61 Cf. can. 1679
62 Cf. can. 1527 § 1
63 Cf can. 1574 [NB. Dice «1560 § 2»].
64 Cf. can. 1454
65 Cf. can. 1578 § 2
66 Cf. can. 1577 § 2
67 Cf can. 1578 § 3
68 Cf. Instrucción Oua s , gulari nn. 1 y 4
69 Cf cáns. 1575; 1581

IMPORTANCIA CANÓNICA DE LA PRIMERA CÓPULA CONYUGAL
73
20. Si los Peritos discrepan entre sí, para dirimir la cuestión será útil recurrir
a otro de mayor competencia o aún al más competente.
Conclusión del proceso
21. El Instructor, al realizar su conveniente relación", redacte un sumario pre-
ciso de todo el proceso y adjúntelo a las actas''.
22. El Defensor del Vínculo está obligado por oficio a proponer y manifestar
todo aquello que razonablemente puede oponerse a la dispensa del matrimonio".
23. En cuanto al voto del Obispo sobre la verdad del caso, ha de tenerse en
cuenta:
á) El Obispo redacte por sí mismo este voto, pero puede delegar a otro que
lo redacte en la generalidad de los casos". Aún así, debe hacer suyo de
alguna manera este voto del delegado antes de enviarlo a la
Congregación".
b) Cuando la causa pasa de la vía judicial a la administrativa", el voto por
la verdad lo hará el Obispo del Tribunal regional o interdiocesano previa
consulta con el Obispo de la parte peticionante, al menos en cuanto a la
oportunidad de conceder la solicitada dispensa". Pero si la causa de la
nulidad fue tramitada ante el Tribunal diocesano, dicho voto lo redacta el
Obispo competente.
c) El Obispo, al redactar su voto sobre la verdad del caso, pondere cuidado-
samente el hecho de la inconsumación y la justa causa para la dispensa.
Movido por razones pastorales, considere también la oportunidad de la
gracia, la ausencia de escándalo, la sorpresa de los fieles o cualquier daño
que pueda originarse por la gracia concedida, las consecuencias de la pedi-
da concesión relacionadas con el bien de las almas y la restitución de la
paz de las conciencias, de todo lo cual hará explícita referencia en su voto.
70 Cf. can. 1704 § 1
71 Nota del traductor: La Circular, para evitar el eventual equívoco inducido por el can. 1705 § 1, ordena que
la «apta relatio» se incluya en las actas, excluyendo la opinión de que la misma esté destinada exclusiva-
mente al Obispo y no a la Congregación, y que por lo mismo podría no incluirse en la instrucción a menos
que el Obispo la haga propia.
72 Cf can. 1432
73 Cf. cáns. 134 § 3; 137 § 1
74 Cf. PONTIFICIA COMISIÓN DE INTERPRETACIÓN DEL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO Respuesta 21.2.1984
[NB. No ha sido publicada en AAS ni en Communicationes]
75 Cf. can. 1681
76 Cf. Instrucción Dispensationis Matrinionii II, f

74
PBRO. DR. CARLOS 1. HEREDIA
.
Remoción de la cláusula agregada al Rescripto
24. Si la Congregación para los Sacramentos se reserva la remoción de la
cláusula agregada al Rescripto, y la parte a quien afecta dicha cláusula quiere
contraer nuevas nupcias, el Obispo recurra a este Dicasterío y haga ejecutar sus
instrucciones".
25. Al retirar las cláusulas cuya remoción se encomienda al Obispo diocesa-
no, tenga éste bien en cuenta las instrucciones consignadas en el Rescripto de dis-
pensa y no admita a la parte a segundas nupcias mientras no le conste, examen
médico mediante, que la parte es apta para cumplir los deberes conyugales o al
menos prometa seriamente que ha de cumplirlos".
Respuestas dilatorias o negativas dadas por la Congregación
26. Si a juicio de la Congregación se hace necesario completar la instrucción
sobre la prueba de la alegada no consumación, se le notificará al Obispo indi-
cándole a la vez las instrucciones sobre el modo de hacerlo.
27. Si la Congregación respondiera que "de lo deducido no consta la incon-
sumación", las partes tienen siempre la posibilidad de considerar, asesoradas por
un Jurisperito, "si puede aducir algún motivo grave para volver a presentar la
petición"".
* * * * *
Finalmente, procuren los Obispos, ante la seria responsabilidad de instruir las
causas, actuar con circunspección y cautela, pero a la vez con decisión y —en
cuanto se pueda— también con prontitud, para que las demoras no causen grave
perjuicio a las partes.
En Roma, en la Sede de la Congregación para los Sacramentos, el 20 de
diciembre de 1986.
A. Card. MAYER, Prefecto
+ L. KADA, Secretario
77 Instrucción Dispensationis Matrimonii III, b
78 Instrucción Dispensationis Matrimonii III, a
79 Can. 1705 § 3

LA ESCUELA CATÓLICA.
ASPECTOS JURÍDICOS-CANÓNICOS
2-3 OCTUBRE 2000
Mons. Dr. Luis Antonio ALESSIO Presupuestos teológico-sacramentales de
la educación católica

Pbro. Dr. Ariel David Busso Derecho nativo de la Iglesia y de los padres a
educar
Pbro. Dr. Nelson Carlos DELLAFERRERA La enseñanza religiosa
Pbro. Dr. Alejandro Wilfredo BUNGE ¿Qué es la escuela católica?
Prof. Alfredo M. VAN GELDEREN El docente de la escuela católica
Prof. María Alicia FUEYO La relación de la escuela católica con los alum-
nos y sus padres
Prof. Silvio MONTINI El representante legal
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA Panel sobre organismos de la educación
católica

p

AADC VIII (2001) 77-92
¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
Pbro. Dr. Alejandro Wilfredo BUNGE
SUMARIO: Introducción. I. - La escuela. I. Sus orígenes. 2. Su naturaleza y finalidad.
II.- La escuela católica. 1. Su naturaleza y finalidad. 2. Su formalidad canóni-
ca. III. - Algunos deberes especiales en la escuela católica. 1. La autoridad
eclesiástica. 2. Las normas de la Conferencia Episcopal Argentina. 3. Los pro-

pietarios. 4. La comunidad educativa. IV- Otros instrumentos de la educación
católica. Conclusión. Apéndice: Conferencia Episcopal Argentina, Decreto
General B sobre el can. 804 § 1.

Introducción
Desde el inicio de este curso sobre los aspectos canónicos y jurídicos de la
escuela católica hemos ido avanzando en círculos concéntricos hasta el corazón
de la escuela católica'. Ahora abordaremos de lleno este tema, para realizar des-
pués el análisis de sus protagonistas principales: los docentes, los alumnos y sus
padres, los representantes legales'.
Comenzaremos recordando el origen de la escuela como instrumento educa-
tivo y analizando su naturaleza y finalidad. A continuación nos detendremos en
la escuela específicamente católica. Expondremos también su naturaleza y fina-
lidad, así como su naturaleza jurídica, a la luz de los documentos conciliares y las
normas canónicas.
Seguiremós con el análisis de algunos deberes especiales de la autoridad
eclesiástica, de los propietarios de la escuela católica y de la comunidad educati-
va, presentando las normas de la Conferencia Episcopal Argentina sobre la mate-
ria (no nos demoraremos, sin embargo, en los deberes y derechos de los docen-
tes, los alumnos y sus padres, los directivos y representantes legales, ya que son
temas que corresponden a otras exposiciones de este curso).
1 Cf. L. ALESSIO, Presupuestos teológico-sacramentales de la escuela católica; A. BUSSO, Derecho nativo
de la Iglesia y de los padres a educar; N. DELLAFERRERA, La enseñanza religiosa.
2 Cf. A. M. VAN GELDEREN, El docente de la escuela católica; M. A. FUEYO, La relación de la escuela cató-
lica con los alumnos y sus padres, publicado en este mismo volumen; S. MONTINI, El representante legal,
publicado en este mismo volumen.

78
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Finalmente haremos referencia a los nuevos instrumentos que se presentan
como una posibilidad insoslayable para la educación católica, especialmente la
red de computadoras conocida como Internet.
I. La escuela
Comenzamos, entonces, con el estudio de la institución escolar, recordando el ori-
gen de la escuela como instrumento educativo y analizando su naturaleza y finalidad.
1. Sus orígenes
Por muchos siglos, la familia fue prácticamente el ámbito privilegiado y casi
exclusivo de la educación. Hacia fines del siglo XVII e inicios del XVIII se
afianza la escuela como instrumento para la educación, cuando la familia
comienza a ser insuficiente para transmitir la instrucción básica, en las artes y en
las disciplinas científicas. La escuela nace así como institución subsidiaria de la
familia en la tarea educativa, antes por iniciativa de la familia misma y de la
Iglesia, que del Estado'.
Como ya ponían en evidencia las exposiciones anteriores', las escuelas nacie-
ron al lado de los conventos y de las parroquias. Por eso, no deja de ser curioso
que, siendo éste el origen de la escuela, hoy esté tan difundida la opinión según
la cual la escuela pública o estatal es la escuela "oficial", que goza de todos los
derechos y privilegios que le reconoce la legislación civil, mientras que la escue-
la privada, sea o no confesional, es apenas tolerada por dicha legislación'.
Desde su inicio, entonces, la escuela, nacida para subsidiar la función de la
familia y auxiliar la de la Iglesia en el ámbito educativo, se encuentra íntima-
mente relacionada con la transmisión y la celebración de la fe. Con palabras de
un pensador italiano, citado por Pío XI en la Encíclica Divini illius magistri, "la
escuela, si no es templo es guarida'''.
2. Su naturaleza y finalidad
El Concilio señala algunos principios fundamentales sobre la educación,
principalmente la que se realiza en las escuelas, en la Declaración Gravissimum
educationis'. Señala, en primer lugar, el derecho inalienable que asiste a todo
hombre desde su más temprana edad a la educación, entendida como la forma-
ción de la persona, para que sea capaz de tender a su fin último. Formación, por
lo tanto, que abarca el desarrollo armónico de sus condiciones físicas, morales e
3 Cf. Pío XI, Encíclica Divini illius magistri, 31 de diciembre de 1929, n. 47.
4 Cf más arriba, nota 1.
5 Cf. F. J. URRUTIA, VOZ SCUOki, en C. CORRAL SALVADOR, V. DE PAOLIS, G. GHIRLANDA (a cura di), Nuovo
dizionario di diritto canonico, Milán 1993, pág. 963.
6 N. TOMMASEO, Pensieri sull'educazione, 1,3,6, citado por Pío XI en Pío XI, Encíclica Divini illius..., n. 47.
7 Cf CONCILIO VATICANO II, Declaración Gravissimum educationis, 28 de octubre de 1965, Proemio.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
79
intelectuales, una positiva y prudente educación sexual y una progresiva intro-
ducción en la participación en la vida social.
La escuela aparece como un instrumento de especial importancia para reali-
zar la educación. Su misión consiste en cultivar las facultades intelectuales, des-
arrollar la capacidad de juicio, introducir en el patrimonio cultural, promover el

sentido de los valores, preparar para la vida profesional, llevar a la progresiva
socialización y comprensión mutua entre las personas'.

Este instrumento para la educación de ninguna manera reemplaza la tarea de
los padres como primeros y principales educadores de sus hijos, quienes tienen
una obligación primaria e intransferible, sino que complementa subsidiariamen-

te su labor'". Por esta razón, los padres tendrán el derecho de elegir la escuela
conforme a sus convicciones, y el estado deberá hacer posible que esta elección
sea efectivamente practicable".
La escuela resulta un lugar de formación integral, mediante la asimilación
sistemática y crítica de la cultura, mediante una continua elaboración, que con-
siste en confrontar e insertar los valores perennes en el contexto de cada época'.

En un mundo cada vez más científico y tecnológico, la escuela, además, cum-
ple la imprescindible tarea del contacto humano en la transmisión de los conoci-
mientos y de la formación, para evitar la deshumanización°.

Finalmente, decimos con el Concilio, las escuelas son instrumentos privile-
giados para la formación integral del hombre, en ellas se elabora y se transmite
una concepción del mundo, del hombre y de la historia". Para que esto sea posi-

ble, toda escuela debe ser verdaderamente una comunidad, para que los valores
que se quieren transmitir estén encarnados en la realidad'.

II. La escuela católica
El Código de Derecho Canónico utiliza dos criterios para definir la escuela
católica. Uno de ellos pone el acento en la naturaleza y finalidad de la escuela
católica', el otro se detiene en su formalidad jurídica, que se identifica con su

vinculación con la autoridad eclesiástica''.
8 Cf ibid., n. 1.
9 Cf. ibid., n. 5.
10 Cf. ibid., nn. 2 y 6.
11 Cf. A. URRU, La funzione di insegnare della Chiesa, Roma 1989, págs. 92-93 y D. CITO, Comentario al
canon 796, en AA. VV., Comentario exegético al Código de Derecho Canónico, Vol. 111, Pamplona 1996,
págs. 224-226.

12 Cf SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela Católica, 19 de
marzo de 1977, nn. 26-27.
13 Cf. ibid., n. 31.
14 Cf
ibid., n. 8.
15 Cf.
ibid., n. 32.
16 Cf. can. 803 § 2.

17 Cf. can. 803 § 1.

80
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
De esta manera se resolvió el largo debate que se presentó durante los traba-
jos de redacción del Código, en el que se enfrentaron dos tendencias bien mar-
cadas. Algunos pretendían definir la escuela católica a partir de su naturaleza y
finalidad específica. Otros preferían hacerlo a partir de su relación con la autori-

dad jerárquica. Finalmente se impuso la necesidad de conservar ambos acentos,
que aparecen ya en el proyecto del canon en el Esquema reservado del Código,
del año 1980, que, por otra parte, permaneció casi sin modificaciones hasta ser
promulgado como el actual canon 803".

1. Su naturaleza y finalidad
En los cristianos, el derecho a la educación se convierte en el derecho a la
educación propiamente cristiana. Con palabras del Código, "los fieles, puesto
que están llamados por el bautismo a llevar una vida congruente con la doctrina
evangélica, tienen derecho a una educación cristiana por la que se los instruya
convenientemente para conseguir la madurez de la persona humana y al mismo

tiempo para conocer y vivir el misterio de la salvación"'9.
La Iglesia tiene el grave deber de educar, enraizado en el mandato que reci-
be de Jesús de anunciar a todos los hombres la salvación, y llevarlos a párticipar
en ella (en esto consiste, precisamente, la actividad pastoral de la Iglesia)2". Por
esta razón la Iglesia reclama ante los ordenarhientos civiles el derecho, y no el
privilegio, de educar2'.

Además de algunos medios propios y específicos que tiene para su tarea edu-
cadora, como la catequesis, la Iglesia cuenta también con aquellos otros que son
comunes a toda la humanidad, principalmente la escuela22. Pero su obligación de
atender la educación religiosa es anterior a la escuela misma, y por esta razón no

.se agota en la escuela católica, y se extiende también a la educación religiosa en
las escuelas no católicas, y fuera del ámbito escolar23.
De ninguna escuela se puede pensar que logre ser "neutra", o "laica", enten-
diendo con esto que pueda prescindir de tomar posición ante el hecho religioso.
Porque, si lo hiciera, estaría ya con eso convirtiéndose en "irreligiosa'''.

En la escuela católica, todo su ser y su hacer quedan impregnados por la fe. Toda
la enseñanza y toda la organización de la escuela (sus directivos, sus educadores, los
18 Cf. Codex luris Canonici, Schema Patribus Commissionis reservatum, Libreria Editrice Vaticana 1980,
can. 758. En cuanto a la discusión sobre el contenido del canon, cf. D. CITO, Comentario al canon 803, en
AA. VV.,
Comentario exegético al Código de Derecho Canónico, Vol. 11I, Pamplona 1996, págs. 243-244.
19 Can. 217. Cf. también CONCILIO VATICANO 11, Declaración Gravissimum educationis, n. 2.
20 Cf can. 794; cf también Mt 28, 18-20 y CONCILIO VATICANO 11, Declaración Gravissimum educationis, n. 3.
21 Cf can. 794 § 1; cf también F. J. URRUTIA, Voz
Scuola... , pág. 964 y A. URRU, La fimzione ... , págs. 93-95.
22 Cf. CONCILIO VATICANO II,
Declaración Gravissimum educationis, n. 4.
23 Cf. ibid., n. 7.
24 Cf. Pío XI,
Encíclica Divini illius magistri, n. 48.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
81
programas que utilizan, los libros, el material didáctico, etc.), quedan empapados del
espíritu cristiano, bajo la vigilancia maternal de la Iglesia". La escuela, dentro de la
misión de la Iglesia, sirve como instrumento para la educación de la fe".
Sus fines culturales y de formación humana son comunes a todo el resto de
las escuelas. Pero además tiene su finalidad específica, que consiste en constituir
una comunidad escolar animada por el espíritu evangélico, para ayudar al creci-
miento como nuevas criaturas de aquellos que han renacido por el Bautismo, ilu-
minando con la fe todo el conocimiento y la formación de sus alumnos, educán-
dolos para el mundo y para el Reino". En esto sigue el camino de la primera
comunidad cristiana, reunida en torno a los apóstoles, que enseñaba y transmitía
el evangelio, porque lo vivía".

Por su propia naturaleza eclesial, la escuela católica debe ser una comunidad,
alimentada por la Palabra de Dios y por los Sacramentos. Y por su propia fun-
ción, debe ser una comunidad educativa".

El proyecto educativo de la escuela católica se define por su referencia explí-
cita al evangelio de Jesucristo, para arraigarlo en la vida de todos sus integrantes».
Se trata, simplemente, de garantizar la presencia del pensamiento y del testimonio
cristiano-en la cultura de hoy'. Por lo tanto, cuando la escuela católica propone su
proyecto educativo, está cumpliendo una función propiamente eclesial".

Este proyecto educativo consiste en una concepción cristiana de la realidad,
con Cristo como centro y fundamento de todo el mundo". La tarea de elaborar el
proyecto educativo consiste en hacer la síntesis entre la cultura y la fe, entre la fe
y la vida de nuestro tiempo'.

En la escuela católica, por lo tanto, se cultivan todas las disciplinas, respetan-
do el método particular de cada una de ellas, y asimilando todos los valores que
en ellas se encuentran". Conviene recordar que fue el Concilio el que permitió

superar una preocupación de la Iglesia limitada a la educación estrictamente reli-
giosa en la escuela, para abr'irse al criterio más amplio de la instrucción y la for-
mación general, que incluye la religiosa, como tarea eclesial en la escuela".

25 Cf ibid., n. 49.
26 Cf. SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA,
Instrucción La Escuela Católica, n. 9.
27 Cf. CONCILIO VATICANO II,
Declaración Gravissimum educationis, n. 8.
28 Cf. Hch 2, 42-47; 4, 32-35.
29 Cf SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA,
Instrucción La Escuela Católica, nn. 53-54.
30 Cf.
ibid., n. 10.
31 Cf.
ibid., n. 11.
32 Cf ibid., n. 15.
33 Cf.
ibid., n. 33.
34 Cf.
ibid., n. 37.
35 Cf.
ibid., n. 39.
36 Cf CONCILIO VATICANO 11,
Declaración Gravissimum educationis, n. 8 y D. CITO, Comentario al canon 803... ,
págs. 244-246.

82
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
De todos modos, la enseñanza de la doctrina evangélica se convierte ella
misma en una disciplina, una enseñanza específica, la más importante de todas
ellas, que debe desarrollarse de forma explícita y sistemática, buscando provocar
una adhesión no sólo intelectual, sino una verdadera conversión, que lleve a la

conformación de la propia vida con Cristo".
Por esto la Iglesia tiene derecho no sólo a una presencia individual o perso-
nal, a través de sus miembros, en el ámbito de la educación, sino a una presencia
propiamente institucional". Si esto siempre fue necesario, hoy resulta más urgen-

te que nunca, debido al pluralismo cultural en el que nos movemos".
Para lo cual, como resulta evidente, es fundamental e imprescindible la tarea
de los maestros católicos, que deben ser verdaderos apóstoles, si queremos que
la escuela católica llegue a ser efectivamente lo que está llamada a ser por su
naturaleza y finalidad".
El único modo de que toda la enseñanza sea una verdadera escuela de la fe en
la escuela católica es que el maestro sea un hombre de fe, ya que la síntesis entre
la cultura y la fe se realiza por la armonía orgánica de la fe y la vida en la persona

misma del maestro'. Esto no excluye que puedan actuar profesores no católicos en
algunas disciplinas (no, claro está, en la enseñanza de la religión católica), siempre
que cumplan con el requisito de la "recta doctrina e integridad de vida'.

La naturaleza propia de la escuela católica lleva a plantear el siempre difícil
equilibrio entre la libertad que debe dejarse al alumno y a sus padres, para que
puedan adherir con fruto al proyecto educativo, y la también necesaria comunión
de intenciones entre los directivos y docentes de la escuela con ellos, para que
pueda presentarse con posibilidad de éxito el camino a recorrer juntos.".

2. Su formalidad canónica
Así presentada la naturaleza y finalidad de la escuela católica, queda también
puesta en evidencia su necesaria dependencia con la autoridad jerárquica de la
Iglesia, que ha recibido de Jesucristo la misión apostólica".
La vinculación de la escuela católica con la autoridad eclesiástica constituye
su formalidad canónica. Puede deberse a la naturaleza misma de la escuela, como
una realidad de hecho
(ipso facto), o a un acto de gobierno de la autoridad ecle-
siástica, que establece esa vinculación.

37 Cf. ibid., nn. 49-50.
38 Cf. ibid., n. 18.
39 Cf. ibid., n. 12.
40 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración Gravissimum educationis, n. 8.
41 Cf. SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela Católica, n. 43.
42 Cf. can. 803 § 2 y D. CITO, Comentario al canon 803 ..., págs. 245-246.
43 Cf. ibid., n. 59.
44 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración Gravissimum educationis, n. 9.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
83
Del primer tipo son todas las escuelas católicas que están dirigidas directa-
mente por quien ejerce potestad de régimen en la Iglesia particular (el Ordinario
del lugar), o por cualquier persona jurídica pública dentro de la Iglesia (como son

las escuelas parroquiales, o de los institutos religiosos). Del segundo tipo son
todas las otras escuelas católicas, que están dirigidas por personas jurídicas pri-
vadas del ordenamiento canónico, o por grupos de fieles que no están reconoci-
dos como personas jurídicas dentro del ordenamiento canónico, o por entidades

civiles, o por personas singulares. En estos casos, el reconocimiento como escue-
la católica tiene que estar concedido por escrito por la autoridad eclesiástica".
Teniendo en cuenta que al Obispo diocesano le corresponde el derecho de
vigilar y visitar las escuelas católicas establecidas en su territorio, incluso las fun-
dadas o dirigidas por los institutos religiosos, con mayor razón podrá fijar los
requisitos necesarios para que en su jurisdicción se otorgue el reconocimiento de
católica a una escuela. Y convendrá que lo haga, para que sus actos de reconoci-

miento de la catolicidad de las escuelas no puedan ser juzgados como arbitrarios".
El nombre de "católica" hace aparecer a una escuela como tal ante los posi-
bles usuarios. El nombre crea una presunción de conformidad de una escuela con
la esencia de la escuela católica". Por esta razón, no se puede utilizar el nombre
de "católica" para una escuela, sin el consentimiento de la autoridad eclesiásti-
ca". Este reconocimiento puede darse a una escuela, sin que por eso pase a ser

"canónica o jurídicamente" católica.
Entonces, nos encontramos con estos tres tipos de escuelas católicas, según
su especificidad canónica:
a) Escuelas canónicamente católicas, que son las escuelas dirigidas por la
autoridad eclesiástica o por una persona jurídica pública de la Iglesia, o
reconocidas como católicas por documento escrito de la autoridad ecle-
siástica".

b) Escuelas que llevan el nombre de católicas, que aunque no cuenten con
el reconocimiento jurídico como "escuela católica", tienen la debida
autorización de la autoridad eclesiástica para llevar ese nombres".

c) Escuelas de hecho católicas, que no llevan el nombre de "escuela católi-
ca" ni cuentan con el reconocimiento jurídico como "escuela católica", y
que sin embargo fundan su tarea educativa en los principios de la doctri-
na católicas'.

45 Cf. can. 803 § 1.
46 CE can. 806 § 1.
47 Cf. can. 803 § 2.
48 Cf. can. 803 § 3.
49 Cf. can. 803 § 1.

50 Cf. can. 803 § 3.
51 Cf. can. 803 § 2.


84
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
III. Algunos deberes especiales en la escuela católica
Abordaremos este tema sin detenernos en la materia que será objeto de las
exposiciones que siguen". Por eso nos quedaremos solamente en algunos debe-
res especiales de la autoridad eclesiástica, los propietarios de las escuelas católi-
cas y la comunidad educativa. Dedicaremos un espacio especial a las normas de
la Conferencia Episcopal Argentina.
1. La autoridad eclesiástica
Del derecho que tienen los fieles a la educación cristiana", se sigue el graví-
simo deber de los pastores de disponer todo lo que de ellos depende para que
éstos puedan disfrutar de dicha educación".
Este deber no aísla a los pastores en el cumplimiento de su misión, sino que,
bajo las categorías conciliares de la participación y la corresponsabilidad, los
lleva a buscar la colaboración de todos los fieles en el desempeño de su misión.
Esto reclama también la debida aplicación del principio de la subsidiariedad: los
pastores deben respetar las competencias profesionales propias de los que se
dedican a la enseñanza y la educación".
La tarea principal de la jerarquía será velar por la ortodoxia de la enseñanza
religiosa y la obediencia de la moral en las escuelas". En particular, depende de
la autoridad eclesiástica la formación y educación religiosa católica que se impar-
te en las escuelas, sean éstas o no católicas, ya que se trata de una competencia
exclusiva de la Iglesia". En las escuelas católicas esta formación y educación
católica se extiende a todas las disciplinas que conciernen a la fe y a la moral. en
las escuelas no católicas, en cambio, se limita a la enseñanza de la religión cató-
lica y a la asistencia religiosa, en el caso de que ésta exista".
La autoridad competente para la Iglesia universal es, dentro de la Curia Romana,
la Congregación de los Seminarios e Institutos de Estudios". En la Iglesia particu-
lar, compete al Obispo diocesano organizar y ejercer la vigilancia sobre la enseñan-
za y educación religiosa católica en todas las escuelas donde ésta se imparta.
El Obispo diocesano, ejerciendo su potestad legislativa, podrá regular con
normas particulares más detalladas todo el ámbito de la educación religiosa en las
escuelas de su diócesis, y organizar conforme a las peculiares circunstancias y
52 Cf. más arriba, nota 2.
53 Cf. can. 217.
54 Cf. CONCILIO VATICANO II, Declaración Gravissimum educationis, n. 2.
55 Cf. SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela Católica, n. 70.
56 Cf ibid., 73.
57 Cf. can. 804 § 1.
58 Cf. D. CITO, Comentario al canon 804, en AA. VV., Comentario exegético al Código de Derecho
Canónico, Vol. III, Pamplona 1996, pág. 250.
59 Cf. JUAN PABLO II, Constitución Apostólica Pastor Bonus, 28 de junio de 1988, nn. 112-116.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
85
necesidades del lugar. Pero además, cumpliendo su deber de vigilancia, deberá
verificar la idoneidad de los profesores de religión y de los encargados de la asis-
tencia religiosa, así como la conformidad de los programas y el material didácti-
co utilizado con la doctrina católica".

El Ordinario de lugar tendrá que ocuparse de verificar no sólo la preparación pro-
fesional de los maestros y profesores, de modo tal que la educación en las escuelas
católicas no sea inferior que en las demás escuelas de la región, sino que también, y

especialmente, deberá velar para que los profesores que se destinan a la enseñanza
de la religión en las escuelas, incluso las no católicas, se destaquen por su recta doc-
trina y el testimonio de su vida cristiana, además de su aptitud pedagógica'.

Los laicos, por su parte, cuando trabajan en la escuela y para la escuela cató-
lica, desempeñan una función de colaboración más estrecha y directa con la jerar-
quía, ya que la escuela católica, como hemos visto, para funcionar como tal, reci-
be un mandato de la jerarquía".

Los profesores, en todo caso, deben destacarse por su recta doctrina e inte-
gridad de vida". Esto no excluye a profesores que no sean católicos. La integri-
dad de vida tiene que verificarse en el comportamiento personal, familiar y
social, y la recta doctrina supone la adhesión a los principios de la recta moral
natural y el respeto de la doctrina y moral de la Iglesia". En el caso de los cató-

licos, la medida de la integridad de vida y la recta doctrina se verá no sólo en rela-
ción con la ley natural, sino con la verdad revelada y enseñada por la Iglesia.
Los Obispos diocesanos y los Ordinarios de lugar, sin embargo, tienen que
atenerse, en el desempeño de su misión, no solamente a la legislación universal,
sino también a las normas generales que pueda promulgar sobre esta materia la
respectiva Conferencia episcopal.

En efecto. Las Conferencias episcopales tienen asignada la tarea de dar nor-
mas generales sobre la enseñanza y la educación religiosa católica en las escue-
las de su territorio, incluyendo la elaboración de un proyecto educativo para las
escuelas católicas".

2. Las normas de la Conferencia Episcopal Argentina
La Conferencia Episcopal Argentina promulgó en el año 1992 un Decreto
General sobre la educación religiosa en las escuelas y a través de los medios de
60 Cf. D. CITO, Comentario al canon 804... , págs. 250-251.
61 Cf. cáns. 804 § 2 y 806 § 2.
62 Cf SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela Católica, n. 71 y
CONCILIO VATICANO 11, Constitución dogmática Lumen g entium, n. 33.
63 Cf can. 803 § 2.
64 Cf. JUAN PABLO 11, Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, 15/08/1990, 4, § 3.
65 Cf. can. 804 § 1 y SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela
Católica, n. 4.

86
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
comunicación social". Sintetizaremos a continuación el contenido de este
Decreto General, que impone una educación integral fundamentada en los prin-
cipios de la fe católica para todas las escuelas católicas del país".

En cuanto a la enseñanza sistemática de la religión, reclama que tenga un
carácter cristocéntrico, y que ocupe un lugar importante en el conjunto de las mate-
rias de la escuela. Esta enseñanza de la religión deberá seguir el programa aproba-
do por la misma Conferencia episcopal, impregnando de tal manera las demás
materias, que el saber humano sea integrado y animado por el conocimiento reli-
gioso. Esta enseñanza, además, buscará que los alumnos alcancen la valoración
vital de los principios teóricos y adquieran un compromiso personal con ellos".

Deberá integrarse la educación religiosa en las escuelas católicas con una
visión cristiana de las realidades de cada tiempo y lugar, formando personalida-
des con riqueza moral y fortaleza, con sensibilidad evangélica, solidaridad y
amor fraterno, especialmente hacia los más necesitados, brindando orientación
para un adecuado discernimiento vocacional".

Se pretende que la escuela brinde una educación para el amor, que incluye la
educación sexual, en íntima relación con la familia y conforme con las orienta-
ciones del Magisterio".

En las escuelas católicas de Argentina los docentes responsables de la edu-
cación religiosa deberán ser nombrados o aprobados por el. Ordinario del lugar y
poseer la adecuada preparación, así como un sostenido compromiso de vida cris-

tiana ejemplar y una buena disposición para la formación permanente. Estas mis-
mas condiciones se exigirán, en la medida de lo posible, a los docentes de las
otras materias''.

La escuela católica, determinan los Obispos de la Conferencia Episcopal
Argentina, tendrá como objetivo formar cristianamente toda la comunidad edu-
cativa, contribuyendo a la evangelización y catequesis de las familias, ayudán-
dolas en la misión de ser las primeras educadoras de la fe de sus hijos".

También toman determinaciones para las escuelas no católicas. Quieren que en
ellas se imparta formación religiosa y moral, respetando la conciencia de los
padres, y confiando al Ordinario del lugar, igual que para las escuelas católicas, la
designación o aprobación de los profesores de religión católica, así como la super-

66 CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Can 804 § 1, Decreto General B, Educación religiosa en las escue-
las o a través de los medios de comunicación social, en Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal
Argentina, Número extraordinario Legislación complementaria, marzo 1992, págs. 20-21.
67 Cf. ibid., art. 1.
68 Cf ibid., art. 2.
69 Cf. ibid., art. 3.
70 Cf. ibid., art. 4.
71 Cf. ibid., art. 5.
72 Cf. ibid., art. 6.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
87
visión de los programas y la enseñanza. Para los casos en los que no se pueda rea-
lizar esta educación religiosa, se confía al Ordinario del lugar y a los párrocos la
misión de ofrecer a los niños y jóvenes de estas escuelas la educación cristiana, des-
pertando la conciencia de las familias para que asuman su propia responsabilidad".

Se manda que, además del Consejo Superior de Educación Católica, organis-
mo de orden nacional que depende de la Conferencia episcopal, exista en cada
diócesis una Vicaría, Comisión o Secretariado de Educación Católica, al cual el

Obispo diocesano encargará la ejecución de estas normas y la supervisión de todo
lo relativo a la educación católica en la diócesis. Por último, los Obispos mani-
fiestan la conveniencia de elaborar un Directorio Nacional de pastoral educativa74.
3. Los propietarios
Algunos institutos religiosos, cuya finalidad apostólica original es principal-
mente el apostolado escolar, han abandonado en los últimos años las escuelas,
para dedicarse a otras tareas apostólicas. A ellos les recuerda insistentemente la
Iglesia la necesidad de rescatar la excelencia y el valor apostólico de la tarea edu-
cativa, y, en todo caso, cuando faltan los resultados, invita a revisar el funciona-
miento de las escuelas católicas, antes que abandonarlas".

Este fenómeno, que preocupa a la Iglesia en muchos lugares del mundo, tam-
bién ha sucedido en la Argentina. En algunos casos el motivo desencadenante ha
sido la disminución de vocaciones. En otros, sencillamente un cambio en la sen-
sibilidad pastoral del instituto y sus autoridades.

Esta situación ha puesto a prueba en la creatividad, también canónica para
responder con soluciones nuevas a los problemas planteados, muchas veces con
logros muy meritorios.
En algunos casos, los institutos religiosos que se han visto ante la necesidad
o han optado libremente por abandonar las escuelas católicas, han conservado la
propiedad y han confiado su gestión a los laicos, ya sea a través de asociaciones

que integran en diversa proporción los directivos, los docentes y los padres de los
alumnos, o de asociaciones de fieles, o asociaciones civiles. En otros casos los
institutos religiosos han cedido gratuitamente la propiedad y la gestión de sus
escuelas a las Iglesias particulares o a las parroquias. Pero en otros, esta cesión
ha sido verdaderamente una enajenación onerosa, y hace falta decir que esto no
se ha realizado siempre con la debida justicia.

Los fieles, especialmente los padres de los alumnos, con sus aportes permi-
tieron la construcción de muchas de estas escuelas de institutos religiosos. El titu-
lar del dominio era una persona jurídica pública dentro del ordenamiento canó-
73 Cf. ibid., art. 7.
74 Cf. ibid., art. 8. Este Directorio Nacional de Pastoral Educativa no ha sido elaborado hasta el momento.
75 Cf SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Instrucción La Escuela Católica, nn. 74-75.

88
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
nico, el instituto religioso, pero los bienes provenían de la generosidad y el
esfuerzo de los fieles.

En los casos en que el traspaso de estas escuelas a las parroquias o a las dió-
cesis se ha hecho en forma onerosa, en más de una oportunidad los mismos fie-
les han tenido que brindar nuevamente su aporte, para que estas otras personas
jurídicas públicas del ordenamiento canónico pudieran adquirir al instituto reli-

gioso la propiedad de las escuelas que con su aporte se habían construido.
Más allá de los legítimos fines apostólicos que los institutos religiosos que han
enajenado sus escuelas católicas de esta manera hayan podido realizar con los fru-
tos de dichas enajenaciones, habrá que revisar la justicia de estas situaciones, que
han cargado dos veces sobre los fieles el esfuerzo de reunir los bienes necesarios
para que funcionen las escuelas católicas en las que se educan sus hijos.

4. La comunidad educativa
No nos detendremos en el análisis de los diversos integrantes de la comunidad
educativa, ya que serán objeto de las exposiciones que siguen". Simplemente que-
remos recoger de algunos documentos magisteriales y ejecutivos de la autoridad
suprema las afirmaciones sobre la naturaleza comunitaria de la escuela católica.

Los padres conciliares afirmaron que es un cometido de la escuela católica
"crear un clima de comunidad escolar por el espíritu evangélico de libertad y
caridad". La referencia al espíritu evangélico que debe animar a la comunidad
educativa pone en evidencia la naturaleza de constitutiva esta característica de la
escuela católica.

Esta dimensión comunitaria de la escuela católica, reafirmará años después la
Congregación para la Educación Católica, no es "una simple categoría socioló-
gica, sino que es, sobre todo, teológica' 78. Responde a la naturaleza misma de la
Iglesia, y hace de la comunidad educativa, de la escuela católica, fundamental-
mente una comunidad eclesial. Corno tal, la escuela católica está sujeta a la auto-

ridad eclesiástica.
IV. Otros instrumentos de la educación católica
Hoy existe un camino educativo que se realiza a través de los medios masi-
vos de comunicación, sin intervención alguna de las tradicionales estructuras
educativas. Estos medios invaden
y reemplazan, muchas veces, los espacios
reservados a las - instituciones educativas. Los medios plantean los temas de los
que se habla, y qué cosa se dice sobre estos temas.

76Cf. más arriba, nota 2.
77CONCILIO VATICANO II, Declaración Gravissimum educationis, n. 8.
78CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Dimensión religiosa de la educación en la escuela católica,
7 de abril de 1988, n. 31.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
89
No se los puede ignorar. Mucho tiempo y espacio mental de los alumnos, ya
sean de las escuelas católicas, como de cualquier otra escuela, están ocupados por
estos medios. Es inútil, por lo tanto, pretender educar como si ellos no existieran.
Muchas veces están más presentes en la atención de los alumnos que todo lo que

se logra, con enormes esfuerzos de muchas personas, en las escuelas.
Una de esas realidades que ocupan la mente y el tiempo de los alumnos es
Internet. A través de esta red internacional, que conecta entre sí cientos de millo-
nes de computadoras esparcidas por todo el mundo, los alumnos tienen acceso a

un inmenso cúmulo de información, anárquicamente presentado, sin ningún cri-
terio ordenador.
Técnicamente se puede describir a Internet como una red de computadoras
comunicadas entre sí, por las que se recibe y se envía información. Esto hace
posible que todo lo que algún integrante de esta inmensa red quiere comunicar
por medio de su propia computadora, esté al instante a la mano de cualquier otro

integrante de la red que lo quiera recibir, con una posibilidad ilimitada de inter-
cambio, si no se consideran las fronteras técnicas.
La clave del funcionamiento de Internet es la interacción. Por lo tanto, es
necesario educar a los niños y a los jóvenes para interactuar con su computadora
en el mundo real de las computadoras conectadas. Aunque se acostumbra llamar

"virtual" este espacio de intercambio a través de las computadoras, hay que tener
en cuenta que no es un mundo virtual, sino real: detrás hay personas, pensa-
mientos, cosmovisiones, etc.

La Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos de
Norteamérica ha dado a conocer recientemente una Declaración que realiza
importantes aportes que sirven para realizar un uso prudente y positivo de este
nuevo instrumento de comunicación que se ofrece hoy con creciente facilidad,
cada vez a más personas".

Esta declaración nos ayuda a entender a Internet como algo semejante a un
sistema de telefonía que, en lugar de teléfonos, conecta las computadoras. De esta
manera, asume Internet como un instrumento de comunicación, y por eso mismo
una notable herramienta para la educación.
Se llama la atención, de todos modos, sobre la ambigüedad de su contenido:
dado que todos pueden poner a través de Internet todo lo que quieren al alcance
de todos, ésta se constituye en el mejor parque temático del mundo, y al mismo
tiempo en un depósito de basura. Es necesario, por lo tanto, encontrar el modo de
ayudar al correcto uso de esta abundante información.

79 CONFERENCIA DE LOS OBISPOS CATÓLICOS DE LOS ESTADOS UNIDOS, Statement Your Family and
Cyberspace. Dado el contenido de esta declaración, nos permitimos citarla en el sitio en el que la misma
Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados unidos la ubicó en Internet:
http://www.nccbuscc.org/comm/cyberspace.htm.


90
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Muchos padres se muestran preocupados, afirma la Declaración, acerca del
fácil acceso de sus hijos a la "gran red" para buscar pornografía, mensajes de
odio y banderías políticas falsas o focos de alta violencia. También están preo-
cupados porque los hijos se contactan con extraños por medio de Internet.

Todos estos inconvenientes no impiden que la religión puede obtener grandes
beneficios del recto uso del ciberespacio. Sobran los ejemplos, a través de la
información que la Santa Sede, las Conferencias episcopales, las diócesis, los

institutos de vida consagrada y las parroquias ponen a disposición de los fieles a
través de Internet.
En todo caso, la mejor protección contra el mal uso de Internet en la casa es
un ambiente de oración y de intercambio de valores cristianos, en el cual la pre-
ocupación sea abiertamente hablada en familia. En una atmósfera de interés y
compromiso por parte de los padres, el recto uso de Internet por parte de los niños

vendrá naturalmente, afirma la Declaración, y a continuación presenta una serie
de criterios que ayudan a los padres a guiar a sus hijos en el aprendizaje del recto
uso de este nuevo medio de comunicación.

De la misma manera, agregamos nosotros, la escuela católica tiene el serio des-
afío, no sólo de enseñar a los niños y jóvenes a utilizar con fruto este instrumento,
sino también a emplear ella misma, en toda su potencialidad, esta nueva herramien-

ta educativa constituida por las computadoras entrelazadas a través de Internet.

¿QUÉ ES LA ESCUELA CATÓLICA?
91
APÉNDICE
Transcribimos a continuación la parte del Decreto General de la Conferencia
Episcopal Argentina promulgado el 3 de febrero de 1992 y actualmente vigente,
que se refiere a la formación y educación religiosa católica en cualquier escuela.
' Obviamos el segundo capítulo del mismo Decreto, que se refiere a la formación
y educación religiosa a través de los medios de la comunicación social
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Decreto General B sobre el can. 804 § 1
Con respecto a lo dispuesto en el canon 804 § 1 del Código de Derecho
Canónico, la Conferencia Episcopal Argentina completa el Decreto promulgado
el 8 de diciembre de 1988 [referido a la «catequesis a través de los medios de
comunicación social»], con las siguientes normas generales:

Capítulo I.• Sobre la formación y educación religiosa católica, impartidas en
cualquier escuela
Art. 1: En todas las escuelas católicas se debe impartir una educación inte-
gral, fundamentada en los principios de la Fe católica según el Magisterio de la
Iglesia.
Art. 2: La enseñanza sistemática de la religión será cristocéntrica y ocupará
un lugar digno e importante entre las demás asignaturas; debe desarrollarse
según un programa propio y aprobado por la CEA; buscando además útiles rela-
ciones interdisciplinarias con las demás materias para que el saber humano se

integre y anime por el conocimiento religioso. En esta enseñanza se buscará que
los alumnos no sólo adquieran principios teóricos sino la valoración vital de los
mismos y el compromiso personal con ellos, empleando los mejores medios
didácticos actuales.

Art. 3: La educación religiosa en las escuelas católicas se integrará y com-
pletará con una visión cristiana de las realidades socioculturales del propio
tiempo y espacio; procurará la formación de personalidades con riqueza moral,
unidad y fortaleza; con sensibilidad evangélica, solidaridad y amor fraterno,
especialmente hacia los más necesitados; y con adecuado discernimiento de las
diversas vocaciones —consagradas o laicales—, brindando para ello la corres-

pondiente orientación.
Art. 4: La Educación para el amor deberá impartirse en íntima relación con
la familia y conforme con las orientaciones de la Iglesia.

92
PBRO. DR. ALEJANDRO W. BUNGE
Art. 5: Los docentes de la escuela católica responsables de la educación reli-
giosa deberán ser nombrados o aprobados por el Ordinario del lugar (cfr. can.
805) y poseer la adecuada preparación, así como un sostenido compromiso de
vida cristiana ejemplar, y disposición para la formación permanente. Los docen-
tes de las otras materias, además de lo indicado en el canon 803 § 2 del CDC,

deberán poseer, también, en la medida posible, las cualidades antes indicadas.
Art. 6: La escuela católica se propondrá formar cristianamente toda la
comunidad educativa, contribuyendo a la evangelización y catequesis de las
familias, especialmente para ayudarlas en la misión de ser las primeras educa-
doras de la fe de sus hijos.
Art. 7: Se ha de procurar que en las escuelas no católicas se imparta forma-
ción religiosa y moral, de acuerdo con la conciencia de los padres (can. 799 del
CDC). Cuando se brinde dicha enseñanza corresponderá al Ordinario del lugar
designar o aprobar los profesores de religión católica, así como supervisar los

programas y la enseñanza concreta que se imparta. Cuando no se dé esa forma-
ción, el Ordinario del lugar y los párrocos procurarán con mayor razón ofrecer
a los niños y jóvenes la educación cristiana adecuada, así como hacer tomar
conciencia a las familias para que asuman su propia responsabilidad.
Art. 8: 1. Además del Consejo Superior de Educación Católica de orden
nacional, dependiente de la CEA, en cada diócesis deberá existir una Vicaría,
Comisión o Secretariado de Educación Católica, al cual el Obispo diocesano
encargará ejecutar estas normas, así como supervisar todo lo relativo a la edu-

cación católica en la diócesis.
2. Es conveniente que oportunamente se elabore un Directorio Nacional de
pastoral educativa. Este desarrollará las normas generales precedentes; esta-
blecerá las normas de una pastoral educativa integral; y determinará los orga-
nismos responsables de la educación católica, su vinculación con la respectiva
Comisión Episcopal y su integración a una pastoral de conjunto.
Aprobado 62a AP (1991)
Reconocido 14 diciembre 1991
Promulgado 3 febrero 1992

AADC VIII (2001) 93-104
LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA
CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
Abogada María Alicia FUEYO
SUMARIO: Fundamentos; La propuesta educativa; La matriculación; Conflictos en la
relación.
Fundamentos
La reflexión que vamos a plantear, tiene como base la consideración de que
el alumno es sujeto y destinatario de la actividad escolar. Tal como nuestra Ley
Federal de Educación, receptó acordado en el Congreso Pedagógico, de acuerdo
a su fuente, el magnífico documento de la Iglesia Argentina, "Educación y
Proyecto de Vida" (1985): "El sistema educativo posibilitará la formación inte-
gral y permanente del hombre y la mujer, con vocación nacional, proyección
regional y continental y visión universal, que se realicen como personas en las
dimensiones cultural, social, estética, ética y religiosa, acorde con sus capaci-
dades, guiados por los valores de vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad,
tolerancia, igualdad y justicia. Capaces de elaborar por decisión existencial, su

propio proyecto de vida. Ciudadanos responsables, protagonistas críticos, crea-
dores y transformadores de la sociedad, a través del amor, el conocimiento y el
trabajo. Defensores de las instituciones democráticas y del medio ambiente"
(art.
6, Ley 24195).

Es menester remarcar que todo emprendimiento escolar, cualquiera sea su
signo ideológico o finalidad, nacé de la necesidad y presencia de los alumnos,
expresada a través de sus representantes legales, los padres o tutores. Ello a par-

tir de que "una escuela es un ámbito de colaboración con la familia, para la for-
mación y crecimiento de la persona humana, individual y socialmente conside-
rada, en todas sus dimensiones"'.

1 Conviene transcribir algunos textos normativos, en los que se basa la presente exposición:
Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos (art.
26 inc. 3, Declaración Universal de Derechos humanos).

94
ABOGADA MARÍA A. FUEYO
A partir de ello, y tal como se recogen en los textos legales con los que se
acompaña esta presentación, la escuela nace de la necesidad explicitada o laten-
te de una comunidad de familias, que requiere en este caso a la Iglesia, cumpla
con su vocación divina de hacer crecer en cada hombre, su condición de persona
e hijo de Dios, a través de la tarea educativa. Me remito a lo dispuesto por los
cáns. 217, 794, 795 y 802 del CIC, entre otros.

Partiendo de este núcleo conceptual, y considerando entonces a la responsa-
bilidad de los padres en la educación de los hijos como el motor del sistema edu-
cativo, entendemos importante reafirmar las misiones, roles y funciones de los
diversos partícipes en el proceso educativo.

• El estado no es ni puede ser considerado el gran y único educador: su
papel en el sistema, más aún en una sociedad democrática, es sustancialmente
resumir en sus líneas y políticas de gobierno, aquellas que son necesarias y fun-
damentales para que los individuos y la misma sociedad puedan aspirar a su cre-
cimiento, respaldando este accionar en. la prosecución del bien común, su primer
e indelegable fin.

De allí que sea necesaria su participación a los efectos de la coordinación y
supervisión de la acción educativa de todo particular o entidad que desee brindar
y/o tenga por objeto la educación, sólo y al efecto de que no se aparte o atente
Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres, y en su caso
de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de
acuerdo con sus propias convicciones
(art. 18, inc. 4 del Pacto internacional de Derechos Civiles y
Políticos, textos similares en los artículos 12 inc. 4 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, art. 13 inc. 3 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).

... Sancionar leyes de organización y de base de la educación que consoliden la unidad nacional respe-
tando las particularidades provinciales y locales: que aseguren la responsabilidad indelegable del
Estado, la participación de la familia y la sociedad, la promoción de los valores democráticos y la igual-
dad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna; y que garanticen los principios de gra-
tuidad y equidad de la educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacio-
nales...
(Constitución Nacional, art. 75, inc.19).
Los padres y quienes hacen sus veces tienen la obligación y gozan del derecho de educar a su prole; los
padres católicos tienen también la obligación y el derecho de elegir aquellos medios e instituciones

mediante los cuales, según las circunstancias de lugar, puedan proveer más adecuadamente a la educa-
ción católica de los hijos
(can. 793 § 1 CIC).
A los padres les corresponde también el derecho de disfrutar de ayudas que ha de prestarles la sociedad
civil, y que necesiten para procurar la educación católica de sus hijos (can. 793 § 2 CIC).
Puesto que la verdadera educación debe buscar la formación integral de la persona humana, en orden a
su fin último y, simultáneamente, al bien común de la sociedad, los niños y los jóvenes han de ser educa-
dos de manera qué puedan desarrollar armónicamente sus dotes físicas, morales e intelectuales, adquie-
ran un sentido más perfecto de la responsabilidad y un uso recto de la libertad, y se formen para partici-

par activamente en la vida social (can. 795 CIC).
Es necesario que los padres gocen de verdadera libertad para elegir las escuelas; por ello, los fieles

deben preocuparse a fin de que la sociedad civil reconozca esta libertad a los padres y, respetando la jus-
ticia distributiva, la proteja también con subsidios
(can. 797 CIC).
Los padres han de confiar sus hijos a aquellas escuelas en las que se provea una educación católica; si,
en cambio, no lo pueden hacer, tienen la obligación de procurar que, fuera de las escuelas, se proporcio-
ne la debida educación católica de los mismos
(can. 798 CIC).

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
95
contra esas líneas comunes necesarias para que el sistema educativo sea uno, y
contribuya al desarrollo personal y social de sus integrantes. Ello además garan-

tiza la posibilidad de que aquellos que se incorporan como alumnos a la pro-
puesta, puedan en su caso desplazarse horizontal y verticalmente en los diversos
niveles y ciclos del sistema educativo formal oficial.
Naturalmente, además, deberá en todos los casos en que fuera necesario o
prudente asumir el rol de agente de la educación a través de la creación u con-
ducción de establecimientos educativos estatales.

• La Iglesia Católica, las otras confesiones, entidades y particulares que
asumen el desafío del derecho de enseñar, no lo hacen por delegación del esta-
do: ejercen por derecho propio, una tarea que contribuye en forma directa al bien
común, abierta a la comunidad (por ello "pública"), reconocida —una vez cum-

plidos los requisitos exigidos por la reglamentación impuesta en razón de lo ya
expuesto— y por tanto "oficial", corno parte del sistema educativo (art.
7, ley
24195). De allí, que definamos a los institutos incorporados y parte del sistema
educativo, corno de educación publica oficial de gestión privada. El Estado cuan-
do asume su rol de agente lo hace a través de establecimientos educativos públi-
cos oficiales de gestión estatal.

Estos principios son aún más fuertes, cuando se refieren a la Iglesia Católica:
la concepción que la misma Constitución formaliza a partir de su art. 2, y el
Acuerdo suscripto entre la Santa Sede y el Estado Argentino del año 1966, reco-
nocen en la misma, una entidad previa a la organización nacional. De allí que
nuestro Código Civil, le asigne personalidad jurídica publica en paridad, con la

que el estado se reconoce a sí mismo.
Se puede afirmar que este esquema no nace de una postura asumida por la
que habla, a la que podría tildarse de apologética, sino que se funda en una cons-
trucción basada en la normativa ya citada, y afirmada en los preceptos de la
vigente Ley Federal de Educación.
La conclusión es clara: la libertad de enseñanza, se compone y enmarca
desde principios claros y definidos reconocidos por las normas positivas vigen-
tes en nuestro país, y hacen al aspecto jurídico, económico, y curricular'.

2 VILLA, Néstor Daniel, "Educación, Iglesia y Estado"; Ediciones Ciudad Argentina 1995, pág. 142.
En la primera Convención Nacional de la Enseñanza Privada realizada en Buenos Aires en 1914, se
determinó que "la plena vigencia de libertad de enseñanza en el sistema educativo nacional demanda que
la política educativa, la legislación escolar y organizaciones del sistema educativo reconozcan, sin que
sufran mengua en el funcionamiento de la administración escolar, la total vigencia de la administración
escolar, la total vigencia de los siguientes derechos:

• Derecho de abrir y organizar escuelas.
• Derecho de formular planes y programas.
• Derecho de formular el contenido ideológico de la enseñanza.
• Derecho de elegir profesores y textos.
• Derecho de utilizar los métodos que consideren idóneos.

96
ABOGADA MARIA A. FUEYO
De alguna manera, en la cuestión práctica del planteo, y frente a plantea-
mientos y posturas que generalmente asume la supervisión estatal de los sistemas
educativos jurisdiccionales, es responsabilidad de los establecimientos y sus diri-
gentes, hacer presente en todo ámbito, el fundamento de autonomía necesaria
para la propia obra y sus fines propios.
La propuesta educativa
Partiendo de los principios expuestos, corresponde sintetizar como la entidad
educativa, en este caso escuela católica, en los términos del can. 803 § 1 y 2 CIC,
obra titularizada por personas jurídicas canónicas, formaliza frente a la comuni-
dad, alumnos y padres su propuesta educativa.
Reiteramos que la creación y permanencia de cualquier escuela deriva de la
necesidad en la comunidad de educación, y de educación basada en una cosmo-
visión, principios y estilo determinados. En el caso que nos ocupa, el apremio de
la fundación y crecimiento de la Educación Católica lo da la necesidad de evan-
gelizar a los niños, jóvenes y sus familias, y el deseo, o por lo menos apertura, de
estas últimas, al mensaje. Por ende, sólo partiendo de una fuerte identidad propia
y basada en ella, una escuela católica asume su objeto y presencia en una locali-
dad determinada.
La institución crece y se sustenta en la piedra de un IDEARIO FUNDACIONAL:
es éste el marco doctrinal, que consiste inicialmente, en la definición de los valo-
res evangélicos en que se inspira, según el espíritu y carisma de la entidad pro-
motora, en comunión e identidad con la Iglesia Católica Apostólica y Romana, a
través de sus legítimos pastores.
Señala a la educación evangelizadora como misión propia de la Iglesia en la
institución, cuyos núcleos fundamentales o puntos de partida, entre otros, son la
visión del hombre, visión de la sociedad, visión del mundo, visión de la historia,
basados en el Evangelio y el Magisterio eclesial. Naturalmente, desde una visión
pedagógica, explicita las ideas básicas y orientadas en los planos de la persona,
de la sociedad, de la educación, de la cultura, de la evangelización, que la insti-
tución proclama y se propone vivir'.
• Derecho de disciplinar la vida escolar y su vida interna.
• Derecho de calificar y promover a su propio alumnado.
• Derecho de otorgar títulos.
• Derecho a participar equitativamente en el presupuesto escolar.
• Derecho de los distintos agentes de la educación en todo aquello de su ordenación al bien común".

Tales derechos -muchos de ellos concretados hoy en la Argentina- deben ejercerse en cuanto no contra-
digan la primacía del bien común. Uno de ellos tiene también como fundamento a la justicia distributiva
a cuyo ejercicio está obligado el Estado: es el de destinar suficientes medios económicos a asegurar la
vigencia de la escuela privada. Lo que se pretende asegurar así es el mayor desarrollo de la enseñanza
pública, tanto estatal como privada.

3 Cf. en GALLO, Mauro Alonso. "Ideario, Proyecto y Currículo Institucional" Líneas para un plan de forma-
ción docente. Colección pedagógica. EDEBA. Ediciones Don Bosco Argentina. 1996, pág. 18. Del texto:

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
97
Podemos decir que el Ideario se resume como lo DADO, lo INMUTABLE y PER-
MANENTE en la obra. Tiende a lo que en su perfección, se dará en tiempo escato-
lógico, define "el ya, pero todavía no", que desea vivir de la escuela, en esta rea-
lidad y momento.

A partir de este concepto de Ideario, se hace necesario definir institucional-
mente el abordaje de la realidad. Naturalmente estas definiciones de principios
DEBEN operar y transformar la realidad circundante: el Ideario, en el aquí y ahora.
Se define así el PROYECTO EDUCATIVO, que parte de un completo diagnóstico pre-
vio, de las definiciones institucionales frente a ello, de los objetivos pedagógicos
y el sistema y método adoptado para la enseñanza, las estructuras de participa-

ción de los estamentos de la comunidad, y los lineamientos normativos, dentro
de los cuales y en el tema que estamos abordando, privilegiamos los llamados

CÓDIGOS, pautas, y con mejor técnica, SISTEMAS DE CONVIVENCIA. Lo que en
muchos casos se denominó o denomina REGLAMENTO INTERNO de la institución.
Sólo una cuestión lógica, en relación al Ideario y al Proyecto Educativo: el
primero está dado por la entidad fundadora, y debe ser "atemporal" y por tanto
inmodificable. Es el "carisma", el "espíritu". El Proyecto es la manera en que ese
espíritu sopla en una realidad concreta, y frente a necesidades cambiantes con
recursos humanos y materiales limitados. El Proyecto es el gran desafío de hacer
del Ideario, vida.

Por ello toda la comunidad estudia, conoce e internaliza el IDEARIO, y todos
contribuyen, construyen y elaboran el proyecto, todos los días y desde toda la
labor institucional.
En el IDEARIO, el alumno y la relación con la familia se presenta en cuadro ter-
minado: el "deber ser" al que se apunta. Al alumno y su familia no se lo admite en
la comunidad educativa como tal, por su semejanza actual con el perfil de Alumno
definido en el Ideario, sino por su potencial de que, a través de su incorporación al
Proyecto, con el acompañamiento, esfuerzo, amor y dedicación de todos, trate de
alcanzar, con la gracia de Dios, el estado de perfección a la que es llamado.

¿En que consiste entonces la PROPUESTAS DEL ESTABLECIMIENTO a las fami-
lias? Justamente en la presentación de estos elementos, IDEARIO y PROYECTO, de
manera clara, accesible de tal manera que la familia, entendiendo que los mismos
IDEARIO: (Marco doctrinal), actúa en la línea de los principios:
• Se organiza sobre el tipo de hombre y sociedad eclesial y educativa que quiere formar;
• Es carta de identidad, define una escuela;
• Primordialmente son los propietarios de la institución quienes lo adoptan y definen;
• En las instituciones católicas lo debiera definir la diócesis, congregación. Identidad enmarcada

en la Doctrina de la Iglesia;
• Tiene continuidad y, por ser rector, permanece en el tiempo.
Sus objetivos son:
• Dar unidad de intención a la historia educativa de la institución;
• Conformar la identidad educativa y eclesial, superando personalismos;
• Ayudar a distinguir lo urgente de lo esencial.


98
ABOGADA MARÍA A. FUEYO
responden a lo aspirado y deseable para la educación de la prole, ADHIERAN y PAR-
TICIPEN del PROYECTO propuesto. Es decir, y en última instancia, que hagan suya
la propuesta.
En la práctica esto requiere por parte de la entidad educativa, una serie de
definiciones y acciones muy prácticas:
a) Elaboración de documentos adaptados al ambiente sociocultural en el que
se ha insertado la obra, iluminado desde el espíritu fundacional.
b) Presentación clara de los mismos, mediante las metodologías adecuadas
a la realidad sociocultural que se atiende, que promueva su discusión ade-
cuada con los responsables de la entidad, con toda familia que se presen-

ta a solicitar inscripción.

c) Planificación de un trabajo continuo y atractivo, con las familias y alum-
nos, que incluso permita, si fuera menester, de acuerdo a las modifica-
ciones en el diagnóstico y evaluación de los resultados, adaptar las líne-
as del proyecto y sus consecuencias.

d) Formalización de canales de participación estables y organizados, de
acuerdo al propio Ideario y proyecto, y las características de la comuni-
dad, que permitan encauzar todo el trabajo institucional.

e) Claras consignas a docentes, alumnos y padres en relación al sistema o
normas de convivencia, que impliquen además, estipular y fundar las san-
ciones en cada caso, con la consiguiente notificación a los responsables
del menor, si esa fuera la situación. En ambos casos, docentes y alumnos,
respetando las normas vigentes en el sistema educativo, y las leyes labo-
rales vigentes.

0 No olvidar el necesario estudio y respeto en la elaboración de las líneas
institucionales, de la política educativa jurisdiccional y nacional, en lo
que hace a las que dan unidad y continuidad a todo el sistema educativo
oficial.

Es evidente entonces que este cuadro, que puede aparecer "agobiador",
sumado al resto de las tareas impuestas, en un sistema en general excesivamente
burocrático, implican a futuro la posibilidad de discutir con fundamento, cual-
quier desviación o contradicción en relación a la propuesta.

A los efectos de satisfacer los recaudos formales, conviene tener presente que
concluimos definiendo a la propuesta educativa como la oferta formalizada por
la institución a las familias, para que —adhiriendo a la misma, y cumplimentan-
do los requisitos funcionales que la misma implica— soliciten de la institución la

incorporación de sus hijos como alumnos y ellos, padres, a la comunidad edu-
cativa, a través de los órganos de participación dispuestos en el proyecto edu-
cativo.
Forman parte de esta propuesta, las normas de convivencia, y en el caso

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
99
de que la institución requiera la necesaria participación en el sostenimiento eco-
nómico del servicio, el régimen arancelario establecido por el establecimiento, de

acuerdo a las reglamentaciones vigentes en la jurisdicción.
La matriculación
Evaluado por parte de la institución, el cumplimiento de los requisitos exigi-
bles, de acuerdo a la propuesta educativa formalizada, y habiendo vacantes de
acuerdo al presupuesto de inscripción planteado por sus organizadores, se proce-
de a conceder matrícula al alumno. La misma implica en el plano de los princi-

pios, colaborar con la familia en el seguimiento de la formación de los alumnos,
de acuerdo a las líneas del Ideario, a través del. Proyecto Educativo. Es evidente-
mente, un compromiso de implementar medios adecuados a tal efecto, con los
recursos necesarios y prescriptos en el mismo sistema educativo (condiciones

edilicias, planes de estudio, docentes con título habilitante). Por parte de la fami-
lia, implica incorporarse al proyecto, aceptando las responsabilidades y obliga-
ciones que las normas o sistema de convivencia implican. Incluimos aquí el cita-
do régimen arancelario descripto.

Este acuerdo entre partes, que conviene formalizar por escrito, no a los efec-
tos de su vigencia, sino si fuera menester, proveer a su prueba, en el caso patoló-
gico del conflicto, se pacta anualmente ello permite a la entidad modificar de un
ciclo lectivo a otro, la propuesta a las familias (horarios, montos arancelarios,

servicios prestados), en los límites de lo razonable.
No obstante ello, considero que es evidente que la incorporación como alum-
no al establecimiento genera en las familias y alumnos un derecho de los llama-
dos "en expectativa". La confianza razonable generada en ellos que de cumpli-
mentar los requisitos exigidos en las normas institucionales descriptas, —dígase
conducta, participación, mediano rendimiento, cumplimiento de los compromi-
sos asumidos en relación al sostenimiento de la entidad— la institución va a reno-
var la matriculación para un nuevo período lectivo.

4 Por consiguiente, resulta "correcto sostener que la inscripción de un alumno al colegio no estatal está lejos
de significar un contrato que vincula a las partes durante todo el ciclo de estudios (circunstancia esta que
en la especie concreta y claramente se determina también en el contrato que se agrega a fs. 67, suscripto

por las partes). Si hay una inscripción anual que debe renovarse en cada período, es indudable que el dere-
cho de admisión o rechazo en cada oportunidad no puede ser cohibido, a menos que la negativa aparecie-
ra como arbitraria mediante indicios, presunciones o causales objetivamente susceptibles de prueba".

"Toscano, Juan Carlos y otra c/. Instituto Nuestra Señora del Huerto s/ Acción de Amparo" del 24 de
Marzo del 2000, Cam. Civil y Comercial, San Miguel de Tucumán, no publicado.
En igual sentido, NAVARRO FLORIA, Juan G., "El derecho de admisión de los colegios privados", en ED,

138-889, cap. III. En algún aspecto, con un enfoque distinto, JOULIA, Emilio Cesar y BERTOLINI, Carolina,
"Derecho de la Educación y acto de admisión en el ámbito de la enseñanza privada", en ED N° 9856, año
XXXVII, 14 de octubre de 1999.

100
ABOGADA MARÍA A. FUEYO
Aquí y como corolario, conviene tener presente la normativa vigente en
materia de derechos de padres y alumnos en la Ley Federal de Educación'.
Conflictos en la relación
En general, frente a estos planteos, las situaciones que suelen ser consultadas
con el profesional, podrían agruparse de acuerdo a su origen, en tres fuentes de
dificultades:

1. Problemas de conducta, o adaptación a las pautas de convivencia del alum-
no: en este caso, es evidente, se requiere haber recurrido durante el trans-
curso de la relación, al régimen de sanciones vigentes en la entidad, razona-
bles y adecuados, incluso, desde lo prescripto para el conjunto del sistema
educativo de la jurisdicción. Ello naturalmente, implica todo un seguimien-

to desde los responsables del área pedagógica, y en su caso, reiteramos, la
aplicación de medidas que, sin alcanzar la gravedad e irremediabilidad
requerida para la expulsión del alumno, puedan acreditar la inconveniencia,

para el menor y sus pares de la continuidad en la institución. Asimismo,
5 Artículo 43: Los educandos tienen derecho a:
Inciso a) Recibir educación en cantidad y calidad tales que posibiliten el desarrollo de sus conocimien-
tos, habilidades y su sentido de responsabilidad y solidaridad social.
Inciso b) Ser respetados en su libertad de conciencia, sus convicciones religiosas, morales y políticas en
el marco de la convivencia democrática.
Inciso c) Ser evaluados en sus desempeños y logros, conforme con criterios rigurosa y científicamente fun-
dados, en todos los niveles, ciclos y regímenes especiales del sistema, e informados al respecto.
Inciso d) Recibir orientación vocacional, académica y profesional-ocupacional que posibilite su inserción
en el mundo laboral o la prosecución de otros estudios.
.
Inciso e) Integrar centros, asociaciones y clubes de estudiantes u otras organizaciones comunitarias para
participar en el funcionamiento de las unidades educativas, con responsabilidades progresivamente

mayores, a medida que avancen en los niveles del sistema.
Inciso f) Desarrollar sus aprendizajes en edificios que respondan a normas de seguridad y salubridad que
cuenten con instalaciones y equipamiento que aseguren la calidad y la eficacia del servicio educativo.
Inciso g) Estar amparados por un sistema de seguridad social durante su permanencia en el estableci-
miento escolar y en aquellas actividades programadas por las autoridades educativas correspondientes.
Artículo 44: Los padres o tutores de los alumnos/as tienen derecho a:
Inciso a) Ser reconocidos como agente natural y primario de la educación.
Inciso b) Participar de las actividades de los establecimientos educativos en forma individual o a través

de los órganos colegiados representativos de la comunidad educativa.
Inciso c) Elegir para sus hijos/as o pupilos/as, la Institución educativa cuyo ideario responda a sus con-
vicciones filosóficas, éticas o religiosas.
Inciso d) Ser informados en forma periódica acerca de la evolución y evaluación del proceso educativo
de sus hijos/as.
Artículo 45: Los padres o tutores de los alumnos/as, tienen las siguientes obligaciones:
Inciso a) Hacer cumplir a sus hijos/as con la Educación General Básicas y Obligación (artículo 10) o con
la Educación Especial (artículo 27).
Inciso b) Seguir y apoyar la evolución del proceso educativo de sus hijos/as.
Inciso c) Respetar y hacer respetar a sus hijos/as las normas de convivencia de la unidad educativa.


LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
101
corresponde que en todos los casos se haya operado la fehaciente notifica-
ción a los padres y alumno de la aplicación de las mismas.
2. Incoherencia en los planteos y actitudes de la familia, en relación a la
tarea institucional y lo pautado en el Proyecto Educativo: frente a esta
situación, también debe poder acreditarse la existencia de hechos concre-
tos que generen la conveniencia de la no rematriculación. Ello no exime,
naturalmente, a la institución de la necesaria autocrítica cuando una fami-
lia se acerca a discutir o debatir algún tema o decisión. Pero en algunos
casos puntuales, la virulencia del planteo, lo inadecuado al ámbito y a la
tarea, y la evaluación de lo razonable del planteo institucional, pueden
llevar a merituar que el entredicho impide continuar colaborando en la
formación del menor. Esta decisión, en razón de un posible riesgo de
daño inminente en su educación, dado el notorio enfrentamiento de los
adultos a su cargo, o en su caso, por el perjuicio que tal situación pudie-
ra provocar al resto del alumnado y a la comunidad, constituye en razo-
nable y justificado el ejercicio del derecho de no renovar la matriculación
para el próximo ciclo lectivo.
3. Abstención al cumplimiento de los deberes pactados de sostenimiento de
la entidad desde el régimen arancelario: en este caso, conviene recordar,
naturalmente, el necesario seguimiento de la situación de las familias, sus
posibilidades, buena o mala fe, etc. En este sentido, naturalmente, recor-
dar que aún cuando el pago del arancel es un compromiso asumido fren-
te a la entidad por la familia, las escuelas católicas deben aguzar el inge-
nio para que no se pierda, por esta cuestión, la posibilidad de alcanzar con
el mensaje evangelizador a todos los que se acercan con el corazón dis-
puesto. Debe además considerarse si la propuesta, desde el punto de vista
económico, se adecua a las necesidades y posibilidades reales y actuales
de las comunidades a las que se atiende.
Tal como muchos fallos jurisprudenciales, y doctrina pacífica al respecto,
reafirman ... el derecho de admisión reconocido a los institutos de enseñanza pri-
vada —que implica el de no admisión y el de no inscripción en el curso siguiente
de alumnos que hubiera cursado uno anterior en el mismo establecimiento— es
de aquellos que la doctrina considera discrecionales, en el sentido de que su titu-
lar puede usar de ellos ad libitum; basta la legalidad, no son susceptibles de con-

trol. Es decir este carácter discrecional no permite la investigación del móvil o
causa final concreta de quien lo ejerce, aspecto que queda sustraído de la apre-
ciación judicial
(de la sentencia de segunda instancia; del voto del Dr. Greco). No
obstante en la misma sentencia, se afirma que ...los derechos subjetivos son reco-
nocidos como medio de obtención de fines, pierden su carácter legítimo cuando
se los ejerce contrariando dicha finalidad o el espíritu que fundamenta el reco-


1 02
ABOGADA MARÍA A. FUEYO
nocimiento. En tal sentido la actitud asumida por el establecimiento de ense-
ñanza al negar la reinscripción de los hijos del actor sin dar motivo o razones
de ello, transgrede no sólo los postulados de la buena fe, sino que también impi-
de apreciar si el ejercicio de tal facultad se compadece con la obtención de aque-
llos fines. Es por ello que corresponde hacer lugar a la pretensión actora en

cuanto persigue el resarcimiento del daño moral derivado de dicha actitud (de la
sentencia de segunda instancia; del voto del Dr. Montes de Oca)6.
Planteo modestamente y como opinión, basada en la experiencia de acompa-
ñar comunidades educativas, frente a una situación excepcional, donde una fami-
lia que ha comprometido su adhesión, trabajo y colaboración con un proyecto
que implica el beneficio de derechos, pero también de cargas y responsabilida-
des, se abstraiga o lo contradiga explícitamente, es atribución y responsabilidad
de la entidad, notificar su decisión de no renovar la relación existente para un
nuevo periodo lectivo.

No obstante ello, entendemos conveniente que la decisión de no renovar
matrícula, medida que afecta a alumnos que pertenecen ya a la institución, se
tome con las siguientes previsiones:

a) Claramente fundada en incumplimientos de las pautas comprometidas
libre y voluntariamente asumidas por la familia al matricular inicialmen-
te al alumno en la entidad.
b) Que dichos incumplimientos puedan razonablemente acreditarse con los
instrumentos adecuados.
e) Que la decisión se notifique en tiempo oportuno, de tal manera que per-
mita al alumno acceder a vacante en establecimientos similares de la
zona. Por lo tanto, se recomienda hacerlo en el período en que todos los

institutos abren tal posibilidad a las familias (octubre—diciembre).
d) Que no se hayan generando desde la entidad actos que impliquen inicio
de la nueva relación contractual: por ejemplo, cobro de matrícula, acep-
tación de documentación, suscripción de compromisos o contratos a ser
cumplidos en el próximo ciclo lectivo. Todo ello, basado en el principio
que no admite la contradicción con los propios actos.
Puede ser probable que no obstante su validez, tal decisión encuadrada en un
marco de derechos ejercidos en una sociedad organizada, pueda ser cuestionada
y juzgada en cuanto a su razonabilidad, legalidad y oportunidad. En este caso,
corresponderá a la parte que alega, acreditar que la medida ha sido arbitraria o
abusiva. A ese efecto, las pautas descriptas intentan colaborar con la institución

si se viera cuestionada en su postura y determinación. Por otra parte, y aún cuan-
6 Fidel, Luis Samuel y otro c/ Instituto Sara Chamberlain de Eccleston s/recurso extraordinario, 28 de mayo
de 1999, ED N° 8447, 2 de marzo de 1994.

LA RELACIÓN DE LA ESCUELA CATÓLICA CON LOS ALUMNOS Y SUS PADRES
103
do algún fallo pudiera dar la razón a una institución que ha obrado intempestiva
y arbitrariamente, entendiendo que no necesita dar razón de sus decisiones,
entiendo podríamos estar incumpliendo nuestro Ideario básico, el Evangelio.

Tratamiento aparte, y en base a gran reflexión, entiendo merecen otras cues-
tiones, inscriptas en los desafíos que las nuevas realidades sociales nos acercan:
la maternidad y paternidad precoz y fuera del matrimonio, las adicciones, enfer-
medades en situación de portación.
Particularmente, creo que estos temas requieren un tratamiento integral,
desde cada una de las entidades y desde las diócesis o personas jurídicas canóni-
cas públicas, que impliquen obrar en lo concreto en resguardo de los principios
evangélicos compartidos, sin olvidar la necesidad de adoptar las actitudes de
Cristo frente a cada miembro dolido, sufriente y pecador de su Iglesia. Es parte
fundamental del desafío que el nuevo milenio genera a esta difícil tarea de empa-

par de fe a vida y la cultura.


AADC VIII (2001) 105-108
EL REPRESENTANTE LEGAL DE LA
ESCUELA CATÓLICA
Abogado Silvio MONTINI
SUMARIO: I. Introducción; II. Naturaleza; III. Su designación: cualidades que debe
reunir; IV Funciones y responsabilidades: su importancia; V Conclusiones.
I. Introducción
En el ámbito del Derecho (y específicamente del Derecho Civil) se denomi-
na «representante legal» a quien jurídicamente actúa por otro, por lo que la repre-
sentación legal es la aptitud jurídica de actuar en nombre de otro, como ocurre
con el padre o la madre que lo hacen en nombre de su hijo menor de edad.
Representantes legales naturales son el socio-gerente o el presidente del directo-
rio de una sociedad, sin perjuicio de la representación que se otorga a un apode-
rado para actuar con facultades limitadas o no (los letrados que representan a sus
clientes en los juicios o cualquier otro apoderado).

No es ése, sin embargo, el sentido con el que la expresión se utiliza en el
ámbito educativo, ya que allí la expresión aparece más acotada.
CONCEPTO (en el ámbito educativo): siguiendo lo dicho por Consejo de
Educación Católica de Córdoba (en el ESTATUTO aprobado por los señores Obispos
el 30.09.98 y que está en vigencia)
representante legal es la persona física designa-
da para actuar en nombre y representación del propietario de la escuela católica.
A ello agregó que para la escuela católica la representación legal es un ser-
vicio eclesial que requiere de su presencia en la comunidad educativa y que lo
hace responsable último del funcionamiento integral de la institución según la
doctrina de la Iglesia Católica, los objetivos de la Iglesia local y el propio pro-
yecto educativo
de la comunidad que representa.
En otras palabras, el representante legal de una escuela, y en particular el de
una escuela católica, puede no tener atribuciones para representar al propietario
del establecimiento educativo en lo propiamente jurídico, pero es su nexo con las
autoridades educativas y como tal es quien —por el propietario— personaliza la
responsabilidad por el funcionamiento de la escuela.

La función dio lugar a no pocas confusiones tanto entre los propietarios, direc-

106
ABOGADO SILVIO MONTINI
tivos y docentes de establecimientos educacionales, como en el ámbito judicial-
laboral, con las graves consecuencias que de ello pueden derivarse. Pero no cabe
ninguna duda que —desde la perspectiva de la Iglesia— el representante legal es:
a) una persona física;
b) actúa en nombre y representación del propietario de la escuela, en el
ámbito de las facultades que le fueron asignadas al nombrarlo;
c) es un servicio eclesial:
1. que requiere de su presencia física en el establecimiento;
2. que lo hace responsable último de su funcionamiento según:
la doctrina de la Iglesia Católica
los objetivos de la Iglesia local
el propio proyecto educativo
El solo nombramiento como representante legal de un establecimiento edu-
cacional no habilita a esa persona a representar al propietario en cualquier acto
de la vida institucional, sino estrictamente en el ámbito de la relación de ese esta-
blecimiento con la autoridad de aplicación, sin perjuicio de las demás facultades
que le fueron concedidas en el poder o mandato otorgado al designarlo.
II. Naturaleza
1. Lo jurídico: desde el punto de vista estrictamente jurídico, estamos frente
a un contrato de mandato: dos partes se ponen de acuerdo para que una actúe
representando a la otra, con la amplitud de facultades que surgen de los términos
en que fue otorgado el mandato.
Este ámbito estrictamente jurídico se rige por lo dispuesto por el art. 1869 y
siguientes del Código Civil: si bien como tal puede ser gratuito, se presume oneroso
cuando consiste en trabajos propios de la profesión lucrativa del mandatario o de su
modo de vivir (que es la situación que normalmente se da en las escuelas católicas).
La figura del representante legal surge —en principio— de las leyes 13.047 y
14.473 y de allí pasó a las legislaciones provinciales. La Ley Federal de
Educación (ley 24.195) es una ley-marco y por consiguiente no correspondía que
entrara en un aspecto tan concreto: la cuestión quedó bajo jurisdicción de la legis-
lación de cada provincia. En general las provincias no reglamentaron la función.
Desde el punto de vista técnico se debe ser muy preciso al momento del nom-
bramiento y de la asignación de facultades, para evitar erróneas interpretaciones o
dificultades propias de la confusión de funciones que luego pueden generarse en el
devenir de la relación. También conviene la precisión —siempre en el momento del
nombramiento— respecto de la onerosidad o no del contrato, y en su caso el monto de
la remuneración a que se hace acreedor por el cumplimiento de mandato convenido.
2. La función eclesial: la función del representante legal de la escuela católi-

EL REPRESENTANTE LEGAL DE LA ESCUELA CATÓLICA
107
ca es (dice el Estatuto de Córdoba, y estamos convencidos que ello es un acier-
to) un servicio eclesial: lo es antes que una relación laboral, un ámbito de traba-
jo o el cumplimiento de un contrato de mandato o lo que fuere.
Tal servicio eclesial —dice el estatuto cordobés— requiere de la presencia per-
sonal, física en la comunidad educativa y lo hace responsable último del funcio-
namiento integral de la institución según la doctrina de la Iglesia Católica, los
objetivos de la Iglesia local (su diócesis y parroquia) y el proyecto educativo de
la comunidad que representa.
Por ello, sea religioso, sacerdote o laico, el representante legal es —en la
Escuela Católica— el responsable de conducirla al cumplimiento de los fines para
los que fue creada, entre los cuales no podemos dejar de recordar, en primer
lugar, lo dicho en Dimensión Religiosa de la Escuela Católica N. 66.
III. Su designación: cualidades que debe reunir
La práctica muestra que la designación del representante legal recae —por lo
general— en una persona confiable, generalmente mayor de edad, muchas veces
ausente la mayor parte del tiempo, a la que le asignamos el manejo de los fondos
que se reciben por asignación estatal.
Si bien tales cualidades son importantes (un administrador no puede no ser
un buen administrador) no podemos soslayar los otros aspectos que hemos
expuesto acerca de su función, de modo que no es exagerada la exigencia (cada
vez más imperiosa) de la presencia física permanente de esa persona en el esta-
blecimiento educacional, porque sólo estando presente puede ejercer como
corresponde dicha función: de allí que la primera exigencia es la disponibilidad
de tiempo suficiente para asumir adecuadamente esa responsabilidad.
Si bien no hay exigencias legales acerca de las condiciones y cualidades que
debe reunir el representante legal, de las funciones y responsabilidades que le
corresponden al cargo surge la necesidad de un acabado conocimiento técnico de
la legislación y de la técnica administrativa y de gestión educativa: de lo contra-
rio le será imposible el cumplimiento de dicha función.
El Estatuto aprobado por los señores Obispos de Córdoba, y los que pude
consultar de otras Diócesis que igualmente tienen trabajado este tema, atribuye
el carácter de servicio eclesial a la función que desempeña el representante legal:
tal servicio eclesial requiere en primer lugar un claro conocimiento de la doctri-
na de la Iglesia no sólo en materia educativa, sino de la doctrina de la Iglesia en
general y en particular de la Doctrina Social de la Iglesia (el representante legal
debe ser antes que nada un hombre de Iglesia, de vida cristiana).
Debe conocer el proyecto educativo de la escuela, y encarnarlo: él es el alma
de la escuela (más que el director, los docentes y los educandos).
El representante legal es el nexo entre todos los estamentos de la institución

108
ABOGADO SILVIO MONTINI
educativa, por lo cual debe tener una gran capacidad de comunicación y de rela-
ción humana además de ser un motivador, orientador e integrador de la comuni-

dad educativa. Debe distinguir muy bien el papel de cada estamento y ser capaz
de elegir y asignar con acierto a cada uno de los miembros de la comunidad su
función específica, a la vez que apoyarlos y dinamizarlos.

IV. Funciones y responsabilidades: su importancia
Cumplir y hacer cumplir el proyecto educativo, el reglamento interno de la
institución si lo hubiere, la legislación aplicable y las directrices para la acción
que surjan de la Doctrina de la Iglesia, tanto en materia específicamente educati-
va como en lo relacionado con el resto de ese cuerpo doctrinario.

Es el responsable del clima que se vive en la comunidad educativa: sin inva-
dir los campos de responsabilidades de los directivos, docentes y aún de los edu-
candos y padres, debe ser el factor de una cordial y madura interrelación de los
diversos integrantes de la comunidad y con la sociedad misma.

Es también el responsable último de la administración y de la economía de la
institución, debiendo prever no sólo lo actual y próximo, sino también su futuro
aún el lejano (necesidad de prever los requerimientos y demandas sociales, las

necesidades edilicias, etc., para que la escuela sea realmente un movilizador de
los recursos humanos y económicos con que cuenta el lugar en que el estableci-
miento está emplazado).
El nombramiento y remoción del personal es responsabilidad del represen-
tante legal, con todo lo que esto implica desde el punto de vista de la necesidad
de dar estricto cumplimiento a la legislación vigente, pero también a las ense-
ñanzas de la Iglesia en el campo de la Doctrina Social.

V. Conclusiones
Como dijimos, es el responsable último del cumplimiento de los objetivos de
la institución: por ello la designación del representante legal debería ser —para los
propietarios— la responsabilidad más comprometedora, después de la decisión de
crear y sostener el establecimiento educacional.

La falta de reglamentación de la figura, hace más complicado su análisis jurídi-
co y la predecibilidad de las resoluciones judiciales que eventualmente se den al res-
pecto, por lo cual es aconsejable la mayor precisión posible (no sólo respecto de las
facultades de que está investido, sino incluso en lo que hace a su remuneración) para
evitar conflictos futuros siempre susceptibles de afectar la vida del instituto, preci-
samente por la importancia de la función que el representante legal desempeña.

El representante legal no sólo tiene confiada- la responsabilidad de lo que la
escuela tiene y es, sino también de lo que la escuela será: desde lo edilicio hasta
el aspecto fundamental como institución educativa.


ARTÍCULOS


AADC VIII (2001) 111-128
PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA
PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS
EN LA APLICACIÓN DEL CAN. 1095
Pbro. Lic. Carlos BACCIOLI
SUMARIO: Introducción; I. Falta de uniformidad de criterios para definir el concep-
to de normalidad, madurez, salud psíquica; II. Falta de unidad de criterios en
el uso de diferentes terminologías para nombrar los problemas psíquicos; III.

Diferentes criterios para clasificar los trastornos de la personalidad y su nivel
de gravedad

Introducción:
1. El aumento de pedidos de declaración de nulidad matrimonial en los tri-
bunales eclesiásticos, en estas últimas décadas, ha sido bastante significativo'. Un
alto porcentaje de estos pedidos se refiere a las nulidades por causas psíquicas
contempladas por el can. 1095,1°-3°. Por ejemplo, entre las causas de nulidad
presentadas en 1992 a la Rota Romana, más de la mitad se refieren al can, 1095.
Esta proporción —afirma Mons. J. Bonet Alcón— es mucho más alta en las sen-
tencias de los tribunales inferiores'.
1 Cf. Z. GROCHOLEWSKI, Processi di nullitá matrimoniale nella realtá odierna: AA.V v., 11 processo matri-
moniale canonico, Libreria Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1994) págs. 12-13; ID., Cause matrimo-
niali e "modus agendi" dei tribunali: AA.VV., 111S in vita et in missione ecclesiae,
Libreria Editrice
Vaticana (Cittá del Vaticano 1994) págs. 949-950.
2 J. BONET ALCÓN, La Jurisprudencia Rotal de 1992 sobre las causas psíquicas de nulidad matrimonial
(canon 1095): AADC 1 (1994) pág. 226; U. PACHO SARDÓN, La crisis matrimonial a la luz del Tribunal
Interdiocesano de Sevilla (1982-1988):
REDC 54 (1997) págs. 219-261; F. R. AZNAR GIL, Las causas de
nulidad matrimonial por incapacidad psíquica (can. 1095,3) según la jurisprudencia rotal: REDC 44
(1987) págs. 472-475; J. WERCKMEISTER, Les procés de nullité de marriage: quelques observations sta-
tistique:
RDC 44 (1994) págs. 143-149; J. M. DÍAZ MOZAZ, Datos sociológicos y estadísticos de la actual
crisis matrimonial: AA.Vv., Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del

foro, Vol. II, Universidad Pontificia (Salamanca 1977) págs. 19-37; A. REYES CALVO, Las rupturas matri-
moniales en el derecho canónico, Universidad Pontificia (Salamanca 1986) págs. 273-307; J. CORNEJO
PALACIO, Las causas matrimoniales canónicas en España durante el período 1975-1984: datos estadísti-
cos: AA.Vv., Las rupturas matrimoniales. Un enfoque multidisciplinar, Universidad Pontificia
(Salamanca 1986) págs. 383-424.

112
PBRO. L,IC. CARLOS BACCIOLI
2. Este canon es, sin duda alguna, un laudable fruto de los progresos realiza-
dos por las ciencias psicológicas y psiquiátricas que ayudan a conocer mejor los
comportamientos de las personas y, en particular, a comprender más perfecta-
mente todo el proceso interno del acto humano del consentimiento. Hay que
reconocer, por lo tanto, que: "la importancia que se ha dado a las ciencias psico-
lógicas y psiquiátricas en estos últimos cinco o seis lustros en el campo de la
ciencia y de la jurisprudencia canónica matrimonial ha sido inmensa y en cierto
sentido polarizante"3, corno reconoce el mismo Papa Juan Pablo II en distintos
discursos al Tribunal de la Rota Romana, como el del 4-2-1980 en el que afirma
que el progreso de las ciencias humanas, en especial la psicología y la psiquia-
tría, ha hecho afluir a los tribunales eclesiásticos casos y planteamientos nuevos
de las causas matrimoniales, relacionados sobre todo con nuevas causas psíqui-
cas de nulidad matrimonial4.
3. Ante todo quero señalar que, no obstante que solamente el párrafo terce-
ro del canon 1095 haga referencia a las "causas de naturaleza psíquica", las tres
causales de este canon, así como tienen en común la incapacidad para contraer
matrimonio', también tienen en común la causa material de la incapacidad, es
decir, las tres dependen de una "causa de naturaleza psíquica". En otras palabras,
la causa de naturaleza psíquica constituye la causa material (psicopatológica) de
la falta del suficiente uso de razón, el grave defecto de discreción de juicio y la
imposibilidad de cumplir que representan las distintas causas formales (jurídico-
canónicas) de la incapacidad que, a su vez, es su efecto jurídico como demuestra
el siguiente cuadro:
Causa material
Causa formal
Efecto
(psicopatológica)
(jurídico-canónica)
jurídico-canónico
1) falta del suficiente
uso de razón
incapacidad
Trastorno grave
.2) grave defecto de
para consentir
de la personalidad
discreción de juicio
3) imposibilidad
incapacidad para
de cumplir
asumir-cumplir
3 U. NAVARRETE, Psicología y consentimiento matrimonial: AA.Vv., Curso de derecho matrimonial y pro-
cesal canónico para profesionales del foro, Vol. XIII, Universidad Pontificia (Salamanca 1997) pág. 14.
4 Cf JUAN PABLO II, Discurso a la Rota Romana (4-2-1980), n. 8: Enchir. Fam., Vol. III, pág. 2547.
5 J. M. FERNÁNDEZ CASTAÑO, Legislación matrimonial de la Iglesia, Salamanca 1994, pág. 259.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
113
La diferencia entre las tres causales contempladas por el can. 1095 está entre
el "conocer"y "discernir", referido al acto del consentimiento (el acto de la
voluntad transeúnte) y el "asumir" referido a la capacidad de "cumplir" las obli-
gaciones esenciales del matrimonio a lo largo de toda la vida matrimonial (el
estado de la voluntad perseverante).
4. Entre las pruebas requeridas para declarar esta nulidad, juntamente con las
declaraciones de las partes (cáns. 1530-1538), las de los testigos (cáns. 1547-
1573) y la documental (cáns. 1539-1546), el Código de Derecho Canónico pres-
cribe que se realicen también pruebas periciales, sobre las partes, a cargo de espe-
cialistas en psicológia (psicólogos o psiquiatras) (cáns. 1574-1581 y 1680).
5. Suele suceder que al traducir en términos jurídico-canónicos los resultados
6 Cf. AA.Vv., Perizie e periti nel processo matrimoniale canoiiico, Torillo 1993; P. A. BONNET, 11 giudice e
la perizia: AA.Vv., L' iminaturitá psico-affe/tiva nella giurisprudenza della Rota Romana, Libreria
Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1990) págs. 57-93; B. CALLIE1, Valutazione clínica degli elementi di
prova nelle cause matrimonian: AA.Vv., L' incapacita di assumere gli oneri essenziali del matrimonio,
Libreria Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1998) págs. 197-201; E. COLAGIOVANNI, 11 giudice e la valu-
tazione delle prove. Aspetti epistemologici ed etici: AA.Vv., 1 mezzi di prova nelle cause matrimonian
secondo la giurisprudenza rotale, Libreria Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1995) págs. 9-13; B. DE
LANVERSIN, Ordonner une expertise médicak. Collaboration et position respective du juge et de l'expert
en la matiére: Cahiers 2 (1985) págs. 143-156; J. J. GARCÍA FAiLDE, Criterios psicológicos para la valo-
ración judicial de las declaraciones de los contendentes y de los testigos:
AA. VV., Curso de derecho matri-
monial y, procesal canónico para profesionales del foro, Vol. IX, Universidad Pontificia (Salamanca 1990)
págs. 387-411; ID., La prueba procesal de la incapacidad psíquica matrimonial: REDC 44 (1987) págs.
507-526; F. VERA URBANO, La prueba pericial en las causas psíquicas de nulidad matrimonial: REDC 35
(1978) págs. 131-144; F. GIL DE LAS HERAS, El juez ante las anomalías psíquicas: AA.Vv., Incapacidad
consensual para las obligaciones matrimoniales,
Ed. Universidad de Navarra (Pamplona 1991) págs. 259-
283; G. GIUSTINIANO, Gli elementi di prova e la loro valutazione clínica e giuridica nelle cause di inca-
pacita: AA.Vv., L' incapacita di assumere gli oneri essenziali del matrimonio, Libreria Editrice Vaticana
(Cittá del Vaticano 1998) págs. 203-215; Z. GROCI-10LEWSKI, II giudice ecclesiastico di fronte alle perizie
neuropsichiatriche e psicologiche: Considerazioni sul recente discorso del Santo Padre alla Rota

Romana: Apollinaris 60 (1987) págs. 183-203; F. LÓPEZ ZARZUELO, La valoración por parte del juez ecle-
siástico de las pericias psicológicas y psiquiátricas en las causas de nulidad matrimonial: AA.Vv., Curso
de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del foro, Vol.
XIII, Universidad Pontificia
(Salamanca 1997) págs. 355-374; J. T. MARTÍN DE AGAR, Giudice e perito a colloquio: AA.Vv.,
L' incapacita di assumere gli oneri essenziali del matrimonio, Libreria Editrice Vaticana (Cittá del
Vaticano 1998) págs. 187-196; B. MONTOYA TRIVIÑO, Anomalías psicológicas: su naturaleza y sus efec-
tos en orden al compromiso matrimonial: AA.Vv., Curso de derecho matrimonial y procesal canónico
para profesionales del foro, Vol. II, Universidad Pontificia (Salamanca 1997) págs. 207-213; N. SCHÓCI-1,
Criteri per una determinazione giuridica della personalitá -anormale": AA.Vv., L' incapacita di assume-
re gli oneri essenziali del matrimonio,
Libreria Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1998) págs. 159-186;
A. STANKIEWICZ, Breve nota sulla legittimitá dell'applicazione della scienza psichiatrica e psicológica
nelle cause di nullitá matrimoniale per incapacita psíchica nell'accezione giurisprudenziale:
Periodica 85
(1996) págs. 67-81; ID., La convertibilitá delle conclusioni peritali nelle categorie canoniche: ME I, 19
(1994) págs. 381 ss.; G. ZUANAZZI, Il dialogo tra canonisti e periti: Dir. Eccles. enero/marzo 1993, págs.
26-52; ID., 11 rapporto tra giudice e perito secondo la giurisprudenza della Rota Romana: ib., págs. 144-
185; S. PANIZO ORALLO, Temas procesales y nulidad matrimonial, Ed. Trivium (Madrid 1999) págs. 583-
680; M. F. POMPEDDA, Dialogo e collaborazione tra giudici e periti nelle cause di nullitá di matrimonio:
Periodica 88 (1999) págs. 141-161; C. De DIEGO-LORA, Criterios morales de la actuación de abogados y
peritos en las causas matrimoniales: IC 41 (2001) págs. 233-246.

114
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOLI
de las pericias el juez, que por lo general no es especialista en psicología o en psi-
quiatría pero que debe actuar como "peritus peritorum" de la causa, suele encon-
trarse con varias dificultades:
5.1. La dificultad más importante, admitido que los peritos adhieran a los
principios esenciales de la antropología cristiana también para tratar con propie-
dad el tema de la nulidad matrimonial, se encuentra en la falta de uniformidad de
criterios clínicos de estos profesionales debido a que pertenecen a corrientes psi-
cológicas diferentes', a veces opuestas entre sí y carentes de "modelos definiti-
vos'", que de esta manera no permiten una lectura uniforme de la incidencia de
las causas psíquicas en la incapacidad canónica.
Esta falta de uniformidad de criterios de los peritos psicólogos y psiquiatras
se manifiesta principalmente: I - En la definición del concepto de normalidad,
madurez, salud psíquica. II - En el uso de diferentes terminologías para referirse
a los trastornos de la personalidad. III - En la clasificación de estos trastornos y
de su nivel de gravedad.
Sin pretender agotar el tema, con el presente trabajo intento proponer aunar
criterios a partir de la psicología, para que los jueces puedan hacer frente a estas
dificultades. Concretamente:
I - Falta de uniformidad de criterios para definir el concepto de
normalidad, madurez, salud psíquica:
1. Dificultades: G. W. Allport afirma: "los psicólogos no pueden decirnos
cuál sea el verdadero significado de normalidad, salud o madurez de la persona-
lidad; todavía toda persona comprometida en la práctica, comprendidos los psi-
cólogos y los psicoterapeutas, quisieran saberlo'. En efecto:
1) El término "salud psíquica o mental": es muy amplio y vago. Francisco
Abbate, por ejemplo, define a la salud en general como un estado en el que el
hombre goza del ejercicio adecuado de sus funciones psicofísicas, precisando
7 Cf. A. VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, Escuelas, corrientes y tendencias en la psicología y psicopatología actual:
AA.Vv., Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del foro, Vol. IX,
Universidad Pontificia (Salamanca 1990) págs. 15-61; R. PRADA, Escuelas psicológicas y psicoterapéuti-
cas, San Pablo (Bogotá 1998).
8 H. Ey - P. BERNARD - Ch. BRISSET, Tratado de psiquiatría, Masson (Barcelona 1990') págs. 201-202.
9 Cf. G. W. ALLPORT, Pattern and groth in personality, trad. it., pág. 262, citado por F. DELLA ROCCA, Diritto
Matrimoniale canonico. Tavole sinottiche, Secondo volume di aggiornamento, CEDAM (Padova 1987) n.
138, 131; S. CERVERA ENGUIX, Tendencias doctrinales en la psiquiatría actual: IC 23 (1983) págs. 133-
148; A. VÁZQUEZ FERNÁNDEZ, Escuelas, corrientes... , págs. 15-61; R. PRADA, Escuelas psicológicas ...;C.
S. HALL - G. LINDZEY, La teoria constitucionalista de la personalidad, Piados (Buenos Aires 1974); .ID.,
La teoria del refuerzo operante y la personalidad, ib. 1974; ID., La teoría factorial de la personalidad, ib.
1977; ID., La teoría personalística, ib. 1974; ID., La teoría del sí mismo y la personalidad, ib. 1977; H.
PAPANEK - E. C. WHITMONT y otros, Teorias psicoanalíticas de la personalidad, ib. 1975; L. P. THORPE y
otros, La personalidad y sus tipos, ib. 1966; G. S. BLUM, Teoría psicoanalítica de la personalidad, ib.
1966; W. STERN - G. W. ALLPORT y otros, Aportaciones a la psicología de la personalidad, ib. 1967.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
1 1 5
que, "cuando se trata de la salud mental se pone más énfasis en lo subjetivo, en
sus funciones psíquicas, y en el estado de bienestar y de relativa felicidad, pero
también se tienen en cuenta las funciones físicas'. La salud mental, siempre
según este autor, incluye el logro de cierto grado de felicidad entendida como "un
estado subjetivo de dicha, de satisfacción, de paz y de serenidad interiores".
"Este estado —aclara-- es la consecuencia de las satisfacciones auténticas, sin
autoengaño, de las propias tendencias y deseos básicos y profundos que se refie-
ren a la relación altruista con las personas, a la relación consigo mismo, particu-
larmente en cuanto a la conciencia moral, y a la relación con las cosas. Conviene
hacer una aclaración sobre la relación entre salud mental y felicidad. Si una per-
sona no está mentalmente sana, puede carecer de un grado mínimo de felicidad
debido a que el logro de felicidad supone cierta integración de la personalidad, y
esta integración, desde la perspectiva médico-psicológica, requiere un grado sufi-
ciente de salud mental. Pero lo expresado no equivale a decir que para ser feliz
sea suficiente poseer salud mentar'.
De otro punto de vista —sigue diciendo Francisco Abbate—, la salud mental
incluye el ajuste o adaptación de las personas entre sí en una auténtica integra-
ción social y con el mundo físico. Este ajuste permite alcanzar un nivel satisfac-
torio en cuanto a realizaciones y rendimientos, según las posibilidades persona-
les, en el trabajo y en las diversas actividades intelectuales y físicas, y un cierto
grado de bienestar y de gratificaciones que es consecuencia del goce del ejerci-
cio de las diversas funciones psicofísicas''.
Para Cavanagh la salud en general es definida como "aquel estado de bien-
estar en el cual existe un funcionamiento dinámico del hombre en la totalidad de
su ser, que le proporciona una tal coordinación de sus facultades que sus poten-
cialidades psíquicas se desarrollan para obtener sus fines, tanto presentes como
futuros'. En este contexto este autor define la salud psíquica como: a) un esta-
do de bienestar resultante del hecho que la persona está en paz consigo misma,
con el mundo y con Dios; b) algo dinámico porque es propia de un organismo
activo, no estático, que cambia y que, por tanto, en algún momento puede des-
equilibrarse; c) este estado dinámico de bienestar se refiere a la personalidad en
su totalidad, por lo tanto no puede referirse solamente al cuerpo o al alma sino a
todo el hombre entendido como unidad; d) además este es un estado que propor-
ciona al hombre una coordinación armónica de sus diversas facultades''.
10 F. E. ABBATE, Armonía conyugal. Aportes médico-psicológicos, Astrea (Buenos Aires 1987) págs. 4-5.
11 F. E. ABBATE, Armonía conyugal..., pág. 5.
12 F. E. ABBATE, Armonía conyugal..., pág. 6.
13 Cf. F. E. ABBATE, Armonía conyugal..., pág. 5.
14 CAVANAGH - MC. GOLDR1CK, Psiquiatría fundamental, Masson (Barcelona 1963) pág. 37.
15 Cf. CAVANAGH - MC. GOLDR1CK, Psiquiatría fiudamental..., pág. 38.

116
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOL1
2) El término "normalidad psíquica "16: tampoco es muy claro porque las dis-
tintas corrientes de psicología usan esta expresión con criterios diferentes. La
palabra normalidad no es palabra de contornos precisos y con una proyección de
contenidos universalmente admitidos, sino una palabra de contornos inciertos y
abierta a muchas consideraciones y posibilidades'. Además el ser humano se
resiste a ser encasillado con precisión matemática y, por lo tanto, la medida de la
capacidad-incapacidad psicológica para contraer matrimonio escapa a cómputos
hechos con medidas. Los criterios que se utilizan para definir el concepto de nor-
malidad suelen ser los siguientes:
a) El criterio antropológico-filosófico, que compartimos, entiende por nor-
mal lo que es "conforme a la naturaleza".
b) El criterio estadístico identifica a la normalidad (del latín "norma", escua-
dra formada por dos piezas perpendiculares) con lo conforme a regla, lo regular,
aquello que no se inclina ni a derecha ni a izquierda, lo que se mantiene, por
tanto, en su justo término medio. Según este criterio estadístico, propio de las
ciencias naturales, normal equivale a promedio, al módulo de un carácter men-
surable y lo anormal supone una desviación cuantitativa en más o menos de la
norma. "Es normal lo que se manifiesta con cierta frecuencia en la población
total, según su edad, sexo, raza, procedencia, etc. —escribe Guillermo Vidal—. En
contraposición, lo anormal comporta entonces una desviación cuantitativa, en
más o menos, de la norma, graficable según la curva de frecuencias de Gauss, de
tal modo que las desviaciones o anormalidades resultan tanto más significativas
cuanto más alejadas aparecen del centro de la campana".
Aplicado al hombre el método estadístico suscita de inmediato dificultades
insoslayables como, por ejemplo, confundir lo normal con lo regular y lo habi-
tual, con la mayoría, y, viceversa, pudiendo pasar por alto algunos hallazgos que
no son comunes sin embargo tienen connotaciones patológicas'. "Conviene
recordar aquí, una vez más —continúa diciendo el mismo autor—, que la psiquia-
tría funciona cabalgando a horcajadas sobre las ciencias de la naturaleza y del
espíritu. De modo que los saberes nomotéticos pueden medirse, analizarse y cla-
sificarse, más no así los idiográficos, en lo que no cabe sino la descripción de los
acontecimientos o hechos particulares, individuales. Por ejemplo: el genio se da
con rareza; es un hallazgo estadísticamente anormal, pero a nadie se le ocurriría
considerarlo patológico. Por otra parte, las quejas hipocondríacas y las conver-
16 Cf. J. BERGERET, La personnalité normale et pathologique, Dunod (Paris 1974).
17 Cf. S. PANIZO ()RALLO, La normalidad-anormalidad para consentir en el matrimonio: criterios psicoló-
gicos y canónicos: AA. Vv., Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del
foro, Vol. X, Universidad Pontificia (Salamanca 1992) pág. 18.
18 G. VIDAL, El trastorno mental: G. VIDAL - R. D. ALARCÓN, Psiquiatría, Ed. Médica Panamericana
(Buenos Aires 1986) pág. 199.
19 Cf. G. VIDAL, El trastorno... , pág. 199.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
117
siones somáticas se han generalizado tanto que bien podríamos rotularlas de nor-
males. De suerte que la frecuencia no constituye un criterio absoluto. Ni siquie-
ra nos ofrece un fundamento firme para deslindar los campos de la psicología y
la psicopatología'.
c) El criterio axiológico-cultural, rehuyendo de toda metafísica y validez uni-
versal de los principios, ha favorecido en nuestro tiempo la creencia pseudocien-
tífica de que en cuestiones de "normalidad" (y también de verdad y de valor
moral) vale el principio de la "mayoría democrática'. La condición humana, se
afirma, está impregnada de relativismo, lo que hace muy difícil cualquier intento
de clasificación acertada de los parámetros de normalidad-anormalidad". Ninguna
conducta humana, afirman estos autores, es normal o anormal en absoluto, la
misma conducta puede ser normal en una conducta y anormal en otra. Según este
criterio "el concepto de salud mental pertenece básicamente al nivel sociocultural
y, por lo tanto, su evaluación depende de criterios personales de los individuos
asistidos, del juicio valorativo del médico, y de la cultura en la que están vivien-
do tanto el médico como las personas que lo consultan. Hay conductas que se
admiten compatibles con la salud mental o se las considera propias de la enfer-
medad psíquica, según sean los valores convencionales del medio cultural'.
Es fácil ver como estos criterios son el fruto de corrientes ideológicas que
condicionan el concepto de normalidad y cuyo relativismo cultural es en parte
responsable de las ambigüedades que aún campean en la base de la Psiquiatría".
Un ejemplo concreto lo constituye el tema de la sexualidad. Los autores que sos-
tienen este criterio para valorar la normalidad sexual sostienen que la explicación
del comportamiento humano no debe buscarse en la naturaleza sino en las nor-
mas y prácticas de la sociedad. Para Jeffrey Weeks, por ejemplo, el cual se ubica
entre los teóricos de Foucault, la conducta sexual, lejos de ser un fenómeno pri-
mordialmente natural, es un producto de las fuerzas sociales, una construcción
histórica. Partiendo, pues, de la convicción de que en estos terrenos no hay una
esencia o una verdad inmutable y de que lo erótico sólo adquiere significado en
el contexto de culturas específicas, este autor sostiene que la sexualidad es "una
unidad ficticia, que alguna vez no existió y que en algún momento en el futuro
tal vez de nuevo no exista' 25.
20 Cf. G. VIDAL, El trastorno..., pág. 199.
21 Un análisis crítico de este criterio aplicado a la moral sexual puede verse en M. VIDAL, Moral del amor
y de la sexualidad, Sígueme (Salamanca 1971) págs. 229-236; ID., Moral del amor y de la sexualidad.
Moral de actitudes,
1I-2da. Parte, EDP (Madrid 1991) 82, 308-310.
22 CAVANAGH - MC. GOLDRICK, Psiquiatría fundamental..., págs. 33-34.
23 F. E. ABBATE, Armonía conyugal... , pág. 5.
24 Cf. G. VIDAL, Salud y enfermedad: G. VIDAL - BLEICHMAR H. - USANDIVARAS, Enciclopedia de Psiquiatría,
(Buenos Aires 1979) pág. 635.
25 J. WEEKS, Sexualidad, Piadós (México 1998).

118
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOLI
3) El término "madurez psíquica"": es el término que más se condice con el
jurídico-canónico de "capacidad" tanto que, en muchas sentencias y en trabajos de
canonistas, esta expresión es usada como sinónimo de esta última. Pero también
este término es cuestionable porque, por lo general, la psicología considera que la
madurez es un estado terminal o conclusivo de un proceso evolutivo, estado de ple-
nitud del desarrollo al que se llega tras un proceso de crecimiento paulatino. Ahora
bien, debe entenderse que en este proceso evolutivo dinámico los diversos estadios
recorridos no se limitan a sucederse el uno al otro sino que los unos se incrustan en
los otros y todos se integran en una globalidad: un estadio subsiguiente a otro esta-
dio se encuentra naturalmente prefigurado en este otro estadio precedente que a su
vez tiene sentido solamente en vista de la preparación del estadio subsiguiente". No
es de extrañar, entonces, que en el estadio de "madurez" existan incrustaciones que
recuerdan la inmadurez infantil pero que no son residuo de un estadio infantil no
superado sino perduración de lo que no ha sido hecho para madurar del todo.
Debernos evitar la tentación de creer que el ideal consiste, entonces, en que
la persona pierda, a medida que va creciendo, todos los rasgos infantiles de su
persona". Pero, en realidad, se trata de un crecimiento temporal-histórico que va
hacia la plenitud difícilmente alcanzable en forma total y plena porque la madu-
rez nunca es absoluta, plena. Toda persona madura conserva en su estructura psí-
quica algún elemento de su etapa infantil (el psicoanálisis habla de la permanen-
cia, en personas adultas, de rasgos orales, anales, fálicos). Además, mientras que
en el pasado la edad de la madurez era la de los veintiún años hoy, por distintas
causas, esta edad se ha extendido a los veinticinco-treinta años". En efecto, la
madurez no es algo estático sino dinámico, fruto de un proceso evolutivo largo y
26 Para un concepto antropológico-psicológico cristiano, cf. J. VÉLEZ CORREA, El hombre: un enigma.
Antropología filosófica, Celan (Bogotá 1995) págs. 265-327; L. CIAN, Cammino verso la maturitá e l' ar-
monia, Ed. ElleDiCi Leumann (Torillo 1990); A. Bissi, Maturitá mana, cammino di trascendenza,
Piemme (Casale Monferrato 1991); A. JIMÉNEZ CADENA, Conquista de la madurez emocional, Indo-
American Press Service (Bogotá 1993); F. DECAMINADA, Maturitá affettiva e psicosessuale nella scelta
vocazionale. Una prospettiva psicologica,
Ed. Monti (Saronno 1995); L. DURAVIA, La dimensión afectiva
de la personalidad. Del egocentrismo a la madurez afectiva,
Indo-American Press Service (Bogotá 1992);
M. DEL R. DE SILVESTRI, Equilibrio psíquico y madurez personal para la vida religiosa femenina, Ed.
Claretiana (Buenos Aires 1991); A. Gomis, Madurez personal y comunitaria en la vida religiosa: Vida
religiosa 32 (1972) págs. 363-376; M. SZENTMÁRTONI Celibato per il regno dei cieli e maturitá della per-
sona: Periodica 83 (1994), págs. 247-271; F. PILOTTO, II significato di salute nella societá secolarizzata:
Anime e Corpi n. 201 (1999) págs. 25-42; G. DEL LAGO, Psicología y gracia, Ed. Paulinas (Buenos Aires
1965); A. PÉREZ RAMOS, Precisiones lurisprudenciales sobre la inmadurez afectiva y su prueba pericial:
AA.Vv., Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del foro,
Vol. XI,
Universidad Pontificia (Salamanca 1994) págs. 366-367; J. GARRIDO, Adulto y cristiano. Crisis de realis-
mo y madurez cristiana, Sal Térrea (Santander 1989); E. GONZÁLEZ Ruiz, Amor y madurez psicológica.
Educación de la afectividad, Ed. Perpetuo Socorro (Madrid 1978).
27 Cf. J. J. GARCÍA FAÍLDE, Psiquiatría forense, Apuntes fotocopiados y distribuidos por la Ed. Lumen Christi
(Buenos Aires [sin fecha]) pág. 9.
28 Cf 1 1 GARCÍA FAÍLDE, Psiquiatría forense... , págs. 9-10.
29 Cf. R. DIATKINE, Diventare adolescenti, restare adolescenti: AA.Vv., Adolescenza terminata. Adolescenza
interminabile, Borla (Torillo 1987) págs. 13-35.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
1 1 9
difícil' signado por regresiones y fijaciones a etapas menos conflictivas del
mismo, en el cual tiene suma importancia la influencia de los factores biológicos
y, de manera fundamental, de las figuras parentales materna y paterna, junta-
mente con los factores culturales que inciden sobre el desarrollo de la persona
muchas veces frenando el proceso hacia la maduración de la personalidad o, deci-
didamente, fijando ciertas estructuras patológicas en su evolución. Por eso hablar
de madurez como plenitud del desarrollo es un concepto más bien ideal que real.
2. Propuesta: A diferencia del concepto psicológico que, como se ha visto,
equivale a plenitud del desarrollo, para el matrimonio canónico no se requiere una
capacidad, una madurez psíquica plena sino suficiente: a) para la voluntad transe-
únte propia del acto del consentimiento (capacidad para conocer, discernir y deci-
dir), con el cual se origina el matrimonio como relación jurídica y b) para la volun-
tad perseverante propia del estado matrimonial que se origina a partir del consen-
timiento y que consiste en cumplir con el objeto del consentimiento, el bien del otro
cónyuge, el bien de los hijos, así como la unidad y la indisolubilidad. Es decir, la
noción y valoración del concepto de capacidad matrimonial que deben poseer los
canonistas y la que poseen normalmente los psicólogos es diferente. Para los psi-
cólogos, como precisa Mons. J. Bonet Alcón, "se trata de la capacidad de recibir y
ofrecer la plena realización personal en la relación con el cónyuge; es el ideal de
plena madurez en orden a una vida conyugal feliz. En cambio, el derecho canóni-
co mira la capacidad mínima suficiente para un matrimonio válido'"'.
En otras palabras, la persona que se casa no tiene que ser una persona fuera
de lo corriente, con unas cualidades especiales, con un gran equilibrio psicológi-
co. No hay que "confundir —dice Juan Pablo II— una madurez psíquica que sería
el punto de llegada del desarrollo humano, con la madurez canónica, que es, en
cambio, el punto mínimo de partida para la validez del matrimonio'''. El matri-
monio está hecho para seres humanos normales, aunque no sean superdotados ni
superhombres. Por eso, al hablar de la normalidad para el matrimonio conviene
precisar que se trata de "la normalidad para el matrimonio en cuanto el matrimo-
nio es opción fundamental de la existencia humana; más aún, tratando como tra-
tamos aquí el matrimonio canónico, esta normalidad es la que debe corresponder
a la concepción que de ese matrimonio tiene la Iglesia y tal como la misma deri-
va de las coordenadas jurídicas de su ordenamiento'''.
El matrimonio, entonces, es una realidad abierta a todo ser humano que reúna
un mínimo de condiciones, unas señales mínimas de identidad de lo humano. La
30 Cf. V. MATTIOL1, La difficile sessualitá. Dall' adolescenza al matrimonio, Ed. Studio Domenicano
(Bologna 1993).
31 J. BONET ALCÓN, La salud psíquica y ética de los futuros contrayentes: AA.Vv., Curso sobre la prepara-
ción al matrimonio, Educa (Buenos Aires 1995) pág. 92.
32 Ench. Farra. Vol. V, pág. 4589, n. 6.
33 S. PANIZO ORALLO, La normalidad-anormalidad..., pág. 18.

120
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOL1
capacidad y por tanto la normalidad en esta materia no ha de ser algo pleno y per-
fecto. Por eso, como se verá, la persona puede ser portadora de dificultades,
inmadura, sin que su matrimonio sea inválido aunque fracase por esas mismas
dificultades o inmadurez.
II - Falta de unidad de criterios en el uso de diferentes terminologí-
as para nombrar a los problemas psíquicos":

1. Dificultades: La expresión "problemas psíquicos" puede tener, en psicolo-
gía, dos significados: uno amplio y otro estricto: a) En sentido amplio esta expre-
sión es sinónimo de "dificultades" que no llegan a estructurarse como trastornos
propiamente dichos y que son fácilmente superables mediante una adecuada
34 Cf. APA, DSM-IV Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Masson (Barcelona 1995);
ID., DSM-IV Criterios diagnósticos, Masson (Barcelona 1995); 1D.,PSM-11/. Atención primaria, Masson
(Barcelona 1997); AA.Vv., Diccionario de Psiquiatría, Herder (Barcelona 1989); AA.Vv., Manual de
Psiquiatría, Ed. Karpos (Madrid 1980); M. ANTY, Manual de psiquiatría, Toray-Masson (Barcelona
1967); M. BAUCCI, Trattato de Psicogeratria, USES (Firenze 1990); U. BAUMAN - M. PERREZ, Manual de
Psicología Clínica,
Herder (Barcelona 1994); A. BELLOCH - B. SANDÍN - F. RAMOS, Manual de
Psicopatología, 2 vols., McGraw-Hill, Aravaca (Madrid 1995-1996); J. BERGERET, Psicología patológi-
ca, Masson (Barcelona 1990); G. BERLINGUER, La enfermedad, Lugar Ed. (Buenos Aires 1994); G. B.
CASSANO (a cura di), Manuale di Psichiatria, UTET (Torino 1997); D. DE CARO, Trattato di Psichiatria,
Ed. Minerva Medica (Torino 1979); L. DELLOsso -A. Low (a cura di), Diagnosi psichiatrica e DSM-III.
Aspetti clinici e prospettive medico-legali,
Giuffré (Milano 1989); B. DORMAN LERNER (copiladora),
Pacientes limítrofes. Diagnóstico y tratamiento, Lugar Ed. (Buenos Aires 1992); H. EY - P. BERNARD - CF1.
BRISSET, Tratado de Psiquiatría, Masson (Barcelona 1990); R. FAHRER, Manual de Psiquiatría, López Ed.
(Buenos Aires 1993); M. B. FIRST - A. FRANCES - H. A. PINCUS, DSM-IV Manual diagnóstico diferencial,
Masson (Barcelona 1996); ID., DSM-IV Guía de uso, Masson (Barcelona 1997); J. A. FLAHERTY - R. A.
CHANNON - J. DAVIS, Psiquiatría. Diagnóstico y tratamiento, Ed. Médica Panamericana (Buenos Aires
1991); G. O. GABBARD, Psichiatria psicodinamica. Nuova edizione basata sul DSM-IV, R. Cortina Ed.
(Milano 1995); M. GALANTER - H. D. KLEBER, Tratamiento de los trastornos por abuso de sustancias de
la American Psychialric Press,
Masson (Barcelona 1997); U. GALIMBERTI, Dizionario di Psicologia,
UTET (Torino 1992); J. GARRABÉ, Diccionario taxonómico de Psiquiatría, FCE (México 1993); R. E.
HALES - S. C. YUDOFSKY - J. A. TALBOTT, Tratado de Psiquiatría, Ancora (Barcelona 1996); K. JASIERS,
Psicopatología general, FCE (México 1993); H. I. KAPLAN - B. J. SADOCK - J. A. GREBB, Sinopsis de
Psiquiatría,
Ed. Médica Panamericana (Buenos Aires 1996); 1-1. I. KAPLAN - B. J. SADOCK, Tratado de
Psiquiatría,
4 vols., Ínter-Médica (Buenos Aires 1997-1998); 0. F. KERNBERG, Trastornos graves de la
personalidad, Ed. El Manual Moderno (México 1987); TH. LEMPERIÉRE - A. FÉLINE, Psiquiatría, Masson
(Barcelona 1989); R. A. MACKINNON - R. MICHELS, Psiquiatría clínica aplicada, Interamericana (México
1973); Tu. MILLON, Trastornos de la personalidad. Más allá del DSM-IV, Masson (Barcelona 1998);
OMS, CIE-10. Trastornos mentales y del comportamiento. Descripciones clínicas y pautas para el diag-
nóstico,
Meditor (Madrid 1992); ID., CIE-10. Trastornos mentales y del comportamiento. Criterios diag-
nósticos de investigación,
Meditor (Madrid 1994); E. OTHMER - S. C. OTHMER, DSM-IV. La entrevista clí-
nica,
2 tomos, Masson (Barcelona 1996); Y PONS() - R. GORI, Diccionario práctico de psicopatología,
Herder (Barcelona 1976); A. POROT, Diccionario de Psiquiatría, Labor (Barcelona 1962); A. Sms,
Introduzione alía psicopatologia descrittiva, R. Cortina Ed. (Milano 1997); R. L. SPITZER - M. GIBBON -
A. E. SKODOL, etc., DSM-IV Libro de casos, Masson (Barcelona 1996); M. SUÁREZ RICHARDS,
Introducción a la Psiquiatría, Ed. Salerno (Buenos Aires 1995); J. VALLEJO RUILOBA, Introducción a la
psicopatología y la psiquiatría,
Salvat (México 1994); G. VIDAL - R. D. ALARCÓN, Psiquiatría, Ed.
Médica Panamericana (Buenos Aires 1986); G. VIDAL - R. D. ALARCÓN - F. LOLAS STEPKE, Enciclopedia
iberoamericana de Psiquiatría, Ed. Médica Panamericana (Buenos Aires 1995); C. VIGANO - E. H.
GRECCO, Psicopatologia. Psiquiatría general, 3 vols., Bonum (Buenos Aires 1977).

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
121
orientación pastoral o psicológica (psicoterapia...). b) En sentido estricto la
expresión se refiere a lo propiamente psicopatológico que en psicopatología y en
psiquiatría se suele denominar con diferentes terminologías, utilizadas también
por los peritos en sus pericias y por los jueces en sus sentencias, como: "anoma-
lías psíquicas", "trastornos psíquicos", "trastornos de la personalidad', "ano-
malías psicopatológicas", "alteraciones psíquicas", "alteraciones de la persona-
lidad", "desórdenes psíquicos", "patologías de la personalidad", "enfermedades
psíquicas", "enfermedades mentales" ... que requieren algún tratamiento psicote-
rapéutico y/o psicofarmacológico específico importante.

2. Propuesta: Teniendo en cuenta que tanto la estructura de la persona (cuer-
po-mente-espíritu) como sus dimensiones (racional y relacional) están íntima-
mente relacionadas y forman una unidad, conviene aclarar que el término
Trastornos de la personalidad, que propongo utilizar, parece ser el más apropia-
do para referirnos al concepto psicopatológico de las causas psíquicas (materiales)
de la incapacidad tratada por el can. 1095 porque, en última instancia, todo tras-
torno o anomalía psíquica compromete, de alguna forma, a toda la personalidad.
Conviene aclarar, además, que no todo trastorno de la personalidad constitu-
ye una enfermedad psíquica o mental, por lo menos en sentido estricto. El térmi-
no enfermedad psíquica o mental se suele aplicar a los trastornos muy graves o
gravísimos de la personalidad (psicosis, demencias...) en los que hay un gran
deterioro de todas las facultades psíquicas (inteligencia, voluntad, memoria, aten-
ción...) y comportamentales (vida afectivo-sexual; social; laboral...) así como
del aspecto físico de la persona.
/// - Diferentes criterios para clasificar los Trastornos de la perso-
nalidad
y su nivel de gravedad.
1. Dificultad: En cuanto a la clasificación de los Trastornos de la personalidad,
Ombretta Fumagalli Carulli hace notar que "le conoscenze offerte dai resultati
raggiunti dalle varíe scienze della psiche sopra l'analisi della personalitá umana si
traducono in molteplici, e non sempre tra loro concordi, modelli di comporta-
mento di uomo, di stili di vita, che variano a seconda delle premesse metodologi-
che dalle quali l'indagine singola muove. Ne deriva quella pluralitá di ricerche, di
conclusioni e spesso anche di nomenclatura di fronte alíe quali il giurista non puó
non avvertire una ceda perplessitá, guando, come é suo compito, debba tradurre
in forme giuridiche la complessa e spesso enigmatica realtá della psiche umana ed
in particolare si trovi a dovere stabilire la presenza o meno di una capacitó psichi-
ca che possa ritenersi sufficiente per contrarre valido matrimonio"".
En la actualidad hay dos corrientes principales que utilizan criterios diferen-
35 0. FUMAGALLI CAULLI, fi matrimonio canonico dopo il Concilio. Capacitá e consenso, Giuffré Ed.
(Milano 1978) págs. 194-195.

122
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOLI
tes para clasificar los trastornos de la personalidad y su nivel de gravedad:
1) La corriente psiquiátrica tradicional:
a) Esta corriente divide los Trastornos de la personalidad en: neurosis, psico-
patías, psicosis y en trastornos psíquicos de origen orgánico. I - Las Neurosis
comprenden: 1) las neurosis de angustia; 2) la neurosis fóbica; 3) la histeria; 4)
la neurosis obsesiva. En las neurosis el paciente suele ser consciente de sus pro-
blemas que, muchas veces, exagera para llamar la atención (como en el caso de
las histerias o de las hipocondrías). II - Las Psicopatías (alcoholismo; delincuen-
cia...). En las psicopatías el paciente por momentos es consciente de lo que le
sucede (vertiente neurótica), por momentos no lo es (vertiente psicótica). En este
caso llega a demostrar una "frialdad total" (amoralidad) frente, por ejemplo, a
delitos que pudo haber cometido. III - Las Psicosis son divididas en: 1) esquizo-
frenias; 2) paranoia; 3) psicosis maníaco-depresiva. En las Psicosis el paciente no
tiene conciencia de su trastorno. IV - Los Trastornos psíquicos de origen orgá-
nico
comprenden: 1) las demencias; 2) los estados de retraso mental; 3) las psi-
cosis orgánicas (psicosis puerperales; psicosis alcohólicas; psicosis sifilíticas); 4)
otros trastornos mentales de origen orgánico (encefalitis; traumatismos craneo-
cerebrales; trastornos mentales por tumores cerebrales).
b) Nivel de gravedad y curabilidad de estos trastornos:
Siempre según la psiquiatría tradicional: 1. Las Neurosis pueden ser leves o
moderadas-graves, pero siempre curables (en forma fácil o con cierta dificultad),
principalmente mediante métodos psicoterapéuticos (psicoterapia breve u otras)
y, a veces, también mediante psicofármacos. 2. Las Psicopatías suelen ser gra-
ves, curables con bastante dificultad, a través de psicoterapia y también de méto-
dos psicofarmacológicos. 3. Las Psicosis son en general muy graves o gravisí-
mas, a veces curables
con muchísima dificultad y con métodos mas psicofarma-
cológicos que psicoterapéuticos y, a veces, incurables con los métodos conoci-
dos. Casi siempre requieren internación. Lo mismo hay que decir de los trastor-
nos psíquicos de origen orgánico.
Tanto en las psicosis como en los trastornos
psíquicos de origen orgánico, se observa un grave deterioro de toda su persona
tanto a nivel de sus facultades psíquicas (inteligencia, voluntad, memoria, aten-
ción...), como de su aspecto físico y de su conducta.
2) Las corrientes psiquiátricas modernas (DSM-IV; CIE-10):
a) El DSM-IV divide a los trastornos en: Trastornos de inicio en la infancia,
la niñez o la adolescencia. Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros tras-
tornos cognoscitivos. Trastornos mentales debidos a enfermedad médica.
Trastornos relacionados con sustancias. Esquizofrenia y otros trastornos psicóti-
cos. Trastornos del estado de ánimo. Trastornos de ansiedad. Trastornos somato-
morfos. Trastornos facticios. Trastornos disociativos. Trastornos sexuales y de la
identidad sexual. Trastornos de la conducta alimentaria. Trastornos del sueño.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS.. .
123
Trastornos del control de los impulsos no clasificados en otros apartados.
Trastornos adaptativos. Trastornos de la personalidad. Otros problemas que pue-
den ser objeto de atención clínica.
Por su parte el CIE-10 tiene una clasificación que coincide bastante con la del
DSM-IV con la cual se complementa.
b) Nivel de gravedad y curabilidad de estos trastornos: Para el DSM-IV el
Trastorno puede ser: leve, moderado, grave. Las especificaciones leve, modera-
do y grave sólo deben utilizarse cuando el trastorno cumpla en el momento pre-
sente todos los criterios señalados por estos manuales. Al decidir si la presenta-
ción del trastorno ha de describirse como leve, moderada o grave, el clínico debe
tener en cuenta el número e intensidad de los signos y síntomas del trastorno en
cuestión, así como cualquier irregularidad en la actividad laboral o social. En la
mayor parte de los trastornos hay que utilizar, entonces, los siguientes criterios
para evaluar el nivel de gravedad: a) Leve. Son pocos, o ninguno, los síntomas
que exceden los requeridos para formular el diagnóstico. Los síntomas no dan
lugar sino a un ligero deterioro de la actividad social o laboral. b) Moderado.
Existen síntomas o deterioro funcional situados entre «leve» y «grave». c) Grave.
Los síntomas dan lugar a un notable deterioro a nivel racional y/o relacional con
repercusión en la actividad social, laboral, familiar.
Acerca de su curabilidad estos trastornos pueden ser considerados: a) En
remisión parcial: si con anterioridad se cumplían todos los criterios del trastorno,
pero en la actualidad sólo permanecen algunos de sus síntomas o signos. b) En
remisión total: si ya no existe ningún síntoma o signo del trastorno, pero todavía
es relevante desde un punto de vista clínico tener en cuenta dicho trastorno, por
ejemplo, en un individuo con episodios anteriores de trastorno bipolar que ha per-
manecido sin síntomas durante los últimos 3 años, bajo tratamiento con litio. Tras
un período de tiempo en completa remisión, el clínico puede considerar que el
sujeto está recuperado y, en consecuencia, no codificar el trastorno como un diag-
nóstico actual. La diferenciación de en remisión total requiere la consideración de
distintos factores, incluyendo el curso característico del trastorno, el lapso de tiem-
po transcurrido desde el último período patológico, la duración total del trastorno
y la necesidad de evaluación persistente o de tratamiento profiláctico.
Tanto los criterios de la psiquiatría clásico-tradicional como los de la psi-
quiatría moderna tienen aspectos positivos y otros discutibles. Las clasificacio-
nes utilizadas por los autores tradicionales, como la de H. Ey (que divide las
enfermedades mentales en agudas y crónicas) o la sindrómica de Silberman, son
criticadas porque poseen un indudable valor heurístico, pero no son comúnmen-
te aceptadas".
También la psiquiatría moderna, concretamente el DSM, tienen
36 Cf. A. SÁNCHEZ BLANQUÉ - J. A. GISBERT CALABUIG - M. S. GISBERT GRIFO, Clasificación de las enfer-
medades mentales: AA.Vv., Medicina legal y toxicología, Masson (Barcelona 1998) pág. 962.

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PBRO. LIC. CARLOS BACCIOLI
sus críticos por su "orientación conductista, resultado directo de su ateorismo",
porque "sólo se interesa por los 'síntomas de superficie', es decir, en los com-
portamientos", "se postula en numerosos postulados teóricos implícitos que
podrían ser puestos en entredicho", "se basa a menudo en un conglomerado hete-
róclito de criterios provenientes de diferentes autores y de diversas escuelas, a
riesgo de utilizar de manera diferente esos aportes'''.
2. Propuesta: En cuanto a la clasificación de los trastornos de la personalidad
y su nivel de gravedad, siguiendo los criterios de la psiquiatría clásica integrados
por los de la psiquiatría moderna (DSM-IV; CIE 10), y teniendo en cuenta su apli-
cación canónica, propongo la siguiente clasificación que no pretende ser completa:
Cuadro I
Trastornos neuróticos, borderlines y
Nivel de gravedad
psicóticos de la personalidad con
predominio de síntomas generales
I. Trastornos neuróticos:
Trastorno Anancástico
Trastorno Obsesivo-compulsivo
leve o moderado
Trastorno Ansioso o Distímico o por Evitación
(fácilmente curable)
Trastorno Emotivamente inestable
Trastorno Dependiente o Trastorno Pasivo
grave (curable con
dependiente (Dependencia de las figuras parentales)
cierta dificultad)
Trastorno Histérico
Trastorno Impulsivo
II. Trastornos borderlines:
Trastorno antisocial o asocial o sociopático o psicopático
Trastorno por dependencia del alcohol
vertiente neurótica grave
Trastorno por dependencia de las drogas
Trastorno por dependencia del juego (ludopatía)
Trastorno esquizotípico o esquizoide
Trastorno narcisista
vertiente psicótica
Trastorno maniaco-depresivo
muy grave
Trastorno anoréxico-bulímico
Trastorno paranoide
Trastorno histriónico
37 Cf. S. IONESCU, Catorce enfoques de la psicopatología, FCE (México 1994) págs. 43-46; TH. MILLON,
Trastornos de la personalidad. Más allá del DSM-IV, Masson (Barcelona 1998) pág. 6; S. KIRK - H.
KUTCHIS, Aiinez-vous le DSM? Le triomphe de la psychiatrie américaine, Institut Synthélabo pour le pro-
grés de la connaissance, Le Plessis-Robinson 1998.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
125
III. Trastornos psicóticos
Esquizofrenia
muy grave (curable
Paranoia
con mucha dificultad)
Psicosis maníaco-depresiva
Picosis orgánicas (la psicosis epiléptica; la psicosis
gravísimo
presenil y senil; el síndrome de Korsakov).
(difícilmente curable o
Las psicosis de origen tóxico (la psicosis alcohólica;
actualmente incurable)
la psicosis por drogas)
Cuadro II
Trastornos de la personalidad con predominio de síntomas
afectivo-sexuales:
En todos los Trastornos de la personalidad la dimensión
sexual también se encuentra afectada. Pero aquí se consideran
aquellos trastornos de la personalidad en los que la disfunción
sexual aparece como la causa fundamental de las dificultades de
la persona. Por lo general estos trastornos se manifiestan en per-
sonas neuróticas. Pero también pueden presentarse en personali-
dades borderlines y psicóticas. El nivel de gravedad de estos tras-
tornos varía según la persona que los padece sea neurótica, bor-
derline o psicótica. A este grupo pertenecen:
I - Los trastornos relacionados con la potencialidad sexual: A) Trastornos
del deseo sexual: 1) Deseo sexual hipoactivo. 2) Aversión al sexo. B) Trastornos
de la excitación sexual:
1) Trastorno de la excitación sexual en la mujer. 2)
Trastorno de la erección en el varón. C) Trastornos orgásmicos: 1) Trastorno
orgásmico femenino. 2) Trastorno orgásmico masculino. 3) Eyaculación precoz.
D) Trastornos sexuales por dolor: 1) Dispareunia. 2) Vaginismo.
II - Las Parafilias: 1) Exhibicionismo. 2) Fetichismo. 3) Frotteurismo. 4)
Pedofilia. 5) Masoquismo sexual. 6) Sadismo sexual. 7) Priapismo. 8)
Ninfomanía. 9) Voyeurismo. 10) Escatología telefónica (llamadas obscenas).
11) Necrofilia. 12) Parcialismo (atención centrada exclusivamente en una parte
del cuerpo). 13) Zoofilia. 14) Coprofilia. 15) Clismafilia (enemas). 16) Urofilia
(orina).
III - Los Trastornos de la identidad sexual: 1) Homosexualidad. 2)
Bisexualidad. 3) Travestismo. 4) Transexualismo.
Como se puede observar, he reemplazado el término psicopatías por el de
trastornos borderlines porque más que un trastorno específico de la personalidad,
representa, como sostienen algunos autores" cuyas ideas comparto, un grupo de
38 Cf. O. GABBARD GLEN, Psichiatria psicodinamica..., pág. 421; V. L1NGIARDI, La personalitá e i suoi dis-
turbi. Un'introduzione, II Saggiatore (Milano 2000) págs. 143-176

126
PBRO. Lic. CARLOS BACCIOLI
trastornos (los trastornos paranoide, esquizoide, esquizotípico, narcisista, antiso-
cial o asocia] o psicopático, histriónico...), entre las neurosis y las psicosis, por
el grado de disociación que los caracteriza" y que oscila entre el estado neuróti-
co grave y el estado psicótico muy grave.
Hay que tener en cuenta, además, que en varios casos las personas pueden
presentar síntomas de varios trastornos de la personalidad juntos, con el predo-
minio de uno de ellos. Por ejemplo, trastorno narcisista y trastorno histriónico de
la personalidad, juntamente con un trastorno de la identidad sexual (homosexua-
lidad o bisexualidad).
5.2. Otra dificultad que los jueces encuentran:
1) Muchas veces los peritos en sus pericias se limitan solamente a describir
síntomas (por ejemplo, fobias, angustia...), o utilizan expresiones generales (por
ejemplo dicen que la persona peritada presenta "inmadurez", o "problemas de
carácter" o que "tiene problemas psíquicos"...), sin especificar a que trastorno de
la personalidad se refieren y cual es el nivel de su gravedad. Estas expresiones
son insuficientes porque son muy amplias y deben ser precisadas.
2) Propuesta:
a) Del tema de la inmadurez (que se caracteriza por una afectividad infantil,
inestabilidad afectiva, dependencia afectiva, egoísmo, inseguridad, irresponsabi-
lidad...), se han ocupado numerosas sentencias rotales e investigaciones doctri-
nales recientes". Pero hay que aclarar que esta expresión es tan amplia en psico-
logía como la palabra "fiebre" en medicina, la cual puede ser síntoma de un
pequeño malestar (por ejemplo, de un resfrío) o de un problema grave o muy
grave (como puede ser, por ejemplo, una apendicitis o un cáncer). También en el
caso de la inmadurez, primero hay que distinguir entre la inmadurez racional y
la inmadurez relacional (afectivo-sexual). Además hay que distinguir si se trata
39 Cf. AA.Vv., La dissociation hystérique: L'évolution psychiatrique, Vol. 64, n. 4 (1999) págs. 717-789.
40 Cf. J. BONET ANCÓN, La salud psíquica y ética de los futuros contrayentes: AA.Vv., Curso sobre la pre-
paración al matrimonio, Educa (Buenos Aires 1995) págs. 109-112; ID., Elementos de derecho matrimo-
nial canónico sustantivo y procesal, Educa (Buenos Aires 2000) págs. 102-111; A. AMATI, L'incidenza
dell'immaturitá psico-affettiva sul consenso matrimoniale canonico
(can. 1095), Off. Libri Catholi.
(Roma 1994); P. BIANCHI, Le -causae naturae psychicae" delrincapacitá: AA.Vv., L'incapacitá di assu-
mere gli oneri essenziali del matrimonio,
Libreria Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1998) págs. 151-
153; ID., 11 canone 1095, Glossa (Milano 1996) págs. 76-78. J. J. GARCIA FAÍLDE, Manual de Psiquiatría
forense canónica, (Salamanca 1991) págs. 80-88; ID., Trastornos psíquicos y nulidad de matrimonio,
Universidad Pontificia (Salamanca 1999) págs. 442-449; DE CARO, L'immaturitá psico-affettiva nel matri-
monio canonico: AA.Vv., L'immaturitá psico-affettiva nella giurisprudenza della Rota Romana, Libreria
Editrice Vaticana (Cittá del Vaticano 1990) págs. 1-14; J. M. PINTO GÓMEZ, L'immaturitá affettiva nella
giurisprudenza rotale,
ib., págs. 15-40; C. GULLO, L'immaturitá psico-affettiva nell'evolversi della giu-
risprudenza rotale,
ib., págs. 104-138; S. PANIZO ORALLO, La inmadurez de la persona como causa de
nulidad matrimonial: AA.Vv. Curso de derecho matrimonial y procesal canónico para profesionales del

foro, Vol. VIII, Universidad Pontificia (Salamanca 1989) págs. 9-66; ID., La inmadurez de la persona y el
matrimonio, Universidad Pontificia (Salamanca 1996); A. MENDONA, Rotal approaches to affective
immaturity as a cause of consensual incapacity for marriage: SC
Vol. 32/2 (2000) págs. 293-354.

PROPUESTAS DESDE LA PSICOLOGÍA PARA UNIFICAR LOS CRITERIOS. . .
127
de la inmadurez propia de la edad o si se trata de un síntoma de algún trastorno
leve o moderado de la personalidad, ambos casos insuficientes para motivar una
verdadera incapacidad matrimonial, o si finalmente, la inmadurez es un síntoma,
juntamente con otros, de algún trastorno grave de la personalidad de tipo neuró-
tico o borderline o psicótico41 .
Mons. J. Bonet Alcón precisa el tema aclarando que "la inmadurez afectiva no
constituye por sí misma una causa jurídica de nulidad del matrimonio; lo que quie-
re decir que la inmadurez afectiva en tanto puede incidir en la nulidad del matri-
monio en cuanto la inmadurez afectiva pueda reconducirse a alguna de las dos cau-

sas jurídicas de grave defecto de discreción de juicio y/o de incapacidad para asu-
mir/cumplir las obligaciones esenciales del matrimonio... dicha inmadurez de

ordinario va unida a otras anomalías psíquicas; y así la inmadurez afectiva es una
de las características de los neuróticos, de los psicópatas, de los ciclotímicos, como
que lo que caracteriza a los neuróticos es el trastorno afectivo de la angustia, a los
psicópatas es el trastorno afectivo de los impulsos agresivos que no pueden domi-

nar, a los ciclotímicos es el trastorno afectivo de la depresión o de la euforia'''.
b) Lo mismo que se dijo de la inmadurez hay que decirlo también de los lla-
mados, en términos generales, "problemas de carácter" o "incompatibilidad de
caracteres' 43 de uno o ambos esposos que algunos tribunales eclesiásticos han
considerado, en el pasado, como motivo suficiente de nulidad matrimonial. En

general la palabra "carácter" es utilizada como sinónimo de "personalidad". Por
eso "tener carácter" significa tener una personalidad fuerte, sociable, expansiva,

que sabe hacerse respetar. Por su parte la expresión "problemas de carácter" o
"incompatibilidad de caracteres" puede significar una persona asociable, dura,
taciturna, rígida, obstinada, fría, inflexible, prepotente, insoportable...
Es decir, existen personas que si viven solas tienen un comportamiento rela-
tivamente correcto, aún cuando sea un tanto extraño, pero que en compañía de
otra persona resultan inaguantables. La expresión "problemas de carácter" puede

significar, entonces, sinónimo de "carácter distinto", "carácter difícil" pero nor-
mal. Pero también puede ser síntoma de algún trastorno grave de la personalidad,
una verdadera caracteropatía. Solamente en este caso se puede hablar de posible
nulidad matrimonial.

Cada una de estas formas (inmadurez, problemas de carácter...), entonces,
tiene un valor clínico diferente que debe ser tenido en cuenta a la hora de eva-
luarlas canónicamente.
Por eso es importante que los jueces pidan a los peritos que describan los dis-
41 Cf. J. J. GARCÍA FAÍLDE, Trastornos psíquicos..., págs. 450-451.
42 J. BONET ALCÓN, La salud psíquica... , págs. 110-112; ID., Elementos de derecho... , págs. 109-111. Cf. P.
BIANCHI, Le -causae naturae psychicae" dell'incapacitá: AA.VV., L'incapacitá di assumere... , págs. 151-153.
43 Cf. S. PANIZO ORALLO, El matrimonio a debate hoy. Nulidades en el dos mil, Trivium (Madrid 2001) págs.
26-36.

128
PBRO. LIC. CARLOS BACCIOLI
tintos síntomas que presenta la persona sometida a peritaje, pero que además les
exijan que especifiquen: 1) el trastorno de la personalidad al que pertenecen
estos síntomas; 2) su nivel de gravedad; 3) y si ambos estaban presentes, en

forma manifiesta o latente, al momento de contraer matrimonio".
Conclusión: Esta forma de aunar criterios, que he propuesto, ayudará cierta-
mente a una mejor traducción en términos jurídico-canónicos de los resultados de
las pericias psicológico-psiquiátricas, permitiendo así al juez que su dificil come-
tido de tratar con seriedad causas difíciles, como las relativas a las incapacidades
psíquicas para el matrimonio, teniendo siempre presente la naturaleza humana, la
vocación del hombre y, en conexión con ello, la justa concepción del matrimo-

nio, sea "ciertamente un ministerio de verdad y de caridad en la Iglesia y para la
Iglesia'.


44 Por ejemplo, el trastorno esquizofrénico de la personalidad es considerado como posible causal de nuli-
dad del matrimonio porque, siendo de origen temprano (algunos autores hablan de la presencia de este
trastorno ya durante el embarazo), ciertamente es grave aunque haya estado presente en forma latente en
el momento de contraer.
45 JUAN PABLO II, Discurso del 5-2-1987 al Tribunal de la Rota Romana: Enchir. Fam. Vol. V, n. 9, pág. 4591.

AADC VIII (2001) 129-164
EL REVÉS DE LA TRAMA
DE LOS MATRIMONIOS NULOS
Mons. Dr. José BONET ALCÓN
SUMARIO: I. Introducción; II. La preparación al matrimonio y los matrimonios nulos
tomados en general; III. Intermedio: uha aspecto evangélico de la preparación
al matrimonio; IV. La preparación rd matrimonio y los matrimonios nulos en
particular; 1. Las causas psíquicas; 2. La exlusión de la prole; 3. La exclusión
de la fidelidad; 4. La exclusión de la indisolubilidad; 5. Violencia o miedo
grave; 6. Error y dolo; 7. Otras causales de nulidad; V Conclusiones
I. Introducción
El CIC expone en forma negativa aquello que impide la validez de un matri-
monio, bien sea por la existencia de una ley inhabilitante de las personas para con-
traer, por causa de algún impedimento dirimente; bien por la existencia de una ley

irritante o invalidante del acto psicoético de consentir, es decir, por un vicio del
consentimiento; o bien por la falta de forma canónica, que constituye una solem-
nidad jurídica necesaria para que un matrimonio se realice válidamente.
Dejamos de lado la discusión teórica de si las causas psíquicas de nulidad matri-
monial debieran incluirse entre los impedimentos o entre los vicios de consenti-
miento, como de hecho están, a nuestro modesto modo de ver con buen criterio.
Es lógico que se dé la indicada formulación negativa en el CIC, porque el
matrimonio goza del favor del derecho' y lo que se busca es dilucidar cuando
concretamente un matrimonio es nulo. En todos los otros casos, cuando no tenga
la causal jurídicamente determinada por el derecho, el matrimonio será válido.
Esa validez será la misma, tanto si es un matrimonio fracasado, como si lo es exi-
toso y feliz; tanto si la convivencia lleva consigo sufrimiento e injusticia de uno
o de ambos cónyuges, o si la convivencia es tranquila y gozosa; tanto si se apagó
el amor, como si subsistió y creció; tanto si la familia que surgió del matrimonio
está llena de tensiones, agobios, angustias, o si es una escuela de virtudes, una

1 Cf. can. 1060.

130
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
iglesia doméstica, abierta a la vida, a la oración, al testimonio del Evangelio, al
apostolado social, a la solidaridad hacia los pobres, a la amistad'.
Vemos, pues, aunque más adelante retomaremos el tema, la distancia entre
matrimonio válido y matrimonio santo.
A la indicada formulación negativa del CIC se agrega la de la Jurisprudencia
de la Rota Romana, de tanta riqueza y precisión, que tiene siempre en la mira
cuando un matrimonio carece de aquellas condiciones mínimas, indispensables,
para que pueda considerarse verdadero y no sólo aparente. Por eso también aquí
tendremos una forinulación negativa, en el sentido indicado.
Y todavía queda la pastoral de los tribunales eclesiásticos que pone algunos
matices, sobre todo en los cultores del Derecho, dedicados durante muchos años
a oficios eclesiásticos en ese campo.
En primer lugar, más allá de lo establecido en el Código teóricamente, y aún en
la jurisprudencia Rotal, tomada en sentido amplísimo, casi exhaustivo, esta pasto-
ral "jurídica" diocesana o interdiocesana nos indica cuáles son las causales de nuli-
dad más frecuentes en una época determinada, en concreto, en el presente. Y quizá
también en algún lugar determinado. Esto acota o delimita el campo a examinar.
En segundo lugar, si bien la mira está puesta en verificar si el matrimonio es
válido o nulo, en los casos concretos aparece también la separación de los cón-
yuges, subsista o no el vínculo. Y si se acoge, como corresponde hacer a los tri-
bunales eclesiásticos, a los cónyuges y sus allegados, con entrañas de misericor-
dia —inclinando el corazón al inmenso sufrimiento anclado en la afectividad trun-
cada de los hombres— entonces no tenemos una fría, cuasi geométrica decisión
sobre validez o nulidad. Tenemos también la palabra de consuelo y el inevitable
juicio de la mente sobre si esa hipotética nulidad —y el dolor con el que se la
acompaña— hubiera o no podido ser evitado. A veces se "palpan" las terribles
consecuencias que el pecado pone en la convivencia más íntima, y cómo en el
orden natural "la corrupción de lo mejor da por resultado lo peor'.
Todo lo anterior debe ser bien entendido, sin que una falsa caridad, desvin-
culada de la verdad, lleve a declarar nulo un matrimonio que realmente no lo sea,
para permitir que una nueva unión de las partes sea. "convalidada" con un
"matrimonio" religioso, que para Dios no sería tal. Las sentencias de nulidad
matrimonial nunca deben ser divorcios encubiertos. Pero eso no quita para que,
en los procesos que desemboquen en la resolución de que no consta la nulidad
matrimonial, exista un modo y un trato pastoral, paternal, que sea como el inicio
de la pastoral especializada que deba desarrollarse en otros ámbitos. Y, en los
2 Juan Pablo Il cumplió uno de los sueños más acariciados desde los inicios de su pontificado: elevar a los
altares conjuntamente a un matrimonio. Se trata de una pareja de católicos de la ciudad de Roma. Tres de
sus cuatro hijos que todavía viven participaron en la beatificación de Luigi Beltrame Quattrocchi y su
esposa, María Cousini, el 21 de octubre de 2001.
3 Cf. J. BONET ALCÓN, La pastoralidad de los tribunales eclesiásticos, en AADC 7 (2000) 191-201.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
131
casos en que la nulidad matrimonial sea real, verdadera, también debe haber algo
muy superior a un simple documento; debe haber un calor afectivo, paternal y
hasta "maternal", con la maternidad de la Iglesia, que acompañe todo el proceso
hasta su culminación.
Por otra parte, nos encontramos con la pastoral matrimonial, que se ve tantas
veces urgida por la necesidad de atender los casos difíciles y las situaciones fami-
liares irregulares4.
Pero el centro de nuestra consideración, aunque podría extenderse a los dos
ámbitos señalados en el párrafo anterior, lo vamos a limitar a la preparación
matrimonial próxima, que de hecho es defectuosa, insuficiente, sin que quizá
exista una plena toma de conciencia de su importancia.
II. La preparación al matrimonio y los matrimonios nulos, tomados
en general
Es claro que el "revés de la trama" de los matrimonios nulos, a que nos esta-
mos refiriendo, lo más opuesto a éstos, son los matrimonios no sólo válidos, sino
virtuosos, felices y hasta santos. Es a lo que debería apuntar la preparación matri-
monial. Dejamos de lado la preparación remota' y la inmediata "para una fruc-
tuosa celebración litúrgica'". Nos limitamos a "la preparación personal para con-
traer matrimonio, por la cual los novios se dispongan para la santidad y las obli-
gaciones de su nuevo estado'". Ubicados en este punto nos preguntamos sobre la
utilidad de la experiencia pastoral de los tribunales eclesiásticos y de los matri-
monios nulos, tomados en concreto, como aporte para esa pastoral.
Ante todo, hay algo obvio, aunque elemental: el conocer los casos de los
matrimonios nulos ayuda a evitar que se incurra en invalidez en aquellos novios
que se preparen a contraer matrimonio. Es cierto que el ius connubii, la decisión
de contraer matrimonio, es de derecho natural, y por ello en la duda no se puede,
hablando en general, negar la "asistencia", la forma canónica, ni cuando se pre-
vea que la relación no va a durar, que es imprudente, etc. Se puede aconsejar,
pero no ir más allá. Sólo cuando haya certeza moral de que el matrimonio será
inválido se deberá negar la celebración del mismo.
Sin embargo, el Código prevé la posibilidad de que el Ordinario del lugar
prohiba a sus propios súbditos, en un caso particular, temporalmente, la celebra-
ción de un matrimonio, por causas graves y mientras éstas duren. Esto, aunque
4 Cf. Familiaris Consortio, nn. 77-85; y J. MEDINA ESTÉVEZ, en Pastoral de las situaciones familiares irre-
gulares, págs. 54-76.
5 Cf. can. 1063, 1°.
6 Cf. can. 1063, 3°.
7 Cf. can. 1063, 2°.

132
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
sólo la autoridad suprema de la Iglesia pueda añadir a esta prohibición una cláu-
sula dirimente'.

Por otra parte, no debemos olvidar la necesidad de la licencia del Ordinario
del lugar para asistir a los matrimonios en los siete casos que establece el can.
1071, lo cual nos indica las cautelas que la Iglesia establece aún para los casos
en los que no estaría en juego la validez del matrimonio.
Junto a ello debernos tener en cuenta la necesidad de determinar en la senten-
cia las obligaciones de las partes derivadas del juicio, y el modo como han de
cumplirse9. Y, más todavía, con relación a la nulidad matrimonial, confirmada en
segunda instancia por sentencia o decreto, está la posibilidad de que un nuevo
matrimonio sea prohibido por un veto incluido en dicha sentencia o decreto'. El
Código no pone a los jueces ninguna limitación en cuanto al referido vetitum con
respecto a un nuevo matrimonio. Entendemos que esa medida cautelar de tipo pas-
toral, administrativo, más que judicial, no puede estar absolutamente subordinada
a las causales de nulidad consideradas afirmativas en la parte dispositiva de la sen-
tencia. Quizá no se probaron plenamente las causas psíquicas planteadas, pero es
claro que existen, quizá en la fecha de la sentencia más gravemente que cuando se
contrajo matrimonio; quizá estén plenamente probadas las exclusiones de la prole
y/o de la fidelidad y/o de la indisolubilidad, pero no hay definición sobre ellas,
porque no se plantearon en la fórmula de dudas; quizá hubo miedo grave padeci-
do por un cónyuge y producido por el otro, o una coacción moral grave o error
doloso, y tampoco se tuvieron en cuenta en la sentencia de primera instancia,
mientras que en la segunda se considere que hay prueba plena y certeza moral
sobre la existencia de dichas causales. ¿Deberemos en tales casos considerar el ius
connubii
tan importante que no se pueda imponer el mencionado vetitum?
Nuestra modesta opinión es que el nuevo matrimonio en tales casos debe ser
prohibido por un veto incluido en la sentencia o decreto. Ello obligará a que se
adopten cautelas para que dicho nuevo matrimonio no vuelva a ser nulo y que
quizá se eviten muchos eventuales sufrimientos que posiblemente o probable-
mente causará aquél que ya hizo sufrir mucho a su cónyuge en la unión matri-
monial que fue declarada puramente aparente. Por otra parte, entendemos que el
derecho natural a casarse no queda afectado, porque el veto afecta sólo a la lici-
tud y no a la validez del matrimonio; y porque —aunque sea de modo diverso
según los casos y lugares— lo más común y frecuente es que pueda ser levantado
con relativa facilidad y constituya una ayuda para una más plena conciencia de
las obligaciones matrimoniales. Al mismo tiempo, aunque esto sea secundario, se
evita que un cónyuge gravemente culpable, exhiba como un trofeo que la cons-
8 Cf. can. 1077.
9 Cf. can. 1611, 2°.
10 Cf. can. 1684 § 1.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
133
tancia de la nulidad, es, por determinados motivos, sólo por causales que afectan
al otro cónyuge y que sólo al mismo se refiere el indicado vetitum.
Por otra parte, con la seguridad de que se contraerá un matrimonio válido,
todavía nos encontramos a gran distancia para preparar un matrimonio cristiano
y, mucho más, un matrimonio santo.

Ahora bien, insistimos en nuestros interrogantes. El "revés de la trama" de
los matrimonios nulos ¿sirve tan sólo para brindarnos lo que son matrimonios
"ajustadamente" válidos, fracasados pero válidos, infelices pero válidos? ¿O
sirve para algo más, sacando consecuencias, profundizando más, viendo situa-
ciones análogas, que parcialmente se repiten, aunque, tomadas en su integridad,
sean únicas e irrepetibles? Este "revés de la trama" ¿puede brindar enseñanzas
importantes para la preparación matrimonial?

La experiencia en los oficios de los tribunales eclesiásticos, en la docencia
del Derecho matrimonial canónico y la recepción de consultas de muchos casos
a lo largo de muchos años, nos induce a pensar, casi como un
apriori, que habrá
de confirmarse después, que nos llevaremos grandes sorpresas.

Porque en los juicios de nulidad se repiten hechos, como las relaciones pre-
matrimoniales, los embarazos prematrimoniales, los abortos prematrimoniales. Y
porque aparecen repetidas "figuras", entre otras muchas, como la del "machis-
mo", la del psicópata perverso, la del débil sexualmente, la del homosexual, etc.
Esto sólo como botón de muestra".

En el primer caso, expuesto brevemente, está la concepción de que la mujer es
inferior; que debe recluirse en el ámbito hogareño —aunque esto hoy por los pro-
blemas económicos no sea tan fácil—; y, sobre todo, se sostiene que ella está obli-

gada a la fidelidad, mientras que el varón tiene "piedra libre" para todos los adulte-
rios. A éstos se los considera un "derecho" y hasta un "deber"; incluso en esa men-
tal idad al que no tiene relaciones extra matrimoniales se lo llega a considerar "poco

hombre", "le falta virilidad", etc. Esto es sostenido sociológicamente, haciendo
alarde. Pero simultáneamente se afirma la indisolubilidad del vínculo y el compro-

miso de mantener la familia, educar a los hijos, etc. Es, más o menos, el "derecho"
a tener amantes, generalmente poco estables. En esas relaciones lo que cuenta es el
placer desvinculado del amor. Éste es un dibujo que, a veces, se da muy nítidamente
y otras mezclado con otras características, ancladas en la psiquis de las personas o
en su voluntad, envolviendo quizá otras exclusiones, además de la fidelidad.

Es evidente que en el ámbito sociológico en que nos encontramos y el abru-
mador bombardeo de los medios masivos que ofrecen sus modelos de conducta
tan anticristianos y antinaturales, debe aplicarse en la preparación matrimonial el
viejo principio contrariis contraria vincunt. Y habrá que insistir en los grandes
11 Cf. J. BONET ALCÓN, La pastoralidad... , 191-201.

1 34
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
valores de la fidelidad, así como, en el plano sobrenatural, en el valor y el poder
de la gracia sacramental, así como lo que significa el pecado señalado, con su
doble malicia, contra la castidad y la justicia. Y más gravemente contra ésta. Pero
también, frente a la falsa imagen difundida por doquier por el poder cultural que
nos envuelve, habrá que inculcar la convicción obvia de que el placer es siempre
mayor en personas sanas, cuando es realmente compartido y cuando no sólo va
acompañado sino que es expresión del amor conyugal, algo tan maravilloso y tan
poco conocido. Y habrá que inculcar el plus que obviamente se obtiene en ese
campo con la estabilidad y la seguridad de la permanencia, frente al desencanto
de la fugacidad. A lo cual se agrega esa cuasi sacramentalidad permanente que el
matrimonio lleva consigo, en donde el amor de Dios y la ayuda natural y sobre-
natural de Dios circulan y se reciben a través del cónyuge.
Otro caso indicado es el del "psicópata perverso". Los dos términos parecen
contrapuestos, pues el primero hace referencia a enfermedad mental y el segundo
a corrupción moral. Pero, de cualquier modo, un casamiento realizado con alguien
así diagnosticado, llevará consigo grandes sufrimientos para el cónyuge durante la
convivencia y, muy probablemente, se habrá tratado de un matrimonio nulo. Se
trata de alguien en quien anida la crueldad y goza con ella. Hacer sufrir es su ali-
mento. Es incapaz de arrepentimiento. Y la intimidad conyugal se le presenta
como el lugar más propicio para encontrar el placer creando pánico y dolor en el
plano físico, psicológico y espiritual de la mujer "objeto" sobre la que tomó pose-
sión absoluta. Si la destrucción total que anhela no la produce, es porque se pri-
varía en el futuro de su mayor y más fácil instrumento de placer, permanentemente
a su disposición. Ahí su calculada frialdad le pone algún límite. Presentamos, en
cierto modo, el caso extremo para percibir mejor esta realidad. Pero la experien-
cia de los tribunales eclesiásticos encuentra no pocos casos en los que las situa-
ciones y los detalles están todavía más sobrecargados de perversidad y violencia.
Sin entrar en tecnología científica sobre el tema, entendemos que aquí, en
parte se engloba y en parte se rebasan los límites de los comunes casos de sadis-
mo. Aunque a veces el masoquismo de la cónyuge sometida ayude a prolongar,
siempre en lapsos de tiempo reducidos, la "infernal" convivencia.
Estos casos también existen, y, en el mundo actual, con más frecuencia de la
que se cree. Además, no es raro que se den inicialmente enmascarados y pasen
inadvertidos. Debemos tener presente que desde edades tempranas se ha vivido
muchas veces la violencia en el propio hogar y que a ella se la siembra masiva-
mente en los medios audiovisuales de todo tipo; en ellos la pura fuerza se pre-
senta de continuo como uno de los pocos valores absolutos. No está al servicio
de la razón, del bien, de la justicia, de los derechos humanos; sino que es autó-
noma. Y se ejercita en una relación poder-sometimiento con la cónyuge, que
lleva consigo la crueldad del primero y el sufrimiento de la segunda.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
135
La preparación matrimonial deberá enfrentar la ímproba tarea de detectar
estos casos, con sus diversos matices, con sus amalgamas con otros problemas
psíquicos y éticos; deberá tratar de captar sus causas y desmontar tales estructu-
ras. Y, sobre todo, positivamente, deberá tratar de que se siembre en los corazo-
nes, a raudales, el amor. Tendrá que procurar que penetre, con una fuerza arro-
lladora, la convicción de qué la felicidad, que en el fondo todos apetecen, está
inexorablemente vinculada al amor. Y esto omni, soli, semper.
También nos referimos al caso, mil veces repetido en la intimidad conyugal, de
la debilidad sexual. No se trata de impotencia porque el matrimonio es finalmente
consumado. Esa consumación podrá tener lugar tras repetidos intentos fallidos, por
diversos motivos. Y cuando el acto conyugal tiene lugar será sin ningún juego amo-
roso previo ni consecuente, con la carga de frustración que ello lleva consigo.
Dejamos de lado los casos de frigidez en la mujer y tampoco nos referimos
ahora a la homosexualidad o bisexualidad. Estamos ubicados en la heterosexua-
lidad. También dejamos de lado lo que el Dr. Gregorio Marañón indica como
sexualidad poco definida, con un área afectiva desmesuradamente amplia —una
de las múltiples figuras de inmadurez— y que, al revés de lo que se piensa, le hace
concluir que existe poca virilidad en la figura de Don Juan.
Aquí nos concretamos a los casos, que aparecen en las causas de nulidad
matrimonial y en las consultas, expuestos con mucho temor, en que el varón no
responde como tal en la intimidad conyugal. Eso le lleva a exigir actos antinatu-
rales, a violencias ejercidas sobre el cónyuge y a tratar de buscar o aproximarse a
las clásicas perversiones psicosexuales. Generalmente esto va unido a la falta total
de aceptación del propio problema y, por lo tanto, de la adecuada consulta, trata-
miento y medicación, etc. Además, se une a un exagerado alarde, directo o indi-
recto, de la propia virilidad en el ambiente social en que se mueve la persona.
Esta realidad que se desea a toda costa ocultar, que se niega psicológicamen-
te, que constituye una dolorosa duplicidad, desemboca siempre en tratar de "des-
truir" física, psicológica, moral y sociológicamente a la única testigo de aquello
que se sufre profundamente y se considera humillante. Entonces sobreviene el
menosprecio de la cónyuge, la exigencia de silencio, las amenazas, el someti-
miento por la vía del terror, el destruir en ella la más mínima autoestima y, por
supuesto, el quitarle toda credibilidad social.
El problema no está, en el caso que consideramos, en la esterilidad, sino en
la falta de la capacidad normal para el acto conyugal (quizá proveniente de abu-
sos tempranos de la sexualidad). Y también se trata de volcar sobre la cónyuge
la causa del problema, con falsedad.
Una vez más, sin entrar en aspectos técnicos, en la preparación al matrimo-
nio se deberá tener presente la posibilidad indicada, relativa a la debilidad sexual.
El consejo fundamental, básico, frente a ella será encararla con sinceridad y

136
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
humildad, y también con paciencia y confianza, como problema superable. Quizá
se deba consultar a un experto asesor espiritual y conjuntamente al andrólogo, al
psicólogo y al psiquiatra, obteniendo ayuda adecuada, incluyendo, si fuera el
caso, medicación. Para animar a dichas consultas se debe tener clara conciencia
de que "para los limpios todo es limpio"u; y de que honestis verbis, todo se puede
e incluso se debe hablar para la paz y el bien de las almas. A ello mucho puede
contribuir el no encerrarse en el propio problema, la oración, el amor a Dios y el
verdadero amor al cónyuge, que debe hacer reaccionar de un modo diametral-
mente opuesto al descrito ocultamiento resentido, que suele tener lugar. No hay
que olvidar, también con relación a las situaciones señaladas, que "la gracia sana
la naturaleza y la perfecciona". El ejercicio del ministerio sacerdotal, con aseso-
ramiento espiritual entre los jóvenes, lleva a la convicción de que muchos pro-
blemas de la afectividad y de la sexualidad encuentran una reordenación o una
curación, casi insensible por la gracia de Dios permanente y creciente en una
intensa vida cristiana. Lógicamente, sin dejar de poner los medios naturales ade-
cuados. Y, por el contrario, adelantar al noviazgo lo que pertenece al matrimonio
suele ser fuente de problemas futuros.
Con relación al caso que nos ocupa, se podría distinguir si el problema es o
no conocido antes del casamiento. En el primer caso, no hay que pensar que éste
posea un efecto mágico en el que se confíe ocultando el problema. Esto no sería
obrar con rectitud sino que las consultas y las eventuales terapias deberían
comenzar de inmediato. También podrá percibirse la anomalía indicada después
de contraído el matrimonio, y es prudente tener un médico de total confianza, por
su capacidad, conocimiento del tema y rectitud moral, al cual recurra el varón; y
quizá una psicóloga de iguales características a la que recurra la mujer. Lo ideal
es que para los primeros pasos del matrimonio se hayan adquirido consejos pre-
cisos, a los efectos de que todo proceda con nobleza, delicadeza y gracia de Dios.
Esta siempre va a tender a que el acto conyugal sea una expresión de amor, sub-
ordinado al crecimiento del amor y que busque, en primer lugar el bien del otro.
Todavía en un ámbito general hemos mencionado el caso de la homosexuali-
dad. Sobre ella se deben tener presentes las orientaciones doctrinales y pastora-
les de la Santa Sede'. Y, con respecto a la experiencia de los tribunales eclesiás-
ticos, señalamos que es frecuente que ella sea consciente y que se dé en personas
refinadas e inteligentes. Y que se busque instrumentalizar el matrimonio a los
efectos de obtener una respetabilidad social y quizá un intento de superar el pro-
blema. Aunque esta segunda motivación aparezca con mucha menos fuerza que
12 Tit 1, 15.
13 Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la aten-
ción pastoral a las personas homosexuales, Roma 1986.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
137
la primera. Sobre el tema nos remitimos a una reciente publicación nuestra en la
que se cita importantes Sentencias de la Rota Romana'''.
En cuanto a las consecuencias sobre el cónyuge es frecuente que se den
características similares a las descritas en la situación anterior, cuando la homo-
sexualidad es propia del varón. Pero, se trata de algo objetivamente distinto a los
casos precedentes. Porque, corno es sabido, aquí lo que existe es la inclinación
habitual de la persona, en el orden erótico y sexual, hacia las personas de su

mismo sexo. Entonces, también tenernos una repulsa hacia el cónyuge, a veces
casi invencible, e imposible de disimular. Y si eso se quiere ocultar, el único tes-
tigo de la anomalía o desorden deberá ser también "anulado", mediante el menos-

precio, pretendidas u obligadas relaciones antinaturales, falta total de manifesta-
ciones físicas de afecto y un reiterado enrostrar culpabilidad sobre el cónyuge,
atribuyéndole, con mentira, lo inservible o inexistente en él de atractivo sexual.
En los varones, mucho más que en las mujeres, la homosexualidad va acompa-
ñada de transexualismo, es decir, del sentimiento o el deseo de pertenecer al otro
sexo. Esto convierte la intimidad conyugal en una verdadera tortura. Y, por otra
parte, si algún mínimo acercamiento se da, va acompañado de fantasías en las
que se sustituye al cónyuge por personas del propio sexo.

En lo relativo a la preparación al matrimonio, hay que tener en cuenta la posi-
bilidad de que el mencionado desorden exista, dado el alarde que de él se realiza
en diversas expresiones del imperialismo cultural, el modo cómo se lo justifica y
reivindica y hasta se lo realza. Ello por el antinatalismo que lleva consigo y que

se quiere promover y extender por todos los medios, sobre todo entre los menos
dotados económicamente. Por ese motivo los casos se han multiplicado notable-

mente. Es claro que el primer discernimiento deberá ser sobre si se trata de un
vicio insanable por su arraigo en la persona, su duración, el constituir un hábito

inveterado, etc. Entonces no se debe contraer matrimonio. Pero hay otros casos
en que la anomalía puede ser curada. Eso, como nos lo dice la dirección de almas
y la experiencia de psiquiatras y psicólogos católicos, depende de la fijación de

la anomalía en la persona y, como lo expresamos en otro lugar'', depende muy
especialmente de la reacción moral del sujeto respecto a su problema. Esto es
capital y debe abarcar también el mundo interior de las personas. Aquellas que
se complacen en su homosexualidad no pueden ser curadas. Aquellas que la
sufren y la rechazan con su voluntad sí que lo pueden. Por supuesto que es nece-
sario, no sólo el ascetismo que las lleve a abstenerse de los actos, sino también el
combate espiritual en los pensamientos. Y también aquí se debe mencionar el
aspecto sanante de la gracia de Dios que actúa en aquellos que usan los medios
sobrenaturales. A través de la dirección espiritual, se percibe que suelen ser muy

14 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho matrimonial canónico, Buenos Aires 2000, págs. 116-121.
15 Cf. ibidem, pág. 119.

138
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
eficaces; pero se debe lamentar que sea muy reducida la cantidad de personas que
los usa. De ahí que personas autorizadas afirmen que, estadísticamente, en los
grandes números, el problema de la verdadera homosexualidad es incurable y
que los matrimonios en los que exista son siempre nulos.
La experiencia, tanto de los tribunales eclesiásticos como de las consultas
matrimoniales, también dice que hay casos en los que la mujer ha sido objeto de
una tremenda crueldad y una verdadera tortura moral y psicológica, incluso pro-
longada durante años, por parte de su cónyuge homosexual, externamente muy
"educado" y socialmente destacado y valorado. Por eso en la preparación matri-
monial, ante la eventualidad de que tales cosas ocurran, se debe estimular la con-
fianza en la consulta a personas calificadas y especializadas, sacerdotes, psiquia-
tras y psicólogos, ginecólogos y andrólogos, acerca de cualquier anomalía en la
intimidad conyugal. Esto siempre que los consultores o asesores sean personas
que acepten y vivan plenamente la antropología cristiana.
III. Intermedio: Un aspecto evangélico de la preparación al matri-
monio
Tal vez llame la atención el que, en esta parte general, hayamos elegido
ejemplos en los que la "víctima" es la mujer. En realidad, la experiencia confir-
ma lo que la naturaleza indica: que la mujer está más marcada por la afectividad
que el varón. Y, por ello, son más los casos y mayor el sufrimiento que la tengan
a ella como destinataria en los conflictos, los desencuentros, los fracasos.
Aunque sin dejar de tener bien presentes casos muy claros en los que ha sido ella
la causante de mucho dolor en el varón. Pero es prevalente lo contrario. Todo esto
se debe calibrar y sopesar en la preparación matrimonial.
Al respecto, nos permitimos una breve digresión inspirada en las enseñanzas
de la Iglesia'. Hoy es difícil imaginarse hasta que punto en la antigüedad eran
consideradas las mujeres como seres inferiores. Hasta en la cumbre del pensa-
miento pagano, Sócrates las ignoraba completamente; Platón no encontraba sitio
para ellas en su organización social e incluso sexualmente las consideraba infe-
riores a los jovencitos; y Aristóteles juzga a la mujer "defectuosa e incompleta
por naturaleza"''.
Por otra parte, Jesucristo se encuentra con que las leyes imperantes conside-
raban a la mujer indigna de participar de la mayoría de las leyes religiosas; no
podían estudiar la torá, de ahí su analfabetismo en un país donde no había otra
cultura que la religiosa; ni podían participar en modo alguno en el servicio del
santuario. Y no se aceptaba en juicio alguno el testimonio de una mujer, salvo en
16 Cf. JUAN PABLO II, Mulieris dignitatem, 1988.
17 Cf. J. L. MARTÍN DESCALZO, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, II, El mensaje, Salamanca 2000, pág. 217

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
139
los problemas estrictamente familiares. Tres veces al día todo judío varón rezaba
así: "Bendito seas, Señor, porque no me has hecho gentil, mujer o esclavo". A lo
que la mujer debía responder, agachada la cabeza: "Bendito sea el Señor que me
ha hecho según su voluntad".

Frente a esto es llamativa la conducta de Jesús: los tres sinópticos señalan
como algo profundamente novedoso el que Jesús se hiciera acompañar habitual-
mente, durante su predicación, por un grupo de mujeres que fueron fieles hasta
el mismo calvario'9. Esto era inconcebible para las costumbres rabínicas de la
época, que prohibían hacerse acompañar por mujeres. También hablar con ellas
en la calle, en contra de lo que hizo Jesús con la madre de Santiago y Juan2"; y

con la samaritana'; y con la hemorroisa22. Tampoco estaba permitido dejarse ser-
vir por una mujer, y Jesús se deja servir por la suegra de Pedro", etc. Pensemos
en el asombro de los apóstoles al ver hablar a Jesús con la samaritana".
Jesús tampoco deja de lado a la mujer en sus milagros. Cura con normalidad a
varias mujeres en el evangelio". Y tres de sus prodigios más espectaculares, las tres
resurrecciones, las realiza por amistad hacia las hermanas de Lázaro"; por compa-

sión hacia la viuda de Naín27; o porque se trata de una jovencita, la hija de Jairo".
En las parábolas de Jesús aparece un lenguaje femenino, que es absoluta-
mente extraño al estilo de los rabinos de la época. Habla de la mujer que mezcla
el fermento a la masa29; del problema de la que ha perdido una moneda'"; de las
diez doncellas que esperan al novio de la boda'', de la viuda y el juez inicuo". Por
otra parte, compara el reino con una parturienta"; y habla con estima de mujeres
del antiguo testamento". En todos los casos se habla positivamente de las muje-

res, con aprecio, con elogio".
Más aún. En una civilización que negaba totalmente a la mujer el papel de
testigo en cualquier juicio o comprobación, Jesús aceptará a varias mujeres como
18 Cf ibidem, págs. 218-219.
19 Lc 8, 1-3; Mc 15, 40-41; Lc 23, 27-29.
20 Mt 20, 20.
21 Jn 4, 1-42.
22 Mt 9, 22.
23 Mt 8, 14.
24 Jn 4, 27.
25 Mt 9, 22; Lc 13, 10; Mc 1, 29; Mc 5, 25.
26 in 11, 1-44.
27 Lc 7, 14.
28 Mc 5, 4; Lc 8, 54.
29 Mt 13, 33.
30 Lc 15, 8.
31 Mt 25, 1-13.
32 Lc 18, 1-5.
33 Jn 16, 21.
34 Mt 12, 42; Lc 4, 25.
35 Cf J. L. MARTÍN DESCALZO, Vida y misterio... , pág. 220.

140
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
primeros testigos del hecho fundamental de toda su vida terrena, el que vertebra
esa vida y al que conduce: su resurrección gloriosa. Y no serán testigos "casua-
les", sino personas elegidas para testificar, oficialmente encargadas por Jesús
para testificar". Ellas fueron las primeras al sepulcro", a impulsos de su amor; y
se encargaron de trasmitir la gran noticia a los apóstoles y al propio Pedro". Los
cuatro evangelistas están de acuerdo en documentar este dato trascendental que
coloca a varias mujeres, y especialmente a la Magdalena, en la primera fila del
testimonio apostólico.
Todavía, en esta exaltación de la mujer, tenemos a María, que ofrece su divi-
no Hijo con un sacerdocio singular, al pie de la Cruz; y, por otra parte, se alcan-
za en ella la exaltación más grande de la maternidad, por la venida al mundo de
Dios mismo, asumiendo la naturaleza humana en sus purísimas entrañas, siendo
el varón totalmente excluido de la tarea activa de engendrar en este caso, el más
sublime y único que puedá jamás nadie concebir.
Esta valoración que Jesucristo realiza de la mujer estimamos que viene al
caso y es oportuno tenerlo en cuenta en la preparación matrimonial, por la con-
ciencia de que ella, en términos generales, es la que más sufre en los matrimo-
nios fracasados y la que es más sensible a las heridas de la afectividad.
Es cierto que los tiempos han cambiado e incluso, en parte por reacción, un
feminismo falso ha llegado a otorgar a la mujer el "derecho" al abominable y
odioso crimen del aborto; o el de la infidelidad; o el hedonismo, en variadas for-
mas, la anticoncepción, el autoerotismo, la sexualidad sin matrimonio y sin amor,
la vida promiscua, etc.
Pero fuera de esto, en aquellos lugares donde todavía no ha logrado morder
e inocular su veneno los centros del poder cultural portadores del virus antedi-
cho, todavía puede tener una cierta vigencia una supuesta inferioridad natural de
la mujer, en forma explícita o implícita.
Aunque el problema no es ni remotamente el que existía en la antigüedad o en
los tiempos y lugares de Jesús; ni tampoco el que se fue prolongando, atenuad()
por el cristianismo, a través de la Historia, sin embargo, la experiencia de los tri-
bunales eclesiásticos lleva a considerar oportunas las consideraciones dichas, en
orden a la preparación al matrimonio. Pensemos que en el presente mundo globa-
lizado, también culturalmente, para cientos e incluso miles de millones de perso-
nas, esa inferioridad se da. Tomemos sólo como botón de muestra lo que ocurre
en China o en el mundo musulmán, donde la mujer es muchas veces un objeto útil
para el trabajo o el placer; pero no un sujeto al que amar por sí mismo, con amor
de benevolencia, no ya simplemente de concupiscencia. Pensemos que con sólo
36 Cf. ibídem, págs. 221-222.
37 Mt 28, 1-2; Mc 16, 1-2; Lc 24-10.
38 Mt 28, 7; Mc 16, 7; Lc 24, 10; in 20, 1.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
141
estos dos bloques poblacionales nos acercarnos a la mitad de la humanidad que
vive en nuestro planeta, que la técnica ha convertido en una "aldea global".

Aún en nuestro ambiente, tan alejado de lo antedicho, puede ser frecuente que
el varón se sienta dueño de prohibir o permitir el trabajo profesional de la mujer,
aún cuando ella dé prioridad y plena atención a sus obligaciones familiares.

Además, esta referencia evangélica es conveniente para que se realice en la
preparación al matrimonio un enaltecimiento, hoy más necesario que nunca, de
la maternidad.
Por otra parte, notemos, en sintonía con la actitud de Jesús, con relación al
valor testimonial de la mujer, cómo en nuestros tribunales es frecuente que las
declaraciones de ellas sean más minuciosas, detalladas y hasta precisas, que las
de los varones. Aunque puedan existir numerosas excepciones.

Establecido esto, al pasar a un breve examen del "revés de la trama" en las
más frecuentes causas de nulidad matrimonial, entendemos que lo ideal para la
preparación al matrimonio sería que hubiera dos partes: una general, común; y

otra u otras varias, para situaciones o casos específicos, en cuanto a posibles difi-
cultades concretas previsibles en los casos singulares; y en cuanto a la posible
disposición más avanzada de las partes en la búsqueda de la santidad.

Debiendo optar en función de lo que nos indica la experiencia de los tribu-
nales eclesiásticos, dejaremos de lado diversos impedimentos dirimentes y la
falta de forma canónica, para referirnos sólo a algunos vicios del consentimiento
que se ven más repetidos desde los tribunales de segunda instancia o apelación.
IV. La preparación al matrimonio y los matrimonios nulos en parti-
cular

1. Las causas psíquicas"
Son las que con más frecuencia se presentan en los Tribunales Eclesiásticos,
en particular las que corresponden al can. 1095, 2° y al can. 1095, 3°. Ello ocu-
rre, en parte, por el deterioro bastante notable y generalizado de la salud mental;
y, en parte, quizá por algún exceso en los planteos cuando estarían más clara-
mente definidas las causas éticas y se prescinde de ellas; o cuando la situación de

las personas y la relación es fronteriza y se vuelca mucho más, cuantitativamen-
te hablando, a las causas psíquicas. Quizá exista una errónea convicción de que
39 Cf.. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho... , págs. 91-121; Sentencia de nulidad matrimonial por inca-
pacidad para asumir las obligaciones matrimoniales por anorexia, en AADC 5 (1998) 249-262; Aa.Vv.,
L'incapacita di intendere e di volere nel diritto matrimoniale canonico, Cittá del Vaticano 2000; Aa.Vv.,
L'incapacita di assumere gli oneri essenziali del matrimonio, Cittá del Vaticano 1998; L. RUANO ESPINA,
La incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas psíquicas, como capí-
tulo de nulidad,
Barcelona 1989.


142
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
esa vía es o más fácil o más segura para obtener la pretendida declaración de nuli-
dad matrimonial.
Pero, más allá de esto, no cabe duda que los problemas psíquicos que afectan
al matrimonio existen. De los cuatro ejemplos propuestos en la parte general, en
todos ellos o, al menos, en los tres últimos, puede estar implicada alguna causa
psíquica. Pero hay, lógicamente, muchísimos más. Pensemos, en el marco de la
vida conyugal y familiar lo que puede significar un trastorno paranoide de la per-
sonalidad: con una sensibilidad excesiva a los desaires; con una incapacidad para
perdonar agravios y una predisposición a rencores persistentes; con una suspica-
cia y tendencia generalizada a interpretar manifestaciones neutrales o amistosas
de los demás como hostiles o despectivas; con una conciencia de poseer derechos
mucho más allá de lo que objetivamente corresponde y al margen de la realidad;
con predisposición notable a los celos patológicos; con predisposición a sentirse
importante y superior, puesta de manifiesto con una actitud autorreferencial cons-
tante; con la preocupación por supuestas "conspiraciones" en su contra, sin fun-
damento, de acontecimientos del entorno inmediato o del mundo en general, etc.
Aún cuando se excluyan la esquizofrenia y las ideas delirantes, ¿puede ser huma-
namente soportable la convivencia con una persona así, sobre todo cuando las
características dichas alcancen dimensiones graves?
No nos detenemos en lo que constituye la llamada, a veces en forma general
e imprecisa, inmadurez afectiva, pero que también constituye una realidad40; o la
esquizofrenial'; o las desviaciones del comportamiento sexual"; o las neurosis",
que hay de variadas clases y pueden llegar a ser graves; o las psicopatías o tras-
torno antisocial de la personalidad", etc.
Lógicamente, el "revés de la trama" de los matrimonios nulos por estas múlti-
ples y variadas causas es ayudar en la preparación matrimonial a detectar los pro-
blemas y ayudar a que los novios lleguen a su nuevo estado con una psicología
sana; de tal manera que en el plano físico, en el psíquico y en el espiritual estén
realmente bien dispuestos. Esto requiere una atención especial. Y conviene tener
en cuenta que en la mujer se da una unidad e interdependencia en todas las esferas
de su persona, superior a la que existe en el varón, hablando en términos generales.
Ahora bien, con relación a los problemas o posibles anomalías psíquicas de
los novios, así como se plantea el examen físico prematrimonial, ¿no podría plan-
tearse también un examen psíquico? No parece tan clara la exigencia que puede
darse para un ingreso a un seminario o a una congregación religiosa, porque en el
40 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 102-111.
41 Cf. ibidem, págs. 111-116.
42 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 116-121; J. J. GARCÍA FAiLDE, Manual de psiquiatría
forense canónica, Salamanca 1991, págs. 307-323.
43 Cf. J. J. GARCÍA FAÍLDE, Manual de psiquiatría..., págs. 325-364.
44 Cf ibidem, págs. 377-396.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
143
caso del matrimonio está la inclinación natural a contraerlo y está el ius connubii,
cosa que no tiene lugar en las vocaciones sobrenaturales. Sin embargo, la prepa-
ración al sacerdocio o la vida religiosa se prolonga durante años y lleva consigo
una vida comunitaria, con un internado estatutariamente regulado, que facilita el
que los problemas psíquicos se detecten y, eventualmente, se traten. Esto, lógica-
mente, no ocurre en la muy reducida y breve preparación al matrimonio.
Esto nos lleva a considerar aconsejable, al menos en algunos casos, la reali-
zación de alguna pericia prematrimonial. El tema puede requerir una cierta espe-
cialización, aún para personas capaces, poseedoras de la antropología cristiana y
de vida intachable. Pero en los tribunales eclesiásticos hay una cantera conside-
rable de material aprovechable, que, debidamente seleccionado y procesado, uti-
lizado con las debidas cautelas, sin que se pudiera conocer la identidad de las per-
sonas, podrían darnos el "revés" de la trama de lo que se necesita. Si tal o cual
problema psíquico determinó la declaración de nulidad matrimonial, sería cues-
tión de darle vuelta y así saber los requerimientos que otorgaran cierta garantía
de que el matrimonio fuera válido, e incluso, exitoso y feliz; y que otorgase a las
personas la mutua perfección y el desarrollo de las virtudes. Aunque para todo
ello se deba contar con el buen uso de la libertad, así como con los medios sobre-
naturales y el poder de la gracia.
Paradójicamente, son repetidos los casos en la experiencia tribunalicia en los
que el matrimonio se ha contraído por el consejo de algún psicólogo o psiquíatra
que veía en él un medio para curar una anomalía psíquica. Eso es un craso error
y, lógicamente, el desenlace es negativo. El matrimonio tiene sus propios fines y
valores que no pueden subordinarse a otros de tipo terapéutico, ni mucho menos,
puede la institución matrimonial concebirse como un "remedio" más que se prue-
ba con fines curativos. Si antes se hablaba del "remedio" de la concupiscencia,
ésta no es una expresión afortunada y en una concepción reductiva sería inexac-
ta. Asimismo, consideramos completamente indebido el consejo de contraer
matrimonio para tratar de superar ciertas tendencias homosexuales. Pero en todos
estos casos suele haber algún defecto que se detectaría y rectificaría si se tuviera
en cuenta la especialización o la experiencia que se puede adquirir a través de las
pericias de los tribunales eclesiásticos.
En síntesis, estimamos que la pericia psicológica prematrimonial es aconse-
jable y podría evitar consecuencias negativas y promover resultados positivos en
muchos casos. Esto siempre que fueran realizadas por las personas dotadas de la
adecuada especialización y preparación. Pero una exigencia generalizada enten-
demos que lesionaría el derecho natural a casarse que todos poseen mientras no
haya un motivo cierto que afecte a la validez del vínculo. Pero en la preparación
al matrimonio se podría brindar el consejo de tal modo positivo y conveniente
que fuera realmente aceptable. Algo en lo que se debería poner hincapié sería en

144
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
corregir cualquier forma de narcisismo o egoísmo, acentuando la capacidad obla-
tiva y el sacrificio personal por el bien del cónyuge y de los hijos, sacrificio fun-
dado en el amor y que lleve consigo una sana y fructuosa alegría.

2. La exclusión de la prole
Dado el antinatalismo imperante es relativamente frecuente que se llegue al
matrimonio con la intención de evitar los hijos, al menos por un tiempo, deter-
minado o no. A veces la oposición es tan fuerte, que constituye una oposición
perpetua y tan radical que cualquier embarazo no deseado deberá ser objeto de
aborto. Esta exclusión de la prole podrá ser conjunta o ser sólo de uno de los cón-
yuges, que constituya enfrentamientos y llegue a ser motivo de ruptura. También
podrá darse en forma condicionada, de modo tal que sólo se aceptará la prole si

se alcanza determinado nivel económico, etc. Sin embargo, lo más frecuente
suele ser una exclusión sólo temporal de los hijos. Los motivos suelen ser el

hedonismo, el "disfrutar la pareja", la comodidad, el egoísmo, problemas econó-
micos o dar prioridad a lo económico y los bienes materiales, etc. En el varón
puede haber también falta de afecto a los niños o incluso rechazo a los niños o
algún problema de celos previsibles, como queriendo acaparar totalmente para sí
a la mujer. En ésta se suele dar un no querer "deformar su físico", sobre todo hoy
en que el culto al cuerpo y la figura estilizada de las modelos constituyen mm
especie de ideal al que se aspira. También está el querer dedicarse a terminar los
estudios o a ejercer la profesión, dando a ésta una prioridad o valoración superior
a los hijos. Se busca también no "sentirse atados", tener libertad para las salidas
y la diversión. Y hay una indudable falta de valoración de la maternidad. En ella

se suele ver sólo la "cáscara" externa: comida, vestido, salud física, llevadas y
traídas a la escuela y poco más. Pero sin penetrar en el alma de los hijos y des-
cubrir sus tesoros y ayudar a su desarrollo y recibir confidencias y cultivar virtu-
des, valores, principios, ideales y vivir el maravilloso intercambio de amor
materno filial. Eso parecería que no existe en el prototipo de mujer perfecta,
moderna, narcisista, que hoy se nos presenta'''.

Es claro que en la preparación matrimonial deberá existir ante todo el recha-
zo más absoluto del aborto", como el más odioso de los crímenes, cometido por
quienes deben custodiar la vida del niño: la madre, el médico; y sobre la persona

45 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho... , págs. 130-138; A. STANKIEWICZ, L'esclusione della pro-
creazione ed educazione della prole, en La simulazione del consenso matrimoniale canonico, Cittá del
Vaticano 1990, págs. 149-174; TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA, Sentencia coram R. P D. R. Funghini, en
AADC 6 (1999) 197-225; J. BONET ALCÓN, Comentario a la Sentencia coram R. P D. R. Funghini del 17
de abril de 1997,
en AADC 6 (1999) 227-242.
46 Cf. La novela Dulce y amargo de D. STEEL de quien se dice ser una de las autoras más leídas de nuestro
tiempo, con 430 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo.
47 Cf. JUAN PABLO 11, Enc. Eyangelium Vitae, nn. 29-63; pero especialmente el n. 62.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
145
más inocente e indefensa, como tantas veces se ha manifestado. A ello se agrega
la dimensión cuantitativa que ha alcanzado este asesinato abominable, objetiva-
mente hablando. Y lo que constituye, como certeramente declara Julián Marías,
el oprobio más grande de nuestro tiempo: la aceptación social del aborto. Y no
está de más recordar que incurre en excomunión
latae sententiae quien procura
el aborto, si éste se produce".

Además de este punto, que lógicamente constituye lo más grave, se debe
prestar atención a los métodos anticonceptivos artificiales, máxime teniendo en
cuenta que varios de ellos son abortivos. Pero, aún los que no lo son, no por ello
dejan de ser gravemente ilícitos siempre, según es sabido por la enseñanza de
Pablo VI en la Encíclica
Humanae Vitae, que tiene plena vigencia; dado que el
Magisterio de la Iglesia enseña que "el hombre no puede separar lo que Dios ha

unido". Esto no es sólo una afirmación de la indisolubilidad del matrimonio, sino
también de los aspectos unitivo y procreativo del acto conyugal". Y es clara
voluntad divina insoslayable que el ser humano venga al mundo como fruto de
un acto de amor. De lo contrario lo hacemos retroceder a una especie animal,
quizá más evolucionada, pero que queda siempre al nivel de los brutos".
Por otra parte, será muy conveniente que la preparación matrimonial incluya
el conocimiento concreto que cada mujer debe tener de su propio cuerpo, en
cuanto a los momentos en los que es fecunda y los que no lo es. Lo que no se
aprende sólo en libros o clases, sino con un seguimiento singular de instructoras
bien preparadas. Todo lo cual debería tener tal capacitación que fuera posible la
comunicación a otros. Y, por supuesto, la perfecta aplicación a sí misma, cuando

la paternidad y maternidad responsables, bien ponderadas, hagan aconsejable
espaciar los hijos.
A todo lo anterior se debe agregar con mucho énfasis, con fuerza y con deli-
cada preparación, unida a la generosidad, los grandes valores de la paternidad y
la maternidad. No hay duda de que ésta embellece a la mujer, la dignifica, la
eleva al rango de colaboradora de Dios. Hay que ayudarle a percibir con los ojos
del alma la colaboración y la intimidad especial con Dios durante los nueve
meses de la gestación. Y cómo después, en la educación, se irán formando en los
hijos la síntesis de las virtudes de cada uno de los padtes y de sus respectivas
familias; y también las diversas vocaciones, sin excluir la bendición de Dios que
significa la vocación sacerdotal o de la vida consagrada. Los hijos deberán mirar-
se siempre con la perspectiva de la santidad en la tierra y la glorificación de Dios

y la felicidad eterna en el cielo.
48 Cf can. 1398.
49 Cf PABLO VI, Enc. Humanae Vitae, nn. 12-14.

50 Cf. C. CAFFARRA, La sexualidad humana, Madrid 1987.

146
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
Por otra parte, por más que puedan significar cierta incomodidad y sacrifi-
cios; también es muy verdadero que la paternidad y quizá más la maternidad pro-
ducen grandes satisfacciones, gozos inéditos que sólo los padres conocen; des-
arrollos de la propia persona y nuevas virtudes que enriquecen a los progenitores
y los llenan de méritos y de belleza y nobleza espiritual. Los hijos llenan de vida
y alegría al hogar y los tres amores, paterno filial, materno filial y fraternal, con-
venientemente cultivados, desarrollados, constituyen como un hermoso jardín
que exhala el perfume de los mil detalles lindos de la vida de familia. Habrá que
armonizar la vida comunitaria con la intimidad personal de cada uno; habrá que
penetrar, con la intuición del amor, en el interior de cada uno y saber despertar
las cualidades dormidas. Y, sobre todo, habrá que brindar el buen ejemplo y las
imágenes vivientes y atractivas de Jesucristo, la Virgen y los santos.
Entendemos que, así mirada la realidad familiar, en la mujer, hablando en
términos generales, debe darse una prioridad a la maternidad sobre el trabajo pro-
fesional. Pero sin que éste se excluya de una forma radical. Con limitaciones y
sacrificios también éste podrá darse, al menos en ciertos casos y podrá retomar-
se con más intensidad cuando los hijos sean mayores.
A todo esto agregamos que para convertir la familia en una verdadera Iglesia
doméstica y una auténtica escuela de santidad, mucho ayudará el uso relativa-
mente abundante de los sacramentales de la Iglesia, concretados en las bendicio-
nes que el "Bendicional" nos ofrece con abundancia''.
3. La exclusión de la fidelidad52
Al tema de la infidelidad nos hemos referido ya en la parte general de este artí-
culo al poner el ejemplo del "machismo". No cabe duda de que cuando se diera con
las características allí señaladas el matrimonio sería nulo. Y también es claro que el
hecho de la infidelidad, aún cuando no quede afectada la validez del matrimonio por
no existir un acto positivo de voluntad previo o concomitante al consentimiento
matrimonial, es bastante más frecuente en el varón que en la mujer. Y todavía social-
mente es mirada con más benevolencia, aunque haya una tendencia indudable hacia
el igualitarismo en este campo. La mayor ausencia del hogar, los períodos prolon-
gados de ausencia por motivos laborales, los períodos de embarazo de la mujer, los
inconvenientes de espaciar los hijos por métodos naturales, etc., lo hacen al varón
más vulnerable en este terreno. Por otra parte, el varón tiene una estructura de per-
sonalidad según la cual, por ser menos unitaria, se puede buscar más fácilmente que
en la mujer el placer sin amor o un simple pequeño amor pasajero sin raíces hondas.
51 Cf J. BONET ALCÓN, Los sacramentales de la Iglesia, el matrimonio y la familia, en AADC 5 (1998) 13-44.
52 Cf Pío XI, Casti connubii, n. 33; CON. VAT. II, Gaudiuin et Spes, n. 49; R. FUNGH1N1, L'esclusione del
"bonum Mei", en La simulazione del consenso matrimoniale canonico, Cittá del Vaticano 1990, págs.
139-147; J.
BONET ALCÓN, Elementos de Derecho... , págs. 138-142.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
147
En cambio, en la mujer existe una mayor exigencia de enamoramiento para
que pueda sucumbir a la infidelidad. De hecho, en ella tiene lugar en forma más
restringida. Pero, cuando se da, la realidad indica que es más dolorosa y el varón

siente más la injusticia y el orgullo herido. Objetivamente puede plantearse la
incertidumbre con respecto a la paternidad; con lo cual, este efecto posible, al

igual que en el caso de la poliandria, hace más grave el pecado, por las conse-
cuencias previsibles, que afectan a la moralidad de los actos humanos.
Dicha infidelidad suele originarse en la desatención del cónyuge, o la incom-
prensión con respecto a las legítimas aspiraciones de ella o a sus problemas per-
sonales, dificultades, etc. Ella comienza a no sentirse valorada ni amada por él.
En cambio, aparece un tercero, probablemente seductor, que, con engaño, quizá
aprovechando cierta ingenuidad de ella, aparenta comprensión, le brinda tiempo,
sabe escucharla, etc. Y así se va gestando una relación que desemboca en la infi-
delidad. Esta, en la mujer, es más difícil que sea algo tan esporádico y pasajero
como suele ser en el caso del varón. Aunque también en éste puede tener lugar

un itinerario parecido: la mujer descuida su arreglo personal, su apariencia atrac-
tiva; se desinteresa por los problemas, gustos, aficiones de él, aquello que le agra-
da; y le abruma con sus problemas domésticos, con reproches, con exigencias,

etc.; y, frente a ello, la secretaria más joven se muestra atractiva, lo halaga, lo
admira, le hace sentir grata su' presencia. E irá surgiendo una simpatía que podrá
derivar tristemente en infidelidad.

El "revés de la trama" correspondiente a este capítulo de nulidad matrimonial
es claro. Y ya se hicieron algunas oportunas sugerencias en la parte general de este
artículo, con referencia al llamado "machismo". Insistiendo y completando lo ya

indicado notemos la importancia en el orden natural de la intuición, la compren-
sión y la valoración del cónyuge. Y ello a un doble respecto: la mejor comprensión
y valoración del sexo opuesto en general; y la comprensión y valoración singular
de la persona concreta con la que se va a unir la propia vida para siempre, con la

mayor objetividad posible, con sus virtudes y defectos, y, especialmente, con
aquellos valores potenciales que haya que descubrir, despertar y actualizar y hacer
crecer. Esto debe ponerse de relieve en la preparación prematrimonial.

Nunca se insistirá bastante en que el matrimonio exige, requiere, la destruc-
ción del propio egoísmo y la consagración al bien del otro con una entrega total.
Esto en forma recíproca, perpetua y exclusiva, con referencia al amor conyugal.
Habrá que tratar que éste sea siempre creciente. Esto sin desconocer que con el

paso del tiempo se debe espiritualizar el amor y teniéndo en cuenta que hoy la
convivencia matrimonial es bastante más larga que en el pasado". Al respecto,

53 Por ejemplo, en el siglo XVII en Francia sólo la mitad de los matrimonios llegaban a celebrar el decimo-
quinto aniversario de su boda. Cf. X. BASTIDA 1 CANAL, Derecho y pastoral ante las situaciones de crisis,
en IC
51 (2001) 219.


148
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
adelantamos que la preparación al matrimonio habrá de articularse de tal modo
que se prevea la formación permanente. Y esto no sólo para la asistencia en las
situaciones de crisis, sino en todos los casos'''. Es clara la igualdad fundamental

y sustancial de derechos y deberes de los cónyuges, que el Código ratifica", a
pesar de la diversidad vocacional del varón y la mujer y la complementariedad
que se da entre ellos, según la mente del Creador.

Será importante en la preparación matrimonial, no sólo poner de relieve los
males de la infidelidad (contraria a la castidad, a la justicia y, en el caso de la mujer,
posiblemente a la relación paterno filial); sino expone- y exaltar los grandes valo-
res de la fidelidad, de modo que aparezca como algo realmente atractivo —como lo
es en sí mismo— por lo que valga la pena asumir con paciencia y "buen humor" los
sacrificios de la convivencia que la debilidad humana lleva siempre consigo".

Por último, la preparación al matrimonio deberá incluir cierto adiestramien-
to para hacer revivir el amor, cuando el paso del tiempo o la mutabilidad de los
sentimientos lo vaya debilitando o apagando". Esto, sin quedarse en el orden
natural sino contando siempre con la ayuda sobrenatural de Dios. Al respecto,
para mantener siempre viva la llama del amor conyugal y hacer efectiva la gra-
cia del sacramento, serán muy útiles los sacramentales de la Iglesia referidos al
matrimonio y la familia, que nos brindan gracias actuales, el perdón de los peca-
dos veniales y la restricción del poder de los demonios".

4. La exclusión de la indisolubilidad"
La posición legal y social de la mayor parte del mundo aceptando el divorcio
vincular ejerce, sin duda, un influjo importante sobre el conjunto de las personas.
Entre los argumentos que se podrían dar en pro de la indisolubilidad del víncu-

lo" quizá tenga en el mundo actual un mayor peso la consideración del bien de
los hijo? y del bien de la sociedad". No es tan claramente percibido, o bien, se

pone muy poco de relieve, que con las separaciones y divorcios, si consideramos
54 Cf ibidem, 213.
55 Cf. cáns. 1134-1136.
56 Cf. A. LUCIANI, Ilustrísimos Señores, Carta a Penélope, Madrid 1997, págs. 64-70.
57 Cf. E. ROJAS, Remedios para el desamor, Madrid 1998, págs. 181-237.
58 Cf. J. BONET ALCÓN, Los sacramentales..., 13-44.
59 Cf. JUAN PABLO II, Familiaris consortio, n. 20; S VILLEGIANTE, L'esclusione del "bonum sacramenti", en
La simulazione del consenso matrimoniale canonico, Cittá del Vaticano 1990, págs. 189-219; J. BONET
ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 142-145.
60 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 28-43.
61 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., pág. 33.
62 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 34-35.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
149
en terna en los grandes números, generalmente sale más perjudicada la mujer,
desde el punto de vista temporal y de bienestar humano natural".

Esta exclusión a veces tiene lugar en ambos cónyuges que se casan por la
Iglesia por tradición o para dar gusto a sus familias. Pero lo más frecuente es que
la exclusión sea sólo de uno de ellos. Generalmente dicha exclusión es condicio-

nada, a veces de modo bien explícito y avisando al cónyuge y a las familias y
amistades: "si me va mal tengo derecho a una nueva unión"; "si se termina el
amor se termina el matrimonio' 64. A veces se explicitan otras condiciones como:

"si el cónyuge comete adulterio"; si contrae una enfermedad incurable"; "si
sobreviniera una impotencia del cónyuge"; "si tuviera una ausencia prolongada",
etc. Son casos para los que los ortodoxos aceptan el divorcio". También puede
ocurrir que la exclusión sea implícita, pero real y verdadera. En todos estos casos
puede decirse que se contrae matrimonio, en cierto modo, ad experimentum.

Según la experiencia de los tribunales eclesiásticos, este capítulo de nulidad
matrimonial se da con más frecuencia en el varón que en la mujer. Los tribuna-
les, sin duda, saben discernir el caso de la persona partidaria teóricamente del
divorcio vincular —pero para otros— de aquella que aplica su teoría a su matrimo-
nio concreto; las personas que tienen una idea equivocada del matrimonio que
queda sólo en la esfera de su inteligencia y aquellas en las que pasa a su volun-

tad". Y también es relativamente frecuente en los tribunales una consideración
errónea de este capítulo. Porque se ve la postura contraria a la indisolubilidad del
vínculo, no como una causa ética, voluntaria y libre, que lleva a un matrimonio
simulado"; sino como una incapacidad psíquica de la persona. Como si esa pos-

tura fuera algo fijo, enquistado en la mente, que impidiera una decisión cons-
ciente y libre"; o como si constituyera una anomalía psíquica que impidiera a la
persona asumir vínculos permanentes", porque tenga una afectividad muy volu-

ble y cambiante. O bien, se llega a sostener que la postura de quien, de modo
consciente y libre, rechaza la indisolubilidad del vínculo, por eso mismo mani-
fiesta una inmadurez afectiva que le impide asumir y cumplir las obligaciones
esenciales del matrimonio". Así, no existiría el que no quiso asumir la indisolu-

bilidad, sino sólo el que no pudo asumirla. Lo cual, como es obvio, no es cierto.
63 No hace mucho tiempo en la campaña sobre la ley del divorcio una parlamentaria en Irlanda lanzó el "slo-
gan": "una mujer partidaria del divorcio es como un pavo partidario de la Navidad". En esa oportunidad
el divorcio fue rechazado por abrumadora mayoría femenina.
64 Cf. J. BONET ALCÓN, Sentencia del Tribunal Eclesiástico Nacional de118/1/1997, en AADC 4 (1997) 245-
260; J. J: GARCÍA FAíLDE, Sentencia del Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica de Madrid,
Barcelona, del 12 de junio de 1997,
en AADC 4 (1997) 269-280.
65 Cf J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho... , págs. 175-177.
66 Cf. can. 1099.
67 Cf. can. 1101 § 2.
68 Cf. can. 1095, 2°.
69 Cf can. 1095, 3°.
70 Cf ibidem.

150
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
Y el divorcismo imperante lo desmiente, porque no todos los que sostienen esa
postura lo hacen desde una anomalía psíquica'.
El "revés de la trama" en este caso, concretado, como venimos haciendo, en la
preparación próxima al matrimonio, propia de los novios, no puede contentarse con
asegurar que el propio vínculo será válido porque se acepta para el mismo que el
matrimonio es para toda la vida, "en la salud y la enfermedad, en la prosperidad y
la adversidad"". Es necesario ir más lejos, llevar a la convicción de las bondades
de la permanencia de ese vínculo hasta la muerte", de tal modo "que el hombre no
separe lo que Dios ha unido"". Y esto en todos los casos, en la institución matri-
monial. Porque sin la indisolubilidad no puede existir el verdadero amor conyugal;
porque "quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de
veras un solo día"". Así pues, es necesario que la preparación al matrimonio inclu-
ya una defensa apasionada de la indisolubilidad, aún en el orden natural. Mucho
más en el orden sobrenatural, cuando la sacramentalidad del matrimonio implica la
significación y participación de la unión de Cristo y su Iglesia".
En una buena preparación al matrimonio, dado que más vale prevenir que
curar, es bueno adelantar los "remedios para el desamor" en el orden natural y
sobrenatural. Habrá que enseñar el arte de hacer revivir el amor, dado que los
sentimientos van y vienen; y de incrementarlo; así como algunas de las formas
de superar las inevitables "crisis" conyugales".
Por otra parte, no se puede ignorar que se viene produciendo, en una propor-
ción cada vez mayor, un deslizamiento desde la postura divorcista a las uniones
de hecho, "sin algún vínculo institucional públicamente reconocido, ni civil ni
religioso"". Ello podrá ser por ignorancia, por alguna situación socio económica
de pobreza, pero también por una actitud de desprecio o rechazo de la institución
familiar, con el temor de atarse a un vínculo estable y definitivo". Hay que notar
que se da una evolución lógica desde la desvalorización del matrimonio que sig-
71 Cf. J. BONET ALCÓN, La pastoralidad..., 191-201.
72 Cf. Ritual del Matrimonio, en CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Ritual Romano de los Sacramentos,
págs. 958-959.
73 Cf. can. 1141.
74 Ritual del Matrimonio, en CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Ritual Romano de los Sacramentos, pág.
959.
75 JUAN PABLO 11, Mensa¡e "El amor procede de Dios" Santa Misa por la familia, Córdoba, 8/4/87, n. 4, en
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Vino y enseñó (Mensajes de Juan Pablo II), Buenos Aires 1987, pág.
53. Cf. JUAN PABLO 11, Familiaris consortio, nn. 11 y 20.
76 Cf cáns. 1056; 1063, 3'; PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, Preparación al Sacramento del
Matrimonio, 1996, n. 47.
77 Cf JUAN PABLO II, Mensaje "El amor procede de Dios" Santa Misa poi la familia, Córdoba, 8/4/87, n. 4,
en CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Vino y enseñó (Mensajes de Juan Pablo II), Buenos Aires 1987,
págs. 52-53; PONTIFICIO CONSEJO PARA LA FAMILIA, Preparación al Sacramento del Matrimonio, 1996, n.
46; E. ROJAS, Remedios para... , págs. 181-237.
78 JUAN PABLO 11, Familiaris consortio, n. 81.
79 Ibidem.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
151
nifica el divorcismo imperante hasta las uniones de hecho. Porque desde el matri-
monio con divorcio por voluntad de uno de los contrayentes a las uniones de
hecho hay un solo paso, dentro de una situación similar. Y ese paso es evitar

incomodidades y trámites burocráticos cuando uno de los supuestos cónyuges
pretenda interrumpir la convivencia.
Este tema podría analizarse desde las diversas regulaciones jurídicas de esta
realidad hasta las características psico-sociológicas y la evolución de esa pseu-
doinstitución en la sociedad". Reiteramos que dichas uniones de hecho se carac-
terizan por su precariedad y la ausencia de compromisos irreversibles; pero, su

falta de estabilidad y la ausencia de toda seguridad personal con respecto al futu-
ro, estando sometidos a la pura voluntad de uno de los conviventes, crea un cier-

to grado de angustia, mayor o menor, según los casos. Ningún régimen jurídico
aplicable constituye un soporte suficiente en el que alguien confíe la propia con-
tinuidad de su estado o situación, porque dicha continuidad está negada
apriori" .
De ahí que se esté empezando a hablar del "retorno al matrimonio" tanto en el
ámbito del derecho europeo como angloamericano".

Esto nos dice que la realidad sociológica de las uniones de hecho es algo que
no va a perdurar. Porque no se puede confundir largo tiempo el oro con el oro-
pel, el rostro joven con el maquillaje trabajoso y rebuscado. Todos los medios de
comunicación, todas las propagandas, todas las "literaturas" no podrán prolongar
demasiado el espejismo de un oasis inexistente, ni podrán evitar el derrumbe de
esa pseudoinstitución por más que se la revista con el disfraz del "matrimonio".

En este contexto, la preparación matrimonial debe insistir en las "ventajas",
los auténticos, los grandes valores de la indisolubilidad matrimonial y dotar a las
personas, los futuros cónyuges sobre todo, de gran sentido crítico frente a las
expresiones y los argumentos falsos en contrario".

5. Violencia o miedo grave"
Generalmente el miedo o trepidación del ánimo ante posibles amenazas se
suele dar con más frecuencia en la mujer que en el varón. Es lógico que así sea
porque ella suele ser más débil, más sensible. Y la repercusión interna de cual-
quier amenaza externa constituirá para ella una coacción moral mucho mayor que

para el varón. En esto también interviene la edad y la psicología de la persona. Si
es muy joven, débil de carácter, sumisa, dependiente, una amenaza externa menor

podrá configurar un miedo o coacción determinante para contraer un matrimonio
no querido.

80 Cf. D. GARCIA-HERVÁS, Panorámica legislativa sobre uniones de hecho, en IC 51 (2001) 319-346.
81
Ibidem, 345.
82
Ibidem.
83 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 37-43.
84 Cf.
ibidem, págs. 149-151.

152
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
Con frecuencia se dan todavía hoy los casos de coacción provenientes de los
padres, por ventajas económicas, sociales, de prestigio, etc. La hija es "sacrifica-
da" para que, contra su voluntad, contraiga matrimonio y ese matrimonio concre-
to. Suele haber acuerdo entre el novio y los padres de la novia para presionar sobre

la voluntad libre de ésta. A veces, con no poca frecuencia, existen amenazas que
pueden llegar a ser muy grandes: incluso la amenaza de la muerte, sobre la que
ella teme que tendrá lugar un cumplimiento efectivo si no accede al casamiento.
Constan en los tribunales eclesiásticos casos en los que ha habido fuertes castigos
físicos del padre ante la negativa de su hija a realizar un casamiento concreto.

Es más frecuente que la amenaza consista en la pérdida del afecto paterno, de
un modo importante o total, o para un tiempo prolongado. Es lo que configuraría
el llamado miedo reverencial. Y puede ser lo determinante de un matrimonio
contraído por parte de la mujer con una libertad muy disminuida.

También puede darse que el novio o la novia amenacen con su propio suici-
dio en el caso de ruptura prematrimonial. A veces la amenaza ha sido tan real que
se ha producido un intento fallido del mismo. Esto constituye una presión inso-
portable que obliga al casamiento para evitar "llenarse de culpa" de por vida.

Con demasiada frecuencia se da el matrimonio que se contrae porque ella
está embarazada. Si ella no quiere casarse pueden amenazarla con la expulsión
del hogar, con la "culpa" de la deshonra familiar, etc. A veces el que no quiere
casarse es él y ella y su familia presionan de diversas formas con el embarazo. O

también, si él está laboralmente en situación de dependencia con respecto a ella,
podrá ser amenazado con el despido si no accede a casarse.

Puede ocurrir que el miedo anule totalmente la libertad de la persona, y
entonces nos encontraríamos con la llamada "falta de libertad interna", que cons-
tituiría una causa psíquica que impediría el acto jurídico del consentimiento. O
podría producir un estado de gran confusión en la psicología o la afectividad que

incapacitaría directamente para la necesaria discreción de juicio. La
Jurisprudencia ha considerado los dos casos bajo un mismo capítulo de nulidad
abarcativo de ambos".

Hay casos en los que, aún sin embarazo, el hecho de haber tenido relaciones
sexuales prematrimoniales con la persona del novio, unido a la coacción de éste, se
constituye en una fuerza obligante que lleva a un casamiento no querido, como

determinación ad unum, obsesivo compulsiva. No siempre será fácil determinar si
realmente se alcanza la certeza moral de la nulidad del matrimonio; y, en caso afir-
mativo, si se da la causal del can. 1103, o la del can. 1095, 2°; o incluso la del can.

1095, 3°, por la inmadurez afectiva que suele acompañar a este tipo de situaciones.
Todavía, entre otros casos, con relación al capítulo de nulidad que considera-
mos, se podría agregar la situación de un noviazgo prolongado muchos años, por
85 Can. 1095, 2°.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
153
inercia, en el que una de las partes se reconoce sin enamoramiento o con pérdida
del mismo, sin que le sea posible "crearlo" o "recrearlo" antes del casamiento. Y
ahí la negativa a contraerlo chocará fuertemente con la presión familiar, social,
ambiental; y también, con frecuencia, con la del futuro cónyuge.

Con lo que antecede tenemos un botón de muestra suficiente como para,
encontrar el "revés de la trama" correspondiente a este capítulo de nulidad matri-
monial y, en consecuencia, formular algunas indicaciones útiles para la prepara-

ción al matrimonio.
En primer lugar, se deberá hacer gran hincapié en la importancia de la liber-
tad, en el caso concreto con sus circunstancias, viendo discretamente, también en
las conversaciones personales, los condicionamientos a que puede estar sometida
dicha libertad. No hay que olvidar que el consentimiento matrimonial no puede ser
suplido por ningún poder humano". También se deberá insistir en la importancia
del amor conyugal, cuya ausencia no puede ser suplida por algún amor más bien
paternal o maternal, o fraternal o amical, a los que se agregue alguna fuerza coac-

tiva externa. Habrá que ayudar al discernimiento del propio tipo de amor. Y adver-
tir que el matrimonio no debe ser contraído con dudas en la propia afectividad, o
con la expectativa de que el amor vendrá con el tiempo, o directamente, sin amor.
Porque aunque no se confunden el amor como sentimiento y la libertad de la
voluntad, ambas cosas suelen ir juntas en el casamiento. Y si falta el amor suele
faltar la libertad y empieza a actuar la coacción física o moral.

Por otra parte, reiteramos la necesidad de tener bien claro —y nunca se insis-
tirá bastante sobre ello— que el matrimonio sacramental no constituye una fuerza
mágica que vaya a sanar todas las deficiencias con las que se lo contrae, máxime
si esas deficiencias son tales que hacen al matrimonio nulo. El sacramento nunca

convertirá el matrimonio nulo en válido.
También hay que alertar sobre el absurdo de concebir el matrimonio por parte
de alguien, generalmente se tratará de la mujer, como una cruz a sobrellevar de por
vida, como la expiación de un pecado —relaciones prematrimoniales y quizá abor-

tos prematrimoniales— por los que una persona se autocondena a una convivencia
con alguien sin amor, hasta con rechazo, físico y espiritual, aceptando el ser infe-

liz siempre para "acallar su conciencia" o para "hacer felices a otros". Esto cons-
tituye un autoengaño, algo antinatural que termina mal. Porque la voluntad de
Dios y la naturaleza del matrimonio se ordena al bien de los esposos y a su felici-
dad terrena. Hay, pues, que ayudar a adquirir la conciencia clara del matrimonio y

de la recta posición interna frente a él, tanto con respecto a la institución en gene-
ral como con respecto al matrimonio concreto que se va a contraer; y habrá que
atender al fortalecimiento de la propia libertad con la que se va al casamiento.

86 Cf. can. 1057 § 1.

154
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
En la misma línea de evitar contraer matrimonio con o por dependéncia, con
o por sometimiento a la voluntad del otro, hay que formar una conciencia clara
de la igualdad de derechos y obligaciones, en el esposo y la esposa", en puntos
fundamentales corno el débito conyugal, la fidelidad, la educación de los hijos,
el procurar el bien del otro, etc. También, una conciencia de las diferencias de los
sexos, que es bueno mantener; y de la complementación que hay que fomentar
para provecho mutuo.
Puede ser provechoso ahondar en el tema "esclavitud"-libertad que el verda-
dero amor lleva consigo. Ante todo, el verdadero amor supone libertad, pero con-
duce a una cierta "esclavitud". Ahora bien, si esa supuesta "esclavitud" de la
entrega al bien del otro resulta dulce, apacible, gozosa, creativa; si despierta
capacidades, virtudes, ignoradas o adormecidas; si hace crecer, madurar, obtener
desarrollos quizá antes insospechados; si produce elevación espiritual; entonces
esa "esclavitud" es "liberadora" y abre, paradójicamente, a la propia libertad,
nuevos, más amplios y superiores horizontes. En la "esclavitud" del amor corres-
pondido encuentra su mayor plenitud la propia libertad. Y se cumple una benéfi-
ca dialéctica que va de la libertad al amor; de éste a una superior libertad; de ella
a un amor más pleno; y así sucesivamente.
Con las deficiencias propias de todas las cosas humanas, pero con la gracia
sanante propia del orden sacramental, podemos quizá, haciendo pie en los defec-
tos de esta causal de nulidad, mucho más allá de la evitación o superación de la
violencia, el miedo o la coacción en el matrimonio, elevarnos positivamente a
órdenes superiores de libertad y amor humanos y cristianos. También en este
campo, una experiencia personal de la relación con Dios en Cristo, intensamen-
te vivida, puede aproximar el consentimiento matrimonial al fíat de María" que,
desde la analogía, se convierta en causa ejemplar de libertad y amor para los
esposos cristianos.
6. Error y Dolo"
Estos dos capítulos de nulidad, teóricamente bien diferenciados, aparecen en
la práctica relacionados y con supuestos fácticos similares o parecidos.
En cuanto al error, dejamos de lado las discusiones relativas a la interpreta-
ción del derecho anteriormente vigente, que algunos pretenden proyectar sobre el
actual: si el error en la persona incluía cualidades llamadas "substanciales"90; la
confusión entre persona y "personalidad'"', etc. Debemos atenernos al derecho
87 Cf. cáns. 1135-1136.
88 Cf. Lc 1, 38.
89 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 124-130.
90 Cf. TRIBUNAL DE LA ROTA ROMANA, Sentencia coram R. P. D. R. Funghini..., 197-225; J. BONET ALCÓN,
Comentario a la Sentencia..., 227-242.
91 Cf. ibidem.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
155
vigente, por tanto, al can. 1097, en el que "persona" debemos tomarla en sentido
físico; y la "cualidad de la persona" sobre la que recae el error que hará nulo el
matrimonio debe ser directa y principalmente buscada'.
.
La experiencia de los tribunales eclesiásticos nos dice al respecto que habrá
pocos casos de verdadero error en la persona; y, con más frecuencia, habrá error
en una cualidad directa y principalmente querida, que incluso se da en ocasiones
como una condición implícita. O habrá error en una cualidad de una parte, que
pueda perturbar gravemente la vida conyugal y haya sido producido con ardid o
artimañas de un agente, para que el paciente engañado ex errore consienta. Pero
en este último caso nos encontramos en el supuesto del dolo'.
Dejamos de lado la discusión teórica de si esta causal es de derecho natural
o de derecho positivo. La opinión rotal prevalente es ésta última. Según ella el
que contrae matrimonio con su consentimiento viciado por dolo lo contraerá
inválidamente sólo a partir de la vigencia del CIC, a fines de 1983. Pero como
nuestro trabajo se orienta a la preparación de los matrimonios futuros, la referi-
da discusión es irrelevante; y la causal tiene plena vigencia.
Tampoco nos detenemos en la distinción teórica entre el error y el dolo. En
el primero se atiende a la intención de la persona equivocada; y, en el segundo,
se atiende a la intención de la persona que engaña, que es la de obtener el con-
sentimiento matrimonial de la persona engañada. Recordemos que el mismo
Código nos presenta un ejemplo bien definido al afirmar que la esterilidad no es
causa de nulidad matrimonial, a no ser que se haya ocultado dolosamente".
También en estos capítulos es más frecuente que la víctima sea la mujer. Así,
se dan casos en los que el varón se presenta como muy piadoso y de buenas cos-
tumbres, cuando en realidad es inmoral e irreligioso. Obtenido su objetivo que es
el matrimonio, se quita el disfraz y aparece como lo que siempre fue. A veces,
muy agresivamente, con fanatismo; no ya ateo sino antiteista; como verdadero
"iconoclasta" en el hogar, destruyendo todo signo sagrado y pretendiendo prohi-
birle a ella toda práctica religiosa. Estos extremos se dan, aunque no sea tan drás-
tico el problema en todos los casos.
Ocurre a veces que el cónyuge varón tenía uno o más matrimonios civiles pre-
vios con terceras personas y los haya ocultado. Si el matrimonio anterior hubiera
sido por la Iglesia, cosa que también se da, tendríamos el impedimento de vínculo;
pero si sólo fue civilmente nos ubicamos en los vicios de consentimiento.
Otros casos son: la aparición de hijos que él tuvo en relaciones anteriores y
que ocultó y la cónyuge lo descubre posteriormente con sorpresa y amargura. O
bien, la sorpresa de ella puede ser porque él pertenecía a una banda delictiva,
92Cf can. 1097 § 2, que codifica la famosa regla de San Alfonso María de Ligorio.
93Cf. can. 1098.
94Cf. cáns. 1084 § 3 y 1098.

156
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
siendo descubierto, juzgado y condenado a bastantes años de prisión muy poco
después de contraer matrimonio. A veces se reiteran situaciones, con pocas
variantes, en las que el novio se presenta con un título profesional falsificado; y
ese engaño da lugar a una cadena de mentiras, antes y después del casamiento,
hasta que la verdad se hace evidente y la convivencia se rompe apenas comenza-
da. Puede ocurrir también que él sea estéril y lo oculte dolosamente; o que posea
una enfermedad grave, incluso de transmisión sexual, y lo haya encubierto.
Estos dos últimos casos, el de la esterilidad y el de la enfermedad, puede ocu-
rrir que sean problemas de la mujer, siendo el varón el que sufra el engaño. Otro
supuesto puede estar constituido por el caso del novio que ignorase totalmente
que ella se haya dedicado a la prostitución durante años, antes del noviazgo y
casamiento. También ocurre a veces que el engaño de él consiste en descubrir
después del casamiento que ella estaba embarazada de otro.
Estos hechos y otros similares provocan la ruptura de la convivencia, gene-
ralmente al poco tiempo de comenzada. Y llevan consigo grandes decepciones,
frustraciones, tristezas, angustias, depresiones, sufrimientos, heridas en el área de
la afectividad, etc.
Lógicamente, el "revés de la trama" que nos ubica en la preparación próxima
al matrimonio, pide una suficiente transparencia y sinceridad de los novios entre
sí. No habrá que confundir al novio o a la novia con el director espiritual y menos
con el confesor, de modo que alguien se sienta obligado a decirle todos los peca-
dos y defectos de la vida pasada y presente; pero sí, aquellas cualidades o la
ausencia de ellas, que sean más determinantes, que puedan perturbar gravemen-
te la vida conyugal; o que el cónyuge, explícita o implícitamente, quiera directa
y principalmente en orden a su matrimonio. Asimismo, es absolutamente inad-
misible la doble vida en el noviazgo, que constituye una total contradicción.
Habrá que ser sincero, aún a riesgo de la ruptura del noviazgo; y confiar en
la Providencia de Dios y en la existencia o no de un verdadero amor, con respecto
a las consecuencias de esa sinceridad. Esto, para asegurar la validez del matri-
monio. Y, más allá, para que sea una vía de crecimiento y desarrollo humano
natural; así como fuente de gracias y camino de perfeccionamiento sobrenatural.
Siempre deberá estimularse la humildad recíproca entre los cónyuges, ya desde
el noviazgo; así como el amor y una confianza mutua que trate de ser muy total.
Aquí cabe también aquello de San Pablo: "Para los que aman a Dios, todas las
cosas (San Agustín agrega: 'incluso el pecado') sirven para su mayor bien'.
7. Otras causales de nulidad
Con el criterio adoptado, que es el de la frecuencia con que aparecen los capí-
tulos de nulidad en los tribunales eclesiásticos, hemos prescindido de algunos
95 Rom 8, 28.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
157
vicios de consentimiento, como la ignorancia"; la condición"; así como la ade-
cuada manifestación externa del consentimiento".

También hemos prescindido de todos los impedimentos, porque los matri-
monios contraídos con alguno de ellos, si es dispensable, obtienen fácilmente la
dispensa. Tal es el caso del impedimento de disparidad de cultos". Asimismo, se
dan los matrimonios contraídos por primos hermanos, que obtuvieron la dispen-
sa del impedimento de consanguinidad", siendo raros los casos en que dicha dis-
pensa faltó. Esto a veces ocurre por ignorancia y cuando se advierte, quizá al
cabo del tiempo, por una de las partes o un familiar o persona allegada, no es raro
que la solución del problema sea recurrir a la sanación en la raíz'''.

En cambio, con regularidad, constantemente, llegan a los tribunales, aunque
en número no demasiado elevado, los casos de quienes se casaron con el impe-
dimento de vínculo'', ocultado al ministro asistente, al párroco y al mismo cón-
yuge. Al llegar al tribunal, el tratamiento es sencillo y rápido, por la vía del pro-
ceso documental". En la casi totalidad de los casos el cónyuge que miente al fin-
girse soltero es el varón; la víctima engañada, la mujer, al descubrir la verdad,
suele sufrir una decepción y frustración afectiva grande.

Por último, agregamos una breve referencia al impedimento de impotencia'".
Aunque teóricamente puede darse, tanto en el varón como en la mujer, por cau-
sas físicas o psíquicas, es más frecuente que se dé en el varón. Como es sabido,

la impotencia como causal de nulidad matrimonial debe ser antecedente, perpe-
tua y cierta. Puede ser absoluta, con cualquier persona del otro sexo; o bien, rela-
tiva, con tal persona determinada. Lo que suele ser más frecuente. En la práctica
esta causal no suele llevarse a los tribunales, porque la vía procesal de solución
de esas situaciones suele ser el planteo de la dispensa del vínculo del matrimonio
rato no consumado". Este proceso administrativo es más sencillo y rápido que el
contencioso ordinario, porque se refiere simplemente a la no consumación; pero
deja en la penumbra o la ignorancia si eso se debió o no a una verdadera impo-

tencia, absoluta o relativa; realmente perpetua o no.
El "revés de la trama", concretado en las últimas causales de nulidad, en rela-
ción con la preparación próxima al matrimonio y referido a los cuatro impedi-
96 Cf. can. 1096; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 123-124.
97 Cf. can. 1104; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 146-148.
98 Cf. cáns. 1104-1105; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 152-154.
99 Cf. can. 1086; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 80-81.
100 Cf. can. 1091; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 85-87.
101 Cf. cáns. 1161-1165; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 194-199.
102 Cf can. 1085; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 79-80.
103 Cf cáns. 1686-1688; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 267-268.
104 Cf. can. 1084; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 76-79.
105 Cf. cáns. 1697-1706; J. BONET ALCÓN, Elementos de Derecho..., págs. 275-278.

158
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
mentos matrimoniales aludidos, nos llevaría a realizar, entre otras, las siguientes
sugerencias que brotan casi espontáneamente.
Con respecto al impedimento de vínculo o ligamen no está mal plantear la
advertencia a dicha hipótesis fáctica posible. Y ello en los términos más duros.
Porque, aunque no existan penas canónicas para el que conscientemente comete
bigamia, objetivamente constituye un acto reprobable moralmente e innoble.
Porque engaña al supuesto cónyuge, a las familias, a la Iglesia y a la sociedad;
porque significa una gran injusticia para con el propio verdadero cónyuge y se
comienza un .ádulterio permanente, planificado, disfrazado de matrimonio; y por-
que objetivamente se realiza un flagrante sacrilegio en el que se hace escarnio de
acciones muy sagradas a las que se las vacía de contenido en forma consciente.
En cuanto al impedimento de impotencia, fuente de grandes sufrimientos,
tiene valor, mutatis mutandis, lo dicho a propósito de la debilidad sexual, en la
parte general de este artículo". Es de capital importancia no dejar prolongar el
problema, ni "negarlo", ni ocultarlo por un falso pudor. Es importante acudir con
prudente prontitud a las consultas oportunas y confiar en la Providencia de Dios.
Y, frente al tema, habrá que discernir lo que se diga en las exposiciones generales
sobre la preparación al matrimonio y aquello que se exponga privadamente en los
casos particulares en que se tenga noticia de que dicho impedimento puede darse.
Con respecto al impedimento de disparidad de cultos y a la prohibición de los
matrimonios mixtos que la legislación establece', se han de tomar muy seria-
mente las llamadas cautelas determinadas por el derecho", a los efectos de obte-
ner la correspondiente dispensa o licencia. Y también deberá observarse cuida-
dosamente, tanto el derecho universal como el particular'" en los casos de dis-
pensa de forma canónica"". En estos casos, en un clima ecuménico de respeto y
diálogo, se tratará de llegar lo más lejos posible en las prácticas religiosas en
común; y podrá ser útil llegar a realizar una exposición clara e íntegra de la doc-
trina, con las consultas especializadas oportunas. Se evitarán polémicas que se
han revelado estériles; y, quedando a salvo la verdad profesada, evitando toda
sombra de indiferentismo o relativismo religioso, el cónyuge católico extremará
los actos y actitudes de exquisita caridad.
En cuanto al impedimento de consanguinidad mencionado, como otra hipó-
tesis fáctica posible, es conveniente brindar la exposición adecuada en la prepa-
ración matrimonial; y, avanzando en lo que sería incursionar en lo psicológico,
se debería estar atento al discernimiento de si en tales casos se da un verdadero
afecto esponsal u otro tipo de afecto.
106 Cf. .1. BONET ALCÓN, La pastoralidad..., 191-201.
107 Cf can. 1124.
108 Cf can. 1125.
109 Cf. cáns. 1127-1129; CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Código de Derecho Canónico, Apéndice,

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
159
V. Conclusiones
A lo largo de la exposición hemos ido dando algunas conclusiones, tanto
ordenadas a asegurar la validez de matrimonio, como a que éste sea exitoso y
feliz, sirviendo al bien integral de los cónyuges en el orden natural y en el sobre-
natural, por tanto, ordenándose a la santidad. Realizaremos ahora un breve com-
plemento, sintetizado en los siguientes puntos"'.

1.- En el matrimonio se debe dar una entrega recíproca total, inteligente, libre
y responsable entre los cónyuges. Ello supone una capacidad oblativa propia de
una persona madura. Por ello, ante todo, nos podemos preguntar sobre cuales serí-
an las notas más características de una persona humana madura. Consideramos

que debería poseer alguna riqueza de hábitos o de valores, tanto los relativos al
ejercicio, tales como la capacidad de razonar o la fuerza de voluntad; como tam-
bién los relativos a "objetos" determinados, como el amor a Dios, a los padres, a
los hijos, etc. Más importante aún es la unidad de la persona que hará que dichos
hábitos se coordinen y subordinen adecuadamente y la persona tenga una buena
escala de valores por los que rija su vida. Habrá en ella coherencia entre su pen-
sar y su actuar. Y entre su actuar en tiempos, lugares y situaciones diferentes, sin
que ello implique rigidez y con la debida adecuación a las circunstancias. Es muy

importante la fortaleza moral, más aún en las presentes circunstancias; no sólo
servirá para evitar los influjos negativos del medio ambiente, sino también para
evitar el peligro de la mediocridad, en la que todas las dimensiones o aspectos de

la persona estén recortados y carezcan de fuerza en su actuación. Asimismo, es
fundamental cierto autoconocimiento, para discernir en qué nos podemos com-

prometer con responsabilidad. Nos impide rechazar una tarea por creer errónea-
mente que no estamos capacitados; o asumir obligaciones que nos será imposible
cumplir. Esto vale especialmente para el matrimonio, considerado en su singula-

ridad concreta. Por otra parte, es también fundamental un suficiente autodominio.
Este equivale a la verdadera libertad interior de la persona, entendida como auto-

determinación racional. Ella nos otorga el señorío frente a las pasiones desorde-
nadas y los impulsos ciegos, compulsivos; y también, frente al bombardeo cons-

tante de incitaciones que nos vienen desde afuera, así como a la coacción moral
externa, con la que, con relativa frecuencia, se contraen los matrimonios. Por últi-
mo, la ubicación y el acierto vocacional, no sólo en el campo laboral sino en el
matrimonial, nos garantiza una existencia plena y fecunda, al estar de acuerdo con
nuestras aptitudes, con nuestras inclinaciones profundas, con nuestras aspiracio-

Legislación complementaria de la CEA, Decreto General Legislativo sobre el can. 1067, nn. 8-10, Buenos
Aires 2000, pág. 518.
110 Cf. J. BONET ALCÓN, Elementos de derecho... , págs. 155-162.
111 Cf. J. BONET ALCÓN, La salud psíquica y ética de los futuros contrayentes, en Curso sobre la preparación

al matrimonio, Buenos Aires 1995, págs. 122-126.

160
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
nes, y también con las circunstancias, personales y sociales, en las que la
Providencia de Dios ubicó nuestra vida terrena, con la voluntad implícita de que
respondamos a sus requerimientos. Además, la vocación es un llamado de Dios en
todos los casos y si nuestra respuesta es afirmativa, tenemos garantizadas todas las
gracias y ayudas necesarias para su cumplimiento.
2.- Por otra parte, en el mundo actual cobra gran importancia el cultivo de la
interioridad profunda del hombre, para que pueda llegar a ser más plenamente
persona en el plano psico-ético, porque el hombre actual está volcado hacia afue-
ra, por los reclamos de las propagandas y de todo el ámbito de la cultura vigente
o dominante. Al hombre de hoy le interesa sólo lo práctico, lo inmediato, lo
superficial. Es como el marino que para navegar no le interesa conocer las pro-
fundidades del océano. Lo que le importa es la superficie. Pero esa falta de inte-
rioridad hace que uno viva en la periferia, en la epidermis, y no penetre, ni en sí
mismo, ni en las cosas. Se queda en lo exterior. No se capta el sentido intrínseco
de las cosas ni de las personas. Pero sólo desde la interioridad nuestra mirada se
hace perspicaz y penetrante. Al respecto, Edith Stein, hablando de la vida inte-
rior, afirma que desde lo más interior sale la irradiación de la esencia propia. Y
cuanto más recogida vive una persona en el interior de su alma, tanto más fuerte
sale hacia los demás; y más sello de índole personal imprime a todo lo que hace;
y posee mayor unidad; y ejerce un mayor influjo, precisamente por lo que es'''.
De modo tal, que la interioridad es el verdadero punto central de la persona. Y
sólo colocándonos en ella podremos ver lo que está bien y lo que está mal. Por
ello, es necesario tomar conciencia del valor único de la vida interior; del valor
del silencio, que posibilita el encuentro consigo mismo, con el otro y con Dios.
En el mundo actual la interioridad es, más que nunca, una conquista permanen-
te, con la ayuda de la gracia. Y sólo desde esa interioridad el hombre puede cono-
cer la verdad; y ser realmente fuerte y libre, en lugar de ser esclavo de modas,
costumbres y opiniones ajenas. Y puede entregarse totalmente a la persona
amada, así como captar lo más profundo de ella y darle en sí la más perfecta aco-
gida. En síntesis, sólo desde la interioridad es posible el verdadero amor.
3.- Asimismo, es conveniente discernir sintéticamente alguna diferenciación
vocacional entre el varón y la mujer, porque, sobre una base fundamental común,
propia de la naturaleza humana, en el varón puede acentuarse más una cierta
orientación hacia las cosas —espirituales y materiales—; y en la mujer, una cier-
ta mayor orientación hacia las personas. En el varón se podría percibir una
mayor acentuación puesta en el trabajo, para completar la obra creadora de Dios.
Y en la mujer, una mayor acentuación en el amor y por amor, en la procreación
física y espiritual de las personas. Bien entendido que la acentuación de una síla-
112 Cf. ibidem, págs. 123-124.

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
161
ba no suprime las otras. Y que, en este discernimiento, ambos tienen mucho de
lo que asignamos al sexo opuesto. Pero la diferenciación permanece y aparece
desde distintos ángulos.
4.- En efecto, al respecto podemos señalar algunos argumentos: genético;
antropológico; psicológico evolutivo; histórico; sociológico y eclesial. Así, en
primer lugar, notemos que en el acto creador de Dios el varón aparece creado
para "cultivar la tierra". Lo que implica el desarrollo de la vida social, económi-
ca, política, cultural; toda la civilización. En cambio, la mujer fue creada para

brindar compañía al varón: "no es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una
compañera semejante a él"113. Y cuando tiene lugar el pecado de origen, también
el castigo adquiere en el varón y en la mujer, las características propias de cada
uno: al varón se le dice "ganarás el pan con el sudor de tu frente y la tierra te pro-
ducirá cardos y espinos""4; es decir, el trabajo te será penoso y no obtendrás
siempre el fruto del mismo. Y a la mujer se le dice: "darás a luz con dolor""5; es
decir, el fruto de tu amor, la procreación física y espiritual, te resultará dolorosa.
Por otra parte, la característica corporal-espiritual de ambos nos indica que en
el alma del varón se acentúa, en general, una capacidad discursiva, razonadora,
para elaborar teorías, doctrinas; mientras que la mujer se caracteriza más por la

intuición, para conocer, por amor, "de golpe", las necesidades de las personas. Y,
en el aspecto corporal, el varón se caracteriza por el músculo y la fortaleza físi-
ca, que lo capacita para el esfuerzo en el trabajo material; mientras la mujer tiene

todo su cuerpo, anatómica y fisiológicamente, particularmente dispuesto para la
maternidad; en lo que se incluye su suavidad y su capacidad de acogida. En cuan-
to a la evolución distinta de la psicología de ambos, puede observarse que cuan-
do el varón pasa de la pubertad a la adolescencia suele pensar un poco más en lo

que hará en su vida, en su futuro trabajo; mientras que la mujer busca más afa-
nosamente a su alrededor a quién amar. En cuanto a los ejemplos históricos,
podremos encontrar entre los varones a pensadores, artistas, reyes, etc., que se
han caracterizado por la obra realizada; mientras que los nombres de mujeres
destacadas que nos conserva la Historia aparecen generalmente al lado de algún
varón. Y, en lo que se refiere a las ocupaciones cotidianas de ambos sexos, con
frecuencia el trabajo del varón lo absorbe de modo que no puede pensar con aten-
ción en sus seres queridos; mientras que las tareas, a veces muy duras, que las
mujeres cumplen en sus hogares les exigen tener la mente y el corazón puestos
en el bien de los miembros de la familia. Esto incluso cuando ella realiza traba-

jos que le exigen, como al varón, ausentarse del hogar. Por último, en cuanto al
ideal de perfección que desde la antigüedad cristiana la Iglesia concreta en los
113 Cf Gn 2, 18.
114 Cf. Gn 3, 17-19.
115 Cf Gil 3, 16.


162
MONS. DR. JOSÉ BONET ALCÓN
santos, aparte del caso común de los mártires, los varones serán pastores, docto-
res, confesores, reyes, etc. Es decir, su santificación fue más particularmente en
el trabajo. En cambio, las mujeres serán vírgenes o viudas, según el modo cómo
hayan amado directamente a Dios; o lo hayan hecho a través del prójimo. Aunque
recientemente se destaca la santidad alcanzada en el matrimonio y la familia, no
porque desaparezcan las diferentes acentuaciones señaladas, sino porque logra-
ron su feliz complementación.

5.- En relación con lo dicho anteriormente, se suele destacar como más
característico del varón la fortaleza, y, con ella, la capacidad de protección y
defensa
para con los más débiles. Es también propio de él la tendencia al domi-
nio
y la conducción. Y en él tiene su peso preponderante la reflexión y el racio-
cinio.
Por otra parte, posee una mayor capacidad de abstracción y de ubicación
en los planos más generales de la realidad. Y hay en él una mayor
división en sec-
tores
de su personalidad, de tal manera que, si en algún sector no funciona, puede
funcionar bastante bien en otros sectores. Pero también aquí se habla en términos
de acentuaciones, sin que se excluyan las excepciones y la posibilidad de que el
otro sexo posea características similares. Por otra parte, es más
notable en la
mujer
la amabilidad, el cuidado del detalle; la valoración de lo estético, de lo
espiritual.
Hay en ella una mayor sociabilidad o capacidad para lo social y una
mayor religiosidad, entendida como relación personal con Dios. Ella está más
marcada por la
maternidad de lo que el varón lo está para la paternidad, tanto en
el ámbito anatómico y fisiológico como en el ámbito psicológico. Y ella suele
dejar un sello
maternizador en todas las tareas que realiza, también en el ámbito
profesional, como lo ha expuesto admirablemente Edith Stein. Y tiene una nota-
ble
capacidad de sufrimiento. Está especialmente dotada para la educación así
como para la
asistencia a enfermos, ancianos, niños. Está más llamada a la defen-
sa de la vida,
sobre todo en sus estadios más débiles y más amenazados. Esto, sin
olvidar la función protectora del varón, que debe funcionar muy concretamente
en este ámbito. Además, la mujer
necesita de la ternura, afecto y valoración del
varón
para poder funcionar. Ella tiende a ser bien concreta y muy unida en su
personalidad. Lo que posee grandes ventajas, pero también el inconveniente de
que, si en un sector anda mal, ello arrastra consigo a los otros sectores de su per-
sona. Finalmente, la mujer suele ser
imaginativa y, como es sabido, tiende con
frecuencia a dejarse
guiar por la afectividad.
6.- Teniendo esto en cuenta, podrá existir más fácilmente la capacidad de diá-
logo y comprensión, la capacidad de compartir y de avivar la llama del amor y la
ilusión, así como la capacidad de complementación y ayuda mutua, respetando el

papel que le corresponde a cada uno en el seno de la familia, sin menoscabo de
la unión indisoluble que se concreta cada día y que armoniza el "yo" de cada uno

EL REVÉS DE LA TRAMA DE LOS MATRIMONIOS NULOS
163
con el "nosotros". Éste hace que se posea un proyecto de vida en común, e inclu-
so, que se llegue a ser un reflejo y una participación misteriosa de la santísima.
Trinidad. Y, dado que del matrimonio surge la familia y ésta es "iglesia domésti-
ca" y célula de la sociedad, tendrá lugar también una proyección benéfica sobre

la Iglesia y la sociedad civil. Con el modo parcialmente nuevo de entender la
communio eclesial, como inmanencia. del todo en la parte, la familia cristiana
hace presente, de algún modo, al Cuerpo místico de Cristo, análogamente a como
el fragmento o la partícula eucarística contienen al Cristo entero'.

7.- Entendemos que la observación prolongada de los matrimonios nulos, con
sus características propias, similares y distintas, y con sus propias causales, ava-
lan la conveniencia de tener en cuenta en la preparación matrimonial estas refle-
xiones; ya que estos aspectos en su casi totalidad faltaron en los matrimonios

nulos o, más bien, se dio lo contrario de ellos. De ahí que el "revés de la trama"
de esos matrimonios aparentes nos descubre su realidad defectuosa; y, por con-
traste, nos ayuda a descubrir la realidad virtuosa y las excelencias del matrimo-

nio a las que debe aspirar la preparación matrimonial. Tal vez se destaque a lo
largo del trabajo la conveniencia de insertar en esa preparación una notable valo-
ración y exaltación de la mujer, en la que se armonicen dulzura y fortaleza'''. En
esa fortaleza se debería incluir la capacidad para recuperar el sentido del pudor;
porque la exhibición de aquello que debería permanecer en la intimidad y mos-
trar en público aquello que sólo debería mostrar al esposo, es comenzar a des-
cender por la vía de la degradación y ofender al que es o será el legítimo esposo.
También se ha destacado la valoración y exaltación de la sacramentalidad del
matrimonio', llamada a "sacramentalizar" la vida familiar y desde ella, toda la

vida social, ya que la familia es la célula de la sociedad. La unión de Cristo y de
la Iglesia, participada en este sacramento es fuente de felicidad terrena, aún en
medio de las tribulaciones, y anticipo de la eterna. Estimamos que de que se revi-
talice esta sacramentalidad depende, en gran medida, el futuro de la humanidad.

116 Cf. E. CORECCO, Théologie et Droit Canon, Fribourg Suisse 1990, págs. 182s.; 249s.
117 Cf JUAN PABLO II, Mulieris dignitatem, 1988.
118 Cf. JUAN PABLO II, En torno al matrimonio como sacramento, en Matrimonio y divorcio, Textos de Juan

Pablo II, Buenos Aires 1984, págs. 69-138.


AADC VIII (2001) 165-178
EL CUIDADO PASTORAL
DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE.
ALGUNAS CUESTIONES CANÓNICAS DEL CAN. 517 § 2
Pbro. Dr. Ariel David Busso
SUMARIO: Introducción general; La cuestión del nombre; La función del obispo;
Funciones a desempeñar por el encomendado; El sacerdote moderador; ¿ Una
o más parroquias?; ¿Qué estabilidad posee el oficio de "animador o agente

pastoral encomendado"?; Algunas reflexiones.
Introducción general
El can. 517 § 2 tiene en cuenta los casos en los cuales, por escasez de sacerdo-
tes, se encomienda una parroquia a una o a varias personas que no son sacerdotes
—es decir ni obispos ni presbíteros— a los efectos de hacerse cargo de su cuidado
pastoral. Estas personas pueden ser diáconos permanentes o transeúntes, miembros
de institutos de vida consagrada o de sociedades de vida apostólica o laicos sin nin-
gún otro ligamen eclesial que su sagrado bautismo. El texto dice así:
Si por escasez de sacerdotes, el obispo diocesano considera
que ha de encomendarse una participación en el ejercicio de la
cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no
tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad, designará a un
sacerdote que, dotado de las potestades propias del párroco, diri-
ja la actividad pastoral'.
Las condiciones para que esta singular forma de atención pastoral pueda ser
viable son dos. En primer lugar, debe ser a causa de la escasez de sacerdotes —si
ob sacerdotum penuriam—
y no por otra causa. La legislación es taxativa en este
sentido, debiéndose leer el can. 517 § 2 a la luz del can. 515 § 1, donde se expli-
cita que se encomienda la parroquia "a un párroco como su pastor propio", y del
can. 521 § 1 donde se prescribe que para ser designado párroco válidamente debe
haber recibido el orden sagrado del presbiterado. La carga pastoral de una parro-
1 Can. 517 § 2.

166
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
quia confiada a los que no son sacerdotes, es por vía de excepción y con sus limi-
taciones, corno se tratará más adelante. En segundo lugar debe mediar la estima-
ción del obispo diocesano —episcopus dioecesanus aestimaverit— de la situación
de necesidad o conveniencia. Es el obispo diocesano, o los que el derecho a él
equipara2, quien juzga y nombra. Esto excluye al administrador diocesano quien,
por la precariedad de la función misma y su término, no se suma esta facultad
entre sus atribuciones.
La figura del oficio pastoral del can. 517 § 2 es consecuencia directa de la
definición de parroquia del can. 515, en la que se la considera como un instituto
jurídico diocesano, donde la esencialidad está construida por el coetus fidelium y
no ya por los deberes y derechos del párroco y por la tutela patrimonial de los
beneficios, como prescribía el código de derecho canónico de 19173. El elemen-
to genérico —la comunidad de fieles— está signado a su vez por un elemento jurí-
dico de singular importancia para el tema que nos ocupa, que es la cura pastoral
específica en la persona del párroco, nombrado por el obispo diocesano. Este
nombramiento garantiza la estricta relación jerárquica del obispo con la comuni-
dad de fieles, en la persona del párroco. Es por ello que la particularidad del can.
517 § 2 se inscribe, insistiendo nuevamente, en la vía de excepción.
Esta forma de prever una parroquia no encuentra equivalencias en la legisla-
ción anterior al código de 1983, y debe considerarse como un patente ejemplo de
los esfuerzos de la Madre Iglesia para solucionar problemas nuevos, diferentes y
urgentes. Si bien las condiciones en que se encuentran las Iglesias particulares en
el mundo son variadas y distintas, las respuestas se aúnan en la común legisla-
ción universal.
Sin embargo, el derecho canónico no otorga muchos detalles sobre la forma
y el contenido de esta nueva manera de carga pastoral y de las responsabilidades
específicas del sacerdote moderador a que hace referencia el mismo canon. El
código hace silencio sobre los procedimientos y prácticas de esta nueva institu-
ción canónica, tal vez para que puedan aplicarse adaptaciones locales necesarias.
Pero si una Iglesia local decide poner en práctica el can. 517 § 2, deberá tener una
visión clara de las normas que están vigentes para que el trabajo sea consonante
y congruente en todo con el sentir de la Iglesia universal.
La cuestión del nombre
Según el can. 517 § 2, se dice que, por escasez de sacerdotes, el obispo puede
encomendar "una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia
a un diácono, o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comu-
nidad". La noción que desarrolla el canon no otorga un nombre específico a la
2 Cf. cáns. 381 § 2 y 368.
3 Cf. can. 451 del CIC'17.

EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
167
persona física o jurídica, que desempeñará ese oficio; el canon otorga prioridad
a la tarea, pero no le da un nombre específico.
La primera dificultad en buscar un nombre se encuentra en el mismo carác-
ter excepcional y provisional de este modo de encomendar la atención pastoral
de la parroquia. La precariedad dificulta, a veces, otorgarle el. calificativo.
La segunda dificultad es motivada por lo nuevo y original de la situación
planteada. La parroquia, como institución milenaria, se fue formando canónica-
mente en estos últimos siglos, alrededor de la figura del sacerdote párroco. La
escasez de clero, sobre todo en los países no misionales, resulta un fenómeno
hodierno de resultados aún inestimados.

Pero la tercera dificultad, está en el oficio mismo, porque el diácono, el
miembro de un instituto de vida consagrada no sacerdote, el fiel laico —varón o
mujer— o la comunidad compuesta por ellos, son llamados a participar en el ejer-
cicio mismo de la cura pastoral de una parroquia, en virtud del encargo del obis-
po diocesano y bajo la dirección de un sacerdote. Se trata de ejercer algunas fun-
ciones que, de ordinario, son cotidianas al párroco. No es el desempeño de una
cura animarum, porque ésta requiere el carácter sacerdotal', sino participación de
otras funciones que el mismo código atribuye al párroco. Sin ser una figura inter-
media entre el párroco y los demás fieles de una parroquia, se trata de fieles con
especiales funciones no sólo administrativas o documentales', sino también aque-

llas de formación y animación espiritual', o litúrgicas'.
Todo esto hace que la noción del fiel o los fieles que desempeñan este oficio
sea difícil de definir o calificar.
Algunos han otorgado prioridad a la expresión "agente pastoral parroquial'".
Este simple nombre presenta sus inconvenientes, porque hay otras personas que
son agentes de pastoral en la parroquia misma y que desempeñan distintas fun-
ciones y ministerios, por lo tanto sería inapropiado o abusivo darle a uno de ellos
el nombre de "agente pastoral" y reservar para los demás otros distintos.

Ciertamente no se lo podría llamar vicario parroquial, porque sólo el sacer-
dote puede ser nombrado válidamente para ese oficio. La razón es muy simple:
el vicario está vinculado al oficio del párroco y obra en la parroquia como un

"vice" del mismo. Alguien que no sea sacerdote no podrá llevar ese título.
4 Cf can. 150.
5 Como por ejemplo las de los cáns. 532 y 535.
6 Cf. cáns. 528 y 529.
7 Cf. can. 230 § 3.
8 Michael Thérialult, le da el nombre de
"agent de pastorale en paroisse" o "agent de pastorale paroissiar' ,
como una traducción de "pariste director". (Presentación en la edición francesa de "Pastoral tare in
Parishes without a resident Pastor",
por Barbara Anne Cusack y Therese Guerin Sullivan, Washington
DC 1995).

9 Cf. can. 546.

168
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
Tampoco sería conecto si, aunque se eliminara la palabra "vicario", se le llama-
ra "adjunto del párroco" o simplemente "adjunto", porque estaría siempre limi-
tado por la misma razón.
Tampoco serían apropiados los términos "coordinador" o "animador". Si
bien son genéricos, estos términos, podrían confundir a quien realmente ejerce
esas funciones, que es el sacerdote moderador "dotado de las potestades propias
del párroco" (can. 517 § 2) y que, por lo tanto, dirige, coordina y anima, real y
jurídicamente la pastoral de esa parroquia. Es él a quien está mandado dirigir la
actividad común. Es el sacerdote que, por la ordenación ministerial, es el "párro-
co real" nombrado por el obispo. Es, además, el vínculo real de esa comunidad
parroquial con la Iglesia local.
Esto significa que, en el caso de que a una comunidad de instituto de vida
consagrada o sociedad de vida apostólica no sacerdotal, le sea encomendada una
parroquia, el coordinador o animador de la misma, no será el superior de esa
comunidad, sino que lo será el sacerdote a quien el obispo haya nombrado para
el caso. La encomienda será a la comunidad. El superior lo será de esa comuni-
dad de consagrados encargada, pero no de la comunidad parroquial. Seguramente
será él quien resulte nexo con el sacerdote moderador, porque éste vive en otro
sitio distinto de la sede parroquial, pero no se constituye en animador o coordi-
nador por el sólo hecho de presidir la comunidad del instituto de vida consagra-
da o sociedad de vida apostólica que ha recibido la encomienda.
Como puede verse, la cuestión del nombre sigue abierta. Si nos atenemos a
las palabras del can. 517 § 2, se debería concluir que el oficio se trata de una "par-
ticipación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia" y el oficio es el de
laico (o diácono) "encomendado". Pero tal nombre, si bien resulta mejor que los
otros nombres en el aspecto canónico, sin embargo, dejaría mucho que desear en
otros aspectos prácticos.
Personalmente me inclino por el de "animador o agente pastoral encomenda-
do" a tal o cual parroquia o cuasi-parroquia. En este caso, la generalidad de "ani-
mador" o "agente pastoral" queda singularizado por la asignación concreta de la
comunidad de fieles determinada. Animador o agente pastoral, no es el coordi-
nador, oficio reservado al moderador sacerdote, sino que indica un oficio que, al
tiempo que se determina su actividad específica, excluye el carácter sacerdotal y
que es reservado al que dirige la actividad común. La dirección es del sacerdote
moderador, la animación pastoral es del diácono, del laico, o de los diáconos o
laicos encomendados.
De todos modos, como podrá constatarse, no hay aún nombre definitivo. Las
experiencias habidas en este sentido no son coincidentes.

EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
169
La función del obispo

El can. 517 § 2 habla de "encomienda" por parte del obispo, y por lo tanto de un
acto específico de su potestad, a "la participación en el ejercicio de la cura pastoral",
es decir de un mandato preciso que prevé la asunción de una carga eclesiástica.

El can. 228 § 1 reconoce la capacidad jurídica de los laicos —los que resultan
idóneos— a "ser llamados por los sagrados pastores para aquellos oficios ecle-
siásticos y encargos que pueden cumplir según las prescripciones del derecho".

Tal capacidad, por lo tanto, no corresponde indistintamente a todos los laicos por
igual, porque supone una idoneidad específica. Y para poder ejercitarse efectiva-
mente, exige una "llamada", de naturaleza ampliamente discrecional, de parte de
la jerarquía. Por eso, no es este un derecho-deber que los fieles puedan desarro-
llar en el ámbito eclesial, sino que corresponde a funciones propiamente "ecle-
siásticas" y por lo tanto es una responsabilidad del obispo'.

La formulación del canon queda vaga e indefinida, pero son algunas com-
plementaciones en el derecho comparado, o en los documentos posteriores,
donde deberá hacerse el reenvío correspondiente". El obispo no sólo discierne y
encomienda, sino que también debe precisar concretamente cuáles son los dere-

chos y deberes de aquellos llamados por él.
Funciones a desempeñar por el encomendado
"El diácono, el religioso no sacerdote, la religiosa, el fiel laico —hombre o
mujer— o la comunidad por ellos compuesta, que han sido llamados a participar
en el ejercicio de la cura pastoral, podrán colaborar, en virtud del encargo recibi-
do por el obispo bajo la dirección del sacerdote, mediante el ejercicio de funcio-

nes confiadas de ordinario al párroco". Así sostiene el canonista del "Comentario
exegético al Código de Derecho Canónico" de la universidad de Navarra'.

La aseveración es exacta. El animador o coordinador encomendado debe des-
arrollar el ejercicio de algunas funciones que el derecho común atribuye al párro-
co, aunque ninguna de aquellas que requieren de suyo el carácter sacerdotal'.

Las funciones son en el campo de la misión de enseñar, de santificar y en el
administrativo.
Con respecto a la función de enseñar en la Iglesia, el animador o coordinador
encomendado deberá dirigir los actos de la vida parroquial con la vida y en
misión de la Iglesia universal. Así deberá tener conocimientos suficientes de la
eclesiología católica y una buena experiencia de comunidad eclesial, a los efec-

tos de hacer sentir a los fieles de esa parroquia, miembros de una Iglesia univer-
10 Constitución Conciliar Lumen Gentium n. 33.
11 Por ejemplo: Exhort. Apost. Christifideles laici n. 23.
12 Cf. Vol. 11/2. A. SÁNCHEZ GIL, Pamplona 19972, pág. 1218.
13 Cf. can. 150.


170
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
sal que traspasa los límites de ese grupo de fieles. Lo mismo deberá decirse con
respecto a la Iglesia particular a la que pertenece. Ya es suficiente limitación la
situación de acefalía que sufre por la falta de párroco propio, y por ello deberá
llenarse ese vacío con todos los modos válidos posibles para que la comunidad

en cuestión no sufra el aislamiento más de la cuenta.
Deberá facilitar también, de muchas maneras, el ejercicio de los carismas que
le son propios a los miembros de institutos de vida consagrada y a los posibles
ministerios laicales existentes en su jurisdicción. Con el sacerdote moderador,
buscará que cada fiel aprenda la fe de la Iglesia y la ejercite en su vida de la forma
más eficazmente posible.

El campo de responsabilidades en el munus docendi, comprende:
1) Tomar los recaudos necesarios para que los fieles sean adoctrinados en
las verdades de fe, mediante una catequesis adecuada, especialmente en
la celebración del domingo y fiestas de precepto".

2) Asumir las tareas correspondientes a la formación y animación espiritual'.
Con respecto al munus sanctificandi:
1) Administrar el bautismo cuando no haya un sacerdote o un diácono dis-
ponible'.
2) Coordinar los diversos ministerios litúrgicos que desempeñan los laicos
y colaborar eficazmente en su formación.
3) Servir de ministro extraordinario de la comunión eucarística y del viático'.
4) Administrar los sacramentos que él está habilitado para ello" y bendecir
de acuerdo el ritual de las bendiciones.
5) Organizar la catequesis y la administración de algunos sacramentos
colectivos, como la confirmación y la unción de los enfermos.
6) Trabajar en la pastoral familiar, animar a las familias y a los grupos fami-
liares, preparar a los que van a contraer matrimonio y confeccionar el
expediente matrimonial, etc.
7) Presidir las oraciones por los difuntos, especialmente los responsos en el
templo o en el cementerio y en las casas velatorias. Deberá para ello
seguir estrictamente el ritual. Así mismo, ayudar a las familias en los
momentos de dolor por la pérdida de un familiar.

8) Presidir diariamente la Liturgia horarum, así mismo, la celebración de la
Palabra y la distribución de la comunión, según las normas de los libros
litúrgicos y el derecho universal y particular.
14 Cf. can. 528 § 1.
15 Cf. cáns. 528 § 1 y 529 § 1.
16 Cf cáns. 230 § 3; 861 § 3.
17 Cf cáns. 910 § 2; 911 § 2.
18 Cf. can. 1168.


EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
171
En las cuestiones administrativas:
1) Rendir cuenta regularmente al sacerdote moderador de todos los aspectos
de la vida de la parroquia. La frecuencia será tanto como le fuere posible
a ambos.
2) Representar a la comunidad parroquial en todas aquellas funciones en las
que no es obligatorio el carácter sacerdotal. Deberá recordar que el "ani-
mador o agente de pastoral encomendado" no puede ni deberá ser canó-
nicamente equiparado a un párroco. Es por ello que obviamente no parti-
cipará de las reuniones de presbíteros, ni representará a la parroquia en el
arciprestazgo o decanato o zona pastoral a la que pertenezca.

3) Poner en funcionamiento la colaboración del consejo de pastoral parro-
quial, si existe, y el consejo parroquial para los asuntos económicos.
4) Llevar el registro de los libros parroquiales que son obligatorios en las
parroquias y preparar las relaciones al obispado, de acuerdo al derecho
particular'.

5) Administrar el activo de la parroquia, confeccionar el inventario; prepa-
rar asimismo el presupuesto anual de acuerdo al derecho particular de
acuerdo al consejo de asuntos económicos.

6) Supervisar la formación inicial y continua de los miembros del personal
parroquial.
No hace falta agregar que todas las actividades deberá desarrollarlas en con-
sonancia y con acuerdo necesario con el moderador sacerdote.
Por más que en esto exista derecho particular al respecto, en la diócesis, o
nada se diga explícitamente en el nombramiento, sin embargo, la naturaleza del
oficio, así lo exige. Se recordará que sólo el sacerdote moderador es quien posee
la competencia de vigilar y de representar legalmente a la parroquia.
El sacerdote moderador
El moderador de la parroquia en cuestión, es el sacerdote que, nombrado por
el obispo para tal efecto, supervisa la actuación del "animador o agente pastoral
encomendado". Es él quien rinde cuentas finalmente al obispo diocesano, y él
representa a la parroquia para todos los efectos jurídicos correspondientes.

Este sacerdote se asimila canónicamente al párroco. Esta concreta asimila-
ción es notoria en lo referente al poder de dispensa que posee. Todas las dispen-
sas que el código de derecho canónico atribuye al párroco, la posee el sacerdote

19 En cuanto a quien firma al pie de las actas en los libros parroquiales, nada dice el canon y, por lo tanto, debe-
rá figurar en el derecho particular y/o en el mismo nombramiento. Creo conveniente que sea el sacerdote
moderador quien lo haga, por el mismo carácter público en la Iglesia de la condición sacerdotal. Además,

la estructura provisional de la figura del can. 517 § 2 merece que posea, en los libros, la firma del sacerdo-
te moderador, que asegura la continuidad de la unión entre la liturgia y la presidencia de la comunidad.

172
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
moderador". Lo mismo sucede con las facultades relativas a la confirmación, a
la penitencia y al matrimonio'. Su rol es esencial para conservar el carácter par-
ticular de comunidad jerárquica que tiene necesidad de un oficio estructurado
confiado a un sacerdote ordenado'.
La figura del "sacerdote moderador" o "moderador de la cura pastoral", es un
oficio canónico nuevo. La normativa lo prevé aún en el caso en que una o más
parroquias sean confiadas contemporáneamente in solidum a varios sacerdotes".

El moderador, de acuerdo a esto, no es el párroco. Sin embargo, tiene la repre-
sentación jurídica de la parroquia o de las parroquias confiadas'. Análogamente,
en el caso del parágrafo 2 del can. 517, el moderador, que no es el párroco pero
tiene la potestad y las facultades típicas del párroco, es llamado a realizar una
"potestad moderadora" en el cuidado pastoral de la parroquia y, por lo tanto, de
coordinación, de verificación y de promoción de la obra pastoral confiada al diá-
cono, a los miembros de institutos de vida consagrada o a los miembros de socie-
dades de vida apostólica, o a los laicos llamados por el obispo para tal efecto.

Es una figura importante —tal vez la más importante— que desempeñará un rol
indispensable en la tarea de unidad parroquial.
El nombre que le da el código a este sacerdote es de moderator. El término
latino dice más que su correspondiente en castellano. Moderator, parece hacer
más referencia a superior, director, rector; siempre tiene un sentido dirigente. El
término "moderator", en el código de derecho canónico, designa una gran varie-
dad de funciones: director espiritual (can. 246 § 4), director de estudios (can. 261
§ 2), responsable de una asociación de fieles (can. 309), autoridad civil (can. 364,

7°), moderador de curia diocesana (can. 473 § 3), el superior o superiora de un
instituto de vida consagrada (can. 592 § 2), superior o superiora de una casa reli-

giosa de canónigos o canonesas regulares y de monjes o monjas (can. 613), el
director de una escuela católica (can. 806 § 2), el rector de una universidad o el
decano de una facultad (can. 820), etc."

En castellano, es aquél que "regula lo excesivo", "concilia a partes opuestas"
o "equilibra los términos de un debate". Es por ello que en el caso que nos ocupa,
se deberá descartar la singularidad del lenguaje castellano y se deberá seguir la del

latín que es, en términos generales, la continuidad del uso eclesiástico del voca-
blo. Esta salvedad no es de poca monta, porque incluye efectos jurídicos de
muchas de las acciones pastorales que se realizarán en la parroquia, y que se veri-
ficarán de acuerdo a si se utiliza, en la práctica, una u otra acepción lingüística.
20 Cf. can. 1079 § 2; can. 1080 §§ 1 y 2; can. 1196 y can. 1245.
21 Cf. can. 883, 2° y 3°, can. 968 § 1; cáns. 1109 y 1111 § 1.
22 Cf. P. VALDRINI, Fonction de sanctification et charge pastorale, La maison Dieu 194 (1993) 54.
23 CE can. 517 § 1.
24 Cf can. 543 § 2, 3°.
25 Cf. A. BORRAS, Les communautés paroissiales, París 1996, pág. 175.

EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
173
El sacerdote moderador es nombrado por el obispo diocesano mediante el
correspondiente decreto.
La colaboración laical al "sacerdote moderador" es una colaboración reglada
por la legislación postconciliar y, de un modo particular, por el código de dere-
cho canónico, a fin de que esta colaboración forme armoniosamente su lugar
entre la pastoral ministerial y sus facultades propias. El nombramiento es por
decreto propio, distinto al de nombramiento de párroco, y deberá constar clara-
mente que debe responder delante del obispo de todos sus actos en tal orden. El
obispo es también responsable de la sustentación correspondiente al presbítero en
cuestión, así como su relación con la parroquia encomendada en los temas de sus-

tentación de sus viáticos de viaje y estipendios.
El obispo es el último responsable de toda esta nueva forma de atención pas-
toral de la parroquia. La vaguedad en la redacción del canon lo marca aún más.
Conviene que se establezca, junto a los nombramientos correspondientes, las
disposiciones del derecho particular, las condiciones de idoneidad de las perso-
nas involucradas, qué funciones desempeñarán cada una, etc. Pero, atendiendo
siempre el carácter excepcional y provisional de este modo de atención parro-
quial, deberán darse normas claras y precisas cada vez, permitiendo que la sin-
gularidad del hecho, posea también un derecho singular. El sacerdote moderador
no escapará a estas normas.

¿Una o más parroquias?
El enunciado del can. 517 § 2 no precisa si "la participación de la cura pas-
toral de la parroquia", se aplica en forma exclusiva a "una" sola parroquia o a
varias. La expresión latina es
exercitio curae pastoralis paroeciae y tiene como
traducción castellana: "participación de la cura pastoral de la parroquia". La

ausencia de artículos en latín, ha permitido el uso del artículo definido en caste-
llano. Nos preguntamos si podría haberse traducido como "una parroquia", en
lugar de "la parroquia".

El texto que dice cura, no dice en latín alicuis paroeciae o unius paroeciae.
Por eso, la traducción "la parroquia", que parece ser más exacta, no descarta la
posibilidad, de suyo, que el can. 517 § 2 pueda ser aplicado igualmente a muchas
parroquias, confiadas a un(os) agente(s) o administrador(es) parroquial(es) enco-
mendado(s), con un sacerdote moderador. Más aún, pareciera que el contexto

legislativo, se refiere más a varias parroquias que a una. El parágrafo 1 del mismo
canon, expresa "una o más parroquias" en la encomienda in solidum a sacerdo-
tes. Además, si hay escasez de sacerdotes en esa concreta Iglesia particular, es
muy probable que esta excepción de una parroquia no sea la única.


174
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
¿Qué estabilidad posee el oficio de "animador o agente pastoral
encomendado"?
Estos fieles encomendados, diáconos o laicos, reciben no solamente un
munus, una carga o tarea pastoral, sino que reciben un officium, de acuerdo al
can. 145 § 1. Hay un régimen de excepción que motiva esta encomienda y por lo

tanto, lo justifica: es la imposibilidad de tener un párroco propiamente dicho.
Este oficio, participado y encomendado, no posee en el derecho universal el
límite de un tiempo determinado exactamente. Corresponderá por lo tanto al
derecho particular fijar su limitación en el tiempo.
La autoridad competente para fijar el tiempo es el obispo diocesano. En el
mismo decreto de nombramiento determinará los derechos, las obligaciones y
otros detalles como son: la remuneración y el tiempo.

La estabilidad del —o de los— encomendado(s) deberá preverse claramente.
Para ello se conjugará simultáneamente dos derechos: el de los fieles de la parro-
quia, a quienes les es legítimo pretender tener un sacerdote como párroco —y quie-
nes entenderán esta vía de excepción— y el del agente o animador encomendado
mismo. Este, aunque trabaje
part-time en la pastoral parroquial, necesitará la orga-
nización de su propia vida y de los suyos. Además, le ayudará a considerarse pres-
cindible, ya que tendrá en cuenta que, al tiempo fijado, o se normaliza la situación
de excepción o bien podrá otro sustituirle en el oficio. Este nombramiento reali-

zado por un tiempo determinado, suele ser altamente provechoso cuando la enco-
mienda es a una comunidad, a un instituto de vida consagrada o a una sociedad de
vida apostólica. La acción conjunta merece siempre para su buen funcionamiento
el recambio de personal, teniendo en cuenta siempre la idoneidad.

Pero hay algo más que no debe olvidarse. El mismo enunciado del canon
coloca un límite exacto en el tiempo de nombramiento: si ob sacerdotum penu-
riam. Si esta situación se revierte, el obispo tiene obligación de nombrar un
párroco cuanto antes. En el caso contrario, si observa durante un extenso lapso
que no conviene enviar allí un sacerdote corno párroco propio, tomará las medi-
das correspondientes para suprimir esa parroquia o para sumarla a otra. La enco-
mienda posee siempre carácter precario, por eso mismo conviene fijar los plazos
del oficio en el nombramiento, plazos renovables y actualizables.

Algunas reflexiones
Un régimen de excepción como el del can. 517 § 2 —como ya se lo ha seña-
lado hasta el hartazgo— no podrá aceptarse sino en "los hechos". Así podrá ser
justificado desde el punto de vista del derecho y de la eclesiología, si las cir-

cunstancias que determinan la situación son realmente "circunstancias de excep-
ción", es decir: escasez de clero
y demasiadas parroquias para tan poco clero,

EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
175
además del parecer del obispo. Una aplicación ideológica del can. 517 § 2, por
ejemplo, como "promoción del laicado", no estaría justificada por el canon. Y
mucho menos si se tratara de generalizar la aplicación. Una y otra serían conse-
cuencias lamentables, en perjuicio del ministerio ordenado, de la función presbi-
teral y de la eclesiología misma. De por sí, existen otras formas de promover el

laicado en la Iglesia, como por ejemplo: reconocer los carismas de cada uno",
encontrar y respetar el lugar de cada uno en su comunidad", confiar tareas pas-
torales indispensables para la vida de la parroquian, dejarles lugar en los conse-

jos parroquiales", etc.
Las comunidades parroquiales se verán enriquecidas con la interpretación
adecuada del derecho.
La aplicación correcta del can. 517 § 2 supone el reconocimiento del carác-
ter jerárquico de las comunidades parroquiales, en el sentido más preciso de la
doctrina canónica. El párroco es aquél que, siendo "presbítero ordenado", y bajo

la autoridad del obispo, como pastor propio, preside "una determinada comuni-
dad de fieles constituida de modo estable en una Iglesia particular". Por lo tanto,
supone la aplicación de esta fórmula en un presupuesto de comunidades asocia-

tivas, donde el párroco y los otros fieles asumen cada uno su función específica.
Ni el clérigo ocupa lugares laicales, ni el laico las propias del clérigo.

Una aplicación inexacta de esta forma excepcional de atención parroquial, la
del can. 517 § 2, puede llevar a una cierta "clericalización" de la vida laical, con
todos los peligros que ello suscita. Las funciones que desempeña el "animador o
agente pastoral encomendado" es de marcado contenido clerical o, mejor dicho,
sacerdotal. Ya es bastante el paso dado en el canon de separar el apostolado
parroquial del altar. La omisión, en la legislación vigente, de que el sacerdote
moderador es "pastor propio", ha dejado una interpretación abierta a que el rol
del sacerdote deba limitarse a la sola vigilancia de la carga pastoral o, en la prác-

tica, de los actos que le competen esencialmente en su campo sacerdotal, es decir,
únicamente como mediador en el altar. En cambio, creo que si el can. 517 § 2 se
aplica por régimen de excepción y aunque se haya omitido que el sacerdote
moderador es "el pastor propio", la inseparable unión entre el altar y el oficio no
podrá descartarse de ninguna manera. Se podrá responder que el mandato del
obispo garantiza en su misma persona, que esa unión se mantenga. Pero el pres-
bítero tiene una función propia en la vida de la Iglesia que no deberá descono-
cerse. A él corresponde la presidencia de la comunidad de una porción de la

26 Exhort. Apost. Christifideles laici n. 24.
27 Exhort. Apost. Christifideles laici n. 26.
28 Exhort. Apost. Christifideles laici n. 27.
29 Exhort. Apost. Christifideles laici n. 27.
30 Cf. can. 521 § 1.

176
PBRO. DR. ARIEL D. Busso
Iglesia particular y, cuando a ello se le suma el oficio de "sacerdote moderador
de una parroquia sin párroco", será él quien desde "el altar" deberá "moderar" al

animador(es) o agente(es) pastoral(es) encomendado(s), como "pastor propio".
A este punto, la presencia sacerdotal, deja de ser únicamente "moderadora",
porque no es posible separarlo por decreto de lo que se encuentra íntimamente
unido en la teología del orden sagrado.
Una comunidad de fieles, para poder ser llamada Iglesia y para serlo vivamen-
te, no podrá desnaturalizarse de su formación fundacional. Toda Iglesia o asamblea
le "debe" a Cristo su dirección última, porque es Él quien le ha concedido el minis-
terio apostólico. De hecho, ninguna comunidad podrá darse ella misma esa direc-
ción. El ejercicio de los
munus de magisterio y de gobierno, requiere esa determi-
nación canónica o jurídica de parte de la autoridad jerárquica'.
El sacerdote es, en consecuencia, necesario para la existencia misma de la
comunidad: "De ahí que no se deba pensar en el sacerdocio ordenado como si
fuese anterior a la Iglesia, porque está totalmente al servicio de la misma; pero

tampoco como si fuera posterior a la comunidad eclesial, como si ésta pudiera
concebirse como constituida ya sin este sacerdocio"". Si en una comunidad el
sacerdote está ausente, ella se encuentra privada del ejercicio y de la función
sacramental de Cristo Cabeza y Pastor, esencial para la vida misma de la comu-
nidad eclesial. A tal efecto es la referencia que hace la exhortación apostólica:

"La relación del sacerdocio con Jesucristo, y en Él con su Iglesia, —en virtud de
la unción sacramental— se sitúa en el ser y en el obrar del sacerdote, o sea, en su
misión o ministerio. En particular, «el sacerdote ministro es servidor de Cristo,
presente en la
Iglesia misterio, comunión y misión. Por el hecho de participar en
la 'unción' y en la 'misión' de Cristo, puede prolongar en la Iglesia su oración,
su palabra, su sacrificio, su acción salvífica. Y así es servidor de la Iglesia mis-
terio
porque realiza los signos eclesiales y sacramentales de la presencia de
Cristo resucitado. Es servidor de la Iglesia comunión porque —unido al obispo y
en estrecha relación con el presbiterio— construye la unidad de la comunidad
eclesial en la armonía de las diversas vocaciones, carismas y servicios. Por últi-
mo, es
servidor de la Iglesia misión porque hace a la comunidad anunciadora y
testigo del Evangelio». De este modo, por su misma naturaleza y. misión sacra-
mental, el sacerdote aparece, en la estructura de la Iglesia, como signo de la prio-
ridad absoluta y gratuidad de la gracia que Cristo resucitado ha dado a su Iglesia.
Por medio del sacerdocio ministerial la Iglesia toma conciencia en la fe de que
no proviene de sí misma, sino de la gracia de Cristo en el Espíritu Santo. Los
apóstoles y sus sucesores, revestidos de una autoridad que reciben de Cristo,
Cabeza y Pastor, han sido puestos —con su ministerio—
al frente de la Iglesia,
31 Constitución Apostólica Lumen Gentium nota explicativa previa, n. 2.
32 Exhort. Apost. Pastores Dabo Vobis n. 16.

EL CUIDADO PASTORAL DE UNA PARROQUIA SIN SACERDOTE. . .
177
como prolongación visible y signo sacramental de Cristo, que también está al
frente de la Iglesia y del mundo, como origen permanente y siempre nuevo de la

salvación, El, que es «el salvador del Cuerpo» (Ef 5, 23)' 33.
El sacerdote es absolutamente irremplazable. Se deduce entonces de esto que
es menester una celosa pastoral vocacional, ordenada y continua, a fin de dar a la
Iglesia los ministros que ella tiene necesidad. Se deduce también que hay de dar
a los que se preparan para recibir el presbiterado una cuidadosa educación inte-
gral, para que, de lo contrario no se engrose el número de defecciones sacerdota-

les. Toda otra solución para hacer frente a los problemas sobrevinientes a la falta
de ministros ordenados, no puede ser que precaria34.
Todos los fieles son corresponsables y nadie en la Iglesia debe ser indiferente,
sobre todo en las sociedades fuertemente marcadas por el secularismo. La actua-
ción del laicado o del diaconado en tareas específicas del que reviste el orden sagra-

do, es siempre sustitutiva, ocasional, limitada y con carácter excepcional'.
33 Ibid.
34 Cf. Decreto Conciliar Optatam Totius n. 2.
35 Cf. Exhort. Apost. Christifideles laici n. 23.



AADC VIII (2001) 179-214
LAS CONFERENCIAS TRIENALES
Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
DE LA REPÚBLICA ARGENTINA DE 1953
Pbro. Dr. Nelson Carlos DELLAFERRERA
SUMARIO: I. La nueva provincia eclesiástica. II. Experiencias de colegialidad a nivel
internacional. III. Experiencias de colegialidad a nivel local. IV. Las
Conferencias trienales. V Preocupaciones que se expresan. VI. Las

Resoluciones de las Conferencias. VII. Antecedentes del concilio. VIII.
Comisiones y subcomisiones preparatorias. IX. Primeros anteproyectos y
correcciones. X. Fin de los trabajos preparatorios. XI. Texto definitivo y some-
tido a discusión en las sesiones. XII. Conclusión.

I. La nueva provincia eclesiástica.
Por bula del 5 de marzo de 1865 se erigía la Provincia eclesiástica de la
Santísima Trinidad o de Buenos Aires y con ella se "reconocía separadas perpe-
tuamente del arzobispado de Charcas a las iglesias episcopales de Buenos Aires,
Salta, Córdoba, San Juan de Cuyo, Paraná y Asunción, con las que constituía y
erigía la nueva provincia y sede metropolitana"'.

Frente a este acontecimiento la pregunta se instala inmediatamente: ¿Por qué
el Episcopado Argentino no realizó en un lapso más breve un concilio provin-
cial? y, además, ¿por qué los obispos esperaron ochenta y ocho años cuando las
provincias eclesiásticas ya se habían multiplicado? Los motivos de esta larga
espera podrían ser los que se enumeran y los pasos dados en orden a su realiza-

ción fueron los que se exponen a continuación.
Para llegar a una respuesta aceptablemente clara se han de tener en cuenta
numerosos factores de diversa índole: sociales, políticos, diplomáticos y religiosos.
El primer arzobispo Mariano José Escalada y sus sufragáneos podrán poco y
nada frente a los acontecimientos. Obispos de una provincia eclesiástica cuyos
1 C. BRUNO, Historia de la Iglesia en la Argentina, t. XI, Buenos Aires 1976, pág. 41. Cf. Archivo
Arzobispado de Córdoba (en adelante AAC) Leg. 43, t. I, Arzobispo y obispos - comunicaciones, t. I,
1859-1905, s/f.; Libro de notas 1859-1873, págs. 189-190, 209.

180
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
límites son los de una nación en guerra externa e interna. Asimismo, más allá de
las fronteras se lucha contra el pueblo paraguayo, cuyo territorio es una vasta dió-
cesis sufragánea, y el metropolitano se enterará consternado que su sufragáneo
asunceno habría caído ante un pelotón de fusilamiento acusado de traición a la

Patria.
Tierra adentro, los levantamientos de Felipe Varela y otros caudillos, las levas
forzosas para la guerra, las revoluciones de Córdoba y Santa Fe han convulsio-
nado el interior del país. El gobierno de Mitre reprimirá la insurrección con tro-

pas traídas del frente. Entre 1867 y 1868 la epidemia del cólera aterrorizará a las
pobres gentes. En 1870 durante la presidencia de Sarmiento la fiebre amarilla
enlutará a miles de hogares. La guerra de la Triple Alianza termina pero la paz
no llega. En Entre Ríos se subleva López Jordán y Urquiza caerá asesinado en el
palacio San José.

En este contexto de guerra y caos político, la acción del nuevo arzobispo en
orden a la organización de la provincia eclesiástica queda reducida a lo indis-
pensable. Es todavía una época difícil para proyectos más ambiciosos en este

terreno. Los acontecimientos se precipitan y trascienden los límites de las dióce-
sis. El ferrocarril y el telégrafo acortan las distancias y las comunicaciones se
hacen menos duras. Los obispos comenzarán a tomar decisiones conjuntas, pese
a las críticas de la prensa liberal.

Concluida la administración Sarmiento (1868-1874), Avellaneda abre y cie-
rra su ciclo (1874-1880) en medio de contiendas civiles. Su candidatura procla-
mada por las provincias recibió el apoyo del Autonomismo de Alsina, cuya lista
de diputados era encabezada por el arzobispo Aneiros2. Quizás este hecho expli-
que ciertos acontecimientos, como el ataque e incendio del Colegio del Salvador
en 18753.

Las presidencias de Roca (1880-1886) y de Juárez Celman (1886-1890) y la
revolución del Parque, con sus luces y sus sombras, enmarcan el final del siglo
XIX con sus leyes de laicización del Registro de las personas, cementerios, la
enseñanza laica, gradual, gratuita y obligatoria y el matrimonio civil.

Son los años de la más agresiva campaña laica que culmina en 1884 con la
remisión de los pasaportes al Delegado Apostólico concediéndole veinticuatro
horas para abandonar el país4. La ruptura de relaciones con la Santa Sede, no sólo
dificulta la comunicación con Roma sino que deja a la Iglesia en una suerte de
horfandad y de una situación incómoda frente al Estado. Dichas relaciones se rea-
nudarían en 1900 y el nuevo representante pontificio el Internuncio Antonio

2 Cf. F. ARMESTO, Mitristas y Alsinistas, Buenos Aires 1969, pág. 102.
3 Cf. E. J. A. MAEDER, La vida de la Iglesia, en Nueva Historia de la Nación Argentina, t. V, Academia
Nacional de la Historia, Buenos Aires 2000, págs. 304-305.
4 Cf. C. BRUNO, Historia..., t. XII, Buenos Aires 1981, págs. 114-134.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
181
Sabatucci llegaría al país el 16 de mayo del mismo año'. Ello no obstante, los
actos colegiales se intensifican.
II. Experiencias de colegialidad a nivel internacional.
El 29 de junio de 1868 Pío IX convocaba al episcopado católico a la cele-
bración del Concilio Vaticano I, cuyas sesiones se inaugurarían el 8 de diciembre
de 1869. Esta será la primera experiencia de colegialidad que realizaron los obis-
pos argentinos a nivel universal.

Por primera vez desde el lejano concilio de La Plata de 1774, podrán comu-
nicar sus impresiones y problemas con otros obispos del continente. Ninguno de
los obispos de la provincia eclesiástica de Buenos Aires había asistido a un con-
cilio provincial. Ninguno había convocado el sínodo diocesano.
A pesar de esta falta de experiencia, los obispos tuvieron clara conciencia de
la necesidad de estar presentes. Se ha descrito con lujo de detalles la prontitud en
la respuesta de los obispos, las gestiones realizadas ante el Gobierno Nacional,
las dificultades que debieron superar y la misma actitud del pueblo cristiano que

se quería representado por sus pastores en el concilio.
Asistieron todos los diocesanos que conformaban la provincia eclesiástica a
excepción del de Córdoba por su endeble salud y avanzada edad. Una vez en
Roma se pusieron en contacto con los obispos latinoamericanos y españoles. El
Palazzo Gabrieli será el testigo mudo de frecuentes reuniones de estudio y escla-
recimiento sobre los temas que se debatían en el aula conciliar6.

Los obispos argentinos eran hombres formados en los duros tiempos de las
luchas civiles, cuando en el país las mejores aulas de teología habían cerrado sus
puertas, desconectados de los centros europeos del pensamiento y cargadas sus
espaldas con una larga historia de soledad y aislamiento, tuvieron el mérito de ser
buenos pastores de los pueblos que se les habían encomendado.

La segunda gran experiencia de colegialidad fue el Concilio Plenario de la
América Latina, realizado en 1899 en Roma y cuyas sesiones solemnes se cele-
braron en la iglesia del antiguo Colegio Pío Latinoamericano de la via
Gioacchino Belli 3'. De las ocho diócesis que conforman la provincia eclesiásti-
ca estarán presentes todos los obispos argentinos excepto el de Paraná por su
avanzada edad.

5 Cf. C. BRUNO, Historia... , t. XII, Buenos Aires 1981, págs. 340-342.
6 Cf. N. T. AUZA, Los Prelados Argentinos ante el Concilio Vaticano 1, en Estudios, Buenos Aires 1963, n.
541, págs. 17-28; n. 544, págs. 272-278.
7 Cf. M. CAMUS IBACACHE, La préparation et la convocation du Concile Plénier de l'Amérique Latine célé-
bré á Rome en 1899, en Revue d'Histoire Ecclésiastique, t. 93, Louvain-La Neuve 1998, 1-2, págs. 66-82;
A. PAZOS, El iter del Concilio Plenario Latino Americano de 1899, o la articulación de la Iglesia latino-
americana, en Anuario de Historia de la Iglesia,
t. VII, Pamplona 1998, págs. 185-206; P. GAUDIANO,
Crónica inédita del Concilio Plenario Latino Americano (Roma 1899), en Anuario de Historia de la

Iglesia en Chile, t. 16, Santiago de Chile, págs. 155-166.

182
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
Este concilio, el primero y único a nivel continental, ejercerá una marcada y
benéfica influencia en toda la América Latina y particularmente en la Argentina',
incluso después de la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917.
III. Experiencias de colegialidad a nivel local.
Los obispos siempre alimentaron la idea de realizar un concilio provincial y
algunas veces la expresaron colegialmente. La idea era recurrente, casi como un
deseo siempre postergado por circunstancias adversas que era imposible soslayar,
mezcladas con iniciativas y procesos truncos e. infructuosos.

En el contexto descrito más arriba, los diocesanos comenzaron a emitir docu-
mentos conjuntos y a reunirse para tomar decisiones colegiales. Lo hacen por
primera vez en 1881, dieciséis años después de la erección de la arquidiócesis,
cuando escriben a León XIII para manifestar su total aceptación de los postula-
dos de la encíclica Aeterni Patris que centraba la renovación de la enseñanza de
las ciencias filosóficas en el método de Tomás de Aquino.

Los obispos asisten a la consagración episcopal del Delegado Apostólico
Luis Matera y en ocasión de ese acontecimiento se reúnen en la sede del
Arzobispado el 20 de julio de 1882. Los temas a tratar son varios, pero entre ellos
se destacan la necesidad de la celebración de sínodos diocesanos y la expresión

de deseos de realizar un concilio provinciar. Esta es la primera manifestación
escrita y conjunta de intentar materializar la idea acariciada durante años.

En abril de 1886, los obispos habían solicitado a León XIII la solemne coro-
nación de Nuestra Señora de Luján y la institución de esa festividad en todo el
territorio nacional. Esta petición de los obispos argentinos había sido firmada por

los obispos de Asunción del Paraguay y de Montevideo. La solemne coronación
se realizó el domingo 8 de mayo de 1887 en presencia de todo el episcopado. Los
obispos aprovecharon esta circunstancia para escribir al Presidente Juárez

Celman expresando su preocupación por la intención oficial de un proyecto de
matrimonio civil".

En febrero de 1889 se reunirán en Buenos Aires para estudiar y discutir el
texto de la primera pastoral colectiva que se publicaría a propósito de la ley de
matrimonio civil, promulgada el 12 de noviembre de 1888. Si bien la carta se
refiere principalmente al matrimonio, sin embargo, abordaba puntos fundamen-
tales para una acción pastoral conjunta. Esta asamblea episcopal de 1889 es la

8 Cf. N. C. DELLAFERRERA, El Concilio Plenario Latinoamericano y los Sínodos Argentinos de principios
del siglo XX, en AADC 1 (1994) págs. 87-140.
9 Cf. C. 1. HEREDIA, Las primeras reuniones del Episcopado Argentino y algunos documentos extravagan-
tes, en AADC 6 (1999) págs. 57-60.
10 Los puntos tratados en esa reunión son expuestos por C. 1. HEREDIA, Las primeras..., págs. 60-65.
11 Cf. C. 1. HEREDIA, Las primeras..., págs. 65-69; N. C. DELLAFERRERA, La primera Conferencia Episcopal
Argentina, en Criterio 55 (1982) n. 1888, pág. 487.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
183
más importante de su período y la pastoral colectiva iluminará muchos pasos pos-
teriores de la Iglesia en la Argentina'2.

IV. Las Conferencias trienales.
En cumplimiento de los artículos 208 y 288 del Concilio Plenario de la
América Latina y de las disposiciones de la Secretaría de Estado'3, los obispos
dan inicio a las reuniones trienales. Las deliberaciones tienen lugar en el palacio

episcopal de Salta, donde se han congregado en septiembre de 1902, con ocasión
de la solemne coronación del Señor y de la Ssma. Virgen del Milagro.

En el discurso inaugural el arzobispo Espinosa invoca la protección de Santo
Toribio de Mogrovejo "que un día fuera metropolitano de nuestras diócesis, para
que estas conferencias y las que las sucedieran produzcan los preciosos frutos
que con tanta abundancia dieron sus concilios provinciales'''.

Los resultados de esta asamblea son de capital importancia. Se trazan los
parámetros fundamentales y las grandes líneas que informarán la pastoral duran-
te muchos años. La pastoral colectiva de 1902 en ciertos puntos retorna y amplía

la primera pastoral colectiva de 1889. Entre otras cosas se puede apreciar el peso
que tuvo el Primer Congreso de Católicos Argentinos de 1884, que la primera
pastoral colectiva asumía y avalaba.

V. Preocupaciones pastorales que se expresan.
No es este el lugar para analizar cada una de las conferencias trienales. Se las
agrupa de acuerdo con los grandes temas que en aquel momento descubren las
preocupaciones de los obispos.

• Catequesis y pastoral sacramentaria.
Conforme con las prescripciones del Concilio Plenario de América Latina
que en su art. 708 ordenaba la confección de un catecismo único, los obispos
constatan su necesidad'', y en la conferencia de Salta lo aprueban y declaran
vigente en todo el país. Señalan que mediante esta decisión no entienden prohi-
bir los catecismos mayores como el de Trento o el de Belarmino16.

12 Cf. N. T. AUZA, Primera carta pastoral colectiva del episcopado argentino, en Archivum, t. V, Buenos
Aires 1961, págs. 128-164.
13 Instructio circa conventus Episcoporum Americae Latinae, en Analecta Ecclesiastica, t. VIII, Roma 1900,
pág. 211.
14 Discurso de apertura de la primera conferencia episcopal argentina, en Revista Eclesiástica Arzobispado
Buenos Aires (en adelante REABA), 2 (1902) pág. 790. .
15 Cf. Circular del Arzobispo a los Prelados de la República sobre la confección del catecismo único.
Respuesta de los sufragáneos, en REABA 1 (1901) págs. 383-384. Auto de aprobación del catecismo
único, en ibidem,
2 (1902) pág. 829.

16 Cf. Documentos del Episcopado Argentino 1889-1909, t. I, Buenos Aires 1993, págs. 53-93. Contiene un

184
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
No hay ninguna referencia al catecismo del Tercer Limense ni a los catecis-
mos elaborados por los salesianos en sus misiones de la Patagonia.. Nada se dice
sobre la conversión de los indígenas ni sobre el aprendizaje de las lenguas nati-
vas. La obligación de aprender las lenguas tenía su punto inicial en las constitu-
ciones conciliares de Lima'', en el Concilio Plenario de la América Latina" y en
la ya citada Instrucción de la Secretaría de Estado.
Es comprensible que el gran aflujo inmigratorio comenzado en la década de
1870 acaparase la atención de los obispos y les sugiriese la necesidad de un cate-
cismo más en consonancia con la mentalidad europea. De ahí que en la tercera
conferencia trienal realizada en Luján en 1909 se decidiese adoptar el catecismo
aprobado por Pío X para Roma y las diócesis de Italia'. Resolución entendible
para diócesis como Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos o alguna pro-
vincia de Cuyo, pero casi inconsistente para el resto del país.
Se da un paso importante con el plan de la enseñanza de la religión en las
escuelas. Es la primera planificación propuesta por los obispos estableciendo en
una primera parte las reglas e indicaciones metodológicas; en la segunda parte se
contiene propiamente el plan de enseñanza religiosa para cada grado primario
como en cada año secundario, normal, comercial, etc., con la indicación de los
textos apropiados, seguida de una guía bibliográfica para los docentes. Este plan
no sufrirá mayores modificaciones hasta la década de 195020.
Pese a las deficiencias y dificultades, los obispos insistirán en todos los tonos
sobre la necesidad de la catequesis. Urgirán el cumplimiento de los decretos 706-
711 del. Concilio Plenario de la América Latina, las disposiciones de la encíclica
Acerbo nirnis del 15 de abril de 1905 y, a partir de la promulgación del Código
de Derecho Canónico de 1917, los cáns. 1329-1336 y paralelos. Se erige canóni-
camente en todas las parroquias la Congregación de la Doctrina Cristiana y se
sanciona con graves penas a los curas negligentes21. Mandan que en las grandes
I" Apéndice sobre las Fiestas de guardar en toda la República, los Santos Patronos de la Capital y de las
Provincias. Un II° Apéndice sobre el ayuno y el indulto pontificio para América Latina. Añaden un "Breve
Catecismo de la Doctrina Cristiana", seguido de un devocionario, en ibidem, págs. 95-111. Este Breve
Catecismo no es otro que el aprobado en el VIII° Sínodo de Córdoba de 1877. En la Biblioteca del
Seminario Mayor de Córdoba se conserva un ejemplar que lleva la siguiente portada: Breve catecismo de
la doctrina cristiana aprobado en el último sínodo de la diócesis de Córdoba para uso de los doctrineros.

Va añadido el sumario de toda la Doctrina cristiana y las principales oraciones. Segunda edición. Con
las debidas licencias. Córdoba. Imprenta del "Eco de Córdoba" 1879.
17 Primer Concilio de Lima, I Parte, const. 4, 6, 34; Segundo Concilio de Lima, I Parte, cap. 3, 48, 81; II
Parte, const. 3, 53, 57; Tercer Concilio de Lima, II Acción, const. 6, 16, en R. VARGAS UGARTE, Concilios
Limenses (1551-1772), t. I, Lima 1951, págs. 7, 10, 27, 104, 123, 137 161, 177, 184, 185 268, 271.
18 Actas y Decretos del Concilio Plenario de la América Latina 1899, Roma 1906, trad. oficial, decretos:
547, 548, 619, 627, 772, 773.
19 Conferencia Trienal de 1909, Resoluciones, en REABA 9 (1909) pág. 341. Cf. Informe de Mons. Luis
Duprat sobre el catecismo único, en ibidem, pág. 540.
20 Cf Conferencia Trienal de 1914, Plan de enseñanza religiosa, en REABA 15 (1915) págs. 3-48. Cf.
Documentos del Episcopado..., 1910-1921, t. II, Buenos Aires 1994, págs. 100-117.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
185
poblaciones, y principalmente donde haya facultades mayores, liceos y colegios
se funden escuelas de religión para la juventud que frecuenta las aulas públicas
en que no se mencionan las cosas de religión".

En la pastoral sacramentaria las normas episcopales son claras y ponderadas res-
pecto a todos los sacramentos. Sin embargo, a partir de la Primera Pastoral Colectiva
de 1889 y a lo largo de las posteriores Conferencias Trienales, el sacramento del
matrimonio ocupa la atención de los obispos de una manera preponderante.

Se explica que fuese así en los momentos en que se presentan proyectos de
ley o el Congreso Nacional legisla contra la concepción católica del matrimonio.
Las pastorales colectivas de 1889, 1902 y 1913 son coincidentes en el planteo de
la doctrina y en la defensa de los principios católicos del matrimonio. La Santa
Sede había intervenido directamente a través de la S. Congregación Consistorial.

Con fecha 28 de junio de 1912, este Dicasterio remitía a los obispos el
Decreto Dolendum sane23. En él se mandaba redactar una pastoral que debía ser
firmada por todos los Ordinarios en la que de acuerdo con lo dispuesto en el
decreto 589 del Concilio Plenario de la América Latina se adoctrinara al pueblo
acerca de la santidad del matrimonio cristiano". La pastoral colectiva de 1913

sobre el matrimonio es el resultado del Decreto Dolendum sane.
• Universidad y escuelas católicas.
La educación de los fieles cristianos preocupa siempre a los obispos. En este
período la solicitud episcopal puede apreciarse en las pastorales colectivas de
1889, 1902, 1905 y 1909. Frente a la enseñanza laica, gradual, gratuita y obliga-
toria impuesta por el Estado Nacional en 1884, los obispos proponen la creación
de centros de enseñanza católica a nivel primario, secundario y universitario.

La primera afirmación de que la universidad era un problema que debía pre-
ocupar a los católicos y que su fundación no podía diferirse fue votada unánime-
22 Conferencia Trienal de 1912, Resoluciones, en REABA 12 (1912) págs. 1060-1061. Cf. Documentos del
Episcopado..., t. II, Buenos Aires 1994, pág. 52.
23 Cf. AAC, Leg. 43, Arzobispo y obispos - comunicaciones, t. 11, 1906-1920, Exp. s/n.
24 El decreto de la Consistorial decía textualmente: "1° ut aboleatur omnino praxis conficiendi in curia epis-

copali processum quem vocant de statu libero; et ut unicuique parocho libera relinquatur facultas proces-
sum eundem pro suis parochianis conficiendi... 2° ut aboleatur quoque laicus curiae notarius aliique laici
officiales uti procurator et his similes, ubi adhuc existunt. Quae quidem laicorum officialium abolitio
omnino singulis episcopis praecipitur. Ac propterea, Auctoritate Apostolica, hisce ipsis litteris quaelibet
facultas ad effectum matrimoniorum hisce officialibus sublata manet... 3° ut aboleatur omnino usus cele-
brandi matrimonia in sacrariis; et exceptis casibus a canonica lege praevisis, fideles omnes, sive divites
sive pauperes, in ecclesia intra missarum sollemnia iuxta sacros Catholicae Ecclesia ritus matrimonio
copulentur. Parochus yero qui aliter facere praesumpserit, ipso facto absque ulla sententia declaratoria
prima vice per tres dies suspensus maneat a divinis; sequentibus vicibus gravioribus etiam poeniset remo-

tione quoque a paroecia plectatur" (AAC, ibidem) En el mismo legajo puede verse la consulta de los obis-
pos y la respuesta del Cardenal Prefecto de la Consistorial, fechada el 30 de diciembre de 1912, Prot. No

527/11.

186
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
mente por el Primer Congreso Católico Argentino en la sesión del 26 de agosto
de 18842'.

En abril de 1906 el Arzobispo creaba la comisión pro Universidad Católica26.
Esta comisión se expedía en 190727 y en 1909 el Episcopado erigía la Universidad
Católica Argentina con sede en la ciudad de Buenos Aires. La Universidad abri-
ría sus puertas en 191028. Su existencia fue breve. Las dificultades que debió
afrontar en su corta carrera fueron innumerables. El mismo Episcopado daría un
corte a esta penosa situación29.

Más allá del revés sufrido a nivel universitario, se dará un paso decisivo res-
pecto a las Escuelas Católicas. Es una evidente preocupación explicitada lúcida-
mente en el Primer Congreso Católico Argentino. La posta es retomada en el Tercer
Congreso Católico Argentino de 19083" y una constante línea de pastoral que el
Episcopado mantiene desde un primer momento. En 1925 los obispos crearán el
Consejo Superior de Educación Católica. El organismo dependerá del Episcopado
y deberá atenerse a las disposiciones de la Pastoral Colectiva de junio de 19253'.

El camino ha sido largo y arduo. Se creó primero la Liga de Enseñanza
Católica en Buenos Aires. El Tercer Congreso Católico Argentino, visto el infor-
me de la Liga y los trabajos realizados, aprobó sin modificaciones la recomen-

dación de crear los Comités escolares en las principales ciudades de la República
para fomentar la propaganda de la Liga de Enseñanza32. En 1910 se celebra el
25 Para el conocimiento de las líneas generales del Primer Congreso Católico Argentino: cf. N. T. AUZA,
Católicos y liberales en la generación del Ochenta, Buenos Aires 1981, págs. 265-293.
26 Cf. Conferencia Trienal de 1905. Resoluciones, en REABA 5 (1905) pág. 792.
27 Cf. L. DUPRAT, La Universidad Católica en la R. Argentina, en REABA 7 (1907) págs. 369-374; particu-

larmente "Conclusiones preliminares" en ibidem, págs. 374-376.
28 "Unamos nuestras fuerzas y la Universidad Católica Argentina surgirá, siendo monumento eterno digno de
fe profunda y de sincero patriotismo del pueblo que, al emanciparse de su Rey, tomaba todas las precaucio-
nes para no emanciparse de su Dios. De ninguna manera celebraremos mejor el centenario de nuestra glo-
riosa independencia que abriendo el 25 de mayo de 1910, la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales [...]"
(Conferencia Trienal de 1909, en REABA 9 [1909] pág. 351). Cf. Documentos del Episcopado..., t. I,
Buenos Aires 1993, pág. 207.

29 "Después de maduro examen nos vemos en el caso de declarar, no sin íntimo pesar, que la Universidad
Católica de Buenos Aires, fundada por el Episcopado Argentino en 1910, atendidas las innumerables difi-
cultades con que ha tropezado para su marcha y su desenvolvimiento, queda suspendida indefinidamente
en su función, en espera de circunstancias más propicias, que esperamos de la Divina Providencia se nos
deparen en el futuro, para reanudar con éxito su labor para el bien moral y religioso del país, que fue el
móvil inspirador de su creación. Que cuantos le prestaron su cooperación y ayuda, particularmente en el
régimen y en la docencia, durante los doce anos de su existencia, reciban nuestros agradecimientos más
cordiales" (Conferencia Trienal de 1928. Resoluciones, en REABA 29 [1929], pág. 20. Cf. Documentos
del Episcopado... ,
t. III, Buenos Aires 1995, págs. 128-129, n. 67).

30 Este congreso se celebró en Córdoba bajo la presidencia del Dr. Nicolás M. Berrotarán y actuando como
secretario el Dr. Benjamín Otero Capdevila. Cf. Tercer Congreso Católico Argentino, en REABA 8
(1908), págs. 1021-1063. No carece de interés la lectura del Reglamento del Congreso, en ibidem, págs.

717-729.
31 Cf. Documentos del Episcopado... , t. III, Buenos Aires 1995, págs. 56-64.
32 Cf. Tercer Congreso Católico Argentino, en REABA 8 (1908) pág. 1040.


LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
187
Primer Congreso Pedagógico Católico. En 1918 la Liga de Enseñanza Católica
será reemplazada por la Federación Educacional Católica. Siguiendo la normati-
va del Concilio Plenario de la América Latina (decretos 673-691) y del Código
de Derecho Canónico (cáns. 1379-1382), los obispos crean, a partir de 1922, las

Juntas Diocesanas de Educación Católica y aconsejan la incorporación de los
colegios católicos a los Colegios Nacionales, Provinciales y Escuelas Normales.

• El Periodismo.
En diferentes ocasiones el Episcopado abordó el tema de la prensa diaria y
periódica. A partir de la Primera Pastoral Colectiva de 1889, la temática se irá
repitiendo en las Conferencias Trienales posteriores. Los obispos han descubier-
to el valor fundamental de la prensa escrita de aquella época. No ocultan su pre-

ocupación y llaman a la reflexión destacando su importancia, su influencia y su
eficacia en la propagación de las ideas". Se prohibe a los católicos la participa-
ción en la prensa "notoriamente impía", señalando que no le es lícito a un cató-

lico escribir en diarios, periódicos o revistas de esa índole. Se urge la creación de
un diario católico.

Las iniciativas fundamentales las encontramos en las sesiones del Segundo
Congreso Católico Argentino realizado en Buenos Aires en 1907 bajo la presi-
dencia del Dr. Emilio Lamarca, siendo secretario el Dr. Enrique Prack34. El
Congreso había sido iniciado por la Congregación Mariana del Colegio del

Salvador y auspiciado por el Episcopado que escribe una Pastoral Colectiva'
destacando la importancia de su celebración.
Los proyectos presentados y aprobados por el Congreso en esta materia ver-
saban fundamentalmente sobre la creación de una sociedad para la protección de
la buena prensa, una oficina de información, la necesidad de un diario católico de

amplia difusión a nivel nacional, así como la importancia de contar con una libre-
ría y una editorial". La misma inquietud será llevada adelante en el Tercer
Congreso Católico de 19083'.
Los obispos prestarán su máximo apoyo a la idea de tener una prensa católi-
ca. Casi no hay documento colectivo del Episcopado. que no refleje este proyec-
to casi obsesivo que se manifiesta claramente en las Conferencias Trienales de
33 Cf. Documentos del Episcopado... , t. I, Buenos Aires 1993, págs. 38-40, 156-157; t. II, Buenos Aires
1994, págs. 61, 67.
34 Cf. El 2° Congreso Católico Nacional Argentino, en REABA 7 (1907) págs. 881-930. Allí puede apre-
ciarse el material tratado en el Congreso que fue dividido en quince grandes temas.
35 Cf. Pastoral encareciendo el congreso católico nacional, en ibidem, págs. 861-863.
36 Cf ibidem, págs. 890, 891, 907.
37 "El tercer Congreso Católico Nacional encomienda a la Junta Ejecutiva la formación de una gran empre-

sa periodística, sobre la base de la de «El Pueblo» con asiento en la Capital Federal" (Tercer Congreso
Católico Argentino, en REABA 8 [1908] págs. 1037-1038).

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PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
1902, 1905, 1909, 19123k y alcanza su mejor expresión en el Primer Congreso
Nacional de Prensa Católica realizado en Buenos Aires desde el 3 hasta el 6 de
abril de 1918".

Después de esta experiencia los obispos no hablarán ni tomarán iniciativas
conjuntas frente al problema de la prensa. No porque creyeran que las dificulta-
des habían desaparecido o porque las conclusiones a que se había llegado eran las
deseadas. El Episcopado había hecho su gran aporte en orden a la sensibilización

de los católicos argentinos. Su apoyo decidido, personal y colegial, había sido el
mejor aval que el laicado católico recibió para la cristalización de los ideales per-
seguidos en los congresos católicos.

En adelante se intensificará el trabajo en la formación de cuadros de acción
social católica, sobre los que años más tarde se iniciará la experiencia de la
Acción Católica Argentina.
• El Episcopado y las organizaciones laicales.
Es éste un período rico en realizaciones. Se puede decir que el proceso de rea-
firmación católica, cuya máxima expresión será el Congreso Eucarístico
Internacional de 1934, comienza gradualmente con el inicio del siglo XX. Surgen
iniciativas múltiples en lo social y apostólico que los obispos tratarán de encau-
zar y unificar para no restar vigor a los esfuerzos.
El origen de esta actividad debe buscarse en la Conferencia Trienal de Salta.
Allí exponen los obispos la necesidad de una federación de asociaciones católi-
cas porque los cristianos "muchas veces no aciertan en la organización de sus
fuerzas y, por falta de unidad de acción en el ataque y en la defensa, dan lugar a
que el enemigo se gloríe de obtener alguna victoria'.

Esta organización era indispensable en los difíciles momentos que vivía la
Iglesia en Argentina. El Episcopado expresa su propósito de confederación sal-
vando y respetando las autonomías de cada institución, constituyendo una Junta

Central que las organice y dirija hacia el triple objetivo que se ha fijado: prensa,
escuelas y misiones, a fin de contrarrestar "las doctrinas del liberalismo que
hacen estragos con la secularización del matrimonio y de otros actos importantes
de la vida del cristiano". Al mismo tiempo, anuncian que las bases y la regla-
mentación de la federación serán oportunamente publicadas, a fin de que pueda

38 Cf Documentos del Episcopado... , t. 1, Buenos Aires 1993, págs. 38-40, 156-157, 212, ibidem, t. 11,
Buenos Aires 1994, págs. 40-41, 60-61.
39 Cf. Primer Congreso Nacional de Prensa Católica, en REABA 18 (1918) págs. 256-262. La adhesión del
Arzobispo, págs. 323-324; las adhesiones de los obispos de Paraná y Córdoba, págs. 333-334, 346.
40 Conferencia Trienal de 1902, en REABA 2 (1902), pág. 827; Documentos del Episcopado... , t. I, Buenos
Aires 1993, pág. 140.
41 Cf. Conferencia Trienal de 1902, en REABA 2 (1902), pág. 828; Documentos del Episcopado... , t. I,
Buenos Aires 1993, pág. 141.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
189
ser establecida en cada diócesis y extendidas a toda la provincia eclesiástica".
Esta tarea demandó tiempo y tacto para no herir las susceptibilidades de las
diversas asociaciones, aún no adiestradas en los trabajos de conjunto. En las dis-
posiciones de la Conferencia Trienal de 1905, los obispos urgen la fundación de
centros de doctrina, propaganda y organización social dependientes y unidos a un

centro principal que se organizará en la Arquidiócesis. Dejan en manos del
Metropolitano la creación de una comisión que redacte un reglamento que haga
posible la federación y regule los trabajos de las diversas asociaciones católicas

en la provincia eclesiástica".
El. Club Católico será la organización elegida para servir de núcleo y centro
a la federación propuesta por los obispos". Sin embargo, y a pesar de todos los
esfuerzos realizados, la federación no surgirá de las bases, sino que se impondrá
en 1919 bajo la responsabilidad de la Jerarquía que la concibe y ejecuta.

En efecto, todavía en 1908 las concreciones son nulas. Durante el Tercer
Congreso Católico, Mons. Miguel De Andrea fundaba el siguiente proyecto para
la federación de las sociedades: "El Tercer Congreso Católico Nacional pedirá al
Excmo. Señor Arzobispo de Buenos Aires se sirva proceder a la designación de
la comisión que estudie y presente a su aprobación un proyecto de reglamenta-
ción para la federación de las Asociaciones Católicas'.
De todos modos, no puede ignorarse que tanto la Unión Popular Católica
Argentina como la posterior Acción Católica Argentina hunden sus raíces en vie-
jas experiencias del apostolado seglar íntimamente vinculadas con las directrices
del Episcopado".
I. Los Círculos de obreros.
Esta es la primera obra de apostolado social que los obispos aprueban y alien-
tan colegialmente. La iniciativa de fundación data de 1883 gracias a la sensibili-
dad social de los hombres que integraban la Junta Directiva de la Acción Católica
de Buenos Aires. Este proyecto no alcanza la madurez anhelada debido a difi-

42 Cf. Conferencia Trienal de 1902, en REABA 2 (1902), pág. 829; Documentos del Episcopado... , t. 1,
Buenos Aires 1993, pág. 142.
43 Cf. Conferencia Trienal de 1905, en REABA 5 (1905) pág. 792; Documentos del Episcopado..., t. 1,
Buenos Aires 1993, pág. 189.
44 Cf Nota del Club Católico al Prelado con motivo de las resoluciones del Episcopado Argentino en su
última reunión (18 de noviembre de 1905), en REABA 5 (1905) pág. 920.
45 Tercer Congreso Católico Argentino, en REABA 8 (1908) pág. 1049.
46 Aquí se dejan de lado las instituciones anteriores a la erección de la provincia eclesiástica. Sobre este tema

se ha escrito poco y bien al historiar las actividades del laicado católico y su experiencia político social
(Cf. S. USSHER,
Cien años de Acción Católica en la Argentina, en Criterio 29 [19561 n. 1271, págs. 803-
807; n. 1272, págs. 854-860; N. T. AUZA,
Los católicos argentinos, su experiencia política y social,
Buenos Aires 1962.

190
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
cultades insuperables. Nueve años más tarde el P. Federico Grote" les daba vida
definitiva siguiendo las normas indicadas por León XIII en la Rerum novarum.
Su finalidad era "defender y promover el bienestar material y espiritual de la
clase obrera, sobre la base de los principios de la economía social cristiana'''.

A nadie escapa la importancia de esta obra. Sin embargo, en aquel momento
fue difícilmente comprendida. La sociedad argentina de ese tiempo negaba el
derecho de agremiación obrera, defendía la libertad absoluta de trabajo y comer-
cio. Basta recorrer los periódicos de la época para advertir que se negaba inclu-
so la existencia de la cuestión social. Las huelgas se suceden, el socialismo se
organiza y envía sus representantes al Parlamento y, al mismo tiempo, combate
las organizaciones cristianas.

En este clima adverso los obispos aprobarán la acción desarrollada por los
Círculos de obreros. Si bien en la Conferencia Trienal de 1902 no se hace refe-
rencia a esta cuestión, la nota remitida por el Metropolitano acerca del apoyo que
el clero y los fieles deben a los círculos, pone de manifiesto la reflexión colegial
de los obispos".

En las Conferencias Trienales posteriores son mencionados en las
Resoluciones, primero de una manera general y sin especificar a qué tipo de
acción católica y social se refieren". En la Conferencia Trienal realizada en Luján
en 1909 después de la celebración del segundo y tercer congreso de católicos
argentinos, los obispos sostienen que: "como medio de preservar la clase traba-

jadora de los estragos causados por el socialismo y el anarquismo, recomenda-
mos a los párrocos y clero en general, la fundación de los Círculos de Obreros,
cuyo reglamento tenemos aprobado; y a los Círculos existentes exhortamos a
mantenerse estrechamente unidos en la dependencia de la Junta Central de
Gobierno, para que su acción sea vigorosa y eficaz en toda la República'"'.

De esta forma los obispos se hacían eco del proyecto presentado por el P.
47 A. SÁNCHEZ GAMARRA, Vida del Padre Grote (Redentorista) Apóstol social cristiano en Hispanoamérica,
Buenos Aires 1949.
48 Estatutos de los Círculos de Obreros, art. 1.; Cf. A. SÁNCHEZ GAMARRA, Vida del Padre Grote... , págs.
168-169; N. T. AUZA, Los católicos Argentinos... , págs. 53-70.
49 "Prueba de ello son las disposiciones dictadas en favor de tan recomendable obra por los Padres del
Concilio Plenario Americano, el constante desvelo nuestro, de nuestros predecesores y de nuestros
Venerables Hermanos por extender los beneficios de esa obra a todos los ámbitos de la República. Aún en
la reciente reunión de Obispos argentinos en la ciudad de Salta [...] se han preocupado por adoptar medi-
das exigidas por el constante crecimiento de los círculos" (Auto sobre el concurso que se debe a los
Círculos de obreros,
en REABA 2 [1902] pág. 921).

50 "Lo que S. S. Pío X en su Encíclica Certum consilium del presente año enseña para la Italia, conviene
ponerlo en práctica entre nosotros, formando centros de acción católica y social en todas las diócesis.
Encarecidamente os encomendamos esta disposición como una medida salvadora en las presentes cir-
cunstancias" (Conferencia Trienal de 1905, en REABA 5 [1905] págs. 791-792; Cf Documentos del

Episcopado... , t. I, Buenos Aires 1993, págs. 187, 189).
51 Conferencia Trienal de 1909, en REABA 9 (1909) pág. 342. Cf. Documentos del Episcopado... ,
Resoluciones, pág. 212.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
191
Grote al Congreso de Católicos Argentinos de 1907. Este proyecto había sido
aprobado en general y en particular por la asamblea, decía: "El Congreso Católico,
reconociendo la influencia que una sola organización obrera cristiana, difundida
por toda la República, puede ejercer en la lucha por la cuestión obrera y la victo-

ria de la causa católica en general declara: 1° Secundando los deseos expresados
por los Señores Obispos Argentinos reunidos en Salta, invita a todas las demás

sociedades obreras católicas a incorporarse a la asociación de los círculos de obre-
ros aceptando su reglamento. 2° Recomienda a todos los católicos de acción y en
particular a los sacerdotes traten de fundar en las parroquias o pueblos, donde aún

no existieran, nuevos Círculos de obreros regidos por el reglamento aprobado por
los Señores Obispos y sujetos a la misma autoridad cultural existente. 3° Ruega a
todos los católicos de la República contribuyan en la medida de sus fuerzas a la
consolidación y progreso de la obra de los Círculos de obreros' 52.
En este mismo Congreso, por iniciativa del Dr. Santiago O'Farrell, se apro-
baba un proyecto sobre legislación obrera en el que se decía: "que la legislación
vigente en la República es deficiente. Que es urgente prohijar la sanción de leyes

que reglamenten el contrato de trabajo; el trabajo de la mujer y de los niños; la
mejor aplicación del descanso dominical; accidentes de trabajo y medios para
remediarlos; el seguro obrero y pensiones; el cooperativismo en la producción,
crédito y consumo; colisiones, huelga y arbitraje"".

Asimismo, se aprobaba sin discusión el proyecto del Dr. Juan Cafferata sobre
casas para obreros; el del Dr. Temístocles Castellano sobre las asociaciones cató-
licas de socorros mutuos, y el del Dr. A. Marcenaro sobre la constitución de una
secretaría de trabajo". Las palabras de Mons. Luis Duprat, Gobernador Eclesiás-
tico del Arzobispado de Buenos Aires, permiten apreciar cómo para los católicos
de aquel momento no hay sino dos problemas capitales, para cuya solución con-
viene concentrar la atención y las fuerzas. Todo lo demás es subalterno. Estos dos

asuntos son: la cuestión política y la cuestión obrera". Es innegable que las dis-
cusiones, los proyectos y las realizaciones de estos Congresos de Católicos

Argentinos tuvieron una marcada incidencia en las decisiones que tomó el
Episcopado".
52 Segundo Congreso de Católicos Argentinos, en REABA 7 (1907) págs. 892-893.
53
Ibidem, pág. 895.
54 Cf.
ibidem, págs. 895-898.
55
Tercer Congreso de Católicos Argentinos, Discurso de clausura, en REABA 8 (1908) págs. 1050-1057.
56 Años más tarde la acción de la Iglesia Argentina era valorada de la siguiente manera por un Observador

del Departamento Nacional de Trabajo: "...La Iglesia Católica exhibe antecedentes nacionales que de
manera singular enaltecen su misión, comunicándoles caracteres de libertad y de progreso, simpáticos, sin
duda, a los hombres de todas las creencias religiosas, como institución de ideales y de acción genuina-
mente argentinos" (J. E. N1KLISON,
Acción social católica obrera, en Comunicaciones al XX° Congreso
Internacional de Sociología, t. III, págs. 423-446).


192
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
Desgraciadamente, muchos de estos ingentes esfuerzos no dieron todos los
resultados que se podían esperar, como puede deducirse del discurso de clausura de
Mons. Luis Duprat, donde se lee: "Las asociaciones obreras que tenemos, no bas-
tan ya por su organismo para poner a cubierto a nuestros obreros de estos peligros
e inconvenientes. Sirven para procurarle la ayuda material del socorro mutuo; son,
útiles para moralizarlos y darles cultura religiosa, pero nada más; es decir no influ-
yen directamente en la solución de la cuestión obrera, ni en mínima parte siquiera.
Nos oponemos a la organización socialista, a la acción socialista, una acción y
organización que tenga la misma eficacia práctica para atraer, conservar y tutelar al
obrero, y pesar así considerablemente con bandera, programa y acción propias en

los conflictos presentes y futuros entre el capital y el trabajo en nuestro país''.
Doce años más tarde el mismo observador del Departamento Nacional de
Trabajo, señalaba como defecto de la acción obrera católica, la poca amplitud de
vistas y una dirección no del todo acertada.

2. La Liga Democrática Cristiana.
La situación que se acaba de describir fue claramente apreciada.por algunos
núcleos de católicos sociales que integraban los centros de estudios de los
Círculos de obreros. Estos hombres advirtieron que era indispensable actuar en
el gremialismo y se decidieron a fundar la "Liga Democrática Cristiana".

El 6 de febrero de 1903 presentaron las bases de su proyecto donde decían
que su finalidad consistía en: "desarrollar y organizar una vigorosa acción social
en favor del pueblo, especialmente del estado obrero, sobre la base de los princi-
pios sociales cristianos... 1° estudio de las ciencias sociales, mediante conferen-
cias y discusiones, publicaciones, bibliotecas, cátedras; 2° organización de los
obreros en gremios profesionales; 3° defensa de los derechos de los obreros,
mediante una sabia legislación obrera; 4° fomento de las cooperativas de consu-
mo, de las asociaciones de socorros mutuos, especialmente de los Círculos de
obreros y de secretariados del pueblo"".

.
El esfuerzo de estos hombres consistió en salir de la corriente que privilegia-
ba la formación espiritual, moral y asistencial, propia de los Círculos de obreros,
para lanzarse a un trabajo más comprometido con la política gremial. Esta línea
de conducta fue creando a la Liga Democrática Cristiana numerosas dificultades
con otras organizaciones y no pocos e involuntarios roces con el mismo

Episcopado. Esto la llevó a sucesivos cambios de nombre y de bases programá-
ticas a partir de 1907, hasta su definitiva cesación en 1924.
57 Tercer Congreso de Católicos Argentinos, Discurso de clausura, en REABA 8 (1908) pág. 1054.
58 Informe del Asesor del Arzobispado, en REABA 19 (1919) pág. 304. Cf. N. T. AUZA, Los católicos argen-
tinos..., págs. 78-89; L. M. CATERINA, Las ideas socialcristianas en Rosario (1916-1919), en Res Gesta,
Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Instituto de Historia UCA, n. 19-20, págs. 27-48.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
193
La Liga solicitó a los obispos su apoyo moral mientras éstos estaban reuni-
dos en la Conferencia Trienal de 1922. Este fue el comienzo del fin. José
Américo Órzala, obispo de San Juan y secretario de la Conferencia responde en
nombre del Episcopado:

"Impuestos los Ilustrísimos Prelados de lo que Ud. tan respetuosamente
expone, me han encargado le conteste que les ha sido sumamente grata la mani-
festación tan cristiana de que sin el beneplácito y apoyo de la autoridad eclesiás-
tica poco bien puede realizar una institución como la que Ud. preside, y que, no
pudiendo dudar de la sinceridad y buenos propósitos que anima a sus compo-
nentes, aceptan complacidos la cooperación entusiasta que están dispuestos a
prestar a la magna obra social católica, obra que no puede ser otra que la que se
realiza bajo la alta dirección del Episcopado, de acuerdo con las normas trazadas

en el Reglamento General de la Unión Popular Argentina. En cuanto a la formá
concreta de realizar tan laudables propósitos, incumbe a cada Prelado en su pro-
pia Diócesis aprobar los estatutos o reglamentos de las diversas entidades que se
proponen trabajar en el campo social católico. Por lo que toca a la acción políti-
ca, el Episcopado desea, y lo recomienda lo más eficazmente posible, que todos

los ciudadanos católicos cumplan individualmente sus deberes cívicos, tomando
una activa participación en la vida pública del país para que triunfen los progra-
mas y los hombres que más se inspiran en los principios de la civilización cris-
tiana, pero en nuestro actual estado político argentino, no cree oportuno autorizar

a las entidades católicas como tales para que actúen en política".
De este documento se deduce que el pensamiento del Episcopado al respec-
to se puede sintetizar de la siguiente manera:
No puede realizarse obra social católica organizada si no es bajo la dirección
de los obispos. La razón de esta afirmación de principio debe buscarse en el
hecho que la Liga propiciaba la unión de todas las organizaciones católicas, obra
que el Episcopado había iniciado ya en la Conferencia Trienal de 1902 y conti-
nuado en la de 1905, cuando hablaba de la federación de las asociaciones católi-
cas y que finalmente había concretado en 1919 fundando la Unión Popular

Católica Argentina que se proponía unir y coordinar las fuerzas católicas".
En cuanto a la forma concreta de cooperación la deja librada a las directivas
de cada Ordinario; esta cooperación se verificaba de acuerdo con el espíritu que
animaba a la U.P.C.A.

59 Citado por S. USSHER, Las autoridades eclesiásticas y los demócratas cristianos hace medio siglo, en
Criterio 29 (1956) n. 1263, págs. 483-485.
60 En cuanto a la diversa terminología empleada por las Conferencias Trienales de 1902 y 1905 respecto a
la de 1919, cf. N. T. AUZA, Los laicos en la Iglesia Argentina, en Laicado, comunión y misión, Sociedad
Argentina de Teología, VIII' Semana de Teología de 1988, La Falda (Córdoba), Buenos Aires 1989, págs.

196-202, nota 41.

194
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
Desde el punto de vista político la respuesta del Episcopado significa el fin de
todo tipo de intento de formación de un partido político católico. Idea que había
sido acariciada por algunos obispos, muchos sacerdotes y una mayoría considera-
ble de laicos'. Esta posición del Episcopado se clarifica si se tiene en cuenta

—como afirma un autor—, que la Liga invocaba el aval de la Jerarquía para su acti-
vidad política, temiendo que sin ese apoyo la afluencia de votos sería escasa".

En 1920 el. Gobernador Eclesiástico del Arzobispado de Buenos Aires había
tratado de zanjar esta cuestión. Después de prohibir al clero toda relación con la
Unión Democrática Argentina (nuevo nombre de la Liga), envió a sus dirigentes
un informe reservado en el que decía:
"Podrían organizarse como entidad cívica y política, con el programa político
que quisieran darse y programa económico social conforme a las enseñanzas de la
Iglesia, o que por lo menos, no estuvieran en pugna con éstas. Como organización
prescindiría completamente de la autoridad eclesiástica, y ésta a su vez la ignora-
ría [...]. En una palabra, no podrán decir que son un partido católico, sino a lo
sumo, que son un partido cuyo programa está basado en las enseñanzas de la
Iglesia, pero cuyos partidarios podrán ser todos los que aceptasen ese programa,
[...]. Actuando exclusivamente en el campo político o cívico, no molestarán a nin-
guna sociedad católica, puesto que a éstas les está prohibido entrar en ese terreno,
y ningún católico o sociedad católica podrá hacerles cargo alguno, salvo el caso
de que sostuvieran teorías condenadas por la Iglesia. Por el contrario, tendrán todo

interés en cultivar buenas relaciones, aquéllos para poder contar con los votos de
éstos en las elecciones, y éstos por lo que significará en la República la existencia
de un partido análogo al Partido Popular Italiano. Podrá así la U.D.A. extender su
actividad a toda la República y llegar a ser un partido de orden [...]'"3.

La Liga Democrática Cristiana ha muerto y con ella murió la última tentati-
va de los católicos de organizarse como partido político. El golpe de gracia había
sido asestado por el informe del Asesor eclesiástico del Arzobispado de Buenos
Aires en 1919. Este informe que ciertamente influyó en la medida de supresión

dictada por el Arzobispo ese mismo año, ejerció no poca influencia en la deci-
sión colegial de los obispos.
Algún día habrá que estudiar este largo documento, basado en argumentos no
pocas veces faltos de suficiente claridad, que encara un problema eminentemen-
te pastoral con una visión juridicista y una cortedad de miras alarmante. De todas
maneras, el juicio global se hace difícil porque no se han revisado los archivos
de los obispados entonces existentes y porque se ha perdido definitivamente el
archivo de la entonces sede metropolitana.

61 Cf. S. USSHER, Las autoridades eclesiásticas..., pág. 483.
62 Cf. S. USSHER, Cien años..., pág. 856.
63 S. USSHER, Las autoridades eclesiásticas..., pág. 484.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
195
3. La Liga Social Argentina.
Este organismo fundado por Emilio Lamarca en 1909 fue aprobado repetidas
veces por el Episcopado. Durante el Tercer Congreso de Católicos Argentinos se
presentó el plan de su creación. El proyecto, según su autor, consistía en "fundar

una institución de carácter general, cuya singular eficacia ya ha sido comproba-
da, y cuyo fin es reunir a no católicos, especialmente las grandes masas del pue-
blo, alrededor de un centro común de doctrina, de organización social y de pro-
paganda firme, constante, sagaz, activa, disciplinada, apta para oponerse con
energía a la propaganda adversa"TM.

Se tomó el modelo del "Volksverein" (Unión o Liga del pueblo), fundada por
Luis Windthorst, vasta organización de los católicos alemanes para defender el
orden cristiano en la sociedad. De ella decía Lamarca: "La unión alemana, no es una

institución eclesiástica, ni política, y sin embargo, da numerosos y hábiles contin-
gentes tanto a la Iglesia como al Estado; porque dentro del orden social y económi-
co crea el civismo, levanta el nivel de la cultura, sostiene la organización cristiana
de la sociedad, y la defiende contra todo elemento desquiciador y distorsivo"65.

La finalidad perseguida por Lamarca era despertar inquietudes sociales en un
catolicismo aletargado y, al mismo tiempo, erigir una valla contra el socialismo
y el anarquismo. Por eso no duda en afirmar: "Los enemigos del orden social se
exhiben y vociferan por doquier; buscan al pueblo, se atraen al inmigrante y lo
extravían con facilidad; en cambio a aquel le fallan sus verdaderos defensores, y

los hombres honrados y de labor apenas cuentan con quienes los organicen, los
instruyan y los pongan en condiciones de repeler las violencias de sus contrarios

y de no cejar ante sus intimidaciones, les aseguren la libertad de trabajo y la tran-
quilidad de sus hogares"".
Votado el proyecto por el Congreso de Católicos Argentinos fue presentado
al Episcopado para su aprobación. Los obispos reunidos en la Conferencia
Trienal de 1909 no se expedirán acerca de este asunto. La Liga comenzó a fun-
cionar y su primer directorio estuvo integrado por los miembros de la junta eje-
cutiva del Congreso Católico. En la Conferencia Trienal de 1912, el Episcopado
recomienda al clero y a los fieles cristianos protejan y propaguen la Liga Social
.
Argentina".
En noviembre de 1912, la Liga Social Argentina organizó el Primer Congreso
Rural Católico con sede en Luján. En ese mismo año, el domingo 25 de junio,
estalló la huelga conocida como "El grito de Alcorta" que agitó a los obreros

64 E. LAMARCA, Discurso sobre la fundación de la Liga Social Argentina, en REABA 8 (1908) pág. 1028;
Cf. N. T. AUZA, Los católicos argentinos..., págs. 92-99.
65 E. LAMARCA, Ibidem, pág. 1031.
66 E. LAMARCA, La Liga Social Argentina, en REABA 8 (1908) pág. 710.
67 Conferencia Trienal de 1912, Resoluciones, en REABA 12 (1912) págs. 1148 y 1150.


196
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
agrícolas de Santa Fe, Buenos Aires y sur de Córdoba". El acto decisivo previo
a la huelga fue la resolución conjunta de los curas párrocos de las localidades de
Alcorta, Máximo Paz, San José de la Esquina, Arteaga, Alvear y San Genaro, de
apoyar y hacer causa común con los huelguistas, permitiendo a los arrendatarios
se concentraran en los atrios de las iglesias". Algunos de estos sacerdotes fueron

detenidos, procesados y encarcelados. Francisco Netri, abogado de los chacare-
ros y hermano de los párrocos de Alcorta y Máximo Paz, fue asesinado.

Puede que falten estudios serios de la historia eclesiástica de esa época, pero
sorprende no escuchar una sola palabra de parte de la Jerarquía ni de las organi-
zaciones católicas frente a una de las más grandes conmociones sociales del país.
Si bien no afectó a las ciudades la huelga impactó en las tres provincias agríco-

las más ricas de la República.
4. La Unión Popular Católica Argentina.
La federación de todas las instituciones apostólicas existentes en la provincia
eclesiástica era una vieja aspiración de los obispos. Dos veces se habían referido
a ella en documentos de carácter colegial, como fueron las pastorales colectivas
de 1902 y 1905. Los laicos insistieron repetidas veces ante el Episcopado para
que el ideal se concretara en hechos. La Liga Democrática Cristiana llegó a
incluir esta aspiración en sus estatutos. Tal era el contenido del artículo 5° supri-

mido a instancias del Asesor eclesiástico en su vista del 24 de mayo de 1903, pre-
via licencia del Ordinario'".

La fundación de la Unión Popular fue obra de los obispos asumida colegial-
mente, quizás la que mejor representa el espíritu que animaba al Episcopado de
aquel momento histórico.

Días antes del 23 de abril de 1919, fecha en que había de iniciarse la
Conferencia Trienal, el diario El Pueblo en un extenso artículo del día 15 escri-
bía: "En la semana próxima se verificará en esta Capital una reunión de Prelados,
cuya importancia no será necesario que nos preocupemos de encarecer [...]. No

proviene ella de la iniciativa de ninguno de los Obispos argentinos en particular.
Proviene de la concordancia de todos ellos en punto a la necesidad de ponerse al
habla, deliberar y adoptar una resolución [...]. Se trata en efecto de la constitu-
ción en la República Argentina de una organización católica por el estilo de la

68 Cf. E. MÍGUEZ, La gran expansión agraria (1880-1914), en Nueva Historia de la Nación Argentina,
Academia Nacional de la Historia, t. VI, Buenos Aires 2001, pág. 117, donde apenas se insinúa el tema.
En cambio .1. ARCOS en El sindicalismo en América Latina [Feves] 1964, pág. 32, destaca que lograron
algunos objetivos importantes, como la rebaja del 28% en el arrendamiento de la tierra, contratos por tres
años como mínimo, libertad para vender sus cosechas, etc.

69 Cf. E GRELA, El grito de Alcorta, Rosario 1958, págs. 45-83, 271-277, 286-290; R. PUIGGROS, El
Yrigoyenismo, en Historia crítica de los partidos políticos argentinos, t. II, Buenos Aires 1965, págs. 114-120.
70 Conferencia Trienal de 1905, en REABA 5 (1905) pág. 792.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
197
realizada en Italia bajo la dirección directa e inmediata del Santo Padre, con el
nombre de Unión Popular Católica Italiana. Los Obispos podrían haber aproba-
do individualmente, y autorizado en sus respectivas Diócesis, la instalación de la
organización dicha. Han preferido el acto colectivo, para predicar con el ejemplo

la unidad de acción que por la fundación referida se aspira a crear entre los ele-
mentos católicos de la República y para que nazca ese organismo con la solem-
nidad correspondiente al papel trascendental que habrá de llenar [...]. Organizada

la Unión Popular, todos los centros católicos existentes en la República, tengan
el objetivo particular que tuvieren, entrarán a ser parte de este organismo [...]. La
vasta organización nacional marcará su respectiva tarea a todas las personas de
buena voluntad [...]. Nadie podrá tampoco culpar al Episcopado diciendo que no

señala rumbos, desde que la Unión Popular será el órgano de su voluntad en el
campo de las actividades católicas".

Por su parte, los obispos advierten: "Hemos decidido exponer en forma
colectiva, en este documento algunas de las graves razones que nos determinaron
a cumplir con tal deber; ellas demostrarán que no era posible ninguna dilación"".

De hecho habían pasado diecisiete años desde el primer anuncio de 1902.
Pareciera que la misma Santa Sede no dejó de advertir la demora del Episcopado
y a partir de 1916 comienza a insistir a través de la. Nunciatura. Los Nuncios
Locatelli y Vasallo di Torregrossa, cumpliendo instrucciones de la Secretaría de
Estado, hacen saber a los obispos que la Federación debe iniciarse tomando como
modelo la Unión Popular Católica Italiana". En este sentido los obispos se limi-

tan a indicar que: "abrigan la esperanza de que no haya de resultar irremediable
perjuicio que haya podido originarse a causa de haberse demorado hasta ahora,

aunque no sin graves motivos, la creación de la Unión Popular"".
A renglón seguido, los obispos analizan las motivaciones que los indujeron a
constituir tan vasto organismo a nivel nacional. En el pensamiento episcopal, la
Unión. Popular viene a remediar la ausencia de una entidad autorizada que cen-

tralice la dirección, aúne los esfuerzos y trace los rumbos, a evitar la pérdida de
excelentes iniciativas y el agotamiento de apreciables energías en acciones de
discutible utilidad; a la par que evita disidencias entre quienes han de estar vin-
culados por el mismo amor a Dios y a los hombres".

Respecto a la situación económico-social que se vivía en el país, afirman:
"que la mayoría de los asalariados no sueña con una revolución que todo lo ani-
quila; pero quiere una retribución más satisfactoria del trabajo, una participación

71 Una reunión de trascendencia, en El Pueblo, Buenos Aires 15 de octubre de 1919; Cf. REABA 19 (1919)
págs. 533-534.
72 Conferencia Trienal de 1919, en REABA 19 (1919) pág. 390.
73 Cf. S. USSHER, Cien años... , en Criterio 29(1956), págs. 857-858.
74 Conferencia Trienal de 1919, en REABA 19 (1919) pág. 390.
75 Cf. ibidem, pág. 390.


198
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
de orden más alto en el mecanismo de la producción, una menor distancia entre
las diversas categorías, una dignificación del operario, una más sana organiza-
ción social. Tales deseos son razonables, y es deber de los católicos propiciarlos,
pues sólo dentro de las doctrinas sociales cristianas hallánse las soluciones de tan
graves problemas [...]. Es preciso que todos los fieles [...] inviertan sus afanes
en esta obra, salvadora a un tiempo del orden social y de las clases asalariadas
[...]. Queremos, sí, la evolución, pero repudiamos la revolución"". En el mismo
orden de cosas —dicen a las mujeres— que ellas "tienen el sagrado deber de enca-
minar y encabezar las reivindicaciones femeninas en cuanto abarcan de justo"".

Estas palabras de los obispos revisten una importancia capital si se tiene en
cuenta el contexto en que fueron pronunciadas. Apenas se ha salido de la deno-
minada "Semana trágica" con sus huelgas, sus muertos, sus asaltos y sus templos

incendiados. Es un llamado de atención para que los católicos se unan en la bús-
queda de soluciones urgentes a los graves problemas planteados. Es una amo-
nestación severa a ciertos católicos que creen que el problema obrero y la mise-
ria se resuelven con la sola limosna. Hasta aquel momento el obrero ha sido un
paria, sin dignidad y sin derechos, con jornadas abrumadoras y sueldos insignifi-
cantes. Es también una suerte de apoyo a un gobierno nacional que había comen-
zado a tener en cuenta lo social y a ocuparse en elaborar un cuerpo legal que
atendiera los derechos de los más débiles.

Estas palabras harán afirmar al Mons. Luis Duprat que: "de labios episcopa-
les no había brotado hasta ahora afirmación tan explícita y tan neta, que declara-
se legítimas estas reivindicaciones obreras y necesarias las reformas de la orga-

nización social, destinadas a darles justa satisfacción. Ni se nos había dicho a los
católicos en términos tan absolutos y claros que propiciar el cumplimiento de
esas aspiraciones obreras, es, no ya solamente un deber de caridad, de previsión,
o un dictado del propio interés, sino, escuetamente así: un deber [...]"7x.

Este lenguaje enérgico habrá sonado de manera extraña en ciertos medios: en
unos habrá despertado protestas, indignación y escándalo. Pero para la mayoría
habrá disipado errores y prejuicios y despertado conciencias y dictado despren-
dimientos personales y actitudes nuevas y comprometidas.

Los obispos insistirán en la formación de la juventud en la comprensión de
sus deberes individuales y sociales, el conocimiento de los problemas del
momento y el espíritu de iniciativa". Inmediatamente se pasará a las realizacio-

76 Conferencia Trienal de 1919, en REABA 19 (1919) pág. 392.
77 Ibidem,
pág. 391.
78 L. DUPRAT, Sermón pronunciado en la catedral de Buenos Aires el 12 de octubre de 1919, en REABA 19
(1919) pág. 732.
79 Cf. Conferencia Trienal de 1919, en REABA 19 (1919) pág. 392.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
199
nes concretas y la autorización para la gran colecta con destino a las obras cató-
licosociales que emprende el Episcopado".
En este sentido la acción colegial del Episcopado fue intensa. Lo destacan
claramente en la Pastoral Colectiva de 1921: "Recordaremos a los católicos que
nunca todavía en la historia de la Iglesia Argentina aconteció reunirse año tras
año los obispos para estudiar e implantar un dado organismo; nunca tampoco
consagraron los mismos prelados dos documentos colectivos para recomendar a
todos una institución determinada'.

A pesar de los deseos y las buenas intenciones, la UPCA fue incapaz de dar
los frutos que se esperaban. En un cierto sentido más que lograr la unión seria y
eficiente de todas las organizaciones católicas, se generó una situación de desaso-
siego y de desconcierto entre los católicos que tardaría bastante en resolverse".
5. La Acción Católica.
En la segunda quincena del mes de noviembre de 1928, los obispos reunidos
en Conferencia en la ciudad de Buenos Aires decidieron reorganizar la Unión
Popular Católica Argentina y, con las reformas introducidas en sus estatutos con-
vertirla en la Acción Católica Argentina". Dicen que el cambio surge de la expe-
riencia acumulada a lo largo de los años no sólo en el país sino en Roma donde
el Papa "ha llevado a la práctica en forma admirable el concepto de Acción

Católica, reformando la anterior organización de las fuerzas católicas de Italia'''.
Por iniciativa del Nuncio Apostólico Felipe Cortesi se desarrolló en Buenos
Aires la Semana Social del Clero para estudiar la Acción Católica. Participaron
como delegados oficiales de la diversas diócesis sesenta y ocho sacerdotes". El
curso fue dictado por los presbíteros Dr. Antonio Caggiano de la diócesis de
Santa Fe y Dr. Froilán Ferreira Reinafé de la diócesis de Córdoba quienes habí-

80 Cf. Ibidem, pág. 395.
81 Conferencia Trienal de 1921, en REABA 21 (1921) pág. 227; Documentos del Episcopado... , t. II, Buenos

Aires 1994, pág. 220.
82 Para la historia de este período y de sus principales protagonistas: cf. J. C. ZURETTI, Nueva Historia
Eclesiástica Argentina, Buenos Aires 1972, págs. 393-396; N. T. AUZA, Los católicos argentinos... , págs.
117-120; ID., Los laicos en la Iglesia Argentina... , págs. 196-204.
83 Cf. Pastoral Colectiva del 1° de diciembre de 1928, en Boletín Eclesiástico de la Diócesis de Córdoba,
Vol. VI, Córdoba 1929, págs. 2-8.
84 Pastoral Colectiva del 5 de abril de 1931, en REABA 31 (1931) pág. 265. Los once obispos fundadores
de la Acción Católica Argentina fueron: José María Bottaro, Juan Agustín Boneo, Francisco Alberti, Luis
María Niella, José Américo Orzali, Julio Campero, Fermín E. Lafitte, Julián Martínez, Audino Rodríguez
y Olmos, Agustín Barrere y Julio Arnedo vicario capitular de Catamarca.

85 Participaron como delegados oficiales 14 sacerdotes por la arquidiócesis de Buenos Aires, 20 por Santa
Fe, 15 por Paraná, 5 por Córdoba, 4 por Tucumán, 8 por La Plata, 4 por Corrientes, 3 por San Juan, 3 por
Salta, 2 por Catamarca, 1 por Santiago del Estero y 4 por la Patagonia.


200
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
an sido enviados a Roma en 1929 a estudiar la Acción Católica Italiana" bajo la
guía de Mons. Luis Civardi.

En la pastoral de 1931 los obispos resumieron los criterios fundamentales cuan-
do indicaron con claridad el concepto y el origen de la Acción Católica; su relación
con las obras económico-sociales, con las asociaciones religiosas y con la política.

El 19 de enero de 1931 se había constituido la Junta Nacional de la Acción
Católica y el 26 del mismo mes se reunieron los miembros de la Junta y los de la
Unión Popular Católica Argentina. En ese acto la autoridad eclesiástica puso en
posesión de la Junta los bienes que hasta entonces habían pertenecido a la Unión
popular. Inmediatamente se designó el Secretariado Nacional y las organizacio-
nes federales constituidas por el Consejo Nacional de Hombres, de Mujeres, de

los Jóvenes y de las Jóvenes de la Acción Católica y sus respectivos asesores".
Se aprobó el Reglamento para el Secretariado Nacional y se establecieron las
bases y el Reglamento para la coordinación de los organismos de apostolado
externo preexistentes, dentro de la Acción Católica".

A lo largo de 1931 se fueron constituyendo las diferentes Juntas y Consejos
diocesanos, así como la Juntas Provinciales en• los casos que la Provincia civil
careciera de obispado. Casi al mismo tiempo se organizaban las Semanas de ora-
ción y estudio de la Acción Católica para el clero y el laicado. En breve tiempo
el mapa eclesiástico del país quedó cubierto por los organismos de la nueva y
pujante institución. La Junta Nacional, los Consejos Superiores y Diocesanos, sin
descuidar los núcleos parroquiales, ya que la selección y el adiestramiento de los
dirigentes era y es de primordial importancia para la Acción Católica.

El aporte realizado por la Acción Católica Argentina en la organización de los
laicos ha sido encomiable en diferentes campos. Bastaría citar como hitos su
influencia en la vida política, en la evolución económico-social del país, en la edu-

cación, en el siempre conflictivo terreno de las relaciones Iglesia y Estado, en la
vida espiritual del laicado. En el extenso campo del mundo las Organizaciones In-

ternacionales Católicas (O.I.C) han tenido una marcada influencia en la lucha con-
tra el alcoholismo, la protección de las jóvenes, la formación religiosa, la defensa
de los derechos del niño, la ayuda a los emigrantes y Pax Romana con sus ramas
especializadas. A todo esto se puede sumar la riqueza de los dos Congresos Inter-
nacionales para el Apostolado de los Laicos, celebrados en Roma en 1951 y 1957.

En la conclusión de este punto no es exagerado afirmar que no pocos docu-
mentos del Concilio Vaticano II jamás se hubieran escrito sin la experiencia de la
Acción Católica.

86 A los nombrados Caggiano y Ferreira hay que añadir los presbíteros Cornelio Vignati y Silvino Martínez
(Cf. Boletín Oficial de la Acción Católica Argentina [en adelante BOACA] 1 [1931] pág. 23, nota 1.
87 Cf. BOACA 1 (1931) págs.14-22.
88 Cf. BOACA 1 (1931) págs. 35-37, 84-94.


LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
201
VI. Las Resoluciones de las Conferencias.
Con el título de "Resoluciones", los obispos promulgan sus decretos al final
de cada una de las conferencias trienales. Desde la primera Conferencia Trienal
de Salta en 1902 hasta después de dividida la primitiva provincia eclesiástica en

siete nuevas jurisdicciones metropolitanas con sus respectivas sufragáneas.
Constituyen un verdadero cuerpo de derecho particular de la Iglesia
Argentina. Estas disposiciones merecerían un estudio teológico, litúrgico, canó-
nico o meramente disciplinar, que no se ha realizado hasta el presente. Es verdad
que no siempre conforman un todo ordenado, a la manera de un código, pero en
el conjunto de todas ellas se advierte el interés de los obispos en gobernar sus

iglesias imponiendo una normativa común; avivando el celo apostólico en sus
sacerdotes y laicos. El desorden en que a veces parecen moverse, no les quita

valor, es más bien el fruto de una intensa actividad que procura, en todos los nive-
les, no ser desbordada por los acontecimientos.
Estas resoluciones, que fueron naciendo al calor de las necesidades pastora-
les que experimentaba el Episcopado se revisaron periódicamente, sea para abro-
gar o derogar alguna de ellas, sea para incorporar las nuevas reglas que exigían
los cambios que se imponían. Aunque no siempre siguieron el mismo orden, se
unen generalmente en disposiciones transitorias y permanentes.
Siempre se legisla sobre todos y cada uno de los sacramentos. Para la anota-
ción del bautismo, confirmación, matrimonio y defunción se incorporaron los
formularios de las respectivas partidas con el objeto, por un lado, de dar unifor-
midad a los libros parroquiales, y por otro, para la seguridad del registro parro-

quial, se prohibe todo tipo de corrección sin los trámites de derecho y la autori-
zación del Ordinario del lugar.

A continuación se determinan las reglas para el culto, las devociones y la
dirección de las rúbricas. Inmediatamente se articulan las providencias sobre el
catecismo, la predicación, el Boletín parroquial, la educación y la universidad
católica. Pasan luego a establecer las disposiciones sobre los deberes cívicos de

los católicos. A renglón seguido indican todo lo referente a la moralidad pública
y privada, las fiestas de beneficencia. No dejan de insistir en las diferentes mane-
ras de oponerse a los avances del protestantismo renovando la acción catequéti-
ca, caritativa y pastoral. Se extienden luego en las disposiciones sobre las misio-
nes, el día misional y la fiesta de Cristo Rey.

Disponen que el nombre "Seminario" sólo pueda ser usado por los semina-
rios diocesanos. Ninguna institución religiosa podrá emplear esa denomináción
para sus estudiantados. Lo mismo determinan para las "vocaciones eclesiásti-
cas". Se añaden las preces para las vocaciones. Generalmente se dan las normas

para los clérigos; basílicas y santuarios; comunidades religiosas; fiestas; calen-
dario litúrgico y recursos económicos.


202
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
Estas "Resoluciones" aparecen animadas de una relevante preocupación y
finalidad pastorales. Muchas veces se imponen preceptivamente, otras, se sugie-
ren frente a los hechos conflictivos y otras, se expresan a la manera de consejos
o como simples sugerencias pastorales. Siempre se dice "que ordenamos y man-
damos sean cumplidas por aquellos a quienes corresponda". No todas constan de

la misma cantidad de capítulos, pero cuando son sistematizadas periódicamente
siempre sobrepasan el centenar. Según los períodos, las fuentes inspiradoras
están en los decretos del Concilio Plenario de la América Latina, en el Código de
Derecho Canónico de 1917 y en el Magisterio Pontificio, sin dejar de lado la nor-
mativa de las Sagradas Congregaciones.

VII. Antecedentes del concilio.
Los obispos habían manifestado repetidas veces el anhelo de celebrar un con-
cilio provincial desde la misma erección de la provincia eclesiástica. Sin embar-
go, la primera vez que el antiguo deseo comenzó a hacerse voluntad de realizar
el proyecto largamente ansiado fue en la Conferencia Episcopal de 192289. Esta

decisión parece haber quedado en aguas de borraja. No se encuentran rastros de
estos trabajos.

De hecho, en las Resoluciones de 1936, se indica la necesidad de "hacer los
trámites necesarios para la realización de un Concilio Nacional, a ser posible en
el año 1938"". Tampoco en este caso habrá resultados positivos, desconociéndo-
se hasta ahora los motivos.
VIII. Comisiones y subcomisiones preparatorias.
Las primeras realizaciones efectivas comenzarán a verse a partir de 194091 . El
89 Allí se determinaba que en "cumplimiento a lo dispuesto en el canon 283 disponemos se celebre, dentro de
cinco años, el primer concilio de esta provincia eclesiástica. Para prepararlo designamos una comisión de
sacerdotes, con facultad para aumentar su número, como sigue: Ilmo. Sr. Luis Duprat, Presidente; Mons. Dr.
Juan J. Perazzo, Mons. Dr. Bartolomé Piceda, Canónigo Dr. Fortunato Devoto, Dr. Antonio Rocca, Mons.
Antonio Rasore, Dr. Nicolás Fasolino, Pbro. Bartolomé Airolo, Reverendos Padres Superiores de los Padres
de la Compañía de Jesús, de los Padres Franciscanos, de los Padres Dominicos, de los Padres Salesianos, de
los Padres Redentoristas, de los Padres Lazaristas y de los Padres del Verbo Divino [...]. Dentro del plazo
de un año la Comisión preparará un anteproyecto que será remitido a cada Prelado diocesano, para que lo
estudie y formule las observaciones que le parecieren oportunas, y lo devolverá a la Comisión antes de ter-
minar el año 1924. La Comisión redactará luego, durante el año 1925, el proyecto definitivo, que será nue-

vamente enviado a los Prelados diocesanos. Terminado el trabajo preparatorio se convocará el primer conci-
lio provincial de acuerdo con los cánones 284 y 286" (Conferencia Trienal de 1922, Resoluciones, en
REABA 22 [1922] págs. 587-588;
Documentos del Episcopado..., t. III, Buenos Aires 1995, pág. 37).
90 Conferencia Trienal de 1936, en REABA 36 (1936) pág. 597.
91 Cf. AAC, Leg. s/n.
Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3. Se trata de tres cajas con documentación del
concilio conservada en el archivo particular de Mons. Juan A. Taborda, principal redactor del texto conci-
liar, y entregada por el mismo al Archivo del Arzobispado de Córdoba antes de su muerte, el 8 de junio de

1987.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
203
Episcopado había encomendado la redacción del proyecto a una comisión de tres
arzobispos, quienes a su vez, nombraron una subcomisión de estudio".

Esta denominada "Tercera Comisión" se reunió unas pocas veces para cono-
cer la estructura de los concilios de Malinas y de Brasil, celebrados después de
la promulgación del CIC 17. Taborda señala que sólo pudo ver de paso y antes
de ser nombrado en esta Comisión el texto de estos concilios. Este estudio llevó
a la comisión a hacer el planteo de una cuestión previa que fue elevada al arzo-
bispo de Córdoba", aconsejando se siguiera en este punto el orden y desarrollo

dél concilio de Brasil, ya que ninguno de los concilios nombrados trataba sepa-
radamente los libros IV° y V° del Código entonces vigente.

En carta que el 8 de diciembre de 1940 escribía Taborda desde Villa Allende
al arzobispo Lafitte exponía con lujo de detalle lo anotado arriba".
Son nuevamente los arzobispos Lafitte, Fasolino, Rodríguez y Olmos, quie-
nes facultados por el Episcopado, decidieron el 3 de noviembre de 1948 la cons-
titución de la subcomisión consultiva, bajo la presidencia del obispo Rocca",
para la redacción del proyecto definitivo. Cada miembro de la comisión trabaja-
ría sobre un esquema previo. Esta comisión deCidió encomendar a Taborda la
redacción íntegra del anteproyecto".

92 Fechado en Santa Fe a 19 de agosto de 1940, los arzobispos dicen: "En virtud de las facultades que nos
otorgó el Venerable Episcopado de la República Argentina al encomendar a los Excelentísimos Señores
Prelados infrascriptos la redacción del proyecto de resoluciones del futuro Concilio Nacional Argentino,
designamos a los Señores Presbíteros Dr. Cgo. D. Juan A. Taborda, Cgo. D. Oscar Pueyrredón, R.P. Pedro
Fink, C.SS.R., Pbro. Dr. Juan Carlos Vera Vallejo, Pbro. Dr. Benjamín Moyano y Pbro. D. Serafín
Fernández para que constituidos en Tercera Comisión del Concilio estudien, redacten y propongan cuan-
to crean útil y necesario como Anteproyecto para el Concilio con respecto a los libros Cuarto y Quinto de

Derecho Canónico, bajo la presidencia del primero nombrado, Pbro. Dr. Cgo. D. Juan A. Taborda, (fdo)
Fermín E. Lafitte, Arzobispo de Córdoba, Nicolás Fasolino, Arzobispo de Santa Fe, A. Rodríguez y
Olmos, Arzobispo de San Juan" (AAC, Leg. s/n, Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3). En Buenos Aires
fueron constituidas otras dos subcomisiones de estudio.
93 "Quaeritur: a) Utrum Concilio Plenario competat leges vel normas ferre, aut in ipso expediat quaedam
decernere in materia processuali et poenali (de quibus in Libro IV et V C. J. C.), habitis praeoculis cc. 290,
1555, 1909, 1962, 1963, 1993, 1999 etc. Codicis J. C. et silentium Conciliorum particularium Mechlinensis
et Brasiliensis? Si affirmative: b) Agendum esse seorsim an insimul cum aliis tractationibus, juxta modum
adhibitum a Conciliis praecitatis? Sin alterum: c) A coetu distincto an ab iisdem qui agunt de personis ac de
rebus, seu in aliis libris Codicis? Nota: De reservatione peccatorurn, juxta codicis ordinem, agitur in tracta-
tu «De poenitentia». Cordubae, die 2 Oct., 1940" (AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3).

94 Al pie de esta carta manuscrita hay una ayuda memoria de Taborda del año 1958 en el que apunta: "Esta
Tercera Comisión del Concilio no actuó posteriormente por las razones expuestas en la carta precedente.
Tampoco las otras dos comisiones de Buenos Aires fueron efectivas al parecer; pues el Concilio no se rea-
lizó" (Ibidem).

95 La Sub-Comisión designada estaba integrada por: "Mons. Dr. Antonio Rocca, Obispo Titular de Augusta,
Señor Canónigo D. Restituto Pruneda, Señor Canónigo Dr. Juan A. Taborda, R.P. Marcolino Páez O.P.,
Mons. Dr. Luis Borla, R.P. Pedro Fink C.SS.R., Señor Canónigo Rafael Trotta, R.P. Andrés Azcárate O.S.B.,
Señor Canónigo Dr. Enrique Rau, R.P. Germán Rinsche 5.1., Señor Canónigo Ramón Nóvoa, Señor

Canónigo Jorge Funoll, Señor Canónigo Francisco J. Vennera, Señor Pbro. Dr. Jesús Montánchez" (Ibidem).
96 Taborda apunta en nota manuscrita al pie del documento: "Reunida ésta en el mes de febrero de 1949 en
Buenos Aires (Curia), después de un cambio de opiniones, resuelven encomendar al infrascripto la redac-

204
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
El 2 de diciembre Rocca escribía a Taborda remitiéndole el esquema", al
mismo tiempo que le encomendaba estudiar preferentemente las cuestiones teo-
lógicas con la debida anticipación y expresar su opinión sobre "la forma, orden,
contenido, método, conclusiones, etc. como la mayor amplitud del esquema de
las cuestiones preparadas'"8.
En carta del 21 de febrero de 1949 Taborda se dirigía a Rocca diciendo que
lo que se deseaba era la amplia revisión del anteproyecto formulado por los tres
arzobispos en septiembre de 1948, y pasaba a resumir los criterios que seguirá en
la redacción del segundo proyecto que se le había encomendado".
A partir de este momento la subcomisión tendrá escasa intervención. Quien
siempre actuó en su nombre y transmitió las observaciones que se le hacían lle-
gar durante la redácción del texto fue el obispo Rocca.
.
En la carta del 14 de abril de 1949 que Taborda elevaba al arzobispo Lafitte,
exponía con sinceridad su pensamiento. No duda en afirmar que las razones que
motivaron la revisión del primer proyecto y la redacción de un segundo esque-
ma, distinto del anterior, fue seleccionar y ordenar más apropiadamente las mate-
rias y asuntos que se deben tener presentes en la legislación particular, sobre todo
en una región donde son raros los sínodos diocesanos.

En su juicio se explayaba en tres puntos fundamentales:
a) Descuido en la exposición del material jurídico. Si bien sigue el ordena-

miento del Código de Derecho Canónico, se aparta de algunos casos, con poco
acierto. Critica el desorden y la anarquía en la distribución de la materia.

b) Impropiedad en el uso de algunos términos jurídicos; confusión y escasa
claridad en el tratamiento de las personas físicas y jurídicas; poca exactitud en las
citas de los documentos pontificios.

ción y reordenamiento de materias, disposiciones, o decretos de todo el Concilio, previa consulta median-
te al Presidente, quien opinó así: «oportet unum morí pro populo», es decir: conviene que uno se haga
cargo de esto. Y los demás aprobaron. No hubo más reuniones (1958)" (Ibidem).

97 Taborda anota al margen de la misiva de Roca: "se refiere a un esquema o anteproyecto del Concilio ante-
rior al de 1950, preparado por la Comisión de Arzobispos Fasolino, Lafitte, Rodríguez y Olmos" (Ibidem).
98 Ibidem.
99 En la carta manuscrita dice textualmente: "me ha parecido lo más conveniente continuar lo empezado y

recorrer en primer término todo el camino de capítulos y decretos del Concilio, elaborando de este modo
un esbozo completo de lo que se pretende hacer; en segundo lugar o término,.una vez obtenido el bosquejo
o prospecto general de todas las disposiciones conciliares, rehacer el camino andado en la exposición y
redacción del texto, introduciendo entonces las correcciones, las mejoras y observaciones que se hubieren
hecho entretanto al proyecto mencionado y que no hubiesen sido ya contempladas y subsanadas en este
primer borrador" (Ibidem). La propuesta puede resumirse en los siguientes puntos: 1° elaborar un esbozo
completo de todos los decretos del concilio; 2° introducir las correcciones, mejoras y observaciones que
se hubiesen propuesto; 3° hacer copias de cada una de las partes terminadas para ser sometidas al examen
de la subcomisión consultiva, la que hará las observaciones que juzgue conducentes; 4° estas observacio-
nes serán sometidas al Sr. Presidente para un nuevo reajuste del texto, que una vez concluido será pre-
sentado a la comisión de los obispos (Cf. Ibídem).


LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
205
c) En cuanto a la lengua empleada la encuentra deficiente. Sostiene que si
bien el latín actual admite una cantidad de neologisinos y barbarismos ajenos a
esa lengua, el Episcopado puede aspirar a un lenguaje sencillo en sus decretos
que no desdiga de la nobleza y autonomía de la lengua latina".

IX. Primeros anteproyectos y correcciones.
• Anteproyecto Arzobispal.
Se lo designa con este nombre porque fue redactado por los tres arzobispos. Se
conserva en dos cuerpos en copia mimeografiada y en un único ejemplar con el títu-
lo de "Liben Primus. Normae Generales"'"`. Consta de ciento ochenta y dos decre-
tos divididos en tres libros, al ya citado se añaden el De Personis y el. De Rebus.
• El Anteproyecto Taborda.
Se lo nombra así porque el Deán de Córdoba fue su principal redactor. Se lo
ha titulado "Concilium Plenarium Argentinum" fechado en junio de 1949. Se
trata del texto original dactilografiado de los libros 1° y 2°, con 359 decretos, de
donde fueron sacadas las copias con algunos agregados. y modificaciones. La
segunda Parte abarca el Libro 3°, es el texto original dactilografiado y fechado en
marzo de 1950, consta de 442 decretos'''. Este fue el primer texto de discusión.
Sirvió para un primer policopiado que hizo Editorial Guadalupe que no satisfizo
y no fue empleado para la discusión y las observaciones. Taborda apunta al pie
del documento: "primeras copias con bastantes errores tipográficos y de lectura.

Fueron sustituidas por el anteproyecto impreso en el Taller Santa Teresita en
1950"". Que el original dactilografiado de 1949-1950, con un total de 801 decre-
tos, fue el primer borrador de discusión se deduce de lo siguiente:
a) la primera versión dactilográfica del texto completo del concilio con sus
801 decretos está datada en Villa Allende, el 25 de marzo de 1950 in festo
Annuntiationis Beatae Mariae Virginis
y rubricado con la abreviatura de la firma

de Taborda. Con la misma fecha se registra la versión dactilográfica del libro 3°.
100 Cf. Ibidem.
101 Al pie Taborda ha anotado de su puño y letra: "1948. Proyecto de la Comisión Arzobispal I. (Visto por mí
en septiembre de 1948, y observado con voto favorable no de fondo ante Mons. Lafitte)". En la hoja
siguiente apunta: "Comisión Arzobispal. Excmos Sres. Arzobispos Nicolás Fasolino, Fermín E. Lafitte,
Audino Rodríguez y Olmos, que fue quien ordenó y redactó este Anteproyecto Arzobispal y que me fue
dado como base para un nuevo estudio y proyecto por no haber satisfecho el anterior al Episcopado o a la

Comisión?". En la portada del segundo cuerpo, Taborda escribe: "1948. Proyecto de la Comisión
Arzobispal II (Visto en septiembre de 1948). Informé desconforme en detalles de redacción no de fondo"
(AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 1). Hay una segunda copia a mimeógrafo en un solo
volumen (Ibidem).

102 Cf. AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 1.
103 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3.


206
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
b) la carta del Taller Santa Teresita" es del 19 de mayo de 1950 (no se cono-
ce otra anterior), anuncia que el trabajo del primer tomo va por la mitad y estará
listo a fin de mes.
c) según el carteo Rocca-Taborda, las primeras observaciones fueron formu-
ladas por el canónigo Rafael Trotta, profesor del Seminario de La Plata, en 21 de
febrero de 1949. En el mismo año hacen sus observaciones Mons. Tomás J. Solari,
arzobispo de La Plata, Mons. Audino Rodríguez y Olmos, arzobispo de San Juan

y las de Mons. Albino Mensa fueron conocidas el 26 de enero de 1950. Estos cua-
tro especialistas sólo pueden haberse servido del texto dactilografiado de 1949.

d) Recién el 5 de abril de 1950, Rocca comunicará a Taborda que "acaba de
recibir los dos ejemplares de la 2a entrega del Primer Concilio'.
De acuerdo con las constancias de archivo, donde no se guardan los origina-
les sino solamente las transcripciones que Rocca hacía al Deán de la catedral de
Córdoba, las observaciones al texto propuesto por Taborda fueron relativamente
escasas en el primer momento. Es más, como se verá más adelante, el juicio de
Rocca acerca de los trabajos de la Subcomisión es negativo.

La primera observación de Mons. Rafael Trotta es más bien genérica. Se
limita a solicitar "que este concilio transcriba lo del Plenario Americano que con-
venga conservar, abrogando todo lo demás, para no tener tanta dispersión de
leyes". Al margen y no sin sutil ironía, Taborda apunta: "se procurará dar satis-
facción a lo solicitado en cuanto se pueda pues se trata de un Concilio Plenario

Americano. Estas observaciones se refieren al proyecto anterior de los Sres.
Obispos mandado a revisión"".

El arzobispo Solari después de manifestar su satisfacción porque todo el
esquema ha sido replanteado envía su colaboración. Se trata de un memorandum
redactado por el Pbro. Dr. Rafael M. Cabo Montilla. Toda la materia se halla agru-

104 Se trata de la Asociación Hijas de Santa Ana Academia Santa Teresita. Avda. del Libertador General San
Martín 6115, Buenos Aires. Son un total de cinco cartas referidas siempre al trabajo de copiado. Todas
están firmadas por Sor María Cristina. En el reverso de la primera carta, Taborda anota en septiembre de

1953: "Concilio Plenario Argentino: Anteproyecto en Rota Print. Quiero dejar expresa constancia y agra-
decer íntimamente a la religiosa Sor María Cristina y sus dos colaboradoras de la Academia Santa Teresita,
por la dedicación, precisión, constancia y prontitud con que realizaron este trabajo de impresión. En par-
ticular hago notar la delicadeza de conciencia
y la prolijidad y el esmero puestos en la corrección de una
obra totalmente en latín, sin saber ni entender el idioma ninguna de ellas. Lo hicieron tan bien que quedé
admirado, tanto de la dactilógrafa como de la correctora del texto, por la nitidez de la impresión y los esca-
sísimos errores de imprenta. No quisieron aceptar ninguna retribución. Por mi parte recomendé encareci-
damente este trabajo a Mons. Rocca y mediante él al Sr. Cardenal" (AAC, Leg. s/n.
Concilio Plenario
Argentino, Caja n. 3).
105 En la misma carta añade: "Como nadie de la Comisión ha comunicado observación alguna ¿Cree V. S. que
vale la pena hacer tantas copias, y para ello incurrir en demora? ¿No sería suficiente hacer algunas para
los miembros de la Comisión Permanente del V. Episcopado?"
(Ibidem).
106 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3. Este carteo, junto a otros papeles se encuentra en
una carpeta que lleva el siguiente rótulo manuscrito de Taborda: "Correspondencia con Mons. Rocca duran-
te la redacción del primer esquema del Concilio y posteriores observaciones de los Señores Obispos".

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
207
pada en torno a tres capítulos: Culto y liturgia; Vida espiritual y apostolado;
Administración y gobierno eclesiástico. Son un total de cinco páginas y 62 breves

artículos. Es casi cierto que fue sometida a discusión porque el mismo Taborda
dice que la va a "sintetizar para adelantar los puntos antes de la reunión'.

El 14 de noviembre de 1949 Rocca transcribe "el siguiente párrafo del arzo-
bispo de San Juan al acusar recibo de sus dos libros del nuevo Concilio, dice así:
Yo había incluido en cada decreto una serie de disposiciones, más o menos lar-
gas y había encadenado los decretos sucesivos buscando una trabazón que les
diera unidad. Creía haber obtenido con ello una gran claridad de detalle y de con-

junto ¿no podría mantenerse este criterio?". En la misiva del arzobispo de San
Juan hay una suerte de velada queja y una alabanza cuando afirma que el ante-
proyecto de Taborda es un trabajo insuperable y ruega quiera aceptar sus cálidas
felicitaciones. Además de la carta, el arzobispo Rodríguez y Olmos escribirá un
largo informe acerca del Libro II° De Personis —Pars Prima— de Clericis".

Taborda reponderá desde Villa Allende el 20 del mismo mes diciendo: "En
cuanto a la sugerencia del Excmo. Sr. Arzobispo, creo que se halla suficiente-
mente prevista y explicada en mi informe de mediados del próximo pasado mes
de abril en que, a pedido del Excmo. Sr. Arzobispo de Córdoba, me referí a la

preparación del anteproyecto de concilio, que se me había encomendado, con el
fin de que dicho informe sirviera a su vez de fuente de información a los Excmos.
Sres. Arzobispos y Obispos, que se reunirían en Buenos Aires después de Pascua
de Resurrección [m]. Allí pongo de manifiesto que se trata de dos enfoques o de

dos puntos de vista distintos de la realización del Concilio, que requieren por lo
tanto dos moldes también distintos [...]. No era del caso, a mi modo de ver, el
hacer un retoque a lo ya hecho en el proyecto de los Excmos. Sres. Arzobispos,
y por eso preferí dejar intacto su texto y emprender un nuevo ensayo o antepro-
yecto que sería sometido a su vez a estudio [...]. El fin que persigo en todo esto,
además de otros, es: Que el Concilio Argentino se asemeje mucho al Código de
Derecho Canónico [...]. Mucha satisfacción y aliento me ha causado el saber que

S. E. el Sr. Arzobispo de San Juan se manifiesta muy satisfecho al parecer con el
trabajo presentado en su primera entrega [...]"ibo.
El 26 de enero de 1950, Rocca comunica a Taborda que tiene algunas obser-
vaciones personales y además otras del Pbro. Mensa y que los demás [miembros
de la Comisión] no han comunicado absolutamente nada. El Pbro. Albino Mensa

señala que la II' Parte de los decretos y Acción Católica está muy bien hecha, no
107 Cf AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 2. El aporte del arzobispo de La Plata que no
tiene fecha se titula: "Memorandum sobre diversos temas que podrían ser considerados en una reunión
de obispos o en un Concilio Nacional".

108 Ibidem.
109 Cf. AAC, Leg. s/n Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3, Carpeta correspondencia.
110 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3.


208
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
así la la; según él hay decretos inútiles, definiciones ya muy conocidas; todo lo
referente a conducta, presencia y ausencia de los canónigos en el coro pertenecen

a Estatutos capitulares no a un Concilio. El capítulo de religiosis es demasiado
largo. No ve la necesidad de modificar en el decreto 14 el alcance del can. 44 del
Código de Derecho Canónico. Cree que es mejor omitir las citas marginales.
Según él, la comisión debe estudiar ante todo la utilidad y conveniencia de
muchos decretos y luego exponer la materia "expoliti latini idiomate". En cuan-
to a las Colectas cree que las del Episcopado, a más de las cuatro por ayuno y
abstinencia: 1° de enero, domingo de Pascua de Resurrección, 15 de agosto y 8
de diciembre son las que hay que dejar. Las de las vocaciones eclesiásticas no,
pues ya existe la del Seminario Diocesano. Y por otra parte, los religiosos tienen

su obra de las Vocaciones Religiosas"'.
El 30 de enero de 1950, Rocca responde a una consulta de Taborda, acerca
de si el Concilio debía hacer referencia a tres puntos concretos:
a) obligación de los párrocos religiosos con parroquia pleno iure unida, de
presentar libros de fábrica;
b) la prohibición de admitir niños o niñas acatólicos en nuestros colegios;
c) el derecho del obispo a interrogar personalmente a algún profesor de

Seminario para obtener informes reservados. Cree que es mejor no tocar tales
cuestiones.

La de los Libros de Fábrica porque tal vez la Congregación del Concilio no
la apruebe. Señala que la experiencia demuestra que no los entregan. En lo refe-
rente a niños y niñas acatólicos hace años que se los recibe con la obligación de
tomar parte en los actos del Colegio, salvo la confesión y comunión, y ha dado
óptimo resultado. Los profesores que tienen absoluta confianza en el Prelado han
procedido en cada caso de acuerdo con él'''.

El 10 de mayo Rocca dice: "En cuanto a pasarlo a los de la Subcomisión cree
que ahora nada debe hacerse. S.E.R. el Sr. Arzobispo de Córdoba cree que si pasan
a los miembros de la Subcomisión se hará una vez terminado el trabajo de copiar
y si quiere que después que lo hayan recibido se los cite una vez más, no tiene difi-
cultad, pero ahora no". Inmediatamente Rocca acota: "Preferiría renunciar a la pre-
sidencia de la Subcomisión. Pues a todos se les mandó el ejemplar por carta certi-
ficada y de varios tengo constancia escrita del recibo [...] cuando hay muchos nin-
guno se considera responsable, y cada uno piensa que el otro lo hará. Repite que
cree que sólo se puede enviar [...] a los miembros de la Subcomisión, una vez ya

preparado para el Episcopado. Y después, sobre todo S.E.R. el Sr. Arzobispo de
Córdoba no tiene mucho apuro, se podría reunir la Subcomisión para hacerle un
entierro de primera clase y con todos los honores. Otra cosa no merece"'''.

111 Cf. ibidem.
112 Cf. ibidem.
113 Cf ibiden.


LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
209
X. Fin de los trabajos preparatorios.
Los trabajos preparatorios parecen haber llegado a su fin. Con fecha 13 de
noviembre, Rocca cursó una nota a Lafitte, Presidente de la Comisión instituida
por el Episcopado, comunicando que el anteproyecto estaba terminado.
Lafitte ordenaba se notificara a todos los obispos y se les remitiera un ejem-
plar del Anteproyecto, que la Comisión Permanente ya había hecho suyo. Se esta-
blecía que todos los obispos residenciales y titulares debían responder antes del 31
de enero de 1951. La Comisión Permanente, con las observaciones a la vista, haría

lo que juzgara más conveniente y fijaría la fecha. Es posible que la celebración del
Año Santo de 1950, provocara una momentánea interrupción del carteo. Éste se
reinicia el 7 de febrero de 1951. Rocca avisa a Taborda que el Cardenal Arzobispo
de Buenos Aires le ha dado para guardar las observaciones de los arzobispos de

Santa Fe y Salta y agrega: "como habrá Ildivinado el de Santa Fe es el más exten-
so, y pide la supresión de muchísimos cánones del Concilio por hallarse en el
Código. Esto se lo diré confidencialmente, pues la orden de Su Eminencia
Reverendísima es de reservarlos secretamente. Con todo si viniera por ésta, yo

tendría facultad de mostrárselos personalmente. Supone que tendrán que verlos
los Arzobispos de la Comisión del Concilio para aprobarlas y resolverlas'''.
Todavía el 13 de marzo —vencido el plazo— Rocca escribía a Taborda dicien-
do que ha recibido las observaciones del Obispo de San Luis y que las observa-
ciones que tiene en su poder se las puede dar a conocer si viaja a Buenos Aires,

siempre que no le sean solicitadas por la Comisión Permanente del Episcopadow.
Durante el resto de año 1951 y todo 1952 la correspondencia entre el
Presidente de la Subcomisión y el redactor del texto conciliar se interrumpe y no
hay más datos acerca de la marcha del Concilio.

El 6 de noviembre de 1952 Taborda responde al Nuncio Fietta diciéndole
que: "Conforme al pedido de V. E. le envía un nuevo ejemplar del Concilio
Argentino [...] le remito asimismo las copias de dos escritos míos, que fueron
dirigidos a los Excmos. Sres. Mons. Lafitte y Mons. Rocca', presidentes respecti-
vamente de la Comisión Arzobispal y de la subcomisión de estudio del Concilio.
En ellos me refiero someramente a la preparación del material y del texto de los
decretos conciliares; y más en particular a los motivos que tuve para aconsejar la
redacción de un nuevo anteproyecto del Concilio'''.

En esta misiva, Taborda expresa una leve queja acerca de las dificultades que
debió enfrentar para realizar el anteproyecto. En efecto, señala que: "Nunca se me
dieron normas especiales ni concretas para la preparación y redacción de los
decretos, salvo la entrega de un ejemplar del proyecto de Concilio Plenario pre-

114 Ibidem.
115 Cf. ibidem.
116 Ibidem.

210
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
parado por el Excma. Comisión Arzobispal. Todo lo tuve que hacer según Dios
me dio a entender, e inspirándome en el sentir y proceder de la Iglesia, tanto en la

realización del Código de Derecho Canónico como en las disposiciones de las SS.
Congregaciones Romanas y de algunas diócesis de Europa. No pude valerme de
ningún modelo reciente de Concilio Plenario, fuera del Americano, que es ante-
rior al Código; si bien conocía la existencia de alguno que otro celebrado con pos-
terioridad al mismo, no los pude conseguir. El de Brasil lo tuve en mis manos pres-
tado y por tan breve tiempo, que apenas alcancé a recorrer sus páginas y a darle
un ligero vistazo, y esto antes que se me encomendara la redacción del nuestro'''.

En septiembre de 1953 el Cardenal Primado solicitaba verbalmente a
Taborda se trasladara a Buenos Aires para colaborar en la preparación y actuali-
zación del próximo Concilio Plenario Argentino. Lafitte considera prudente que
el Primado dé los pasos conducentes a tal fin ante el arzobispo de Córdoba.

Desde Córdoba y a 16 de septiembre Taborda escribe al Cardenal Primado
indicando que está trabajando en la preparación y actualización del proyecto
aprobado por la Comisión de los Excmos. Sres. Arzobispos a principios de 1950.
"Espero —dice— poder reunir a la brevedad posible los principales documentos
pontificios y sugerencias episcopales al respecto, para adaptarlos en lo más
indispensable al esquema aprobado y presentárselos a V. Emcia. oportunamen-
te"m. Por último, son interesantes las advertencias que Taborda hace al Primado,
en cuanto Arzobispo de la sede donde se realizarán las sesiones y como probable
Legado del Papa, acerca de los pasos inmediatos a la celebración del Concilio.

Comienza a preparar el ordo concilli en pequeñas anotaciones manuscritas que
quedarán sin efecto cuando desde Roma se envíe al Cardenal Primado el "Ordo
in Concilio Plenario servando" impreso en 1946. El ceremonial se puede leer en
un breve impreso que tiene como título: "Primer Concilio Plenario del Venerable
Episcopado Argentino 8 al 15 de noviembre de 1953'.

XI. Texto definitivo y sometido a discusión en las sesiones.
El Concilio se desarrolló entre el 7 y el 15 de noviembre de 1953. Los Padres
tuvieron en sus manos el anteproyecto redactado por Taborda en marzo de 1950
del que se hicieron cien copias a mimeógrafo. A este texto se añadieron en octu-
bre de 1953 las modificaciones sugeridas por los obispos. En la primera página,
Taborda ha anotado: "Modificationes introducendae in Schemate Concilii

Plenarii Argentini a. 1950 adprobato, ut posterioribus S. Sedis documentis et
quibusdam observationibus episcopalibus satiflaru". De su puño y letra agrega:
117 Ibidem.
118 Ibidem.
119 Ibidem.
120 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 2.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
211
"Fueron enviadas a todos los Obispos antes de las reuniones conciliares de
noviembre 15 de este año para su estudio y leídas en las sesiones juntamente con
el esquema modificado por estas observaciones (1953)"12'.
El texto será perfeccionado y enriquecido en las sesiones conciliares. Allí los
Padres o sus procuradores introducirán correcciones, enmiendas y ampliaciones.
Este material se guarda en dos breves cuerpos dactilografiados.

El primero se va construyendo a lo largo de las sesiones, apunte al que
Taborda titula: "Observaciones hechas por los Sres. Obispos y anotadas por mí,
con breve indicación de las que fueron aceptadas y aprobadas y de las que no fue-
ron admitidas". Evidentemente se trata de una copia, ya que al pie Taborda ha
anotado "(Los originales se quemaron en el incendio de la Curia 1955)53122.

Concluido el Concilio las actas y decretos fueron remitidos a Roma de acuer-
do con lo prescripto por el can. 291 del CIC 17. De ahí entonces que exista un
segundo cuerpo cuyo texto ha sido redactado en latín y se conserva en treinta y
seis páginas dactilografiadas. En la portada Taborda ha anotado: "Texto de las
reformas introducidas en los decretos del Concilio que fueron enviadas a la S.
Congregación del Concilio (28 de diciembre de 1953)".
Al pie ha apuntado: "Se
refiere a las reformas introducidas en el texto presentado a los Sres. Obispos de
acuerdo a [sicj las observaciones hechas por los mismos durante las sesiones del

Concilio (El texto, anteproyecto o esquema de 1950)"'23.
En 1954 la Tipografía Salesiana da a luz el primer texto impreso que lleva
incluidas las correcciones introducidas durante el Concilio. Los consultores
romanos de la Congregación del Concilio habían terminado su tarea en abril de
1955 y en noviembre del mismo año el Cardenal Primado recibía el texto de las
enmiendas generales y peculiares a cada uno de los decretos indicadas por los
consultores romanos'".

Fueron rectificados los decretos 2; 20; 22; 37; 46; 53; 76,2; 97; 129; 135:
145; 186; 191; 222; 249; 251; 285; 342; 353; 400; 419; 448; 456; 461; 515; 593;
620.. Entre cambios mandados o simplemente sugeridos, son apenas 28 enmien-
das sobre un total de 801 decretos. Son más que interesantes las observaciones
que Taborda hace al pie de páginaw.

Terminado el Concilio y mientras se continuaba en la corrección del texto, se
encargaron a Taborda los nada fáciles trabajos de impresión. Con puntualidad
casi escrupulosa cumplió su cometido. En carta dirigida al Primado el 28 de
diciembre de 1953, Taborda expresaba: "[...] Adjunto además dos presupuestos,

121 Ibidem.
122 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 1.
123 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3.
124 Cf. ibidem. Las cartas de la Congregación del Concilio están fechadas en 29 de abril de 1955 (Prot. N.

4175/D) y en 23 de noviembre de 1955 (Prot. N. 9022/D).
125 Cf. AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3.

212
PBRO. DR. NELSON C. DELLAFERRERA
uno de los PP. Salesianos y otro de la Casa Peuser [...1. Indudablemente el pre-
supuesto de Peuser es más elevado; pero mucho más completo, con más detalles
indispensables y mejor garantía de un trabajo a la altura de cualquier casa edito-

ra de Europa. Además me prometió conservar el plomo con las matrices impre-
sas por siete u ocho meses sin cargo alguno [...],,I26.
Hay una primera edición reducida de la Tipografía Salesiana de 1954, de la
que el archivo conserva dos ejemplares. En uno de ellos, Taborda ha anotado-.
"Con las correcciones aconsejadas por los Revmos. Consultores Romanos y pre-
paradas para la Imprenta 1956". En junio de 1954 Taborda escribe a Mons.
Mensa indicándole las correcciones necesarias a, la impresión hecha por la
Tipografía Salesiana'27.

Sobre el volumen que imprimirá la Casa Jacobo Peuser, Taborda apunta que se
trata de la segunda prueba impresa en 1957, y añade "Ejemplar con las correccio-
nes propuestas por Roma y enviado nuevamente para su aprobación definitiva"128.
El 13 de junio de 1957, Taborda comunica al Cardenal Prefecto de la Congregación
del Concilio que, por orden del Cardenal Caggiano, ha remitido veinte ejemplares

por correo aéreo certificado. El recibo 642609 extendido por la Casa Jacobo Peuser
el 11 de junio indica que ha entregado cincuenta ejemplares. Taborda ha dejado
constancia al pie que veinte ejemplares fueron enviados por Peuser a Roma y trein-
ta entregados al Sr. Administrador Apostólico, Mons. Lafitte'29.

Cumplida esta tarea, Taborda se hará cargo de la impresión del texto aproba-
do definitivamente por Roma. Solicitó presupuesto a la Tipografía Salesiana, a la
Casa Jacobo Peuser y a Guillermo Kraft Ltda. Finalmente será Peuser el editor
del Concilio cuyo texto definitivo verá la luz en la segunda quincena del mes de
enero de 1958.

XII. Conclusión.
Se ha recorrido un camino de poco más de cincuenta años en la actividad pas-
toral ejercida colegiadamente por los obispos argentinos. No sin alguna razón,
han habido críticos para con el Episcopado de este país, en el conflictivo y denso

126 Ibidem.
127 "He dado un ligero vistazo, muy per summa capita al Concilio en un ejemplar, que me prestaron por un

momento los Salesianos de San Carlos. Aparece bien pre-sentado, con algunas pocas fallas o errores tipo-
gráficos inevitables, que espero de V.S. hayan sido ya corregidos•[..1. Entre tanto me permito hacerle
notar algunos poquísimos, que deseo los tenga en cuenta al corregir o mejorar el texto: 1) El título de las
primeras páginas «Acta, documenta et decreta... etc.» no conviene en el or-den de colocación con las par-
tes del texto, en que primero están los documentos, después las actas y al final los decretos. 2) El título

"Documenta officialia" de la P Parte contiene una redundancia, que debe suprimirse y es la palabra
"Officialia", pues en este caso no puede caber duda que tanto los documentos insertos, como las actas y

los decretos del Concilio son oficiales [...]" (AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3).
128 AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 2.
129 Cf. AAC, Leg. s/n. Concilio Plenario Argentino, Caja n. 3.

LAS CONFERENCIAS TRIENALES Y EL CONCILIO PLENARIO DE LOS OBISPOS
213
siglo XX. Pero, no siempre se ha advertido que la intrincada tarea de pastorear al
Pueblo de Dios, y satisfacer las necesidades espirituales y materiales de los fie-

les cristianos, se hace muy delicada cuando ese mismo pueblo fiel ha generado
antagonistas que siendo cristianos ejercen el poder político como si no fueran.
Situaciones semejantes llevan al cuerpo episcopal a movimientos más lentos,
a veces casi pesados,, dictados por la prudencia y también, en ciertas ocasiones,
por el desánimo y el miedo. Sin embargo, las Conferencias Trienales permiten
valorar un constante esfuerzo en la superación de las dificultades, valentía en la
proposición de cambios al Congreso de la Nación y frecuentes planteos de diver-

sas formas de evangelización.
La Iglesia no sólo salió de su ostracismo decimonónico sino que se volcó a
un asociacionismo desconocido hasta ese momento. No es exagerado afirmar que
la Iglesia enseñó a los argentinos a asociarse de las maneras más variadas, y
siempre en orden a conseguir fines más nobles para toda la comunidad.

Los obispos que gobernaron la Iglesia en estos cincuenta años fueron buenos
e intrépidos pastores que supieron enseñar porque eran verdaderos doctores. Casi
todos ellos habían hecho sus estudios de filosofía, teología y derecho canónico,
en las escuelas conventuales de la época, en la Universidad de Córdoba y en la
Universidad Gregoriana de Roma.

Buena parte de los papeles aquí referidos testimonian el estado y el alcance
de la teología dogmática y moral, de la liturgia y del derecho canónico en esta
etapa de la historia de la Iglesia en Argentina. Por ello, toda la documentación
recogida se transforma, desde la riqueza y consistencia de su profuso cuerpo doc-

trinal, en una expectante invitación a un trabajo serio de fichado, análisis y estu-
dio por parte de aquellos investigadores de nuestro país que sean capaces de
abrazar tal desafío.



AADC VIII (2001) 215-246
EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM,
INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752
(II. PARTE DOCTRINAL)
Pbro. Dr. Pedro Daniel MARTÍNEZ
SUMARIO: 1. Análisis descriptivo del can. 752: 1.1. Contexto y función del can. 752;
1.2. Estructura y división del can. 752. 2. El iustum del can. 752: 2.1. Las
expresiones: praestandum est, Summus Pontifex y Collegium Episcoporum: a.
Praestandum est; b. Summus Pontifex; c. Collegium Episcoporum; 2.2. La doc-
trina enseñada y la respuesta del fiel; 2.2.1. La doctrina enseñada de modo no-
definitivo: a. La doctrina enseñada; b. El objeto formal quod de la doctrina

enseñada: el binomio lides-mores; c. El modo de enseñar la doctrina: El
Magisterio no-definitivo; 2.2.2. La cualidad de la respuesta del fiel: a obse-
quium religiosum; b. intellectus et voluntatis; 2.2.3. El motivo formal quo: el
Magisterio auténtico; 2.3. Consecuencias y protección penal. 3. Aplicaciones

paticulares. Conclusiones.
El estudio realizado en la Primera Parte, sobre el aspecto histórico-genético
del can. 752', nos ha proporcionado los elementos válidos para poder dedicarnos
a la indagación específica del canon según una consideración doctrinal. Ahora
bien, como aquello que, en el orden metodológico, inductivamente es una con-
clusión en vía deductiva es un presupuesto, la presente investigación se funda en
aquel estudio.

.
En esta Segunda Parte nos dedicaremos a determinar el iustum del can. 752.
Para ello, en primer término, haremos un análisis descriptivo del mismo: su con-
texto, función, estructura y división. Dicho análisis nos permitirá, en un segundo
momento, precisar el iustum de nuestro canon, y, en él, el obsequio religioso de

la inteligencia y de la voluntad al magisterio auténtico y no-definitivo del Sumo
Pontífice o del Colegio de los Obispos.

1 Cf. MARTÍNEZ P. D., El "obsequium religiosum, intellectus et voluntatis" del canon 752, en AADC 6
(1999) págs. 75-109. [1. Parte histórico-genética].

216
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
1. Análisis descriptivo del can. 752
Para poder determinar el iustum del canon que analizarnos es necesario, en
primer lugar, investigarlo no sólo bajo una consideración general sino también en
su especificidad. En otras palabras, además de presentarlo en el marco del CIC,
formando parte de otros 1
. 751 cánones, es necesario analizarlo en su contexto
específico y su función concreta.

1.1. Contexto y función del can. 752
El can. 752 tiene como contexto genérico el CIC. Por lo tanto, debe ser leído
y entendido en su ámbito propio, es decir, formando parte del lus de la Iglesia
católica de rito latino (can. 1), en cuanto instrumento al servicio del Espíritu

Santo, regulando las relaciones de justicia entre los miembros de la Iglesia en
orden a la
salus animarum. Por ello, tendremos que considerarlo dentro de un
marco teológico-jurídico. Por otra parte, tomamos como un presupuesto ya pro-
bado, 'el por qué' de la obligación, en la Iglesia, de observar las leyes universales

en general2 y las condiciones que tendrá que tener una ley para ser obligatoria.
Al indagar sobre la ubicación del can. 752, observamos que el mismo se
encuentra entre los llamados cánones introductorios4. Estos cánones se encuen-
tran en el inicio de cada Libro y tienen el carácter propio del argumento en el cual
se encuentran', consistente en ser principios doctrinales que informan e iluminan
a los cánones que preceden para la inteligencia adecuada de éstos, como emerge

de la lectura de aquellos en cada uno de los Libros.
A partir de estas consideraciones generales, podemos analizar el contexto y
la función específica del canon que nos ocupa. Ante todo, el canon se encuentra
en el Lib. III del CIC, que tiene por título y materia:
De Ecclesiae munere docen-
di,
lo cual nos .muestra su contexto específico. Es importante hacer notar la dife-
rencia con el correspondiente del CIC'17, pues éste tenía por título
De
Magisterio ecclesiastico6 . En efecto, aquél expresa una realidad más amplia: se
refiere al munus docendi de 'toda' la Iglesia y no sólo al jerárquico. Esto no quie-
2 Cf. cáns. 1, 7-22. "Legibus universalibus tenentur ubique terrarum omnes pro quibus latae sunt" (can. 12 § 1).
3 Nos referimos especialmente a la autoridad
y la competencia del legislador para dar una ley y al objeto de
ésta, que tendrá que ser moralmente bueno, según la ley divina —sea natural o revelada— y posible de
actuarla. Es decir, las condiciones para que una ley sea buena y justa.

4 Cf. Lib. I, cáns. 1-7; Lib. II, cáns. 204-207; Lib. III, cáns. 747-755; Lib. IV, cáns. 840-848; Lib. V, cáns.
1254-1258; Lib. VI, cáns. 1311-1312.
5 El CIC se encuentra estructurado en 7 Libros, según las distintas materias consideradas. Lib. 1: De normis
generalibus; Lib. II: De populo Dei; Lib. III: De Ecclesiae munere docendi; Lib. IV: De Ecclesiae mune-
re sanctificandi;
Lib. V: De bonis Ecclesiae temporalibus; Lib. VI: De sanctionibus in Ecclesia; Lib. VII:
De processibus.
6 Esta consideración se refiere sólo al título, pues el contenido de los cánones respectivos de ambos es seme-
jante (CIC'17, can. 1322 § 1; CIC, can. 747 § 1).

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
217
re decir una oposición entre ambos, sino manifiesta mejor la participación de
todo bautizado a los tria munera Christi. De este modo habría que leer armóni-
camente y sin mutua exclusión el can. 747 y los sucesivos, referentes al munus
docendi jerárquico, teniendo en cuenta la misma constitución de la Iglesia.
La función propia del can. 752 consiste en formar parte de los principios doc-
trinales que sirven de fundamento teológico-jurídico a los cánones del Lib. III'.
Por ello, es considerado doctrinalmente fundamental. Para una mayor compren-

sión del canon no sólo diferenciarlo de los otros introductorios, sino también
individuar en qué consiste tal distinción'.

El can. 747 considera el 'derecho y el deber originario de toda la Iglesia de
predicar el Evangelio'. El can. 748 se refiere a la 'obligación de todo hombre de
buscar la verdad' (tanto sobre Dios, como sobre su Iglesia)'°. El can. 749 trata

sobre el 'magisterio infalible' (sea del Romano Pontífice, sea del Colegio de los
Obispos reunidos en Concilio ecuménico, o dispersos por el mundo mantenien-
do el vínculo de la comunión entre sí y con el sucesoi-. de Pedro). El can. 750,
luego de la Litt. Apost., Ad tuendam fidem, está compuesto de dos párrafos": El
§ 1 postula, por parte del fiel, un acto de 'fe divina y católica' en relación con

todo aquello que se contiene en el fidei depositum y es propuesto por la Iglesia
como 'divinamente revelado'. Por lo tanto, todos los fieles están obligados a evi-
tar cualquier doctrina contraria'2. El § 2 se refiere, en cambio, a la doctrina (fide

7 Cf. Communicationes 14 (1982) pág. 122: "Si Lex Ecclesiae Fundamentalis non promulgabitur, ut proba-
biliter nunc accidet, praescripta eius necessaria videntur ad Codicem complendum suis in locis inseren-
tur. In Appendice prostant huiusmodi praescripta, stylo Codicis aptata".
CASTILLO LARA R., Le livre III
du CIC de 1983. Histoire et principes,
en L'Année Canonique 31 (1988) pág. 38.

8 Cuando en la Pontificia Commissio Codici luris Canonici orientalis recognoscendo se planteó el tema
acerca de las consecuencias de no promulgar la LEF (especialmente los cáns. 57-61, sobre el Magisterio
eclesiástico), fue unánime el recoger el contenido del actual can. 752. La razón es que el mismo se consi-
deraba doctrinalmente fundamental. Cf. Nuntia 17 (1983) pág. 17: 11 mentre tutti gli altri consultori
rimangono dell'opinione che nei canoni concernenti questioni dottrinali talmente fondamentali non vi

possa essere akuna differenza tra il Codice Orientale e quello della Chiesa Latina. Pertanto nel Gruppo
di studio si accettano i canoni 57-61 dello schema della Lex Ecclesiae Fundamentalis, ad verbum, suppo-
nendo che saranno incorporati anche nel Codice della Chiesa Latina di prossima promulgazione". La cur-
siva es nuestra.

9 Cf. cáns. 747-755. Para un comentario sobre estos cánones introductorios, BOYLE J. P., ChurchS teaching
authority in the 1983 Code, en The Jurist 45 (1985) págs. 143-153; SCHICK L., La fonction d'enseigne-
ment de l'Église dans le CIC,
en Revue Théologique 108 (1986) págs. 375-378; URRUTIA F. J., Libro III.

La misión de enseñar de la Iglesia (cáns. 747-833), en NAVARRETE U. - URRUTIA F. J., Nuevo Derecho
Canónico. Presentación y comentario, (Caracas 1987) págs. 133-144; FAGIOLO V., 11 munus docendi: 1
canoni introduttivi del III libro del Codex e la dottrina conciliare sul magistero qutoritativo della Chiesa,
en Monitor Ecclesiasticus
112 (1987) págs. 19-42; URRU A. G., La funzione di insegnare, en AA.Vv ., 11
diritto nel mistero della Chiesa,
(Roma 19902) págs. 599-610.

10 Cf. AR.RIETA 1. J., The Active Subject of the Church's Teaching Office (Canons 747-748), en Studia
Canonica 23 (1989) págs. 243-256.
11 Cf JUAN PABLO II, Litt. Apost., Ad tuendam Fidem, (18.V.1998), en AAS 90 (1998) págs. 457-461.
12 Cf. WAF K., L'infaillibilité comme la voit le Code de droit canonique (canon 749-750), en Studia
Canonica 23 (1989) págs. 257-266.

218
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
vel moribus) 'propuesta dé modo definitivo' (definitive) por el Magisterio de la
Iglesia y debe ser 'abrazada y retenida firmemente' por los fieles. Quien así no
obrara se opondría a la doctrina de la Iglesia católica°. El can. 751 precisa.cómo
deben ser entendidos los términos de herejía, apostasía y cisma'''. El can. 753 afir-
ma que, en el ejercicio del magisterio, los Obispos, individualmente o reunidos
en Conferencias episcopales o en Concilios particulares, son 'doctores y maes-

tros auténticos'. El can. 754 considera la obligación de los fieles en 'observar las
constituciones y decretos promulgados por la legítima autoridad de la Iglesia'''.
Finalmente, el cana 755 se ocupa en determinar a quién corresponde fomentar y
dirigir el 'movimiento ecuménico''.

El can. 752 determina, en este contexto, el obsequio religioso de inteligencia
y de la voluntad al ejercicio del Magisterio no-definitivo del Sumo Pontífice o
del Colegio de los Obispos.

1.2. Estructura y división del can. 752
Luego de haber ubicado nuestro canon. según su contexto propio e inmedia-
to, trataremos, en el presente epígrafe, su estructura y división interna, lo cual nos
pondrá en condiciones de poder determinar la posición del mismo en relación con

los otros cánones introductorios. El texto completo del canon es el siguiente:
can. 752: [A] "Se ha de dar un obsequio religioso, de la inte-
ligencia y de la voluntad, sin que llegue a ser un asentimiento, de
fe, a la doctrina que o- el Sumo Pontífice o el Colegio de los
Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acer-
ca de la fe o de moral aunque no pretendan proclamarla con un
acto definitivo; [B] por lo tanto, los fieles cristianos cuiden de
evitar aquellas cosas que no concuerden con la misma"''.

13 Cf JUAN PABLO II, Litt. Apost., Ad tuendam ... , n. 3: "Hae quidem veritates, quae in doctrinae catholicae pers-
crutatione exprimunt particularem inspirationem divini Spiritus in alicuis veritatis de fide vel de moribus pro-
fundiore Ecclesiae intellectu, sive historica ratione sive logica consecutione conectuntur"; CONGREGATIO PRO
DOCTRINA FIDEL, Nota doctrinales Pofessionis fidei formulam extremam enucleans, n. 9, en AAS 90 (1998)
pág. 548. "Unusquisque autem fidelis iis veritatibus firmiter et definitive assentiri debet fide de auxilio a

Spiritu Sancto Magisterio Ecclesiae praebito necnon doctrina catholica de infallibilitate Magisterii his in
rebus innitens. Si quis illas negaverit, veritatem doctrinae catholicae respuere videbitur eoque ipso in com-
munione cum Ecclesia catholica amplius non erit plena"
(n. 6, 546-547). Las cursivas son textuales.

14 El CIC no define, como lo hacía el CIC'17 en el can. 1325 § 2, la persona hereje, apóstata o cismático,
sino determina qué es la herejía, la apostasía o el cisma. Cf. Communicationes 7 (1975) pág. 150; Ibid., 9
(1977) pág. 260; Ibid., 19 (1987) págs. 232-233.

15 Cf. SOBANSKI R., Les canon 753 et 754: problémes choisis, en Studia Canonica 23 (1989) págs. 285-298.
16 Cf. MANNA S., Délimitation et éléments de la formation oecuménique (canon 755), en Ibid., págs. 299-323.
17 Can. 752: [A] "Non quidem fidei assensus, religiosum tamen intellectus et voluntatis obsequium praes-

tandum est doctrinae, quam sive Summus Pontifex sive Collegium Episcoporum de fide vel de moribus
enuntiant, cum magisterium authenticum exercent, etsi definitivo actu eandem proclamare non intendant;
[B] christifideles ergo devitare curent quae cum eadem non congruant".


EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
219
En cuanto a su estructura y división sintáctica, observamos que el can. 752 se
compone claramente de dos partes, como hemos mostrado por medio de las letras
[A] y [B]. La primera [A] sirve de fundamento y principio en relación con la

segunda [B], que es la conclusión y consecuencia de aquel principio y funda-
mento. Según lo afirmado, el can. 752 se nos presenta como sigue:

[A] Proposición principal: "Se ha de dar un obsequio religioso, de la inte-
ligencia y de la voluntad, sin que llegue a ser un asentimiento de fe, a
la doctrina",
Proposición relativa: "que o el Sumo Pontífice o el Colegio de los

Obispos enseñan acerca de la fe o de la moral",
Proposición temporal: "en el ejercicio de su magisterio auténtico",
Proposición concesiva: "aunque no pretendan proclamarla con. un
acto definitivo";

[B] Proposición principal conclusiva: "por lo tanto, los fieles cristianos
cuiden de evitar aquellas cosas que no concuerden con la misma".
En cuanto a la 'ubicación' del can. 752 en relación con los otros cánones
introductorios podemos determinar aún las siguientes distinciones, que emergen
de una lectura comparada:
a. Su estatuto ontológico. El derecho de toda la Iglesia a difundir, conservar
y defender la Revelación divina (can. 747) y la libre aceptación de la fe y del bau-
tismo, como es administrado por la Iglesia católica (can. 748), son los presu-

puestos requeridos por el can. 752. Por ello, no es lo mismo el contenido del can.
752 y lo que él expresa y los presupuestos que requiere.
b. Su objeto. El can. 752 trata de una doctrina, de fe o moral, enseñada por el
magisterio auténtico de modo no-definitivo. En esto se distingue, no sólo de
aquella doctrina propuesta como revelada por la Iglesia a través de su Magisterio
infalible (cáns. 749, 750 § 1), sino también de aquellas doctrinas que "son consi-
deradas necesarias para custodiar santamente y exponer fielmente el mismo

depósito de la fe" y propuestas por la Iglesia de modo definitivo (can. 750 § 2).
c. Los sujetos del can. 752 son dos: Por una parte, el Sumo Pontífice o el
Colegio de los Obispos. En este sentido, no se refiere al Obispo en su Diócesis
ni a la genérica expresión de la legitima Ecclesiae auctoritas, como en los cáns.
753-754. Como así tampoco a las Conferencias episcopales, los Concilios parti-
culares o las Congregaciones Romanas. Por otra, en cambio, todos los fieles,
especialmente aquellos a quienes, a tenor del can. 833, se prescribe emitir perso-
nalmente la profesión de fe.

d. La respuesta del fiel debe ser un obsequium religioso de la inteligencia y
de la voluntad a la doctrina del magisterio auténtico no-definitivo, y no un acto
de fe, como hace mención el can. 750 § 1, ni tener firmemente (firmiter amplec-

tenda ac retinenda) una doctrina propuesta de modo definitivo (can. 750 § 2).

220
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
Asimismo, no se refiere al obsequio religioso del ánimo (religiosum animi obse-
quium)
con el cual los fieles están obligados a adherirse al magisterio auténtico
de sus Obispos (can. 753). Como así tampoco, a la obligación de observar
(obli-
gatione tenentur servandi) las Constituciones y Decretos por los que se propone
una doctrina o rechazan opiniones erróneas (can. 754).
e. La conclusión y consecuencia se refiere al deber de los fieles de evitar las
doctrinas (devitare curent) que no se encuentren en armonía con las propuestas
según la modalidad del can. 752. Con esta clarificación se sostiene, el mismo
tiempo que, el hacer lo contrario, no sería herejía, apostasía o cisma, como afir-
ma el can. 751. No obstante, el no evitar las doctrinas contrarias al can. 752, tiene
precisas consecuencias penales, en circunstancias particulares (can. 1371, 1°).

2. El iustum del can. 752
El análisis descriptivo, como lo hemos realizado, nos permite abocaremos a
determinar el iustum del can. 752 del CIC, que es el objeto formal quod de nues-
tra investigación. Hemos estructurado nuestra exposición en tres puntos. El pri-
mero, versa sobre 'algunas expresiones' que creemos importante precisar con ante-
rioridad. Éstas son:
praestandum est, Summus Pontifex y Collegium Episcoporum
(2.1.). Posteriormente (2.2.), estudiaremos sucesivamente: la doctrina (fe y moral)
y el
modo (no-definitivo) como es propuesta por el Sumo Pontífice o por el
Colegio de los Obispos (2.2.1.); la cualidad de la respuesta del fiel a la doctrina
así enseñada (2.2.2.); el
motivo por el cual el fiel debe dar (praestandum est) ese
tipo de respuesta (2.2.3.). Luego expondremos la segunda parte del canon, que se
nos presenta como una conclusión y una consecuencia de su primera parte (2.3.).

2.1. Las expresiones: praestandum est, Summus Pontifex y
Collegium Episcoporum

Antes de considerar directamente el iustum de nuestro canon, pensamos que
será conveniente determinar tres conceptos que, al clarificar su alcance y signifi-
cados, nos darán mayor luz y precisión a nuestro estudio.

a. Praestandum est
Nos podemos preguntar si esta expresión indica el contenido del can. 752
(religiosum tamen intellectus et voluntatis obsequium praestandum est doctri-
nae ...)
sólo de un modo exhortativo, o, por el contrario, se refiere a un 'modo
imperativo y de obligación teológico-jurídica'. Responder al interrogante plante-
ado es muy importante, pues nos 'pone' el canon de modo vinculante o no, lo que
tendría consecuencias ciertamente relevantes en el contexto del ejercicio del
munus docendi jerárquico.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
221
Analizando otros cánones del CIC'83 y según las normas de interpretación"
resulta; en general, que el uso del gerundio expresa una obligación. En particu-
lar, los conceptos de: servandus est', standum est", danda aut deneganda est' , y
praestandus est22 claramente manifiestan una obligación".
Para una correcta interpretación de la expresión (praestandum est), en cuan-
to se refiere al aspecto vinculante del ejercicio del munus docendi jerárquico,
habría que recordar, además, el lugar que ocupa una norma determiriada en toda

la vida teológico-jurídica de la Iglesia. En este sentido, una ley posterior no abro-
ga una anterior siempre que no lo establezca expresamente, o sea contraria o haya
ordenado completamente la misma materia'', o, tratándose en relación con una

ley o un ius particular o especial, no lo hubiera dispuesto expresamente de otro
modo el lus Ecclesiae's .
Del estudio comparativo de las afirmaciones del Magisterio con el contenido
del can. 752, deducimos que: a) Se trata de una ley universal; b) No se establece en
el can. 752 de manera expresa la abrogación de las normas dadas con anterioridad

sobre la materia considerada; c) El contenido del can. 752 no es contrario a lo ya
sostenido por el mismo Magisterio en relación con ése argumento"; d) No ordena
completamente la materia, pues substancialmente es la misma, aunque sí la deter-
mina precisándola aún mejor. La determinación consiste en sostener que se trata del
Magisterio del Sumo Pontífice o del Colegio de los Obispos"; e) En el caso de un

posible dubium no sólo no se presume la revocación de la ley precedente sino que
la posterior (can. 752) se debe comparar y conciliar con la anterior".
.
18 Cf. can. 17: "Leges ecclesiasticae intellegendae sunt secundum propriam verborum significationem in
textu et contextu consideratam; quae si dubia et obscura manserit, ad locos parallelos, si qui sint, ad legis
finem ac circumstantias et ad mentem legislatoris est recurrendum".

19 Cf. cáns. 2 (sunt servandi), 578 (servanda sunt), 587 § 1 (servanda statuuntur), 598 § 1 (servanda sunt), 667
§ 2 (servanda est), 997 (servanda est), 1117 (servanda est), 1127 § 1 (servanda est), 1684 § 2 (servanda sunt).
20 Cf cáns. 684 § 5, 730, 744 § 2, 1184 § 2.
21 Cf. can. 561.
22 Cf. cáns. 788 § 3 (sint praestanda), 1582 (praestanda sint).
23 Cf. THERME M. A., L'obligation canonique dans le Code, diversité de terminologie, en L'Année Canonique

28 (1984) págs. 57-65, especialmente págs. 59-61; ERDÓ P., Expressiones obligationis et exhortationis in
Codice Iuris Canonici, en Periodica
76 (1987) págs. 3-27, especialmente págs. 7-9, 16-17.

24 Cf. can. 20: "Lex posterior abrogat priorem aut eidem derogat, si id expresse dicat aut illi sit directe con-
traria, aut totam de integro ordinet legis prioris materiam [...]".
25 Cf. ibid.,"[...] sed lex universalis minime derogat iuri particulari aut speciali, nisi aliud in iure expresse
caveatur".
26 Cf MARTINEZ P. D., El Magisterio no definitivo en lo[s] Concilios ecuménicos hasta el Vaticano I
(Fundamentos teológico-jurídicos), en Apollinaris 67 (1994) págs. 147-178.
27 Cf. IDEM, El 'munus docendi' jerárquico en el Nuevo Testamento. Aspecto teológico-jurídico, en Gladius
29 (1994) 123-136; IDEM, La misión y el oficio de enseñar de los Obispos en las Colecciones Pseudo-
apostólicas,
en Gladius 31 (1994) págs. 101-114.

28 Cf. can. 21: "In dubio revocatio legis praeexistentis non praesumitur, sed leges posteriores ad priores tra-
hendae sunt et his, quantum fieri potest, conciliandae". Cf SOCHA H., cáns. 17, 20-21, en Münsterischer •
Kommentar zum Codex luris Canonici, 13 (1990).

222
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
La expresión praestandum est, tanto por su contexto general e histórico-doc-
trinal, como por el marco del mismo CIC en el cual se encuentra, como así tam-
bién en relación con los mismos cánones introductorios, podemos afirmarla
como 'una obligación teológico-jurídica' de dar un obsequio religioso de la inte-
ligencia y de la vóluntad al ejercicio del Magisterio auténtico no-definitivo del
Sumo Pontífice o del Colegio de los Obispos.


b. Summus Pontifex
La realidad expresada por el término Summus Pontifex en el can. 752 se refie-
re a la persona del successor Petri, Romanus Pontifex, supremus Ecclesiae pas-
tor, Vicarius Christi" . Por lo que, el canon se refiere a su persona y no, por ejem-
plo, a un Dicasterio de la Curia Romana (can. 360), o a la Santa Sede (can. 361)3o,
o a otra autoridad legítima en la Iglesia (can. 754), excepción hecha del Colegio
de los Obispos, que analizaremos en el epígrafe siguiente. Estas aclaraciones las
mencionamos, pues podrían confundirse los sujetos de esos cánones. No obstan-

te, el mismo can. 754 determina y distingue expresamente dentro de- la legitima
Ecclesiae auctoritas al Romanus Pontifex y al Collegium Episcoporum.
Ahora bien, como generalmente al final de un Documento, elaborado por una
Congregación Romana, leemos el modo cómo el mismo fue aprobado por el
Sumo Pontífice, podríamos preguntarnos: ¿A quién se atribuye tal Documento?
¿Al Cardenal Prefecto de la Congregación o al Sumo Pontífice? Según sea la res-
puesta al interrogante será también el canon de referencia y, al mismo tiempo, la
posición del fiel en relación con un determinado Documento. Es decir, si tal

Documento es de una Congregación Romana, entonces, en este caso, correspon-
dería la figura tipificada en el can. 754 (obligatione tenetur servandi... auctori-
.tas). Si, por el contrario, dicho Documento se atribuye al Romano Pontífice, nos
encontraríamos ante el contenido del can. 752 (religiosum intellectus et volunta-
tis obsequium... Summus Pontifex).
El precisar este aspecto es importante no sólo
en sí mismo, sino también por sus consecuencias, incluso penales como mencio-
naremos más adelante.

La distinción que se realiza en 'doctrina', acerca del modo de la aprobación
por parte del Romano Pontífice de un Documento, clarifica el camino para llegar
a una respuesta adecuada a la questio mencionada. Nos referimos a la aprobación
de un Documento in forma communi o in forma specifica'' . En el primer caso, tal
29 Cf. cáns. 330-333, Communicationes 3 (1971) págs. 67-68; GHIRLANDA G., ll diritto nella Chiesa mistero
di comunione. Compendio di diritto ecclesiale, Cinisello Balsano (Roma 1990) págs. 263-264, 268, 498-
502; STOFFEL O., cáns. 330-333, en Münsterischer Kommentar zum Codex luris Canonici, 14 (1991).
30 Cf. JUAN PABLO II, Const. ap., Pastor bonus (28.VI.1988), en AAS 80 (1988) págs. 841-912, especial-
mente págs. 841-870; SALERNO F., Sede Apostolica o Santa Sede e Curia Romana, en AA.Vv ., La Curia
Romana nella Cost. Ap. «Pastor Bonus»,
(Cittá del Vaticano 1990) págs. 45-82.

31 Cf. CHOUPIN L., Valeurs des décisions doctrinales et disciplinaires du Saint-Siége, (Paris 1928') págs. 71-
95. En una línea semejante a la obra de Choupin L., si bien más abreviado, se vea MORRISEY F. G., Papal

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
223
Documento es y pertenece a la Congregación Romana de donde proviene.
Habitualmente la fórmula de aprobación no dice: "El Sumo Pontífice aprobó in
forma communi", sino simplemente: "El Sumo Pontífice aprobó la presente...
[Carta o Notificación, etc...]' 32. Por lo tanto, en este caso, se trata de la legítima
autoridad de la Iglesia referida en el can. 754, en el contexto del can. 360. La
segunda fórmula de aprobación de un Documento (in forma specifica) hace que
el mismo sea propio del Romano Pontífice que así lo aprueba, aun cuando haya

sido elaborado por una Congregación Romana y firmado por su Cardenal
Prefecto". El Sumo Pontífice al haber 'hecho suyo' de este modo tal Documento
nos pone al mismo ante el contenido del can, 752. Y, por lo tanto, requiere del
fiel un religiosum intellectus et voluntatis. obsequium.

c. Collegium Episcoporum
• El can. 752 se refiere a las doctrinas enunciadas no sólo por el Summus
Pontifex sino también por el Collegium Episcoporum. En este sentido, el canon
no menciona a los Obispos individualmente, ni reunidos en Conferencias episco-
pales o en Concilios particulares'', como se encuentra afirmado en los cáns. 753,

755 § 2. El Colegio de los Obispos está formado por los Obispos en virtud de la
consagración sacramental y de la comunión jerárquica con la Cabeza y con los
demás miembros del Colegio".

and Curial Pronouncements: Their Canonical Significance in Light of Code of Canon Law, en The Jurist
50 (1990) págs. 102-125. Cf. BONNET P. A., La natura del potere nella Curia Romana, en AA.Vv ., La
Curia Romana nella Cost. Ap. «Pastor Bonus»... ,
págs. 83-122; URRUTIA F. J., La réponse aux textes du
magistére pontifical non infaillible, en L'Année Canonique
31 (1988) págs. 110-115, en donde el autor
analiza los textos de la Congregación para la doctrina de la fe, incluso bajo el punto de vista de las con-
secuencias que conlleva la afirmación de la potestas magisterii como parte de la potestas iurisdictionis o
como perteneciendo a un género distinto.

32 Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDE1, Notificatio circa scripta Patris Antonii de Mello, s. 1.,
(24.VI.1998), en AAS 90 (1998) págs. 833-834. "Summus Pontifex Ioannes Paulus II, in audientia con-
cessa infrascripto Praefecto, approbavit praesentem Notificationem, decisam in Sessione Ordinaria huius
Congregationis, eamque publici iuris fieri iussit" (Ibid., pág. 834); IDEM, Instr., Donum veritatis
(24.V.1990), en AAS 82 (1990) pág. 1570.

33 Cf. CONGREGATIO PRO CLERICIS, Decr., Urbis et Orbis, Mos iugiter, (22.11.1991), en AAS 83 (1991) págs.
443-446. Decretum quoad stipendia a sacerdotibus pro Missis celebrandis accipienda, regulae quaedam
dantur. "Summus Pontifex loannes Paulus II, relati Decreti normas in forma specifica die 22 ianuarii 1991
approbavit, easque promulgare et vigere iussit" (pág. 446); CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Agendi
ratio in doctrinarum examine,
(29.VI.1997), en AAS 89 (1997) pág. 835.

34 Cf. MARTíNEZ P. D., El "obsequium religiosum..., pág. 89, nota 54. En relación con las Conferencias episco-
pales y el ejercicio del munus docendi, cf. URRUTIA F. J., De exercitio muneris docendi a Conferentiis
Episcoporum, en Periodica 76 (1987), págs. 605-636; SOBANSKI R., Les canons 753 et 754... , págs. 285-292.
35 Cf can. 336; LG nn. 20, 22, 23; Ne; CD nn. 4, 44, 49; AG n. 38. Cf. STOFFEL O., can. 336, en
Münsterischer Kommentar zum Codex luris Canonici, 14 (1991). RUIZ FREITES A., Colegio y comunión.
El Colegio de los obispos en su relación con la Iglesia como comunión. Estudio en la doctrina del
Magisterio desde «Lumen gentium» hasta nuestros días
(Dissertatio ad Lauream in Facultate S. Thomae
in Urbe), (Romat 1998).


224
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
2.2. La doctrina enseñada y la respuesta del fiel
El canon que nos ocupa manifiesta contenidos específicos mutuamente
requeridos. Es decir, un obsequium religioso, con unas características determina-
das, y, por otra parte,
una doctrina de fe y moral, también expuesta en un con-
texto preciso. A su vez, entre estos dos términos se da un nexo de unión, que
explica el motivo por el cual el fiel debe aquel tipo de respuesta, como lo es el
ejercicio del
Magisterio auténtico.
Según como materialmente se encuentra redactado el canon tendríamos que
considerar ante todo el obsequium religioso y luego el objeto de ese obsequium
religioso. No obstante, investigaremos inversamente el canon. Es decir, lo leere-
mos no en el nivel 'lógico' (gramático-sintáctico), sino en su estructura 'ontoló-
gica', puesto que se da inicialmente el
objeto y consecuentemente el mismo pide
una posición del sujeto al cual se presenta. Por este motivo, en primer lugar nos
abocaremos a la doctrina enseñada por el Sumo Pontífice o el Colegio de los
Obispos, su objeto formal quod (fides-mores) y el modo no-definitivo al procla-
marla (2.2.1.). Analizaremos luego la 'cualidad' de la respuesta del fiel ante un
objeto así propuesto, es decir el
obsequium religiosum intellectus et voluntatis
(2.2.2.). Una vez aclarados aquellos dos aspectos nos preguntaremos sobre el por
qué de esa relación entre el objeto propuesto y la respuesta del sujeto. Es decir, por
cuál motivo el fiel debe un
obsequium religioso de la inteligencia y de la voluntad
a las doctrinas analizadas. Por ello, estudiaremos el término authenticum (2.2.3.).
2.2.1. La doctrina enseñada de modo no-definitivo
a. La doctrina enseñada
La expresión 'doctrina' se entiende en el contexto de la Revelación. En efec-
to, Jesucristo predica y enseña una doctrina divina que no proviene "de la carne
ni de la sangre", pues la vio del Padre'. Al mismo tiempo, es considerada como
recta y verdadera, lo cual la hace opuesta a las falsas, enseñadas tanto por los
escribas, fariseos y saduceos como por los falsos profetas37. Esta misma doctrina
es predicada por los Apóstoles y recibida por la comunidad de los creyentes que

36 Cf. Mt 15, 7-9; lo 7, 16-17; 8, 45.
37 Cf. Lc 20, 21. 39, (en donde son los mismos fariseos, herodianos y algunos escri-bas quienes reconocen
que Jesucristo enseña la verdad y el camino de Dios); lo 6, 63; 8, 45; 18, 37; Mt 7, 15; 15, 7-9; 16, 12; 24,
4. 5. 11. 24; Mc 13, 22; Lc 21, 8. Los falsos profetas que surgirán, especialmente hacia el fin de los tiem-
pos, engañarán a muchos. Ahora bien, si son falsos es porque no son verdaderos, ya que una cosa se dice
falsa o errada en relación con otra que es verdadera. Significa, entonces, que Jesucristo enseña una doc-
trina verdadera (porque es y viene de Dios y dice la verdad, cf. lo 8, 45) en contraposición con otra que
no lo es, porque proviene del demonio, pues el diablo "[...] Cum loquitur mendacium, ex propriis loqui-
tur, quia mendax est et pater eius" (lo 8, 44).

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
225
con fidelidad la mantiene". Se trata de un cuerpo doctrinal unitario y propio del
cristiano". Compuesto de verdades que no permanecen sólo en el orden intelec-
tual, sino que deben ser también vividas y practicadas desde el interior del hom-
bre, en el contexto de la Historia de la salvación". El mismo Jesucristo expresó,

a través de la parábola del hombre que construyó su casa sobre roca, la necesi-
dad de oír y poner en práctica su Palabra'.

Este cuerpo doctrinal propio del cristiano, a su vez, no es por obra humana o
secundum hominem sino, en cuanto revelada y sobrenatural, es una doctrina
secundum pietatem42 y debe ser predicada y enseñada integralmente y sin corrup-

ción". Cualidades que llevarán a calificarla de sana y buena" justamente porque
es verdadera. Todo lo cual hace que la sana doctrina se oponga a otras doctrinas
peregrinas, falsas o a las doctrinae daemoniorum" y que, especialmente en los
últimos tiempos, rechazándola, no será soportada".

La doctrina cristiana posee cualidades precisas y bien determinadas por los
Apóstoles, para ser reconocida como auténtica expresión de lo enseñado por el
mismo Jesucristo a ellos. Pues se da una distinción entre el objeto de la enseñan-

za propia de la Iglesia in se y el objeto de una enseñanza filosófica o literaria in
se. Es, en definitiva, la diferencia entre el «kérigma» y la «sophía». Así pensa-
38 Cf. Act 2, 42; 5, 28; Rom 16, 17; Eph 1, 13; Philp 4, 9; Co/ 1, 5; 1 Tim 6, 20.
39 Cf.
Act 13, 12; Eph 4, 5; 2 Tim 3, 7; Heb 6, 15-2.
40 Cf.
Act 5, 28; Gal 1, 7; 2, 7; Eph 1, 13; Co/ 1, 5; 1 Thes.s 4, 13-18; 1 Tim 1, 3; 2 Tim 2, 15; /ac 1, 18. No
desconocemos la dificultad para la mentalidad helénica, en la teoría del conocimiento, el comprender en
el mismo sentido las expresiones orientales y semíticas de esa misma teoría. No obstante, ambas tienen en

común, porque la realidad en cuanto realidad es la misma en Grecia que en Palestina o en Siria, que el
conocimiento intelectual incluye la realidad de un concepto y de una operación intelectual que se mani-
fiesta con un contenido preciso. Es por eso que
ad cognoscenda incluye una doctrina, una/s verdad/es. De
lo contrario el conocimiento intelectual no sería una operación de la inteligencia sino un 'conocimiento'
sensible o mera percepción y operación sensitiva. Acerca de las dos concepciones (hebrea - griega) y su

`no' exclusión mutua, se vea SCHNACKENBURG R., Von der Wahrheit die freimacht. Gottes in der Bibel
geoffenbarte und prásente Wahrheit, (München 1964) págs. 11-13. "Auch im biblischen Begriff der
«Wahrheit» stellen wir eine groBe Bedeutungsfülle fest; doch ist der Grundzug der hebraischen `emeth'
das «Fest - un Bestandigsein», die «Zuverlássigkeit» und «Treue». Wahrend das griechische
Wort. «ale-
theia»
etymologisch das «Nicht-Verheimlichen» bedeutet, kommt die hebraische Vokabel von einer
Wurzel «feststehen», «bestandig» sein; so weist das Griechische schon vom Sprachlichen her auf das Sein,
das Hebráische mehr auf das Handeln, das Sich-Verhalten, die Geschichtlichkeit des Menschen.
Bezeichnend für das hebráische Denken ist ein rabbinischer Ausspruch: «Auf drei Dingen steht die Welt:
auf Recht, Wahrheit und Frieden» (R. Simeon ben Gamaliel in Mischna Aboth 1, 18)"
(Ibid., 13). Cf.
CIRILLO A., Cristo Rivelatore del Padre nel vangelo di S. Giovanni secondo il commento di S. Tommaso,
(Roma 1988) págs. 321-341; PETRINO J. D., Dios nos habla. Introducción General a la Sagrada Escritura,
(Buenos Aires 1993) págs. 102-113.
41 Cf Lc 6, 47 49.
42 Cf.
1 Cor 2, 13; Gal 1, 11; 1 Tim 6, 3; Tit 1, 1.
43 Cf.
Tit 2, 7: "In omnibus teipsum praebens exemplum bonorum operum, in doctrina integritatem, gravitatem".
44 Cf.
1 Tim 1, 10; 4, 6; 2 Tim 4, 3; TU 2, 1.
45 Cf.
Heb 13, 9; 2 Pe 2, 1; I Tim 1, 10. A los Apóstoles les fue dado 'poder y autoridad' sobre omnia dae-
monia (cf. Lc 9, 1; 10, 19), por lo que se les dio también 'poder y autoridad' sobre las doctrinas de éstos.
46 Cf. I Tim 4, 1-2; 2 Tim 4, 3.

226
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
mos que deba interpretarse la intentio y el animus de s. Pablo, por ejemplo, en su
predicación y apostolado, pues tenían comó fin sacar a los nuevos cristianos de

la «sophía» y llevarlos hacia el «kérigma»47 .
A partir de estas consideraciones, entendemos el término doctrinae del can.
752 como aquella que es propia de la Iglesia. Es decir, Ja 'doctrina cristiana',
`doctrina católica'; también llamada doctrina Domini, sana vel recta doctrina,
doctrina pietatis o secundum pietatem, dogma pietatis, sanctio pietatis, evange-
lica fides, eloquia Domini y veritas christiana
en el contexto de la salus anima-
rum,
como siempre lo ha comprendido y expresado la Iglesia, a partir de la
misma Revelación". El mismo CIC, siguiendo esa tradición, usa los términos:
doctrina evangélica, doctrina de la fe, sana doctrina, doctrina católica, doctrina
christiana, recta doctrina",
en el marco de la tradición eclesiástica y, por ello,

también la designa como doctrina de la Iglesia".
En este sentido, la misión de enseñar en y de la Iglesia, sea o no jerárquica,
tiene por objeto una doctrina y una verdad que dice un orden a la vida eterna y a
la salvación. En este sentido, es necesario tener presente el doble aspecto de la
veritas christiana por el cual credenda (oír, fides) et agenda (practicar, mores) se
implican mutuamente.
47 Cf. SCHLIER H., 11 tempo della Chiesa, (Bologna 19814) págs. 330-372; Grande Lessico del Nuovo
Testamento, (Edit. G. KITTEL - G. FRIEDRICH), Vol. V, Brescia 1969, voces: «kéri/», coll. 389-423; «kérisso»,
coll. 424-472; «kérigma», coll. 472-479; BLAISE A., Dictionnaire Latin-Franqais des auteurs chrétiens,
(Turnhout [Belgiquel 19674) voces: Nuntio (nuncio), pág. 561; Praedicatio, pág. 644; Praedico, pág. 645.

48 Cf Lc 20, 21. 39; /o 6, 63; 8, 45; 18, 37; Act 4, 29. 31; 8, 4. 25; 13, 5. 12; 15, 35; 17, 13; 18, 11; 2 Cor 10,
14; Eph 1, 13; Co/ 1, 5; 1 Thess 2, 9; 1 Tim 1, 10-11; 4, 6; 6, 3; 2 Tim 2, 15; 4, 3; Tit 1, 1; 2, 1; lac 1, 18;
POLICARPO (san), Ep. Ad Philipenses, cap. 7, n. 1, en FuNK F. X., Patres Apostolici, Vol. 1, (Tubingae 1901)
pág. 305,10-11; Constitutiones Apostolorum, Lib. VII, cap. 39, n. 2, en FuNK F. X., Constitutiones

Apostolorum, Vol. 1, (Paderbonae 1905 = Torillo 1979) pág. 441,15; Lib. VIII, cap. 46, n. 37, en Ibid., pág.
575,15-16;
CONSTANTINOPOWANUAI 1, Epistula Constantinopolitani concilii ad papam Damasum et occidenta-
les episcopos, en Conciliorum Oecumenicorum Decreta, (Bologna 19733) págs. 27,45-28,2, 10-11, 15;
CONS7ANTINOPOLITANUM III, Terminus, en Ibid., pág. 125,9-11, 24-25; LATERANENSE IV, Const. 3, De haereticis,
en GARCÍA Y GARCÍA A., Constitutiones Concilii quarti Lateranensis una cum comentarii glosatorum, (Cittá
del Vaticano 1981) pág. 47,2;
TIUDENTINUM, Sess. XIV (25.XI.1551), Doctrina de sanctissimis poenitentia et
extremae unctionis, cap. 6, en Conciliorum Oecumenicorum...,
pág. 707,33-36; Sess. XVIII (26.11.1562),

Wecr. De librorum delectu et omnibus ad concilium fide publica invitandisj, en Ibid., pág. 723,25-27; Sess.
XXI (16.VII.1562), Doctrina de communione sub utraque specie et parvulorum, prooemium, en Ibid., pág.
726,7-8; Sess. XXII (17.IX.1562), Doctrina et canones de sanctissimo missae sacrificio, en Ibid., pág. 732,27-

28; Sess. XXIII (15.VII.1563), Vera et catholica doctrina de sacramento ordinis ad condemnandum errores
nostri temporis,
cap. 4, en 'bid., pág. 743,27-28;
VATICANUM I, Sess. III (24.IV.1870), Const dogm. de fide
catholica,
Dei Filius, en Ibid., págs. 804,32-33, 805,22, 28; cap. II. De revelatione, en Ibid., pág. 806,39; cap.
III. De fide, en Ibid., pág. 808,9; cap. IV. De fide et ratione, en Ibid., pág. 809,26; Sess. IV (18.VII.1870),
Const. dogm. prima de ecclesia Christi, Pastor aeternus, cap.111. De vi et ratione primatus Romani pontifi-
cis, en 'bid.,
pág. 814,8-9; cap. IV. De Romani pontificis infallibili magisterio, en lbid, pág. 815,16.

49 Cf. doctrina evangélica: cáns. 217, 248, 785 § 1; doctrina de la fe: can. 254 § 1; sana doctrina: cáns. 478
§ 1, 521 § 2; doctrina católica: cáns. 252 § 1, 779, 803 § 2, 809, 810 § 2, 831 § 2; doctrina christiana:
cáns. 229 § 1, 298 § 1, 301 § 1, 386 § 1, 761, 769, 772 § 2, 1176 § 3; recta doctrina: cáns. 803 § 2, 804
§ 2, 830 § 1, 1051, 1°.

50 Cf. cáns. 214, 226 § 2, 780, 830 § 2.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
227
Por lo tanto, la expresión doctrinae se refiere a contenidos comprendidos
dentro de un intellectus fidei y no como conclusiones de un puro esfderzo de la
sola razón humana. Pues el auditus fidei se ubica como origen y causa del inte-
llectus fidei
y, por ello, se trata de verdades (credenda vel agenda) salvíficas o en
orden a la salvación51. A su vez, este doble aspecto de la verdad revelada será el.
fundamento y la 'raíz bíblica' del binomio fides-mores, que analizaremos en el

punto siguiente.
b. El objeto formal quod de la doctrina enseñada: el binomio fides-
mores
.
El can. 752 agrega una especificación acerca del. 'objeto' (de fide vel de
moribus), pues 'aquellas doctrinas' se deben referir a las cosas sobre la fe o sobre
la moral.
El binomio fides-mores ha manifestado diversas variantes en su 'expre-
sión material', en donde no siempre se presenta la conjunción 'ver, sino et, ac;
aut; tum... tum; neque... neque; -que... -ve, etc. Incluso tiene su propia histo-
ria". En el presente estudio, nos interesa particularmente el uso de ese 'binomio'
en los documentos eclesiásticos. En efecto, el mismo aparece por 'primera vez'
en un documento solemne del Magisterio eclesiástico, según cuanto hemos podi-
do investigar, en el Concilio de Constanza", posteriormente retomado por el
Concilio Lateranense V54 y por el Concilio de Trento55. Especialmente fue asu-
mido por el Concilio Vaticano I, particularmente para designar, de modo inequí-
voco, el objeto sobre el cual deberá versar una definición ex cathedra56.

Ahora bien, una consideración del objeto (lides-mores) exclusivamente según
51 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2035-2036.
52 Cf. KALDE F., Die Paarformel «fides-mores». Eine sprachwissenschaftliche und entwicklungsgeschichtli-

che Untersuchung aus kanonistischer Sicht, (Dissertationen Kanonistische Reihe, 5), (St. Ottilien 1991)
págs. 7-48, 52-63.

53 Cf. CONSTANTIENSE, Sess. I (16.X1.1414), [De rebus in concilio tractandis, quo ordine et quibus ministrisJ,
en Conciliorum Oecumenicorum... , págs. 405,39-406,1; Sess. VIII (4.V.1415), [Libri Wiclefi damnatij, en
Ibid.,
pág. 414,31-32.

54 Cf. LA7ERA1VENESE V, Sess. X (4.V.1515), [Super impressione librorumJ, en Ibid., pág. 632,28-38.
55 Cf TRIDENTINUM, Sess. I (13.XII.1545), [Decretum de inchoando concilio/, en Ibid., pág. 660,2-9; Sess. III

(4.11.1546), en Ibid., pág. 662,5-8; Sess. IV (8.1V.1546), Decretum secundum: recipiuntur vulgata editio
bibliae praescribiturque modus interpretandi sacram scripturam etc., en Ibid, pág. 664,3o-32; Sess. X
(2.VI.1547), [Decretum prorogationis sessionisj, en Ibid., pág. 691,38-41; Sess. XVIII (26.11.1562),
[Decretum de librorum delectu et omnibus ad concilium fide publica invitandis7 , en 'bid., pág. 723,25-29;
Sess. XX (4.VI.1562), Prorogatur publicatio decretorum in futuram sessionem, quae indicitur, en Ibid,
pág. 725,26-3o; Sess. XXV (3-4.XII.1563), Decretum super recitandis et legendis in hac sessione decretis

publicatis in hoc eodem concilio sub Paulo III et Julio III summis pontificibus, en ¡bid, pág. 798,34-35.
56 Cf VATICANUM I, Sess. III (24.IV 1870), Const. dogm. de fide catholica, Dei Filius, cap. II, De revelatio-
ne, en Conciliorum Oecumenicorum ... , pág. 806,37-41; Canones, III. De fide, c. 2, en Ibid., pág. 810,32-34;
Sess. IV (18.VII.1870), Const. dogm. prima de ecclesia Christi, Pastor aeternus, cap. III, De vi et rationi

primatus Romani pontificis, en Ibid., pág. 814,2-6; cap. IV, De Romani pontificis infallibili magisterio, en
Ibid., pág. 816,29-34.

228
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
su aspecto material, no sería suficiente en orden a una comprensión adecuada del
mismo. En efecto, la indagación del 'contenido doctrinal' nos proporcionará su
real alcance y significado. Es decir, ¿qué se entiende por
fides et mores? ¿Cuáles
son las realidades contenidas en esos términos? Al respecto, ya hemos enuncia-
do una primera determinación al referirnos al término doctrinae, sosteniendo que
se trata de una verdad teórica y práctica. Será precisamente en relación con este
último aspecto que se han constatado precisiones con el tiempo.

Particularmente el texto del Concilio de Trento referido a las "tradiciones per-
tenecientes tanto a la fe como a la moral" ha dado ocasión para distintas inter-
pretaciones, especialmente por las consideraciones relacionadas con el alcance
del concepto
mores. Al mismo tiempo, el 'paralelismo' de expresiones tridenti-
nas tales como
fides et mores y la denominación del Evangelio como fontem
omnis et salutaris veritatis et morum disciplinae,
hacen que se 'ubique' fides
junto a salutaris veritatis y mores a morum disciplinae. El centro de las distinta
interpretaciones, en base a esta 'equiparación', se encontraría en la inclusión o no

de la realidad mores en el ámbito de la Revelación, especialmente por la intro-
ducción del término disciplina".


Según algunos autores el término mores, en ese texto conciliar, tendría que
ser entendido con un contenido y en el ámbito propios de la Revelación y no se
referiría in recto et per prius a cuestiones disciplinales, aunque sí las abrazaría in
obliquo".
Para otros, en cambio, .si bien con distintos matices en sus estudios, el
término
mores en cuestión se referiría también a las costumbres litúrgicas (cere-
monias, rito) y a los aspectos meramente disciplinales de la Iglesia. Por lo tanto,

serían tradiciones y costumbres mudables y no permanentes, y, por ello, de nin-
gún modo gozarían de la inmutabilidad de la misma Revelación".

57 Cf. TRIDENTINUM, Sess. IV (8.IV.1546), Decretum primum: recipiuntur libri sacri et traditiones apostolo-
rum, en Ibid., pág. 663,15-3o. 11 nec non traditiones ipsas, tum ad fidem, tum ad mores pertinentes"
(pág. 663,27-28). El contexto se refiere a la determinación conciliar acerca de la relación entre la Sagrada

Escritura y la Tradición que el mismo Concilio "[...] pari pietatis affectu ac reverentia suscipit et venera-
tur" (pág. 663,30). Cf. LÓPEZ-RODRÍGUEZ T., "Pides et mores" en Trento, págs. 177-195 (redacción del
texto); págs. 216-218 (término disciplina).

58 Cf. ORTIGUES E., Écritures et Traditions apostoliques au Concile de Trente, en Recherches de Science
Religieuse 36 (1949) págs. 271-299; SALAVERRI J., De Ecclesia Christi, en Sacrae Theologiae Summa, T.
I, (Madrid 1962') nn. 692-737, págs. 716-737.
59 Cf. BEVENOT M., - Faith and morals" in the Councils of Trent and Vatican 1, en The Heytrop Journal 3
(1962) págs. 15-30; GEISELMANN J. R., Die Heilige Schrift und die Tradition. Zum den neueren
Kontroversen über das Verhaltnis der Heiligen Schrift zu den nichtgeschriebenen Traditionen, (Freiburg im
Breisgau 1962) págs. 274-282; BEUMER J.,
Res fidei et morum. Die Enhvicklung eines theologischen
Begriffs in den Dekreten der drei letzten Ókwnenischen Konzilien,
en Annuarium Historiae Conciliorum 2
(1970) págs. 112-134. "Das Konzil von Trient versteht unter den traditiones ad mores pertinentes aposto-
lische Disziplinar - oder Realtraditionen, die zu den Glaubensüberlieferungen als eigene Gruppe hinzu-
kommen, und die
res fidei et morum beinhalten cinco Komplex, der über den Umfang der Glaubenshinter-
lage hinausgeht" (pág. 118). Las cursivas son textuales; KALDE F.,
Die Paarformel «fides-mores». Eine
sprachwissenschaftliche ... ,
págs. 64-66.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
229
Un estudio de "las Actas conciliares no permiten por sí solas sostener con
suficientes argumentos ninguna de las dos líneas de interpretación" señaladas.
No obstante, podemos afirmar que el término mores, en el Concilio de Trento
—teniendo en cuenta también los votos—, se refiere a una verdad práctica en el
contexto de la Revelación y, en ese sentido, posee una validez permanente.
Confirmamos esta reflexión teniendo en cuenta que ese Concilio no pretendía

`directamente' declarar el sentido y alcance de ese 'binomio' y, menos todavía,
según una problemática moderna.
Es decir, tal disyuntiva estaba fuera de la intención doctrinal del Decreto', algo
semejante ocurrirá, tres siglos después, en el Concilio Vaticano I durante las con-
sideraciones acerca de la relación entre Magisterio infalible y el Magisterio ordi-
nario y universal'. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta la comprensión

escolástica del término mores, ámbito doctrinal propio del Concilio de Trento".
Por ello, pensamos que el término mores en el texto de este Concilio se refie-
re a un "contenido substancial referente a la Revelación, en cuanto comporta unas
exigencias de orden práctico que necesariamente dirigen la conducta del cristia-

no"" y, por esta razón, no podría ser entendido como algo puramente ceremonial
o disciplinal.

El Concilio Vaticano I, por su parte, sostendrá que la Iglesia juzga e interpreta
el verdadero sentido de la Sagrada Escritura, en las cosas referidas a la fe y a la
moral (Dei Filius)". La Const. dogm., Pastor Aeternus, al sostener el objeto de la
plena potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, vere episcopalis et inmedia-
ta,
sobre todos los Pastores y fieles, dirá que todos se hallan vinculados por obe-

diencia "no sólo en relación con las cosas de fe y de moral, sino también a aque-
llas cosas que pertenecen a la disciplina y al régimen de la Iglesia dispersa por el
mundo"'. En este texto es clara la distinción entre lides et mores y lo pertenecien-
te 'al régimen y a la disciplina'. Sólo será objeto propio de una definición ex-cathe-
dra
aquel 'binomio' y no el segundo. Esta afirmación 'fijará' el alcance y signifi-

60 Cf. LÓPEZ-RODRÍGUEZ T., "Fides et mores" en Trento, pág. 203.
61 Cf
ibid., págs. 203, 215.
62 Cf. MARTÍN C.,
Oratio (31.111.1870), en MANSI, T. 51, coIl. 224C-225A.
63 Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, S. Th., .1-II, q. 100, arta 1, q. 104, art. 1. En donde distingue, por una parte,

los preceptos morales y, por otra, los judiciales y ceremoniale.s. En donde sólo los primeros pertenecen per
se al concepto de mores. Cf. IDEM, In II Sent., dist. 22, q. 2; art. 1; S. Th., I-II, q. 99, art. 2; Quocll. 3, q. 4,
art. 2; In Ps, 48, 2; Super Matth., cap. 9, lect. 6; cap. 23, lect. 1. Cf. SUÁREZ F., De fide, disp. 5, sect. 4.
64 LÓPEZ-RODRÍGUEZ T., "Fides et mores" en Trento, pág. 220.
65 Cf. VATICANUM
1, Sess. III (24.1V.1870), Const. dogm., Dei Filius, cap. 2. De revelatione, en Conciliorum
Oecumenicorum... , pág. 806,35-43.
66 Ibid., Sess. IV (18.V11.1870), Const. dogm. prima de ecclesia Christi, Pastor aeternus, cap. 3, De vi et
rationi primatus Romani pontificas, en Ibid., pág. 814,4-6: 11 non solum in rebus, quae ad fidem et
mores, sed etiam in iis, quae ad disciplinam et regimen ecclesiae per totum orben diffusae pertienent".

Para el canon correspondiente, cf. ibid., pág. 814,37-41.

230
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
cado del binomio lides et mores, especialmente en relación con la infalibilidad".
Al usar el binomio fides et mores, el Concilio Vaticano II agregará, a los con-
tenidos del pasado, una reflexión especial referida al objeto del sensus fidei de la
universitas fidelium, siempre sub du. ctu sacri magisterii (LG n. 12a). Al mismo
tiempo, lo manifiesta formando parte del objeto de la predicación de los Obispos
(ídem credendam et moribus applicandam praedicant) o en la exposición de una
sentencia de fide vel moribus en nombre de Cristo y en comunión con el Romano
Pontífice (LG n. 25a). Dicho 'binomio' forma parte del objeto de la infalibilidad
(LG n. 25b-c).

.
A su vez, el. Concilio aclara que deben ser tenidas sólo aquellas cuestiones
acerca de la fe y la moral que la Iglesia así las declarara (LG, Notificación). Por
su parte, la Iglesia, afirmará la Gaudium et Spes, tendrá siempre que 'predicar la
fe', con verdadera libertad, y emitir un 'juicio moral', incluso acerca de cosas

relacionadas con el orden político (GS n. 76e). Finalmente, el binomio fides et
mores
es presentado a los padres cristianos como algo que deben salvaguardar en
sus hogares (IM n. 10).

En el mismo sentido es afirmado por el CIC '83 , contexto propio e inmediato
del can. 752". El Catecismo de la Iglesia Católica también mantiene los mismos
contenidos enunciados del binomio fides et mores (nn. 890-892, 2039). Incluso pre-
senta la distinción entre aquellas doctrinas referidas a mores y las cuestiones disci-
plinales que solicitan del fiel "la docilidad de la caridad" (n. 2037).

El binomio fides et mores, 'materialmente' considerado, ha sido objeto de
precisiones y determinaciones que lo han ido delimitando. Del análisis apenas
realizado, podemos afirmar que el 'binomio' ha llegado a ser una fórmula técni-
ca usada para designar, en el contexto de la Revelación divina (Sagrada Escritura
y Tradición apostólica), un contenido 'teórico' (fides, verdades doctrinales) y uno

`práctico' (verdades morales —mores--, que no se refieren in recto et per prius a
cuestiones disciplinales). En este sentido se presenta como 'el' objeto propio del
Magisterio eclesiástico. Pues credenda et agenda son dos aspectos de la misma
Revelación, como ya hicimos referencia al explicar las características propias del

término doctrina.
Según una consideración más 'formal', el binomio fides et mores, teniendo
en cuenta sus distintos contenidos, puede referirse a": «a») las doctrinas conte-
67 Cf ibid., pág. 814,2-6.39-41; GASSER V., Relatio (11.V11.1870), en MANSI, T. 52, coll. 1224D-1227c; BETTI
U., La Costituzione dommatica «Pastor aeternus» del Concilio Vaticano I, (Roma 1961) págs. 422-423,
640, nota 1.
68 Cf cáns. 212 § 3, 305 § 1, 327, 342, 378, 386, 445, 512 § 3, 749 §§ 1-2, 767, 773, 774 § 2, 823, 830, 833.
69 Cf. VATICANUM 1, Sess. III (24.IV.1870), Const. dogm., Dei Filius, Canones de fide et ratione, c. 3, en

Conciliorum Oecumenicorum..., pág. 811,22-26; LG n. 25; GASSSER V, Relatio (11.V1I.1870), en MANSI T.
52, coll. 1225D-1227s; REGATILLO E. F., Institutiones iuris canonici, T. II, (Santander 1961) n. 180, pág.
141: "[El objeto del Magisterio] Sunt veritates fidei, doctrinae cum eis conexae et errores qui fidei plus

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS)) DEL CAN. 752. . .
231
nidas per se en la Revelación divina, o «b») aquellas verdades que, si bien o no
están contenidas per se en el depositum o la Iglesia aún no las ha entendido como
tales, no obstante, dicen una relación necesaria con el mismo, o bien, «c») las
propuestas por el mismo Magisterio para una mejor comprensión de la

Revelación en esas materias». Estos tres aspectos o niveles han sido evidencia-
dos y precisados a través de los tres párrafos de la Professio fidei'89.

c. El modo de enseñar la doctrina: El Magisterio no-definitivo
No desconocemos la dificultad que, tanto teólogos como canonistas, han evi-
denciado para explicar adecuadamente la consideración acerca del modo de pro-
poner el objeto analizado (lides et mores). Nos referimos a la expresión: etsi defi-
nitivo actu eandem proclamare non intendanf'. A pesar de ello, luego de la Litt.
Apost., Ad tuendam fidem el argumento ha sido delimitado. En efecto, la intro-
ducción del § 2 de la. Professio Fidei en el can. 750 ha dado una mayor luz al
mismo can. 752, determinando mejor el significado y alcance del acto no-defini-

tivo por el cual el Magisterio propone una doctrina. Es decir, el canon que estu-
diamos no se refiere a las doctrinas propuestas por la Iglesia en el ejercicio de su
Magisterio, tanto solemne como ordinario y universal (can. 750 § 1), ni tampoco
a las propuestas definitivo actu (can. 750 § 2), sino al modo no-definitivo.

.
La Nota doctrinal ilustrativa a la Professio fidei'89, aclara que ese modo no-
minus adversantur, vel fi
dei amittendae periculum creant. Diversus tamen assensus veritatibus ab Ecclesia
propositi debetur"; PABLO VI, Litt. encycl„ Humanae vitae (25.VII.1968), n. 4, en AAS 60 (1968) pág.
483; CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Decl„ Mysterium Ecclesiae (24.VI.1973), nn. 3-5, en AAS 65
(1973) págs. 400-404; IDEM, Professio fidei et lusiurandum Fidelitatis in suscipiendo officio nomine

Ecclesiae exercendo, I. Professio fidei, en AAS 81 (1989) pág. 105 [---- Professio fidei'89]; IDEM, Donum
veritatis, nn. 16-17, págs. 1557-1558; JUAN PABLO II, Litt. Apost., Ad tuendam Fidem (18.V.1998), nn. 2,
4 A), págs. 459-460; CONGREGATIO PRO DCTRINA FIDEL, Nota doctrinalis Professionis fidei ..., nn. 5-7, 10,

págs. 546-549.
70 Creemos suficiente esta división para el fin de nuestro trabajo. Algunos Autores denominan objeto pri-
mario del Magisterio a las verdades contenidas per se en la Revelación divina y objeto secundario a aque-
llas verdades que, si bien no están contenidas per se en el depositum, no obstante, dicen una relación nece-
saria con el mismo. En nuestra división, los puntos «a») y «b»), respectivamente. Cf. SALAVERRI J., La

Potestad de Magisterio Eclesiástico y asentimiento que le es debido, en Estudios Eclesiásticos 29 (1955)
págs. 178-182; JOURNET CH., L'Église du Verbe Incarné, en Oeuvres complétes de Charles Journet, Vol.
I, Editt. P. MAMIE - G. COTTIER (Fribourg 1962=1998) págs. 698-722; COLLANTES J., La Iglesia de la

Palabra, T. II, (Madrid 1972) págs. 217-228; SULLIVAN FR. A., Magisterium. Teaching Authority in the
Catholic Church, (New York - Mahwah 1983) págs. 129-138; IDEM, The "Secondary Object" of
lnfallibility, en Theological Studies 54 (1993) págs. 536-559. Hacemos notar, no obstante, que tales deno-
minaciones de los objetos no se encuentran así formuladas en los Documentos Magisteriales citados.

71 En relación con la expresión definitivo actu tanto en los dos últimos Concilios ecuménicos como así tam-
bién en las distintas discusiones teológico-jurídicas actuales referentes a la Professio fidei'89-Ad tuendam
fidem, cf. CHIRON J.-F., L'infaillibilité et son objet. L'autorité du magistére infaillible de l'Église s'étand -
elle sur des vérité non révélées?, (Paris 1999) págs. 521-549; ÓRSY L., Von der Autoritat kirchlicher
Dokumente. Eine Fallstudie zum Apostolischen Schreiben „Ad tuendam fidem", en Stimmen der Zeit 216
(1998) págs. 735-740; RATZINGER J. (Card.), Stellungnahme, en Ibid., 217 (1999) págs. 169-171; ORSY L.,
Antwort an Kardinal Ratzinger, en Ibid., págs. 305-316; RATZINGER J., (Card.), Schlufiwort zur Debatte mit
Pater Órsy, en Ibid.,
págs. 420-422; SESBOÜE B., Le magistére á l'épreuve, (Paris 2001) págs. 265-278".


232
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
definitivo es una manifestación auténtica del 'Magisterio ordinario' del Sumo
Pontífice o del Colegio de los Obispos por el cual las doctrinas (Pides et mores)
"son presentadas como verdaderas o al menos como seguras".
A partir de cuanto hemos expuesto, podemos concluir este epígrafe, afir-
mando que la locución del can. 752: de fide vel de moribus enuntiant [...1 etsi
definitivo actu eandem proclamare non intendant, se refiere a las doctrinas, de fe
o de moral, propuestas por el Magisterio ordinario, en cuanto verdaderas o segu-
ras, "para una inteligencia más profunda de la revelación, o para hacer ver la con-
formidad de una enseñanza con las verdades de fe o, finalmente también, para
mantener en guardia contra concepciones incompatibles con estas mismas ver-
dades o contra opiniones peligrosas que pueden conducir al error' 72. Es decir, la
posibilidad que hemos denominado con la letra «c»), al final del punto b.
2.2.2. La cualidad de la respuesta del fiel
En primer lugar el can. 752 afirma que la cualidad y el modo de la respuesta
del fiel, a las doctrinas enunciadas como hasta ahora las hemos expuesto, no es
un asentimiento de fe.
Así fue aprobada la redacción, recogiendo una observación
que asociaba la voz assensus con Pides, como ya hemos mostrado en la Primera
Parte
(histórico-genética) de nuestro estudio". Por ello, el fidei assensus trata in
recto de un asentimiento de fe, entendida como fe divina y católica, incluyendo
la necesidad intrínseca de la total adhesión en relación con la doctrina que debe
ser creída de ese modo. A este tipo de asentimiento se relaciona la herejía, en
cuanto duda o negación pertinaz de una doctrina que debe ser creída con fe divi-
na y católica, luego de haber recibido el bautismo (can. 751). En este sentido, el
can. 752 no solicita del fiel un asentimiento de fe divina y católica.
El canon, por su parte, prescribe un obsequio religioso de la inteligencia y de
la voluntad, entendido .en su doble contexto histórico-doctrinal: uno, remoto e
inmediato, el otro. Es decir, en relación con el Misterio de la Iglesia, con el ejer-
cicio del Magisterio eclesiástico jerárquico, como expuesto en el n. 25a de la LG,
y con los trabajos de revisión del CIC. Ahora bien, del análisis en ese doble con-
texto del paso que consideramos podemos deducir las siguientes precisiones.
a. obsequium religiosum
Estamos en presencia de dos términos: obsequium y religiosum. El segundo
cualifica el primero. La voz obsequium conlleva las nociones de hacer algo que
72 CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Nota doctrinalis Professionis fidei... , n. 10, pág. 548: "Proponuntur
quidem ad altiorem revelationis intellegentiam obtinendam vel ad conformitatem alicuius doctrinae cum
veritate fidei revocandam, vel tandem ad vigilantiam contra notiones ab iisdem veritatibus abhorrentes vel
contra sententias periculosas atque in errores inducentes excitandam"." La nota 19 textualmente es: "Cfr

Congregatio pro Doctrina Fidei, Instructio Donum Veritatis, 23 et 24: AAS 82 (1990) 1559-1561.
73 Cf. MARTÍNEZ P. D., El "obsequium religiosum... , pág. 101, nota 113.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
233
a otro gusta o agrada y de obediencia y sumisión en un contexto también sagra-
do". En la lengua española, se traduce como: complacencia, condescendencia,
deferencia, obediencia, sumisión. Y, por el contexto que tratamos, tiene el signi-

ficado preponderante de sumisión".
El término religiosus", que cualifica el obsequium, lo comprendemos como
según la religión, sea en relación con la persona o a sus actos, significando algo
no meramente filosófico sino incluido en un marco teológico. En la lengua espa-
ñola, se traduce como: devoto, piadoso, temeroso de Dios. Lo tomamos con el

significado de algo relativo o perteneciente a la religión". Al mismo tiempo, es
importante subrayar que, a la luz del prefijo
«eu» («eu-sebés»), el término reli-
giosum connota no sólo algo perteneciente a la religión, sino también lo ubica en
una posición diametralmente opuesta, por ejemplo, a la herejía y a la blasfemia.
En relación con el contexto histórico-doctrinal inmediato y específico este
paso se refiere a una doctrina de fe o de moral propuesta, sea por el Sumo
Pontífice sea por el Colegio de los Obispos, de un modo no-definitivo, como ya
hemos visto. A juzgar por algunas traducciones del can. 752 parecería que se
confunden con mucha facilidad los términos obsequium y assensus, hasta tal
punto de cometer el error de usarlos como sinónimos". Por el contrario, el mismo
iter del canon nos muestra la necesidad de la distinción. En efecto, en la termi-
nología usada habitualmente en la Iglesia se dice
fidei assensus en relación con
verdades que deben ser creídas con fe divina
y católica, postulándose un asenti-
.
74 Cf. Thesaurus Linguae Latinae, Vol. IX, Pars Altera,. (Lipsiae 1968-1981) voz: obsequium, col'. 180,63-
184,27, especialmente coll. 181,13-183,52; BLAISE A., Dictionnaire Latin-Franqais des auteurs chrétiens,
voz: obsequium, 567 (sentidos 2-3).
75 Cf. BLÁNQUEZ FRAILE A., Diccionario Latino-Español; Español-Latino, T. II, (Barcelona 1988) voz: obse-
quium, pág. 1046; REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua Española, T. II, (Madrid 198420)
voz:
sumisión, pág. 1271: "Sometimiento de personas a otras. 2. Sometimiento del juicio de uno al de otro".
76 Cf. FORCELLINI AE., Lexicon Totius Latinitatis, (Patavii 1940) T. IV, voz: religiosus, págs. 60-70, espe-
cialmente su sentido propio como "Religiosum est, secundum religionem est, diis gratum est" (Ibid., pág.
69); CHANTRAINE P.,
Dictionnaire étymologique de la langue grecque. Histoire des mots, T. II, Vol. IV,
(Paris 1984)
voz: «sébomai», 992: "[...] «eusebés» «pieux, qui respecte les dieux et leurs lois» dit de per-
sonnes et d'actes [...]. A
«eusebés» s'oppose «asebés» «impie»". El prefijo «eu» expresa una abundancia
(Ibid., T. I, Vol. II, pág. 388); BLAISE A., Dictionnaire Latin-Franqais des auteurs chrétiens, voz: religio-
sus,
pág. 709: "respectueux envers Dieu, pieux, saint".
77 Cf BLÁNQUEZ FRAILE A., Diccionario Latino-Español... , T. II, voz: religiosus, pág. 1328: "Religioso, piado-
so, devoto, temeroso de Dios". También significa íntegro, exacto de ahí que se pueda entender también cómo
escrúpulo; REAL ACADEMIA ESPAÑOLA,
Diccionario de la Lengua... , voz: Religioso, pág. 1167:
"Perteneciente o relativo a la religión o a los que la profesan [...]. Fiel y exacto en el cumplimiento del deber".
78 Cf. BLYSKAL L., Obsequium: A Case Study, en The Jurist 48 (1988) págs. 561-567. Algunos Autores, equi-
vocadamente, refieren los términos obsequium y assensus como 'sinónimos', cf. KOTHUIS H. J., The
Response of the Christian Faithful to the Non-Infallible Magisterium. A Canonical Investigation from the
Times of Pius IX until the Revised Code of Canon Law,
(Dissertatio ad Doctoratum in Facultate luris
Canonici Pontifíciae Universitatis Gregorianae), (Romae 1988) págs. 325-326, 362-363, 371-372, 374. En
relación con las distintas 'traducciones' del término obsequium, en las lenguas modernas más usadas, cf.
ibid., XIII-XV, notas 7-11; BLYSKAL L., Obsequium: A Case Study... , págs. 568-572; URRUTIA F. J., La
réponse aux textes ... pág. 97, nota 5.

234
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
miento irrevocable y definitivo, y obsequium tantum en relación con las enseña-
das por el Magisterio de manera no-definitiva. Por ello, podemos afirmar que
aquella 'distinción' no fue introducida debido a una sutileza idiomática, sino en
un contexto más profundo y teológico, como ya hemos hecho mención. Al

mismo tiempo, afirmamos que el obsequio religioso no sólo se distingue del acto
de fe divina, sino también de la llamada 'fe eclesiástica'. La cual, según se sos-
tiene, consistiría en un acto de fe en virtud no ya de la Autoridad increada (fe
divina), sino de la autoridad creada de la Iglesia, de allí su nombre".

La expresión (religiosum obsequium) se refiere, entonces, a una sumisión
(obsequium) del fiel a las doctrinas propuestas, como estamos haciendo referen-
cia, por un motivo y una razón sobrenatural y religiosa (religiosum), en el con-

texto propio eclesial, como lo ha entendido e interpretado siempre la Iglesia. Es
decir, como teológicamente el Magisterio en la Iglesia es una misión y carisma

sobrenaturales —en el contexto de la diaconía y de la sacra potestas—, su motivo
último .y fuerza obligante no se encuentran ni en las cualidades humanas, ni en la
competencia científica de quienes ejercen el magisterio jerárquico —si bien no se
contraponen con éstos— sino en un particular carisma sobrenatural. En último
análisis, significa que el 'obsequio religioso' requerido no se funda en una con-
clusión puramente filosófica de argumentos en pro y en contra de las doctrinas

propuestas, sino en el reconocimiento de una institución y asistencia divinas al
mismo Magisterio de la Iglesia".
En este sentido, el aspecto vinculante —de un obsequium y un praestandum
est— se encuentra a partir de la misma Revelación. Por ello, sería equivocad()
reducir los aspectos vinculantes en la vida de la Iglesia a sólo lo jurídico dejan-
do lo no vinculante a sólo lo teológico. Como sería igualmente errado afirmar que

la única Iglesia fundada por Jesucristo fuera la Ecclesia caritatis, sosteniendo
que en la Revelación no se encontrarían normas vinculantes para los fieles, fue-
ran éstas jurídicas o dogmáticas". Al respecto, es necesario comprender el obse-
quium
y el praestandum est del can. 752 en el contexto de la Teología del dere-
cho y, a ésta, formando parte de la unidad de la sacra doctrina".

79 La polémica expresión fe eclesiástica, nacida en el contexto de las disputas jansenistas, fue introducida
por el Arzobispo de París, Hardouin de Péréfixe, en 1664. Cf. GITS A., La foi ecclésiastique aux fait dog-
matiques dans la théologie moderne,
(Louvain 1940); CHIRON J.-F., L'Infaillibilité et son objet.

L'autorité ... , págs. 41-202; NEVEU B., «Ne quid nimis» o «non satis». Peripecias del «hecho dogmático»
y de la «fe eclesiástica», en Scripta Theologica
33 (2001) págs. 103-134.

80 Cf. COLOMBO C., 11 compito della Teologia, (Milano 1983) pág. 103; BETTI U., L'ossequio al magistero
pontificio «non ex cathedra» nel n. 25 della «Lumen gentium», en Antonianum 62 (1987) pág. 452.
81 Cf. KONG H., Strukturen der Kirche, (München 1987) págs. 11-18; IDEM, Die Kirche, (München 19923)
págs. 88-99; BOFF L., ¡greta: Carisma e Poder. Ensaios de ecclesiologia militante, (Lisboa 1991 2) pág. 113.
82 Cf. COMPOSTA D., La Chiesa visibile. La realtá teologica del diritto ecclesiale, (Vaticano 1985); MARTÍNEZ
P. D., Aportes para una teología del Derecho canónico, en Gladius 45 (1999) págs. 165-194; MONTAN A.,
11 diritto nella vita e nella missione della Chiesa. 1. Introduzione. Norme genere& Il popolo di Dio (Libri
1 e II del Codice),
(Bologna 2001) págs. 53-94.


EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
235
b. intellectus et voluntatis
Los términos usados se entienden en el contexto de la 'filosofía perenne', e
indican dos potencias del alma racional. Ahora bien, cuando en el período con-
ciliar se trataba sobre estas dos potencias fue determinado su significado en el
marco propio del obsequium religioso debido al Magisterio no-ddinitivo.
Especialmente en cuanto al 'orden' en el cual serían colocadas, si la voluntad o

la inteligencia en primer lugar. En el n. 25a de la LG se ubica primero la volun-
tad y posteriormente la inteligencia para indicar precisamente el 'por qué' de un
obsequium religioso de la voluntad y de la inteligencia. Puesto que no debían ser
consideradas estas dos potencias simpliciter —es decir, sólo y directamente en una
perspectiva filosófica, aunque no en contradicción con ella—, sino desde el punto
de vista del propio contexto teológico al que hace referencia el n. 25a de la LG".
En otras palabras, la naturaleza del obsequium religioso se funda en el carácter

singular del ejercicio del Magisterio jerárquico. Este argumento será comprendi-
do en toda su extensión más adelante, al analizar el término auténtico.

Ahora bien, se podría pensar que, en la redacción del can. 752 al haber inver-
tido el orden (intellectus et voluntatis), estas consideraciones sobre el n. 25 de la
LG no serían válidas. Una conclusión de este tipo no encontraría fundamento ni
histórico ni doctrinal, en el marco del Ius Ecclesiae en general, ni en el específi-
co del CIC. Pues las vicisitudes (histórico-doctrinales) del can. 75284 muestran la
voluntad explícita del Legislador en mantener en el mismo sentido el n. 25a de

la LG, al cual se refiere.
La Iglesia, a través de este canon, afirma que posee también una potestas exi-
gendi internum assensum del fiel en relación con las doctrinas de fe y moral,
expresadas del modo como hasta el presente hemos considerado. Así lo deduci-
mos, en el contexto propio del CIC, a partir de tres consideraciones. La primera,
se refiere a una observación realizada en los trabajos de revisión del CIC acerca
de la relación entre el CIC y los actos internos del fiel, sosteniendo que el mismo

no podría determinar nada sobre el obsequium interior del alma". Ahora bien, el
can. 752 promulgado sostiene lo contrario de aquella animadversión. Por ello,

83 Cf. BETTI- U., L'ossequio al magistero..., pág. 432: "É data prioritá alía volontá invece che all' intelletto,
per indicare che l'ossequio é dettato da motivazioni di fede piuttosto che comandato dalla comprensione
personale della dottrina insegnata". En la misma página, en la nota 30 el Autor recoge la respuesta del P.
Tromp al respecto: "Quanto al testo in questione [...] é data spiegazione [...] su come debba intendersi
l'ossequio della volontá e dell'intelletto: «voluntatis, quia agnoscere debemus illud magisterium upote
nomine Christi docens...; intellectus, quia debemus dare assensum in veritatem propositam, licet non
absolutum: ut in humnanis quotidie fit et fieri debet, ubi adest quidem possibilitas erroris, nulla autem veri
nominis probalitas»".

84 Cf. MARTÍNEZ P. D., El "obsequium religiosum... , pág. 106.
85 Cf. Communicationes 19 (1987) pág. 230: "Notat alter Exc.mus Consultor de interno animi obsequio

canonem nihil statuere posse, quia legislator non valet actus internos regere".

236
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
dicho canon al determinar, en su contexto propio, el obsequium interior del alma,
sostiene que la Iglesia intenta
actus internos regere. Al mismo tiempo, la intro-
ducción, en la fase final inmediata precedente a la promulgación del CIC, del
inte-
llectus y voluntatis, como modalidad requerida al obsequium religiosum indica la
naturaleza incluso interior del
obsequium en cuanto debido. Finalmente y también
en la fase final de revisión, el Legislador ha querido 'fijar' su intención de regir

los actos de la inteligencia y de la voluntad al 'agregar' en el can. 1371, 1° al justa
poena puniatur
la mención explícita de quien doctrinam, de qua in can. 752, per-
tinaciter respuit, como hemos evidenciado en la primera parte de nuestro estudio.
Estando así las cosas, podríamos preguntarnos si, con la mención de la inte-
ligencia y de la voluntad, el can. 752 se refiere al "núcleo más secreto y el sagra-
rio del hombre", es decir, su conciencia (GS n. 16). Al respecto, es necesario
tener presente que el CIC reconoce la existencia de dos fueros: interno y exter-
no, en el contexto de la potestad de régimen". En fase de redacción del can. 130

se aclaró explícitamente la no identificación entre fuero interno y fuero de la con-
ciencia". Identificación asumida en el CIC'17. A su vez hay que distinguir el

ejercicio de la potestas regiminis por el modo de ejercitarla y no por la materia
regulada". Por ello, el can. 752 no se refiere al fuero de la conciencia.

. La prestación teológico-jurídica del religiosum obsequium intellectus et
voluntatis indica entonces: Una 'interioridad' de ese obsequium religioso y no
sólo un comportamiento exterior, entendido en el contexto de toda una tradición
eclesiástica". Por lo que el
obsequium de la inteligencia y de la voluntad lo enten-
demos no como un respeto o veneración (en un sentido exterior, público y/o
meramente disciplinal) sino en el marco de 'una sumisión interior' y no como un
respetuoso silencio". Sumisión interior, religiosa, de la inteligencia y de la volun-
tad en cuanto se refiere al motivo por el cual se ha de dar
(praestandum est). Es
decir, en el contexto de la singularidad del Magisterio eclesiástico.

86 Cf. can. 130: "Potestas regiminis de se exercetur pro foro externo, quandoque tamen pro solo foro inter-
no, ita quidem ut effectus quos eius exercitium natum est habere pro foro externo, in hoc foro non recog-
noscantur, nisi quatenus id determinatis pro casibus jure statuatur". Cf. cáns. 74, 1082.
87 Cf. Communicationes 9 (1977) págs. 234-235: "Notetur quoque in schemate non contradistingui potesta-
tem regiminis fori externi et potestatem fori interni seu conscientiae (uti fit in CIC [CIC'17], can. 196). Re
quidem vera, potestas fori externi et potestas fori interni, secundum hodiernam doctrinam et de unanimi
omnium consultorum sententia, est eadem potestas regiminis, cuius yero exercitii effectus possunt esse
diversi. De se seu communiter exercitium huius potestatis effectus porducit pro foro interno (relate ad ipsam
personam in causa) et pro foro externo (erga omnes alios). Potest autem fieri ut pro solo foro interno, i.e.
relate ad personas in causa tantum, effectus producat, scilicet potest fieri ut effectus exercitii limitentur ad
ipsas pesonas in causa et ut illi effectus non extendantur ad alias personas aut ab aliis personis non cog-
noscantur. Hoc in caso exercetur haec potestas pro solo foro interno. Ceterum non potest haec potestas quae
pro solo foro interno exercetur dici fori conscientiae". El corchete y la última cursiva son nuestros.
88 Cf. URRUTIA F.J., El criterio de distinción entre fuero interno y fuero externo, en AA.Vv., Vaticano II:
balance y perspectivas. Veinticinco años después (1961-1987), (Salamanca 1989) págs. 411-416, 420-421.
89 Cf. MARTINEZ P. D., El Magisterio no definitivo...
90 Cf. SALAVERRI J., La Potestad de Magisterio... , pág. 162; BETTI U., In margine al nuovo Codice di Diritto
Canonico, en Antonianum 58 (1983) pág. 645; IDEM, L'ossequio al magistero... , pág. 453.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
237
En este contexto, el Magisterio en cuanto doctrinal, se refiere a una verdad
tanto especulativa como práctica. Ciertamente no en sentido exclusivamente filo-
sófico, sino en el orden de la salus animarum y por una misión divina. Y el Ius
Ecclesiae,
se funda en lo teológico-doctrinal (verdad práctica). Teniendo en
cuenta esta precisión, decimos que el ejercicio • de la potestas magisterii, qua
talis,
se dirige in recto a la inteligencia y el ejercicio de la potestas regiminis, qua

talis, a la voluntad'. En este sentido, restaría una dificultad a saber: si el obse-
quio requerido por el can. 752 (praestandum est) es solicitado a aquellas dos
potencias o no. Ante una doctrina propuesta como la refiere el canon, esta 'difi-
cultad' la resolveríamos, en el contexto de nuestro razonamiento, explicando
cuanto sigue. En primer lugar, un canon qua talis, se dirige per prius a la volun-

tad, por ello el can. 752, en cuanto canon, solicita un acto de esa potencia. Por
otra parte, una doctrina propuesta con el modo y características mencionadas a
través del can. 752 postula un acto de la inteligencia y de la voluntad, no sólo por
estar 'así promulgado', sino también, y sobre todo, porque la doctrina es enun-

ciada por el Magisterio auténtico ordinario, como veremos a continuación".
2.2.3. El motivo formal quo: el Magisterio auténtico
Aquí nos preguntamos en definitiva por la causa formal quo del obsequium
religiosum de la inteligencia y de la voluntad. Es decir, por cuál motivo y razón
el fiel debe darlo (praestandum est). Una primera respuesta se encuentra anali-
zando el término religiosum, es decir por un motivo teológico, eclesial. No obs-

tante creemos sería incompleta, pues no explicaría aún el por qué definitivo de
tal obsequium religiosum, aunque sí nos indica el marco dentro del cual tendre-

mos que hacer nuestra investigación. El análisis de este último 'paso' del canon
nos dará la respuesta adecuada, explicará el 'por qué', pues se pone como 'nexo
de unión' entre el 'objeto propuesto' y la 'respuesta' al mismo. Es decir, el ejer-
cicio del Magisterio auténtico.

El término authenticus se relaciona directamente con «authentikós»93 y, a su
vez, con las voces «authentía» y auctoritas, en cuanto incluyen el concepto pre-
91 Cf. PÉREZ MIER L., La potestad de magisterio, en Trabajos de la VII Semana de Derecho Canónico
(Granada 15 al 22 de septiembre de 1958). La potestad de la Iglesia (Análisis de su aspecto jurídico),
(Barcelona 1960) pág. 441; URRUTIA F. J., Libro 111. La misión... , pág. 141; IDEM, La réponse aux textes... ,
págs. 97, 113, nota 39.

92 Objeto de otro estudio sería el análisis de las distintas razones por las cuales se determina si el ejercicio
del Magisterio es parte (especie) de la potestad de régimen (género) o pertenece a un género distinto. Nos
referimos a las investigaciones acerca de la bipartitio o de la tripartitio potestatis.

93 Cf. Thesaurus Linguae Latinae, Vol. II, (Lipsiae 1900-1906) voz: authenticus, coll. 1598,43-1599,6;
BLAISE A., Dictionnaire Latin-Franqais..., voz: authenticus, pág. 108. Si bien el Autor lo traduce como
`original' no obstante lo hace en relación con la autoridad; Cf. CHANTRAINE P., Dictionnaire étymologique

de la langue grecque..., T. I, Vol. I, «authéntes», 138, en donde el verbo «authentéo» significa "«avoir
pleine autorité sur»" y «authéntizo» se entiende como "«prendre en main, commander á»" (Ibid.)


238
PBRO.. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
ponderante de 'pleno de autoridad'". En español, authenticus se traduce como
auténtico, autorizado, que hace fe". Ahora bien, cuando el can. 752 usa la voz
authenticus lo hace en el contexto propio que le corresponde, formando parte del

Ius Ecclesiae, por lo que, para comprenderlo en su verdadero sentido y extensión,
tendríamos que indagar sobre el uso y significación eclésial del mismo, particu-
larmente en el n. 25a de la LG, que es su fuente inmediata, y no sólo según una
consideración semántica.
La LG usa la voz authenticus como sinónimo de autoridad de Cristo% o en
nombre de Christo". La PO, al exponer la actitud que los presbíteros deben tener
en relación con sus Obispos, afirma que aquellos deben venerar en éstos la auto-
ridad de Cristo supremo Pastor". En este sentido, el paso cum magisterium
authenticum exercent
debe entenderse como el ejercicio del munus docendi

jerárquico en nombre de Cristo y con su autoridad", pues tanto el Romano
Pontífice como los Obispos están revestidos con una particular sacra potestas" .
94 Cf. Thesaurus Linguae Latinae, Vol. II, voz: auctoritas,co11.1213,67-1234,23, especialmente coll. 1213,x1-
1215,62, 1225,36-54, 1231,1-37. Cf. BLÁNQUEZ FRAILE A., Diccionario Latino-Español... , T. I, voz: aucto-
ritas, pág. 218: "Autoridad, en todo orden de cosas; fuerza, peso [...] poder [...] plenos poderes".
95 Cf. BLÁNQUEZ FRAILE A., Diccionario Latino-Español... , T. 1, voz: authenticus, pág. 228: "Auténtico,
autorizado, que hace fe". Cf. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, Diccionario de la Lengua... T. I, voz: Auténtico,
pág. 153: "Acreditado de cierto y positivo por los caracteres, requisitos o circunstancias que en ello con-
curren 2. Autorizado o legalizado; que hace fe pública".
96 Cf. LG n. 25a: "Episcopi [...] doctores authentici seu auctoritate Christi praediti".
97 Cf. ibid.: "Episcopi in communione cum Romano Pontifice docentes [...] fideles autem in sui Episcopi

sententiam de fide et moribus nomine Christi prolatam concurrere, eique religioso animi obsequio adhae-
rere debent". Ibid., n. 27a: "Episcopi Ecclesias particulares sibi commissas ut vicarii et legati Christi
regunt, [nota 94] consiliis, suasionibus, exemplis, verum etiam auctoritate et sacra potestate [...]". La nota
94 textualmente es la siguiente: "Benedictus XIV, Br. Romana Ecclesia, 5 oct. 1752, § 1: Bullarium

Benedicti XIV, t. IV, Romae 1758, 21: «Episcopus Christi typum gerit, Eiusque munere fungitur». Pius XII,
Litt. Encycl. Mystici Corporis, 1. c., p. 211: «Assignatos sibi greges singuli singulos Christi nomine pas-

cunt et regunt»". La cursiva es nuestra.
98 Cf. PO n. 7b: "Presbyteri autem, ante oculos habentes plenitudinem Sacramenti Ordinis qua Episcopi gau-
dent, in ipsis revereantur auctoritatem Christi supremi Pastoris". Cf. SCHINELLA I., fi Magistero autentico.
Genesi semantica e significato teologico di «autentico»,
pág. 258.

99 Cf. SYNODUS EPISCOPORUM, Rel., Ration habita, en L'Osservatore Romano (ed. it.), (28.X.1967), pág. 3:
"Iuxta doctrinam Ecclesiae, munus docendi res fidei et morum authentice, seu ex auctoritate Christi, con-
creditum est omnibus apostolorum successoribus". La cursiva es nuestra; CONGREGATIO PRO DOCTRINA
FIDEL, Decl., Mysterium Ecclesiae... , n. 2, pág. 399: "Sed ad solos hos Pastores, Petri ceterorumque
Apostolorutn successores, ex divina institutione pertinet authentice, id est auctoritate Christi diversis
modis participata, docere fideles [...]". La cursiva es nuestra. Cf. MoscoNI M., Magistero autentico non

infallibile e protezione penale, (Dissertatio, Series Romana, 13), (Roma 1996) págs. 228-231.
100 Cf. DV n. 7b, 10b. En relación con el n. 10b, cf. BETTI U., La dottrina del Concilio Vaticano II sulla tras-
missione della Rivelazione, (Roma 1985) pág. 278. "Invece di «authentice» si dica «auctoritative», per
indicare che l'interpretazione del magistero deriva il suo valore non tanto da argomenti scientifici quanto
dall'autoritá divinamente costituita, da cui proviene.

"La sostituzione non fu accettata, perché nel linguaggio teologico la parola «authentice» significa appun-
to «autoritativamente»" (pág. 181).

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
239
Auténtico no se refiere, entonces, pér prius a original u oficial", sino a 'auto-
ritativo', 'por la autoridad y en nombre de Cristo'. Ya que, en virtud de la consa-
gración episcopal, de la sucesión apostólica y de la misión y carisma dados por
Jesucristo, los Obispos enseñan en nombre de Cristo'".

Hemos afirmado que la 'respuesta del fiel' debe ser un obsequium religiosum
intellectus et voluntatis a las doctrinas de fe o de moral enunciadas de una mane-
ra no-definitiva tanto por el Sumo Pontífice como por el Colegio de los Obispos
a través de su Magisterio auténtico y en el contexto de la sucesión apostólica. A

su vez, aquel obsequium no se basa, per prius y en último análisis, en la fuerza
de los argumentos propuestos, ni en la capacidad científica, ni en el valor del dis-
curso persuasivo de la sabiduría humana de quienes las pronuncian'" —si bien no
desconoce estas cualidades—, sino porque quienes proponen la doctrina de fe o
de moral lo hacen con el poder, con la autoridad y en nombre del mismo

Jesucristo". De lo contrario, si fuera una respuesta solamente como consecuen-
cia de un razonamiento puramente humano y bajo la sola luz de la razón natural,
no sería ni un obsequium religiosum ni se trataría de un Magisterio auténtico,
como los hemos expuesto'", sino de un acto de la razón (incluso creyente) que se
somete a sí misma precisamente porque las razones, incluso teológicas, la con-
vencen y no por otro motivo. En definitiva, nos referimos a la distinción entre

Magisterium docens y Magisterium attestans y al fundamento Cristo-Pneumático
del mismo Magisterio.

2.3. Consecuencias y protección penal
La segunda parte del can. 752 se nos presenta como la conclusión cons. e-
cuencial de lo expuesto en la primera. Tiene que ser leída no sólo a la luz de cuan-
to hemos afirmado, en relación con su contexto inmediato, sino también en cuan-
to que los fieles tienen también el deber de mantener (obligatione adstringuntur)

101 Por este motivo nos parece que no sería correcto confundir auténtico con oficial. Cf. POTVIN TH. R.,
Guidelines for a Working Relationship between the Pastoral Magisterium and the Theologians in the
Church, en. Studia Canonica
15 (1981) pág. 21: "`Authentic', here, would seem to mean publicly and offi-
cially —it does not include gift or charisma—, in the name of the whole Church". El autor comenta un
Documento de la Comisión Teológica Internacional, se vea De magisterii ecclesiastici et theologiae ad
invicem relatione (1975), Thesis 5, n.
1, en COlvIMISSIO THEOLOGICA INTERNATIONALIS, Documenta.

Documenti, (1969-1985), Cittá del Vaticcino 1988, 130. Es en referencia a ese Documento (here) que dedu-
ce el significado en él del término auténtico, como público y oficial.
.
102 Cf. Rom 10, 13-15; LG n. 20c: "Proinde docet Sacra Synodus Episcopos ex divina institutione in locum
Apostolorum successisse, tamquam Ecclesiae pastores, quos qui audit, Christum audit, qui yero spernit,
Christum spernit et Eum qui Christum misit (cf. Luc. 10, 16)"; SALAVERRI J., De Ecclesia Christi ... , n. 504,
pág. 655.

103 Cf. 1 Cor 2, 1-7.
104 Cf. SCHINELLA I., 11 Magistero autentico. Genesi semantica..., pág. 262.
105 Cf URRUTIA F. J., La réponse aux textes... , págs. 101-104; IDEM, Libro 111 La misión... , págs. 141-142.


240
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
la communio en la Iglesia'". Incluso están obligados por obediencia cristiana a
seguir las enseñanzas de los Pastores sagrados".
La doctrina afirmada en el can. 752 guarda estrecha relación con el ejercicio
del Magisterio auténtico ordinario no-definitivo y la Iglesia lo protege 'penal-
mente' a través del can. 1371, 101". Por ello la importancia del contenido de nues-

tro canon, pues la misma vida de la Iglesia se construye también a través del ejer-
cicio de su Magisterio auténtico ordinario y no sólo a partir del Infalible". Al

-mismo tiempo, el canon adquiere gran significación por haber sido incluido su
contenido en el § 3 de la Professio fidei'89"°, determinando mejor la generalidad
de la anterior
Profesión de few . En efecto, ésta prescribía mantener y aceptar todo
el magisterio ordinario, sin distinguir los grados de adhesión debidos y la distin-
106 Cf. can. 209 § 1: "Christifideles obligatione adstringuntur, sua quoque ipsorum agendi ratione, ad com-
munionern semper servandam cum Ecclesia". Hacemos notar que cuando el canon dice quoque ipsorum
agendi ratione,
afirma dos niveles del obligatione adstringuntur: uno interno y otro externo, así lo dedu-

. cimos a partir del quoque. Cf. LG n. 32c-d.
107 Cf can. 212 § 1: "Quae sacri Pastores, utpote Christum repraesentantes, tamquam fidei magistri declarant
aut tamquarn Ecclesiae rectores statuunt, christifideles, propriae responsabilitatis conscii, christiana obo-
edientia prosequi tenentur". Cf. LG n. 25a. 37b-d; PO n. 9.

108 Cf. can. 1371: "Iusta poena puniatur: 1° qui, praeter casum de quo in can. 1364 § 1, doctrinam a Romano
Pontifice vel a Concilio Oecumenico damnatam docet vel doctrinam, de qua in can. 750 § 2 vel in can.
752, pertinaciter respuit, et ab Apostolica Sede vel ab Ordinario admonitus non retractat; 2° qui aliter Sedi

Apostolicae, Ordinario, vel Superiori legitime praecipienti vel prohibenti non obtemperat, et post moni-
tum in inoboedientia persistir". Cf. MOSCONI M., Magistero autentico... , págs. 357-380.

109 Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Ep., questa Congregazione (25.VII.1986), en AAS 79 (1987) págs.
116-118. Se trata de una Carta dirigida a Ch. E. Curran. Para el 'contexto histórico', sobre este argumen-
to, se vea ROHLFS S. PH., The notion of Public Dissent in the Thought of Charles Curran and the Response
of the Holy See,
(Rome 1988) págs. 1-42. Sobre la 'situación procesal civil' con la Catholic University of

America, cf BRADLEY G. V., Curran versus Catholic University of America, en IE 2 (1990) págs. 193-209.
Para una 'exposición del pensamiento' de Ch. E. Curran sobre la cuestión del disenso, cf. AUZA B. C., The
Noninfallible Magisterium and Theological Dissent. A Study on the Contemporary Phenomenon of
Theological Dissent from the Second Vatican Council to the Present from the Perspectives of the Theology

of the Magisterium about Itself and of the theories of Theological Dissent of Some Contemporary
Theologians, (Dissertatio ad Lauream in Facultate S. Theologiae apud Pontificiam Universitatem
Thomae de Urbe), (Romae 1990) págs. 442-447, 451-455, 465-479, 495-497.
110 Cf. Professio fidei'89 ... , pág. 105: "§ 1. Firma fide quoque credo ea omnia quae in verbo Dei scripto vel
tradito continentur et ab ecclesia sive sollemni iudicio sive ordinario et universali magisterio tamquam
divinitus revelata credenda proponuntur".

"§ 2. Firmiter etiam amplecto ac retineo omnia et singula quae circa doctrinam de fide vel moribus ab
eadem definitive proponuntur".
"§ 3. Insuper religioso voluntatis et intellectus obsequio doctrinis adhaereo quas sive Romanus Pontifex
sive Collegium episcoporum enuntiant cum Magisterium authenticum exercent etsi non definitivo actu
easdem proclamare intendant".

111 SACRA CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Formula deinceps adhibenda in casibus in quibus iure praes-
cribitur Professio Fidei, loco formulae Tridentinae et iuramenti antimodernistici, en AAS 59 (1967) pág.
1058: "Firmiter quoque amplector et retineo omnia et singula quae circa doctrinam de fide et moribus ab
Ecclesia, sive solemni iudicio definita sive ordinario adserta ac declarata sunt, prout ab ipsa proponuntur,
praesertim ea quae respiciunt mysterium sanctae Ecclesiae Christi, eiusque sacramenta et Missae sacrifi-
cium atque Primatum Romani Pontificis". La historia y el estatuto teológico de la Professio fidei en la vida
de la Iglesia sería objeto de otro estudio específico.


EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
241
ción entre magisterio ordinario y universal (infalible y definitivo) y magisterio
auténtico simpliciter (per se no infalible y no-definitivo).

Incluso, notamos una 'simbiosis' entre el n. 25a de la LG y el can. 752 del
CIC que armónicamente componen el último párrafo de la Professio fidei'89. Al
mismo tiempo, la doctrina contraria a la enseñada por el Magisterio no-definiti-
vo tuto doceri non potestm.


3. Aplicaciones particulares
El can. 752 tiene aplicaciones particulares según distintas circunstancias. Así
por ejemplo, un miembro 'religioso' de un Instituto de vida consagrada, en vir-
tud del sagrado vínculo de obediencia, está obligado además a obedecer al Sumo

Pontífice, como a su supremo Superior'''. Decimos 'además', pues el religioso no
deja de ser un fiel, y, en e
ste sentido, ya debe una obediencia y un obsequium al
Magisterio auténtico ordinario. Por ello, el 'además' se aplica a la cualidad de.su
nuevo estado que, en virtud del can. 590 § 2, se refiere a su relación con el Sumo
Pontífice bajo un nuevo título. Siempre bajo la razón formal de religioso y no

sólo de fiel, es necesario subrayar la mención, en dicho canon, de la persona del
Romano Pontífice y no del Colegio de los Obispos.
Otro caso también particular, es la posición del 'teólogo católico'. Al respec-
to, la Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo"' servirá de gran ayuda
para la inteligencia del canon que es objeto de nuestra investigación. En primer
lugar,
el concepto de 'teólogo católico' se entiende en el contexto de una parti-
cular misión y vocación 'en' la Iglesia'''. Al mismo tiempo, la 'teología' se

112 Cf. IDEM, Nota doctrinalis Professionis fidei... , n. 10, pág. 549: "Omne propositum talibus doctrinis con-
trarium faisum est iudicandum vel, si de institutione praecavendi causa facta agatur, temerarium seu peri-
culosum ideoque «tuto doceri non potest»1). La nota 20 textualmente es: Cfr CIC, cann. 752; 1371; CCEO,
cann. 599; 1436 § 2.

113 Cf. can. 590: "§ 1. Instituta vitae consecratae, utpote ad Dei totiusque Ecclesiae servitium speciali modo
dicata, supremae eiusdem auctoritati peculiari ratione subduntur".
"§ 2. Singuli sodales Summo Pontifici, tamquam supremo eorum Superiori, etiam ratione sacri vinculi obo-
edientiae parere tenentur". Cf. LG n. 44a-b. PC n. 5b-c; SACRA CONGREGATIO PRO EPISCOPIS ET SACRA
CONGREGATFUO PRO RELIGIOSIS ET INST1TUTIS SAECULARIBUS, Normae, Mutuae relationes (14.V.1978), n.
22c,. en AAS 70 (1978) pág. 487; ANDRÉS GUTIÉRREZ D. J., Obispos y Religiosos. Líneas de Comunión y

Participación en el "Mutuae Relationes" y en el Documento de Puebla, (Buenos Aires 1981) págs. 13-18,
25-34; IDEM, El Derecho de los Religiosos. Comentario al Código, (Madrid 1983) págs. 16-18; GAMBARI E.,
Vita religiosa, secondo il Concilio e il nuovo Diritto Canonico, (Roma 19852) págs. 481-484; BEYER J., Le
droit de la vie consacrée. Commentaire des Canons 573-606. Normes communes, (Paris 1988) págs. 91-94.
114 Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Instr., Donum veritatis, Cf. TESTA B., La funzione del magistero
ordinario nell'elaborazione teologica, en Anthropote.s 7 (1991) págs. 67-82. Si bien este artículo apareció
en 1991, no obstante fue escrito con anterioridad a la Instr., Donum veritatis. No obstante, mantiene su
actualidad por los conceptos allí expresados.

115 Cf. CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Instr, Donum veritatis, n. 6, pág. 1552: "Inter vocationes, quas
Spiritus suscitat in Ecclesia, vocatio eminet theologi, cuius munus est peculairi modo sibi comparare, in
communione cum Magisterio, profundiorem usque perceptionem Verbi Dei, quod in Scripturis inspiratis
continetur, et per traditionem vivam in Ecclesia transmittitur".


242
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
entiende como una ciencia que, formando parte de la sacra doctrina, es subal-
ternada de la scientia Dei et beatorum"6.
Dicha Instrucción se funda en la realidad de la 'asistencia divina' en el ejer-
cicio del Magisterio auténtico, tanto del Romano Pontífice como del Colegio de
los Obispos, aún cuando no intenten proponer de modo definitivo una doctrina de
fide vel de moribusH7 . Por lo que, continúa la Instrucción, a este tipo de ejercicio
del Magisterio eclesiástico es debido un obsequium religiosum voluntatis et inte-
llectus,
el cual no puede ser entendido como algo puramente exterior'.
Posteriormente, analiza dos argumentos estrechamente ligados con el tema des-
arrollado. Ante todo, muestra los caminos por seguir, siempre en el contexto pro-
pio eclesial, ante el posible conflicto para un teólogo que lealmente 'no pueda dar

su adhesión' a una doctrina propuesta como referida por el can. 752. Es decir,
cuando, luego de una profunda y paciente reflexión —junto al examen de sus pro-

pias opiniones y la de sus colegas—, encontrara dificultades de peso (graves)
"para acoger una enseñanza magisterial no-irreformable""9. El segundo argu-
mento se refiere a la exposición y valoración crítica referente al 'problema del
disenso"2". En concreto se refiere a la "actitud pública de oposición al magiste-
rio de la Iglesia, llamada también «disenso», que es necesario distinguir de la

situación de dificultad privada, de la que se ha tratado más arribá"121 .
Al respecto, nos parece que debe ser considerada la proporcionalidad del
obsequium en relación con el successor Petri y el Collegium Episcoporum,
teniendo en cuenta, no sólo la 'regla hermenéutica' del Concilio Vaticano II:
"iuxta mentem et voluntatem manifestatam ipsius, quae se prodit praecipue sive

indole documentorum, sive ex frequenti propositione eiusdem doctrinae, sive ex
dicendi ratione" (LG 25a), sino también la realidad de la "jerarquía de las verda-
des de la doctrina católica" (DH n. 11; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 90).
Por ello, no se daría exclusión entre el can. 752 y otros cánones del Código, sino

116 Cf. ibid., nn. 10-11, págs. 1554-1555; n. 34, págs. 1564-1565.
117 Cf. ibid., n. 17, págs. 1557-1558: "Praeterea assistentia divina datur succesoribus Apostolorum, qui

docent, communionem servantes cum Petri succesore, peculiarique modo Romano ipsi Pontifici, Pastori
Ecclesiae universae, cum, licet definitionem infallibilem non pronuntient neque «definitive» sententiam
proferant, in exercitio sui magisterii ordinarii doctrinam proponunt, quae conducit ad pleniorem percep-
tionem Revelationis circa res fidei et morum, et normas morales, quae ex hac doctrina procedunt [...]. Ob
eandem causa decisiones Magisterii circa disciplinam, etsi charismate infallibilitatis non augentur, non

ideo assistentia divina sunt destitutae, et assensum Christifidelium postulant".
118 Cf. ibid., n. 23, pág. 1560: "Cum autem Magisterium, etiam sine voluntate ponendi actum «definitivum»,
doctrinam docet sive ad iuvandam altiorem perceptionem Revelalationis vel eius rei, quae explanat argu-
mentum eiusdem Revelationis, sive admonendum de conformitate alicuius doctrinae cum veritatibus fidei,
sive denique ad praecavendas opiniones quae cum eisdem veritatibus non componuntur: tune religosum
voluntatis et intellectus obsequium requiritur23". La nota 23 textualmente es: Cf Const. dogm. Lumen gen-
tium,
25; C.I.C., can. 752.

119 Cf ibid., nn. 21-31, págs. 1559-1562.
120 Cf ibid., nn. 32-41, págs. 1562-1569.
121 Ibid., n. 32, pág. 1563.


EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
243
que deben ser entendidos armónicamente. En este sentido, el can. 752 de ningu-
na manera coarta o disminuye el rigor científico en la investigación teológica122.
Es decir, considera al obsequium religiosum intellectus et voluntatis y no la
investigación científica en el campo eclesiástico, en cuanto investigación.
Estas afirmaciones sólo se pueden entender adecuadamente en el contexto y la
lógica de la fe. Esto no significa que la respuesta del fiel sea un 'acto elícito' de la
virtud de la fe, sino más bien 'imperado' por ella, ya que es la luz de la fe que ilu-
mina y hace ver al fiel la relación entre Jesucristo —el Sumo Pontífice— el Colegio

de los Obispos y el Magisterio auténtico'23. En este sentido, adquiere una impor-
tancia capital la Teología del Derecho como parte de la sacra doctrina. Por ello, al

indagar aún más acerca de la raíz de la adhesión del fiel a las doctrinas propuestas
por el Magisterio observamos que, en último análisis, es la voluntad del fiel que
inclina la inteligencia a dar el obsequium religiosum requerido por el can. 752124.
Al mismo tiempo, los munera docendi, sanctificandi et regendi tendrían que
ser comprendidos según una mutua compenetración, si bien desde un punto de
vista ontológico-sistemático se distinguen. No obstante, en cada uno de ellos
existen aspectos de los otros dos. Por ello, el ejercicio del munus docendi jerár-

quico conlleva una acción de régimen o gobierno y produce efectos de santifica-
ción y viceversa'". Es necesario entenderlos también en el contexto de la reali-
dad de la Redención, de la Gracia y de la Gloria, por el que Dios da: al Sumo
Pontífice y al Colegio de los Obispos, la gracia de estado para cumplir de modo

idóneo la misión encomendada por Cristo; y al fiel para permanecer en la plena
comunión con la Iglesia. Incluso el mismo Jesucristo pidió al Padre la adhesión
del fiel a las enseñanzas trasmitidas por los Apóstoles y sus sucesores'".

Además, habría que tener en cuenta la armonía existente entre la vida espiri-
tual y la oración; la obediencia y el obsequium religiosum intellectus et volunta-
tis,
en el contexto del can. 752127; y la investigación científico-teológica'". En este

122 Se vean, por ejemplo, los cánones que se refieren no sólo al teólogo católico sino al fiel y al laico en rela-
ción con la investigación teológica, cf. can. 218 (sobre la libertad en la investigación de la ciencia sagra-
da); can. 229 §§ 1-2 (sobre el estudio más profundo de la doctrina cristiana); can. 747 (sobre la profundi-
zación, por parte de 'toda' la Iglesia, del fidei depositum).

123 Cf. COLOMBO C., 11 compito della Teologia..., págs. 105-111. "La giustificazione dell'obbedienza religio-
sa in materia dottrinale si fonda su questi due motivi: la fede nella presenza misteriosa di Gesú Cristo
Maestro nell'insegnamento dei suoi rappresentanti; e la caritá verso i fratelli che hanno diritto alta guida
serena dei propri Pastori" (Ibid., págs. 107-108). Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 892.

124 Cf. DUROUX B., La psychologie de la foi chez saint Thomas d'Aquin, (Paris 1977) págs. 11-19, 61-78, 223-
231. Si bien el autor desarrolla su argumento en relación con el acto de fe, no obstante sus reflexiones nos
ayudan a comprender en nuestro caso el modo análogo del rol de la voluntad en relación con la inteligencia.

125 Cf. CASTILLO LARA R., Le libre III du CIC... , pág. 46; GHIRLANDA G., 11 diritto nella Chiesa... , pág. 257.
126 Cf. lo 17, 20: "Non pro his autem rógo tantum, sed et pro eis, qui credituri sunt per verbum eorum in me".
127 Cf. SACRA CONGREGATIO PRO CLER4CIS, Litt. circ., Inter ea (4.XI. 1969), n. 9, en AAS 62 (1970) pág. 126:

"Vita yero spiritualis vividam fidem personalem postulat, ex qua illa oritur, in qua innititur, ex qua incre-
menta capit. Mutua est autem haec ratio: etenim vita spiritualis, quantum ad ipsam pertinet, fidem robo-
rat ideoque tutum efficit modum theologalem in studia incumbendi, cogitandi ac tuendi, quid sit agendum,


244
PBRO. DR. PEDRO D. MARTÍNEZ
sentido, existe una relación armónica y orgánica entre los dogmas y la misma
vida espiritual (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 89). Nos encontramos siem-
pre en el marco del 'Misterio de la Iglesia'. Precisamente, es desde esta óptica
que debemos estudiar el can. 752 y sus consecuencias, y no sólo y exclusiva-
mente como producto de una desnuda técnica jurídica.

Conclusiones
El estudio tanto histórico como doctrinal del can. 752, como lo hemos des-
arrollado en las dos Partes de nuestro trabajo, nos permite precisar y determinar
los aspectos característicos del mismo. Las conclusiones a las que hemos llega-

do se desenvuelven según las siguientes consideraciones:
1. Los sujetos activos del can. 752 son dos:
1.1. El Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos. Por ello el canon no se
refiere ni a los Obispos —individualmente considerados—, ni a las Confe-
rencias Episcopales, ni a los Obispos reunidos en Concilios particulares.

1.2. Todos aquellos a quienes, a tenor del can. 833, se prescribe emitir
personalmente la profesión de fe.
2. El can. 752 se refiere a uno de los modos de ejercicio del Magisterio
auténtico: el no-definitivo, también llamado Magisterio auténtico ordina-
rio. Es importante recordar, al respecto, que no se trata del magisterio
ordinario y universal del Vaticano I, ni del ejercicio del Magisterio autén-

tico mencionado en el can. 749 §§ 1-2, ni tampoco del Magisterio autén-
tico definitivo (can. 750 § 2).

3. La expresión Magisterio auténtico del c. 752 indica sólo aquel
Magisterio auténtico del Sumo Pontífice o del Colegio de los Obispos y
no de los Obispos —individualmente considerados—, ni al de las
Conferencias Episcopales, ni al de los Obispos reunidos en Concilios par-
ticulares. Precisamente, porque el can. 752 no considera la expresión

Magisterio auténtico simpliciter, sino restrictivamente (secundum quid), .
por ello este canon claramente se distingue de los cáns. 753-754.

4. El objeto de este Magisterio auténtico son las doctrinas enseñadas acerca
de fe o de moral:
atque ita faciliorem etiam reddit comprobationem doctrinae a Magisterio propositae, quod quidem est
norma proxima laboris theologici". Las cursivas son textuales.

128 Cf CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEL, Instr, Donum veritatis, n. 8, pág. 1553: "Cum obiectum theologiae
sit Veritas, Deus vivus eiusque salutis consilium per 1esum Christum revelatum, hinc theologus vocatur ad
suam vitam fidei augendam et ad investigantionem scientificam semper cum precatione coniungendam.4
Ita, ipse magis patebit «sensui supernaturali fidei» a quo dependet et qui el tamquam tuta norma apparebit
ad suas considerationes moderandas et ad rectitudinem suarum conclusionum expendendam". La nota 4,
textualmente es: cf. IOANNES PAULUS II, Allocutio habita occasione praemii internationalis Pauli VI tribu-

ti loanulo Urs von Balthasar, 23 Junii 1984: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, VII, 1 (1984) 1911-1917.

EL «OBSEQUIUM RELIGIOSUM, INTELLECTUS ET VOLUNTATIS» DEL CAN. 752. . .
245
4.1. La expresión doctrina del can. 752 se refiere a la doctrina cristiana,
es decir a verdades para ser conocidas y vividas según la Revelación. Y,
en este sentido no se ordenan, per prius, al enriquecimiento cultural del
hombre —si bien no en oposición a ello— sino que el proprium es su orde-
nación intrínseca a la salvación. De allí que esas verdades se encuentran

en el contexto del «kérigma» y no simplemente en el de la «sophía».
4.2. El binomio lides-mores es una fórmula técnica usada para designar,
en el contexto de la Revelación divina, tanto verdades teóricas (creden-
da)
como verdades prácticas (agenda). Particularmente, hemos eviden-
ciado que el término mores no se refiere per prius et in recto a cuestiones
disciplinales, si bien no en contradicción con ellas, toda vez que el ius-
tum
es parte del bonum.
4.3. En este contexto, el can. 752 se refiere a las doctrinas propuestas
como verdaderas o al menos como seguras para una mayor inteligencia y

custodia de la misma Revelación. Tanto las Encíclicas como los
Documentos de los Concilios ecuménicos son claros ejemplos a los que
se refiere nuestro canon.

5. Podríamos preguntarnos, en este contexto, si una determinación 'mera-
mente disciplinar, tanto del Sumo Pontífice como del Colegio de los
Obispos, debe ser considerada como exigida también por el can. 752. La
respuesta sólo sería afirmativa en la medida en que la 'razón formal' de
dicha determinación esté encuadrada en los contenidos expresados tanto
por el can. 747 § 2, el Catecismo de la Iglesia Católica, como la Nota doc-

trinal explicativa a la Professio fidei '89. Es decir, en cuanto se trate de deci-
siones relacionadas con verdades salvíficas o necesarias para la salvación.

6. La prestación solicitada al fiel cristiano, se refiere a una realidad teoló-
gico-jurídica caracterizada como un obsequium religiosum de la inteli-
gencia y de la voluntad. Con ello se quiere decir que:
6.1. No se trata de un acto elícito de la virtud teologal de la fe, sino impe-

rado por ella.
6.2. Se intenta determinar la referencia al fuero interno y no al fuero de

la conciencia, entendida ésta como "el núcleo más secreto y el sagrario
del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena
en el recinto más íntimo de aquélla" (GS n. 16). Precisado de esta mane-
ra el acto debido del fiel cristiano, comprendemos la ratio Legislatoris en
el contexto de su intención de regir sólo el fuero interno y no el de la con-
ciencia (can. 130).
6.3. Se trata de un obsequio 'proporcional', es decir teniendo en cuenta la

jerarquía de las verdades de la doctrina católica y el criterio hermenéuti-
co de la LG n. 25a.

246
PBRO. DR. PEDRO D. MARTINEZ
7. El can. 752, como hemos visto en el contexto de la Instr., Donum verita-
. tis, de ninguna manera coarta o disminuye el rigor científico en el traba-
jo teológico, sino que lo ubica en su puesto propio y específico. Pues la
vocación del teólogo se ejercita en y al servicio del Misterio de la Iglesia.
8. Las vicisitudes del iter textual y doctrinal del can. 752 nos ha mostrado
que la Iglesia intenta proteger 'penalmente' la doctrina contenida en él a
través del can. 1371, 1°.
9. En este sentido, sería oportuno desarrollar, en el campo de la Teología
moral, las consecuencias del principio de no obrar en contra de la propia
conciencia (Rm 14, 12; DH n. 11), en relación con el can. 752, teniendo
también en cuenta la necesaria distinción entre la conciencia recta y ver-
dadera. En el campo propio de la Teología del derecho, clarificar aún
mejor la diferencia entre el fuero interno y fuero de la conciencia. Al
mismo tiempo, sería conveniente precisar la relación entre la comunión
plena en la Iglesia y el rechazo, en un caso concreto, de la doctrina pro-
puesta por el Magisterio no-definitivo.

De lo expuesto podemos concluir que el iustum del can. 752 consiste en la,
obligación teológico-jurídica de los fieles, y por ello eclesial, de dar una sumi-
sión de la inteligencia y de la voluntad, no sólo en un sentido externo sino tam-
bién interior, a las doctrinas de fe o de moral, propuestas tanto por el Sumo
Pontífice como por el Colegio de los Obispos en el ejercicio de su Magisterio
auténtico no-definitivo (Magisterio ordinario), pues las pronuncian en nombre y
con la autoridad de Cristo y son asistidos para ello por el Espíritu Santo en el
cumplimiento de la misión dada por el mismo Jesucristo a los Apóstoles y a sus
sucesores. El contenido de la expresión doctrinae (fides-mores) abarca, en el con-

texto del «kérigma» cristiano, las enseñadas como verdaderas o al menos como
seguras, sin bien no por un juicio solemne ni propuestas como definitivas, para
una mayor inteligencia y custodia de la misma Revelación'. Por tal motivo, los
fieles deben evitar todo lo que no sea congruente a las doctrinas enseñadas con

esas características y, por ello, las doctrinas contrarias a las propuestas por el
Magisterio no-definitivo tuto doceri non potest, por ser consideras erróneas o

temerarias y peligrosas, y por ello, no podrían ser utilizadas en la etapa dedicada
para la formación teológica.

129 Cf CONGREGATIO PRO DOCTRINA FIDEI, Nota doctrinalis Professionis fidei... , n. 10, pág. 548: "Ad hoc
comma pertinet omnis institutio de fide et de re morali tamquam vera aut saltem tamquam certa exhibita,
licet iudicio sollemni non definita nec a Magisterio ordinario et universali tamquam difinita proposita. [...}
Proponuntur quidem ad altiorem revelationis intellegentiam obtinendam vel ad conformitatem alicuius doc-
trinae cum veritate fidei revocandam, vel tandem ad vigilantiam contra notiones ab iisdem veritatibus abho-
rrentes vel contra sententias periculosas atque in errores inducentes excitandam". La cursiva es textual.


NOTAS


AADC VIII (2001) 249-258
EL NOMBRE DE LOS CRISTIANOS
Mons. Dr. Luis Antonio ÁLESSIO
Dentro de las múltiples preocupaciones y alegrías que suscita el inminente
nacimiento de un hijo se encuentra la que pone a los padres en la búsqueda y difu-
sión del nombre con el que lo van a identificar. Normalmente esto se piensa en
relación con la anotación o inscripción en el registro civil. Por eso más de un
papá o de una mamá católicos se sorprenderían si supiesen que la Iglesia tiene
precisas disposiciones sobre el nombre de los hijos de una familia católica. Y
hasta, quizás, les podría parecer una indebida intromisión en cuestiones privadas.

El año pasado Salvador Fornieles publicó en este Anuario una interesante
nota sobre "el nombre en el derecho canónico'. La presente nota no quiere ser
sino un complemento de aquella aportando algunos datos de la historia de la pie-
dad y de la teología ya que el ordenamiento canónico no coincide con los orde-
namientos civiles sino que "se mueve más bien en la línea del horizonte teológi-
co'". Se trata además de un tema de gran relevancia pastoral, especialmente para
evangelizar una cultura o para verificar su nivel de secularización.

Porque sucede que el nombre es algo estrechamente ligado con el bautismo,
con el sacramento que incorpora a la Iglesia. "Somos un pueblo católico y por
ello el nombre de persona tiene entre nosotros el verdadero sentido de nombre de

pila, los ingleses dicen christian name, o sea nombre cristiano. Al decirse nom-
bre de pila se hace referencia a la pila bautismal, es evidente. La imposición del
nombre se hace junto con el acto trascendente del bautismo... Antes de la total
organización política de nuestra Nación, la única anotación válida oficialmente
era la que se cumplía con el bautismo en las iglesias'".

Tan profunda es la relación nombre-bautismo que un involuntario y casi
humorístico vestigio ha quedado en la ley civil argentina cuando afirma que: "el
nombre de pila se adquiere por la inscripción en el acta de nacimiento"4.

1
S. FORNIELES, El nombre en el derecho canónico: AADC 7 (2000) 161-168.
2 S. FORNIELES, El nombre... , 163.
3 A. ANASTASI, Diccionario de nombres propios, Btienos Aires 1993, págs. 8-9.
4 Ley N. 18.248 del 10 de junio de 1969, art. 2.


250
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
1. La disciplina litúrgica
Llegado el momento, el nuevo hijo es conducido por padres y padrinos a las
puertas de la Iglesia. Allí el sacerdote, por primera cosa pregunta'a los padres:
"¿Qué nombre pusisteis a vuestro hijo?". Y ellos contestan lo que corresponde.
La respuesta la puede dar "otra persona, si, según las costumbres del lugar, tiene
el derecho de imponer el nombre'". De allí en más y a lo largo de toda la cele-
bración, el niño será identificado con el nombre que se le ha impuesto.

La ceremonia no es demasiado elocuente y esto sucede porque no es el bau-
tismo de los niños la mejor experiencia para comprender la profundidad del nom-
bre bautismal.


¿Por qué? Porque la significación plena del nombre bautismal solamente se
percibe cuando se constata que es un nombre nuevo, suficientemente expresivo
de aquel sacramento que no en vano es comparado con un nuevo nacimiento, con

una nueva creación. Es normal que un nombre nuevo acompañe un nuevo naci,
miento, una nueva creatura.
Es en la iniciación cristiana de los adultos donde se pone de manifiesto la nove-
dad del nombre bautismal. La mañana del sábado antecedente a la Vigilia Pascual,
en los umbrales de la iniciación sacramental, es el momento adecuado para que el
candidato elija el nombre nuevo que le ha de identificar en lo sucesivo'.

Se realiza una sencilla ceremonia en la que, después de un canto y de alguna
lectura bíblica adecuada se procede a la elección/imposición del nombre. El cele-
brante pregunta al candidato el nombre que ha elegido y con el que será identifi-
cado a partir del bautismo. Después de la respuesta el celebrante impone el nuevo

nombre: "Diógenes, en adelante te llamarás Renato". •
A continuación se explica el significado del nombre cristiano elegido.
Algunos nombres delatan su indiscutible origen bautismal: Víctor, Pascual,
Atanasio, Renata, Anastasia. También puede ser un nombre de acuerdo con la cul-
tura local, con tal que se le pueda dar un sentido cristiano. "A veces bastará expli-
car el significado cristiano del nombre que fuera impuesto por los padres" (a. 88).

En el caso de los adultos, entonces, se verifica una verdadera elección del nom-
bre por parte del que se bautiza y, en la mayoría de los casos un cambio de nombre.
2. Antecedentes bíblicos
En las Sagradas Escriturag el nombre posee un significado profundo como
individualización de la persona y de su misión. Existe entre el nombre y quien lo
lleva una estrecha relación.

5 Ordo Baptismi parvulorum, 1969, a. 37.
6 Ordo Initiationis Christianae adultorum, 1972, aa. 203-205. Pero las Conferencias Episcopales pueden
determinar que este nuevo nombre se imponga al comienzo del catecumenado allí donde están en vigen-
cia religiones no-cristianas que imponen sin demora un nombre nuevo a sus seguidores (a. 88).


EL NOMBRE DE LOS CRISTIANOS
251
Por eso es común que el cambio de nombre exprese una nueva situación, una
nueva misión, una profunda experiencia de conversión (Saulo-Pablo).Tenemos el
caso de Abrahán: "Y ya no te llamarás más Abram, en adelante tu nombre será
Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de nacio-
nes" (Gen 17, 5); a la Jerusalén de los tiempos mesiánicos se le anuncia: "tú. serás

llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor... no te dirán más
«Abandonada» ni dirán más a tu tierra «Devastada», sino que te llamarán «Mi

deleite» y a tu tierra «Desposada»" (Is 62, 1-5).
Para Pedro el nuevo nombre implicaba la nueva misión: "Feliz de ti Simón,
hijo de Jonás... y yo te digo: Tú eres Pedro..." (Mt 16, 17-18); "Tú eres Simón,
el Hijo de Juan; tú te llamarás Cefas" (Jn 1, 42).

En la dramática lucha final entre los seguidores de Jesús y la Bestia y sus
secuaces, los vencedores recibirán el nombre nuevo de Jesús: "Sobre el (vence-
dor) escribiré... mi nombre nuevo" (Ap 3, 12); "el vencedor recibirá una vesti-
dura blanca, nunca borraré su nombre del Libro de la Vida" (Ap 3, 5). En este

último texto aparece una importante conexión la del nombre y la inscripción en
el Libro de la Vida.

A la manera de un registro, el Libro de Dios ("yo borraré de mi Libro al que
haya pecado contra mí": Ex 32, 33) contiene sólo los nombres de los ciudadanos
vivos. Los impíos "son borrados del Libro de la Vida" (Sal 69, 29).

Los que están inscritos en el libro pertenecen al pueblo de Dios y poseen la ciu-
dadanía celeste: "alégrense más bien, de que sus nombres estén escritos en el cielo"
(Lc 10, 20); "cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida" (Flp 4, 3), que

les permite escapar al juicio y entrar en la vida eterna: "únicamente podrán entrar
los que estén inscritos en el Libro de la Vida del Cordero" (Ap 21, 27). En el Libro

de la Vida están registrados los nombres de los que heredarán la vida eterna.
La amenaza de Cristo en el sentido de que puede borrar nombres supone que el
libro se encuentra en sus manos: los nombres de los adoradores de la bestia "no figu-
ran... en el Libro de la Vida del Cordero" (Ap 13, 8; 17, 8); "los que no estaban ins-
critos en el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego" (Ap 20, 15).

Con estos antecedentes se comprende fácilmente que la conversión bautismal
pueda manifestarse también mediante la renuncia al nombre secular y la asunción
de un nuevo nombre. Una vida nueva que comenzaba también con un nombre
nuevo. De hecho esta idea del cambio de nombre también ha originado otros des-
arrollos posteriores: ya desde el siglo VI hay ejemplos de cambio de nombre en el
ingreso a la vida monástica. Y Juan II en el 532 fue el primer papa que cambió su
nombre. Y aún ahora: desde su elección Karol Wojtyla se llama Juan Pablo II.
3. Las normas canónicas
La norma fundamental se encuentra en el Código de Derecho Canónico:

252
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
"Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre
ajeno al sentir cristiano" (can. 855).
La responsabilidad del cumplimiento de la norma recae en primer lugarsobre
los padres de la criatura. Secundariamente, si aquellos no cumplen, en los padri-
nos y en el párroco. Se trata de una norma de alcance limitado porque en reali-
dad tiene en cuenta solamente el bautismo de párvulos. En el caso de un adulto,
es obvio que la elección del nombre ya no es un derecho de los padres sino de
quien se bautiza.

No se pide un nombre explícitamente cristiano, sino que solamente se exclu-
yen de manera negativa los nombres "ajenos al sentir cristiano". ¿Cuálés podrí-
an ser? Precisamente los contrarios de los habitualmente aconsejados, es decir,

los de personajes para nada "ejemplares" (por ejemplo, Judas Iscariote, Lucifer,
Satanás, Demonio, Nerón, Hitler, etc.) o de vicios y pecados (Lascivia, Envidia,
Soberbia, Adulterio, Aborto, etc.)'.

En el derecho anterior, el nombre cristiano debía imponerse aún contra la
voluntad de los padres. Así mandaba el viejo can. 761: "Procuren los párrocos
que se imponga nombre cristiano al bautizado, y si no pudieren conseguirlo, aña-
dan al dado por los padres el nombre de algún Santo y consignen ambos en el
libro de bautizados". En el Libro de Bautismos el nombre añadido pasaba a ocu-

par el primer lugar: "añada el nombre de algún santo cuyo patrocinio ampare al
bautizado... poniendo el nombre impío o escandaloso entre paréntesis'.

Giovanni Guareschi en sus novelas humorísticas sobre la difícil convivencia de
un párroco católico y de un alcalde comunista en un pueblo italiano en la década del
cincuenta, cuenta que cuando Peppone (el alcalde) llevó su hijo a bautizar, decidió

llamarlo Lenin Stalin. Don Camilo (el párroco) se opuso terminantemente (¡eran
nombres "impíos"!) y la cuestión se dirimió en un campanario transformado en ring
de boxeo. Finalmente ambos llegaron, magullados y maltrechos, al bautisterio. Don
Camilo bautizó solemnemente al niño con el nombre de Lenin Stalin Camilo.

Cuando los feligreses le pidieron cuentas por este nombre, el párroco sonrió soca-
rronamente y respondió: "donde hay un Camilo nada pueden ni Lenin ni Stalin".

Coincidimos con la reflexión de Fornieles: "pensamos que es una contradic-
ción —o burla inadmisible— ...abrazar la fe y al mismo tiempo elegir un nombre
radicalmente opuesto a la fe cristiana, como si rechazaran los medios de salva-
7 Una norma orientativa se encontraba en el antiguo ritual del bautismo: "procure el Párroco que no se
impongan nombres obscenos, fabulosos o ridículos, o de los dioses vanos o de hombres paganos impíos"
(Ritual de 1614). El Concilio Plenario de América Latina añade: "escandalosos, torpes, novelescos (tele-
visivos, diríamos hoy)" (Acta et Decreta Concilii Plenarii Americae Latinae, Roma 1899, Decreto 506) y
el Concilio Plenario Argentino remata: "rechacen los nombres ofensivos a la religión... mitológicos... de
vedettes (¿cómo traducir saltatricum?)" (Concilium Plenarium Episcoporum Reipublicae Argentinae,

Buenos Aires 1957, Decreto 388, 1).
8 Acta et Decreta Concilii Plenarii Americae Latinae (Roma 1899) Decreto 506.

EL NOMBRE DE LOS CRISTIANOS
253
ción al mismo tiempo que se los reclama'. Pero no compartimos su sugerencia:
"debería prohibirse al sacerdote bautizar a una persona que pretenda usar una
clase de nombres (Judas Iscariote, Herodes, Zeus, etc. ) tan reñidos con la fe cris-
tiana...". Sería suficiente volver a la disposición de añadir un nombre cristiano.

El canon actual puede parecer demasiado permisivo. En realidad, solamente
se ha querido abrir las puertas a nombres nuevos, propios de las regiones recien-
temente cristianizadas. De todas manera el Catecismo de la Iglesia Católica se
expresa de manera más categórica: "los padres... deben procurar que se de un
nombre cristiano
al que es bautizado" (n. 2165).

El Catecismo, además, amplía el campo de elección: "el nombre de bautismo
puede expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana". ¿Un miste-
rio cristiano? Por ejemplo: Encarnación, Asunción, Visitación, Epifanio, Natalio,
Natacha, Natividad, Pascua. ¿Una virtud cristiana? Ejemplos: Virtudes,
Prudencio, Pía, Piedad, Caridad, Esperanza, Pura, Modesto, Justo.
El Catecismo, por último, formula mejor la conveniencia de llevar el nombre
de un santo: "Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un
modelo de caridad y se le asegura su intercesión". Pero esto nos lleva.a otro tema.

4. El nombre de un santo"
En los primeros tiempos hay total libertad en la Iglesia de Occidente para ele-
gir el nombre. Pero ya desde muy temprano se buscan los nombres de los "héro-
es" cristianos: personajes bíblicos, apóstoles, etc. Dionisio de Alejandría, por
ejemplo, menciona la costumbre de algunos fieles de asumir el nombre de algún
Apóstol. Eusebio de Cesarea narra el caso de cinco fieles egipcios que, afronta-
dos al martirio, renuncian a sus nombres seculares y asumen los de Elías,
Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel.

Poco a poco se desarrolla en la Iglesia la veneración a los mártires y a los san-
tos en general. Esto condujo a elegir el nombre de un santo para los bautizandos,
estableciendo así una especial relación entre el nuevo cristiano y su amigo celes-
tial: la de una especial protección, es decir, el patronato del santo.
Esta costumbre en el primer milenio se difundió especialmente en el reino de
los Francos (Francia y Alemania). En el s. XIII estaba ya sólida y felizmente
difundida en el continente europeo.
Era común dar a los niños el nombre del santo celebrado en el día del naci-
miento. Al celebrar los sucesivos aniversarios, sin embargo, se daba más impor-
tancia al día de la fiesta del santo cuyo nombre había sido recibido en el bautis-
mo (el onomástico) que al día del nacimiento (el cumpleaños).

9 S. FORNIELES, El nombre... , 166.
10 Ibidem, 165.
11 Cf. F. X. WEISER, Handbook of Christian Feasts and Customs, New York 1952, págs. 280-281.

254
MONS. DR. LUIS A. ALESSIO
El "santo bautismal" era considerado como un patrono personal e individual
para toda la vida. Los niños eran familiarizados con la historia y la leyenda de
"su propio santo". Se procuraba inspirar su conducta en la vida y los ejemplos del
patrono y los niños aceptaban agradecidos su amorosa ayuda en todas sus nece-
sidades. Se establecía así una especial y estrecha relación de amistad entre el
individuo cristiano y su santo patrono personal.

¿Cómo se celebraba el onomástico? Normalmente los que llevaban el nom-
bre comenzaban la jornada asistiendo a la Misa del Santo. De regreso al hogar
recibían no solamente las felicitaciones sino pequeños regalos. Seguía un des-
ayuno festivo en una bien adornada mesa. Para el festejado, el resto del día era

libre de las habituales tareas cotidianas y transcurría en la manera y costumbre de
un verdadero día festivo.
Cuando los reformados atacaron el culto a los santos la celebración del ono-
mástico se hizo casi una norma (Catecismo Romano de 1566) y constituyó un
poderoso medio pastoral para mantener vivo el pensamiento de la Iglesia.

Es interesante notar que en las áreas hispanoparlantes no se evitaba dar el
nombre de Jesús a los niños mientras que otras naciones cristianas se abstenían
de hacerlo por un especial sentido de reverencia'2 (casi por la misma razón por la
que ningún papa ha elegido el nombre de Pedro).

Tampoco evitaban el nombre de María para las niñas. Incluso algunos de sus
títulos litúrgicos: Dolores, Concepción, Asunción, Consuelo, Pura, Estela (ste-
lla), Socorro, Mercedes, etc. Una costumbre similar prevalece entre los Sirios y
Caldeos, donde, junto al nombre de la Santísima Virgen (Miriam) otros nombres
referidos a la Virgen se daban a las niñas Kamala (la perfección de María);

Jamala (su belleza), 'Afifa (su pureza); Farida (su singularidad), etc.
5. El cambio de nombre
Con el aval de un autor de la talla de San Alfonso María de Ligorio muchos
autores coinciden en afirmar que el nombre bautismal puede ser cambiado en la
confirmación y aún en otros momentos y aún por privada autoridad. Si se reali-
za sin modificación de los registros eclesiásticos (es decir, con autoridad priva-
da), equivaldría prácticamente a la elección de un seudónimo.

Es claro que esta doctrina debe tomarse con cuidado sobre todo porque el
nombre bautismal está registrado en los libros parroquiales que son documentos
públicos que el párroco no puede modificar sin autorización del Obispo, autori-
zación que debe constar en el Libro de Bautismos (y eventualmente en los de
12 Notable el caso de Irlanda. En los documentos antiguos no se encuentra nadie con el nombre de sus san-
tos, ni siquiera el de s. Patricio, su amado patrono. Este hecho es explicado por la actitud humilde y devo-
ta del pueblo celta. Pero algunos grupos gustaban llamarse "los servidores" (gil, mal)" de nuestro Señor y

-de los santos. De allí los nombres de Gilmartin (servidor de san Martín); Gilpatrick (de s. Patricio),
Gilmary (de la Virgen), Gilchrist (de Cristo).

EL NOMBRE DE LOS CRISTIANOS
255
Confirmación y de Matrimonios). Cualquier contradicción entre el Libro de
Bautismos y los documentos civiles podría crear dificultades, máxime donde las

leyes no facilitan el cambio de nombre'.
Sin embargo, pueden darse causas razonables para el cambio de nombre con
autorización de la autoridad eclesiástica. Por eso, no puede ni excluirse ni negar-
se a priori máxime teniendo en cuenta que normalmente no ha sido posible ele-
gir el nombre cristiano.

El cambio de nombre no es fácil en el orden civil. Y esto a pesar de que pres-
tigiosos juristas hayan afirmado que "el derecho al nombre, conlleva el de cam-
biarlo o adicionarlo por razones de orden privado o de interés generar", y hayan
acusado algunas disposiciones legales de avanzar por sobre el derecho de los

padres y de colocarse así a extramuros de la Constitución Nacional.
La ley argentina es severa: "después de asentados en la partida de nacimien-
to el nombre y apellido no podrán ser cambiados ni modificados sino por resolu-
ción judicial, cuando mediaren justos motivos...".
En 1961 la Cámara Civil de la Capital resolvió favorablemente la petición de
una mujer llamada Amalia Beatriz para adicionar el nombre de Rut y esto por su
conversión' al judaísmo. Es interesante observar que incluso el voto en disidencia
sugiere una actitud práctica de compromiso: "Nada obsta que para los fines o prác-

ticas de su nuevo credo figure con el o los nombres que desee... en cambio, en sus
documentos y actos oficiales de la vida civil, debe continuar usando los actua-

les..."''. Es probable que una fuerte experiencia de conversión pueda justificar el
cambio de nombre en la Iglesia y que ese motivo no sea admitido en el orden civil.
En ese caso puede asumirse el criterio práctico que acabamos de citar: usar el nuevo

nombre cristiano en la vida cotidiana y el nombre civil en los documentos y actos
oficiales. Especialmente teniendo en cuenta que la misma ley dice que "cuando el
seudónimo hubiere adquirido notoriedad, goza de la tutela del nombre" (art. 23).
6. El nombre de los hijos adoptivos
El cambio del apellido de los hijos adoptivos no entra en el tema que estamos
tratando. Pero conviene profundizarlo por su importancia para preservar la identidad
de las personas, dejando para el final el cambio de nombre de los hijos adoptivos.

Ante todo hay que tener en cuenta que los nombres de los padres naturales no
pueden perderse en el olvido. Además de las razones humanas y espirituales,
13 F. M. CAPPELLO, Tractatus canonico-moralis de Sacramentis. Vol. 1, Roma-Turín 1953, 68, pág. 151. Cf.
Concilium Plenarium Episcoporum Reipublicae Argentinae, Buenos Aires 1957, Decreto 388, 3: "Para
evitar confusiones hay que procurar que en general el nombre dado en el bautismo sea el mismo que el
que se inscribe en el Registro civil".

14 C. S. FAYT, El Nombre. Un atributo de la personalidad, Buenos Aires 1996, pág. 25.
15 Ley N. 18.248 del 10 de junio de 1969, art. 15.
16 C. S. FAYT, El Nombre..., pág. 70.


256
MONS. DR. Luis A. ALESSIO
habrá que tener en cuenta los riesgos de incurrir sin saberlo en los impedimentos
de consanguinidad o de parentesco legal. Por consiguiente, los nombres de los

padres naturales deben constar en algún documento eclesiástico.
En consecuencia el problema es el siguiente: ¿han de anotarse en el Libro de
Bautismos también los padres naturales? La respuesta es en principio afirmativa
(can. 877 § 3) pero hay que remitirse a la legislación particular. La Conferencia
Episcopal Argentina ha promulgado su decreto el 12 marzo 1991 teniendo siem-
pre presente la legislación argentina'7. Las determinaciones de la CEA son las
siguientes:

Cuando existe sentencia judicial, de adopción plena o de adopción simple, se
anula la partida con la autorización por decreto del Ordinario y se realiza una
nueva partida. Los nombres y apellidos que se consignen en dicha sentencia pue-
den anotarse en la nueva partida. ¿Qué se hace entonces con los nombres y ape-

llidos de los padres naturales?
Hay que distinguir entre las figuras legales de la adopción simple y de la
adopción plena:
a) La adopción simple confiere al adoptado la posición de hijo legítimo pero
no crea vínculo de parentesco entre aquél y la familia de sangre del adoptante,
sino solamente a efectos precisamente determinados (art. 20), entre ellos el de

llevar el apellido del adoptante pero al cual se podrá agregar el propio (art. 23).
La adopción simple es revocable (art. 28). Por eso en el caso de adopción simple
basta consignar el nombre de los padres verdaderos en nota marginal.

b) La adopción plena confiere al adoptado una filiación que sustituye la de
origen. El adoptado deja de pertenecer a su familia de sangre (con J. Mazzinghi se
podría decir que este es un caso de "soberbia legislativa" ya que supone que una
ley humana puede suprimir la naturaleza) y tiene, en la familia del adoptante, los
mismos derechos y obligaciones del hijo legítimo (art. 14). La adopción plena es
irrevocable (art. 18), cosa que Guillermo Borda considera como "un grave error
de la ley. Lo que verdaderamente es irrevocable es el hecho biológico de haber
sido concebido y nacido de los padres de sangre. Y resulta que este hecho, irre-

vocable por naturaleza, pretende ser revocado por una decisión judicial".
En este caso, para los registros eclesiásticos habrá que proceder de la siguien-
te manera: 1. en la partida de bautismo una nota marginal que envíe a la anota-
ción reservada que se hará 2. en un libro "ad hoc" en el archivo secreto de la curia
diocesana: se anotará el nombre de los padres naturales con indicación del libro

y folio del acta original (parroquial) del bautismo.
Este libro deberá consultarse por el posible impedimento de consaguinidad o
de parentesco legal. También para la ley civil subsisten los impedimentos matri-
moniales, aún en el caso de adopción plena (arts. 14 y 26).
17 Ley nacional 19.134 sobre el régimen legal de adopción del 30 de junio de 1971.

EL NOMBRE DE LOS CRISTIANOS
257
En cuanto al nombre de pila, la ley argentina" dispone que cuando un menor
de seis años sea adoptado, los adoptantes podrán pedir el cambio del nombre de
pila (art. 13), que también podrá ser cambiado o modificado en otros casos por
resolución judicial cuando mediaren justos motivos (art. 15) y una vez produci-
do el cambio se rectificará la partida también de los hijos menores y la de matri-
monio (art. 19).

7. A modo de conclusión
El panorama actual no es alentador. Es verdad que, gracias a Dios, persisten
todavía los José, María, Francisco, Pedro, Juan, Isabel, Teresas, etc. Pero el dete-
rioro es evidente. Ante todo en las motivaciones para la elección del nombre:

causas sentimentales (homenaje a seres queridos, parientes, benefactores, ami-
gos), interés por lo raro y novedoso (un nombre no común y, si fuera posible,
exótico), búsqueda de una especial eufonía. Pero también, el burdo seguimiento
de los nuevos "héroes" de una sociedad desangelada: los personajes de telenove-

las, los jugadores del deporte preferido. Quizás el punto de no retorno lo ha
alcanzado aquel país latinoamericano cuyos magistrados han debido llamar la
atención sobre nombres de marcas de autos y de perfumes y hasta siglas de orga-
nismos públicos. ¡Los ejemplos mencionados son elocuentes: Anemia, Billar,
Cliché, Hitler, Culicia, Aborcio, Adicta, Criterio, Axila, Agfa, Aiwa, Bayer,
Casio, Alitalia!

Por eso parecía conveniente volver a recordar las normas de la Iglesia y sobre
todo su espíritu. Quizás así pueda remontarse la corriente. Porque "Dios llama a
cada uno por su nombre. El nombre de todo hombre es sagrado. El nombre es la

imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del que lo lleva"
(Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2158).
18 Ley 18.248, promulgada el 10 de junio de 1969.


AADC VIII (2001) 259-262
LOS NUEVOS ESTATUTOS DE «CONFAR»
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA
1. Por Decreto del 8.9.2000, la Congregación para los Institutos de vida con-
sagrada y Sociedades de vida apostólica (CIVCSVA), confirmó los Estatutos de
CONFAR "aprobados anteriormente y actualmente revisados para adaptarlos a
las presentes circunstancias'.
En la «Presentación» de los mismos, su Presidenta afirma el verdadero obje-
tivo de la reforma estatutaria:
"Transcurrido un tiempo desde la erección de nuestra
Institución [20.3.1997] y desde la aprobación de los antiguos
Estatutos, esta Conferencia buscó clarificar lo que tuviera que ver
con las CONFAR filiales de manera que el lenguaje fuera lo más

diáfano posible y se constituyera en herramienta que favoreciera
la comunión"2.
2. Ciertamente, los mayores cambios se encuentran en el capítulo titulado
«CONFAR filiales»'. A fin de percibir mejor los cambios veamos comparativa-
mente el articulado, resaltando en cursiva las modificaciones introducidas:

art. 60 (anterior)
art. 58 (actual)
La organización de religiosas y religiosos
La organización en el ámbito diocesano,
en el ámbito diocesano, interdiocesano o
interdiocesano o regional, se constituye
regional, se constituye por iniciativa de las
por iniciativa de las/os Superioras/
religiosas y los religiosos del lugar y/o por
Superiores mayores o sus representantes
iniciativa de la Junta Directiva Nacional.
del lugar y/o por iniciativa de la Junta
Directiva Nacional.
1 Al respecto ver: HEREDIA C. Las asociaciones diocesanas de superiores religiosos. A propósito del nuevo
estatuto de CONFAR: AADC 5 (1998) 315-320.
2 El 30.8.1999 se convocó la Asamblea Extraordinaria de CONFAR para el 4 de noviembre, y el 8 de octu-
bre del mismo año se remitió la propuesta de reforma.
3 Tiene la misma cantidad de artículos (8), si bien la incorporación del contenido del art. 53 del Estatuto
anterior en el actual art. 52, y la supresión del art. 58 de la redacción anterior sobre la composición de las
CONFAR regionales, introduce una diferencia numérica equilibrada por la inclusión del nuevo art. 60.

260
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
art. 61 (anterior)
art. 59 (actual)
Reunidos en Asamblea las religiosas y los
Reunidos en Asamblea las/os Superioras/
religiosos eligen sus autoridades y redac-
Superiores mayores o sus representantes
tan sus propios Estatutos, que presentan a
eligen sus autoridades y redactan su pro-
la Junta Directiva Nacional, la cual reco-
pio Reglamento, que presentan a la Junta
noce dicha organización como CONFAR
Directiva Nacional, la cual reconoce dicha
diocesana, interdiocesana o regional tras
organización como filial CONFAR en la
la aprobación de sus Estatutos.
diócesis, la provincia eclesiástica o región
tras la aprobación de su Reglamento.
La conformación de las filiales, en consonancia con las explicaciones de la
CIVCSVA dadas a los Estatutos de 1997, se muestra homogénea con la natura-
leza de la CONFAR: son asociaciones de Superiores/as Mayores y no de religio-
sos/as presentes en una determinada diócesis, provincia eclesiástica o región.
Digno de notarse es que estas modificaciones no se encontraban en la propuesta
remitida a los miembros de CONFAR el 8.10.1999.

El nuevo Estatuto omite el art. 58 referido a la constitución de las CONFAR
regionales, pero dejó el art. 59 en el mismo lugar cuando en mejor técnica jurí-
dica debería haber sido pospuesto al final. Sin embargo, la nueva redacción rati-

fica lo dicho antes:
art. 59 (anterior)
art. 57 (actual)
Las CONFAR interdiocesanas se constitu-
Las CONFAR interdiocesanas se constitu-
yen con las religiosas y los religiosos de
yen con las Superioras/es o sus represen-
más de una diócesis cuando razones
tantes de más de una diócesis cuando
numéricas o de otro tipo así lo aconsejen.
razones numéricas o de otro tipo así lo
" aconsejen.
En nuevo número (el art. 60), con mayor precisión aún afirma:
Las CONFAR filiales en las diócesis, en las provincias eclesiásticas y/o

regiones eligen sus autoridades de acuerdo a los procedimientos señalados en su
reglamento aprobado. Los elegidos asumen el cargo cuando son Superiores
Mayores o Delegados permanentes del Instituto en la dicha circunscripción.

La mayor relevancia dada a los Superiores Mayores se manifiesta también en
la modificación introducida en el art. 52 cuando, al describir su configuración, se
afirma que "cada uno de los Departamentos tendrá como referente a un
Superior/a Mayor'".
4 El añadido en el art. 18.4 de «debidamente acreditados» a los representantes de los Presidentes de las filia-
les en la Asamblea General de CONFAR no añade nada importante sino que realiza una precisión con inci-
dencia en la validez de las decisiones de dicha Asamblea.


Los NUEVOS ESTATUTOS DE CONFAR
261
3. Como lo señalábamos en el estudio antes citado, la expresión «represen-
tante» no es clara, pues podría ser interpretada no sólo de un Superior local sin
más sino de hasta cualquier religioso, incluso sin domicilio canónico en esa cir-

cunscripción. No obstante, continúa teniendo vigencia lo afirmado por el
Prefecto de la CIVCSVA el 20.11.1997: se trata de los legítimos representantes
del Superior Mayor respectivo "cuando éstos residen fuera de la mencionada cir-
cunscripción". Quizás sea ésta la razón por la cual se dejaron los términos «del

lugar» en el art. 58, pero mejor sería utilizar —como lo hace el art. 60— la expre-
sión «Delegado permanente» del Superior Mayor.
4. La expresión «CONFAR filiales diocesanas, interdiocesanas y regionales»
ha sido sustituida en la mayoría de los casos por de CONFAR «filiales en las dió-
cesis, en las provincias eclesiásticas y/o regiones»5, o simplemente por «CON-
FAR filiales»'. ¿Se trata de algo más que un mero cambio gramatical?, ¿ayudará
a comprender las filiales no como organismos dependientes (en cuanto líneas de

pensamiento y acción) de una organización nacional sino como articulaciones
locales que responden a las circunstancias de historia y lugar de las diversas igle-
sias particulares?, ¿esto evitará concebir las filiales como organismos paralelos a
las estructuras episcopales? Confiamos que sí.

Considero que el objetivo propuesto por CONFAR ha sido alcanzado en el
texto: sus filiales están conformadas por Superiores Mayores o sus Delegados per-
manentes en la circunscripción, pero sólo la praxis permitirá.verificarlo en lo con-
creto de la vida de las iglesias particulares "en las cuales y desde las cuales existe

la Iglesia católica una y única" (LG 23; CIC can. 368), al servicio de las cuales el
Espíritu Santo distribuye los carismas de vida consagrada cuyo ejercicio está some-
tido al discernimiento, valoración y promoción de la jerarquía (cf. LG 12).
5 En el Estatuto ahora vigente, ver los arts. 33.7, 39.4, 41.3, 47, 55, 57-62.
6 Son los actuales arts. 25.3, 48


AADC VIII (2001) 263-274
LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES.
ALGUNAS MODIFICACIONES EN LAS CONDICIONES
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA
1. Como lo había anticipado ya Piero Amentai, la Congregación para el culto
divino y la disciplina de los sacramentos recientemente ha modificado —luego de
una formulación que podemos considerar preliminar— el rescripto por el cual se
concede la dispensa de las obligaciones sacerdotales que, en el caso de los con-
sagrados, conlleva también la dispensa de los votos u otros vínculos sacros.

Más allá de algunas variaciones en el orden de los párrafos, las principales
diferencias se encuentran en las disposiciones («praeceptorum») que imponen
limitaciones a los eventuales ministerios, tareas o funciones y oficios del sacer-
dote dispensado. Con ello también se introduce alguna variación en la legislación
vigente, contenida en el art. 5 de las «Normas sustanciales» promulgadas por la

S. Congregación para la doctrina de la fe el 14.10.19802.
2. Una precisión acerca de la naturaleza de este acto administrativo singular
es que la dispensa ahora tiene efecto desde el momento de la notificación (n. la)
y no desde la concesión como ocurría hasta ahora, acercándolo al indulto de sali-

da que conlleva la dispensa de votos del can. 692. En una palabra, se ha retorna-
do de la notificación en forma directa o graciosa a la praxis de la notificación

«comissoria», por lo cual, el peticionante eventualmente podría no aceptar la dis-
pensa de las obligaciones sacerdotales y retornar al ejercicio del ministerio sacer-
dotal. Es un modo de encontrar una solución a peticiones de dispensa realizadas

de un modo intempestivo y de instrucciones demasiado rápidas, que no tienen en
cuenta situaciones personales afectadas por circunstancias anímicas y afectivas
conyunturales.

1 Cf. La dispensa dagli obblighi della sacra ordinazione e la perdita della stato clericale: Periodica 88
(1999) 331-359; 11 rescritto di dispensa dagli obblighi dello stato clericale nell'ambito dell'attivitá ammi-
nistrativa della Chiesa:
Periodica 88 (1999) 467-499

2 La traducción de este documento en: HEREDIA C. I. Los procesos eclesiásticos diocesanos. Documentos y
modelos de formularios Educa (Buenos Aires 2000) 186-193. La traducción del rescripto hasta hace poco en
uso en las págs. 233-235. Un cuadro comparativo de la evolución hasta el formulario en uso y su traducción
en los apéndices.

264
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
3. La nueva formulación precisa que el sacerdote dispensado no puede ejer-
cer ninguna función directiva en el ámbito pastoral, lo que incluye el oficio de
administrador parroquial descripto en los cáns. 545-552 (calificado con menos
exactitud de «munera» en el n. 5, b). También se explicita la prohibición de ejer-

cer, además del ministerio extraordinario de la distribución de la Comunión, los
ministerios de lector y acólito (cf. n. 5, f).

4. Mientras se mantiene la prohibición para el presbítero dispensado de ense-
ñar en los Seminarios o institutos equiparados a los mismos (v.g. los Institutos de
formación de los religiosos) y tampoco pueden enseñar teología u otra ciencia

íntimamente conexa con la misma en los institutos de estudios de grados supe-
riores no dependientes de la autoridad eclesiástica', en consonancia con el can.
805, la prohibición de enseñar en los institutos de estudios de grados inferiores
dependientes de la autoridad eclesiástica ahora se limita a las disciplinas propia-
mente
teológicas.

Por otra parte, en el inciso c del n. 5 se ha eliminado la prohibición de enseñar
en los institutos de estudios de grados superiores dependientes de algún modo de
la autoridad eclesiástica (por ej. nuestros profesorados católicos). No obstante, por
coherencia con la limitación impuesta en el inciso d del mismo número, conside-
ro que en tales institutos superiores no podrían enseñar ninguna ciencia sagrada,
y esto por aplicación del can. 812 ya que quienes enseñan "disciplinas teológicas
en cualquier instituto de estudios superiores deben tener mandato de la autoridad

eclesiástica competente", lo cual no obsta para que enseñen otras asignaturas.
La limitación de la enseñanza de las ciencias sagradas (al igual que la prohi-
bición de dar la homilía) se entiende por cuanto de algún modo la misma impli-
ca una participación del docente en el «munus docendi» de la Iglesia, al cual el
peticionante —al solicitar la dispensa de las obligaciones sacerdotales— también
renuncia, junto al ejercicio del «munus regendi seu pastorali» (cf. n. 5 b) y al
«munus sanctificandi» (cf. n. 5 f).

5. Ahora corresponde al Obispo diocesano (no a los vicarios generales o epis-
copales) del domicilio o del lugar de residencia del sacerdote dispensado conce-
der —observadas las cautelas necesarias— la dispensa de la residencia en el lugar
donde era conocido como sacerdote (n. 6).

* * *
3 El rescripto continúa utilizando la expresión "disciplina propiamente teológica o íntimamente conexa con
la misma" que —según afirma P. Amenta— sería una extensión del mandato exigido en el can. 812 sola-
mente para las «disciplinas teológicas» (cf. 11 rescritto... , 494).

LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES. . .
265
En una mirada de conjunto, podríamos decir que las condiciones establecidas
en la nueva formulación del rescripto son más benévolas para los sacerdotes dis-
pensados como esperaban algunos sectores para los cuales resultaba incompren-
sible que la Iglesia no pudiera aprovechar la formación que ella misma había

dado a muchos clérigos que por diversas circunstancias habían abandonado el
ministerio.

Además, no tiene menor importancia la limitación de la prohibición de ense-
riar a las solas ciencias sagradas para facilitar la reinserción en un mercado labo-
ral que tiende a achicarse, dejando el asunto en manos del Obispo diocesano que
deberá oír a quienes corresponda, sopesar todas las circunstancias y evitar en

todos los casos el peligro de escándalo.

266
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
APÉNDICES
I. Traducción del formulario actual
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. ...
El Sr. N.N. presbítero de la Diócesis de... pide humildemente la dispensa del
sagrado celibato y de todas las obligaciones conexas con la sagrada Ordenación.
S.S. JUAN PABLO Papa II,
el día...,
habiendo recibido la relación sobre el caso de la Congregación para el Culto
Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha concedido lo solicitado según las

siguientes condiciones:
1. El Rescripto de dispensa notificado cuanto antes por el Ordinario compe-
tente al peticionante a norma del n. 2:
a) Surte efecto al momento de la notificación;
b) Comprende inseparablemente la dispensa del sagrado celibato sacerdotal

junto con la pérdida del estado clerical. El peticionante nunca podrá separar aque-
llos dos elementos, o sea, aceptar el primero y recusar el otro.

c) Además, si el peticionante es religioso, el Rescripto concede también la
dispensa de los votos.
d) Asimismo, también comprende la remisión de las censuras cualquiera que
ellas sean.
2. La notificación de la dispensa al peticionante puede hacerse personalmen-
te, por el mismo Ordinario o su delegado o por actuario eclesiástico o por carta
certificada. El Ordinario debe remitir un ejemplar debidamente firmado por el

LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES.. .
267
peticionante dando fe de la recepción del Rescripto de la dispensa y al mismo
tiempo la aceptación de sus prescripciones.
3. Anótese en el Libro de bautismos de la parroquia del peticionante la con-
cesión de la dispensa.
4. Acerca a la celebración del matrimonio canónico, aplíquense las normas
que se establecen en el Código de Derecho Canónico. Sin embargo, el Ordinario
cuide que la misma se realice con cautela, sin pompa ni fasto exterior.

5. La autoridad eclesiástica, a la cual compete comunicar el Rescripto al peti-
cionante, exhórtelo para que participe de la vida del Pueblo de Dios según su
nueva condición, ofrezca buen ejemplo y así se muestre como hijo fiel de la
Iglesia. Al mismo tiempo, hágale saber lo siguiente:

a) el presbítero dispensado por eso mismo pierde los derechos propios del
estado clerical, las dignidades y los oficios eclesiásticos; además, no está más
obligado por los deberes conexos con el estado clerical;

b) permanece excluido del ejercicio del sagrado ministerio, excepto de lo pre-
visto en los cáns. 976 y 986 § 24, y —por lo tanto— no puede realizar la homilía ni
puede ejercer un oficio directivo en el ámbito pastoral ni desempeñar la tarea de

administrador parroquial;
c) del mismo modo, no puede desempeñar ninguna tarea en los Seminarios y
en los Institutos equiparados. En los demás Institutos de estudios de grados supe-
riores [= niveles terciario y universitario] que dependen de algún modo de la
autoridad eclesiástica', no puede ejercer la función directiva;

d) en los Institutos de estudios de grados superiores no dependientes de la
autoridad eclesiástica, no puedeii enseñar ninguna disciplina propiamente teoló-
gica o íntimamente conexa con la misma;

e) sin embargo, en los Institutos de estudios de grados inferiores dependien-
tes de la autoridad eclesiástica no puede ejercer uná tarea directiva o el oficio
4 Nota del traductor: El can. 976 dispone: "Todo sacerdote, aun desprovisto de facultad para confesar, absuel-
ve validamente a cualquier penitente que se encuentre en peligro de muerte; y absuelve lícitamente de cual-
quier censura y pecado, aunque se encuentre presente un sacerdote aprobado". Al respecto el can. 1357 §
3 prescribe: "Tienen el mismo deber de recurrir, después de haberse restablecido de su enfermedad, a quie-
nes —según el can. 976— se les remitió una censura impuesta o declarada, o reservada a la Sede Apostólica".
El can. 986 § 2 dice: "...en peligro de muerte, cualquier sacerdote (está obligado a oír las confesiones de
los fieles)". Debemos recordar que, "hecha siempre la excepción del sacramento de la Penitencia en peli-
gro de muerte, ningún fiel puede legítimamente pedirles un sacramento" (Pontificio Consejo para la
Interpretación de los Textos Legislativos Declaración sobre la recta interpretación de la segunda parte del
can. 1335 del CIC
19.5.1997, n. 3: AAS 90 [1998] 63-64; Communicationes 29 [1997] 17-18).

5 Nota del traductor: Según el can. 803 § 1 se considera que dependen de algún modo de la autoridad ecle-
siástica competente los institutos educacionales «católicos» de cualquier grado, es decir, aquellos que han
sido erigidos por el Obispo diocesano, la Conferencia Episcopal o la Santa Sede, o que pertenecen a per-
sonas jurídicas eclesiásticas públicas (por ej. institutos religiosos, parroquias, asociaciones católicas públi-
cas, etc.).


268
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
docente de disciplinas propiamente teológicas. A la misma ley está obligado el
presbítero dispensado en lo que respecta a la enseñanza de la Religión en los
Institutos del mismo género no dependientes de la autoridad eclesiástica%

f) de por sí, el presbítero dispensado del celibato sacerdotal, y más aún el
sacerdote unido en matrimonio, debe ausentarse de los lugares en los que era
conocida su anterior condición y no puede desempeñar en ninguna parte el ser-

vicio de Lector y Acólito ni la distribución de la comunión eucarística.
6. El Ordinario de la diócesis del domicilio o del lugar en que reside el peti-
cionante, según su prudente juicio y conciencia, oído a quienes interesa y bien
ponderadas las. circunstancias, puede dispensar de la cláusula 5, f del Rescripto,
pero solamente en cuanto se refiere al domicilio del peticionante.

7. De ordinario, pasado algúñ espacio de tiempo desde la notificación de la
pérdida del estado clerical, prolónguese esa dispensa y consígnese por escrito.
8. Por último, impóngase al peticionante alguna obra de piedad o caridad.
9. En el momento oportuno, el Ordinario competente refiera brevemente a la
Congregación la notificación realizada y —si existe alguna admiración en los fie-
les— provea una prudente explicación.
No obstante cualquier disposición en contrario.
En la Sede de la Congregación, el día...
Día de la notificación
Firma del peticionante como signo de recepción
Firma del Ordinario
6 Nota del traductor: El can. 805 dispone: "El Ordinario del lugar, dentro de su diócesis, tiene el derecho de
nombrar y aprobar los maestros de religión, así como de remover o exigir que sean removidos cuando así
lo requiera una razón de religión o moral".


LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES.. .
269
II. Comparación de los formularios 2000-2001
Dnus... petiit dispensatioem a sacerdotali coelibatu et ab omnibus oneribus sacrae Ordinationi
conexis.
SS.mus D.N. Ioannes Paulus, Papa II, die... habita relatione de casu a Congregatione de Cultu

Divino et Disciplina Sacramentorum, precibus annuit iuxta sequentes rationes:
TEXTO A
TEXTO B
TEXTO C
1. Dispensatio vim habet ab
1. Dispensatio vim habet ab
= la
ipso momento concessionis;
ipso momento concessionis;
2. Dispensationis Rescriptum,
2. Dispensationis Rescriptum,
1. Dispensationis Rescriptum
, a competenti Ordinario orato-
a competenti Ordinario orato-
a competenti Ordinario orato-
ri notificetur
ri notificetur
ri quamprimum notificandum
ad normam n. 2:

a) Effectum sortitur a momen-
to notificationis;
et amplectitur inseparabiliter
et amplectitur inseparabiliter
b) Amplectitur inseparabiliter
dispensationem a sacerdotali
dispensationem a sacerdotali
dispensationem a sacro coeli-
coelibatu et simul amissionem
coelibatu et simul amissionem
batu et simul amissionem sta-
status clericalis. Nunquam
status clericalis. Nunquam
tus clericalis. Nunquam orato-
oratori fas est duo illa elemen-
oratori fas est duo illa elemen-
ri fas est duo illa elementa
ta seiungere, seu prius accipe-
ta seiungere, seu prius accipe-
seiungere, seu prius accipere
re et alterum recusare.
re et alterum recusare.
et alterum recusare.
Si yero Orator es religiosus,
Si yero Orator es religiosus,
c) Si yero Orator es religiosus,
Rescriptum concedit etiam
Rescriptum concedit etiam
Rescriptum concedit etiam
dispensationem a votis.
dispensationern a votis.
dispensationem a votis.
Idemque insuper secumfert
Idemque insuper secumfert
d) Idemque insuper secumfert,
absolutionem a censuris, qua-
absolutionem a censuris, qua-
quatenus opus sit, absolutio-
tenus opus sit.
tenus opus sit;
nem a censuris.
= 5a
3. Sacerdos dispensatus eo
= 5a
ipso amittit iura clericali pro-
pria, dignitates et officia eccle-
siastica; ceteris obligationibus
cum statu clericali conexis non
amplius adstringitur;

--- 8
.— 8
2. Notificatio dispensationis
fieri potest vel personal iter per
notarium aut ecclesiasticum
actuarium vel per «epistulas

perscriptas» (raccomandata,
certificada, enregistrée, regis-

270
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
tered, einschreiben). Ordina-
rius
unum exemplar restituere
debet rite subsignatum ad
fidem receptionis et acceptio-
nis eiusdem dispensationis ac
simul etiam praeceptorum.

3. Notitia concessionis dispen-
4. Notitia concessionis dispen-
3. Notitia concessionis dispen-
sationis adnotetur in libris bap-
sationis adnotetur in libris bap-
sationis adnotetur in libris bap-
tizatorum proeciae oratoris.
tizatorum proeciae oratoris;
tizatorum proeciae oratoris.
4. Quod attinet ad celebratio-
5. Quod attinet ad celebratio-
4. Quod attinet ad celebratio-
nem canonici matrimonii,
nem canonici matrimonii,
nem canonici matrimonii,
applicandae sunt normae quae
applicandae sunt normae quae
applicandae sunt normae quae
in Codice Iuris Canonici sta-
in Codice Iuris Canonici sta-
in Codice Iuris Canonici sta-
tuuntur. Ordinarius yero curet
tuuntur. Ordinarius yero curet
tuuntur. Ordinarius yero curet
ut res caute peragantur sine
ut res caute peragantur sine
ut res caute peragantur sine
pompa vel exteriore apparatu.
pompa vel exteriore apparatu;
pompa vel exteriore apparatu.
5. Auctoritas ecclesiastica, ad
6. Auctoritas ecclesiastica, cui
5. Auctoritas ecclesiastica, cui
quam spectat Rescriptum ora-
spectat Rescriptum oratori
pertinet Rescriptum oratori
tori notificare, hunc enixe hor-
notificare, hunc enixe hortetur,
notificare, hunc enixe hortetur,
tetur, ut vitam Populi Dei,
ut vitam Populi Dei, ratione
ut vitam Populi Dei, ratione
ratione congruendi cum nova
congruendi cum nova eius
congruendi cum nova eius
eius vivendi condicione, parti-
vivendi condicione, participet,
vivendi condicione, participet,
cipet, aedificationem praestet
aedificationem praestet et ita
aedificationem praestet et ita
et ita amantissimum Ecclesiae
amantissimum
Ecclesiae
probum Ecclesiae filium se
filium se exhibeat. Simul
filium se exhibeat. Simul au-
exhibeat. Simul autem eidem
autem eidem notum faciat ea
tem eidem notum faciat ea
notum faciat ea quae sequun-
quae sequuntur:
quae sequuntur:
tul-.
a) Sacerdos dispensatus eo
= 3
a) Presbyter dispensatus eo
ipso amittit iura clericali pro-
ipso amittit iura clericali pro-
pria, dignitates et officia eccle-
pria, dignitates et officia eccle-
siastica; ceteris obligationibus
siastica; ceteris obligationibus
cum statu clericali conexis non
. cum statu clericali conexis non
amplius adstringitur;
amplius adstringitur;
b) exclusus manet ab exercitio
a) exclusus manet ab exercitio
b) exclusus manet ab exercitio
sacri ministerii, iis exceptis de
sacri ministerii, iis exceptis de
sacri ministerii, iis exceptis de
quibus in cann. 976, 986 § 2 ac
quibus in cann. 976, 986 § 2 ac
quibus in cann. 976, 986 § 2 ac
propterea nequit homiliam
propterea nequit homiliam
propterea nequit homiliam
habere.
habere.
habere,
Insuper nequit fungi ministe-
Ministerio extraordinario dis-
= 5f
rio extraordinario sacrae Com-
tributionis sacrae Communio-
nec potest officium gerere
munionis distribuendae nec
nis fungi nequit nec ipsi con-
directivum in ambitu pastorali
potest officium gerere directi-
credi potest munus directivum
neve munere administratoris
vum in ambitu pastorali;
in ambitu pastorali;
paroecialis fungi;

LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES.. .
271
c) item nullum munus absol-
b) item nullum munus absol-
c) item nullum munus absol-
vere potest in Seminariis et in
vere potest in Seminariis et in
vere potest in Seminariis et in
Institutis aequiparatis.
Institutis aequiparatis;
Institutis aequiparatis.
In aliis Institutis studiorum
c) in Institutis studiorum eccle-
In aliis Institutis studiorum
gradus superioris, quae quo-
siasticorum gradus superioris,
gradus superioris, quocumque
cumque modo dependent ab
quocumque modo dependenti-
modo dependentibus ab Auc-
Auctoritate ecclesiastica, mu-
bus ab Auctoritate ecclesiasti-
toritate ecclesiastica, munere
nere directivo vel officio
ca, munere directivo vel officio
directivo fungi nequit;
docendi fungi nequit;
docendi fungi nequit;
d) in iisdem yero Institutis stu-
d) in Institutis studiorum gra-
d) in Institutis studiorum gra-
diorum gradus superioris ab
dus superioris ab Auctoritate
dus superioris ab Auctoritate
Auctoritate ecclesiastica non
ecclesiastica non dependenti-
ecclesiastica dependentibus
dependentibus nullam discipli-
bus nullam disciplinam pro-
necne, nullam disciplinam
nam proprie theologicam vel
prie theologicam vel cum ipsa
proprie theologicam vel cum
cum ipsa intime conexam tra-
intime conexam tradere potest;
ipsa intime conexam tradere
dere potest;
potest;
e) in Institutis autem studio-
e) in Institutis autem studio-
e) in Institutis autem studio-
rum gradus inferioris depen-
rum gradus inferioris depen-
rum gradus inferioris depen-
dentibus ab Auctoritate eccle-
dentibus ab Auctoritate eccle-
dentibus ab Auctoritate eccle-
siastica munere directivo vel
siastica munere directivo vel
siastica munere directivo vel
officio docendi fungi nequit
officio docendi fungi nequit.
officio docendi disciplinam
proprie theologicam fungi
nequit.
nisi Ordinarius, pro suo pru-
= 7
= 7
denti iudicio et remoto scan-
dalo, ad munus docendi quod
attinet, aliter decernere aesti-
maverit.

Eadem lege tenetur sacerdos
Eadem lege tenetur sacerdos
Eadem lege tenetur sacerdos
dispensatus in tradenda Reli-
dispensatus in tradenda Reli-
dispensatus
in
tradenda
gione in Institutis eiusdem
gione in Institutis eiusdem
Religione in Institutis eiusdem
generis non dependentibus ab
generis non dependentibus ab
generis non dependentibus ab
Auctoritate ecclesiastica;
Auctoritate ecclesiastica;
Auctoritate ecclesiastica;
6. Per se presbyter a sacerdota-
0 per se presbyter a sacerdota-
0 per se presbyter a sacerdota-
li coelibatu dispensatus et a
li coelibatu dispensatus et a
li coelibatu dispensatus et a
fortiori matrimonio iunctus,
fortiori matrimonio iunctus,
fortiori matrimonio iunctus,
abesse debet a locis in quibus
abesse debet a locis in quibus
abesse debet a locis in quibus
eius antecedens condicio nota
eius antecedens condicio nota
eius antecedens condicio nota
est.
est.
est
--
....
nec ubique fungi potest servi-
tio Lectoris et Acolythi aut dis-
tributionis eucharisticae com-
munionis.


272
PBRO. DR. CARLOS 1. HEREDIA
Ordinarius loci commorationis
7. Episcopus dioecesis domici-
6. Ordinarius dioecesis domi-
oratoris tamen, audito, quate-
lii vel commorationis Oratoris,
cilii vel commorationis orato-
nus opus erit, Ordinario incar-
pro suo prudenti iudicio et con-
ris, pro suo prudenti iudicio et
dinationis vel Superiore maio-
scientia, auditis quibus interest
propria onerata conscientia,
ri religioso, dispensare poterit
et circumstantiis bene perpen-
auditis quibus interest et cir-
ab ista clausula Rescripti, si
sis, dispensare potest ab aliqui-
cumstantiis bene perpensis, in
oratoris praesentia scandalum
bus immo ab omnibus clausulis
casu hoc peculiari dispensare
paritura non praevideatur.
rescripti quae supra sub litteris
potest a Rescripti clausula 5, f,
d, e, f, apponuntur, secluso ta-
sed tantummodo quod ad
men semper periculo scandalis.
domicilium oratoris attinet.
.....
Dispensatio yero scripto con-
7. Pro regula habeatur ut hae
signetur.
dispensationes nonnisi trans-
acto aliquo temporis spatio a

notificatione amissionis status
clericalis elargiantur ac scrip-

to consignentur.
= 8
8. Notificatio dispensationis
= 2
fieri potest vel personaliter per
notarium aut ecclesiasticum
actuarium vel per «epistulas
perscriptas» (raccomandata,
certificada, enregistrée, regis-
tered, einschreiben). Orator
unum exemplar

restituere debet rite subsigna-
tum ad fidem receptionis et
acceptionis eiusdem dispensa-
tionis ac simul etiam praecep-
torum.

7. Denique ei aliquod opus
9. Denique ei aliquod opus
8. Denique ei aliquod opus
pietatis vel caritatis imponatur.
pietatis vel caritatis imponatur.
pietatis vel caritatis imponatur.
8. Notificatio dispensationis
= 8
= 2
fieri potest vel personaliter per
notarium aut ecclesiasticum
actuarium vel per «epistulas
perscriptas» (raccomandata,
certificada, enregistrée, regis-
tered, einschreiben). Orator

unum
exemplar restituere
debet rite subsignatum ad
fidem receptionis et acceptio-
nis eiusdem dispensationis ac
simul etiam praeceptorum.


LA DISPENSA DE LAS OBLIGACIONES SACERDOTALES.. .
273
9. Tempore autem opportuno
10. Tempore autem opportuno
9. Tempore autem opportuno
Ordinarius competens breviter
Ordinarius competens breviter
Ordinarius competens breviter
ad Congregationem de peracta
ad Congregationem de peracta
ad Congregationem de peracta
notificatione referat, et si qua
notificatione referat, et si qua
notificatione referat, et si qua
tandem fidelium admiratio
tandem fidelium admiratio
tandem fidelium admiratio
adsit, prudenti explicatione
adsit, prudenti explicatione
adsit, prudenti explicatione
provideat.
provideat.
provideat.
Contrariis quibuscumque minime obstantibus.
Ex aedibus Congregationis, die...


AADC VIII (2001) 275-284
LOS ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
Mons. Dr. José Luis KAUFMANN
En ciertos aspectos de orden administrativo-eclesiástico parece sobrevolar un
fuerte concepto en el sentido de que todo lo que se refiere a "papelería" sería una
burocracia inútil, mientras que lo único realmente importante es la acción pasto-

. ral. Esas afirmaciones se contradicen en sí mismas y no son sino excusas infun-
dadas para parcializar o minimizar la compleja pastoralidad en toda la actividad
de la Iglesia: no hay actividad eclesial que no sea pastoral. Tampoco se trata de
caer en el equívoco de sostener que aquello que es del interés de los medios de
comunicación se identifica con la pastoral, porque sería reducir la actividad de la

Iglesia a una mera subjetividad individualista.
Por lo tanto, negar la dimensión pastoral de los Archivos de las instituciones
eclesiásticas es en realidad un indicio del desconocimiento de la misma pastoral.
Sin embargo, lamentablemente, tales Archivos no ocupan su debido lugar e
incluso todavía no existen en muchas instituciones que sólo acumulan algunos
papeles sin criterios específicos y sin el ordenamiento indispensable. Quizás por

esto, hablar de los Archivos eclesiásticos es como "meter el dedo en la llaga".
De todos modos, la verdad en la caridad puede liberar de la presunta inmu-
nidad de error que se arrogan, particularmente en el campo administrativo, cier-
tas autoridades eclesiásticas. Por lo tanto, no debería entenderse mal aquello que

solamente quiere ser un servicio, una observación, una expresión de comunión
—si bien con todas las limitaciones propias de la misma condición humana— de los

que, sin saberlo todo, se han preparado y esforzado para colaborar dentro de la
compleja realidad de la pastoral.

Por otra parte cabría preguntarse si existe una respetuosa y esmerada atención
a las indicaciones legales al respecto. Un solo ejemplo proclama que el problema
es antiguo. Me remito a lo legislado por el Código Piobenedictino que disponía:

"Al fin de cada año el párroco enviará a la Curia episcopal una copia auténtica
de los libros parroquiales, exceptuado el concerniente al estado de las almas".

1 C1C'17 can. 470 § 3. Cf. N. C. DELLAFERRERA, Los Archivos Eclesiásticos en el Código de derecho
Canónico, en La curia diocesana. Organización, diversos oficios, modelos de formularios Educa (Buenos
Aires 1998') 197-230.


276
MONS. DR. JOSÉ L. KAUFMANN
Quizás en muchas partes esto se ha cumplido con el rigor pastoral que merece,
pero sería interesante hacer público esos casos dignos de elogiosa mención. La
realidad, los hechos, dicen a las claras que con más frecuencia somos rápidos e

implacables para exigir el cumplimiento de la ley en beneficio propio, mientras
somos laxos si un mandato implica mayor esfuerzo de nuestra parte. La conver-
sión del corazón también pasa por estos aspectos pastorales.

Nadie debería asustarse ante la verdad objetiva y, por eso, en lo que respecta
a los Archivos de la Iglesia, el cuestionamiento sobre su adecuada ubicación en
la pastoral de conjunto podría basarse en la precariedad con que el Código de
Derecho Canónico vigente se refiere a los mismos.
Es cierto que prácticamente sería imposible agrupar en el mismo Código toda
la legislación eclesiástica. Por eso, el Legislador ha pr6isto, por ejemplo, que las
Conferencias Episcopales emitan decretos generales y resoluciones que tienen
fuerza legislativa en el ámbito propio de su competencia2. Pero, en otros aspectos,
los organismos de la Curia Romana amplían, explicitan y disponen acerca de lo
codificado por medio de documentos específicos que permiten proceder en todos
los campos dentro de la equidad y en orden a la extensión del Reino de Dios.
Así, la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia ha emiti-
do una Carta circular a todos los Obispos del mundo, sobre "La Función Pastoral
de los Archivos Eclesiásticos",
con fecha del 02 de febrero de 1997, donde con-
sidera la importantísima dimensión de los tales Archivos.

1. Legislación particular sobre el Archivo
Cada jurisdicción eclesiástica suele tener su Legislación particular, de acuer-
do con lo previsto por el Código y deja algunos asuntos a consideración del
Obispo en su condición de Legislador para su Iglesia Particular. Además de lo
establecido estrictamente por el Código, puede legislar también en otros aspec-
tos, según su prudencia pastoral'.
Uno de esos aspectos es el del Archivo Diocesano, si bien antes de la ley es
dable que exista el Archivo, pero, para que el Archivo tenga toda la utilidad pas-
toral, es necesaria una ley que lo reconozca, proteja y defienda.

Al decir "Archivo" me refiero al conjunto de escritos redactados y recibidos
en una Curia diocesana, en una Parroquia, en una Asociación de fieles y en toda
institución, en el curso de su propia actividad y que, por la naturaleza de esos
escritos y por el vínculo entre ellos, están destinados a ser conservados en la
misma Institución.

Dentro de la archivística está gestándose una especie de corriente modernis-
ta que pretende incluir otros elementos en los Archivos, como ser: discos com-
2 Cf. can. 455
3 Cf. can. 391

Los ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
277
pactos, cintas grabadas y otros materiales semejantes, lo cual contradice la defi-
nición misma del Archivo, ya que las materias que constituyen los soportes de

los documentos de Archivo son papiros, tablillas de arcilla, mármol, bronce u
oro, piel, pergamino, papel o seda... y lo importante siempre será que estén escri-
tos. Las filminas, tomadas de los documentos originales, son auxiliares útiles del

Archivo pero no configuran Archivo propiamente dicho, quizás podrían integrar
una "filminoteca", como los discos compactos, una "compactera" o "ciditeca". Si
un documento tuviese como adjunto una fotografía no habrá que desarmarlo,

pero las fotos en general debieran estar ordenadas en una "fototeca".
Cada Archivo refleja la vida de la Institución. En el caso de los Archivos
eclesiásticos, esa vida indica la misma obra de Dios en medio de su pueblo. Es la
memoria histórica de realidades indiscutibles que testifican el accionar pastoral
de quienes nos precedieron en la fe.

"Los Archivos eclesiásticos, conservando la genuina y espontánea documen-
tación nacida en relación con las personas y con los acontecimientos, cultivan la
memoria de la vida de la Iglesia y manifiestan el sentido de Tradición'".
Todo agente pastoral que se precia de tal tiene en particular consideración y
estima el Archivo de su Institución, ya que la documentación allí existente es un
patrimonio que hay que conservar para usarlo y transmitirlo. El contenido del
Archivo oportunamente consultado le permitirá conocer antecedentes, respues-

tas, resoluciones, indicaciones, emitidas por sus antecesores en situaciones seme-
jantes y, con sólidos fundamentos, proceder con prudencia.
La continuidad y coherencia en la administración de toda Institución eclesial
son expresiones de una pastoralidad válida, que nunca debería activarse con
meras improvisaciones, si se quiere respetar el derecho de los fieles.

Estas afirmaciones, como todavía muchas más, fundamentan la necesidad de
una Legislación particular, para que en cada Institución de la Iglesia exista un
Archivo que esté en condiciones para su consulta. Quizás en muchos casos

podría ser que exista un solapado miedo a que la verdad sea conocida: la Iglesia
nunca temió a la verdad; en 1880 León XIII no tuvo reparo en abrir a la consul-
ta pública de los estudiosos la documentación del varias veces centenario
Archivo Secreto Vaticano.

Es cierto que todo esto no es una trivialidad, sino que exige seriedad, conoci-
miento institucional y responsabilidad. Por eso, "el cumplimiento de las muchas
exigencias de los Archivos depende de la profesionalidad de los operadores a los
cuales los Obispos diocesanos confían la gestión y la dirección de los Archivos, y es
consecuencia de su sentido de responsabilidad hacia la Iglesia y hacia la cultura'".

4 PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS BIENES CULTURALES DE LA IGLESIA, Carta circular 'La Función Pastoral
de los Archivos Eclesiásticos' (Ciudad del Vaticano, 02.02.1997), 1, 1
5 PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS BIENES CULTURALES DE LA IGLESIA, Carta circular 'La Función..., 2, 5

278
MONS. DR. JosÉ L. KAUFMANN
2. Un proyecto de "Reglamento de un Archivo Histórico Diocesano"
En un pequeño opúsculo, editado por el Arzobispado de La Plata con el títu-
lo, he presentado un proyecto de Reglamento para un Archivo histórico
Diocesano. No considero ahí en absoluto lo que es el 'Archivo secreto' al que se
refieren los cáns. 489-490, y cuyo cuidado y ordenamiento pareciera estar en
manos del Obispo, lo cual no tiene lógica ni practicidad; sin embargo, nada obs-

taría para que el Obispo pueda confiar ese trabajo al Archivista aunque conser-
vando en su poder la llave de ese Archivo secreto: lo que importa es que el
Archivo exista, esté ordenado y tenga los subsidios que permitan encontrar ense-

guida lo que pudiere necesitarse.
El proyecto de Reglamento de Archivo histórico Diocesano, tiene un primer
título (Principios generales), en el que se expresa que el conjunto quiere encua-
drarse en las normas del Código de Derecho Canónico (art. 1) y que asume las

indicaciones de la citada Carta circular de la Pontificia Comisión para los Bienes
Culturales de la Iglesia, así como todas las directivas que pudieran emanar de
dicha Comisión (art. 2).

El título II (arts. 3 al 10), "El Archivo como instrumento de trabajo al servicio
de la Iglesia", contiene lo esencial de la doctrina archivística, es decir que el
Legislador asume los conceptos definitorios de la ciencia en cuestión (art. 3) y los
expresa para su propio Archivo, en sus etapas de Archivo corriente o de gestión,

Archivo de depósito transitorio y Archivo histórico o de depósito definitivo (art. 4).
Pero, en las Curias diocesanas, la documentación se produce generalmente en
distintas oficinas, por lo tanto se estipula que deben aunarse los criterios en orden
a una mayor funcionalidad y economía (art. 5). En este aspecto habrá que tener
en cuenta el lugar que el organigrama de la Curia otorga al archivista, sin identi-
ficarlo con el oficio del Canciller como hace el Código de Derecho Canónico en

los cáns. 486-489, ya que son oficios claramente distintos.
El Archivo comienza siempre en la Cancillería: es el Archivo in fieri, el
Archivo corriente; continúa su itinerario administrativo cuando la papelería ya no
es del uso habitual de la Curia y se encuentra en un estado de espera, purificación

y acomodamiento en el llamado Archivo de depósito; y se extiende o proyecta en
su servicio histórico cultural indefinidamente, en el Archivo histórico.

En su fase inicial el Archivo se forma con la papelería que llega y con la que
se produce y está en la Cancillería o en otra oficina, custodiado en un orden pre-
visto (art. 6). En ese tiempo, todo el material archivístico (documentos, expedien-
tes, registros, y demás papeles) asume las connotaciones que lo irán pasando al

Archivo de depósito transitorio, también llamado Archivo intermedio (art. 7).
6 Cf. KAUFMANN J. L. Pastoralidad del archivo eclesiástico. Elementos básicos Universidad Católica (La
Plata 2001) 104 págs.

Los ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
279
El Archivo histórico es como la estratificación del material que proviene del
Archivo corriente y/o del Archivo de depósito. La organización del Archivo his-
tórico tiene cuatro partes importantes: a) descarte del material que no debe pasar
al Archivo histórico; b) transferencia de la documentación al Archivo histórico;
c) ordenamiento propiamente dicho, es decir colocación interna del material que
pasa al Archivo histórico; y d) re-ordenamiento, en el caso de que se haya perdi-
do el ordenamiento primitivo o el material deba ser ordenado de nuevo. En el

Archivo histórico estará la documentación que puede ser consultada por el públi-
co, es decir aquella documentación que ya no tiene el secreto propio del Archivo
corriente, o de gestión, y del Archivo intermedio (art. 8).

Con un lamentable "también", como si fuera lo último, el can. 491 § 2, enco-
mienda al Obispo que haya un Archivo histórico. Para llegar a la existencia de
ese Archivo es necesario que existan y funcionen bien las etapas previas, es decir
el Archivo de gestión y el Archivo transitorio, más una valoración responsable y

una selección profesional que no puede hacerse con criterios subjetivos ni indis-
criminadamente. Será necesario que exista un grupo de personas capacitadas que,
con criterios claros y precisos, practique el descarte y favorezca la existencia de
una documentación que sea realmente de valor histórico (arts. 9 y 10).

El título III (arts. 11 y 12), El Archivo como un bien cultural, ubica al
Archivo dentro de los bienes culturales y señala que su objetivo es por fines cul-
turales, limitando su uso a todo aquello que haga peligrar su integridad.

El título IV (arts. 13 al 20), Gestión y uso, comienza indicando que la apertu-
ra del Archivo para la consulta pública será regulada por las normas emanadas del
Obispo (art. 13), ya que en cada jurisdicción habrá que tener en cuenta ante todo
si ya es oportuno abrir al público el Archivo histórico, es decir si ya han pasado al
menos 70 años desde que se inició la actividad diocesana. Asimismo será indis-
pensable contar con personal idóneo, lugares adecuados, equipamiento, seguridad.
El Director del Archivo, aun el más avezado, necesita al menos de una per-
sona que mantenga el orden y atienda la vigilancia del espacio al que accede el
público (art. 14). Nadie podrá entrar a la sala de consulta con bolsos u otro tipo
de contenedores, ni con bebidas de ningún tipo, y en todo caso debe haber un

lugar anterior con armarios individuales donde puedan dejarse los abrigos, bol-
sos, carpetas; ingresando sólo con las hojas en blanco que pueda utilizar durante
su permanencia y lo necesario para escribir. De lo contrario, al menor descuido,
pueden llegar a "perderse" documentos —siempre valiosos— que luego aparecerán

en un cuadro de algún coleccionista o algo por el estilo. Todos los Archivistas tie-
nen amplios conocimientos sobre esas "pérdidas".
Ningún Archivo es un lugar de turismo o de visita cultural. Es cierto que hay
una apertura al público, pero no por satisfacer curiosidades individualistas o gru-
pales sino para la investigación de los estudiosos. Pero también la admisión de

280
MONS. DR. JOSÉ L. KAUFMANN
éstos está reservada sólo al Director del Archivo, responsable del orden propia-
mente dicho, pero también del cuidado y la conservación íntegra del material
documental. El Director evalúa las solicitudes escritas presentadas con cierta
antelación por los interesados. Si hubiera fundamentos para sospechar que pudie-

ran darse ciertos peligros para la integridad del Archivo, el Director tiene el dere-
cho de negar el acceso aún a los investigadores (art. 15). El hecho de que un
Archivo eclesiástico esté abierto a la consulta del público no le quita su peculia-
ridad de "eclesiástico", es decir de propiedad de la Iglesia —que es Jerárquica— y
que tiene su propia Legislación, reconocida y respetada por el Estado.

Las salas de depósito, es decir lo que debería ser el espacio apropiado cientí-
fica y técnicamente para contener toda la documentación del Archivo propia-
mente dicho, tienen el acceso restringido única y exclusivamente al personal que
busca los documentos solicitados por los investigadores en la sala de consulta y
al personal de limpieza y mantenimiento. Nunca se permitirá el acceso al públi-
co (art. 16). Los estudiosos que fueron admitidos para consultar los documentos

tienen a su alcance los inventarios y otros subsidios, mediante los cuales podrán
precisar lo que requieren e indicar su posición en la sala de depósito (art. 16).
Todo investigador tiene conocimiento de que corresponde trasladarse de un lado
a otro dentro de la sala de consulta, salvo por necesidad real de consultar con el
Director y con alguno de sus ayudantes.

Existen documentos que pueden fotocopiarse y fotografiarse, pero en todo
caso se necesitará la anuencia expresa del Director para cada caso. Si el docu-
mento corre peligro de deteriorarse por el tipo de soporte, por el manipuleo o la
excesiva luz, no podrá concederse autorización para ello. Si bien la investigación
es muy importante, el documento mismo lo es mucho más pues es la fuente para
otras investigaciones (art. 17). Nunca se permitirá sacar material del Archivo (ni

documentos ni subsidios ni bibliografía) de la sede del mismo (art. 17).
Por varios motivos, será indispensable tener un estricto registro de las perso-
nas que ingresan al Archivo y del material solicitado y utilizado por cada una de
ellas (art. 18). Si, por ejemplo, no se encontrara un documento que estuvo hasta
tal fecha en su lugar, se controlará quien fue la última persona en consultarlo para

llamarla y pedirle cuenta de su uso y devolución. Pero podría darse que ese mate-
rial haya sido colocado en otra posición, en otra caja o en otro estante, por error
involuntario de quien mantiene el orden; o que se haya adherido a otro docu-
mento, por descuido o negligencia de cualquiera; pero contando con el registro

de personas y documentos usados por cada estudioso podrá hacerse un recorrido
por los lugares posibles y controlar si cada cosa está en su lugar.
Entre los investigadores, hay personas que valoran la documentación, y otras
que no tanto. Apoyar las manos o los brazos sobre un manuscrito del siglo XVIII
puede dañarlo, desplegar ,un documento doblado sin el debido cuidado puede


Los ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
281
quebrarlo, pretender despegar dos o tres hojas que se hayan adherido por la
humedad o el óxido de la tinta puede ocasionar la ruina total del conjunto. Por

eso, si el Director u otra persona del Archivo constatan que alguien no ha sido
suficientemente cuidadoso en la utilización del material que se le confió para la
investigación, puede revocársele por un tiempo determinado o para siempre

(según la gravedad del hecho) el acceso al Archivo (art. 19).
Después que cada investigador concluye su trabajo, éste suele ser publicado.
Por eso es dable que una copia al menos de la edición sea entregada como obse-
quio al Archivo. El conjunto de esas publicaciones, más otras relativas y todo
material subsidiario, constituyen la biblioteca especializada anexa al. Archivo his-
tórico de la Diócesis (art. 20).

El título V, con dos artículos, Coordinación y colaboración entre los Archivos
eclesiásticos, extiende el servicio pastoral del Director del Archivo histórico dioce-
sano a las demás instituciones de la Iglesia que quieran ser informadas y ayudadas
en el ordenamiento de sus Archivos (art. 21), a fin de ofrecer —si es lícito y posible—
aquellos que permiten juzgar valorativamente la obra de la Iglesia en el pasado.

Suele darse que hay documentación acumulada fuera de la sede del
Obispado, quizá al cuidado de alguna familia de sobrinos, por ejemplo, de algún
Obispo ya fallecido, o en alguna Parroquia o Institución que otrora organizó
algún evento diocesano, o también en algún Club social, Delegación Municipal,

Biblioteca Pública, Sociedad de Fomento, sobre visitas pastorales de un Obispo,
u otras por motivos varios. Ese material puede ser recibido y es de desear que sea

entregado, por el valor histórico diocesano, favoreciendo la consulta de los inves-
tigadores (art. 22).
Finalmente, el título VI, Colaboración con Instituciones públicas, en su
único artículo promueve la buena relación de colaboración que debe existir entre
todas las Instituciones públicas, estatales y privadas, a favor del patrimonio his-
tórico de los Archivos (art. 23), lo que incluso permitirá reubicar la documenta-

ción que pudiera existir en un Archivo equivocado.
En cada Diócesis, el Reglamento deberá adecuarse a la propia realidad, pero
sin perder de vista el futuro. Su aprobación se hará por decreto episcopal.
3. El posible "Reglamento de un Archivo Histórico Diocesano"
Título 1
Principios generales
Art. 1) El presente Reglamento entiende encuadrarse en las normas del

Código de Derecho Canónico en materia de documentos y archivos, y aspira a
integrarlas en sentido técnico.
Art. 2) Se asumen las indicaciones y sugerencias de la Carta Circular de la
Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, sobre "La Función

282
MONS. DR. JosÉ L. KAUFMANN
Pastoral de los Archivos Eclesiásticos" del 02 de febrero de 1997, así como todas
las directivas que pudieren emanar de dicho Dicasterio Romano.
Título II
El Archivo como instrumento de trabajo al servicio de la Iglesia

Art. 3) Todo Archivo nace y se desarrolla al servicio de la persona o de la ins-
titución que lo produce; es decir, que en primer lugar el Archivo es un instru-
mento privado y reservado al servicio de los intereses de quien lo ha producido.

Art. 4) Las actuaciones que constituyen el Archivo, atraviesan por tres fases:
Archivo corriente,
Archivo de depósito transitorio,

Archivo Histórico, o de depósito definitivo.
Art. 5) Las actuaciones son producidas por diversas oficinas con criterios y
métodos dictados por las exigencias prácticas propias de cada sección o departa-
mento de la Curia Diocesana; sin embargo, en vistas a una mayor funcionalidad y
economía, es necesario que entre las diversas oficinas y el Director del Archivo se
establezca una colaboración que permita uniformar la redacción de las actuaciones
y el uso de la papelería, así como los títulos y términos técnicos que se emplean.

Art. 6) El Archivo corriente es gestionado por las diversas secciones, según
las exigencias de cada una y atendiendo las indicaciones del Código de Derecho
Canónico.
Art. 7) El Archivo de depósito transitorio, ordenado según las reglas de la
archivística, será único para todas las dependencias.
Art. 8) El Archivo Histórico, o de depósito definitivo, constituye la fase final
de la vida de las actuaciones. Como principio, una actuación comienza a ser parte
del Archivo Histórico cuando ha concluido su función específica y ha superado
el límite convencional de consulta, que siempre será de unos 70 años.

Cuando no sea posible tener un Archivo de depósito transitorio, las actuacio-
nes serán recibidas en el Archivo Histórico, también antes del término estableci-
do, pero permanecerán secretas y no podrán ser consultadas. Será conveniente
que el Archivo transitorio sea distinto del histórico, precisamente por las carac-

terísticas de publicidad de este último.
Art. 9) El can. 491 § 2, tomando en consideración "los documentos de valor
histórico", introduce el principio de la no automaticidad del paso de las actua-
ciones del Archivo de depósito transitorio al Archivo Histórico; por lo tanto, es

indispensable una valoración y selección preventiva que debe ser hecha por los
responsables de cada oficina, de acuerdo con las reglas de la archivística y con la
aprobación expresa del Obispo o de quien sea delegado por él.

Art. 10) La práctica indicada en el artículo anterior deberá ser observada tam-
bién para la destrucción de ciertas actuaciones.

Los ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS
283
Título III
El Archivo como un bien cultural

Art. 11) El Archivo Histórico de la Diócesis de ... ... se encuadra bajo los
principios que regulan el uso de los bienes culturales.
Art. 12) Este Archivo Histórico tiene por objetivo el ser utilizado para fines
culturales y limita su uso a los criterios de salvaguarda y conservación del patri-
monio documental de esta Diócesis.

Título IV
Gestión y uso
Art. 13) La apertura para la consulta pública del Archivo Histórico de la

Diócesis de ... ... será regulada por las normas que oportunamente emanen del.
Obispo, las cuales tendrán valor legislativo.
Art. 14) El Director designado del Archivo Histórico contará al menos con
una persona que tendrá la responsabilidad de mantener el orden y cubrir la vigi-
lancia del espacio.
Art. 15) La admisión de los investigadores a la consulta está reservada úni-
camente al Director del Archivo, quien evaluará los pedidos sobre la base de soli-
citudes escritas de los interesados. El Director podrá negar el derecho de consul-
ta cuando existan peligros para la conservación de las actuaciones.

Art. 16) Durante los horarios de atención del público siempre estará presen-
te un ayudante del Director, para mantener la vigilancia. No se permitirá a nadie
el acceso a las salas de depósito. El investigador podrá usar los inventarios.
Art. 17) La reproducción por fotocopia o fotografía debe estar autorizada por
el Director del Archivo, quien tendrá en cuenta la conservación y la seguridad de
los documentos. Por ningún motivo se permitirá sacar material del Archivo de la
sede del mismo.
Art. 18) Se tendrá un estricto registro de las personas que ingresen al Archivo
y del material utilizado por ellas.
Art. 19) A quienes frecuentan el Archivo podrá revocárseles el permiso de
acceso a las actuaciones si no han demostrado suficiente cuidado en la utilización
de las mismas.

Art. 20) Será oportuno que los investigadores envíen como obsequio una
copia, al menos, de la publicación que resultara como fruto de haber consultad()
el Archivo. Tales publicaciones y otras adquiridas eventualmente, subsidios per-

tinentes y válidos para la investigación, constituirán la biblioteca especializada
anexa al Archivo Histórico Diocesano.


284
MONS. DR. JOSÉ L. KAUFMANN
Título V
Coordinación y colaboración entre los archivos eclesiásticos
Art. 21) El Director del Archivo Histórico estará a dispósición de todas las
Instituciones Eclesiásticas, Diocesanas y Religiosas, que necesiten información
para el ordenamiento de sus Archivos.

Art. 22) La documentación existente fuera de la Curia Diocesana, que tenga
interés histórico y favorezca la consulta de los investigadores, puede ser recibi-
da, ordenada y conservada en el Archivo Histórico.
Título VI
Colaboración con instituciones públicas
Art. 23) Conservando la debida autonomía, el Archivo Histórico de la

Diócesis de ... ... mantendrá una fluida y cordial relación de colaboración con
todas las Instituciones públicas, estatales y privadas.

(Aprobado por Decreto n. 00/00 de fecha ... ... ... del Sr. Obispo Mons. N. N.)
4. Conclusión
La Santa Sede ha dispuesto que "las Asociaciones de Archiveros eclesiásti-
cos han de promoverse en todos los Países, porque trabajan activamente en bien
del perfeccionamiento de los archiveros y de la conservación del patrimonio'".
Sin embargo en la Argentina, a pesar de la disposición superior y de cuanto indi-
ca el Código de Derecho Canónico sobre la asociación privada de fieles en el can.
299 y sus relacionados, se ha dado una inexplicable prohibición.

Seguramente vendrán tiempos mejores.
Si Dios permite que en su santa Iglesia sucedan ciertas cosas, incluso reñidas

con la lógica, bien podría ser para que nadie tenga dudas de que Él es el único
Señor, nuestro Pastor y Guardián9, y que a Él debemos responderle con fidelidad
a pesar de las contrariedades en el seno de su santa Iglesia.

7 PONTIFICIA COMISIÓN PARA LOS BIENES CULTURALES DE LA IGLESIA, Carta circular 'La Función..., 2, 5
8 Cf. Ef. 4, 5
9 Cf. 1 Pedro 2, 25

AADC VIII (2001) 285-294
LA OBLIGATORIEDAD DE LA LITURGIA DE LAS HORAS
COMENTARIO A LAS "RESPUESTAS" DE 15.11.2000
Mons. Lic. Víctor Enrique. PINTO
La Congregación de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos con la firma
del Cardenal Prefecto y del Secretario ha publicado unas respuestas a preguntas
planteadas sobre la obligación de los clérigos de recitar la Liturgia de las Horas.

El texto contiene una instrucción doctrinal sobre la importancia de esta cele-
bración íntegra y cotidiana que no debe verse corno el "mero cumplimiento de
una obligación canónica aunque también lo es", ya que sería una visión empo-
brecida verlo así, para situarla dentro del ministerio de la alabanza a Dios uno y
trino y de la oración de intercesión por las necesidades espirituales y temporales
de la Iglesia y el mundo. Al respecto el can. 1173 del Código de Derecho
Canónico resume la tradición de la Iglesia al expresar que "La Iglesia, ejercien-
do la función sacerdotal de Cristo, celebra la Liturgia de las Horas, por lo que,

oyendo a Dios que habla a su pueblo y recordando el misterio de salvación, le
alaba sin cesar con el canto y la oración, al mismo tiempo que ruega por la sal-
vación de todo el mundo". Este canon asimismo sintetiza los principios de la
Constitución "Sacrosanctum Concilium" del Concilio Vaticano II` y el Capítulo

I de los Principios y Normas generales de la Liturgia de las Horas'.
La historia de la Iglesia muestra cómo los cristianos ya desde los primeros
siglos se reunían para orar de una manera frecuente y regular y los testimonios de
la literatura cristiana muy antiguos de horas especialmente consagradas a la ora-
ción. Y así los cristianos se reunían a ciertas horas para recitar o cantar los salmos

y otras oraciones que surgían más bien de una costumbre que de una ley escrita'.
El Concilio Vaticano II en la Constitución "Sacrosanctum Concilium" ense-
ña que el Oficio Divino es oración pública de la Iglesia y fuente de piedad y ali-
mento de la oración personal'. Es toda la Iglesia, no solo aquellos designados por

1 Cf. S.C. n. 83, 90
2 Cf. I.G.L.H., 11 de abril de 1971, n. 10-19. Ed. Conferencia Episcopal Argentina.
3 Cf. C. BOUUAERT, Heures Canoniques en Dictionnaire de Droit Canonique (dir. R. Naz). Letouzey. Ed.

Ané. París 1937. T. V. col. 1118.
4 Cf. S.C. n. 90

286
MONS. LIC. VÍCTOR E. PINTO
un precepto específico, que está llamada a una oración que continúa la obra
sacerdotal de Cristo'.

El documento que estamos comentando insiste en que el Oficio Divino de
ninguna manera carece de valor cuando se lo recita solo o "en cierta forma pri-
vadamente", en consonancia con los principios doctrinales del libro IV del
Código de Derecho Canónico, donde el can. 837 expresa que "Las acciones litúr-
gicas no son acciones privadas, sino celebraciones de la misma Iglesia que es
«sacramento de unidad»".

La Liturgia de las Horas como ya hemos visto nace no como un acto privado
sino que en sus orígenes la celebración fue comunitaria.
El contenido del documento que comentamos tiene presente este trasfondo
que viene de la Tradición y fue recogida por el Concilio Vaticano II y por el
Código de Derecho Canónico pero se detiene en particular a considerar este
ministerio confiado a los sacerdotes y diáconos en camino al presbiterado. En
realidad el contexto y el contenido del documento viene a responder a dudas que
pueden surgir en el cumplimiento de este ministerio de alabanza e intercesión.

Es sabido por los datos de la historia que la práctica del. Oficio Divino poco
a poco va ejerciendo su influencia sobre la devoción del clero secular. Es así que
los concilios provinciales o regionales establecieron la obligación de rezar el ofi-
cio al menos en las ciudades pero estos textos suponían el rezo comunitario, es
con la aparición de los Breviarios en el siglo XIII lo que hace posible el rezo pri-
vado de las horas para todos los clérigos de las órdenes mayores, tanto seculares
como religiosos y así poco a poco se hizo posible introducir la obligación de
rezar las horas sea en común, sea en privado'.

Los primeros concilios que establecen la obligatoriedad se refieren al rezo en
común. Así el IV Concilio de Letrán (1215) y el Concilio de Vienne (1311). Son
los concilios provinciales y nacionales, que son más precisos y establecen clara-
mente que todos los clérigos aún sin beneficio están obligados al rezo cotidiano
del Oficio'.
Es el Papa Benedicto XIV el primero que afirma en una ley general escrita
en la Constitución "Etsi Pastoralis" del 2 de mayo de 1742, en la Constitución
"Eo quanvis tempore" del 4 de junio de 1745' la obligación ya sancionada por la
costumbre.
Actualmente el Código de Derecho Canónico en el can. 1174 § 1 establece
5 Cf. G. S. SARTORI Celebrare la Liturgia della ore, en Quaderni di Diritto Ecclesiale 6 (1993) pág. 423.
6 Cf. C. BOUUAERT, Heures Canoniques..., col. 1119-1120.
7 Cf. Ibid., col. 1121.
8 Cf. Ibid., col. 1121. Se puede ver en esta cita los conceptos fundamentales de estos dos textos donde el

Papa declara esta obligación que se apoya en una antigua tradición y que fue introducida por una cos-
tumbre inmemorial.

LA OBLIGATORIEDAD DE LA LITURGIA DE LAS HORAS
287
que "la obligación de celebrar la Liturgia de las Horas vincula a los clérigos
según la norma del can. 276 § 2, 3°; y a los miembros de los institutos de vida
consagrada y sociedades de vida apostólica conforme a sus constituciones. El
can. 276 coloca la obligación de la celebración de la Liturgia de las Horas en el
contexto de los medios para buscar la santidad, no dejando dudas de la impor-

tancia del Oficio Divino y de la obligatoriedad de la celebración.
Esta obligación surge de la ordenación donde los elegidos para el episcopa-
do, presbiterado y el diaconado asumen dicho compromiso. Es así que el docu-
mento cita el texto del Pontifical Romano que se refiere a la ordenación de diá-
conos ya que ahí se pregunta explícitamente al candidato si promete celebrar fiel-

mente la Liturgia de las Horas. Esto que expresamente se pide al candidato al
orden diaconal es retomado en la ordenación presbiteral y episcopal donde sin
hablar de la Liturgia de las Horas se pregunta al elegido si está dispuesto a dedi-
carse asiduamente a la oración por el pueblo cristiano.

Después de estos antecedentes la Carta que estamos comentando pasa a res-
ponder preguntas concretas. La primera pregunta que se plantea es "¿Cuál es la
mente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los

Sacramentos respecto a la extensión de la obligación de celebrar o recitar diaria-
mente la Liturgia de las Horas?" en la respuesta la Congregación expresa que los
ordenados están obligados moralmente a la celebración o recitación íntegra y
cotidiana del Oficio Divino conforme al can. 276 § 2, 3°.

Esta obligatoriedad en lo que se refiere a la recitación íntegra del Oficio se
encuentra ya en la Constitución Sacrosanctum Concilium n. 96 donde se lee que
los clérigos no obligados al coro... "tienen la obligación de rezar cada día, en
común o individualmente todo el Oficio..." y la Institutio generalis de Liturgia
Horarum n. 29 expresa que "La obligación de celebrar todos los días el curso
íntegro de la Liturgia de las Horas vincula a los obispos, presbíteros y diáconos

que aspiran al presbiterado, que han recibido de la Iglesia el mandato de hacer-
lo...'" se ve así que la respuesta al expresar la obligación que surge de la orde-
nación de rezar íntegramente el oficio responde a las normas conciliares, pos-
conciliares y al. Código de Derecho Canónico.
Esta obligación es grave como surge de todos los autores probados siguien-
do el parecer de los teólogos principalmente San Alfonso María de Ligorio'°.
Se debe considerar que cuando se ha tratado de determinar que parte del
Oficio es objeto de una obligación grave la doctrina de los siglos precedentes no
fue unánime, muchos moralistas sostenían que cada hora menor era objeto de una
9 S.C. n. 96 y I.G.L.H. n. 29.
10 Cf. F. M. CAPELLO, Tractatus Canonico-Moralis de sacramentis, Vol. IV. Ed. Marietti, Roma 1947, cf. tam-
bién WERNZ S.1. - VIDAL S.I., lus Canonicum, T. II Ed. Universitas gregoriana 1943; NOLDIN, Summa
Theologiae Moralis, T. II Ed. Herder, 1951; M. ZALBA S.I., Theologiae Moralis Summa, T. II; Ed. B.A.C.,
1957.

288
MONS. LIC. VÍCTOR E. PINTO
obligación grave, ya San Alfonso decía que era la opinión común, otros en cam-
bio tenían una opinión más benigna".
Hoy día en la doctrina canónica hay quienes sostienen que teniendo en cuen-
ta que el acento en los documentos del Concilio Vaticano II y la Institutio gene-
ralis está puesto en la íntegra celebración del Oficio, observan también que en los
textos hay indicaciones sobre la importancia de las distintas Horas, así se puede

leer que el n. 89 de S.C. habla que las Laudes y las Vísperas, "doble eje del Oficio
Diario según la venerable tradición de la Iglesia Universal, deben ser considera-
das y celebradas como las Horas principales" y el n. 29 de los Principios y
Normas generales de la Liturgia de las Horas expresa que los clérigos "Ante todo,
darán la importancia que le es debida a las Horas que vienen a constituir el núcleo
de esta Liturgia, es decir, las Laudes de la mañana y las Vísperas, y se guardarán
de omitirlas sino es por causa grave". Así un autor sostiene que parece que se
hubiera establecido grados de obligación y que la obligación grave se referiría
solamente al rezo cotidiano de Laudes y Vísperas12 .

La segunda pregunta de si se extiende la obligación sub gravi a la recitación
íntegra del Oficio Divino es objeto de una respuesta de la Congregación donde
se exponen las causas que excusan por una grave incomodidad de la recitación
parcial o total del Oficio. Se debe señalar que los motivos que enumera son los

tradicionales en la doctrina moral canónica, que se pueden ordenar en la imposi-
bilidad física, la imposibilidad moral o grave incomodidad; la necesidad urgente
de realizar algún acto de caridad, a la que se agrega la dispensa del Ordinario. Así
el documento señala un motivo grave de salud, que los autores incluían la con-
valecencia, si se temía que podía producir gran cansancio, etc., o un motivo grave
de servicio pastoral del ministerio, o del ejercicio de la caridad, que la doctrina
señalaba como ser llamado a atender un enfermo, o estar ocupado muchas horas
en oír confesiones, y que el Oficio no podía ser diferido sin un notable perjuicio

ya que nadie está obligado a privarse del descanso necesario.
Analizando las causas que excusan del rezo del Oficio en modo total o par-
cial tal como se presentan en la Carta se puede considerar que responden a un
gran realismo, tienen en cuenta las condiciones de vida de los presbíteros y con-

tinúan la tradición moral canónica.
Finalmente la última respuesta de la Carta se refiere al criterio de la "veritas
temporis" en la recitación del Oficio.
Al respecto se debe tener en cuenta que el fin de la celebración es santificar
el día y como expresa el can. 1175 "Al celebrar la Liturgia de las Horas se ha de
procurar observar el curso natural de cada hora en la medida de lo posible", en

11 Cf. C. BOUUAERT, HeuresCanoniques..., col. 1124 y F. CAPELL.0 en su obra citada anteriormente, pág. 451
expresa "quidam dubitant de peccato mortali propter omissionem unius horae parvae".
12 Cf. G. S. SARTORI, Celebrare la Liturgia..., pág. 430.

LA OBLIGATORIEDAD DE LA LITURGIA DE LAS HORAS
289
esto el canon recoge lo expresado por la Constitución Sacrosanctum Concilium,
n. 94: "Ayuda mucho, tanto para santificar realmente el día como para recitar las

mismas Horas con provecho espiritual, que en el rezo de las horas se observe el
tiempo que más se aproxime al tiempo natural de cada hora canónica" y lo mismo
establece la Institución general de la Liturgia de las Horas n. 11, 37 y 38; como
dice un autor la observancia del tiempo más aproximado al verdadero tiempo
natural (tempus verum) de cada Hora canónica es lo que permite santificar real-

mente el día y recitar con fruto espiritual las Horas (S.C. n. 94)13.
Ahora bien, si tenemos en cuenta el can. 1175 que nos habla de esta obser-
vancia del tiempo natural de cada hora, se nota que es una recomendación, más
que una prescripción, en efecto la norma expresa "en la medida de lo posible", y
lo confirma el iter de la redacción de este canon, "et additur clausula «quantum
fieri potest» quae necessaria est, ne detur absoluta praescriptio et aliunde in S.C.
88 invenitur"".

En el mismo sentido se expresa la Constitución Sacrosanctum Concilium n.
88: "dentro de lo posible" y la I.G.L.H. n. 29: "y en cuanto sea posible, en los
momentos del día en que de veras correspondan", es así que algunos opinan con

gran criterio que esta norma se pueda cumplir con un criterio amplio, "vese pro-
babilis asserenda est sententia eorum pro quibus veritas Horarum est ad finien-
dam, non mere ad urgendam obligationem... accepto quidem quod veritas
Horarum adimpletur non tantum si momento optimo persolvatur, sed etiam si

momento congruo, i.e. «quod proxime accedat ad tempus verum uniuscuiusque
Horae canonicae» (S.C. 94)"15.

A la luz de esta interpretación benigna veamos la respuesta de la
Congregación que después de expresar que de suyo las Laudes deben recitarse en
horas de la mañana y las Vísperas en las horas del atardecer establezca que si
alguien no puede recitar las Vísperas en las horas de la tarde, deben recitarse ape-
nas se pueda. Y concluye diciendo que el obstáculo que impide observar la "ver-
dad de las horas" no es de por sí una causa que excuse de la recitación de las
Laudes o las Vísperas, porque se trata de "Horas principales" (S.C.n. 89) que

"merecen el mayor aprecio" (I.G.L.H., 40).
Por un lado se debe tener en cuenta que el fin es la oración, y el no poder cum-
plir con la verdad de las horas no es motivo para excusarse fácilmente pero por otro
lado no se debe perder de vista que es necesario evitar caer en el formalismo. Se
debe aplicar los principios en cada caso con prudencia y sentido común.
13 Cf. L. ALESSIO, La Liturgia de las Horas en el Código Latino, en AADC 3 (1996) pág. 241 y ss.
14 Communicationes 15 (1983) pág. 243.
15 MANZANARES, De Obligatione Liturgiam Horarum Cotidie persolvendi, en Periodica 79 (1990) págs. 706-

710, el mismo artículo se puede ver en Notitiae 27 (1991) págs. 203-205.

290
MONS. LIC. VÍCTOR E. PINTO
Llegamos así al final del comentario a este Documento que intenta precisar
la obligación del rezo del Oficio Divino que surge de la ordenación sacramental.
Lo hace en el contexto de la oración de alabanza cuyo encargo han recibido los
ordenados, y así clarificar ciertas dudas y ambigüedades que pudieran haber sur-
gido sobre el alcance de las normas canónicas-morales-litúrgicas al respecto.

Desde el comienzo el documento intenta dar una visión de conjunto y teoló-
gica de modo que no se mire esta responsabilidad como el mero cumplimiento de
una obligación canónica. Podemos concluir con la doctrina que brota de la

Constitución Apostólica "Laudis Canticum" de Pablo VI que expresa así:
"Aquellos, sin embargo, que han recibido de la Iglesia el mandato de celebrar la
Liturgia de las Horas deben seguir todos los días escrupulosamente el curso de la
plegaria, haciéndolo coincidir, en la medida de lo posible, con el tiempo verda-
dero de cada una de las horas; den la debida importancia, en primer lugar, a las

Laudes de la mañana y a las Vísperas.
Al celebrar el Oficio divino, aquellos que por el orden sagrado recibido están
destinados a ser de forma particular la señal de Cristo sacerdote, y aquellos que
con los votos de la profesión religiosa se han consagrado al servicio de Dios y de

la Iglesia de manera especial, no se sientan obligados únicamente por una ley a
observar, sino, más bien, por la reconocida e intrínseca importancia de la oración
y de su utilidad pastoral y ascética. Es muy deseable que la oración pública de la
Iglesia brote de una general renovación espiritual y de la comprobada necesidad

intrínseca de todo el cuerpo de la Iglesia, la cual, a semejanza de su cabeza, no
puede ser presentada sino como Iglesia en oración'.
16 Const. Apost. Laudis Canticum; 1° de noviembre de 1970, Traducción española en Ed. Documentación
Litúrgica Posconciliar, 1992.

LA OBLIGATORIEDAD DE LA LITURGIA DE LAS HORAS
291
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO
Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
Prot. N. 2330/00/L
La celebración íntegra y cotidiana de la Liturgia de las Horas es, para los
sacerdotes y diáconos en camino al presbiterado, parte substancial de su ministe-
rio eclesiástico.
Sería una visión empobrecida mirar dicha responsabilidad como el mero
cumplimiento de una obligación canónica, aunque también lo es, y no tendría
presente que la ordenación sacramental confiere al diácono y al presbítero un
especial encargo de elevar a Dios uno y trino la alabanza por su bondad, por su

soberana belleza y por el designio misericordioso acerca de su salvación sobre-
natural.

Junto con la alabanza, los sacerdotes y diáconos presentan ante la Divina
Majestad la oración de intercesión a fin de que se digne acudir a las necesidades
espirituales y temporales de la Iglesia y de toda la humanidad.

El "sacrificio de alabanza" se realiza ante todo en la celebración de la
Santísima Eucaristía, pero se prepara y se continúa en la celebración de la
Liturgia de las Horas (Cf. IGLH, 12), cuya forma principal es la recitación comu-
nitaria, sea en una comunidad de clérigos, o de religiosos, siendo sin embargo
muy deseable la participación de los fieles laicos.

Sin embargo, la Liturgia de las Horas, llamada también Oficio Divino o
Breviario, de ninguna manera carece de valor cuando se la recita solo o, en cier-
ta forma privadamente, ya que aún en este caso "estas oraciones se realizan pri-
vadamente, pero no imploran cosas privadas" (Gilbertus de Holland, Sermo
XXIII in Cant., en P.L. 184, 120).

En efecto, aún en similares circunstancias, estas oraciones no constituyen un
acto privado sino que forman parte del culto público de la Iglesia, de tal manera
que al recitarlas el ministro sagrado cumple con su deber eclesial: el sacerdote o
diácono que en la intimidad de un templo, o de un oratorio, o en su residencia, se
entrega a la celebración del Oficio Divino realiza, aún cuando no haya nadie que

lo acompañe, un acto eminentemente eclesial, en nombre de la Iglesia y en favor
de toda la Iglesia, e incluso de la humanidad entera.

292
MONS. LIC. VÍCTOR E. PINTO
En el Pontifical Romano se lee:
"¿Queréis conservar y acrecentar en vosotros el espíritu de
oración correspondiente a vuestro estilo de vida, y en ese mismo
espíritu cumplir fielmente, según vuestra condición, con la cele-
bración de la Liturgia de las Horas en unión con el Pueblo de
Dios, para su bien e incluso para el de todo el mundo?" (Cf.
Pontifical Romano, rito de la ordenación de diáconos).

Así pues, en el mismo rito de la ordenación diaconal el ministro sagrado pide
y recibe de la Iglesia el mandato de la recitación de la Liturgia de las Horas, el
que pertenece, por lo tanto, al ámbito de las responsabilidades ministeriales del
ordenado, y va más allá del de su piedad personal. Los ministros sagrados, junto
con el Obispo, se encuentran unidos en el ministerio de intercesión por el Pueblo
de Dios que les ha sido confiado, como lo fue a Moisés (Ex 17, 8-16), a los
Apóstoles (1 Tim 2, 1-6) y al mismo Jesucristo "que está a la derecha del Padre
e intercede por nosotros" (Rom. 8, 34).

Igualmente, en la Institutio generalis de Liturgia Horarum n. 108 se dice:
"Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace
tanto en nombre propio como en nombre de todo el Cuerpo de
Cristo, e incluso en nombre de la persona del mismo Cristo".

Asimismo, en el n. 29 de la misma Institutio se dice:
"Por consiguiente, los obispos, presbíteros y demás ministros
sagrados que han recibido de la Iglesia el mandato de celebrar la
Liturgia de las Horas deberán recitarla diariamente en su integri-
dad y, en cuanto sea posible, los momentos del día que de veras
correspondan" (IGLH, 29).

El Código de Derecho Canónico, por su parte, establece en el can. 276 § 2,
3°, que:
"los sacerdotes y los diáconos que aspiran al presbiterado
están obligados a cumplir cada día con la Liturgia de las Horas,
usando sus propios libros litúrgicos, debidamente aprobados; los
diáconos permanentes tienen esa obligación en los términos esta-
blecidos por la Conferencia Episcopal".


LA OBLIGATORIEDAD DE LA LITURGIA DE LAS HORAS
293
Con los antecedentes expuestos se puede responder a las preguntas plantea-
das en la siguiente forma:

I. ¿Cuál es la mente de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina
de los Sacramentos respecto de la extensión de la obligación de celebrar
o recitar diariamente la Liturgia de las Horas?

R/ Quienes han sido ordenados están obligados moralmente, en virtud de la
misma ordenación recibida, a la celebración o recitación íntegra y coti-
diana del Oficio Divino tal y como está canónicamente establecido en el
canon 276 § 2, n. 3 del CIC, citado anteriormente.
Esta recitación no tiene por ello la índole de una devoción privada, o de

un piadoso ejercicio realizado por la sola propia voluntad del clérigo, sino
que es un acto propio del sagrado ministerio y oficio pastoral.
2. ¿Se extiende la obligación sub gravi a la recitación íntegra del Oficio
Divino?
R/ Debe tenerse presente que:
a. un motivo grave, sea de salud, o de servicio pastoral del ministerio, o del

ejercicio de la caridad, o de cansancio, no una simple incomodidad,
puede excusar la recitación parcial e incluso total del Oficio Divino,
según el principio general que establece que una ley meramente eclesiás-

tica no obliga con grave incomodidad;
b. la omisión total o parcial del Oficio por sola pereza o por realizar activi-
dades de esparcimiento no necesarias, no es lícita, más aún, constituye un
menosprecio según la gravedad de la materia, del oficio ministerial y de

la ley positiva de la Iglesia;
c. para omitir el Oficio de Laudes y Vísperas se requiere una causa de
mayor gravedad aun, puesto que dichas Horas son "el doble gozne del
Oficio cotidiano" (SC 89);
d. si un sacerdote debe celebrar varias veces la Santa Misa en el mismo día
o atender confesiones por varias horas o predicar varias veces en un
mismo día, y ello le ocasiona fatiga, puede considerar, con tranquilidad
de conciencia, que tiene excusa legítima para omitir alguna parte propor-
cionada del Oficio;

e. el Ordinario propio del sacerdote o diácono puede, por causa justa o
grave, según el caso, dispensarlo total o parcialmente de la recitación del
Oficio Divino, o conmutárselo por otro acto de piedad (como por ejem-
plo, el Santo Rosario, el Vía Crucis, una lectura bíblica o espiritual, un
tiempo de oración mental razonablemente prolongado, etc.).


294
MONS. LIC. VÍCTOR E. PINTO
2. ¿Cuál es la incidencia del criterio de la "veritas temporis" sobre esta
cuestión?'7
R/ La respuesta debe darse por partes, para aclarar los diversos casos:
a. El "Oficio de Lecturas" no tiene un tiempo estrictamente asignado, y

podrá celebrarse a cualquier hora, y se lo puede omitir si existe alguna de
las causas señaladas en la respuesta indicada bajo el n. 2 anterior. Según
la costumbre, el Oficio de Lecturas se puede celebrar a partir de las horas

del atardecer o al anochecer de día anterior, después de las Vísperas (Cf.
IGLH, 59).

b. Lo mismo vale para la "hora intermedia", que tampoco tiene asignado
ningún tiempo determinado de celebración. Para su recitación obsérvese
el tiempo que media entre la mañana y la tarde. Fuera del coro, de las tres
horas Tertia, Sexta y Nona, cabe elegir una de las tres, aquella que más
se acomode al momento del día, a fin de que se mantenga la tradición de
orar durante el día, en medio del trabajo (Cf. IGLH, 77).

c. De suyo los Laudes deben recitarse en las horas de la mañana y las
Vísperas en las horas del atardecer, como lo indican los nombres de estas
tres partes del Oficio. Si alguien no puede recitar los Laudes en la maña-
na, tiene la obligación de hacerlo cuanto antes. De igual modo, si las vís-

peras no pueden recitarse en las horas de la tarde, deben recitarse apenas
se pueda (SC 89). Con otras palabras, el obstáculo que impide observar

la "verdad de las horas" no es de por sí una causa que excuse de la reci-
tación de los Laudes o las Vísperas, porque se trata de "Horas principa-
les" (SC 89) que "merecen el mayor aprecio" (IGLH, 40).
Quien recita gustosamente la Liturgia de las Horas y procura celebrar con
dedicación las alabanzas al Creador del universo, puede recuperar al menos la
salmodia de la hora que haya sido omitida después del himno de la hora corres-
pondiente y concluir con una sola lectura breve y la oración.

Estas respuestas se publican con el beneplácito de la Congregación para el
Clero.
Ciudad del Vaticano, 15 de noviembre de 2000
Jorge A. Card. Medina Estévez
Prefecto
+Francesco Pio Tamburrino
Arzobispo Secretario
17 Nota del autor del artículo: en el texto original la pregunta aparece con el n. 2, pero debe tener el n. 3 (el
error de imprenta).

RESEÑA DE DOCUMENTOS PONTIFICIOS
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA
Con el objetivo de ayudar a los operadores del derecho eclesial, iniciamos este ser-
vicio señalando los documentos que de un modo u otro inciden en la interpre-
tación y aplicación de los cánones del CIC, y que por diversas razones no
incluimos por el momento en los artículos y notas.
1. C. PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS Instrucción sobre el envío y la per-
manencia en el extranjero de los sacerdotes del clero diocesano de los territorios
de misión 25.4.2001: Communicationes 33 (2001) 24-30 (can. 283 § 1)
2. C. PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS Instrucción
«Liturgiam authenticam» sobre el uso de las lenguas populares en la edición de
los libros de la Liturgia Romana [Instructio quinta «ad executionem
Constitutionis Concilii Vaticani Secundi de Sacra Liturgia recte ordinandam»
(ad Const. art. 36)] 28.3.2001 (can. 838 § 3): AAS 93 (2001) 685-726
3. C. PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS Quaesitum:
Quomodo agendum est de SS.mo Sanguine Christi post Communionem forte
remanente?: Notitiae 37 (2001) 541 Communicationes 33 (2001) 30-31 (can.

939)
4. Declaración sobre las ordenaciones diaconales de Chiapas (can. 1024)
La Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, por
la «Declaración» del 11.10.2000 conocida recientemente, determina que el orden
diaconal también está reservado a los varones y que la ordenación de diáconos
casados "no constituye una expectativa para recibir más tarde la ordenación

sacerdotal".
La «Declaración» está acompañada de una carta explicativa dirigida al
Obispo de San Cristóbal de las Casas (México) y ambos documentos están publi-
cados con un estudio sobre el diaconado femenino en: Notitiae 37 (2001) 183-
1. 89 y 195-239.
Coincidente con esta decisión, el 17.9.2001 se publicó una «Notificación» de

296
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
las Congregaciones para doctrina de la fe, para el culto divino y la disciplina de
los sacramentos y para el clero, afirmando que "dado que el ordenamiento ecle-
sial no prevé la posibilidad de dicha ordenación, no es lícito poner en práctica ini-
ciativas que, de algún modo, tiendan a preparar candidatas a la ordenación dia-

conal" (n. 2: L'Osservatore Romano [español] 33 [2001] 490).
¿Cuál es la importancia de estos documentos? La «Declaración» remite al n.
1577 del Catecismo de la Iglesia Católica, en cuya nota se citan los siguientes
textos del magisterio pontificio (el orden no es cronológico sino jerárquico):
JUAN PABLO II Carta Apostólica Mulieris dignitatem 15.6.1038, nn. 26-27
(AAS 80 [1988] 1715-1720): No se menciona al diaconado sino al sacerdocio
ministerial (presbiterado y episcopado). El argumento se relaciona con la cele-
bración de la Eucaristía, por cuanto el sacerdote —al actuar «in persona Christi»—

' exige que sea varón como Jesús, Esposo de la Iglesia.
JUAN PABLO II Carta Apostólica Ordinatio sacerdotalis sobre la no admisión
de las mujeres al sacerdocio, 22.5.94 (AAS 86 [1994] 545-548): No se menciona
al diaconado. Declara que la no admisión de la mujer al sacerdocio ministerial per-

tenece al magisterio ordinario y universal, por lo que se trata de una verdad defi-
nitiva. Se desplaza el argumento: "la razón verdadera es que Cristo lo estableció
así, al dar su constitución fundamental a la Iglesia, al asignarle su antropología

teológica que, luego, la tradición de la misma Iglesia ha seguido siempre".
5. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE Declaración Inter insigniores
sobre la cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial,
15.10.1976 (AAS 69 [1977] 98-116): No mencionada el diaconado, sino que se
refiere al sacerdocio ministerial. Un comentario oficioso afirma: "la duda [de
algunos autores medievales] fue suscitada por el recuerdo de la existencia de las
diaconisas: ¿se trataba de una verdadera ordenación sacramental? Este problema
ha sido desenterrado recientemente. No fue ignorado por los teólogos de los
siglos XVII y XVIII, que conocían de manera admirable la historia litúrgica. Se

trata en todo caso de un problema que debe ser estudiado de nuevo de manera
completa, sin ideas preconcebidas, y haciendo un estudio directo de los textos.
Por ello, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha creído que había
que dejarlo para más adelante y, por consiguiente, no abordarlo en el presente
documento" (L'Osservatore Romano [español] 9 [1977] 70).

C. PARA LA DOCTRINA DE LA FE Respuesta 28.10.95 (AAS 87 [1995] 1114):
Confirma que la decisión pontificia contenida en Ordinatio sacerdotalis es una
verdad definitiva.


RESEÑA DE DOCUMENTOS PONTIFICIOS
297
La importancia de estos documentos radica en que la «Declaración» extien-
de al diaconado, como ya lo había hecho el citado Catecismo de la Iglesia
Católica, la no admisión de las mujeres. Quizás podrá hacerse una diferencia:
mientras la no admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial es una verdad
definitiva (decisión doctrinal), su exclusión del diaconado es una norma discipli-

naria, y esto fundado en que mientras las fuentes doctrinales hablan de la no
admisión de las mujeres a la «ordenación sacerdotal», el Catecismo citado en la
«Declaración» ha suprimido el adjetivo, en coherencia con el texto del can. 1024.

5. Delitos reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe (can.
1362 5S 1. 1°)
Mediante la Carta sobre los delitos más graves reservados a la Congregación
para la Doctrina de la Fe, fechada el 18.5.2001 y aprobada por el Papa Juan Pablo
II mediante el Motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela aún no publicado,
se determinan los delitos que prescriben en un plazo mayor de tres años (cf. can.

1362 § 1. 1°) y algunas normas procesales al respecto. Tales delitos son:
• sacrilegio de la Eucaristía (can. 1367),
• simulación de celebrar la Eucaristía (cáns. 1378 § 2. 1° y 1379),
• concelebración eucarística con ministros acatólicos (can. 1365 cf. can.

908),
• consagración sacrílega de una sola especie o de ambas fuera de la Misa (cf.
can. 927),
• absolución del cómplice en pecado contra el sexto mandamiento (can. 1378
§ 1),
• solicitación de pecado contra el sexto mandamiento en ocasión de la con-
fesión (can. 1387),
• violación directa del sigilo sacramental (can. 1388 § 1),
• delito contra el sexto mandamiento con menor de dieciocho años cometido

por un clérigo (cf. can. 1395).
6. Disolución del matrimonio en favor de la fe
La Congregación para la doctrina de la fe, publicó en forma reservada el
30.4.2001, las nuevas «Normas para instruir el proceso para la disolución del vín-
culo matrimonial en favor de la fe», que —con pocas variaciones— actualiza la nor-
mativa sustancial y procesal vigente en la materia.


298
PBRO. DR. CARLOS I. HEREDIA
7. Prelados pontificios
La Secretaría de Estado, el 13.5.2001, publicó la «Instrucción sobre la con-
cesión de los títulos pontificios» destinados tanto al clero secular, como a los reli-
giosos y laicos, militares, diplomáticos vaticanos, cuerpo diplomático acreditado
ante la Santa Sede y oficiales de la Curia Romana.


LEGISLACIÓN PARTICULAR


AADC VIII (2001) 301-306
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA Directorio para el Orden de
las vírgenes Oficina del Libro (Buenos Aires 2001) 47 págs.
1. El CIC se limita a mencionar la existencia de «directorios» en el can. 33 §
1 sin definir su naturaleza. Para ello conviene recordar:
a. Un «directorio» no es creador del derecho, pues no se trata de un decreto
general legislativo (potestad legislativa) mencionado en el can. 29, sino que se
trata de un acto administrativo, es decir, aplicativo del derecho universal o parti-
cular (supone potestad ejecutiva).
b. Tampoco es necesariamente un decreto general ejecutorio "por los que se
determina más detalladamente el modo que ha de observarse en la aplicación de
la ley o cuya observancia urge" (can. 31 § 1 cf. can. 32), sino que es un com-
pendio orgánico de disposiciones ejecutivas —en muchos casos anteriormente
promulgadas— sobre un tema particular.
c. No es meramente una «instrucción», la cual se orienta exclusivamente "a
aquellos a quienes compete cuidar que se cumplan las leyes" (can. 34 § 1), sino
que el «directorio» se destina a toda una comunidad sujeta al derecho eclesial.

Por tal razón, podría decirse que un «directorio» es un acto administrativo
general, debidamente promulgado por la autoridad competente, cuyo contenido es
un compendio orgánico de disposiciones ejecutivas sobre una determinada materia.
2. El Directorio que presentamos se refiere al «orden de las vírgenes» resti-
tuido con la promulgación del Ritual para la consagración de vírgenes, de cuyo
treintenio quiere ser su celebración y memoria'. El derecho eclesial vigente dis-
pone al respecto:

"A estas formas de vida consagrada, se añade el orden de las
vírgenes, las cuales, formulando el propósito santo de seguir más
de cerca a Cristo, son consagradas a Dios por el Obispo diocesa-

1 En efecto, el Concilio Vaticano II había mandado revisar el Ritual de consagración de vírgenes que forma
parte del Pontifical Romano (cf. SC 80), que se utilizaba en la consagración de monjas (cf. Pío XII
Constitución Apostólica Sponsa Christi 21.11.1950, art. III § 3: AAS 43 [1951] 16). El nuevo «Ordo con-
secrationis virginum» fue publicado el 31.5.1970, introduciendo la novedad de que dicho ritual puede
emplearse también con mujeres que, no incorporadas a ningún instituto religioso, viven en el mundo. Se
modificó de este modo una anterior decisión pontificia (cf. S. CONGREGACIÓN DE RITOS Respuesta
25.3.1927: AAS 19 [1927] 138-139).


302
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
no según el.rito litúrgico aprobado, desposadas místicamente con
Cristo, Hijo de Dios, y dedicadas al servicio de la Iglesia" (CIC
can. 604 § 1).

Se trata de una forma individual de vida consagrada', aprobada recientemen-
te por la Santa Sede pero que aparece ya en los escritos apostólicos.
El propósito por el que la virgen se consagra a Dios en la Iglesia es adjetiva-
do de «santo» pues se realiza por Dios movido por la caridad, obliga en con-
ciencia y tiene por contenido los consejos evangélicos: se trata, pues, de un vín-
culo sacro a tenor del can. 207 § 23.

3. Este Directorio, luego de recibir las observaciones de los miembros de la
Conferencia Episcopal Argentina, de los peritos y del Consejo para los Asuntos
Jurídicos, fue aprobado el 10.5.2001 por la 81° Asamblea Plenaria y promulgado
el 31 de mayo siguiente. Su contenido podría estructurarse del siguiente modo:

I. La virginidad cristiana en la perspectiva de la revelación
a. [La virginidad en la Biblia]
1-15
b. Orígenes de la vocación virginal
16-24
c. Restauración del orden de las vírgenes
25-29
2 Por eso, el término «accedit» del can. 604 no significa mera «asimilación» o «semejanza», sino equipara-
ción con las formas de vida consagrada manteniendo su diversidad pues no es una forma comunitaria: "Per
il Relatore c'é la questione del voto che si emette in una cerimonia solenne secondo un rito proprio stabi-
lito dalla Chiesa. Detto voto é un voto pubblico, e perció le vergini si collocano in uno stato pubblico nella

Chiesa. 11 Segretario dice: d'accordo, ed é perció che entrano nello stato di vita consacrata, ma singolar-
mente" (Communicationes 11 [1979] 333). Al respecto ver: RECCHI S. Verbum «accedere» in canonibus

604 et 731 Codicis luris Canonici: Periodica 78 (1989) 453-476; Vita Consacrata 26 (1990) 950-966. Por
tal razón, no fue de fácil redacción el § 2 que dice: "Las vírgenes pueden asociarse, para cumplir su pro-
pósito con mayor fidelidad y para realizar, mediante la ayuda mutua, el servicio a la Iglesia, concorde con
su propio estado". No se trata de integrar una asociación para poder ser consagrada, sino que la asociación
reúne a las consagradas para ayudarlas en su vocación.

3 Respóndiendo a tres consultores que negaban el carácter público del propósito virginal y —por ende la per-
tenencia de las vírgenes al estado de vida consagrada— por cuanto no se mencionaban explícitamente todos
los consejos evangélicos, se añadió «Christum pressius sequendi» "perché cosi anche la povertá e la obbe-
dienza vengono sottientese come unite implicitamente alla castitá" (Communicationes 11 [1979] 333).
Para disipar todo duda, el CCEO afirma: "Iure particulari aliae species constitui possunt ascetarum, qui

vitam eremiticam imitantur, sive ad instituta vitae consecratae pertinent sive non; item virgines et viduae
consecratae seorsum in .saeculo castitatem professione publica profitentes constitui possunt" (can. 570).
Siguiendo esta línea de pensamiento, recientemente el Papa Juan Pablo II ha reafirmado que las vírgenes
consagradas asumen un "vínculo especial con la Iglesia" (VC 7).


DIRECTORIO PARA EL ORDEN DE LAS VÍRGENES
303
II. Identidad de las vírgenes consagradas
a. La vocación
30-40
b. La virginidad consagrada
en la comunión de la Iglesia

41-44
dependiendo del Obispo diocesano
45-48
en comunión con las demás vírgenes
53-54
c. La misión
55-64
III. Espiritualidad del orden de las vírgenes
a. El carisma propio
65-74
b. Los medios espirituales
75-81
IV. [Itinerario formativo]
a. Admisión al orden de las vírgenes
82-86
b. Preparación para la consagración
87-95
c. El rito de la consagración
100-113
d. Formación permanente
96-99
e. [Salida del orden de las vírgenes]
49-52
Conclusión
114
4. Desde el derecho eclesial4, es necesario subrayar algunas características de
este Directorio. La primera y más importante, es su clara y correcta concepción
teológico-canónico del tema. La virginidad consagrada es una forma de vida con-
sagrada aprobada por la Iglesia (cf. can. 605), pues sus miembros asumen los
consejos evangélicos mediante un vínculo sacro público y perpetuo (cf. can. 207
§ 2), viviendo en el mundo y dependiendo del propio Obispo diocesano:

30. En medio de una diversidad de realizaciones históricas, el orden de las
vírgenes constituye una forma de vida consagrada. Las mujeres que pertenecen a
este orden se caracterizan por ser aceptadas por su Obispo diocesano y estar ple-

namente configuradas, mediante su consagración, a Cristo y a María, especial-
mente en el misterio de su integridad virginal. En virtud de ello, asumen los con-
sejos evangélicos de castidad perfecta, obediencia y pobreza en su propio estado
de vida, viviéndolos inmersas en el mundo secular en plena comunión con el

4 La escasa bibliografía en la materia, siguiendo un orden cronológico, es la siguiente: METZ R. Le nouve-
au rituel de consécration des vierges. Sa place dans l'histoire. lnnovations et éléments permanents: La
Maison-Dieu n. 110 (1970) 88-115; DE TYRON-MONTANLAMBERT-GUEBET A. Le renouveau conciliaire de
la consécration de vierges: Vie Consacrée 53 (1981) 357-369; HUOT D. M. La consécration des vierges:
Informationes SCRIS 9 (1983) 115-172; DE TYRON-MONTANLAMBERT-GUEBET A. L'ordre des vierges: Vie
Consacrée 55 (1983) 227-229; BEYER J. L'ordine delle virgine: Vita Consacrata 22 (1984) 590-602;
SIMONET A.
Le Seigneur t'épousera (Louvain 1986) 149 págs.; RECCHI S. L'ordine delle vergini: Quaderni
di Diritto Ecclesiale 5 (1992) 141-150.

304
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Obispo diocesano. Al vivir solas o con sus familias, se sustentan mediante su
propio trabajo. No corresponde a la diócesis asumir obligación alguna respecto
de ellas, excepto las específicamente explicitadas en este Directorio.
31. Las vírgenes que son admitidas y consagradas por el Obispo diocesano
conforme al rito litúrgico aprobado, constituyen una forma estable de vida con-
sagrada reconocida por la Sede Apostólica.
32. Por su consagración pública las vírgenes consagradas se diferencian de
los fieles laicos compartiendo con ellos la secularidad. Al no hallarse compro-
metidas a observar constituciones o estatutos, se diferencian también de los fie-
les que pertenecen a los Institutos de vida consagrada... y a las Sociedades de
vida apostólica.
104. El propósito de virginidad, emitido luego del interrogatorio, hace públi-
ca la decisión ya expresada en el diálogo con el Obispo, ante quien la virgen ha
manifestado el deseo de perseverar todos los días de su vida «en el santo propó-
sito de virginidad, al servicio de Dios y de la Iglesia». Este propósito, del cual es
testigo el pueblo de Dios reunido en la asamblea litúrgica, tiene carácter de vín-
culo sacro y perpetuo.
5. Asimismo, se especifican las condiciones y las aptitudes necesarias para la
admisión al orden de las vírgenes:
82. El Ritual de la Consagración de Vírgenes especifica los requisitos para la
admisión al Orden de las vírgenes: 1) que la mujer no haya celebrado nupcias y
que no haya vivido pública o manifiestamente en un estado opuesto a la castidad;
2) que por su edad, prudencia, y costumbres, probadas a la vista de todos, sea fiel
en la vida casta y pueda perseverar dedicada al servicio de la Iglesia y del próji-
mo; 3) que sea admitida a la consagración por el Obispo diocesano correspon-
diente a su propio domicilio'.
84. Entre tales aptitudes se destacan: a) madurez humana: personalidad y
afectividad equilibradas, sobre todo salud espiritual y fortaleza psíquica; b) apti-
tud para la castidad: capacidad para vivir en soledad y para establecer, al mismo
tiempo, relaciones interpersonales libres y gratuitas; c) capacitación laboral o
profesional: que le posibiliten la necesaria autonomía económica para sustentar-
se dignamente por sí misma; d) carisma de virginidad: existencia del don espiri-
tual y de la capacidad psíquica para una práctica gozosa de la castidad perfecta;
e) sentido de Iglesia: sensibilidad para percibir las cosas de Dios y las necesida-
des del prójimo, conforme al magisterio y tradición espiritual de la Iglesia, unida
al fervor evangelizador, al celo apostólico y a una nítida capacidad de comunión
eclesial y de obediencia filial al Obispo diocesano.
5 El tercer requisito viene a precisar un elemento supuesto pero no siempre tenido en cuenta al momento de
la consagración virginal.

DIRECTORIO PARA EL ORDEN DE LAS VÍRGENES
305
85. Es oportuno que la admisión al Orden de las vírgenes se realice entre los
30 y los 50 años de edad. Dado que las vírgenes consagradas constituyen una
vocación singular y específica dentro de la Iglesia, corresponde al Obispo dioce-
sano discernir las circunstancias de excepción.
.
6. Además, será necesario que el Obispo diocesano o su Delegado/a (cf. nn.
47 y 86) establezca los planes de formación inicial y permanente, para lo cual
será oportuno llevar un registro de las vírgenes consagradas en cada diócesis:

87. La preparación para la consagración comprende un tiempo suficiente de
formación y de acompañamiento que ha de adaptarse a cada persona, conforme lo
establezca su Obispo. Ha de considerarse: la formación humana, la formación espi-
ritual, la madurez de la propia vocación en la Iglesia y la formación intelectual.

97. Todas las vírgenes consagradas han de proseguir, en la medida de sus
posibilidades, el programa de formación aprobado por el Obispo diocesano, ya
sea individualmente o en común con otras vírgenes. Además, se recomienda una
peculiar profundización y actualización, para aquellas que desempeñen ministe-

rios eclesiales o compromisos profesionales que así lo requieran.
113. Es oportuno que en cada Diócesis se lleve un registro de quienes inte-
gran el Orden de las vírgenes, en el que consten los datos personales, la fecha y
lugar de consagración, el nombre del Obispo consagrante, la constancia que en el
acta de su Bautismo ha sido realizada la nota marginal, las responsabilidades que
le fueron encomendadas y demás asuntos de importancia.
7. Por último, llenando un vacío legal, y teniendo en cuenta que —a diferen-
cia de los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica— las vír-
genes consagradas emiten directamente un vínculo perpetuo, el Directorio seña-

la el procedimiento para conceder tanto la dispensa del propósito virginal como
para la eventual dimisión de una virgen consagrada:

49. Esta consagración virginal es pública, personal y perpetua. La virgen con-
sagrada sólo puede solicitar la dispensa de su propósito y de las obligaciones que
se derivan de la consagración, por causas gravísimas consideradas en presencia

de Dios. En tal caso ha de presentar la petición por escrito al Obispo diocesano,
quien luego de agotadas las instancias necesarias (cf. can. 691), podrá conceder

la dispensa'.
6 Tal registro había sido sugerido en una publicación de esta Facultad, donde se encuentra un eventual
modelo de acta (cf. La Curia diocesana. Organización, diversos oficios, modelos de formularios Educa
[Buenos Aires 19982] 284).
7 La norma sigue indicaciones del Dicasterio competente en un caso particular (cf. Prot. n. 16.773/2000).
No obstante, permanece sin determinar cuál sea el Obispo diocesano competente: ¿se trata del Obispo dio-
cesano de la consagración virginal o el Obispo diocesano del domicilio de la peticionante? Estas normas
aparecen en relación al Obispo diocesano, pero quizás su lugar más propio hubiese sido al final del
Directorio.

306
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
50. A su vez, el Obispo diocesano puede ordenar la dimisión del Orden de las
vírgenes por causas que han de ser externas, imputables y jurídicamente com-
probadas, como: el descuido habitual de las obligaciones de la vida consagrada;
conducta que provoque grave escándalo; haberse apartado notoriamente de la fe
católica o la pertinaz defensa y/o difusión de doctrinas contrarias al magisterio de

la Iglesia.
51. En tales casos, el Obispo convocará y escuchará las explicaciones de la
interesada. De subsistir las imputaciones, procederá a amonestarla paternalmen-
te para ayudarla en su corrección. Si realizadas tres amonestaciones, no se obtu-
viesen signos de corrección, el Obispo, luego de recoger las pruebas sobre los

hechos y la imputabilidad, presentará ante el Notario la acusación y las pruebas,
otorgándole a la acusada, nuevamente, la posibilidad de defenderse.
52. Si realizado cuanto antecede, el Obispo juzgase que de otro modo no puede
satisfacerse la enmienda de la virgen consagrada, la restitución de la justicia y la
reparación del escándalo: procederá a su expulsión del Orden de las vírgenes
mediante decreto motivado (cf. can. 695 § 2), donde constará que la virgen expul-
sada tiene derecho de presentar recurso a la Santa Sede, con efecto suspensivo (cf.
can. 700), dentro de los diez días siguientes de haber recibido la correspondiente
notificación. Luego que la expulsión quedase firme, el Obispo diocesano habrá de
comunicar el decreto a las demás vírgenes y al Delegado/a, si lo hubiere.

* * *
Este Directorio es un aporte valioso, no sólo a la teología y disciplina de la
Argentina, sino también para toda la Iglesia pues hasta donde conocemos no exis-
te ningún documento similar del magisterio episcopal que presente una síntesis
armoniosa de los elementos bíblicos, patrísticos, históricos, teológicos y canóni-
cos del tema, que permitirán una mejor comprensión de esta renovada forma de
vida consagrada, como así también su difusión y valoración en el pueblo de Dios.

Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA

AADC VIII (2001) 307-320
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA Universidades e Institutos católicos
de estudios superiores. Decreto general para la aplicación de la
Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae
Oficina del Libro (Buenos Aires 2001) 64 págs.
1. La Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, publicada por Juan Pablo
II el 15.8.1990, determina en sus «Normas generales» que las mismas "deben ser
concretamente aplicadas a nivel local y regional por las Conferencias de Obispos

y por otras Asambleas de la Jerarquía católica, en conformidad con el Código de
Derecho Canónico y con la legislación eclesiástica complementaria, teniendo en
cuenta los Estatutos de cada Universidad o Instituto y —en cuanto sea posible y
oportuno— también el derecho civil" (art. 1 § 2).

Fue así que la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), luego de haber sido
oportunamente reconocidos por la Santa Sede, promulgó el 15.10.1997 los
«Ordenamientos» "válidos para todas las Universidades Católicas e Institutos

Católicos de Estudios Superiores de la región, exceptuadas las Universidades y
Facultades Eclesiásticas, las cuales, incluidas las Facultades Eclesiásticas perte-
necientes a una Universidad Católica, se rigen por las Normas de la Constitución
Apostólica
Sapientia Christiana", publicadas por Juan Pablo II el 15.4.1979'
(Normas Ex corde art‘ 1 § 2)2.
Luego de un primer período de aplicación, se vio la necesidad de revisar
dichos «Ordenamientos» para mejor responder a las necesidades locales, simpli-
ficando la normativa, teniendo más en cuenta la legislación civil en la materia
(particularmente la Ley N° 24.521 de Educación Superior, promulgada el
7.8.1995 y el Decreto 576/96 reglamentario de la misma), precisando lo requeri-
do en las Normas Ex corde en sus notas 48 y 52, y ordenando la situación exis-
tente relativa a las subsedes y extensiones universitarias.

2. Teniendo en cuenta tales objetivos, la CEA —con la intervención de su
Consejo para los Asuntos Jurídicos— preparó un proyecto que fue revisado y
1 Cf. AAS 71 (1979) 469-521: EV 6/1330-1454
2 Cf. CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre
las Universidades Católicas Ex corde Ecclesiae. Ordenamientos para la aplicación de la Constitución
Apostólica Ex corde Ecclesiae Oficina del Libro (Buenos Aires 1997) 71 págs.

308
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
aprobado el 10.11.2000 durante su 80° Asamblea Plenaria. Revisado por los
Dicasterios competentes, fue confirmado el 5.4.2001 y finalmente promulgado el
25.4.2001. Con gran acierto, la publicación que comentamos contiene en primer
lugar el Decreto promulgatorio de la CEA a modo de presentación, luego el
Decreto del reconocimiento pontificio, al que sigue el Decreto general y final-
mente la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae3.
3. Para facilitar la intelección del acto legislativo de que se trata, se sustituyó
la denominación de «ordinamientos» —sugerido en el art, 1 § 2 de las Normas Ex
corde— por el de «decreto general»4. De este modo, se asume la terminología del
can. 455 § 2 al que remite en nota por tratarse de una legislación dada por la
Conferencia de Obispos en virtud de un mandato peculiar dado «motu proprio»
(es decir, sin petición particular de la CEA) por el Supremo Legislador.
A tenor del can. 29 "los decretos generales, mediante los cuales el legislador
competente establece prescripciones comunes para una comunidad capaz de
recibir una ley, son propiamente leyes y se rigen por las disposiciones de los
cánones relativos a las leyes".
4. El articulado podría estructurarse en tres partes: las instituciones (arts. 1-
6), las relaciones «ad intra» (arts. 7-9) y las relaciones «ad extra» (arts. 10-14).
El Decreto general, luego de dar una breve descripción de la respectiva enti-
dad, enuncia el «régimen», es decir, la normativa que rige en las universidades
católicas e institutos católicos de estudios superiores (art. 1), los institutos supe-
riores de ciencias religiosas (art. 2) y las universidades y facultades eclesiásticas
(art. 3), determinando finalmente quiénes pueden erigir una universidad o insti-
tuto católico (art. 4).
Acerca de la compleja cuestión de las subsedes o extensiones y los colegios
universitarios (art. 5), se optó por asumir la normativa civil en la materia, ponien-
do toda la tramitación en manos del Obispo diocesano competente y dando inter-
vención —como sucede a nivel civil con los organismos universitarios regionales—
a la Comisión Episcopal de Educación Católica. El objetivo de la normativa es
evitar la superposición de servicios universitarios católicos en una misma juris-
dicción episcopal que compitan entre sí atomizando la oferta educativa en un
mismo ámbito del saber.
La identidad católica de las universidades e institutos se tutela fundamental-
3 Los tres primeros documentos también han sido publicados en: Consudec. Colección documentos n. 913
(2001) 1-22. La presentación, bajo el título «promulgación», ha sido publicada en: Boletín de la
Conferencia Episcopal Argentina n. 19 (2001) 6.
4 Por otra parte, el término «ordinatio, -onis» —en las obras de Plinio el joven y Cassiodoro— significa decre-
to de la autoridad.

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
309
mente por su actividad acorde con los fines establecidos en sus estatutos. Una de
las dificultades constatadas ha sido la falta de coordinación de los estatutos civi-
les y canónicos en varias instituciones, la inexistencia de normas aprobadas por
la autoridad eclesiástica competente o incluso la falta de intervención de la auto-
ridad eclesiástica competente para la modificación de los estatutos civiles por los
cuales efectivamente se rigen las universidades católicas a tenor de la legislación
vigente. Superar las dificultades existentes, facilitando al mismo tiempo las solu-
ciones son el objetivo del art. 6, el cual remite al contenido mínimo establecido
en el apéndice', y a la obligatoriedad de revisar todos los estatutos vigentes antes
de la culminación del ciclo lectivo 20026.
La normativa contiene los deberes y derechos de los docentes y demás per-
sonal que se articula mediante la firma del ideario de la institución al momento
de su designación y la mantención del mismo a lo largo de su desempeño en las
tareas asignadas (art. 7)'.
En cumplimiento de lo dispuesto en el art. 5 § 2 de las Normas Ex conde, el
art. 13 determina el «procedimiento para la remoción de los docentes» inspirad()
a las «Normas para la aplicación de la Constitución Apostólica Sapientia chris-
liana»
que tutele los derechos de todas las partes y que sólo se llegue a las máxi-
mas instancias cuando se han agotado los niveles internos de la unidad académi-
ca y de la propia institución.
Teniendo presente que el régimen de acreditación exigirá progresivamente la
titularización de los docentes del nivel superior, el art. 9 establece las condicio-
nes mínimas para que las instituciones católicas concedan los títulos'.
5 El n. 6 del apéndice ha suscitado algunas consultas por considerar que se pide una particularización que
puede sofocar el dinamismo de la vida universitaria. Dicho esquema está inspirado en las «Normas para
la aplicación de la Constitución Apostólica Sapientia christiana» que regula la vida de las universidades
y facultades eclesiásticas y es exigido por las disposiciones que rigen la acreditación ante la Comisión
Nacional de Acreditación y Evaluación Universitaria para la obtención del reconocimiento civil de los
títulos. El concepto de «disciplinas enseñadas» no requiere una transcripción del plan de estudios de cada
carrera (lo cual no es función del estatuto) sino la determinación somera de las asignaturas obligatorias,
complementarias y eventualmente auxiliares que lo componen.
6 La Congregación para la Educación Católica ha respondido el 25.6.2001 al Presidente de la CEA que -il
compito della Conferenza Episcopale di emanare gli Ordinamenti per ogni singola Nazione comporta
anche quello di promuovere la fedele osservanza degli Ordinamenti stessi" (Prot. N. 1014/95). Por tal
razón, no será solamente tarea del Obispo diocesano de la sede principal de las universidades e institutos
católicos de la Argentina velar por el cumplimiento de esta cláusula, sino también de la CEA, seguramente
también con la intervención de su Comisión Episcopal para la Educación Católica.
7 En el art. 4 §§ 2 y 4, junto a los docentes, se menciona a los «administratores» (que son diversos de los
miembros del «consilio rebus administrandis» mencionado en el § 1). Es dificil aplicar solamente a los
«administradores», esto es, a los funcionarios, la normativa allí propuesta. Por tal razón, siguiendo la pri-
mera edición de Ex Corde que fue publicada en italiano, el art. 7 del Decreto general se titula «Los docen-
tes y el personal administrativo», entiendo por tal a todos los empleados de las universidades e institutos
católicos que no tienen a su cargo la tarea académica.
8 Teniendo en cuenta los requisitos exigidos por el derecho eclesial y el derecho civil, puede establecerse el

310
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
El art. 10 contiene el elenco de las competencias propias del Obispo dioce-
sano de la sede principal entre las que se destaca la vigilancia (inherente a la fun-
ción episcopal), la concesión del mandato para enseñar disciplinas teológicas, la
organización de los estudios teológicos y también filosóficos propios del genui-
no saber católico, y la atención pastoral de la comunidad educativa (cf. art. 11).
Finalmente, el art. 12 determina que las instituciones educativas superiores han
de insertarse en la Iglesia y el mundo a fin de favorecer la síntesis entre fe y vida.
Pbro. Dr. Carlos Ignacio HEREDIA

siguiente cuadro de equivalencia:
DERECHO CANÓNICO
DERECHO CIVIL
bachiller
licenciado
licenciatura
licenciado
magister
rnaestrado
doctor
doctor
doctorado

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
311
DECRETO GENERAL SOBRE LAS UNIVERSIDADES
E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
VISTO la necesidad de revisar el «Ordenamiento» aplicativo de la
Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae promulgado por la CEA el
15.10.1997, recogiendo la vasta experiencia de este trienio;
HABIENDO consultado a la Comisión Episcopal de Educación Católica, a
la Comisión Episcopal de Pastoral Universitario, a la Comisión Episcopal para la
Universidad Católica Argentina y al Consejo de Asuntos Jurídicos de la C.E.A.;
EN VIRTUD del art. 1 § 2 de las «Normas generales» de la Constitución
Apostólica Ex corde Ecclesiae, publicada por Juan Pablo II el 15.8.1990 (cf.
AAS 82 [1990] 1475-1509; de ahora en más Normas Ex corde);
LA CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA DECRETA
Artículo 1. Régimen de las Universidades Católicas e Institutos Católicos de
Estudios Superiores

§ 1. La Universidad Católica es una comunidad académica que goza de auto-
nomía institucional de gobierno para la investigación y enseñanza de las distin-
tas disciplinas de acuerdo con la doctrina católica (cf. can. 809; Ex corde n. 12 y
Normas art. 2)9.
§ 2. El Instituto Católico de Estudios Superiores brinda la formación necesa-
ria en los niveles no universitarios de la educación, siguiendo las enseñanzas de
la Iglesia Católica.
§ 3. Las Universidades Católicas y los Institutos Católicos de Estudios
Superiores existentes en la República Argentina se rigen por:
a. los cáns. 807-814 del CIC;
9 La Ley 24.521 de Educación Superior de la República Argentina determina: "Las instituciones que res-
ponden a la denominación de «Universidad» deben desarrollar su actividad en una variedad de áreas dis-
ciplinarias no afines, orgánicamente estructuradas en facultades, departamentos o unidades académicas
equivalentes. Las instituciones que circunscriben su oferta académica a una sola área disciplinaria se deno-
minan «Institutos Universitarios»" (art. 27 in fine).


312
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
b. las «Normas generales» aprobadas por la Constitución Apostólica Ex
corde Ecclesiae;
c. este Decreto promulgado por la Conferencia Episcopal Argentina;
d. los respectivos Estatutos aprobados por la autoridad eclesiástica competente.
Artículo 2. Régimen de los Institutos Superiores de ciencias religiosas
Los Institutos Superiores de ciencias religiosas existentes en la República
Argentina en los cuales, a tenor del can. 821, se enseñan disciplinas teológicas y
aquellas otras que pertenecen a la cultura cristiana, se rigen por:

a. las «Normas para los Institutos Superiores de ciencias religiosas», publi-
cadas por la Congregación para la educación católica el 12.5.1987 (cf.
Seminarium 43 [1991] 179-201);

b. la «Instrucción sobre la colaboración inter-Institutos para la formación»,
publicada por la Congregación para los Institutos de vida consagrada y
Sociedades de vida apostólica el 8.12.1998;
c. este Decreto promulgado por la Conferencia Episcopal Argentina;
d. los respectivos Estatutos aprobados por la autoridad eclesiástica competente.

Artículo 3. Régimen de las Universidades y Facultades eclesiásticas
§ 1. Son Universidades y Facultades eclesiásticas las que, erigidas por la Sede
Apostólica, se dedican a la investigación y enseñanza de las ciencias sagradas o
conexas con las mismas, y tienen el derecho de otorgar grados académicos por
autoridad de la Santa Sede (cf. can. 815-817; Normas
Ex corde art. 1 § 2, nota 45).
§ 2. En las Universidades y Facultades eclesiásticas existentes en la
República Argentina, incluidas las Facultades eclesiásticas pertenecientes a una
Universidad Católica, se observará cuanto establece el Artículo 10 de este

Decreto, careciendo de vigencia para ellas las demás disposiciones del mismo, y
se rigen por:

a. los cáns. 815-820 del CIC;
b. las Normas de la Constitución Apostólica
Sapientia Christiana, publicada
por Juan Pablo II el 15.4.1979 (cf. AAS 71 [1979] 469-521);
c. los Estatutos aprobados por la Santa Sede.
§ 2. La afiliación, agregación e incorporación de un Instituto teológico o de

otra ciencia religiosa a una Universidad o Facultad eclesiástica, incluso bajo la
forma de una subsede, se rige por las siguientes normas:

a. La «afiliación» de un cuadrienio teológico para la consecución del bachi-
llerato se rige por las normas propias, las cuales incluyen el consentimiento del
respectivo Obispo diocesano u Ordinario religioso (cf. CONGREGACIÓN PARA LA
EDUCACIÓN CATÓLICA Notio affiliationis theologicae. Conventio et Normae ser-
vandae 1.8.1985, art. 7).

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
313
b. La «agregación», por la cual el Instituto se une a la Facultad eclesiástica
para conseguir el bachillerato y la licenciatura, se rige por las normas propias, las
cuales incluyen el parecer favorable del Obispo diocesano competente y de la
respectiva Conferencia de Obispos, como así también la presentación del Gran
Canciller de la Facultad agregante (cf. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN
CATÓLICA Normae de Instituti Theologici aggregatione 23.6.1993, arts. 13-14:
Seminarium 33 [1993] 261-265).
c. La «incorporación», por la cual el Instituto se inserta en la Facultad ecle-
siástica para la consecución de la licenciatura y/o el doctorado, se rige por las
normas aprobadas por la autoridad eclesiástica competente.
Artículo 4. Erección de las Universidades e Institutos Católicos
Para que una Universidad o Instituto, a tenor del can. 808, pueda usar el títu-
lo de católico en la República Argentina, se requiere que hayan sido erigidos:
a. por la Santa Sede, la Conferencia Episcopal Argentina o por un Obispo
diocesano de la República Argentina, a quien corresponde también aprobar sus
estatutos;
b. con el consentimiento por escrito del Obispo diocesano de la sede princi-
pal, a quien corresponde también aprobar sus estatutos, pueden ser erigidos por
un Instituto religioso o por una persona jurídica eclesiástica pública (cf. cáns. 116
§ 1, 301 § 1),
c. con el consentimiento por escrito del Obispo diocesano de la sede princi-
pal, a quien corresponde también aprobar sus estatutos, por una persona jurídica
eclesiástica privada (cf. cáns. 116 § 1, 322 § 2), una asociación privada de fieles
no constituida en persona jurídica (cf. can. 310), o por fieles clérigos o laicos.
Artículo 5. Las subsedes o extensiones y los colegios universitarios
§ 1. Las Universidades e Institutos pueden establecer subsedes y extensiones
en una Iglesia particular diversa de la sede principal como respuesta a una soli-
citud escrita del respectivo Obispo diocesano o con el consentimiento por escri-
to del mismo, contando también con el consentimiento escrito del Obispo dioce-
sano de la sede principal y el parecer de la Comisión Episcopal de Educación
Católica, previo a cualquier trámite al respecto ante el Consejo de Universidades
(cf. Decreto PEN 1047/99 del 23.9.1999).
Esta norma se aplica tanto a las instituciones cuya sede principal esté en la
República Argentina como aquellas que residan en el extranjero, incluidas las
dependientes de Institutos religiosos.
§ 2. Los Institutos Católicos necesitan el previo consentimiento por escrito
del Obispo diocesano para transformarse, mediante acuerdo con una

314
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Universidad, en Colegios universitarios'". En el acuerdo deberá tutelarse la iden-
tidad católica del Instituto.
§ 3. En tales casos, las facultades enunciadas en el Artículo 10 corresponden.
al Obispo diocesano de la subsede, extensión o Colegio universitario, sin perjui-
cio de las competencias del Gran Canciller, si lo hubiere.
§ 4. Todo proyecto de educación a distancia, sea no presencial o semipresen-
cial, virtual o no, deberá contar con el consentimiento escrito del Obispo dioce-
sano de la sede principal y el parecer de la Comisión Episcopal de Educación
Católica, para lo cual la autoridad académica presentará la documentación e
información requerida en la Resolución 1423/98 del 24.7.1998 del Ministerio de
Cultura y Educación de la Nación.
Para la eventual apertura de centros académicos de apoyo local de educación
a distancia (o «aulas virtuales») en una Iglesia particular diversa de la sede prin-
cipal se requieren los consentimientos escritos tanto del respectivo Obispo dio-
cesano como del Obispo diocesano de la sede principal.
Artículo 6. Los estatutos
§ 1. Los estatutos eclesiásticos de la Universidad o Instituto, dejando a los
propios Reglamentos internos que han de aprobar las autoridades académicas
competentes lo que es de índole más particular y mudable, deben transcribir las
Normas Ex conde y este Decreto, y tratar principalmente los temas enunciados en
el Apéndice de este Decreto general.
§ 2. Como las Universidades Católicas están obligadas por el art. 62 de la Ley
24.521 de Educación Superior a obtener personería jurídica como asociación o
fundación civil, a tenor del art. 45 del Código Civil argentino", se someterán los
estatutos civiles al Obispo diocesano de la sede principal para su revisión y nin-
guna modificación de los mismos tendrá validez sin la aprobación del Obispo
diocesano de la sede principal.
§ 3. En los estatutos de la asociación o fundación civil se deberá tutelar la
identidad católica de la institución, las facultades del Obispo diocesano en la
misma, la coordinación de las autoridades de la entidad civil con las autoridades
académicas y directivas de la institución y el destino eclesial de los bienes en
caso de disolución.
§ 4. Estas normas también rigen en los Institutos Católicos que opten por
constituirse en asociación o fundación civil.
10 La Ley 24.521 de Educación Superior determina: "Las instituciones de nivel superior no universitario que
se creen o transformen, o las jurisdicciones a las que ellas pertenezcan, que acuerden con una o más uni-
versidades del país mecanismos de acreditación de sus carreras o programas de formación y capacitación,
podrán denominarse «Colegios Universitarios»" (art. 22) [Cf. Decreto PEN 1.232/01 del 2.10.20011
11 El texto es el siguiente: "Comienza la existencia de las corporaciones, asociaciones, establecimientos. etc.,
con el carácter de personas jurídicas, desde el día en que fuesen autorizadas por la ley o por el Gobierno, con
aprobación de sus estatutos, y confirmación de los Prelados en la parte religiosa"
(la cursiva es nuestra).

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
315
Artículo 7. Los docentes y el personal administrativo
§ 1. Todos los docentes han de tener el título académico requerido por la Ley
24.521 de Educación Superior. Además, las autoridades académicas pondrán
especial atención en que los profesores titulares, a quienes es confiada la respon-
sabilidad de la tarea investigativa y docente de las diferentes cátedras, tengan el
título académico máximo en la propia disciplina.
§ 2. Los docentes han de destacarse "no sólo por su idoneidad científica y
pedagógica, sino también por la rectitud de su doctrina e integridad de vida" (can.
810 § 1).
§ 3. "Al momento del nombramiento, todos los docentes y el personal admi-
nistrativo deben ser informados de la identidad católica de la institución y de sus
implicaciones, y también de su responsabilidad de promover o, al menos, respe-
tar tal identidad", por medio de un compromiso formal y escrito en el momento
de su incorporación (Normas Ex corde art. 4 § 2).
§ 4. "De acuerdo con las diversas disciplinas académicas, todos los docentes
católicos deben acoger fielmente, y todos los demás docentes deben respetar, la
doctrina y la moral católicas en su investigación y en su enseñanza. En particu-
lar, los teólogos católicos, conscientes de cumplir un mandato de la Iglesia, deben
ser fieles al Magisterio de la Iglesia, como auténtico intérprete de la Sagrada
Escritura y de la Sagrada Tradición" (Normas Ex corde art. 4 § 3).
§ 5. Los docentes y el personal administrativo no católico "tienen la obliga-
ción de reconocer y respetar el carácter católico de la institución. Para no poner
en peligro tal identidad católica de la Universidad o del Instituto Superior, evíte-
se que los profesores no católicos constituyan una componente mayoritaria en el
interior de la institución, la cual es y debe permanecer católica" (Normas Ex
corde art. 4 § 4).
§ 6. Con el fin de alentar la investigación y la mejor integración del cuerpo
docente, en cada Universidad o Instituto deberá existir un número suficiente de
profesores con dedicación especial.
§ 7. Los docentes se jubilan a la edad establecida en la legislación civil vigen-
te, salvo que la autoridad académica correspondiente permita la continuidad.
Artículo 8. Los alumnos
§ 1. Para la admisión de estudiantes, además de las condiciones requeridas por
el art. 7 de la Ley 24.521 de Educación Superior, se comprobará la madurez reque-
rida para la realización de estudios superiores, incluso mediante examen de ingreso.
§ 2. Los alumnos, al solicitar su matriculación, aceptan formalmente los fines
de la institución y manifiestan acatamiento de las normas que rigen su funciona-
miento.

316
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
§ 3. "La educación de los estudiantes debe integrar la dimensión académica
y profesional con la formación en los principios morales y religiosos y con el
estudio de la doctrina socitl de la Iglesia. El programa de estudio para cada una
de las distintas profesiones debe incluir una adecuada formación ética en la pro-
fesión para la que dicho programa prepara. Además, se deberá ofrecer a todos los
estudiantes la posibilidad de seguir cursos de doctrina católica", a tenor del can.
811 § 2 (Normas
Ex conde art. 4 § 5).
Artículo 9. Los títulos
§ 1. "Corresponde exclusivamente a las instituciones universitarias otorgar el
título de grado de licenciado y títulos profesionales equivalentes, así como los títu-
los de posgrado de magister y doctor" (Ley 24.521 de Educación Superior art. 40).
§ 2. El doctorado comporta la culminación de una carrera universitaria. En
consecuencia, las Universidades Católicas deben extremar el rigor de sus exi-
gencias para otorgarlo, estableciendo en sus estatutos las siguientes exigencias
mínimas:

a. Se ha de participar en un seminario filosófico-teológico referido al saber
de la carrera respectiva.
b. Se impondrá el requisito final de una tesis realizada bajo la dirección del
profesor que la Facultad designe, sometida a defensa en prueba oral y aprobada
colegialmente.

c. El título no se otorgará en ningún caso con la sola aprobación de un único
ciclo de estudios común con los aspirantes.
§ 3. Concurriendo especiales méritos científicos o culturales adquiridos en la
promoción de las ciencias, una Universidad Católica puede conferir el título de
doctor «honoris causa» con el previo consentimiento por escrito del Obispo dio-
cesano competente y, si lo hubiese, del Gran Canciller.

Artículo 10. Competencia del Obispo diocesano
Corresponde al Obispo diocesano competente:
a. vigilar para que en la Universidad o Instituto "se observen fielmente los

principios de la doctrina católica" (can. 810 § 2);
b. conceder, a tenor del can. 812, el mandato a quienes enseñan disciplinas
teológicas en todas las Universidades o Institutos católicos, aún dependientes de
Institutos religiosos;
c. designar, instituir o confirmar al capellán o capellanes de la Universidad o
Instituto, a tenor del can. 565 (cf. can. 813), y eventualmente removerlo con
causa justa;
d. ser informado anualmente de las actividades de la Universidad o Instituto,
especificando sobre el modo en que se hace realidad su identidad católica, el res-

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
317
peto del Magisterio de la Iglesia en la investigación y la docencia, la idoneidad
científica y pedagógica de los docentes, la formación ética y religiosa de los
alumnos, la creación de nuevas carreras y subsedes o extensiones en otras
Iglesias particulares, y la atención pastoral de la comunidad educativa;

e. recibir anualmente la rendición de cuentas;
f. procurar que, donde no se den los requisitos necesarios para que la Santa

Sede erija una Facultad de Teología, exista al menos una cátedra de teología (cf.
can. 811 § 1);
g. teniendo en cuenta la importancia de la filosofía para la evangelización de
la cultura, promover los estudios filosóficos, incluso con la creación de una
Facultad de Filosofía;
h. cuidar que se promueva "la atención pastoral de los miembros de la comu-
nidad universitaria y, en particular, el desarrollo espiritual de los que profesan la
fe católica" (Normas
Ex corde art. 6 § 1; cf. can. 813).
Artículo 11. Pastoral universitaria
Para promover una adecuada atención pastoral de la comunidad universitaria:
a. los estatutos de las Universidades e Institutos deberán determinar que se

nombre "un número suficiente de personas cualificadas —sacerdotes, religiosos,
religiosas y laicos— para proveer una acción pastoral específica a favor de la
comunidad universitaria, que se ha de desarrollar en armonía y colaboración con

la pastoral de la Iglesia particular y bajo la guía o la aprobación del Obispo dio-
cesano" (Normas Ex corde art. 6 § 2; cf. can. 564);
b. debe existir en toda Universidad o Instituto una iglesia u oratorio aproba-
do por el Obispo diocesano competente dedicado exclusivamente a la celebración
litúrgica y a la oración personal de la comunidad universitaria y de otras perso-
nas que allí acudan con el consentimiento de las autoridades académicas (cf.
cáns. 1214 y 1223).
Artículo 12. La Universidad y los Institutos en la Iglesia
§ 1. Toda Universidad e Instituto "debe mantener la comunión con la Iglesia
universal y con la Santa Sede; debe estar en estrecha comunión con la Iglesia par-
ticular, principalmente con los Obispos diocesanos de la región o de la nación en
la que está situada", contribuyendo a la acción evangelizadora de la Iglesia
(Normas Ex corde art. 5 § 1).
§ 2. "Con el fin de afrontar mejor los complejos problemas de la sociedad
moderna y de fortalecer la identidad católica de las instituciones, se deberá pro-
mover la colaboración a nivel regional, nacional e internacional en la investiga-
ción, en la enseñanza y en las demás actividades universitarias entre todas las
Universidades Católicas, incluidas las Universidades y Facultades eclesiásticas.


318
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Tal colaboración debe ser, obviamente, promovida también entre las
Universidades Católicas y las demás Universidades e Institutos para la investi-
gación y la enseñanza, tanto públicas como privadas" (Normas
Ex corde art. 7 §
1; cf. can. 820).
§ 3. "Las Universidades Católicas, cuando sea posible y de acuerdo con los
principios y la doctrina católicos, colaboren en programas de los gobiernos y de
las organizaciones nacionales e internacionales en favor de la justicia, del des-
arrollo y del progreso" (Normas Ex corde art. 7 § 2).
Artículo 13. Procedimiento para la remoción de los docentes
A tenor del can. 810 § 1 y del art. 5 § 2 de las Normas Ex corde, los estatutos
deben incluir el siguiente procedimiento cuando falte la idoneidad científica o
pedagógica, la rectitud de doctrina o integridad de vida en alguno de los docentes..
a. Ante todo, se debe tratar de arreglar la cuestión privadamente entre la auto-
ridad académica competente y el docente.
b. Si no se llega a un acuerdo, la cuestión sea tratada oportunamente por el
consejo o comisión competente, de manera que el primer examen del caso se
haga dentro de la institución.

c. Si esto no es suficiente, elévese la cuestión al Obispo diocesano competen-
te o, si lo hubiese, al Gran Canciller, el cual, junto con personas expertas de la ins-
titución o de fuera de ella, examinará el asunto para proveer del modo oportuno.

d. En todo momento se concederá al docente la facultad de exponer y defen-
der su causa, quedando siempre su derecho de recurrir ante quien corresponda.
e. No obstante, en los casos más graves y urgentes, con el fin de proveer al
bien de los alumnos y de los fieles, el Obispo diocesano competente o, si lo
hubiese, el. Gran Canciller suspenderá «ad tempus» al profesor, hasta que se con-
cluya el examen de la cuestión12.

Artículo 14. Revisión de los estatutos vigentes
Todas las Universidades e Institutos deberán incorporar en sus estatutos las
Normas Ex corde y este Decreto, sometiendo el texto a la aprobación de la auto-
ridad eclesiástica competente antes de la culminación del ciclo lectivo 2002. Si
se hubiese obtenido personería jurídica como asociación o fundación civil, para
la aprobación de los estatutos canónicos deben presentarse los estatutos civiles

vigentes.
12 Estas normas se inspiran en las «Normas para la aplicación de la Constitución Apostólica Sapientia chris-
liana», aprobadas por la Congregación para la educación católica el 29.4.1979.

UNIVERSIDADES E INSTITUTOS CATÓLICOS DE ESTUDIOS SUPERIORES
319
APÉNDICE
CONTENIDO MÍNIMO DE LOS ESTATUTOS
1. El nombre, la naturaleza (universidad o instituto), la finalidad y el pro-
pietario de la institución (con una breve información histórica como proemio).
2. El gobierno: El Gran Canciller; las autoridades académicas, personales y
colegiales; cuáles son sus competencias concretas; cómo han de ser elegidas y
cuánto tiempo dura su mandato.

3. Los docentes: Cuál debe ser su número mínimo en cada carrera; cuáles son
sus categorías; qué requisitos se les exige; cómo deben ser nombrados y promo-
vidos; cómo pueden cesar en sus funciones; cuáles son sus deberes y derechos.
4. Los alumnos: Cuáles son sus requisitos de inscripción; cuáles sus deberes
y derechos.
5. El personal administrativo: Cómo deben ser designados; cuáles son sus
deberes y derechos.
6. El plan de estudios: Cuáles son las carreras articuladas en facultades,
departamentos o unidades académicas equivalentes; cuántos ciclos comprende;
cuáles las disciplinas enseñadas; su obligatoriedad y asistencia a las clases; semi-
narios y ejercitaciones; exámenes parciales y finales.

7. Los grados académicos: Qué grados se conferirán en cada carrera y bajo
qué condiciones.
8. El material didáctico: Cómo se proveerá a la conservación e incremento de
la biblioteca; cuáles otros instrumentos didácticos y de investigación son necesarios.
9. Los aspectos económicos: Cuál es el patrimonio; quién lo administra; cuá-
les las normas sobre los honorarios de los docentes y personal administrativo;
cuáles las tasas de los alumnos; cuáles las ayudas económicas destinadas a los
alumnos pobres; eventual vinculación con la asociación o fundación civil.

10. Relaciones con las otras Universidades y Facultades: Quiénes pueden
establecer acuerdos; en cuáles organismos se participará.
11. Régimen de las subsedes o extensiones y colegios universitarios: Quiénes
pueden establecer acuerdos; cuáles facultades tienen los respectivos Obispos dio-
cesanos.

12. Destino de los bienes en caso de disolución o supresión.
Aprobado en la 80° Asamblea Plenaria el 10.11.2000
Reconocido por la Santa Sede el 5.4.2001
Promulgado por la CEA el 25.4.2001


AADC VIII (2001) 321-324
CRÓNICA DE LA FACULTAD
I. Nuevo Decano.
De acuerdo con los Estatutos vigentes, el Consejo Académico en su reunión
del 12 de Diciembre de 2000 eligió una terna de profesores para desempeñar la
función de Decano en la Facultad. Dicha terna fue elevada a S.E.R. Cardenal Jorge
Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires y Gran Canciller de la Universidad,
quien designó Decano al Pbro. Dr. Carlos Ignacio Heredia, siendo confirmado por

la Congregación para la Educación Católica el 12 de Mayo de 2001.
El nuevo Decano, es Profesor de esta Facultad desde 1992 habiendo sido
designado Profesor Ordinario de la misma el 25 de Mayo de 1999. Actualmente
dicta las asignaturas de Institutos de Vida Consagrada, Metodología Jurídico
Canónica y Fieles Cristianos. Es autor de una serie de publicaciones entre las que

pueden destacarse aquellas que integran la Colección Facultad de Derecho
Canónico: "La naturaleza de los movimientos eclesiales en el Derecho de la
Iglesia", "Los procesos eclesiásticos diocesanos. Documentos y modelos de for-
mularios", "Régimen jurídico de los religiosos y de los institutos de vida consa-
grada" en colaboración con Juan G. Navarro Floria y, junto con otros profesores
de esta casa, "La Curia Diocesana. Organización. Diversos oficios. Modelos de
formularios", "Procesos administrativos de canonización", "Curso sobre la pre-
paración al matrimonio", y "Pastores y fieles: constructores de la comunidad
parroquial".

Sucede en el cargo al Pbro. Dr. Ariel David Busso quien tuvo a su cargo el
Decanato desde la erección de la Facultad en 1991, durante tres períodos conse-
cutivos. También terminó su mandato como Vicedecano el Pbro. Dr. Alejandro

Wilfredo Bunge.
II. Alumnos y graduados.
El 19 de Marzo se inició el décimo ciclo lectivo de la Facultad en la sede del
Campus Universitario de Puerto Madero.
En este sentido, cabe destacar que 12 nuevos interesados iniciaron el Ciclo
Propedéutico, 5 el Ciclo de Licenciatura y hubo 2 nuevos doctorandos proceden-

322
CRONICA DE LA FACULTAD
tes de Brasil. Con estos nuevos ingresantes, la Facultad cuenta con 56 alumnos
regulares en distintas etapas del Ciclo de Licenciatura y 12 alumnos regulares de
Doctorado.
Durante este año, alcanzó el grado de Doctor en Derecho Canónico la Hna.
Thereza Rosa Benedetto mscs residente en Porto Alegre (Brasil), quien defendió
con éxito el 25 de Septiembre su tesis "La formación permanente en el derecho
propio del Instituto de las Hermanas Misioneras de San Carlos Borromeo (esca-
labrinianas - mscs)", dirigida por el Pbro. Dr. Carlos I. Heredia, convirtiéndose
en el sexto egresado que ha obtenido el máximo grado académico en esta
Facultad.
Cabe destacar que, en virtud de sus relevantes méritos académicos, se hizo
acreedor de la medalla de oro de la promoción 2000 el Pbro. Lic. Javier González
Grenón, de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Veracruz. Esta distinción que se
otorga por segunda vez desde la erección de la Facultad, la reciben aquellos
alumnos que han obtenido un promedio general superior a llueve puntos durante
el Ciclo de Licenciatura.
Durante el corriente ciclo lectivo, se han graduado como Licenciados en
Derecho Canónico: la Hna. Constanza Di Primio, de la Congregación de
Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús; el Pbro. Gustavo Manuel Crespo Roca,
de la Arquidiócesis de Córdoba; y el Abogado Miguel Repetto, de Buenos Aires.
Con los nuevos graduados, suman un total de 33 los Licenciados en Derecho
Canónico que se han recibido en esta Facultad.
III. Actividades.
Reiterando las provechosas experiencias de los años 1997 y 1999, en el mes
de Febrero se realizó el tercer viaje de estudios de la Facultad a la ciudad de
Roma, organizado con la finalidad de que los alumnos puedan tomar contacto
personal con los Dicasterios y centros de estudio de Derecho Canónico.
Coordinados por el entonces Decano Pbro. Dr. Ariel D. Busso, el Vicedecano
Pbro. Dr. Alejandro W. Bunge y la colaboración del profesor del Ciclo
Propedéutico Pbro. Dr. Carlos Baccioli, participaron veintiséis alumnos del Ciclo
de Licenciatura.
El Pbro. Dr. Carlos I. Heredia, participó de la reunión de Decanos que se
llevó a cabo en la ciudad de Lovaina (Bélgica), durante los días 30 y 31 de
Agosto. Participaron del IV Encuentro de Decanos de Derecho Canónico, los
máximos responsables de las Facultades pertenecientes a las Universidades de
Estrasburgo, Navarra, Santa Cruz (Roma), Washington, Ottawa y Lovaina.
Con posterioridad a dicha reunión, el Decano y los Profesores Estables
Ordinarios Pbro. Dr. Ariel D. Busso, Pbro. Dr. Alejandro W. Bunge, Pbro. Dr.
Nelson C. Dellaferrera y Mons. Lic. Víctor E. Pinto, participaron del XI

CRÓNICA DE LA FACULTAD
323
Congreso Internacional de Derecho Canónico sobre "Territorialidad y personali-
dad en el Derecho Canónico y Eclesiástico frente al tercer milenio" organizado
por la "Consotiatio Internationalis studio iuris canonici promovendo" en
Budapest (Hungría) del 2 al 7 de Septiembre.

Luego, el Decano viajó a la ciudad de Roma donde se reunió con el Prefecto
de la Congregación para la Educación Católica, S.E.R. Cardenal Zenon
Grocholewski y el Subsecretario del Dicasterio, Mons. Giuseppe Baldanza, a fin
de analizar la evolución de nuestra Facultad y la situación de los estudios de
Derecho Canónico en Latinoamérica.

Durante el corriente año hemos recibido la visita de dos profesores extranje-
ros que brindaron conferencias respecto de su especialidad. La primera de ellas
estuvo a cargo del Dr. Peter Landau, catedrático de las Universidades de Munich
y de Basilea (Alemania), quien el 6 de Abril se refirió a la "Cooperación inter-
nacional en la investigación de la
Historia del Derecho Canónico". Por su parte,
Mons. Dr. Joaquín Llobel Tuset, Profesor Ordinario de Derecho Procesal
Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), trató "El proce-

so de muerte presunta" el 25 de Abril.
Por su parte, Mons. Dr. Luis A. Alessio en representación de la Facultad, par-
ticipó del XXVIII Encuentro de estudio y profundización organizado por el
Grupo Italiano de Docentes de Derecho Canónico. En esta ocasión, la temática

abordada giró en torno de la trilogía fieles - asociaciones - movimientos y se rea-
lizó en Gazzada (Provincia de Varese - Italia) desde el 2 al 5 de Julio.
Entre los meses de mayo y noviembre, en jornadas intensivas de tres días por
cada tema, los Profesores con Dedicación Especial de la Facultad dictaron un
curso de actualización sobre "Los procesos administrativos", destinado en forma
exclusiva a los graduados en Derecho Canónico. Durante los seis bloques en que
se dividió este curso de posgrado se abordaron los siguientes temas: "Dispensa
del matrimonio rato y no consumado", "Disolución del matrimonio a favor de la
fe", "Dispensa de las obligaciones contraídas con el orden sagrado", "Recursos
administrativos", "Traslado y remoción de párrocos" y "Exclaustración y dis-
pensa de votos religiosos".

El Instituto de Derecho Eclesiástico de la Facultad tuvo a su cargo la organi-
zación de la Jornada "Sectas o nuevos movimientos religiosos" que se desarrolló
durante los días 13 y 14 de Agosto en el Auditorio "Santa Cecilia". Las distintas
ponencias que abordaron esta temática desde los puntos de vista canónico, teoló-
gico y sociológico estuvieron a cargo de los profesores de la Facultad Pbro. Dr.
Carlos Baccioli, Pbro. Dr. Ariel D. Busso, Pbro. Dr. Carlos I. Heredia y Juan G.
Navarro Floria, junto con los profesores invitados Dr. Roberto Bosca, Dra. María
Carozzi, Dr. Alejandro Frigerio, Dr. René Kruger, Dr. Jorge Scampini, Dr.
Abelardo Sonería y Lic. Hilario Wynarczyk. Cerrando las Jornadas se refirió a la


324
CRONICA DE LA FACULTAD
actualidad del tema el Secretario de Culto de la Nación, Dr. Norberto Padilla,
quien presidiera el Instituto hasta su designación en dicho cargo.
Por último, se ofrecieron a los alumnos los siguientes seminarios: "Latín
Jurídico", dictado por Mons. Lic. Miguel A. Irigoyen; "Textos canónicos del pri-
mer milenio", dirigido por Mons. Dr. Luis A. Alessio; y la relación entre
"Derecho Canónico y Derechos Humanos", a cargo del Pbro. Dr. Marcelo
Colombo. Los cursos de doctorado fueron los siguientes: "El matrimonio en el
Derecho Romano", dictado por el Dr. Alfredo Di Pietro; y "Cuestiones selectas
acerca de los tribunales y los procesos. Causas psíquicas de nulidad y simula-
ción. Su discernimiento",
a cargo de Mons. Dr. José Bonet Alcón y del Pbro. Dr.
Nelson C. Dellaferrera.
IV Publicaciones.
Los profesores de la Facultad, respondiendo a un pedido de la Conferencia
Episcopal Argentina, se encuentran trabajando en la revisión de la edición argen-
tina del Código de Derecho Canónico. Esta importante tarea implica unificar cri-
terios de traducción e incorporar a una futura edición del Código comentarios
introductorios a los temas de mayor relevancia, las normas complementarias y la
legislación particular. De esta manera, se pretende ofrecer una publicación más
completa que acerque las normas jurídicas vigentes a sus operadores, con un
definido sentido pastoral.
Abogado Ernesto GARCÍA QUIROGA
Secretario Académico

AADC VIII (2001) 325-328
RECENSIONES
Velasio DE PAOLIS, Luigi MISTÓ, Domenico MOGAVERO Non per denaro. Il sostegno eco-
nomico della Chiesa (Saronno 2000) 292 págs.
En la Asamblea General de Collevalenza de noviembre 1998 los obispos ita-
lianos han tomado algunas Determinaciones (promulgadas el 17 de marzo 1999)
con respecto a algunos instrumentos e iniciativas para la promoción de la sus-
tentación del clero y del sostenimiento económico de la Iglesia.
El volumen que presentamos responde a la Determinación n. 5: "los Obispos
responsables están obligados a proveer para que, en los programas de estudio de
los seminarios mayores y de las facultades teológicas dependientes de los Obispos
italianos y en los institutos agregados, se introduzca un tratado específico de las
motivaciones inspiradoras y de los elementos constitutivos del sistema vigente de
la sustentación del clero y del sostenimiento económico de la Iglesia, se adopte un
texto apropiado y se proceda a una adecuada valoración final del estudio realiza-
do. El tratado se inscriba, de norma, en el curso de derecho canónico o de derecho
público eclesiástico, asegurando un congruo número de horas de enseñanza".

Dicho tratado institucional, sin prejuicio de su naturaleza científica, debía
asumir un corte práctico-pastoral, proporcionando una panorámica completa y
una lectura orgánica y motivada del nuevo sistema concordatario de sosteni-
miento económico de la Iglesia.

Es claro que el libro no pretende constituirse en un manual de derecho canóni-
co para los seminarios y casas de formación. Una reflexión sistemática y completa
sobre los bienes temporales, aún teniendo en cuenta los límites de programación
académica y curricular, se proporciona dentro del programa de derecho canónico
del curso teológico institucional en los seminarios y en las facultades teológicas.

La obra se propone proporcionar solamente un segmento de la problemática
total, teniendo en cuenta la vigente normativa codicia], la disciplina concordata-
ria y el derecho particular vigente en la Iglesia que está en Italia. Se compone de
tres partes y de un apéndice.

La primera parte "Del beneficio eclesiástico al sustentamiento económico en
la Iglesia" ha sido realizada por DOMENICO MOGAVERO, Director del
Departamento nacional de la CEI para los problemas jurídicos, docente en la

326
DE PAOLIS V., MISTÓ L., MOGAVERO D.
Facultad Teológica de Sicilia y presidente de la Asociación Canonística Italiana.
Esta primera parte tiene una finalidad propedéutica proporcionando el con-
texto para la intelección y el uso del texto. Es una rápida panorámica histórica de
la evolución producida en la Iglesia italiana desde 1984 que ofrece además suge-
rencias para profundizar aspectos específicos corno, por ejemplo, el sistema
beneficial, los concordatos, el Concordato lateranense y su revisión, los bienes
temporales en el magisterio del Concilio Vaticano II.
La Iglesia italiana ha renunciado a las formas anteriores de financiación direc-
ta por parte del Estado y ha asumido el riesgo de confiarse al aporte de los fieles.
Ha renunciado a la financiación directa del Estado pero no ha podido hacerlo sin
la colaboración del Estado. Habrá que subrayar el significado ético-cultural y el
valor democrático de las disposiciones legales, a través de las cuales los ciudada-
nos italianos pueden contribuir al sostenimiento de la Iglesia o con sus propios
recursos obteniendo una ventaja fiscal parcial (donando hasta una determinada
cantidad, deducible del impuesto a las ganancias de las personas físicas), o bien
decidiendo libremente el destino de una modesta cuota del aporte fiscal que reali-
za anualmente al Estado (el ocho por mil de las ganancias de las personas físicas).
La segunda parte: "Visita guiada al nuevo sistema de sustentamiento econó-
mico de la Iglesia" ha sido confiada a LUIGI MISTÓ, Docente en la Facultad
Teológica del Norte de Italia, consultor pastoral de la CEI, Canciller del
Arzobispado de Milán y encargado para la promoción del sostenimiento econó-
mico de la Iglesia.
Esta parte es más sistemática y más descriptiva. Presenta el sistema en su des-
arrollo e introduce al conocimiento y a la valoración crítica del mismo: 1. El
acuerdo de revisión del Concordato Lateranense del 18 de febrero 1984 - 2. La
financiación del sistema (la cuota del 8 por mil y las cargas fiscales deducibles)
- 3. Descripción del sistema desde el punto de vista funcional - 4. Descripción del
sistema desde el punto de vista estructural con especial referencia al Instituto dio-
cesano de sostenimiento del clero y al Instituto central de sostenimiento del clero
- 5. La conferencia episcopal y el servicio para la promoción del sostenimiento
económico de la Iglesia. El capítulo 6 sobre la imagen de la Iglesia misterio de
comunión en la base del nuevo sistema de sostenimiento económico, es particu-
larmente importante para comprender la base doctrinal del sistema nuevo. Se
trata de una renovación eclesiológica que se propone mostrar una Iglesia más cre-
íble, más libre, más pobre, más transparente. Un concepto que proporciona una
nueva luz para la comprensión del ministerio presbiteral y la colaboración con la
sociedad civil y que implica también una nueva valoración de los bienes econó-
micos y materiales.
La tercera parte: "Líneas para profundizar la búsqueda" ofrece el aporte de
VELASIO DE PAOLIS, Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia

NON PERDENARO. II, SOSTENGNO. . .
327
Universidad Urbaniana y docente de la Cátedra sobre los bienes temporales de la
Iglesia.
Esta parte ofrece fichas de produndización sobre los temas conexos con la
materia relacionada con los bienes temporales, el sostenimiento del clero y la
ayuda para las necesidades de la Iglesia. El autor sintetiza enseñanzas ya ofreci-

das en los numerosos libros y artículos escritos sobre los bienes temporales. En
este caso son particularmente interesantes (y mejor desarrollados) los tres prime-

ros capítulos: 1. Los bienes temporales en el proyecto de Dios (los bienes tempo-
rales en la vida del hombre - la ambigüedad introducida por el pecado - los bien-
es bajo el signo del pecado - la vida no depende de los bienes - el ideal del sabio
- no sólo de pan vive el hombre - la redención de los bienes - los bienes, peligro
para la salvación - la codicia raíz de todos los males - dichosos los pobres de espí-
ritu - el ideal de la comunidad de Jerusalén - la comunión de los bienes); 2. Los
bienes temporales y el Concilio Vaticano II (juicio positivo sobre los bienes - los
bienes y la misión de la Iglesia - los bienes temporales y los ministros sagrados);

3. Las obras de caridad, vivida expresión del misterio de Dios y de la Iglesia (un
hermoso texto del decreto
Apostolicam actuositatent código de la acción caritati-
va; las obras más adecuadas para expresar la caridad; la sensibilidad de Jesús; la
Iglesia en la huella de Cristo; la comunidad de los apóstoles, Eucaristía y caridad;

Pablo organizador de colectas; la Iglesia canal de la caridad; testimonio del amor
e "iglesia de los pobres";
la ecclesia caritatis y la imagen de la Trinidad).
Otros temas son ofrecidos a modo de fichas: Comunión y comunicación de
bienes - Liturgia y ofrendas - La Iglesia vive de las ofrendas de los fieles - Los
fines de los bienes eclesiásticos - El sujeto del dominio de los bienes eclesiásticos.

Se concluye con un importante APÉNDICE en el que se incluyen algunos docu-
mentos esenciales (normas, decretos, notas pastorales, decisiones) para un con-
tacto fácil y directo con las fuentes principales del derecho particular italiano. Se
completa con una selecta bibliografía.
El volumen presenta las características de una monografía esencial y exhaus-
tiva destinada a la enseñanza y a la profundización escolar y personal, idónea
para satisfacer al mismo tiempo las exigencias de los docentes y de los estudian-
tes. El desarrollo de las diversas partes ha tenido en consideración la disponibili-
dad de tiempo que podrá ser dedicado al tema.

Concluyendo: se trata de un instrumento didáctico claro y preciso. Algo
semejante, adaptado a las condiciones propias de Argentina, sería sumamente útil
para la formación de los sacerdotes y de sus colaboradores.

Mons. Dr. Luis A. ALESSIO

1

AADC VIII (2001) 329-330
Francisco J. RAMOS OP I tribunali ecclesiastici. Costituzione, organizzazione, norme pro-
cessuali, cause matrimoniali
(Roma 20002) 650 págs.

El Profesor Francisco Javier Ramos OP, actual Decano de la Facultad de
Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino in Urbe
(Angelicum), ha actualizado este libro, del que hace ya hace unos años había
publicado su primera edición.
Fiel a su método habitual, cuidadosamente didáctico, el Profesor Ramos une
a la organización sistemática de la materia, el tratamiento y la explicación exe-
gética de los cánones, recurriendo, cuando resulta útil o necesario, a los antece-
dentes históricos, y facilitando siempre su aplicación práctica.

El objetivo que se propone, y que alcanza abundantemente, es hacer posible
la comprensión de las normas canónicas que organizan y regulan los tribunales
eclesiásticos (parte estática del derecho procesal, cáns. 1400-1500) y su funcio-
namiento (parta dinámica del derecho procesal, cáns. 1501-1655 y 1671-1685,
para los procesos de nulidad matrimonial).

En esta segunda ediciótfiel Prof. Ramos ha incorporado dentro de cada una
de las partes en las que se divide el Libro, el comentario de los cánones sobre las
causas para la declaración de nulidades matrimoniales, permitiendo de esta
manera que estas normas específicas, que deben utilizarse en los procesos que
más abundan en los tribunales eclesiásticos, se expliquen en estrecha relación
con las normas procesales de carácter general.

El libro, riguroso en sus conceptos y explicaciones, es de lectura fácil, ya que
las notas se restringen al mínimo y necesario aparato crítico. Sin embargo, al
final de cada capítulo se da suficiente bibliografía para profundizar científica-
mente los temas tratados.

En la Parte I de este libro, que contiene cinco capítulos, el autor aborda los
temas y cánones introductorios: el método para el estudio del derecho procesal,
la descripción del "juicio" o proceso judicial, los tipos de proceso en razón de su
objeto, la potestad judicial de la Iglesia y su jurisdicción, en especial sobre las
causas matrimoniales de los bautizados (es, junto con el de la competencia para

las causas de nulidad matrimonial, uno de los temas agregados en esta segunda
edición del libro, cáns. 1671-1673).
La Parte II, que consta de cinco capítulos, trata la parte estática de los tribu-
nales eclesiásticos, analizando en primer lugar los sujetos que intervienen en los
tribunales (su competencia y su composición, los jueces, auditores, relatores, pro-
motores de justicia, defensores del vínculo y notarios), sus diferentes grados y


330
FRANCISCO J. RAMOS OP
especies (primera y segunda instancia, tribunales de la Sede Apostólica), la dis-
ciplina que debe observarse en ellos (la función de los jueces y los diversos ofi-
ciales, el orden que debe seguirse en las causas y otras normas disciplinares
varias), las partes de la causa (el actor y el convenido, los procuradores y aboga-
dos). A continuación de ocupa del objeto del proceso judicial, es decir, de las
acciones y excepciones. En esta parte la segunda edición ha incorporado los
cánones referentes a la especial función de juez en las causas de nulidad matri-
monial siempre que vea posible restablecer la convivencia conyugal, y el dere-
cho a impugnar la validez del matrimonio (cáns. 1674-1676).
En la Parte III se recorre la secuencia del juicio hasta llegar a la sentencia.
Contiene siete capítulos. Se inicia con la descripción de los actos procesales judi-
ciales y la definición de su naturaleza propia, el carácter contradictorio, cuya
comprensión y asimilación conceptual es de capital importancia para seguir en
forma adecuada el encadenamiento de los diversos pasos o etapas del proceso. Se
sigue con la introducción de la causa (el escrito de demanda, la citación del con-
venido, la contestación de la demanda, la instancia y las pruebas), las posibles
causas incidentales, la publicación de las actas y la discusión de la causa, y final-
mente los pronunciamientos del juez. Aquí se han agregado las especiales cir-
cunstancias de la contestación de la demanda, la declaración de las partes y tes-
tigos, la intervención de peritos y el pasaje al proceso de dispensa por rato y no
consumado, en las causas de nulidad matrimonial (cáns. 1677-1681).
Por último, en la Parte IV, que consta de cuatro capítulos, se recorre la
secuencia del proceso después de la sentencia. En primer lugar su posible impug-
nación, con la querella de nulidad o la apelación, a continuación la "cosa juzga-
da" y la restitutio in integrum, las costas judiciales y el patrocinio gratuito, para
concluir con la ejecución de la sentencia. Aquí los temas agregados en la segun-
da edición son los de la sentencia y su apelación en las causas de nulidad matri-
monial (cáns. 1682-1685).
En definitiva, un libro que, a modo de manual, se propone facilitar la compren-
sión, para hacer posible una correcta aplicación de las normas sobre los tribunales
eclesiásticos, los juicios contenciosos, y en especial los juicios de nulidades matri-
moniales, y que lo logra con suficiencia. Resulta especialmente apto para los alum-
nos de grado en derecho canónico, y también para los operadores de los tribunales.
Me permito sugerir que la clara numeración de los capítulos, títulos y subtí-
tulos que se encuentra en el índice general (páginas 9 a 11), debería utilizarse
también dentro del desarrollo y en el índice que se encuentra al final del libro
(páginas 625 a 636), con lo cual se lograría una mayor coherencia y sencillez para
la consulta de temas específicos.
Pbro. Dr. Alejandro W. BUNGE

AADC VIII (2001) 331-332
Carlos SALINAS ARANEDA Sectas y derecho. La respuesta jurídica al problema de los nue-
vos movimientos religiosos
Ed. Universitarias (Valparaíso 2001) 417 págs.
En su prólogo a este muy buen libro de Carlos Salinas Araneda, el Prof.
Cesare Mirabelli hace notar que en él se tratan "con profundidad y riqueza de
documentación, los temas más delicados e interesantes del derecho eclesiástico
contemporáneo", en una perspectiva de derecho comparado y no sólo chileno. No
puedo menos que compartir ese juicio.
El trabajo de Salinas excede lo que su título sugiere, ya que para llegar a una
lectura jurídica del fenómeno de las "sectas" o nuevos movimientos religiosos,
hace previamente un desarrollo mucho más amplio de cómo el derecho encuadra
en general a los grupos religiosos. Para ello recurre a la legislación y doctrina
más actuales de distintos países, especialmente Italia y España, para finalmente
detenerse en el derecho chileno, histórico y vigente. Este esquema se repite luego
en el tratamiento de temas específicos, y es muy ilustrativo.
Desde ese marco aborda Salinas la cuestión específica de las "sectas", exa-
minando en primer lugar el derecho internacional, y concretamente las resolu-
ciones del Parlamento Europeo y del consejo de Europa, y decisiones jurispru-
denciales europeas. A continuación, examina el abordaje dado al tema en varios
países, muy sucintamente en algunos casos (EE.UU., Gran Bretaña, Holanda) y
con algún detalle mayor en otros (Francia, España, Bélgica) donde ha habido
mayor actividad parlamentaria sobre él en los últimos años.
El capítulo 4 recorre las "áreas jurídicas de conflicto planteadas por la acti-
vidad de las sectas", Al llegar a ese nivel de concreción, es donde topamos con
el límite impuesto por el título. Es que Salinas, con toda prudencia, omite hacer
listados de "sectas" o calificar directamente como tales a uno u otro grupo. Pero
en los tópicos que examina (proselitismo, matrimonio y familia, día de reposo,
escuela y educación, objeción de conciencia, etcétera) necesariamente alude a
grupos diversos, algunos de los cuales no han de estar muy satisfechos con su
tácita inclusión en el catálogo de sectas. Por otra parte, en varias de esas "áreas
de conflicto" éste se presenta no solamente para los testigos de Jehová o los
mormones, sino también para musulmanes, judíos o cristianos. La pregunta no
respondida, es si el derecho puede o debe resolver de modo diverso el conflicto
cuando lo suscita un hare krishna o un amish, que cuando lo suscita un judío

332
CARLOS SALINAS ARENADA
ortodoxo o un católico (por ejemplo, lo referido a los días de descanso, fiestas
religiosas, o educación religiosa de los hijos). El capítulo concluye con el análi-
sis de la delicada y publicitada cuestión del "lavado de cerebro" y los "trata-
mientos de desprogramación", que el autor con acierto cuestiona.

El capítulo 5 trata extensamente "el caso específico de las hemotransfusio-
nes", examinando con detalle sus distintas facetas, nuevamente en derecho com-
parado y chileno. La profundidad del tratamiento, y al mismo tiempo su singula-
ridad (ya que se refiere a una cuestión puntual planteada por un único grupo reli-
gioso) hubiera acaso justificado una publicación autónoma.

Los dos últimos capítulos abordan "la respuesta del derecho a los problemas
planteados por las sectas". En primer lugar, Salinas considera la alternativa de
proponer un régimen jurídico específico para las sectas, o someterlas a la legis-

lación común. El autor advierte el consenso casi general de no dictar legislacio-
nes específicas sobre "sectas", aunque quepan otras medidas tendientes a mejo-
rar la legislación. Se ocupa de la legislación en materia de personalidad jurídica
de los grupos religiosos, ofreciendo un análisis minucioso y fuertemente crítico
de la nueva ley de Chile en la materia. Luego, examina distintas cuestiones en el
derecho civil y en el penal, atinentes al tema. Cierra el libro un apéndice con un

bien seleccionado conjunto de documentos recientes, desde resoluciones del
Parlamento Europeo hasta un artículo del cardenal Schonborn, sobre las "sectas
católicas", pasando pdr la nueva legislación chilena en la materia.

El libro del Prof. Salinas es sin duda uno de los aportes más relevantes al cre-
ciente desarrollo del derecho eclesiástico latinoamericano. La solidez académica
del autor queda reflejada en sus atinadas opiniones, y en la profusa y muy actual
bibliografía que maneja y cita. En el constante recurso al derecho comparado ha
privilegiado la atención de la legislación y la doctrina italiana y española, lo que

es lógico por el vigor que en esos países tiene la materia, y por la afinidad cultu-
ral que nos acerca a ellos. Es de lamentar que no se haya prestado alguna aten-
ción al derecho eclesiástico de otros países latinoamericanos, aunque acaso la
falta no sea atribuible al autor, sino a la escasa bibliografía existente. Por lo pron-

to, el libro nos sirve a los demás para acercarnos con buena guía, al derecho ecle-
siástico de Chile.

Abogado Juan G. NAVARRO FLORIA

AADC VIII (2001) 333-334
SECRETARÍA DE CULTO Digesto de derecho eclesiástico argentino (dir. J. G. NAVARRO
FLORIA) Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto (Buenos
Aires 2001) 493 págs.
1. La historia científica y académica del derecho eclesiástico en la República
Argentina, no ha tenido un gran trayecto glorioso. Y no porque haya sido inexis-
tente sino que, tanto en su estudio como en su tratamiento, se lo realizó inclu-
yéndolo en la sección del derecho que podría tener más afinidad: civil, laboral,
procesal, constitucional, etc.

La República Argentina recibió una herencia constitucional y mental de tra-
diciones jurisdiccionalistas. La primera Constitución argentina, la de 1853, con-
servaba glorias habidas con la tradición del patronato. Nunca reconocido por la
Santa Sede, pero custodiado por los funcionarios argentinos con la fuerza de un

contrato irrevocable.
Para decir verdad, no ocasionó grandes conflictos. De las tres situaciones tor-
mentosas entre Iglesia católica y Estado nacional, sólo una se refería al patrona-
to, la llamada "cuestión del arzobispado de Buenos Aires", en 1923. La Iglesia

aceptó, casi siempre de buen grado, esta tutela jurisdiccional; no siempre clara,
pero nunca ausente. Debe destacarse que el derecho eclesiástico que causó siem-
pre mayor escozor en los fieles católicos, ha sido el referente a la educación. Sin

llegar a la beligerancia, se originaron momentos de "paz armada".
En un régimen históricamente jurisdiccionalista, lógicamente las leyes proli-
feraron. Muchas necesarias para la conservación del orden de una institución
existente y con considerable repercusión social; otras leyes surgieron al conside-
rar a la cuestión católica como institución dependiente del Estado.

El lector del Digesto tendrá frente a sus ojos, una obra completa. Podrá juz-
gar cuántas y cuáles de esas leyes han sido necesarias, en el momento de pro-
mulgación, y podrá estimar con ponderación científica cuántas y cuáles pueden

y deben seguir en vigencia hasta hoy. Si bien la finalidad de los coordinadores de
esta importante obra, es otra, no escapa ésta para el estudioso y el jurista.

2. Una importante y esperada obra ha visto la luz en este año 2001. "El Digesto
de derecho eclesiástico argentino" fue publicado por el Ministerio de relaciones
exteriores, comercio internacional y culto, bajo la dirección del Dr. Juan Gregorio

Navarro Floria, jefe de gabinete de la secretaría de culto, con quien colaboraron
los abogados Luis María De Ruschi y Octavio Lo Prete, en la introducción, com-
pilación y notas. El Dr. Navarro Floria pone la experiencia de docente de derecho

334
SECRETARÍA DE CULTO
eclesiástico en la Facultad de derecho canónico de la Pontificia Universidad
Católica Argentina, además de ser autor de valiosos libros y artículos sobre esta
materia. La dirección y la colaboración no podría estar en mejores manos.
Somos conocedores de que el Dr. Norberto Padilla, actual secretario de culto
de la Nación, ha sido quien propulsó esta obra. El importante tema eclesiástico
sumado a la existencia de una vasta y rica normativa del derecho eclesiástico,
constituyen para el Dr. Padilla, una herramienta habitual de trabajo pero realiza-
do con delicadeza y eficacia.
El Digesto consta de 493 páginas, y la obra está estructurada en diecisiete
capítulos. Para elaborarlo se ha tenido en cuenta toda la normativa correspon-
diente a la Nación. Las abundantes legislaciones eclesiásticas provinciales no
entran en el presente trabajo. Con mucha esperanza, se dice en la introducción
"quedando el desafío de elaborar" —esperamos que en un futuro no muy lejano—
la compilación de las constituciones, leyes y demás normas provinciales".
Sabemos que esta tarea será ardua, porque el primer trabajo es investigar, e inves-
tigar es seguir un orden. El problema será encontrar ese orden buscado en una
maraña de leyes y ordenanzas, tanto sucesivas como simultáneas.
Cada uno de los diecisiete capítulos mencionados han tenido en cuenta: la
Constitución nacional; las normas internacionales con jerarquía constitucional,
de acuerdo al art. 75, inc. 22; las normas internacionales protectoras de la liber-
tad de religión y de la conciencia. Acuerdos firmados entre el gobierno de la
República Argentina y la Santa Sede; cuestiones del derecho privado, especial-
mente lo atinente a la personalidad jurídica; cuestiones del derecho penal, con
especial relevancia lo referente a la tutela del principio de no discriminación; nor-
mas del derecho laboral; normas que regulan el derecho de la seguridad social;
materias del régimen fiscal o tributario; leyes, decretos y resoluciones en mate-
ria de educación, desde 1984 hasta el presente; el régimen del sostenimiento del
culto católico apostólico romano, la asistencia a las Fuerzas armadas y a las
Fuerzas de seguridad; "cuestiones administrativas", es decir, la estructura y las
funciones de la secretaría de culto; el régimen migratorio del personal religiosos
en el país; las cuestiones relacionadas al derecho procesal.
A todo esto debe agregársele también, un capítulo destinado a normas parti-
culares de singular importancia y otras normas vigentes.
3. La garantía del éxito de esta empresa que se ha acometido en la elabora-
ción del Digesto, se encuentra en la solvencia de sus autores y en la importancia
de la materia. Es preciso agradecer, a ellos y a cuantos han hecho posible su ela-
boración, este útil instrumento tendiente probablemente a facilitar la tarea docen-
te, administrativa y de investigación en el ordenamiento eclesiástico argentino.
Pbro. Dr. Ariel D. Busso

AADC VIII (2001) 335-338
PUBLICACIONES
COLECCIÓN «FACULTAD DE DERECHO CANÓNICO»
1) Introducción a la Historia de la Ciencia Canónica, del Pbro. Dr. Péter Erc16.
Traducción al castellano de María Delia Alonso O.S.B. y Sergio
Dubrowsky, 198 págs. (1993). Agotado
Ejemplar
$
10
Por correo
$
13
Al exterior
U$S 18
2) Causas de Canonización, (introducción y comentarios al proceso diocesa-
no en la nueva legislación canónica), de Mons. Dr. José Bonet Alcón, 79
págs. (1993).

Ejemplar
$
10
Por correo
$
13
Al exterior
U$S 18
3) Procesos Administrativos de Canonización, de los Profesores de la Facultad
de Derecho Canónico, 87 págs. (1995).
Ejemplar
$
10
Por correo
$
13
Al exterior
U$S 18
4) Curso sobre la preparación al matrimonio, de los Profesores de la Facultad
de Derecho Canónico, 183 págs. (1995).
Ejemplar
$
15
Por correo
$
18
Al exterior
U$S 23
5) Precisiones jurídicas sobre las funciones de las Conferencias Episcopales.
Aportes del Magisterio de Juan Pablo II, del Pbro. Dr. Alejandro W. Bunge,
507 págs. (1996).
Ejemplar
$
30
Por correo
$
35
Al exterior
U$S 40

336
ANUARIO ARGENTINO DE DERECHO CANÓNICO
6) La Curia Diocesana. Organización. Diversos oficios. Modelos de formula-
rios, de los Profesores de la Facultad de Derecho Canónico, 2° edición
corregida y aumentada, 381 págs. (1998). Agotado

Ejemplar
$
30
Por correo
$
35
Al exterior
U$S 40
7) Régimen jurídico de los religiosos y de los Institutos de Vida Consagrada,
de Juan G. Navarro Floria y Pbro. Dr. Carlos I. Heredia, 164 págs. (1997).
Ejemplar
$
25
Por correo
$
28
Al exterior
U$S 30
8) La naturaleza de los movimientos eclesiales en el Derecho de la Iglesia. del
Pbro. Dr. Carlos Ignacio Heredia. Agotado
174 págs. (1994)
$
20
Por correo
$
23
Al exterior
U$S 28
9) Anotaciones de Filosofía del Derecho, (para uso de los estudiantes de
Derecho Canónico), del Pbro. Dr. Ariel David Busso, 92 págs. (1996).
Agotado
Ejemplar
$
15
Por correo
$
18
Al exterior
U$S 23
10) Autoridad Suprema de la Iglesia, del Pbro. Dr. Ariel David Busso, 285 págs.
(1997).
Ejemplar
$
25
Por correo
$
30
Al exterior
U$S 35
11) Derecho Litúrgico, de Mons. Dr. Luis A. Alessio, 153 págs. (1998).
Ejemplar
$
25
Por correo
$
28
Al exterior
U$S 30
12) Pastores y fieles: constructores de la comunidad parroquial, de los
Profesores de la Facultad de Derecho Canónico, 203 págs. (1999)
Ejemplar
$
25
Por correo
$
28
Al exterior
U$S 30

ANUARIO ARGENTINO DE DERECHO CANÓNICO
337
13) Los Procesos Eclesiásticos Diocesanos. Documentos y modelos de formu-
larios, del Pbro. Dr. Carlos 1. Heredia, 454 págs. (2000).
Ejemplar
$
28
Por correo
$
30
Al exterior
U$S 35
14) La Iglesia y la comunidad política, del Pbro. Dr. Ariel David Busso, 403
págs. (2000).
Ejemplar
$
30
Por correo
$
35
Al exterior
U$S 40
15) Elementos de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico, de Mons. Dr.
José Bonet Alcón, 300 págs. (2001).
e
Ejemplar
$
28
Por correo
$
30
Al exterior
U$S 35
ANUARIO ARGENTINO DE DERECHO CANÓNICO (AADC)
Volumen I (1994) a Volumen VII (2000)
Cada ejemplar
$
20
Por correo
$
25
Al exterior
U$S 30
Volumen I (1994) a Volumen VII (2000)
Colección completa
Por correo
$ 130
Al exterior
$ 140
Pedidos a la Facultad de Derecho Canónico
"Santo Toribio de Mogrovejo"
Departamento de Publicaciones
Av. Alicia Moreau de Justo 1300
(1107) Buenos Aires; ARGENTINA
Teléfono: (54 11) 4349-0730 - Fax: (54 11) 4349-0433
Correo electrónico: canonico@uca.edu.ar
Cheques en pesos o dólares estadounidenses a la orden de:
"Fundación Universidad Católica Argentina"

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Se terminó de imprimir en el mes de Junio de 2002,
en los talleres de Erre-Eme S. A., Talcahuano 277
Buenos Aires, Tel/Fax: (54 11) 4382-4452
erreeme@fibertel.com.ar

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