Marti, Melisa Laura
Peregrinación a la cibdat de gygantes. Confi-
guración del imaginario geográfico bíblico en
La fazienda de Ultramar

Letras Nº 72, 2015
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Marti, Melisa L. “Peregrinación a la cibdat de gygantes : configuración del imaginario geográfico bíblico en La
fazienda de Ultramar” [en línea]. Letras, 72 (2015). Disponible en:
http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/revistas/peregrinacion-cibdat-gygantes-marti.pdf [Fecha de consulta:........]


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Peregrinación a la cibdat de gygantes.
Configuración del imaginario geográfico bíblico en
La fazienda de Ultramar
MELISA LAURA MARTI
Universidad de Buenos Aires
Argentina
melisa_marti@yahoo.com
Resumen: Dado que la imaginación medieval del mundo se nutre de ideas directa-
mente heredadas de la Biblia, a menudo en contienda con la exploración empírica
del globo terrestre, el estudio de los relatos de viajes en general, y de las guías de
peregrinos a Tierra Santa en particular, nos permite comprender el modo en que el
hombre de letras medieval se apropiaba del imaginario bíblico para darle forma a
un mundo cuyos límites exóticos cobraban familiaridad por ser el escenario de las
historias más apreciadas por los lectores de la época.
Dentro del repertorio de literatura de viajes hispánica, La fazienda de Ultramar,
cuya redacción se habría llevado a cabo a comienzos del siglo XIII, es un texto de
singular importancia, por ser una de las más antiguas versiones en romance de la
Biblia. No solo es un texto fundacional para una tradición que cambió la forma en
que el hombre medieval se acercaba a las Sagradas Escrituras, sino que, debido a
su carácter de itinerarium, nos permite conocer el modo en que la Biblia afectaba
la imaginación del lector medieval acerca de la geografía de Tierra Santa.
Es por ello que el propósito de esta comunicación será analizar el modo en que la
estructura de itinerarium incide sobre el tratamiento del texto sagrado y la forma en
que la lógica narrativa de los episodios bíblicos se subordina a la geográfica. De
esta forma, se intentará echar luz sobre algunas cuestiones que han limitado el estu-
dio de esta obra.
Palabras clave: Siglo XIII – narrativa – prosa castellana – itinerario – Biblia roman-
ceada.

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MELISA LAURA MARTI
Pilgrimage to the cibdat de gygantes.
Configuration of the Biblical Geographical Imaginary in
La fazienda de Ultramar
Abstract: Given that the medieval image of the world is strongly influenced by ideas
inherited from the Bible, which often conflict with the empirical exploration of the
terrestrial globe, the study of travel literature in general, and of pilgrim’s guides to
the Holy Land in particular, allows us to comprehend the way in which medieval
authors embraced the biblical imaginary in order to shape the world, whose exotic
limits became familiar as they came to be the setting for the stories most valued by
contemporary readers.
Among the repertory of Hispanic literature, La fazienda de Ultramar, whose
composition is supposed to have occurred sometime during the first decades of the
thirteenth century, is a text of chief importance attributable to its condition as one of
the earliest vernacular versions of the Bible. Not only is it a foundational text of the
tradition that would change the way in which medieval men accessed the Holy
Scriptures; it also grants us a means to knowing the manner in which the Bible
influenced how medieval readers imagined the geography of the Holy Land, because
of its itinerarium nature.
Therefore, the purpose of this study will be to analyse the way in which the structure
of this itinerarium affects the treatment of the holy text, and the fashion in which
the narrative logic of the biblical episodes is subjected to geographical depiction.
Thus, we will try to clarify a number of matters that have cast a shadow over the
study of this work.
Keywords: Thirteenth Century – Narrative – Castilian Prose – Itinerarium –
Vernacular Bible.
Dentro del repertorio de literatura hispánica de viajes, La fazienda de Ultramar
(ms. 1997 de la Biblioteca Universitaria de Salamanca), cuya redacción se habría lle-
vado a cabo a comienzos del siglo XIII, es un texto de singular importancia, por ser
una de las más antiguas versiones en romance de la Biblia. No solo es un texto funda-
cional para una tradición que cambió la forma en que el hombre medieval se acercaba
a las Sagradas Escrituras, sino que, debido a su carácter de itinerarium, nos permite
conocer el modo en que la Biblia afectaba la imaginación del lector medieval acerca
de la geografía de Tierra Santa. Dado que la imaginación medieval del mundo se nutre
de ideas directamente heredadas de la Biblia, a menudo en contienda con la explora-
ción empírica del globo terrestre, el estudio de los relatos de viajes en general, y de
las guías de peregrinos a Tierra Santa en particular, nos permite comprender el modo
en que el hombre de letras medieval se apropiaba del imaginario bíblico para darle
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forma a un mundo cuyos límites exóticos cobraban familiaridad por ser el escenario
de las historias más apreciadas por los lectores de la época. Es por ello que el propó-
sito de esta comunicación será analizar el modo en que la estructura de itinerarium
incide sobre el tratamiento del texto sagrado y la forma en que la lógica narrativa de
los episodios bíblicos se subordina a la geográfica. De esta forma, se intentará echar
luz sobre algunas cuestiones que han limitado el estudio de esta obra.
Nos encontramos, entonces, ante una de las obras en prosa más antiguas de las que
se conservan en lengua castellana, cuya autoría se atribuye a Almerich, arcediano de
Antioquía, porque así lo sugiere una de las epístolas que dan comienzo al texto. La
otra epístola corresponde a Remont, cuya identidad correspondería a Raimundo de
Sauvetat, arzobispo de Toledo.1 En ella, Remont encarga al autor “la fazienda de ultra
mar e los nombres de las cibdades e de las tierras como ovieron nombre en latin e en
ebraico, e quanto a de la una cibdat a la otra, e las maravyllas que Nuestro Sennor Dios
fezo en Jherusalem e en toda la tierra de ultra mar” (Lazar, 1965: 43). En consonancia
con el horizonte de expectativas que de aquí se desprende, podemos suponer que el
discurso histórico-geográfico subordina el romanceamiento de la Biblia a un segundo
plano o que la motivación que guiaba al autor era, en palabras de Fernando Gómez
Redondo, la de “materializar el relato bíblico, de ubicar los datos escriturarios en el
espacio concreto en que esos hechos ocurrieron” (1998: 116). Por último, esto deter-
mina que la estructura de la obra esté configurada por la interacción de dos ejes: el
temporal y el espacial, en los que se articulan el contenido histórico-escritural y el
geográfico.2 De hecho, encontramos muchas marcas discursivas que sirven para
estructurar el relato y que consisten en referencias a la geografía, tales como la frase
“conpeçemos en Ebron” (Lazar, 1965: 43) que da inicio a la narración, o “tornemos a
Jerico” (ibid.: 103).
Lo que sigue a estas epístolas es un recorrido por los libros del Antiguo
Testamento, cuyo orden se respeta con pocas excepciones, pero poco antes de llegar a
la mitad del manuscrito esta lógica pierde su centralidad para dar lugar a largas des-
cripciones de Tierra Santa y solo se retoma esporádicamente, mientras que el Nuevo
Testamento se insertará por medio de citas muy breves. Por lo tanto, podemos obser-
var que parece existir una correlación entre el carácter mixto de la obra y su doble
herencia textual, puesto que, como ya ha sido suficientemente probado por Lazar, La
fazienda
integra dos fuentes textuales bíblicas: el texto hebreo y la Vulgata latina, que
se insertan en ella de formas divergentes: el contenido más ligado a lo escritural sigue
la Biblia hebrea, mientras que las descripciones de la geografía de Tierra Santa inte-
1 Sin embargo, por los problemas que esto supone para la correcta datación de la obra a partir de datos lingüísticos
e históricos, la crítica considera que estas epístolas son apócrifas.
2 Véase García Piqueras, 1995: 362.
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gran el texto latino de forma literal, con citas breves, pero abundantes, de diversos
libros bíblicos, incluso del Nuevo Testamento.3
En resumen, a lo largo de los primeros treinta folios tenemos una síntesis de la his-
toria de las tribus de Israel, en la que se mencionan diversos puntos de la geografía
bíblica de manera apresurada y sin precisar su ubicación, a excepción de sitios de
mayor relevancia histórica como en el caso de Jericó. Sin embargo, ya desde el
comienzo encontramos indicios de la preocupación etimológica del autor, que intro-
duce observaciones sobre la toponimia: “Segor dize en ebraico Zoar, ço es piscina.
Aquellas cibdades fizieronse pielago de agua e dizenle el Flum del Diable e Mar
Muerto. Vera mientre es mar muerto que nulla cosa biva non tiene” (Lazar, 1965: 45).
Hacia la segunda mitad del códice, los libros históricos y proféticos van cediendo un
mayor espacio a las digresiones geográficas que finalmente concluyen en Hebrón, lo
que le da una estructura circular y lo transforma en un “viaje onomasiológico”, en el
que los significantes son la base de la andadura real (Gómez Redondo, 1998: 116).
Debido a esta disposición del discurso narrativo y descriptivo, desde su primera edi-
ción (llevada a cabo por Moshé Lazar en 1965) se consideró a La fazienda como un
texto a mitad de camino entre la Biblia romanceada y el itinerario, esto es, una secuen-
cia topificada en la que los pasajes bíblicos se combinan con la descripción de los
Santos Lugares. Es por ello que el concepto suele asimilarse al de guía de peregrinos,
a diferencia de lo que en autores como Eugenia Popeanga (1991) se denomina relato de
peregrinación
, más abundantes en Francia e Italia, donde se pone en relieve la experien-
cia personal del viajero. En los itinerarios no es esto lo que se privilegia, sino el cono-
cimiento de estas tierras, por lo que existe entre ellos una gran uniformidad y codifica-
ción. En consecuencia, los lugares mencionados se presentan en un orden similar: en
muchos casos, se comienza por el norte de Tierra Santa, pasando por Tiberíades y sus
alrededores, luego por Nazaret y Samaria para llegar a Jerusalén y finalmente a Belén,
aunque algunos siguen hasta el Mar Muerto o hasta Gaza; en otros casos, el punto de
partida es Jerusalén y los siguientes pasos se dirigen al norte o al sur.4 Sin embargo, La
fazienda
no sigue este orden, sino que toma como punto de partida la ciudad de Hebrón.
Además, la centralidad del marco geográfico y su incidencia en la estructura de la obra
es remarcada cada vez que se menciona esta ciudad, ya que el autor nos recuerda “ont
prisiemos el conpeçamiento de todas estas ystorias” (Lazar, 1965: 207).
La fuente textual de la que La fazienda toma este ordenamiento topográfico ha sido
identificada por Benjamín Kedar y aceptada por otros estudiosos5 que observaron las
3 Cfr. Sánchez Prieto-Borja, 2009: 76-77.
4 Véase Lazar, 1965.
5 Sánchez Prieto-Borja, 2002: 495; García Turza, 2010: 14.
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similitudes que existen entre esta y la descripción de Tierra Santa de Rorgo Fretellus
(Boeren, 1980). En efecto, existen numerosas coincidencias entre el texto que nos
ocupa y esta, cuyas dos redacciones aparecieron en 1137 y 1148, es decir, un siglo
antes de la fecha de composición de La fazienda sobre la que existe mayor consenso.
Así, por ejemplo, encontramos en el texto de Fretellus una descripción de Hebrón
prácticamente idéntica a la de La fazienda, en la que se alude a los mismos personajes
bíblicos y a los mismos hechos. Del mismo modo, tanto en uno como en otro encon-
tramos un comentario etimológico acerca del río Jordán y del Medán. Sin embargo,
Moshé Lazar anota que es posible encontrar un pasaje similar en el itinerario Johannes
Wirziburgensis, con lo que no sería un desacierto suponer que el proyecto de escritura
del autor de La fazienda haya involucrado un proceso de selección y compilación tex-
tuales como paso previo a la traducción y la glosa. Benjamin Kedar admite esta posi-
bilidad e identifica alusiones a ciudades y edificaciones ausentes en el texto de
Fretellus, pero presentes en otras descripciones de Tierra Santa de la época. Sin embar-
go, este terreno no ha sido debidamente explorado aún.
Como sucede en otros relatos que incluyen descripciones de Tierra Santa, no
importa aquí el viaje en sí mismo. En esto se diferencia el itinerarium de otras narra-
ciones que incluyen descripciones de tierras lejanas, donde el viaje constituye una
prueba para un héroe guiado por el afán de conocer o de probar sus virtudes caballe-
rescas, como sucederá en el Libro de Alexandre, el Libro de Apolonio y, posteriormen-
te, el Libro del Caballero Zifar. Por el contrario, en los itinerarios el viaje funciona
como excusa para describir lugares, seres extraños y para indicar la ruta terrestre hacia
el paraíso.6
Tampoco se hace hincapié en el viaje como experiencia personal, lo que discursi-
vamente se pone en evidencia por el uso de la tercera persona del singular, como seña-
la Miguel Ángel Pérez Priego (1984: 233). A pesar de lo postulado por Isabel García
Piqueras con respecto a selección de pasajes bíblicos y lugares, y la relevancia que el
autor otorga a unos por sobre otros, no las consideramos como marcas de subjetividad
del narrador en tanto viajero, sino como recursos propios del trabajo del traductor
medieval, labor cercana a la glosa y al comentario. Tampoco podemos asegurar, como
lo hace Piqueras, que el autor tuviera un conocimiento empírico de las tierras descrip-
tas, pese a que interrumpa el relato de hechos pasados con observaciones sobre el pre-
sente de los escenarios donde estos transcurrieron, como sucede con el caso de
Hebrón, que “a agora nonbre Sant Abraam” (Lazar, 1965: 44). Lo más probable es que
6 Véase Bizzarri, 2004.
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se trate de una ilusión producto del conocimiento libresco del que muchos autores de
relatos de viajes medievales ostentaban, que en este caso está al servicio de la necesi-
dad de acortar las distancias que separaban los relatos bíblicos de la imaginación
medieval, o simplemente de un comentario de índole convencional, propio de las
guías de peregrinos.7
El hecho de que podamos intuir el carácter ficcional de la experiencia del viajero
pone en tensión la cualidad pragmática de La fazienda y matiza la aspiración a la veri-
ficabilidad de su trazado geográfico, que se trasluce por el uso extendido de adverbios
de lugar que permiten establecer una relación topográfica de los lugares mencionados,
tales como “delant” y “prueb”, y del uso de unidades de distancia como leguas y
“mygeros”. Así lo explica la propuesta de Fernando Gómez Redondo: “Almerich […]
plantea una nueva estructura: a él no le interesan las distancias ni los lugares física-
mente visitables, sino la posibilidad de materializar el relato bíblico, de ubicar los
datos escriturarios en el espacio concreto en que esos hechos ocurrieron” (1998: 116).
Si observamos los testimonios cartográficos del siglo XIII, vemos que esta caracteri-
zación no carece de sentido: en un mapamundi como el de Ebstorf, cuya aparición
ronda el año 1234 (y, por ende, es contemporáneo de la obra que nos ocupa), Tierra
Santa es literalmente el centro que ordena el relato pictórico que se desprende de su
imaginación simbólica del mundo. La ciudad de Jerusalén aparece, además, como el
corazón de la figura de Cristo que abarca la totalidad del globo terrestre, del que se
ramifican los ríos más importantes de la Tierra bajo la forma de arterias y venas. Por lo
tanto, La fazienda estaría a mitad de camino entre el simbolismo de la cartografía pre-
moderna, que llega a su punto culminante en el siglo XIII, y el convencionalismo de
los portulanos del siglo XIV, cuando comienza a priorizarse el aspecto práctico de los
mapas, en los que se marcan distancias y rutas útiles para los navegantes y a los viajeros
por tierra y se introducen rasgos representativos de la realidad espacial empírica.
Por otra parte, si bien Moshé Lazar señaló en la introducción a su edición que el
autor estaba menos interesado en su tiempo que en los eventos del pasado, las descrip-
ciones de las ciudades de Tierra Santa le sirven al autor para actualizar el contenido
de la Sagrada Escritura, como era corriente en las traducciones medievales, y situar
edificaciones propias del momento de enunciación, lo que en cierta forma le permitía
acercar esas imágenes lejanas al presente de sus lectores. A modo de ejemplo, para
describir la ciudad de Siquén nos cuenta que “en aquel logar a agora una ecclesia en
honor de Sant Salvador” y, más abajo, que “a .vii. migeros de Japha, a parte de
Oriente, suso a la montanna, a un castiello que a nonbre Sant Juan de Bois” (Lazar,
1965: 137). No solo hace referencia a edificaciones modernas, sino también a algunas
7 Cfr. Popeanga, 1991
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propias del mundo antiguo, que el autor asegura que perduran hasta su presente de
enunciación aunque solo lo haga para hacer eco del texto bíblico, que también men-
ciona su supervivencia: “apedrearonlos en [v]al d’Acor. E levantaron sobrellos grand
monton de piedras que es hy troal dia de oy” (Lazar, 1965: 99; cfr. Josué, 7: 26). De
manera similar, también da cuenta de las ciudades que sufrieron alguna transforma-
ción, como el caso de Jericó: “Jerico era cab el flumen Jordan a so ponient” (Lazar,
1965: 97). En este caso, el autor utiliza el pretérito imperfecto para referirse a una ciu-
dad que había sido destruida en la Antigüedad.
A modo de conclusión, este somero panorama acerca de la estructura de La fazien-
da de Ultramar y los modos en que integra la descripción geográfica como contrapun-
to de la narrativa bíblica es tan solo un primer paso hacia el análisis y caracterización
de la obra, que tal vez nos permita comprender mejor la función catequética y didác-
tica que está detrás de su compendio de citas bíblicas y su atención a la etimología de
los topónimos. El estudio de los recursos de los que nuestro autor se apropia para dar
vida a la geografía de Tierra Santa y acercarla a la imaginación de sus lectores nos per-
mitirá, finalmente, comprender el modo en que La fazienda contribuyó a pintar el pai-
saje que cautivó la imaginación medieval y alimentó la fe cristiana.
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